jueves, agosto 18, 2022
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La acuicultura mueve 500 millones de euros al año en España

Con casi 8.000 kilómetros de costa y 75.000 kilómetros de ríos, así como 1.000 embalses y 2.500 humedales naturales, según datos del Ministerio de Medio Ambiente, España constituye uno de los países de Europa con más y mejores recursos acuáticos. Su perímetro está bañado por el mar Cantábrico, el océano Atlántico y el mar Mediterráneo, además de contar con algunos de los ríos más largos de Europa. Para muestra, el Ebro, con más de 900 kilómetros de extensión. No es de extrañar, por tanto, que una actividad como la acuicultura, que no solo aprovecha, sino que preserva esos ecosistemas, cuente con el apoyo de la FAO, que la considera la forma de alimentación del futuro. Y también del presente, pues genera 500 millones de euros al año. 

Con precios que se disparan en todos los sectores, alrededor de un 10% superiores al año anterior, la acuicultura permite que miles de familias en toda España pongan dorada o trucha sobre la mesa. En muchos hogares de nuestro país es más complicado de lo que parece afianzar un menú saludable y equilibrado, que siempre debería incluir pescados esenciales de la dieta mediterránea.

La acuicultura española permite que miles de familias en todo el país pongan dorada o trucha diariamente sobre su mesa

Es una cuestión de volumen, pero también de variedad, porque apostar por las especies menos consumidas también supone una garantía de futuro y ayuda a no sobrexplotar otras. Según datos de la Asociación Empresarial de Acuicultura Española (Apromar) sobre 2020, la acuicultura produjo 307.000 toneladas de productos acuáticos en España, convirtiéndose en el segundo país que más valor de producción de acuicultura genera de toda la Unión Europea, con casi 600 millones de euros, pero el primero en volumen de producción en toneladas, con un 27% del total. Además, gracias a las costas, mares y ríos de que disponemos en la Península Ibérica, el sector acuícola ecosistema acuícola de España es uno de los más diversos del mundo, pues genera lubina, rodaballo, dorada, corvina, mejillón, lenguado, microalgas, trucha arcoíris o esturión, así como anguila, seriola, atún rojo o lenguado, entre otros. 

Un empleo de calidad

La acuicultura es, por tanto, un motor económico de gran proyección para nuestro país, especialmente en el entorno rural, con todo lo que ello implica. Porque no se puede olvidar el empleo que genera. Casi 40.000 personas trabajan en esta actividad, incluyendo los empleos indirectos, y muchas pertenecen a localidades pequeñas, que hasta la fecha amenazan con estar vaciadas, pero de repente vuelven a reactivarse gracias a este desempeño. Los viveros constituyen auténticos focos de trabajo. Una sola instalación puede requerir decenas de personas, desde operarios a técnicos superiores, como biólogos o veterinarios, que controlan al milímetro las condiciones en las que viven los peces a fin de garantizar entornos seguros y saludables para los animales.

Casi 40.000 personas trabajan en la acuicultura, incluyendo los empleos indirectos, y muchas pertenecen a localidades pequeñas

Javier Ojeda, gerente de Apromar, explica que en el sector trabaja “un gran número de científicos”. Los técnicos superiores suponen un 8% del total, porque se les ofrece “empleo cualificado, estable y de calidad”. Dar con los perfiles pertinentes no siempre es fácil, “pero España cuenta con buenos centros de Formación Profesional y preparación universitaria cada vez más específica, lo que permite una enseñanza completa y moderna”, detalla. Obviamente: aún quedan aspectos por mejorar. Es el caso de la incorporación de la mujer a este ámbito, ya que todavía sigue representando el 28% del total. Sin embargo, los responsables confían en que el crecimiento favorezca esa misma paridad.

CASI SIN HUELLA DE CARBONO

En el año 2007, el mundo empezaba a despertar a eso que los científicos llamaban “cambio climático” y, por ello, uno de los Premio Nobel de ese año recayó en el Grupo Intergubernamental de Expertos para tratar de frenar su avance (IPCC, por sus siglas en inglés). Pues bien, la organización ya ha alertado de que, o cambiamos la forma de producir nuestros alimentos, o será inevitable que las temperaturas sigan subiendo. Y justo aquí entra la acuicultura, una actividad que favorece el medio ambiente en diferentes aspectos, entre otros la huella de carbono. Ojeda comenta que la acuicultura no solo es necesaria para evitar la sobrexplotación de los mares y ríos, sino que es una práctica con “una huella de carbono mínima”, menor que la de cualquier animal vertebrado terrestre. “Hace falta una mejor apreciación social de los valores medioambientales que ofrece la acuicultura, incluida su mínima huella de carbono”, explica.

“España cuenta con buena formación para trabajar en el sector”, asegura el gerente de la Asociación Empresarial de Acuicultura

No hay mejor muestra que un botón o, en este caso, un pez de cuatro metros de largo: el esturión está tan amenazado que el comercio internacional de caviar salvaje está prohibido. La acuicultura es la única manera de tener caviar de calidad y, además, a un precio asequible para que la mayoría disfrute de él. Según explica Ignacio Alba, director de una de las mayores empresas españolas productoras de caviar, , ya no se captura ningún ejemplar, “lo que poco a poco permite que las poblaciones salvajes se recuperen lentamente”. Esto es, la convivencia necesaria entre modelos.

¿Qué nos depara el futuro? Desde Apromar insisten en que el techo no es que esté lejos: es que no se ve. “El sector tiene enormes oportunidades de crecimiento”, afirma Ojeda, que aprovecha para reclamar más viveros en las costas, ríos y mares españoles. Muchos, en localidades de la España vaciada, que podrían encontrar una segunda oportunidad con este tipo de cultivo acuático si las administraciones lo facilitaran. “Es una actividad que se desarrolla en el dominio público, marítimo y terrestre, por lo que las competencias están repartidas entre el Ministerio de Transición Ecológica y las respectivas consejerías de Medioambiente de las comunidades autónomas”, añade. Por eso, insta a acelerar el proceso de concesión de licencias que, a día de hoy, “puede llevar años”. Sería un pequeño empujón para llegar aún más lejos.

APOSTAR POR LA ACUICULTURA

La acuicultura española es un sector en auge que cumple un importante papel, ya no solo económico, sino también social, porque permite que el pescado de calidad sea asequible para todos los bolsillos. Al mismo tiempo, la actividad de acuicultura contribuye a no sobreexplotar los mares y los ríos, al cuidado de nuestros recursos naturales y todo ello manteniendo las cuotas de pesca. Una labor imprescindible en el esquema de la alimentación mundial, como asegura la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), que en su último informe mundial sobre el estado mundial de la pesca y la acuicultura (Sofia, en sus siglas en inglés)(SOFIA) subraya su “gran potencial para alimentar y nutrir a la creciente población mundial”.

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