Europa

Los armadores franceses estudian alternativas a la imposibilidad de acceder a aguas británicas

Los pescadores franceses buscan otras alternativas de pesca a la situación que se abre con la salida británica de la UE aunque avisan que «dejar el Mar Céltico no sucederá de la noche a la mañana «. Apuestan por intercambiar cuotas con Gran Bretaña sobre especies que interesan a las dos flotas y una mejora de las cuotas de pesca. Junto a ello aducen armadores como Jacques Pichon que: «dependemos cada día menos de las aguas británicas que antes». De hecho cuando llega el invierno, los barcos galos acostumbrados a trabajar en el oeste de Irlanda deben retirarse al sur del canal de St. George cuando el mar se agita por los temporales.

Una realidad aún más evidente para los tres arrastreros de 46 metros de Scapêche (Lorient), la principal empresa armadora con 24 buques. Los tres barcos con base en Lochinver (Highlands) no tienen otra solución técnica que seguir pescando en el oeste de Escocia. Jean-Baptiste Saria, presidente del grupo Agromousquetaires, no oculta su preocupación: «Estamos estudiando varios escenarios pero la dificultad es que realmente no tenemos visibilidad».


Desde la perspectiva de un “no acuerdo”, el principal riesgo es la concentración del esfuerzo pesquero en aguas comunitarias. Para Olivier Le Nézet, presidente del comité regional de pesca de Bretaña, la política de cuotas debería permitir regular mejor la pesca. Pero los pescadores bretones siguen preocupados por llegar a intercambios de cuotas que interesen a franceses y británicos. “Si aumenta la presión, sobre determinadas especies, existe el riesgo de que los rendimientos caigan y la rentabilidad económica de las empresas disminuya”, subraya el director de Pêcheurs de Bretagne.

Una presión de la que podría ser víctima de la pesca costera, por rebote. Si Olivier Le Nézet promete medios para proteger la franja costera de 12 millas, los pescadores de lubina temen sufrir un poco más la escasez del recurso, a través de un efecto dominó.

Pêcheurs de Bretagne, es la principal organización de productores franceses, con un total de 650 buques, pero minimizan la dependencia de las aguas británicas. “De los 300 millones de euros de facturación de nuestros socios, la mitad es realizada por alrededor de 100 buques que dependen directamente, entre un 20 y un 100%, de aguas británicas”, subraya Yves Foëzon, su director. También están afectados unos diez barcos Cobrenord, que trabajan en el Canal Oeste y el Mar Céltico.

Mejora en las cuotas

No obstante los pescadores franceses solicitan que la UE lleve a cabo todas las gestiones posibles para que se consigan todas las mejoras posibles con las cuotas de pesca.

De hecho, los ocho países integrados en la Alianza Pesquera Europea (EUFA, en sus siglas en inglés) creen que ha llegado del momento de acabar con los privilegios ingleses. Ahora que les parece «evidente» que Londres intenta plantear «una nueva línea de base para la asignación de cuotas en las numerosas poblaciones de peces compartidas» con la UE, consideran «imperativo» acabar con el privilegio británico que le compensa con un 26 % más de cuotas.

Se refiere a la «estabilidad relativa, base de la política pesquera común junto con el acceso recíproco a los caladeros» de las partes. Según EUFA, cuando el Reino Unido se incorporó a la UE lo compensaron «por las pérdidas potenciales de oportunidades de pesca en aguas de terceros países con un aumento del 26 % de toneladas en las cuotas de siete poblaciones principales de peces», restándolas de las de otros estados miembros.

Reanudación de las conversaciones

La Comisión Europea se reúne este jueves y viernes con el Brexit como uno de los temas centrales de la conversación y con la pesca como eje central de unas negociaciones que siguen sin llegar a puerto.

Las negociaciones centran la reunión del Consejo Europeo este jueves,a pocas semanas del reparto de cuotas pesqueras. La Unión Europea y el Reino Unido afrontan, ahora sí, la recta final de las negociaciones para posibilitar un acuerdo de salida de los británicos de la UE.

El tiempo se agota y el sector afronta a corto plazo el periodo en el que los estados miembros deben centrar sus esfuerzos en negociar los TACs y cuotas para el próximo 2021, por lo que la pesca viguesa ya apela por establecer un nuevo periodo transitorio como opción más viable ante un 2021 sin ningún acuerdo.
“La reunión se convocó para el 15 de octubre pensando en el éxito de las negociaciones y tener 15 días de margen para aceptar todos los términos antes de acabar el mes. No diría tanto como que habrá un 2021 sin acuerdo y lo más probable es la posibilidad de abrir un nuevo periodo transitorio en el que el primer año todo siga igual e ir restringiendo paulatinamente”, reconoce el vigués Iván López, presidente de la Asociación Nacional de Buques de Pesca de Bacalao (Agarba) y portavoz de la Alianza Pesquera Europea (EUFA), organización que reúne al sector de nueve países europeos con intereses en aguas británicas.


El 15 de octubre era también la fecha prevista por el gobierno de Boris Johnson para dar carpetazo a la salida de Reino Unido, salvaguardando los intereses británicos y evitando un Brexit duro. “El Reino Unido sabe cómo funciona la burocracia de la UE y esperar a lograr concesiones más allá del 30 de octubre será complicado. La Unión Europea ha demostrado ser pragmática en su forma de negociar y estamos muy cerca del límite para alcanzar un acuerdo sin más. Tiene que llegar con cláusulas transitorias”, añade López, buen conocedor de los últimos movimientos en la negociación entre Londres y Bruselas.
Y es que en poco más de dos meses está previsto que los estados miembros conozcan los totales admisibles de captura (TAC) y cuotas para 2021, un factor con el que Reino Unido ejerce presión en las negociaciones del acuerdo de salida, según indican expertos del sector. “Es una situación poco predecible y en la pesca no estamos acostumbrados a estar en el centro de la negociación. Necesitamos tiempo para trabajar sobre el reparto de cuotas y parece que los británicos juegan con esa presión interna que manejamos”, reconoce Iván López.
Además de todo esto, la incertidumbre se mantiene en el hemisferio sur, entre las sociedades mixtas viguesas en aguas de Malvinas, que tendrían que superar también los problemas o trabas arancelarios para el mercado europeo. En total, unos 140 buques de capital gallego están afectados por el Brexit, con capturas de gran interés en juego como el bacalao, merluza, el gallo o el rape.

Pesca, Gobernanza y Política Industrial

La Unión Europea (UE) y el Reino Unido siguen enfrascados en la negociación de su relación tras el Brexit, un diálogo en el que los avances para cerrar un acuerdo no llegan, aunque buscan alcanzar un pacto en las próximas semanas.

Las posturas están especialmente alejadas en los ámbitos de la competencia justa, la pesca y la gobernanza del futuro convenio, cuestiones determinantes para el éxito de las conversaciones.

La UE exige que el futuro acuerdo incluya garantías para asegurar una competencia abierta y justa entre las empresas británicas y comunitarias, de modo que las compañías del Reino Unido no se vean beneficiadas con ventajas de las que no pueden disfrutar las firmas de los Veintisiete.

Esas ventajas podrían traducirse, por ejemplo, en un mayor acceso a ayudas de Estado.

Para evitar ese escenario de desigualdad, Bruselas quiere que el Gobierno británico se comprometa a que sus regulaciones en áreas como las ayudas estatales, los estándares sociales, laborales, medioambientales y climáticos o la fiscalidad no diverjan excesivamente de las comunitarias cuando el Reino Unido tenga acceso al mercado europeo como país tercero.

La UE teme que una relajación de las reglas británicas en esas áreas mientras el Reino Unido continúa comerciando con los Veintisiete pueda conllevar distorsiones en el mercado único.

El Gobierno británico, por contra, cree que esta cesión comprometería su soberanía, pues tendría que aplicar normas similares a las del club comunitario a pesar de haberse convertido en un país tercero.

«La UE está preocupada por que el Gobierno del Reino Unido empiece a dar subsidios a sus propias empresas para avanzar en términos de política industrial, y eso significa que tendrán una ventaja competitiva injusta a ojos de la UE», declaró la subdirectora del centro de estudios Bruegel, Maria Demertzis.

Con el objetivo de evitar ventajas injustas, la Unión Europea presiona a Londres «para que acepte las mismas leyes que tiene la UE», insistió, y añadió que una falta de acuerdo en este campo «podría ser muy dañina».

El mantenimiento de estándares y regulaciones similares entre Londres y Bruselas debería mantenerse a lo largo de los años, a medida que la tecnología o las prioridades legislativas varían.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, aseguró la semana pasada que se debería trabajar en un mecanismo en el que «con el tiempo», cuando las normas y regulaciones del Reino Unido y los Veintisiete cambien, «haya un alineamiento».

Sobre ese ámbito, el director del Proyecto de Política Comercial del Reino Unido en el Centro Europeo para Política Económica Internacional (ECIPE), David Henig, dijo esperar que las empresas ejerzan «una presión considerable» para mantener en el futuro regulaciones similares «en muchas áreas cuando sea posible».

Desde el centro de estudios Bruegel, Demertzis anticipó que, en última instancia, el Reino Unido deberá asumir «las grandes líneas» de la legislación comunitaria a cambio del acceso al mercado único.

«La UE es el actor más grande en estas negociaciones, así que tiene más poder y, aún más importante, el Reino Unido tiene más que perder, así que el Reino Unido querrá más ese acuerdo», explicó.

Acceso a las aguas

La pesca es otra de las grandes cuestiones en las que la Unión Europea y el Reino Unido siguen lejos del consenso, pese a su importancia en países como Francia o España.

El club comunitario defiende mantener una situación lo más similar posible a la actual, en la que los pescadores europeos tienen acceso a las aguas británicas con las cuotas pactadas entre los Estados de la UE.

Sin embargo, Londres apuesta por negociar anualmente las cuotas con los países del bloque, un arreglo similar al que se acordó con Noruega y que la Unión Europea considera técnicamente inviable por la gran cantidad de especies en las aguas británicas, a diferencia del convenio suscrito con Oslo.

Desde el ECIPE, David Henig opinó que «no es realista» pensar que los Veintisiete mantendrán el mismo acceso a las aguas británicas que tenían antes del Brexit.

El analista Pieter Cleppe, de la organización Property Rights Alliance, consideró que en la pesca el Reino Unido tiene una posición de superioridad porque algunos Estados miembros necesitan las capturas en aguas británicas y podrían sufrir «un daño horrible» sin acuerdo.

Así, agregó que comunicar a la opinión pública de países como Francia la pérdida del acceso a las aguas del Reino Unido «no será fácil».

«Pero, por otra parte, el Reino Unido está interesado en un acuerdo porque no son capaces de vender todo el pescado que se captura en sus aguas», completó.

La subdirectora de Bruegel, Maria Demertzis, señaló que la pesca es un instrumento con el que Bruselas intenta «forzar» a Londres a aceptar las garantías que aseguran una competencia justa.

«Es la forma de presionar al Reino Unido, que haga algunas concesiones en la igualdad de condiciones (para una competencia justa) y después la UE hará concesiones en la pesca», comentó, para después precisar que la pesca «económicamente no es tan importante» como las garantías para una competencia justa.

Como Cleppe, recalcó que el Reino Unido vende la mayoría de su pescado a la UE y, sin un acuerdo, no podría dar salida al producto.

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