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Ernesto Penas: «Europa deja en la mar el 25 por ciento de sus cuotas de pesca»

Ernesto Penas, en su condición de funcionario de la Dirección General de Pesca y Asuntos Marítimos (DG-Mare), se guardó su opinión sobre la estabilidad relativa, esa clave fija que usa la Comisión para repartir las cuotas entre los Estados miembros. Pero, ahora, ya jubilado, y como asesor de la FAO y otras instituciones relacionadas con la gestión de ese recurso, llama la atención sobre ese principio sobre el que ya incluso la comunidad científica arroja dudas de su sostenibilidad a largo plazo. Porque uno de los efectos del cambio climático en la pesca son los cambios en la distribución de las especies, de ahí que la caballa aparezca en Islandia y las Feroe, la merluza inunde el Báltico y la anchoa abunde en el Reino Unido e Irlanda.

La distribución de especies afectadas por el cambio climático ha dejado obsoleto el principio de estabilidad relativa, que incluso amenaza la sostenibilidad.

Más ciclogénesis pero menos días de mal tiempo a lo largo de las mareas, incremento de las capturas de especies accesorias, irregularidades en los desoves, mayor presencia de pelágicos, más arañas de mar. Hace años que los 26 barcos de Anasol que faenan en Gran Sol vienen apreciando en sus campañas señales del cambio climático, asegura Daniel Castro, presidente de la asociación.

Son alteraciones que han obligado a la flota a adaptar su operativa sin que, sin embargo, hayan percibido cambios en la política de gestión. Y eso que el cambio climático ha llevado a la obsolescencia los modos y maneras de gestionar las cuotas tanto en la UE como en las organizaciones regionales de pesca (ORP).

Con todos esos movimientos, tener una clave de reparto fija no hace más de «incrementar el desajuste entre el sistema de gestión y el lugar donde está la biomasa». De hecho, si se analizan los consumos de cuotas de los Estados miembros resulta que solo se aprovechan tres cuartas partes de los recursos disponibles.

Es decir, que la flota europea «está desperdiciando y dejando en el mar innecesariamente un 25 %» de las posibilidades de pesca, señaló ayer Ernesto Penas, en la VII Conferencia Internacional Arvi, dedicada en esta ocasión a analizar La pesca ante el cambio climático: Impacto, adaptación y mitigación. Por eso el sistema europeo es «ineficaz» para trasladar los «TAC [totales admisibles de captura] sostenibles a capturas reales». Quizá ahora que llega el brexit sea «el momento de ponerse en serio a adaptar la estabilidad relativa», dijo Penas, que aventuró también tensiones en el seno de las ORP, puesto que los cambios en la presencia de biomasa están propiciando que se realice un «reparto basado en la mayor cercanía al caladero».

Aún se está a tiempo: distribución de especies afectadas por el cambio climático

En la sesión inaugural de la conferencia, también intervino Elena Ojea, investigadora de la Universidade de Vigo nominada como autora principal para contribuir al próximo informe de evaluación del IPCC (Panel del Cambio Climático) en el apartado de Océanos.

Ojea explicó que dos de cada tres especies pesqueras ya han mostrado cambios en su distribución. Son las zonas tropicales las más afectadas y, en un escenario de emisiones extremas, podrían perder un 60 % de sus capturas. Por eso que la reducción de emisiones, aumentar el número de stocks en situación de rendimiento máximo sostenible y una mejor gobernanza internacional son las estrategias de adaptación que debe seguir la pesca para ganar en resiliencia y no salir escaldada del aumento de temperaturas. ¿La buena noticia? Que «la capacidad de compensar ese impacto [del cambio climático] es alta» y todavía se está a tiempo.

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