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FAO alerta de un fraude global y detalla nuevas armas científicas para frenarlo

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11 October 2021, Valletta, Malta - At the commercial fish market, in the capital Valletta, fish and fish products are sold from the early hours of the day

Un nuevo informe estima que hasta el 20% del comercio mundial podría sufrir algún tipo de engaño, desde el etiquetado falso hasta la sustitución de especies, con impactos económicos, sanitarios y ambientales
Roma ha puesto cifras —y, sobre todo, métodos— a un problema tan antiguo como el comercio de alimentos: el fraude.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) acaba de publicar Food fraud in the fisheries and aquaculture sector, un trabajo que radiografía las formas más comunes de engaño en la pesca y la acuicultura y repasa las herramientas analíticas emergentes que permiten detectarlo. 


La advertencia es clara: “muy a menudo” el marisco y el pescado que llegan al plato no son exactamente lo que figura en el menú. Y aunque no existe una estimación oficial única, la FAO señala que estudios empíricos apuntan a que alrededor del 20% del comercio del sector podría estar sometido a alguna modalidad de fraude, en un mercado global valorado en 195.000 millones de dólares. 
El informe —elaborado por la División de Pesca y Acuicultura de la FAO junto al Centro Conjunto FAO/OIEA de Técnicas Nucleares en Alimentación y Agricultura— define el fraude como una práctica deliberada destinada a engañar, y subraya que sus efectos van más allá del bolsillo: puede comprometer la biodiversidad, la salud humana o el funcionamiento del sistema económico. 
Del “atún más rojo” al origen inventado.


La casuística es amplia y, a menudo, sofisticada. La FAO clasifica las principales categorías: adulteración (por ejemplo, añadir colorantes para que el atún parezca más fresco), falsificación (imitaciones), simulación (presentar surimi como si fuese carne de cangrejo), desvío de productos a mercados no previstos, misbranding (incluidas afirmaciones incorrectas de sostenibilidad), “overrun” vinculado a sobrepesca, sustitución de especies (vender tilapia como pargo rojo), manipulación, etiquetado engañoso —orígenes y hasta fechas— y, también, robo. 
En esa lista se cuelan dos puntos especialmente sensibles para la agenda europea: la trazabilidad y la sostenibilidad. El informe recuerda que parte del fraude busca ocultar procedencias o enmascarar desembarques por encima de cuota, prácticas que terminan erosionando los esfuerzos de gestión pesquera y la credibilidad del mercado. 


Un problema global… con datos aún incompletos


Pese a que se han realizado miles de estudios en prácticamente todos los continentes, la FAO reconoce que faltan líneas base sólidas: la diversidad de especies (se consumen más de 12.000), la variedad de trampas y la ausencia de definiciones regulatorias estandarizadas dificultan cuantificar el fenómeno con precisión. 
Aun así, el informe reúne evidencias preocupantes: trabajos que sitúan en hasta el 30% el etiquetado erróneo en restauración, ejemplos que van desde puestos de ceviche en América Latina a productos de atún enlatado en la Unión Europea, y una constatación llamativa: en algunos mercados, se analiza menos del 1% de determinadas importaciones, lo que deja margen a que el engaño “cuele” con relativa facilidad. 


El incentivo: dinero (casi siempre)

La salud pública entra en juego cuando un consumidor come crudo un pez que exige otras garantías, o cuando se recurre a prácticas como la recongelación, que puede elevar el riesgo bacteriano. Pero el motor más frecuente es económico: vender salmón atlántico (mayoritariamente de cultivo) como salmón del Pacífico (con mayor percepción de captura salvaje) puede aportar casi 10 dólares más por kilo, y un mismo pez de acuicultura puede multiplicar su valor si se presenta como “local” o “salvaje”. 
Más ciencia en el control: del ADN al aprendizaje automático
La parte más operativa del informe es también la más prometedora: el catálogo de herramientas para detectar fraudes. La FAO cita técnicas ya conocidas en laboratorios —como ELISA, análisis de isótopos estables o resonancia magnética nuclear— y novedades con potencial regulatorio, desde fluorescencia de rayos X portátil hasta modelos de machine learning que ayudan a identificar patrones anómalos. 
No todo es inmediato: por ejemplo, sigue siendo difícil disponer de un método “estándar” universal para determinar si un producto se ha congelado y cuántas veces. Pero el informe apunta vías como el análisis de la composición de ácidos grasos (para diferenciar salvaje y cultivo) o las proporciones de carbono y nitrógeno para inferir el origen geográfico en grandes especies comerciales. 


Etiquetado armonizado y trazabilidad: la receta institucional


En el plano normativo, la FAO propone reforzar requisitos de etiquetado armonizados, incluir de forma obligatoria —cuando sea posible— el nombre científico, y mejorar los sistemas de trazabilidad para cerrar huecos en la cadena. 
Además, el organismo vincula la respuesta a la cooperación internacional: FAO y la Comisión del Codex Alimentarius trabajan en estándares para combatir el fraude alimentario, mientras que el Centro Conjunto FAO/OIEA ofrece apoyo técnico a los países que necesitan aumentar su capacidad de análisis y control. 


El mensaje de fondo: prevención, industria y sanción


El informe concluye con una idea que en el sector se repite cada vez más: perseguir el fraude solo en el último eslabón es caro e insuficiente. Hace falta prevención —formación, controles inteligentes, auditorías— y una implicación activa del sector privado para que la trazabilidad no sea un trámite, sino una barrera real. Porque, en un mercado donde el valor se decide por especie, origen y relato, el fraude no es un detalle: es una grieta que afecta a la seguridad del consumidor, a la competencia leal y a la sostenibilidad del mar.  

AcciónPosidonia presenta resultados: ciencia, pescadores y buceadores para recuperar el “bosque azul” del Mediterráneo

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El proyecto Pleamar coordinado por Fundación Ecomar cierra una primera etapa de trabajo sobre recolección, cultivo y replantación experimental de Posidonia oceanica en cuatro zonas piloto, con el sector pesquero y el buceo federado como aliados

La recuperación de las praderas de Posidonia oceanica —uno de los grandes sumideros de carbono del Mediterráneo y vivero natural de especies de interés pesquero— ha dado un paso relevante con la presentación de resultados de #AcciónPosidonia, un proyecto del Programa Pleamar (Fundación Biodiversidad) coordinado por Fundación Ecomar dentro de la iniciativa “Cuidamos el Mar”. 

La singularidad de Acción Posidonia está en su “mezcla” de perfiles: ciencia, sector pesquero y ciudadanía organizada. En el núcleo del consorcio figuran la Federación Nacional de Cofradías de Pescadores (FNCP), el soporte científico de CSIC-IMEDEA y el “músculo” de campo de FEDAS/CMAS a través de su red de buceo y voluntariado. 

Según la información del propio proyecto, la hoja de ruta combina dos vías complementarias. Por un lado, avanzar y evaluar técnicas de recolección, cultivo y replantación de posidonia con procedimientos replicables y apoyados en formación; por otro, una componente de I+D en micropropagación in vitro para obtener material de trasplante sin presionar poblaciones naturales. 

La intervención se ha articulado en cuatro zonas de actuación distribuidas por el Mediterráneo español —Comunidad Valenciana, Cataluña, Baleares y Región de Murcia—, seleccionadas como espacios de recuperación potencial y vinculadas a áreas protegidas/Red Natura 2000 en la arquitectura del proyecto. 

El planteamiento, además, fija metas operativas concretas: formar a personal y voluntariado, recoger decenas de miles de semillas/plántulas o fragmentos y desplegar replantación experimental hasta un equivalente de tres hectáreas en el conjunto de áreas piloto (con variaciones de cifra en materiales públicos del proyecto). 

Más allá del número, el salto cualitativo que se puso sobre la mesa en la presentación de resultados es el modelo de colaboración: cofradías y pescadores aportan conocimiento del fondo, de las dinámicas costeras y del uso real del mar; el buceo federado suma capacidad de trabajo subacuático, seguridad y logística; y el equipo científico valida procedimientos y seguimiento ecológico. La idea es convertir una restauración que suele ser “de laboratorio” en una restauración escalable y socialmente anclada. 

En paralelo, el proyecto se apoya en la sensibilización para reducir presiones conocidas sobre las praderas (fondeos, turbidez, obras, impactos acumulados) y para reforzar un mensaje que conecta con la economía real del litoral: sin posidonia hay menos refugio y alevinaje, más erosión y una costa más vulnerable. 

Algunas actuaciones asociadas a Acción Posidonia ya han tenido visibilidad pública, como experiencias de replantación en la costa de Cartagena, presentadas como ejemplo de cooperación público-privada alrededor de la restauración de praderas marinas. 

Con la presentación de resultados, Acción Posidonia entra ahora en una fase clave: convertir aprendizajes (qué técnicas funcionan mejor, en qué condiciones, con qué costes y qué supervivencia) en protocolos estandarizables y transferibles a otras áreas mediterráneas. El reto, coinciden los socios, es pasar del “proyecto piloto” al programa continuado, porque la posidonia no se recupera a ritmo administrativo: se recupera a ritmo de ecosistema.

Botado en China el primer ro-ro galo de bajas emisiones para la logística transatlántica de Airbus

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El buque Spirit of Toulouse’ de LD Armateurs inaugura una serie de tres unidades —Spirit of Toulouse, Spirit of Mobile y Spirit of Mirabel— que combinarán propulsión asistida por viento con seis rotores Flettner y motores dual-fuel capaces de operar con e-/bio-metanol. El armador estima un recorte del 70% de CO₂ frente a la generación anterior.

LD Armateurs (LDA) ha puesto un pie más en la carrera por descarbonizar la logística industrial: el Spirit of Toulouse, primero de los tres nuevos buques ro-ro encargados para transportar componentes aeronáuticos de Airbus, ha sido botado en el astillero de Wuchang (grupo CSSC) en China. La unidad abrirá una nueva etapa en una ruta estratégica —la transatlántica— donde el suministro “just-in-time” de grandes secciones de avión sigue dependiendo del mar.

La serie la completan los Spirit of Mobile y Spirit of Mirabel, actualmente en construcción, en un guiño a tres enclaves clave del ecosistema Airbus (Toulouse, Mobile y Mirabel). El objetivo es renovar la flota fletada que mantiene el puente marítimo entre las plantas de producción y ensamblaje, con buques diseñados desde el inicio para reducir emisiones sin perder capacidad operativa.

Viento y metanol: la combinación tecnológica

El rasgo más visible —y simbólico— del Spirit of Toulouse será su propulsión asistida por viento: seis rotores Norsepower de 35 metros (tecnología Flettner) que, con un control avanzado, aprovechan el efecto Magnus para generar empuje y reducir consumo. A esa “vela moderna” se suma una propulsión principal dual-fuel, con dos motores capaces de funcionar con e-/bio-metanol o gasóleo marino, lo que abre la puerta a recortes adicionales si se dispone de combustibles de menor huella de carbono a escala comercial.

Pero el diseño no se limita a la energía. LDA destaca una estrategia “holística” que combina hélices y líneas de ejes fabricadas con acero reciclado, recubrimientos antifouling de muy baja fricción, gestión inteligente de energía y un sistema de recuperación/transformación de calor para exprimir cada kilovatio y cada nudo de eficiencia. El buque incorporará además software de routage para escoger rutas que maximicen el viento útil y minimicen la resistencia en mar adversa, reforzado por una solución de control con IA orientada a ajustar la respuesta aerodinámica en tiempo real.

Un 70% menos CO₂ por buque, según el armador

Con este paquete tecnológico, cada unidad de la nueva serie debería lograr una reducción anual del 70% de CO₂ respecto a los ro-ro de la generación anterior, según la estimación comunicada por LDA. La compañía añade un matiz importante: el recorte podría ser mayor si el buque opera con combustibles alternativos bajos en carbono como el HVO o el e-metanol.

La comparación se hace, además, con una realidad operativa conocida. LDA ya opera dos buques para Airbus en la ruta transatlántica, entre ellos el Ville de Bordeaux, el de mayor capacidad de la flota actual. Los nuevos ro-ro mantendrán una capacidad equivalente, de modo que la bajada de emisiones se apoye en eficiencia y combustibles, no en recortar servicio.

La aritmética de la flota: más capacidad, menos emisiones medias

El anuncio también incluye una lectura a escala de sistema. Contando con un aumento de capacidad global, LDA calcula que la incorporación de los tres buques permitirá reducir en torno a un 50% las emisiones medias anuales de CO₂ del servicio transatlántico frente a 2023, mientras se sostienen mayores volúmenes de transporte. Es, en la práctica, la apuesta por un “salto de eficiencia” que no penalice la continuidad industrial de la cadena aeronáutica.

En cuanto a ficha técnica, el Spirit of Toulouse se encuadra en un ro-ro oceánico de tamaño medio-alto: 168 metros de eslora, 23,32 metros de manga y 14 nudos de velocidad de servicio, cifras que reflejan el equilibrio buscado entre capacidad, fiabilidad de tránsito y consumo.

Un caso de uso “industrial” para la descarbonización marítima

La botadura del Spirit of Toulouse llega en un momento en que la descarbonización del transporte marítimo ha pasado del PowerPoint al astillero: viento asistido, combustibles alternativos y digitalización se están convirtiendo en soluciones combinables para rutas regulares. En este caso, la ecuación tiene un ingrediente adicional: no se trata de un carguero genérico, sino de una pieza crítica de logística para una industria —la aeronáutica— que también está sometida a presión para rebajar su huella climática a lo largo de toda la cadena de suministro.

Quedan pasos por delante —armamento, pruebas, entrada en servicio—, pero el mensaje ya está en el agua: la logística marítima que mueve alas, fuselajes y subconjuntos de avión quiere ser también un escaparate de la nueva navegación baja en carbono. Y, con seis rotores y metanol dual-fuel, el Spirit of Toulouse pretende demostrar que el “crecimiento industrial” y la reducción de emisiones pueden viajar en el mismo buque

Vigo se ofrece como aula global de la economía azul acogiendo a 25 puertos en el VII Taller de Puertos Azules de la FAO

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La terminal olívica reúne a autoridades portuarias y pesqueras de una veintena de países para compartir soluciones de sostenibilidad, innovación y resiliencia climática. Botana reitera la candidatura de Beiramar para albergar un centro de formación internacional, mientras el Gobierno y la Xunta sitúan a Galicia como “referente” del crecimiento azul.

Vigo vuelve a colocarse estos días en el centro del mapa marítimo internacional. Representantes de 25 puertos procedentes de distintos puntos del planeta participan en el séptimo taller de la iniciativa de Puertos Azules impulsada por la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), un foro concebido para intercambiar experiencias y acelerar la transformación de los puertos pesqueros hacia modelos más sostenibles e inclusivos.

En la apertura del encuentro, el presidente de la Autoridad Portuaria de Vigo, Carlos Botana, defendió que el “crecimiento azul” es una prioridad para diseñar el “puerto del futuro”, apoyado en innovación, sostenibilidad y modernización de servicios. En ese marco, reiteró que Vigo mantiene un “compromiso total” con la estrategia y volvió a poner sobre la mesa una ambición de largo recorrido: que la ciudad acoja el centro de formación de la FAO para esta iniciativa en Beiramar, en la antigua nave de Frigoríficos del Berbés.

La secretaria general de Pesca, Isabel Artime, situó la discusión en el terreno de la transición: los puertos azules —dijo— son “nodos esenciales de la economía azul” y espacios clave para avanzar hacia modelos “más sostenibles, inclusivos y resilientes”. La edición de Vigo, añadió, se centra en un reto determinante: diseñar y gestionar infraestructuras que respondan a las necesidades de los usuarios, integren criterios ambientales y refuercen la resiliencia frente al cambio climático.

Artime ligó además la apuesta española al peso real del sector: una flota de más de 8.300 buques y un valor de capturas cercano a 2.000 millones de euros en 2024, cifras que —según subrayó— justifican el compromiso con la FAO y con una estrategia de puertos que combine competitividad y sostenibilidad. “La cooperación internacional y el aprendizaje son imprescindibles”, remarcó.

Desde la Xunta, la conselleira do Mar, Marta Villaverde, insistió en el enfoque integral de la economía azul: crecimiento económico y social de las comunidades costeras, sí, pero ligado a la protección del medio marino. En la práctica, el taller —explicó el Gobierno gallego— se desarrolla hasta el jueves y se apoya en estudios de caso y visitas de campo a muelles de distintos tamaños, con paradas en lonjas como Campelo y Tragove para analizar cómo la modernización de instalaciones puede mejorar eficiencia comercial y garantías de calidad.

El encuentro llega, además, con un respaldo institucional que viene de atrás. En diciembre, el Consejo de Ministros autorizó una nueva contribución económica de 114.080 euros para apoyar el programa de capacitación de Puertos Azules, financiado conjuntamente por el Ministerio, Puertos del Estado, la Autoridad Portuaria de Vigo y la Xunta. Según el propio Ministerio, esa aportación complementa un apoyo sostenido de España a la iniciativa y busca reforzar el intercambio de buenas prácticas entre puertos pesqueros de todo el mundo.

La dimensión social —uno de los pilares que la FAO pretende incorporar al concepto de “puerto verdaderamente azul”— tuvo también un gesto simbólico en Vigo: Artime visitó las instalaciones de Conxemar y su centro interactivo para niños, concebido para acercar los productos del mar a escolares y explicar de forma didáctica la cadena de valor de la pesca y la acuicultura.

Con la foto de familia de 25 puertos como telón de fondo, Vigo juega una partida doble: por un lado, seguir siendo escaparate de soluciones portuarias —infraestructuras, servicios, sostenibilidad y adaptación climática—; por otro, consolidarse como hub internacional de formación y transferencia de conocimiento. La economía azul, recordaron los ponentes, no se escribe con eslóganes: se construye con reglas, inversión, tecnología… y con puertos capaces de convertirse en motor de territorio sin perder de vista el mar que los sostiene.

ISSF certifica que el 97% de las capturas procede ya de stocks con abundancia “saludable”

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El informe “Status of the World Fisheries for Tuna” (enero de 2026) compila las evaluaciones científicas más recientes (2024–2025) de 23 poblaciones y constata un escenario global estable, aunque con zonas que siguen bajo vigilancia.

La pesca del atún vuelve a colocarse en el centro del foco internacional con una foto poco habitual en un recurso tan escrutado: la International Seafood Sustainability Foundation (ISSF) sostiene que el 97% de la captura comercial mundial proviene de stocks situados en niveles “saludables” de abundancia.

El dato aparece en el Status of the World Fisheries for Tuna – January 2026, un documento técnico que no elabora evaluaciones propias, sino que armoniza las más recientes valoraciones científicas y medidas de gestión adoptadas por las organizaciones regionales de ordenación pesquera (OROP/RFMOs) en los principales océanos.

El perímetro analizado abarca 23 stocks de las grandes especies comerciales (albacora, patudo, listados, rabil y atunes rojos, entre otros), con un esquema de lectura homogéneo basado en abundancia (o biomasa desovante) y mortalidad por pesca, además de apartados de gestión y efectos ambientales (capturas accesorias).

En volumen, la escala del fenómeno sigue creciendo: la captura global de las principales especies comerciales alcanzó 5,8 millones de toneladas en 2024, un 11% más que en 2023. En esa cesta domina el listado (58%), seguido de rabil (30%), patudo (7%) y albacora (4%); los atunes rojos representan en torno al 1% del total.

La mejora que subraya ISSF no se limita al “cuánto”, sino al “cómo”. Por número de poblaciones, el 74% de los stocks está en abundancia saludable y ninguno figura como sobreexplotado, mientras que el resto permanece en un escalón intermedio. Y, en términos de presión pesquera, el 96% de los stocks no estaría sufriendo sobrepesca, con una fracción minoritaria aún en categoría intermedia.

La foto se completa al mirar las artes: el cerco concentra dos tercios del desembarque mundial (66%), por delante del palangre (9%) y el cacea/pole and line (7%), con presencia menor de enmalle (3%) y otros sistemas (15%). En la práctica, el grueso de las decisiones que marcan la sostenibilidad del atún —y los debates sobre FADs, observación, selectividad o bycatch— se juegan ahí.

Otro indicador relevante es la gobernanza: ISSF estima que aprox. el 52% de la captura mundial ya procede de stocks con estrategias de captura (harvest strategies/management procedures) adoptadas, es decir, reglas formales que conectan de manera automática los resultados científicos con las decisiones de gestión. Entre los avances recientes cita, por ejemplo, la adopción de procedimientos y reglas de control de capturas en el Pacífico y el Atlántico por parte de distintas OROP.

El informe también registra mejoras puntuales en varias poblaciones, con cambios de “semáforo” en indicadores de abundancia o biomasa desovante en casos como el patudo del Atlántico, el patudo del Índico, el atún rojo del Pacífico o el rabil del Índico, además de una mejora en mortalidad por pesca en el patudo del Índico.

Con todo, ISSF advierte (y lo repite en su metodología) que esta radiografía no es una “certificación” definitiva ni sustituye a la información detallada de cada OROP: los stocks son dinámicos, los modelos cambian y el equilibrio depende de que las reglas sigan aplicándose con rigor. En otras palabras: el sistema funciona —por ahora—, pero no “se sostiene solo”

Itsasoratu: becas para “embarcar” el futuro de la pesca vasca

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El Gobierno Vasco relanza en Pasaia el programa que facilita prácticas reales a bordo de buques pesqueros. La iniciativa busca romper el cuello de botella del relevo generacional: un oficio exigente, cada vez con menos jóvenes y con más barreras para aprender en la mar.

La pesca vasca lleva años mirando de frente a un problema que ya no es invisible: la falta de relevo. En Pasaia, el Departamento de Alimentación, Desarrollo Rural, Agricultura y Pesca presentó una nueva edición de Itsasoratu, un programa de becas que permite a alumnado de formación náutico-pesquera realizar prácticas a bordo de buques con puerto base en Euskadi y vivir el trabajo en condiciones reales.

El diagnóstico que acompaña al anuncio es contundente. El Ejecutivo vasco recuerda que el envejecimiento del sector es una tendencia global y que la captación de jóvenes se complica tanto por la dureza del oficio como por la necesidad de formación previa, que muchas veces implica costes y obstáculos de entrada.

A ese escenario se suma un cambio silencioso: el aprendizaje “de toda la vida” —entrar de la mano de alguien y aprender en cubierta— ya no encaja fácilmente con la normativa. La propia administración admite que hoy no se puede embarcar sin estar inscrito como tripulante, lo que reduce las oportunidades de adquirir experiencia práctica, decisiva para entender caladeros, fondos y comportamiento de las especies.

Itsasoratu intenta abrir esa puerta con una fórmula sencilla: estancias equivalentes a una marea, de alrededor de 20 a 30 días, para estudiantes de ciclos formativos marítimo-pesqueros. El viceconsejero Leandro Azkue resumió la filosofía con una idea que atraviesa todo el programa: “Si queremos garantizar el futuro de nuestra pesca” hay que facilitar que las nuevas generaciones se formen “en condiciones reales” con apoyo público.

La ayuda no se limita a “poner un billete” para embarcar: cubre gastos asociados a la estancia (desplazamiento, manutención, material y equipos de trabajo) y también costes ligados a la relación formativa, como la gratificación al alumnado y cotizaciones. Además, las empresas pesqueras participantes asumen la tutela a bordo y elaboran un informe final de evaluación.

Los últimos datos difundidos por el Gobierno Vasco apuntan a una evolución al alza. En 2025 participaron 14 jóvenes, frente a 11 en 2024; y se implicaron 12 embarcaciones, frente a 9 el año anterior. Por centros, el grueso del alumnado procedió del CIFP náutico-pesquero de Pasaia (11 estudiantes), con aportaciones desde Ondarroa (1) y Bermeo (2).

La geografía del programa también retrata el mapa real de la flota: en 2025, los buques que acogieron alumnado tuvieron su base principalmente en Getaria (seis embarcaciones), además de Hondarribia, Ondarroa, Bermeo y Pasaia, evidenciando que el relevo generacional no es un reto de un solo puerto, sino del conjunto del litoral vasco.

Más allá de la foto de un curso, Itsasoratu se presenta como una política sostenida. En 2025, el Gobierno Vasco señalaba que, desde su puesta en marcha, el programa había movilizado a 128 armadores y permitido embarcar a 153 estudiantes, con experiencias en distintas tipologías (artes menores, bajura, arrastre y atuneros). Y, en el marco estatal, el Ministerio también ha citado Itsasoratu como ejemplo dentro de las iniciativas de formación y relevo, vinculándolo al Plan Estratégico vasco de pesca y acuicultura.

El mensaje de fondo es claro: sin jóvenes a bordo no hay modernización, ni seguridad, ni transición ordenada. Itsasoratu busca precisamente eso: que el primer contacto con la mar no sea un salto al vacío, sino un paso acompañado —con barcos, centros y administración remando a la vez— para que la pesca vasca siga teniendo tripulación en el futuro

EAPO pide que la futura Ley Europea del Océano ponga a la pesca “en el centro” del Pacto Azul

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La Asociación Europea de Organizaciones de Productores (EAPO) responde a la llamada de la Comisión para recabar evidencias sobre el European Ocean Act y reclama coherencia normativa, prioridad alimentaria y un reparto “justo” del espacio marítimo frente al avance de eólica marina y áreas protegidas.

La Comisión Europea ha activado la consulta de evidencias (“call for evidence”) que servirá de base para el European Ocean Act, una iniciativa legislativa prevista para 2026 y concebida como pieza clave del European Ocean Pact. El proceso, abierto desde el 12 de enero de 2026 y con plazo hasta el 9 de febrero de 2026, busca aportaciones de sectores, expertos y ciudadanía antes de una consulta pública más amplia en primavera.

En ese marco, la EAPO —que agrupa a organizaciones de productores pesqueros europeas— ha remitido su contribución formal con un mensaje nítido: la pesca y los pescadores deben figurar “en el corazón” de las políticas de economía azul si la UE quiere océanos sanos y, a la vez, una industria alimentaria marítima competitiva, resiliente y sostenible.

“Océano sano” y “pesca viable”, objetivos del mismo nivel

La organización aplaude el enfoque de “marco único” que persigue el Ocean Act, pero advierte de un riesgo: que la nueva arquitectura europea acabe sumando capas, contradicciones y cargas administrativas. Por eso pide armonizar y adaptar marcos existentes —con mención explícita a la Política Pesquera Común (PPC), cuya reforma EAPO dice respaldar— para evitar choques entre objetivos ambientales, económicos y sociales.

Seguridad alimentaria y “Blue Foods”: no sacrificar al productor primario

Uno de los ejes más políticos del documento es el de la soberanía alimentaria. EAPO sostiene que, en un contexto geopolítico tenso, la pesca europea debe ser tratada como un activo estratégico: aporta proteína y micronutrientes con baja huella de carbono y sostiene el entramado industrial costero (captura–lonja–transformación–comercialización). Además, reclama un “level playing field” con terceros países para evitar que una infrautilización en la UE desplace presión extractiva hacia regiones con menos capacidad de control.

La lectura encaja con el propio enfoque del Ocean Pact, adoptado por la Comisión en 2025, que vincula protección del océano, economía azul y bienestar de comunidades costeras, con anuncios de inversión para conservación y ciencia.

La batalla del espacio: planificación marítima, eólica y áreas protegidas

La futura ley, según la Comisión, pretende reforzar y modernizar la planificación espacial marítima como herramienta estratégica y mejorar la coordinación por cuencas marinas.
EAPO comparte el diagnóstico, pero eleva una alerta: la expansión de usos no pesqueros —energía eólica offshore, infraestructuras, zonas de conservación— está provocando pérdida y fragmentación de caladeros, desplazamiento de flotas y presión adicional sobre áreas restantes. Pide que el Ocean Act incorpore la gestión de impactos acumulativos y estrategias específicas para mitigar el “efecto dominó” del desplazamiento del esfuerzo pesquero.

En materia de MPAs, la asociación reclama equilibrio entre conservación y viabilidad socioeconómica, con enfoque participativo y vigilancia efectiva. Incluso plantea reconsiderar prohibiciones generales: no todas las artes tienen el mismo impacto, y las medidas deberían alinearse con los objetivos de cada área.

Regionalización y consejos consultivos: más poder real, menos “caja negra”

Otro punto sensible es la gobernanza. EAPO respalda la regionalización (medidas adaptadas a cada cuenca) y pide reforzar el papel de los Consejos Consultivos: más recursos, mejor coordinación con Estados miembros y, sobre todo, claridad sobre cómo la Comisión incorpora —o descarta— sus recomendaciones. Denuncia que, en la práctica, el consejo puede quedar en “consulta sin consecuencias” si no existe obligación de justificar decisiones.

Observación oceánica y datos: integrar el conocimiento del pescador

La contribución también entra en el terreno del dato. El Ocean Act se plantea como base para mejorar la gobernanza de la observación oceánica y herramientas de conocimiento.
EAPO apoya reforzar ciencia, monitoreo e integración de datos, pero reclama que la UE aproveche mejor el conocimiento operativo de las flotas. En esa línea, da la bienvenida a herramientas como el Digital Twin of the Ocean, orientado a transformar datos y modelos en conocimiento accionable para decisiones públicas.

La presión que viene de tierra: contaminación y eutrofización

El documento cierra con un recordatorio incómodo: el océano no solo recibe impactos desde el mar. EAPO exige que el Ocean Act aborde con más fuerza contaminación terrestre, calidad del agua en estuarios y costas y procesos de eutrofización que afectan a stocks y hábitats. “No se puede pedir al pescador que pague dos veces: sufrir el impacto y cargar con la culpa”, viene a resumir su planteamiento.

Qué ocurre ahora

Tras el cierre de la llamada de evidencias (9 de febrero), la Comisión prevé una consulta pública completa en primavera de 2026 y sitúa la propuesta legislativa del Ocean Act hacia finales de 2026, de acuerdo con comunicaciones vinculadas al proceso.

Para EAPO, la oportunidad es “única”: si el Ocean Act nace con coherencia, evaluación socioeconómica y reglas claras de convivencia en el mar, puede consolidar un modelo en el que restauración ecológica y producción alimentaria no compitan a suma cero. Si no, advierte implícitamente, el riesgo es otro: un océano más regulado, pero no necesariamente mejor gobernado—y una pesca europea más pequeña sin que el consumo deje de existir.

Asturias dibuja un “mapa seguro” para rayas y tiburones: tres enclaves costeros entran en el radar estatal y dos áreas ganan reconocimiento internacional

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El Espartal, La Isla y La Ñora han sido incorporados al Catálogo Español de Hábitats en Peligro de Desaparición como espacios de protección para elasmobranquios, mientras la UICN reconoce dos ISRAs entre Cabo Peñas–Valdés/Cudillero y frente a Colunga. La ciencia ciudadana y la Universidad de Oviedo han sido clave.

La costa asturiana suma nuevas coordenadas en el tablero de la conservación marina. Tres puntos del litoral —El Espartal, La Isla y La Ñora— han sido incorporados al Catálogo Español de Hábitats en Peligro de Desaparición como espacios de protección para rayas y tiburones, según informó COPE Avilés. En paralelo, el Principado refuerza su posición en el mapa científico internacional con el reconocimiento de dos Áreas de Importancia para Tiburones y Rayas (ISRA) por la UICN, una figura que identifica zonas críticas para reproducción, alimentación o refugio de especies vulnerables.

En un mar donde los elasmobranquios (tiburones y rayas) suelen aparecer en titulares por el miedo o el mito, la noticia va por otra vía: dónde viven, dónde se reproducen y qué necesita la gestión para no llegar tarde. La investigadora Laura Miralles (Universidad de Oviedo) explica que la “ISRA” asturiana no es un contorno dibujado al azar, sino el reflejo de evidencias acumuladas durante años: grabaciones submarinas y un programa de ciencia ciudadana que ha registrado, entre otros indicios, la presencia de huevos de rayas y tiburones en playas del entorno.

Tres enclaves en el radar estatal

El salto al catálogo estatal sitúa el foco sobre tres zonas concretas del Cantábrico asturiano: El Espartal (área de dunas y playa vinculada a Castrillón), La Ñora (en el entorno Gijón–Villaviciosa) y La Isla (en Colunga). La catalogación, tal como se ha difundido, implica activar medidas específicas de conservación orientadas a hábitats sensibles, con el objetivo de proteger especies que, pese a ser más frecuentes de lo que el imaginario colectivo asume, comparten una biología que las hace vulnerables: crecimiento lento, maduración tardía y baja fecundidad.

El instrumento no es menor. La Ley 42/2007 prevé la “catalogación de hábitats en peligro de desaparición” para aquellos cuya conservación o restauración exija medidas específicas. Y, aunque el propio Ministerio para la Transición Ecológica (MITECO) recuerda que el Catálogo Español de Hábitat en peligro de desaparición aún arrastra un desarrollo reglamentario incompleto, su lógica es clara: identificar tipos de hábitat amenazados y orientar actuaciones de protección y restauración.

Dos ISRAs en Asturias: un puente entre ciencia y gestión

Más allá del marco estatal, el reconocimiento internacional llega de la mano de la UICN. Asturias cuenta con dos ISRAs: un tramo que va desde Cabo Peñas hasta las proximidades del límite entre Valdés y Cudillero, y una segunda franja frente a Colunga. La división en dos “fragmentos” responde, según Miralles, a la distribución real de las evidencias: allí es donde los datos apuntan con mayor solidez a presencia y reproducción.

Conviene subrayar un matiz: una ISRA no es, por sí sola, un espacio marino protegido con prohibiciones automáticas. La Universidad de Oviedo lo explica así: se trata de un “puente” entre la investigación científica y la gestión, una cartografía útil para que administraciones y organismos de pesca puedan diseñar medidas prácticas basadas en ciencia.

Asturias en el mapa atlántico: 124 áreas y 34 en aguas españolas

La dimensión del inventario ayuda a entender el alcance. La UICN ha identificado por primera vez 124 áreas importantes en el Atlántico europeo; y, según la Universidad de Oviedo, España alberga 34, lo que representa el 27% del total. En el Cantábrico, el “triángulo” de referencia para la conservación de elasmobranquios se completa con Bermeo (Euskadi) y los Cañones de Cap Bretón (frente a Euskadi y Francia).

En estas áreas aparecen especies citadas por los equipos de trabajo como la raya mosaico, el alitán o el cazón, además de otras incluidas en listados de interés para conservación en aguas españolas. Y hay un elemento comunicativo relevante: los investigadores insisten en que hablamos de especies inofensivas para las personas, y que el objetivo es visibilizar su valor ecológico. En palabras de Miralles, “las rayas son unas grandes desconocidas”.

El reto real: la captura accidental

Que el mapa se pinte de “zonas clave” no elimina el problema principal: la captura accidental. La ciencia viene advirtiendo que determinados tiburones —especialmente los de menor tamaño y los asociados a mayores profundidades— pueden ser particularmente vulnerables en escenarios de pesca no dirigida. Un estudio liderado por la Universitat de València apunta precisamente a esa fragilidad y a la necesidad de medidas prácticas para reducir mortalidad asociada al bycatch.

Ahí es donde estos reconocimientos pueden traducirse en gestión útil: más seguimiento científico, mejores datos de presencia y reproducción, y decisiones quirúrgicas (temporales o espaciales) que compatibilicen actividad pesquera con la protección de enclaves sensibles. La propia experiencia de las ISRAs en Asturias sugiere una vía: sumar ciencia ciudadana, información pesquera y administración para pasar del mapa a la medida.

Del anuncio al plan: qué debería venir ahora

La pregunta que queda abierta es la más importante: ¿qué cambia mañana en el agua? En el caso de las ISRAs, el reconocimiento es informativo y de priorización; en el caso del catálogo estatal, el marco legal apunta a medidas específicas, pero su efectividad dependerá de cómo se concrete el instrumento y cómo se integre en políticas de costa, biodiversidad y ordenación de usos.

Asturias, al menos, ya ha colocado tres nombres —El Espartal, La Isla y La Ñora— en la agenda pública y dos grandes corredores —Cabo Peñas–Valdés/Cudillero y Colunga— en la cartografía internacional. Lo que ocurra a partir de ahí marcará si estamos ante un gesto simbólico o ante el inicio de una conservación de precisión: la que protege el lugar exacto donde la vida se juega su continuidad.

Más de 50 organizaciones piden frenar la “pesca sin reglas” del calamar gigante en alta mar

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Una declaración conjunta reclama a la OROP del Pacífico Sur (SPRFMO) límites precautorios de captura, control efectivo y transparencia para la jibia/pota (Dosidicus gigas) en aguas internacionales, donde el esfuerzo calamarero se ha disparado. El pulso se resolverá en marzo, en Panamá, con varias propuestas ya sobre la mesa.

La gobernanza del calamar gigante ha entrado en fase de cuenta atrás. Más de cincuenta organizaciones de América Latina, Europa y Norteamérica han presentado una declaración conjunta ante la Organización Regional de Ordenación Pesquera del Pacífico Sur (OROP-PS/SPRFMO) para exigir medidas inmediatas que regulen la pesca de Dosidicus gigas en alta mar del Pacífico Sur, un frente donde —según los firmantes— persiste un “vacío” de reglas efectivas y de límites de captura con base científica.

La especie no es menor: la pota/jibia es uno de los grandes commodities del mar. La declaración recuerda que el recurso supera con frecuencia el millón de toneladas anuales y que, entre 2019 y 2023, Perú habría concentrado el 51% de los desembarques, China el 41% y Chile el 7%. La lectura que plantean las entidades es doble: por un lado, el peso socioeconómico para la pesca artesanal y la industria; por otro, la fragilidad de un sistema que en la alta mar se comporta todavía como “acceso abierto”.

El nudo del conflicto está en la asimetría regulatoria. En las zonas económicas exclusivas de los países ribereños —subrayan— la actividad opera con vedas, controles y, en algunos casos, límites vinculados a recomendaciones científicas; en cambio, en aguas internacionales el marco sigue sin traducirse en un techo de capturas. En esa brecha, añaden, se ha instalado una flota calamarera de gran escala, con especial protagonismo de China.

El presidente de CALAMASUR, Alfonso Miranda Eyzaguirre, ha vuelto a señalar públicamente que la SPRFMO nació precisamente para evitar la pesca sin reglas en alta mar, pero que ese mandato aún no se ha materializado en un esquema de gestión “completo” para el calamar gigante. En el argumentario de la coalición, China habría acumulado en torno a cinco millones de toneladas en trece años y, entre 2020 y 2024, sus desembarques anuales habrían superado las 400.000 toneladas, con una flota estimada de 671 buques. Son cifras aportadas por los firmantes para ilustrar el salto de capacidad.

La presión, aseguran, ya se percibe en el termómetro científico. El texto cita alertas del Instituto de Fomento Pesquero de Chile (IFOP) sobre señales de deterioro en la condición de la población de calamar en aguas internacionales, un elemento que alimenta la demanda de un enfoque precautorio antes de que el deterioro sea irreversible.

La discusión llegará con nombres y apellidos a la 14ª reunión de la Comisión de la SPRFMO, prevista del 2 al 6 de marzo de 2026 en Ciudad de Panamá. En la agenda ya figuran propuestas para modificar la medida de conservación del calamar (la conocida CMM 18) y, sobre todo, para pasar de la fase “de datos” a la fase “de límites”.

Porque el antecedente existe, pero se quedó corto. La SPRFMO adoptó en 2020 su primera medida específica para la pesquería de calamar gigante —aprobada en la reunión de Vanuatu— y el texto de la CMM estableció su entrada en vigor el 1 de enero de 2021. Aquella arquitectura puso el foco en recopilación de información, seguimiento y control, pero sin implantar un verdadero sistema de topes precautorios de captura.

En Panamá se discutirán enmiendas concretas: por ejemplo, una propuesta de Estados Unidos y Nueva Zelanda plantea reducir un 15% los límites de número de buques y tonelaje autorizados como respuesta precautoria ante señales de caída de capturas y de CPUE, mientras otra propuesta peruana propone crear una “zona tampón” (buffer zone) para el calamar en el área de la convención.

El capítulo social también ha entrado en el paquete. La coalición pide que la gestión incorpore estándares verificables de transparencia, reportes obligatorios y vigilancia, y que no se ignore el componente laboral en una actividad asociada históricamente a riesgos de abuso en ciertas flotas de aguas distantes. En años recientes la propia discusión en SPRFMO ha incluido medidas relacionadas con monitoreo y derechos laborales en esta pesquería.

Con Europa como mercado de destino y la Unión Europea sentada como miembro en la mesa de la SPRFMO, el desenlace de Panamá interesa más allá del Pacífico: el calamar gigante es proteína y es industria, pero también un test de credibilidad para la gobernanza de alta mar. Y, como advierten los firmantes, el debate del Pacífico Sur funciona de espejo para otros bordes “olímpicos” del planeta —del Atlántico Sur al Índico— donde la ausencia de reglas robustas termina convirtiendo la sostenibilidad en una carrera a toda máquina

El Gobierno abre a audiencia pública la nueva orden de topes de captura por buque para la gamba roja del Mediterráneo

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El proyecto de Orden APA/XX/2026 estará en información pública hasta el 17 de febrero y fija un reparto anual por barco en el stock ARA/GF1-7, con una reserva del 4% y un nuevo criterio basado en los tres mejores años de captura entre 2019 y 2024.

El Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) ha abierto el trámite de audiencia e información públicas del proyecto de Orden APA/XX/2026 que regulará los límites individuales de capturas por buque de gamba roja (Aristeus antennatus) en el Mediterráneo para el stock ARA/GF1-7 (subzonas geográficas 1, 2, 5, 6 y 7 de la CGPM).

El periodo para presentar observaciones se extiende del 9 al 17 de febrero de 2026 (ambos inclusive). Las alegaciones deben remitirse al correo [email protected] indicando la referencia “Alegaciones Orden Gamba Roja”, según la convocatoria publicada por el Ministerio.

La norma se apoya en el marco europeo de posibilidades de pesca para 2026. El Reglamento (UE) 2026/266 fija para España un límite máximo de capturas de 708,3 toneladas (peso vivo) para la gamba roja en estas subzonas del Mediterráneo occidental, cifra que actúa como techo nacional a repartir.

En la exposición de motivos, el borrador recuerda que el CCTEP advirtió en 2025 que la mortalidad por pesca de la gamba roja en estas áreas seguía lejos del Rendimiento Máximo Sostenible (RMS) y que, en 2026, recomienda mantener las medidas adoptadas desde 2022: reducción del esfuerzo y límites máximos de captura en aguas profundas para gamba roja y langostino moruno.

Qué cambia el borrador: históricos más amplios y reserva “operativa”

El artículo 2 introduce el mecanismo central: cada arrastrero del caladero Mediterráneo tendrá un límite individual anual, que se calculará en función de la cuota asignada a España en el reglamento anual de la UE. El reparto se hará con la media de capturas históricas de cada buque, pero con una novedad relevante: se toma la media de los tres años más favorables para cada barco dentro del periodo 2019–2024, excluyendo el resto.

Además, el borrador establece que antes del reparto se deducirá un 4% de la cuota para formar una reserva, destinada a computar capturas accesorias de otros buques y, también, a cubrir la entrada en actividad de barcos que se reactiven desde baja provisional o se incorporen por nueva construcción durante el ejercicio (con comunicación a la Dirección General antes del 31 de mayo).

Las limitaciones individuales no se fijarán directamente en la orden: se publicarán posteriormente mediante resolución de la Secretaría General de Pesca en el BOE, donde quedará el listado de topes por buque. El incumplimiento se sancionará conforme al régimen de infracciones de la Ley 3/2001.

Deroga la orden de 2025

El texto sometido a audiencia pública incorpora una derogación expresa de la Orden APA/467/2025, vigente hasta ahora para el mismo stock. Aquella norma ya contemplaba la reserva del 4%, pero calculaba los históricos “a partir del año 2022”, mientras que el nuevo borrador amplía la ventana y selecciona los tres mejores años entre 2019 y 2024, además de detallar el uso de la reserva para altas/reactivaciones.

Para la flota de arrastre de fondo del Mediterráneo, la gamba roja sigue siendo un recurso “de alto valor” y de fuerte impacto socioeconómico en distintas comunidades del litoral. El MAPA busca con este paso ajustar el reparto nacional al marco europeo de 2026 y reforzar la trazabilidad del esfuerzo de gestión en un stock que la ciencia sigue observando con lupa.

El Gobierno publica el reparto definitivo de la cuota de caballa y adelanta un mes la planificación de la campaña en el Cantábrico

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El Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) ha movido ficha con antelación para dar oxígeno a una de las pesquerías más sensibles del inicio de año en el norte. Este 9 de febrero de 2026, y mediante resoluciones publicadas en el Boletín Oficial del Estado, la Secretaría General de Pesca ha formalizado el reparto de las cuotas definitivas de caballa sur para la flota de cerco y arrastre de fondo del caladero Cantábrico y Noroeste, acompañándolo de la asignación inicial de otras especies asociadas a sus planes de gestión —como jurel, merluza o cigala—.

La decisión llega con un matiz operativo clave: la publicación se adelanta casi un mes respecto a la campaña anterior para que la flota pueda planificar mejor su actividad desde el arranque del año, con mayor certidumbre económica y logística, justo cuando se aproxima el inicio efectivo de la costera de caballa sur. En la práctica, el MAPA busca evitar el escenario recurrente de enero y febrero: barcos con estrategia comercial y mareas por definir mientras se ajustan números, porcentajes y ventanas de apertura.

El dato central del anuncio es la cifra: una cuota definitiva de caballa sur de 9.475 toneladas para 2026, una cantidad que no se limita a lo que “venía de serie” en la asignación española, sino que incorpora volumen adicional obtenido por tres vías: intercambios con otros Estados miembros, uso de condiciones especiales y aplicación del mecanismo de flexibilidad interanual. De hecho, en la reunión previa con el sector, la propia Secretaría General de Pesca explicó que la asignación disponible para el caladero Cantábrico-Noroeste se había logrado incrementar de forma notable, pasando de 6.563,35 a 9.475,24 toneladas.

Detrás de ese “salto” hay un contexto europeo enrarecido. En 2025, las rondas de consultas entre Estados costeros no cerraron un gran acuerdo sobre reparto y TAC, y la caballa quedó expuesta a decisiones unilaterales y tensiones de gestión que terminaron por contagiar a los Estados miembros. Esa incertidumbre explica por qué el BOE tuvo que ir ajustando el marco: primero se publicaron cuotas iniciales para múltiples especies a finales de enero, y después se incorporó el reparto específico de caballa para las modalidades autorizadas al aproximarse la campaña.

En el detalle normativo, las resoluciones del 7 de febrero aterrizan el reparto por modalidades. Para arrastre de fondo del Cantábrico y Noroeste, el BOE fija una cuota adaptada de caballa de 2.924 toneladas, incorporando —además de la cuota inicial— parte de la flexibilidad, un “banking” procedente de Polonia y la aplicación de una condición especial del stock, con ajustes posteriores cuando se cierre definitivamente el consumo de 2025. Para el cerco del mismo caladero, la cuota definitiva publicada asciende a 3.249 toneladas, siguiendo el mismo principio: añadir a la cuota inicial los elementos correctores para elevar el volumen disponible. El cuadro completo se termina de entender cuando se observa que, junto a cerco y arrastre, la caballa sur se gestiona también para otras artes, de modo que el total de campaña se consolida en esas 9.475 toneladas anunciadas por el Ministerio.

El MAPA subraya el alcance social y empresarial del reparto: el paquete de cuotas de caballa y otras especies vinculadas a estos planes de gestión impacta sobre un universo amplio de embarcaciones, con especial relevancia en el norte pero también con efectos en el Golfo de Cádiz y en arrastreros que faenan en aguas de Portugal bajo el paraguas regulatorio español. En su comunicación oficial, el Ministerio cifra en cerca de 4.300 buques los beneficiarios del esquema (cerco, arrastre y otras artes), y concreta que la mejora de cuota contribuye a sostener la sostenibilidad socioeconómica de 230 cerqueros, 57 arrastreros y más de 4.000 unidades de otras artes en el Cantábrico-Noroeste.

La administración admite, además, que la campaña no se “abre” de golpe para todos por una razón biológica y operativa: la caballa es una especie de fuerte carácter migratorio, y la Secretaría General trabaja en resoluciones de apertura de pesca dirigida para otras artes por provincias, con una apertura escalonada que busca ajustar mejor el aprovechamiento del recurso y evitar picos de esfuerzo desordenados. En ese enfoque se juega parte del equilibrio anual: la caballa es un producto muy valorado por hostelería y comercio, pero también una especie con un pulso biológico que obliga a hilar fino para no comprometer el stock.

Con el BOE ya publicado y las cifras cerradas, el tablero para la flota cambia de color: hay números definitivos, hay margen para programar mareas, compromisos de venta y logística, y hay también un mensaje político dirigido a Bruselas y a los Estados costeros: España pretende amortiguar el impacto de una reducción de cuota inicialmente planteada y mantener un “suelo” que permita que el inicio de año no se convierta en una carrera contra el calendario.

En términos de crónica, el 9 de febrero deja una fotografía nítida: administración y sector llegan al arranque de campaña con más cuota de la que marcaba la salida, gracias a intercambios y mecanismos comunitarios, pero con la vista puesta en una gestión que seguirá bajo presión. Porque la caballa, en el Cantábrico y el Noroeste, no es solo una pesquería: es una pieza de estabilidad para decenas de puertos, miles de tripulaciones y una cadena de suministro que necesita certezas para que el mercado —y el muelle— funcionen.

Bruselas “toma nota” del sector ante el nuevo Control Pesquero con la letra pequeña tensando la implantación

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La Dirección General de Pesca responde a los Consejos Consultivos del Noroeste, Pelágico y Mar del Norte y asegura que incorporó sus aportaciones en los actos delegados y de ejecución aprobados antes de la entrada en vigor de enero de 2026

La Comisión Europea ha contestado, con retraso pero con tono conciliador, a la carta remitida el 23 de mayo de 2025 por tres de los principales Consejos Consultivos (ACs) —NWWAC, PelAC y NSAC— sobre la aplicación del Reglamento de Control de la Pesca revisado. En la misiva, firmada por Charlina Vitcheca, Bruselas agradece el “compromiso sostenido” del sector, pide disculpas por la demora y subraya que las recomendaciones trasladadas por los ACs “fueron debidamente tenidas en cuenta” en la preparación de los actos de ejecución y delegados ya adoptados y publicados, con la vista puesta en la entrada en vigor de determinadas obligaciones en enero de 2026.

El intercambio no es menor: los ACs habían trasladado a la Comisión un diagnóstico muy amplio tras un taller conjunto celebrado el 5 de febrero de 2025, que reunió a varios consejos consultivos (del Báltico, Mediterráneo, Larga Distancia, Regiones Ultraperiféricas y Aguas Sudoccidentales, además de los tres firmantes). El objetivo era despejar dudas de interpretación y, sobre todo, anticipar problemas prácticos en la implantación de medidas clave previstas para 2026 y 2028.

En su respuesta, la Comisión reivindica precisamente ese taller como prueba de que el enfoque colaborativo “funciona” y se muestra dispuesta a participar en una segunda sesión si los ACs vuelven a convocarla. Pero, al mismo tiempo, deja claro que algunos de los grandes anhelos del sector no dependen directamente de la DG MARE. Un ejemplo simbólico: la petición de publicar una versión consolidada del reglamento revisado —con todas las modificaciones integradas— para facilitar la seguridad jurídica a pescadores, operadores y administraciones.

Sobre ese punto, Bruselas comparte el interés por la “claridad y accesibilidad” del texto, pero recuerda que la elaboración de consolidados corresponde a la Secretaría del Consejo y a la Oficina de Publicaciones, y que la “próxima actualización” se espera en 2026, una vez entren en vigor las disposiciones pendientes. Es decir: la herramienta que el sector reclama para navegar el nuevo marco normativo seguirá sin estar plenamente disponible, al menos, hasta que el calendario comunitario lo permita.

Once frentes técnicos que marcan el pulso de la reforma

La carta conjunta de NWWAC, PelAC y NSAC no se limitaba a una queja genérica: ordenaba las dudas por capítulos y ponía el foco en un riesgo central para la competitividad: que el reglamento, en lugar de armonizar, acabe creando un mosaico de interpretaciones nacionales. Entre los asuntos destacados figura el REM (Remote Electronic Monitoring), el control con cámaras y sensores para vigilar el cumplimiento de la obligación de desembarque. Los ACs piden que la definición de “alto riesgo de incumplimiento” se realice con criterios homogéneos —idealmente con un papel claro de la Comisión y de la EFCA— para evitar que cada Estado miembro aplique el listón a su manera.

En el mismo paquete aparece la carga operativa de los diarios electrónicos. Los consejos consultivos alertan de que la obligación de completar el cuaderno por cada operación de pesca puede disparar el número de registros diarios en artes con alta rotación, elevando tiempos, errores y riesgos de seguridad a bordo (especialmente con mala mar). La receta que proponen es simple: ajustes estandarizados, simplificación y protocolos armonizados en toda la UE.

El reglamento también baja al detalle del segmento más sensible: la pesca artesanal. Los ACs expresan preocupación por el coste y el tamaño de los dispositivos de seguimiento para embarcaciones pequeñas y piden que la trazabilidad y el control se adapten a tipo de arte, pesquería y zona, evitando imponer un modelo único. Aquí, reconocen que la Comisión trabaja en un sistema de seguimiento simplificado, pero insisten en que debe diseñarse con el sector para que sea usable, accesible y no se convierta en otro “peaje” tecnológico.

Otro foco de fricción es el régimen de infracciones graves y el equilibrio entre disuasión y proporcionalidad. El sector reclama que no se sancione con dureza por errores administrativos menores o situaciones de fuerza mayor, defendiendo un enfoque basado en riesgo que preserve la cooperación y la cultura de cumplimiento. En paralelo, la carta entra en un terreno especialmente delicado: los protocolos de desembarque y pesaje. Se pide estandarización real entre Estados miembros y, a la vez, flexibilidad “debidamente justificada” para especies y circunstancias donde el pesaje puede comprometer la cadena de frío o encarecer de forma desproporcionada la operativa.

La Margen de Tolerancia (MoT) aparece como uno de los puntos más calientes. Los ACs describen la dificultad de aplicar muestreos representativos en grandes capturas de pequeños pelágicos sin clasificar, donde detectar pequeñas proporciones de especies acompañantes puede ser literalmente “buscar una aguja en un pajar”. El temor es doble: errores inherentes al muestreo que deriven en incumplimientos y que esos incumplimientos se clasifiquen como infracción grave, con consecuencias administrativas o incluso penales en algunos países.

También se cuestiona la implantación del control de potencia de motor mediante dispositivos tipo “caja negra”: quién paga, cómo se almacenan los datos, cómo se distingue navegación de pesca, qué significa “potencia real” frente a “capacidad máxima” y, sobre todo, cómo se gestiona el mantenimiento cuando cualquier ajuste puede requerir recertificación, con semanas de parada técnica. Los ACs piden un marco técnico claro para proveedores y operadores antes de que la medida eche a andar.

Y, por debajo de todo, late una pregunta que no es técnica sino financiera: ¿quién financia la transición? En su carta, los consejos consultivos piden un uso más homogéneo y accesible del Fondo Europeo Marítimo, de Pesca y de Acuicultura (FEMPA/EMFAF) para sufragar equipos y obligaciones de control, reducir burocracia y evitar desigualdades entre Estados. Aportan incluso una estimación orientativa: instalar REM en un buque de 56 metros podría rondar 19.000 euros (sin sensores) más unos 1.500 euros anuales de costes de datos, cifras que se disparan en buques antiguos sin preinstalación.

La lista se completa con dos capítulos que afectan de lleno al día a día: la estiba separada de capturas demersales por stock (artículo 44), considerada poco práctica cuando la lista de stocks bajo planes plurianuales es amplia, y la trazabilidad digital a lo largo de la cadena, donde el sector denuncia incertidumbre sobre requisitos concretos y teme que cada país defina “lo suficiente” a su manera, generando distorsiones y problemas en mercados de exportación.

Qué responde la Comisión y qué queda por despejar

En su contestación, Bruselas evita entrar al detalle de cada punto —no resuelve uno por uno los interrogantes—, pero sí envía dos mensajes políticos: primero, que las aportaciones del sector se han incorporado en los actos adoptados antes de enero de 2026; y segundo, que la Comisión quiere mantener el canal abierto y está dispuesta a volver a sentarse en un nuevo taller. Para la flota y la industria, esa apertura es relevante, pero no sustituye a lo que se reclama desde hace meses: certeza operativa, armonización real y un calendario de implantación compatible con la capacidad técnica del mercado y con la economía de las empresas.

En el fondo, la reforma del control no se discute por su objetivo —más trazabilidad, más coherencia, más garantías frente a la competencia desleal—, sino por su ejecución. Y la ejecución, como muestran las cartas cruzadas, se juega en una frontera delicada: imponer lo necesario para que el sistema sea creíble sin convertirlo en una jungla de obligaciones que acabe golpeando a los operadores europeos… y dejando intactas las asimetrías con terceros países.

Para la pesca española, con una flota heterogénea y una cadena comercial extensa, el resultado de este pulso europeo tendrá traducción inmediata: costes, procedimientos, sanciones, digitalización y acceso a ayudas. La Comisión asegura que “toma nota”; el sector pide que esa nota se convierta en reglas claras, homogéneas y aplicables en cubierta, en lonja y en mercado.