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viernes, marzo 6, 2026
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El repunte del gasóleo pesquero reabre la inquietud en España ante una nueva escalada energética

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La subida del crudo por la crisis en Oriente Medio amenaza con encarecer las salidas al mar de la flota española, en un momento en que el combustible sigue siendo uno de los costes más sensibles para la rentabilidad de los buques

La alarma lanzada por algunas flotas piden controles ante subidas “demasiado rápidas” del gasóleo. El combustible continúa siendo una de las partidas más determinantes en la cuenta de explotación de muchos barcos, especialmente en segmentos intensivos en consumo, y cualquier encarecimiento brusco puede alterar la viabilidad de las mareas. 

El contexto internacional explica el nerviosismo. El Brent ha encadenado una fuerte escalada esta semana al calor de la guerra con Irán y de las disrupciones en el tráfico energético regional: Reuters informó de cierres con el barril en 81,40 dólares el 3 de marzo y en 85,41 dólares el 5 de marzo, tras cinco sesiones consecutivas de subidas. Ese movimiento del crudo suele trasladarse con rapidez a los carburantes y alimenta el temor a que el gasóleo pesquero vuelva a tensionarse en plena campaña para muchas flotas. 

En España, el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación sigue de forma específica esta variable a través de sus informes semanales de energía en el sector agrario y pesquero, que incluyen una serie propia del precio del gasóleo B para pesca elaborada con datos del MITERD. Esa monitorización confirma que el combustible pesquero es un indicador crítico para la actividad y que la Administración lo trata como una variable estratégica para el sector primario. 

La preocupación española no es nueva. El propio marco normativo estatal recuerda que el sector pesquero ya sufrió en los últimos años un fuerte incremento de costes intermedios, con mención expresa a la subida del gasóleo, hasta el punto de justificar medidas extraordinarias de apoyo. Además, el MAPA subraya en su memoria de política de rentas que el gasóleo pesquero permanece exento del impuesto especial de hidrocarburos, una ventaja fiscal que amortigua parcialmente el golpe, pero que no neutraliza una escalada rápida del precio base del carburante. 

Ahí está el verdadero riesgo para España. La flota puede contar con un tratamiento fiscal favorable, pero no queda aislada de las tensiones geopolíticas ni del encarecimiento del petróleo en los mercados internacionales. Cuando el combustible sube con demasiada rapidez, el problema no es solo contable: algunas empresas empiezan a revisar si compensa salir a faenar, ajustar días de mar o reducir actividad, con impacto directo sobre puertos, lonjas, comercialización e industria auxiliar. Es la misma lógica que ha verbalizado AIC Pesca en Italia y que, aunque con matices, afecta igualmente a las empresas españolas. 

 La cuestión de fondo es que España vuelve a quedar expuesta a un factor externo que escapa al control del sector: la volatilidad energética. En una flota que aún depende mayoritariamente del gasóleo, cualquier sobresalto internacional golpea primero al coste operativo y después a toda la cadena de valor. La subida de estos días no implica por sí sola una paralización inmediata de la actividad, pero sí reactiva un fantasma conocido: que la rentabilidad de las mareas quede otra vez a merced del surtidor

El Parlamento irlandés exige respuestas ante el recorte de cuotas y el choque con la eólica marina

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El Parlamento irlandés vincula la crisis de las posibilidades de pesca en 2026 con la pérdida de las Hague Preferences, la presión sobre las comunidades costeras y la necesidad de ordenar la convivencia entre flota y renovables offshore

La pesca irlandesa ha vuelto al centro del debate político en Dublín. La sesión del Dáil Éireann del pasado 24 de febrero dejó un mensaje nítido para Bruselas y para el propio Gobierno: la combinación de los recortes de cuotas para 2026, la erosión de los mecanismos de protección histórica de Irlanda y la creciente competencia por el espacio marítimo está empujando al sector a una situación límite. En una jornada parlamentaria especialmente reveladora para el mundo marítimo, el Ejecutivo reconoció la gravedad del momento, mientras diputados de distintos signos reclamaron una reacción más dura frente al marco europeo y mayores garantías para las comunidades pesqueras. 

El arranque del debate sobre cuotas pesqueras 2026 ya marcó el tono. El ministro de Agricultura, Alimentación y Marina, Martin Heydon, admitió ante la Cámara que el menor volumen de cuotas disponible para este ejercicio ha generado una “considerable preocupación” no solo entre los pescadores directamente afectados, sino también en el conjunto del tejido transformador y comercial vinculado al mar. El Gobierno irlandés situó así el problema en una dimensión más amplia que la puramente extractiva: la crisis de cuotas amenaza empleo, industria auxiliar, actividad portuaria y cohesión territorial en enclaves fuertemente dependientes del recurso pesquero. 

La discusión parlamentaria mostró, además, hasta qué punto la herida política sigue abierta por la no aplicación de las Hague Preferences, el tradicional mecanismo corrector que Irlanda invocaba para amortiguar recortes en especies clave. Varios diputados denunciaron que su pérdida o no activación ha dejado al país en una posición de debilidad frente a otros Estados miembros y frente a un sistema comunitario que, a juicio de parte de la Cámara, no ha protegido adecuadamente a un Estado costero que cede acceso a sus aguas. En las intervenciones más duras se llegó a presentar la situación como una quiebra de décadas de equilibrio político y de buena fe en la arquitectura pesquera europea. 

Dentro de ese clima, la caballa apareció como uno de los símbolos más claros del deterioro. En el debate se recordó expresamente que la reducción del recurso y del marco de capturas ha alcanzado tal magnitud que algunos parlamentarios citaron un ajuste del 70 % en la especie, vinculándolo al consejo científico del ICES y al fracaso de la gobernanza compartida con los Estados costeros. Más allá de la cifra, lo relevante fue el trasfondo político: el Dáil trasladó la sensación de que Irlanda está pagando el coste de decisiones multilaterales y desequilibrios de reparto que no controla plenamente, pero que golpean de lleno a su flota pelágica y a su industria conservera y de procesado. 

La alarma social y económica fue uno de los ejes del debate. Diputados irlandeses advirtieron de que fábricas y plantas de transformación, especialmente en polos como Killybegs, podrían ver reducida su actividad a apenas unos pocos días o semanas, con un impacto directo en empleo, salarios y continuidad empresarial. El problema, insistieron, no afecta solo a los barcos, sino a toda la cadena de valor que depende de desembarques regulares y de un calendario pesquero mínimamente previsible. La lectura que emerge de la sesión es la de un sector que se siente atrapado entre la reducción biológica del recurso, las tensiones del reparto comunitario y la falta de alternativas productivas inmediatas para muchas tripulaciones. 

El Gobierno irlandés trató de responder con un discurso de acompañamiento y apoyo estructural. Durante la sesión se puso sobre la mesa que el presupuesto de 2026 incluye 157 millones de euros para respaldar a la pesca y al sector marino, a lo que se suma la continuidad del programa de desarrollo del marisco y la pesca dotado con 258 millones de euros bajo el Fondo Europeo Marítimo, de Pesca y de Acuicultura 2021-2027. A ello se añadió el anuncio de 27 millones de euros para proyectos de capital en puertos pesqueros y costas de titularidad pública. El Ejecutivo defendió estas partidas como una red de contención para modernización de flota, seguridad, infraestructuras portuarias, competitividad del procesado, sostenibilidad ambiental y relevo generacional. 

Pero la sesión del 24 de febrero no se limitó a las cuotas. En otro tramo del debate, centrado en energía renovable offshore, el Parlamento irlandés abordó una cuestión cada vez más sensible también para el conjunto de la fachada atlántica europea: cómo compatibilizar el despliegue de la eólica marina con la actividad pesquera. El Gobierno afirmó que mantiene una consulta continua con el sector a través del enfoque planificado de Irlanda para las renovables marinas y destacó el papel del grupo de trabajo entre el sector pesquero y la eólica offshore como foro de interlocución. También recordó que el futuro desarrollo del Designated Maritime Area Plan (DMAP) se plantea con consulta pública y con un servicio específico de enlace para comunidades costeras. 

Ese punto resulta especialmente relevante para Europa Azul porque muestra que, en Irlanda, la gobernanza marítima ya no se discute solo en términos de cuotas y TAC, sino también de uso del espacio marino. El Ejecutivo subrayó que los proyectos adjudicados bajo el esquema ORESS deberán aportar fondos de beneficio comunitario y estimó que, para la capacidad contratada en la primera fase, esos fondos podrían rondar los 25 millones de euros anuales. Sin embargo, el debate parlamentario dejó claro que parte de la preocupación local sigue centrada en la desinformación, en los impactos sobre hábitats y pesquerías y en la necesidad de que autoridades locales, representantes electos y comunidades costeras tengan una voz real en la gestión de esos beneficios y en la ordenación de los proyectos. 

Desde una perspectiva sectorial, la fotografía que deja el Dáil es la de un país marítimo que intenta defender simultáneamente tres frentes. El primero, recuperar capacidad negociadora en Bruselas y en los foros internacionales donde se decide el acceso al recurso. El segundo, sostener financieramente a las comunidades costeras mientras se estrechan las oportunidades de pesca. El tercero, evitar que la transición energética reproduzca en el mar la sensación de pérdida de control que hoy aflora en la política pesquera. Esa combinación de crisis de cuotas, demanda de soberanía alimentaria y ordenación del espacio marino convierte a Irlanda en un caso especialmente revelador para otros Estados atlánticos. 

Para el sector europeo, el mensaje político de Dublín merece atención. La Cámara irlandesa no solo verbalizó malestar por los recortes de 2026, sino que situó la pesca como un asunto estratégico para el equilibrio territorial, la industria alimentaria y la cohesión costera. En un momento en que Bruselas impulsa al mismo tiempo transición energética, Pacto Oceánico y revisión de prioridades marítimas, Irlanda está avisando de que no aceptará que la pesca quede relegada a un papel marginal. Y eso, en términos comunitarios, abre una discusión de fondo: si la Europa azul quiere mantener legitimidad social en sus regiones costeras, tendrá que demostrar que la descarbonización, la conservación y la economía marítima pueden avanzar sin sacrificar a quienes históricamente han vivido del mar. 

El CNPMEM solicita un plan plurianual de la caballa para reconstruir el stock del Atlántico Nordeste

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La fuerte caída del recurso, el fracaso de un reparto estable entre los Estados costeros y el peso económico de la especie empujan a Bruselas a buscar un acuerdo de recuperación con base científica.

La caballa ha dejado de ser solo un asunto de cuotas para convertirse en una prueba de estrés para la gobernanza pesquera del Atlántico Nordeste. La degradación del stock, el recorte drástico recomendado por la ciencia y la ausencia de un marco estable de reparto entre la Unión Europea y los Estados costeros han situado a esta especie pelágica en el centro de una crisis que amenaza rentas, empleo y actividad industrial en buena parte del litoral europeo. En ese contexto, la profesión pesquera francesa, encabezada por el Comité Nacional de Pesquerías Marítimas y Ganadería Marina (CNPMEM), ha elevado la presión política para que se adopte un plan plurianual de reconstrucción que combine disciplina biológica, corresponsabilidad internacional y viabilidad económica. 

El Consejo Internacional para la Exploración del Mar (ICES) advirtió en su asesoramiento para 2026 de que la presión pesquera se sitúa por encima de los niveles sostenibles y de que la biomasa reproductora de la caballa del Atlántico Nordeste está ya por debajo tanto del umbral MSY Btrigger como de Blim. Sobre esa base, recomendó que las capturas en 2026 no superasen las 174.357 toneladas, un 70% menos que el consejo para 2025, con el objetivo de dar al stock una probabilidad del 50% de situarse por encima de Blim en 2027. El propio ICES subraya, además, que la suma de cuotas unilaterales ha llevado a capturas que, desde 2010, han superado de media en un 39% el nivel aconsejado por la ciencia. 

Ese deterioro biológico se ha trasladado con rapidez al terreno político. En diciembre de 2025, la UE cerró las posibilidades de pesca para 2026 con una solución provisional para la caballa: un cupo limitado al primer semestre del año, alineado con el consejo científico, después de que no pudiera fijarse un TAC completo por la falta de acuerdo entre las partes que comparten el stock. La Comisión Europea admitió entonces que no había sido posible cerrar un TAC para la especie pese a sus esfuerzos negociadores, mientras varios Estados miembros denunciaban la sobrepesca y la falta de cooperación de determinados países no comunitarios. 

La reunión prevista para los días 5 y 6 de marzo en Copenhague ha sido planteada por el sector como un momento decisivo. El Consejo de la UE convocó específicamente esa ronda de consultas de los Estados costeros sobre el reparto de la caballa, y un grupo de países comunitarios —Irlanda, Bélgica, Alemania, España, Portugal y Suecia— reclamó públicamente a la Comisión un desenlace satisfactorio que permita recuperar el stock y restablecer unas reglas de juego equitativas. En ese documento, los seis países alertan de que las actuales posibilidades provisionales son “extremadamente bajas” y de que, dado el carácter estacional de la pesquería, una falta de acuerdo agravaría el daño económico sobre la flota europea. 

Es ahí donde encaja la reivindicación de un plan plurianual. La tesis del CNPMEM es clara: no basta con gestionar la urgencia de 2026, sino que hace falta una hoja de ruta de varios años, sustentada en el asesoramiento científico y asumida por todos los actores, incluidos los Estados costeros extracomunitarios. Para la organización francesa, sería un error ignorar el desplome de la acción biológica y aplazar de nuevo las decisiones estructurales, porque la caballa es una especie estratégica para las flotas, para la transformación y comercialización y para el abastecimiento alimentario. Su planteamiento pasa por compartir el esfuerzo de reconstrucción, evitar decisiones unilaterales y ofrecer visibilidad a empresas que no pueden redirigir fácilmente su actividad hacia otras especies por el corsé regulatorio de licencias y cuotas. 

La dimensión socioeconómica explica la contundencia del mensaje. El CNPMEM ha descrito la actual coyuntura como una “crisis sin precedentes” y recuerda que la caída de los cupos amenaza de forma directa a empresas, empleo y territorios litorales. Como respuesta de emergencia, la propia profesión francesa ha articulado una dotación colectiva de 400 toneladas, equivalente al 20% del cupo nacional, para amortiguar parcialmente el golpe sobre las flotillas más expuestas. Pero el organismo admite que esa bolsa apenas compensa una fracción del impacto y que será necesario contemplar apoyos públicos para armamentos muy dependientes de esta pesquería y sin alternativas reales de repliegue. 

El problema de fondo, sin embargo, trasciende a Francia. La caballa del Atlántico Nordeste es un stock ampliamente distribuido y su gobernanza lleva años tensionada por la pugna entre la realidad biológica cambiante, los intereses nacionales y la tentación de fijar cuotas por libre. Precisamente por eso, el ICES recuerda que no existe una estrategia internacional de gestión a largo plazo acordada para esta pesquería. Ese vacío institucional ha terminado por erosionar la credibilidad del sistema: la ciencia pide contención, pero la suma de decisiones políticas no coordinadas sigue empujando en sentido contrario. 

El caso de la caballa resume uno de los grandes dilemas de la política pesquera europea en 2026: cómo conciliar la defensa de la cadena de valor y del empleo costero con una reconstrucción biológica exigente en un recurso compartido con terceros países. La respuesta más razonable parece ser, precisamente, la que reclama el sector: un plan plurianual verificable, con objetivos de recuperación, reglas de reparto estables, disciplina para todas las partes y mecanismos de revisión anual apoyados en la ciencia. Sin ese marco, la caballa seguirá atrapada entre la urgencia económica de cada campaña y la degradación progresiva del stock. Con él, en cambio, la pesquería aún podría recuperar certidumbre, legitimidad y futuro

Notable avance hacia un sistema más completo de protección para quienes trabajan en la pesca

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El sistema internacional de seguridad para la flota pesquera dará un salto histórico en los próximos meses. La reciente ratificación del Acuerdo de Ciudad del Cabo por parte de Argentina, formalizada el pasado 24 de febrero, ha permitido alcanzar el umbral mínimo necesario para la entrada en vigor del tratado, que comenzará a aplicarse en febrero de 2027. Con ello, el sector pesquero mundial contará por primera vez con un marco global de normas técnicas y de inspección comparable al que rige desde hace décadas para la marina mercante.

El acuerdo desarrolla y actualiza los principios del Convenio de Torremolinos sobre seguridad de los buques pesqueros, un instrumento impulsado bajo el paraguas de la Organización Marítima Internacional (OMI) que durante años permaneció sin entrar en vigor por falta de ratificaciones suficientes. La adhesión de nuevos países en los últimos años —entre ellos España en 2019— ha permitido finalmente desbloquear el proceso.

Seguridad estructural y equipamiento obligatorio

El tratado será de aplicación a los buques pesqueros de más de 24 metros de eslora, estableciendo requisitos técnicos y operativos en ámbitos clave de la seguridad marítima. Entre ellos figuran normas sobre construcción y estabilidad del buque, seguridad de maquinaria, protección contra incendios, dispositivos de salvamento, procedimientos de emergencia, radiocomunicaciones y equipos de navegación.

Muchos de estos estándares ya están plenamente implantados en la flota europea y especialmente en la española, sometida desde hace años a exigentes sistemas de inspección y control. Sin embargo, la situación es muy distinta en otras regiones del mundo, donde los accidentes laborales y siniestros marítimos en la pesca siguen contabilizándose por miles cada año.

La futura aplicación del acuerdo pretende precisamente elevar el listón de seguridad a escala global, obligando a las flotas de diferentes países a cumplir requisitos mínimos comparables. Esto no solo reforzará la protección de las tripulaciones, sino que también contribuirá a reducir las diferencias regulatorias que han generado durante décadas competencia desigual entre flotas.

Más control en los puertos

Uno de los aspectos más relevantes del acuerdo es el denominado principio de “trato no más favorable”, incluido en su artículo 4. Esta cláusula establece que los buques que enarbolen pabellones de Estados que no hayan ratificado el tratado no podrán recibir un trato más favorable que los que sí lo han hecho.

En la práctica, esto permitirá a los Estados que aplican el acuerdo inspeccionar y controlar buques pesqueros extranjeros cuando recalen en sus puertos, verificando que cumplen los estándares de seguridad exigidos. Se trata de un mecanismo especialmente útil en un sector caracterizado por la movilidad constante de los buques y por la diversidad de registros de bandera.

La medida puede tener una aplicación significativa en enclaves portuarios con elevada presencia de flota internacional, como algunos puertos atlánticos y bases logísticas del Atlántico medio. En estos casos, el acuerdo reforzará las herramientas de las autoridades portuarias y marítimas para garantizar condiciones de seguridad homogéneas.

Un complemento a las normas laborales

El Acuerdo de Ciudad del Cabo se suma además a otros instrumentos internacionales que han ido configurando el marco regulatorio del sector pesquero. Entre ellos destaca el Convenio 188 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), centrado en las condiciones laborales de los pescadores.

La combinación de ambos marcos normativos —uno orientado a la seguridad técnica de los buques y otro a los derechos laborales de las tripulaciones— pretende avanzar hacia un sistema más completo de protección para quienes trabajan en la pesca, una de las actividades profesionales con mayor índice de riesgo en el ámbito marítimo.

Hacia una competencia más equilibrada

La entrada en vigor del acuerdo en 2027 representa, en definitiva, un paso importante para armonizar estándares de seguridad en la pesca mundial. Además de mejorar la protección de las tripulaciones, la norma puede contribuir a reforzar la transparencia en la actividad pesquera, facilitar el control de las flotas y promover una competencia más equilibrada entre países con diferentes niveles regulatorios.

Para el sector europeo, acostumbrado desde hace años a cumplir exigentes controles técnicos, el nuevo escenario supone también una oportunidad: que las reglas de seguridad que ya se aplican en la Unión Europea se extiendan progresivamente al resto de las flotas internacionales que operan en los mares del mundo

Bruselas abre la puerta a cambiar el “piloto automático” de las cuotas de pesca

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El comisario Costas Kadis promete revisar la metodología con la que se traducen los datos científicos en restricciones y presentar una propuesta antes de final de año. Las cofradías catalanas aplauden el giro, pero exigen concreción y consenso con el sector.

La Comisión Europea empieza a admitir que el sistema con el que se vienen fijando las oportunidades de pesca —cuotas, límites de captura y, sobre todo, días de actividad— ha llegado a un punto de fricción difícil de sostener. Esta semana, en una entrevista difundida por la ACN, el comisario europeo de Pesca, Costas Kadis, avanzó que Bruselas “cambiará la forma de interpretar” los datos científicos a la hora de imponer restricciones y que presentará una propuesta de reforma antes de que acabe 2026, con el objetivo declarado de aportar “más estabilidad y predictibilidad” a la flota mediterránea.

El anuncio ha sido recibido con una mezcla de alivio y cautela por parte de las cofradías catalanas, que llevan años denunciando que la Política Pesquera Común (PPC) se aplica en el Mediterráneo con instrumentos poco adaptados a su realidad biológica y socioeconómica. “Si realmente es así, solo tengo palabras de agradecimiento”, afirmó desde Bruselas Antoni Abad, presidente de la Federació de Confraries de Pescadors de Catalunya, aunque advirtió de inmediato que las palabras “tienen que transformarse en hechos”.

Más que “cuotas”: la batalla por los días de pesca

En el Mediterráneo occidental, el gran termómetro no son tanto los TAC y las cuotas clásicas de especies pelágicas, sino el régimen de esfuerzo (días de pesca) impuesto a las flotas que explotan especies demersales —arrastre y otras artes— bajo el Plan Plurianual del Mediterráneo Occidental (Reglamento UE 2019/1022). Ese plan nació, precisamente, porque los planes nacionales de Francia, Italia y España “no han sido eficaces para alcanzar los objetivos” de la PPC y porque la presión sobre muchas especies demersales superaba con creces niveles sostenibles.

La tensión alcanzó su máximo el pasado diciembre, cuando la negociación de las oportunidades de pesca para 2026 derivó en un pulso político. La flota española del arrastre mediterráneo acabó con una referencia de 143 días, tras partir de escenarios iniciales extremadamente restrictivos en la discusión técnica. En paralelo, el Consejo decidió mantener en 2026 el nivel de esfuerzo de 2025 para los arrastreros en aguas españolas, francesas e italianas y continuar —con ajustes— el mecanismo de compensación que permite recuperar días si se aplican medidas de selectividad o conservación.

Esa decisión, sin embargo, no cerró el debate: lo aplazó. Bruselas, de hecho, había defendido antes una línea más exigente y, en sus documentos preparatorios, justificó recortes para llegar a mortalidades sostenibles, con especial foco en especies vulnerables como la cigala (Nephrops norvegicus) en determinadas subzonas.

El “punto ciego” que quiere corregir Kadis

El fondo del conflicto es técnico, pero con consecuencias económicas inmediatas. El sector denuncia que, en pesquerías mixtas, la metodología puede terminar fijando límites muy duros para toda la flota por la situación del stock más vulnerable, aunque no todos los barcos ni todos los caladeros estén vinculados del mismo modo a esa especie. Esa lógica fue explícita en los análisis del propio STECF y en la documentación de la Comisión, donde se hablaba de reducir esfuerzo siguiendo la referencia de las poblaciones más frágiles, con compensaciones para quienes no las capturan.

En la entrevista citada por la ACN, Kadis intenta caminar por una línea fina: promete ajustes metodológicos para ganar estabilidad, pero avisa de que no se puede “ignorar” el asesoramiento científico y no descarta que haya nuevas restricciones en 2027. Ese equilibrio es, hoy, la clave política: cambiar el sistema sin vaciarlo de su objetivo legal de sostenibilidad.

Catalunya pide que se escuche… con datos

En ese terreno, el sector catalán ha colocado una palabra en el centro: cogestión. Abad recordó que llevan seis años trabajando para que Bruselas incorpore la “voz de Catalunya” en su propuesta para el Mediterráneo y reivindicó el papel de ICATMAR, el instituto que recopila y ordena datos científicos de la costa catalana.

La Generalitat, de hecho, define a ICATMAR como órgano asesor científico que canaliza seguimientos, trabajos científicos y recogida de datos pesqueros y oceanográficos, base para la gestión sostenible; y sitúa los comités de cogestión como modelo desde 2018 con participación de cofradías, administración y otros actores.

La demanda catalana, en esencia, es que el Mediterráneo deje de gestionarse con una “plantilla” diseñada para otros mares europeos. “Solo queremos adecuar la política pesquera común al sector del Mediterráneo”, resume Abad, que además pide más presencia “sobre el terreno” de representantes europeos.

Tarragona: “coherencia” y planificación empresarial

Desde Tarragona, el secretario territorial de cofradías, Xavier Domènech, añade una crítica muy operativa: la empresa pesquera necesita planificar inversiones, tripulaciones y campañas, algo difícil si la seguridad regulatoria se decide año a año con cambios bruscos. “Si tienes una inseguridad empresarial a un año vista, no puedes amortizar las inversiones”, advirtió.

Su argumento más llamativo apunta a un efecto perverso de la rigidez: el año pasado, afirma, sobraron entre 3.000 y 4.000 días en el conjunto del sector, porque muchas empresas gestionan el calendario para llegar a diciembre —Navidad— con margen de actividad, y acaban cerrando el año con días sin usar. Desde esa óptica, más que sumar “días extra” puntuales, el sector pide un sistema que no obligue a renunciar a jornadas productivas y, a la vez, permita cumplir el techo anual de esfuerzo.

El otro lado del tablero: advertencia ambiental y legal

El giro de Bruselas llega, además, bajo la presión contraria: organizaciones ambientales como ClientEarth, MedReact y Oceana han pedido a la Comisión que se oponga legalmente a la prórroga de límites en el Mediterráneo occidental para 2026, al considerar que el acuerdo político se desvía del enfoque basado en ciencia y pone en riesgo la recuperación de poblaciones en un mar donde la sobreexplotación sigue siendo elevada.

Ese choque anticipa el verdadero dilema de la reforma que promete Kadis: cómo introducir flexibilidad y realismo económico sin romper la trayectoria de recuperación biológica que exige la normativa europea.

2026, año puente: la reforma que decidirá 2027

En términos prácticos, el movimiento de la Comisión se interpreta como un intento de evitar que la gestión mediterránea siga siendo un conflicto anual de alto voltaje. La reforma anunciada —si llega a plasmarse antes de fin de año— podría redefinir cómo se traducen los dictámenes científicos en días de pesca y medidas compensatorias, cómo se pondera el impacto por subzonas y artes y cómo se integran datos regionales como los de ICATMAR en la toma de decisiones.

Para el Mediterráneo, donde la pesca se juega tanto en la biología como en la viabilidad diaria de las pequeñas y medianas empresas familiares, el anuncio abre una ventana: pasar del “todo o nada” de una metodología percibida como punitiva a un modelo de gestión más quirúrgico. Las cofradías catalanas celebran el cambio de tono. Ahora falta que Bruselas convierta el giro en norma, y que la reforma no se quede, otra vez, en una promesa de campaña

La Comisión de la UE mueve ficha para reforzar puertos, transporte marítimo y astilleros ante la transición y la geopolítica

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La Comisión Europea ha puesto en marcha esta semana un “paquete marítimo” con dos grandes hojas de ruta —una Estrategia Industrial Marítima y una Estrategia de Puertos— con la que busca apuntalar la competitividad, la descarbonización y la seguridad del sistema marítimo europeo en un momento de máximas tensiones: transición energética acelerada, presión tecnológica global y un entorno geopolítico que vuelve a colocar las rutas marítimas y las infraestructuras críticas en primera línea.

La Comisión parte de un diagnóstico nítido: Europa sigue siendo fuerte en segmentos “premium” (por ejemplo, el 97% de la flota mundial de cruceros se construye en astilleros europeos), pero ha ido perdiendo terreno en otros mercados, y la competencia internacional está entrando incluso en nichos donde la UE era líder.

Dos estrategias, un mismo objetivo: autonomía industrial y resiliencia logística

Ambas estrategias se presentan como comunicaciones (no son todavía propuestas legislativas cerradas), pero fijan el marco de acción para una batería de medidas que se irán concretando con convocatorias, guías técnicas y, en algunos casos, futuras reformas normativas y presupuestarias.

En la parte industrial —astilleros, equipos marítimos y transporte marítimo— Bruselas articula su plan en seis pilares: capacidad de construir/reparar, conectividad y transporte, seguridad, innovación, financiación e inversión, y empleo y cualificación.
En la parte portuaria, el enfoque se ordena en torno a cinco prioridades que combinan competitividad y digitalización, transición energética, seguridad, financiación y empleo/competencias.

El mensaje político lo resumió el vicepresidente de Industria, Stéphane Séjourné, al presentar el paquete: reforzar capacidad “Made in EU” en segmentos estratégicos y sostener liderazgo tecnológico e innovador europeo.

“Astilleros del Futuro” y una alianza de cadena de valor: del diagnóstico a la fábrica

Una de las palancas más visibles de la Estrategia Industrial Marítima será la convocatoria de I+D “Shipyards of the Future / Astilleros del Futuro”, bajo Horizonte Europa, para probar y escalar tecnologías en entornos reales de producción y acelerar la modernización industrial.

El plan prevé además crear una Alianza de Cadenas de Valor Industriales Marítimas para coordinar necesidades y empujar sinergias en mercados que la Comisión considera “de liderazgo” (desde buques de alta tecnología hasta equipos portuarios avanzados, pasando por tecnologías submarinas).

En paralelo, Bruselas quiere usar la contratación pública como señal de demanda: la estrategia apunta a introducir criterios “no precio” en segmentos estratégicos cuando se revisen las directivas de contratación pública, para que la variable de seguridad económica, resiliencia o sostenibilidad pese más en compras públicas de determinados buques y equipos.

Descarbonización con “menos papeleo”: ferris, cabotaje y carriles verdes

La Comisión sitúa la renovación y descarbonización de flota —con foco especial en ferris y buques costeros— como un frente prioritario, y anuncia que en 2026 lanzará una convocatoria del Mecanismo Conectar Europa (CEF) orientada a ese objetivo.

Junto a la inversión, aparece un guiño regulatorio relevante para el sector: Bruselas plantea simplificar trámites y estudiar cómo aligerar el marco de seguimiento, notificación y verificación (MRV) ligado a EU ETS marítimo y FuelEU Maritime, dos piezas que están reconfigurando la operativa y los costes administrativos de navieras y gestores.

Además, la estrategia industrial menciona la creación de una red europea de “green shipping lanes and hubs” para coordinar inversiones en operación de buques, despliegue tecnológico, suministro de combustibles y la infraestructura portuaria asociada.

Puertos: electrificación, red eléctrica y una agenda de seguridad “dura”

La Estrategia de Puertos parte de un dato que explica por qué Bruselas quiere acelerar: los puertos gestionan alrededor del 74% del comercio exterior de la UE, mueven 3.400 millones de toneladas y atienden casi 395 millones de pasajeros al año.

En transición energética, la Comisión anuncia que el próximo Electrification Action Plan incluirá medidas para apoyar la electrificación portuaria (OPS, conexión a red, transparencia de precios y previsión de demanda), con un énfasis claro en que el “cuello de botella” será la capacidad de red y la rapidez de permisos para proyectos estratégicos.

Pero el paquete no se queda en lo verde. La estrategia incorpora una dimensión de seguridad inusualmente explícita:

  • criterios y orientación sobre propiedad y control extranjeros en puertos identificados como infraestructura estratégica de doble uso;
  • refuerzo de la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado apoyándose en la European Ports Alliance;
  • y una medida que ya anticipa debate social y laboral: un marco europeo para verificación de antecedentes de trabajadores portuarios.

A esto se suma una agenda de ciberseguridad: evaluación coordinada de riesgos a nivel UE, actualización de guías de ENISA y trabajo con EMSA e IMO para estándares armonizados.

La “letra pequeña” de la financiación

Bruselas insiste en que parte del despliegue se hará movilizando instrumentos ya existentes: CEF, InvestEU, Fondo de Innovación, apoyo del BEI, y en el horizonte el futuro European Competitiveness Fund (dependiente del marco presupuestario 2028-2034).

En la Estrategia Industrial Marítima aparecen cifras y líneas de acción concretas: desde movilización de inversiones vía InvestEU, hasta un posible “maritime call” dedicado dentro del Innovation Fund y la invitación a los Estados miembros para que asignen parte de los ingresos ETS a inversiones de descarbonización marítima.

Reacciones: empleo, condiciones y “competencia justa”

El paquete ha llegado acompañado de una advertencia recurrente desde el lado laboral: la ETF (transportes) valora la estrategia pero pide que la competitividad no se construya a costa de condiciones, y reclama condicionalidad social cuando haya dinero público.
En la misma línea, IndustriAll Europe y SEA Europe ven la estrategia como una oportunidad crítica para blindar la industria naval europea frente a una competencia “distorsionada” y preservar empleo cualificado en regiones marítimas.

Qué significa para España (y para la economía azul)

Para España, el paquete llega en un momento en el que los puertos son nodo esencial de comercio, energía y logística —y en el que la construcción naval compite en un mercado global cada vez más agresivo—. La combinación de electrificación, digitalización, seguridad de infraestructuras críticas, y renovación de flota (especialmente ferris y cabotaje) conecta directamente con decisiones de inversión que se van a jugar en la próxima ventana presupuestaria europea y en la capacidad de cada territorio para presentar proyectos maduros, financiables y rápidos de ejecutar.

El mensaje final de Bruselas es inequívoco: puertos, transporte marítimo y astilleros dejan de ser piezas sectoriales para convertirse en un vector de competitividad europea, seguridad económica y resiliencia estratégica. El reto será pasar de la estrategia a la obra —y hacerlo sin que la transición y la seguridad se traduzcan en más burocracia o en una brecha social en los muelles y a bordo.

Un “interruptor biológico” del sueño en peces abre nuevas vías para la ciencia azul

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Big fish school swimming deep underwater in Pacific ocean waters

Un estudio internacional con participación del IIM-CSIC identifica en pez cebra un circuito cerebral inédito que activa el descanso y refuerza el valor de los modelos acuáticos en la investigación biomédica

La ciencia marina vuelve a situarse en la frontera del conocimiento biomédico. Un equipo internacional con participación del Instituto de Investigaciones Marinas (IIM-CSIC), a través de su grupo de Biotecnología Acuática, ha identificado en el pez cebra un circuito cerebral hasta ahora desconocido que actúa como un auténtico “interruptor biológico” del sueño. El hallazgo, publicado en Current Biology y liderado por el Instituto Tecnológico de California (Caltech), aporta nuevas pistas sobre cómo el cerebro decide cuándo dormir y refuerza el papel de los organismos acuáticos como plataforma estratégica para descifrar procesos esenciales de la fisiología animal y humana.

La investigación se centró en larvas de pez cebra (Danio rerio), una especie consolidada como modelo experimental por la similitud anatómica y molecular de su cerebro con el de otros vertebrados, incluidos los mamíferos, y por ventajas técnicas como su pequeño tamaño, transparencia y aptitud para ensayos de alta escala. En ese contexto, el equipo describió una nueva población de neuronas hipotalámicas que expresa los neuropéptidos QRFP y Pth4, y demostró que estas células desempeñan una función decisiva en la promoción del sueño.

El trabajo concluye, además, que el elemento decisivo del mecanismo no es QRFP, sino Pth4, un neuropéptido que activa el descanso mediante un doble engranaje: por un lado, frena circuitos neuronales asociados a la vigilia; por otro, potencia rutas que favorecen el sueño. Según los autores, la estimulación de estas neuronas induce sueño de forma marcada, y ese efecto desaparece cuando se altera la vía de Pth4, lo que sitúa a esta molécula en el centro del nuevo circuito descrito.

Uno de los aspectos más relevantes del estudio es que este “botón” del sueño no actúa de forma aislada. La señal generada en el hipotálamo se transmite hacia neuronas monoaminérgicas del tronco encefálico, entre ellas las relacionadas con la noradrenalina en el locus coeruleus y con la serotonina en los núcleos del rafe. Esa arquitectura sugiere que el paso de la vigilia al sueño no depende de un único centro, sino de una red coordinada que integra señales excitadoras e inhibidoras para ajustar el estado de alerta del animal.

El estudio también apunta a un componente homeostático de gran interés: estas neuronas se activan especialmente cuando el pez permanece despierto durante periodos prolongados, lo que indica que forman parte del sistema que mide la necesidad acumulada de descanso. En términos biológicos, se trataría de un mecanismo de protección que entra en juego cuando el organismo necesita restaurar funciones esenciales como la memoria, la reparación celular o el equilibrio energético.

Para el sector de la economía azul, el hallazgo tiene una doble lectura. Por un lado, vuelve a demostrar que la investigación con especies acuáticas no solo genera conocimiento aplicable a la producción, la sanidad o el bienestar de los peces, sino que también puede alimentar avances de alto valor en neurobiología y medicina traslacional. Por otro, refuerza el papel de centros como el IIM-CSIC en la conexión entre biotecnología acuática y grandes retos científicos globales, en un momento en que la investigación marina amplía su influencia mucho más allá de la pesca y la acuicultura. La participación del instituto español en un trabajo liderado por Caltech y desarrollado junto a la Universidad Estatal de California y la Universidad de Exeter refleja precisamente esa dimensión internacional de la ciencia azul.

Los propios investigadores subrayan que los humanos no poseen exactamente la misma molécula identificada en pez cebra, pero consideran que el circuito descubierto podría reflejar un sistema evolutivamente antiguo y conservado entre especies para ahorrar energía y mantener la estabilidad del organismo. Esa hipótesis abre una puerta prudente, aunque prometedora, a futuras aplicaciones en el abordaje del insomnio y otros trastornos del sueño. Aún queda camino para trasladar estos resultados a la clínica humana, pero el descubrimiento añade una pieza nueva a un puzle que la neurociencia persigue desde hace décadas: comprender cómo el cerebro sabe que ha llegado el momento de dormir

El Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación inicia una campaña de investigación sobre el ecosistema pelágico en el golfo de Cádiz y la costa portuguesa

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TARIFA (CÁDIZ), 16/09/2023.- Pescadores de JC Mackintosh, la primera pesquería española de atún rojo salvaje, y la tercera del mundo, que ha conseguido el certificado de sostenibilidad Marine Stewardship Council (MSC), una "ecoetiqueta" con la que viaja a los mercados internacionales más exigentes y concienciados y que opera en el Estrecho de Gibraltar con la ley "un hombre, un anzuelo, un atún rojo". EFE/Isabel Laguna

El Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación inicia la campaña Pelago 2026 para investigar el ecosistema pelágico en el golfo de Cádiz y la costa portuguesa y hacer una evaluación del estado de poblaciones de especies de interés pesquero.

A bordo del buque de investigación pesquera Miguel Oliver, esta campaña acústica de pequeños pelágicos se desarrollará hasta el 30 de marzo en colaboración con el Instituto Português do Mar e da Atmosfera (IPMA), en aguas de España y Portugal.

Uno de los principales objetivos es el seguimiento de la distribución de abundancia y biomasa y el estudio de diversos parámetros biológicos de sardina, boquerón, caballa, jurel y otros pequeños pelágicos, con estudios de acústica.

También se hará un seguimiento de huevos y larvas de peces y la caracterización física, química y biológica del ecosistema pelágico mediante el sistema de ecointegración. Además, en esta campaña se realiza la observación de aves y mamíferos marinos.

Las muestras se obtendrán mediante pescas pelágicas para identificar especies y recolectar puebas para caracterizarlas por longitud, edad, sexo y madurez sexual. En el caso de la distribución de los huevos de sardina y la anchoa, se utilizará el muestreador en continuo Cufes, que permite identificar el área de puesta. Igualmente, se recogerán datos que permitirán conocer las características de la columna de agua.

Posteriormente, los datos se analizarán en los grupos del Consejo Internacional para la Exploración del Mar (ICES, por su denominación en inglés) para la evaluación del estado de las poblaciones, a partir del cual este organismo realizará las recomendaciones que sirven de base para establecer los Totales Admisibles de Capturas (TAC) y cuotas que cada año aprueba el Consejo de Ministros de Agricultura y Pesca de la Unión Europea, así como para fijar las capturas de sardina acordadas entre España y Portugal.

Esta campaña se desarrolla gracias al Memorando de Entendimiento entre el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación y el Ministerio de Agricultura y Alimentación portugués, en vigor desde 2022.

La campaña tiene especial relevancia para la flota de cerco, ya que un 88 % de las capturas de estas especies se realizan mediante este método y también para las flotas de enmalle y arrastre. Además, responde a diferentes compromisos adquiridos a nivel internacional para la gestión sostenible de los mares y forma parte del Programa Nacional de Datos Básicos del sector pesquero, cofinanciado a través del Fondo Europeo Marítimo, de Pesca y de Acuicultura (FEMPA).

BUQUES OCEANOGRÁFICOS
El buque oceanográfico Miguel Oliver forma, junto con el Vizconde de Eza y el Emma Bardán, la flota de barcos de investigación gestionada por la Secretaría General de Pesca. Este buque tiene 70 metros de eslora y 12 de manga y cuenta con un equipamiento tecnológico puntero para la navegación y para la investigación pesquera y oceanográfica. Está equipado con 3 ecosondas, 3 radares y 6 laboratorios, además de un sofisticado sistema de posicionamiento y navegación. Está calificado como buque ecológico y silencioso por la sociedad de clasificación Bureau Veritas y cumple la normativa ICES 209 sobre emisión de ruidos y vibraciones en barcos de investigación.

Pymar aplaude la aprobación por Bruselas del plan para reforzar el sector naval europeo

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En un comunicado, López del Pozo consideró que se «abre una nueva etapa en la que la UE apuesta de manera decidida por fortalecer el liderazgo de la industria naval europea»

La consejera delegada de Pequeños y medianos Astilleros (Pymar), Almudena López del Pozo, ha mostrado su satisfacción por la aprobación por Bruselas del plan para reforzar el sector naval europeo e impulsar la competitividad de sus puertos, que se alinea con las aportaciones formuladas por la compañía durante su proceso de elaboración. 

En un comunicado, López del Pozo consideró que se «abre una nueva etapa en la que la UE apuesta de manera decidida por fortalecer el liderazgo de la industria naval europea». 

Asimismo, aseguró que Pymar «será un aliado leal en la coordinación de las medidas, instrumentos y mecanismos concretos que permitan su implementación efectiva».

La nueva Estrategia Marítima Industrial de la UE se trata de una hoja de ruta, impulsada a partir de la ‘mission letter’ dirigida por Ursula von der Leyen al comisario de Transporte Sostenible y Turismo en septiembre de 2024, que responde a una demanda sostenida por Pymar, que pasa por dotar al sector de un marco estratégico actualizado que refuerce la competitividad internacional de la industria naval europea ante el actual contexto geopolítico y su papel esencial en la autonomía estratégica del continente.

Opmega pide a la Xunta celeridad para aclarar el impacto de las borrascas en la producción del mejillón en la ría de Arousa

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La Organización de Productores de Mejillón de Galicia trasladó al director general de Pesca, Acuicultura e Innovación Tecnolóxica la preocupación de los productores y cuestionó la adjudicación del sistema long line sin consulta previa

La directiva de Opmega mantuvo una reunión con el director general de Pesca, Acuicultura e Innovación Tecnolóxica de la Consellería do Mar, Isaac Miguel Rosón Sánchez-Brunete, en la que se abordaron diferentes cuestiones de interés para los socios de la
organización y la situación actual del sector mejillonero. Durante el encuentro, la organización trasladó a la administración su
preocupación por lo que está sucediendo en las bateas de la ría de Arousa, una inquietud que los productores llevan semanas haciendo llegar a la Xunta ante la evolución que se está registrando en el mar y las consecuencias que esta situación ya está teniendo en la producción.
Entre los asuntos tratados, Opmega se refirió también a la adjudicación del sistema long line realizada por la Consellería do Mar sin consulta previa con los productores, una decisión que, según trasladaron los representantes de la organización, ha generado preocupación al tratarse de una cuestión que afecta directamente a la actividad y que debería haber contado previamente con la opinión de las organizaciones representativas del ámbito mejillonero.

Además, la organización reclamó a la Xunta celeridad para que haga público cuanto antes el informe sobre la afección que puede estar provocando el aumento del aporte de agua dulce al mar como consecuencia de las borrascas encadenadas de las últimas semanas, una cuestión que preocupa especialmente a los productores por su posible incidencia en las bateas.
Por su parte, el director general informó durante la reunión de que la Mesa del Mejillón se celebrará a lo largo del mes de marzo, aunque por el momento sin una fecha concreta fijada.
El presidente de Opmega, Ricardo Herbón, subrayó la importancia de mantener una comunicación fluida con la administración para abordar los retos que afronta la actividad y avanzar en soluciones que den respuesta a las preocupaciones de los productores.

Ormuz atasca el contenedor con el 1,4% de la flota mundial “neutralizada”, pero la onda expansiva supera el 10%

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La guerra en Irán ha convertido el estrecho de Ormuz en un embudo logístico con efectos que van mucho más allá del petróleo. En apenas cuatro días de conflicto, las grandes navieras de línea regular han empezado a aplicar medidas de emergencia —desvíos, “fin de viaje” y recargos extraordinarios— que, según estimaciones del mercado, dejan inmovilizada una parte pequeña pero significativa de la capacidad mundial de portacontenedores (en torno al 1,4%), mientras afectan a más del 10% si se contabilizan las rotaciones y servicios que entran o dependen del Golfo Pérsico.

El golpe se siente especialmente en las cadenas que dependen de puntualidad y frío —alimentación, farmacéutica y, de forma muy marcada, pescado y marisco—, porque la disrupción se traslada a equipos reefer, transbordos y disponibilidad de contenedores en origen.

Un atasco que se mide en TEU… y en rotaciones perdidas

Los datos de Alphaliner, recogidos por prensa especializada, sitúan en 138 los portacontenedores “atrapados” o inmovilizados en el Golfo a comienzos del 2 de marzo, con una capacidad conjunta de casi 470.000 TEU. Tomando como referencia una capacidad global en torno a 33,9 millones de TEU, esa bolsa equivale a casi el 1,4% del total mundial: poco en apariencia, enorme cuando se concentra en un corredor y en una ventana temporal corta.

Pero el verdadero daño no es solo lo “parado”, sino lo que deja de rotar. Reuters recogió que, en plena congestión, 158 buques portacontenedores se encontraban en la región (en torno al 2,1% de la flota activa), y que ejecutivos del sector advertían de que una porción cercana al 10% del sistema mundial quedaba atrapada o condicionada por el backup y los cambios de ruta.

En términos operativos, cada buque que no entra en Jebel Ali, Doha o Dammam no solo “falta” allí: rompe la secuencia de escalas, desplaza la reposición de equipos y tensiona la cadena intermodal del hinterland. Ahí nace la cifra de “más del 10%”: líneas que normalmente tocan el Golfo —o que dependen de él para reposicionar contenedores— ven alterada su capacidad efectiva aunque los buques no estén bloqueados físicamente.

MSC y CMA CGM trasladan la factura al cargador: “fin de viaje”, desvíos y recargos

La señal más contundente llegó de MSC. La naviera anunció a sus clientes que no completará los viajes a puertos del Golfo y que descargará las mercancías en el “puerto seguro más cercano”, aplicando un esquema de “End of Voyage”: el cargador asume la reexpedición posterior si quiere que su carga llegue al destino final. La compañía comunicó además un recargo obligatorio de 800 dólares por contenedor para cubrir los costes de la desviación.

CMA CGM, por su parte, activó un Emergency Conflict Surcharge (ECS) desde el 2 de marzo “hasta nuevo aviso”: 2.000 dólares por contenedor dry de 20’, 3.000 dólares por dry de 40’ y 4.000 dólares por unidad reefer o equipo especial, aplicable a tráficos “desde o hacia” una amplia lista de países y puertos del arco Golfo–Mar Rojo (incluyendo Qatar, EAU, Arabia Saudí, Omán, Kuwait, Bahréin, Irak, Yemen y Ain Sokhna, entre otros).

En paralelo, la naviera francesa comunicó medidas de seguridad inmediatas: buques dentro o con destino al Golfo instruidos a buscar refugio, suspensión del paso por Suez y desvío por el Cabo, además de publicar una lista de unidades afectadas en la que figura, entre otros, el CMA CGM Everglade.

Otras compañías han endurecido también su postura. Maersk ha anunciado la suspensión de reservas (bookings) hacia/desde varios mercados del Golfo, con excepciones para cargas críticas. S&P Global y otros analistas del mercado dan por hecho que este patrón se extenderá mientras persista la inseguridad y el encarecimiento del riesgo.

Por qué el marisco lo nota antes: el “doble castigo” del reefer

Para el comercio de productos del mar, la crisis se traduce en cuatro impactos inmediatos:

  1. Sobrecoste selectivo: en el caso de CMA CGM, el recargo extraordinario es más alto precisamente para reefer (4.000 dólares por unidad), lo que penaliza de forma directa la cadena de frío.
  2. Riesgo de desvíos con transbordos no planificados: la fórmula “End of Voyage” de MSC obliga a reorganizar entregas, asumir nuevos handling, almacenajes y transporte terrestre desde un puerto alternativo.
  3. Congestión y desequilibrio de equipos: si los contenedores frigoríficos no retornan a tiempo a los polos exportadores, se produce escasez de reefers disponibles y sube el coste implícito de reposicionamiento.
  4. Primas de riesgo que se trasladan a toda la cadena: al margen del contenedor, la crisis ha disparado el coste de asegurar buques en la región, lo que termina reflejándose en recargos y tarifas.

Además, MSC ha empezado a aplicar “war surcharges” en otras rutas conectadas a la zona de conflicto (por ejemplo, hacia África e islas del Índico), con importes diferenciados para reefers que llegan hasta 4.000 dólares por contenedor refrigerado en ciertos tráficos desde países del Golfo.

Un cuello de botella para la Economía Azul europea

Para Europa, el Golfo es a la vez mercado final (alto valor para pescado congelado, elaborados y horeca) y plataforma logística que alimenta redes hacia Asia y África. Cuando el Golfo deja de ser “hub” y pasa a ser “zona de riesgo”, el efecto se cuela en los márgenes de exportadores, traders y transformadores: o se asumen los recargos, o se renegocian incoterms, o se retrasa/cancela salida.

La lectura estratégica es la misma que ya empieza a repetirse en otras crisis: la resiliencia de la economía marítima no se mide solo en buques, sino en corredores, seguros, capacidad de desvío y equipos reefer. En el sector pesquero, eso significa una cosa muy concreta: cuando el contenedor se encarece y se vuelve impredecible, la competitividad se decide por la logística tanto como por el recurso.

ICES recomienda cerrar la pesca del lanzón en el Mar del Norte hasta 2027 por falta de datos y señales de debilidad del stock

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El organismo científico aconseja mantener capturas cero en el área 4 del Mar del Norte mientras se monitoriza la recuperación de esta especie clave en la cadena alimentaria marina.

El Consejo Internacional para la Exploración del Mar (ICES) ha recomendado mantener capturas cero de lanzón (Ammodytes spp.) en el norte y centro del Mar del Norte durante 2026 y 2027, aplicando el enfoque de precaución ante la falta de información científica suficiente sobre el estado del stock. La decisión afecta al área conocida como Sandeel Area 4, una zona estratégica para la biodiversidad marina y para varias pesquerías industriales del norte de Europa. 


El último dictamen científico publicado por ICES el 27 de febrero de 2026 refuerza la línea conservacionista que se viene aplicando en esta pesquería en los últimos años. El organismo aconseja mantener la prohibición total de capturas en 2026 y 2027, señalando que, bajo el enfoque de precaución, no debería autorizarse ninguna pesca mientras no existan evidencias claras de sostenibilidad del recurso. 

La recomendación se basa en un escenario marcado por la escasez de datos biológicos y pesqueros recientes, consecuencia directa del cierre de la pesquería en varias zonas del Mar del Norte. Desde 2024, el Reino Unido prohibió la pesca de lanzón en sus aguas del Mar del Norte y en aguas escocesas, lo que ha reducido significativamente la disponibilidad de muestras comerciales utilizadas para evaluar el estado del stock. 

Como resultado de esta falta de información, ICES ha rebajado la categoría científica de la evaluación del stock desde Categoría 1 a Categoría 5, lo que implica que los datos disponibles son insuficientes para aplicar modelos completos de evaluación pesquera. En este contexto, el organismo científico aplica un criterio conservador: no aumentar las capturas mientras no exista evidencia científica que demuestre que el stock puede sostenerlas. 

Una especie clave para el ecosistema del Mar del Norte

El lanzón es un pequeño pez pelágico que vive enterrado en fondos arenosos y constituye una pieza fundamental en la cadena trófica del Mar del Norte. Numerosas especies dependen de él como alimento, entre ellas aves marinas, bacalaos, merluzas y mamíferos marinos.

Su biología presenta además una elevada dependencia del hábitat: pasa gran parte de su ciclo vital enterrado en sedimentos arenosos con bajo contenido en limo. Durante la reproducción, los huevos se adhieren a la arena, lo que hace que la especie sea especialmente vulnerable a alteraciones del fondo marino. 

Por ello, ICES advierte que cualquier actividad que degrade estos hábitats —como la extracción de áridos, el desarrollo de parques eólicos marinos o la exploración petrolera— debe evaluarse cuidadosamente por su posible impacto sobre el recurso. 

Un historial de cierres y reaperturas

La historia reciente de la gestión de esta pesquería refleja una elevada volatilidad. Durante las últimas dos décadas, las recomendaciones científicas han alternado entre cierres totales, capturas limitadas para fines de monitorización y, en algunos años, TAC más amplios bajo el enfoque de rendimiento máximo sostenible (MSY). 

Sin embargo, la tendencia más reciente apunta hacia una mayor prudencia. En 2022 ya se recomendó captura cero, una medida que se repitió posteriormente en 2024 y 2025. Con el nuevo dictamen, ICES prolonga esta estrategia al menos hasta 2027.

Los datos históricos muestran además fuertes oscilaciones en las capturas, que llegaron a superar las 150.000 toneladas en algunos años de la década de 1990, mientras que en 2024 y 2025 las capturas registradas fueron nulas debido al cierre de la pesquería. 

ICES subraya que el seguimiento científico será clave en los próximos años. Las campañas de investigación mediante dragas científicas siguen proporcionando índices de abundancia de juveniles, aunque estos han mostrado valores relativamente bajos en las últimas temporadas.

El organismo recomienda mantener una vigilancia estrecha del reclutamiento de nuevas cohortes, ya que la aparición de clases de edad fuertes podría permitir en el futuro la reapertura de la pesquería bajo condiciones sostenibles.

Mientras tanto, la gestión del lanzón en el Mar del Norte se consolida como un ejemplo de aplicación estricta del principio de precaución en la política pesquera europea, en un contexto en el que los ecosistemas marinos afrontan presiones crecientes derivadas del cambio climático, el desarrollo energético offshore y la explotación de recursos marinos.