Investigación

La posidonia crece en el Mediterráneo con la bajada del turismo

Montañas de hojas secas cubren la línea de playa de Es Cavallets, una de las más populares de Ibiza. Un puñado de bañistas apuran el final de la temporada, sin inmutarse ante una estampa que solía provocar quejas entre los turistas. Esos feúchos montones de forraje son restos de posidonia y en realidad suponen un seguro de vida para los arenales, pues los protegen frente a los temporales del invierno. Bajo las aguas ofrecen una espectacular imagen de praderas submarinas que este otoño, por primera vez en años, han vuelto a florecer.

Guillermo Elejabeitia

     La posidonia es una planta ática -no un alga- que crece en todo el Mediterráneo, pero se muestra en las Pitiusas especialmente exuberante, de hecho es la responsable de que Ibiza y Formentera luzcan esas aguas cristalinas. Además de un poderoso sumidero de dióxido de carbono, ejerce como gran vivero natural para los alevines de un sinfín de especies autóctonas que encuentran protección o alimento entre sus hojas. Los habitantes de la Ibiza preturística la usaban como aislante en la construcción de casas payesas, en esa dinámica de subsistencia que regía su economía casi hasta la construcción del aeropuerto.

     Pero con el boom del turismo la posidonia pasó a ser un estorbo, una mancha en esa foto de arena blanca más propia del Caribe que esperan los viajeros. Aquellas hojas empezaron a recogerse en camiones de basura para depositarse en vertederos, mientras que las anclas de los barcos de recreo arrasaban con total impunidad prados enteros. Afortunadamente la conciencia medioambiental de la isla ha despertado en los últimos años y está encontrando eco en las instituciones. «La mentalidad del sector turístico de Ibiza, no solo la administración sino también entre los empresarios, ha ido cambiando de actitud y ha entendido que el futuro de la ciudad pasa por la sostenibilidad y el respeto al medio ambiente», asegura el alcalde, Rafael Ruiz, que preside también el Grupo de Ciudades Patrimonio de la Humanidad.

     Bajo esa nueva mirada la posidonia ha pasado de ser gestionada como basura a recibir honores de monumento, a la altura del conjunto histórico de Dalt Vila, pero lo más importante es que se la ha dotado de la protección necesaria para sobrevivir. Hace un par de años que patrullas de costa vigilan que los barcos de recreo no echen el ancla sobre las praderas submarinas -«pueden destruir en horas lo que ha tardado años en crecer»- y se han creado reservas marinas que ayudan a su regeneración.

     Los esfuerzos están dando sus frutos, que se han hecho especialmente visibles después de este verano, el de menor presión turística que recuerda la isla. La posidonia ibicenca ha florecido de manera excepcional, un fenómeno que no se produce todos los años, solo cuando la planta encuentra en el mar las condiciones idóneas para aprovechar al máximo la reproducción sexual. «El gasto energético que le supone solo se compensa por el aumento de variabilidad genética, que la hace más resistente y adaptada al medio», explica el biólogo y fotógrafo marino Xavier Mas, que lleva más de 30 años observando la posidonia.

     Hace unos días Mas y otra decena de submarinistas participaron en una inmersión organizada por el centro de buceo Scuba en colaboración con el Ayuntamiento de Ibiza para documentar la floración. Gracias al programa ‘Vive la Posidonia’, que recibió el premio Alimara de turismo sostenible, «está pasando de ser una molestia a ser considerada un atractivo más de la isla», apunta la bióloga Marisol Torres, empeñada en concienciar a los escolares a los que da clase del valor de este tesoro submarino.

     El pan de los pescadores

     Pero los motivos para proteger la posidonia no son únicamente conservacionistas, también económicos y hasta culinarios, puesto que reservas como las de Tagomago o Es Freus, plagadas de praderas submarinas, ayudan a regenerar las poblaciones pesqueras. De hecho tras la resistencia inicial, ahora es la Cofradía de Pescadores de Ibiza la que defiende la creación de nuevas áreas protegidas «porque nos va en ello el pan». En un año desastroso para la isla por la caída del turismo ellos han facturado 80.000 euros más que el año anterior. Su apuesta por la pesca artesanal y sostenible les ha llevado a ir en busca de piezas mayores y de más valor comercial. «¿Para que vamos a pescar boquerones? Preferimos que se los coman las sirvas y que se hagan grandes», ilustra su portavoz, Pere Varela.

     Con las autoridades, los pescadores y el sector turístico convencido de preservar la posidonia, el siguiente paso consiste en extender las praderas submarinas por zonas degradadas para que ejerzan de focos de vida. En ello trabaja Oscar Caro, director de Ibiza Sostenible, que explora métodos innovadores para la restauración de medio marino. Uno de ellos se basa en transplantar posidonia criada en cautividad a entornos naturales con el método de biorroca, que permite un crecimiento rápido y una regeneración acelerada. De momento cuenta con fondos europeos y el apoyo firme de la administración ibicenca. «Si queremos seguir vendiendo una isla maravillosa con aguas de color turquesa hay que regenerar la costa, y para eso la posidonia es vital».

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