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martes, marzo 5, 2024
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España ocupa el puesto 34 en áreas marinas protegidas

Carlos Duarte, catedrático de Ciencias Marinas en la Universidad Rey Abdullah de Ciencia y Tecnología de Arabia Saudita (KAUST) y director científico de Encuentro de los Mares, ofreció, una visión general de los proyectos de biodiversidad «en el que consideró que los principales escollos para cumplir todos estos objetivos son económicos. Son 200 billones de euros los comprometidos, aunque nuestros oceános necesitan el triple».

Duarte adelantó que «son 200 billones de euros los comprometidos para alcanzar estos objetivos, tanto en tierra como en los océanos, pero la realidad es que solo en océanos la invasión necesaria sería tres veces mayor a esa cifra».


Hablo de las áreas marinas protegidas en el que evidenció que sólo un 8,2 por ciento de los océanos está protegido y un 2,9 por ciento está altamente protegido. “España ocupa el puesto 34, con 190,286 kilómetros cuadrados, de áreas protegidas mientras que en zonas altamente protegidas no dispone de ningún kilómetro cuadrado com lo que se sitúa en el puesto 62”.
Comenzó su intervención con el histórico acuerdo alcanzado en marzo en la ONU para la protección de los oceános con el ‘Tratado de alta mar’, la preocupación por la recuperación del capital azul ha sido asumida a nivel global por todos los países, algo inédito hasta el momento y que según el propio Duarte implica “empezar una nueva etapa en la que ya no sirve hablar sobre lo que deberíamos hacer, si no que tenemos que actuar”. No obstante mostró sus esperanzas en avanzar en la consecución de mayores áreas protegidas con la aprobación de un extensa área en la Antártida que podría aumentar del 8,2 al 11 o 12 por ciento.
El catedrático afirmó que ahora nos encontramos en un momento clave en la lucha por la conservación – “hay un aumento exponencial en el esfuerzo para conservar el océano”- pero a pesar de ello siguen sin cumplirse muchos objetivos. “Del 2015 al 2020 se tenía que frenar la erosión de la biodiversidad, pero solo se han realizado entre un 5 y un 10% de los objetivos propuestos”. Unos resultados pobres. Por ello, Duarte reclama “más ambición” y por supuesto “una nueva visión sobre cómo operamos en el planeta, en la que exista un 30% de áreas altamente protegidas, una serie de puntos densamente transformados por la actividad humana (las ciudades) y otra gran parte donde podamos seguir teniendo el entorno e interactuando con él, pero los estados lo rebajan hasta un 20 por ciento, cosa que no permite tampoco alcanzar los objetivos”. No obstante Duarte hablaba de la dificultad de la implementación porque en todas las convenciones de la ONU, sobre todo en la del clima y la de biodiversidad, nuestro registro de cumplimiento de los compromisos no es bueno. « En el marco del Acuerdo de París, no estamos consiguiendo reducir emisiones al ritmo necesario para alcanzar los objetivos y el caso de la Convención de la Biodiversidad Biológica, donde se fijan metas cada 10 años, estamos en la tercera década y se acaban de fijar las metas con dos años de retraso debido al Covid». También se refirió a otro acuerdo que no ha recibido tanta atención pero que es relevante, el que se adquirió en 2022, en el marco del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, para desarrollar una normativa legalmente vinculante para frenar la entrada de plásticos en el océano
Revertir la situación
Este nuevo marco para la conservación de la biodiversidad marina pretende revertir la caída vertiginosa de la biodiversidad vivida en los últimos 30 años del siglo XX. «Hemos perdido la mitad del capital natural azul», explicó Duarte mientras desgranaba los intentos que se han realizado desde los años 80 para lograr revertir la situación y que “han conseguido algunos avances, pero no los suficientes. Tengamos en cuenta que desde que se inicia una nueva política, tardamos unos 20 años en notar sus efectos en la recuperación de los océanos, pero no estamos avanzando en los objetivos climáticos, pero se han producido avances en pesticidas, depuración de aguas, la disminución de plomo en océanos, o el doble casco en petroleros. Tardamos 20 años en recuperar la biodiversidad”, alertaba Duarte. Puso como ejemplo como en las ballenas jorobadas de 200 ejemplares han pasado a 60.000 a 70.000. “Si recuperamos estos grandes ejemplares podremos avanzar en el resto de recursos”
Se ha conseguido relajar la presión de la pesca en los océanos, se ha mejorada en la depuración de aguas y se han reducido los aportes de nitratos y fosfatos que producían zonas muertas en los océanos, pero sigue siendo un problema la contaminación marina o hay nuevos retos como el cambio climático y sus efectos.
En este sentido, este último año “ha sido un súper año para los océanos”, opinaba Duarte. Los últimos acuerdos realizados en este ámbito ponen la meta final de alcanzar la recuperación de la biodiversidad marina en el año 2050. Se ha aprobado acabar con la contaminación en el océano a través de un marco legal en marcha en 2024, la Conferencia de los Océanos de las Naciones Unidas en Lisboa pidió aumentar las actuaciones, en paralelo la Organización Mundial del Comercio y aprobó un tratado que acuerdo acabar con los subsidios que financian la pesca ilegal o no regular; y en diciembre se aprobó el nuevo marco global de biodiversidad que pretende en el 2030 drenar la pérdida de la biodiversidad, proteger el 30% del océano y restaurar 30% los hábitat degradados.
En este momento Duarte trabaja en el concepto del carbono azul , un término que se refiere a la estrategia para contri­buir a mitigar y adaptarnos al cambio climático a partir de la conservación y restauración de hábitats costeros, que son los sumideros de CO2 más intensos de la ­biosfera, como las marismas, las praderas submarinas y los bosques de manglar. Una pradera de posidonia oceánica como las que tenemos en Baleares secuestra, por ejemplo, una cantidad de carbono anual equivalente a 17 hectáreas de bosque amazónico prístino. Hay empresas que están invirtiendo en máquinas que capturan CO2 a un coste de 1.000 dólares por tonelada, mientras que la conservación y restauración de estos hábitats retira CO2 a un coste aproximado de 20 o 30 dólares por tonelada, a la vez que genera muchos cobeneficios en la pesca .

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