Noticia general

Dimite la cúpula directiva del IEO ahondando la crisis de un instituto que naufraga

El Instituto Español de Oceanografía atraviesa la peor crisis de su historia desde su fundación en 1914 hasta el punto que lo califican como un instituto » hundido», según María Albentosa, del IEO de Murcia. La dimisión de la cúpula del propio instituto y de dos de los directores de centros, el de Cádiz y el de Baleares ha marcado la zozobra de su línea de su línea de flotación. Acreedores llamando a la puerta de los investigadores, asunto que contradice cel dinero que figura en la tesorería del instituto: 90 millones de euros.

Sus investigadores llevan años denunciando su situación e incluso han creado una plataforma “en defensa del IEO” e impulsado otra que agrupa a otros organismos públicos de investigación que sufren problemas similares. Los hechos que rodean al IEO son increíbles. A principios de año, tres de los cuatro buques de investigación del IEO no pudieron zarpar porque no se había completado el papeleo para llenar sus tanques de combustible. La situación solo se pudo salvar in extremis con una cesión de 96.000 litros de carburante por parte del CSIC. El Ministerio de Ciencia de Pedro Duque intervino el IEO, nombró una nueva cúpula directiva y encargó el informe citado. Pasados cuatro meses esa cúpula ha volado por los aires.

El IEO es el principal organismo público de investigación marina del país y sus trabajos de investigación y asesoramiento son esenciales para estudiar áreas protegidas y para que España y la UE sepan cuánto y dónde se puede pescar. Tiene un presupuesto anual de unos 65 millones de euros —aunque recibe más fondos competitivos de Europa, España y las comunidades autónomas— y aglutina a unos 500 empleados, el 80% de ellos científicos. Los últimos años el IEO ha sido incapaz de gastar un cuarto de todo su presupuesto, incluidos en 2019 dos millones de euros en gastos corrientes y otros 6,8 millones de euros en infraestructuras, material y contratos para científicos

La excesiva burocracia ha desembocado en una inoperancia más que preocupante. Los científicos aseguran que tardan hasta 14 meses en contratar a un nuevo investigador, ya que esto requiere más de 20 trámites burocráticos con varios ministerios. En la actualidad hay hasta 11 personas en espera de un contrato que no se sabe si se va a poder formalizar por teórica falta de fondos.

El organismo no cumple los plazos oficiales para realizar los gastos y tiene que devolver dinero a otras instituciones. “En 2015 me concedieron un proyecto del Plan Nacional de I+D+i por valor de 240.000 euros. El 30 de junio de 2019 tuvimos que devolver 56.000 euros a pesar de haber disfrutado de una prórroga de año y medio porque no hemos sido capaces de ejecutar los expedientes a pesar de todos los esfuerzos del equipo de gestión del centro”, explica Rosa Balbín, del IEO de Baleares Su compañera Marina Delgado, del centro de Cádiz, explica que problemas similares con un proyecto financiado por la Unión Europea (Venus) amenaza con obligar a su grupo de investigación a renunciar a unos 400.000 euros de financiación. “

A principios de junio anunció su dimisión la secretaria general nombrada por el ministerio, Blanca González. “No se han cumplido las condiciones mínimas que necesitaba para poder intentar arreglar un poco la situación en la que me encontré este organismo”, decía en su carta de despedida a la plantilla. Esta gestora achacaba la situación financiera a que en 2018 y 2019 se había gastado dinero “muy por encima de las posibilidades del organismo” sin seguir “una debida planificación del gasto y jugando con expectativas futuras de recepción de generaciones o transferencias que podían llegar o no llegar”. Durante esos años el director del IEO era Eduardo Balguerías, que dimitió en febrero tras años intentando solucionar la situación en el IEO.A principios de año, tres de los cuatro buques de investigación del IEO no pudieron zarpar porque no se había completado el papeleo para llenar sus tanques de combustible

Tras la dimisión, Rafael Rodrigo, secretario general de Coordinación de Política Científica al que Pedro Duque encargó reflotar el IEO, se reunió con los directores de los nueve centros del IEO. Tras esa reunión dimiten el director del centro de Baleares, Toni Quetglas, y Paz Jiménez, de Cádiz. Hace unos pocos días renunció Rafael Gonzalez-Quirós, el director del IEO que había nombrado en febrero el ministerio. En su carta de despedida citaba razones “personales, familiares y profesionales”, pero confesó que no ha sentido “la confianza” ni el “respaldo” de Rodrigo ni se ha visto “apoyado” por el ministerio. El ya exdirector explicaba que se iba a aprobar una transferencia del Ministerio de Ciencia de 3,7 millones de euros para gastos corrientes, como material de laboratorio, viajes, etcétera. “Sin menospreciarlo en un momento difícil como el que vive el país, solo permiten sobrellevar una situación agónica”, decía González-Quirós.

Transferencias y personal especializado

El ministerio ha nombrado a Iñaki Sanjuán nuevo secretario general, que será apoyado por el secretario general del CSIC, Alberto Sereno. “Esta misma semana esperamos anunciar el nombre del nuevo director del IEO y un paquete de fondos para realizar contratos”, explica un portavoz de Ciencia. Este departamento también informa de que la transferencia al IEO será finalmente de 4,5 millones de euros. Además el ministerio está analizando las reformas necesarias en el IEO para que su “encaje final” en la estructura de la Administración sea más funcional.

El informe coordinado por Albentosa destaca que el centro oceanográfico no tiene suficiente personal especializado. “Al contrario que otros organismos públicos de investigación como el CSIC o el IAC, este tiene una estructura obsoleta que data de los años 80 y que no es apta para la actividad científica del siglo XXI”, resalta la científica. Esta bióloga marina que lleva 30 años en el IEO señala con orgullo que a pesar de todas las dificultades el organismo aumentó su número de publicaciones científicas un 158% entre 2009 y 2019. El problema ahora es el desánimo entre los investigadores que ya dudan si pedir fondos para nuevos proyectos de investigación porque no saben si podrán gastarlos. “Si comparamos el IEO con los centros marinos del CSIC, estos se transformaron en los años 80 y adaptaron sus estructuras y procedimientos de gestión. En el IEO todavía no se ha hecho y por eso ha colapsado”, explica.

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