lunes, octubre 25, 2021
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Un estudio de la Universidad de Oviedo denuncia el etiquetado incorrecto en anchoa, merluza, atún y bacaladilla

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Pescados en lata. Pixabay

Científicos de la Universidad de Oviedo han sacado a la luz un fraude intencional en productos del mar procedentes de caladeros atlánticos, como la merluza o el atún, altamente consumidos en Europa y el mundo. El estudio lo publican en la revista Scientific Report

Para realizar la investigación se analizaron, mediante pruebas PCR y secuenciaciones de ADN, un total de 401 muestras de cuatro tipos de pescado congeladoatún (Thunnus alalungaT. albacares, T. obesus)merluza (Merluccius merlucciusM. hubbsi, M. capensis, M. paradoxus), anchoa (Engraulis sp.) y bacaladilla (Micromessistius poutassou). También se realizó una encuesta sobre las preferencias como consumidor a 1.608 personas.

Los resultados detectaron un etiquetado incorrecto –indicando la especie que no era– en siete muestras, el 1,9% del total de las analizadas. En concreto, 0% en el caso de la bacaladilla, 2,4% en la anchoa, 4,17% en la merluza y del 5,2% en el atún.

Respecto a su origen, cinco de los 11 productos que se encontraron mal etiquetados fueron capturados frente a las costas africanas (desde el Atlántico sureste al noreste), cuatro en aguas europeas (Atlántico noreste y Mar Egeo) y dos no indicaban información geográfica.

Según los autores, aunque estos datos muestran que la tasa de etiquetado incorrecto es cuantitativamente baja (menos del 2%), sin embargo, su implicación cualitativa es importante porque revela el uso de especies en peligro de extinción o no reguladas, lo que apunta a una pesca ilegal en aguas africanas.

Los investigadores apuntan tres conclusiones relevantes: un mayor riesgo de etiquetado incorrecto en productos no reconocibles, un fraude mayor en aquellas especies consideradas más valiosas por parte del consumidor (poniendo ‘etiquetas trampa’) y, tercero, el uso de especies en peligro de extinción como Thunnus thynnus, juveniles de atún comercializados como anchoa, y de merluza africana, Merluccius polli, aún no regulada como especie sustituta.

La coautora Alba Ardura Gutiérrez, explica que, a pesar del gran esfuerzo de trazabilidad de los alimentos para garantizar un consumo seguro y sostenible, todavía persiste el etiquetado incorrecto en los mercados de productos del mar. 

Un fraude internacional

“Nuestros hallazgos indican un fraude intencional preocupante que obstaculiza el objetivo de la producción y el consumo sostenibles de estos productos, y sugieren priorizar los esfuerzos de control en especies muy apreciadas”, afirma otra de las autoras, Noemí Rodríguez, “nos alejamos así del compromiso con la agenda 2030 de la ONU, que invita erradicar la sobrepesca, a restaurar las poblaciones de peces y a eliminar la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada”.

Ambas investigadoras coinciden en que el estudio pone de relieve la importancia de un etiquetado correcto porque, al final, “el consumidor puede estar comprando una merluza que considera de alto valor por una de menos valor y porque, además, estamos explotando especies en peligro de extinción o no declaradas y mermando los caladeros”. 

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