Zamakona y Murueta tiran de la construcción de buques medianos de alto valor, mientras el ecosistema marítimo de Euskadi consolida músculo exportador e innovación
En un contexto de enfriamiento industrial y de incertidumbre global, el sector naval vasco se aferra a una combinación que explica su resistencia: especialización, tecnología y un potente entramado auxiliar. Los datos más recientes del Índice de Producción Industrial (IPI) de Euskadi reflejan un crecimiento interanual moderado del 0,8% en noviembre de 2025, pero dentro de ese conjunto los bienes de equipo —donde se encuadran la automoción, el material ferroviario y también la construcción aeronáutica o naval— avanzan un 3,7%, apuntando a que parte del pulso industrial se mantiene gracias a actividades de mayor valor añadido.
Esa fotografía macro encaja con lo que está ocurriendo en Bizkaia y Gipuzkoa desde el cierre de símbolos como Euskalduna o La Naval de Sestao: ya no se construyen “gigantes” como antaño, pero sí buques medianos altamente sofisticados, hechos a medida, que compiten por contenido tecnológico más que por tonelaje. En ese nuevo modelo, Astilleros Zamakona y Astilleros Murueta concentran buena parte de la actividad tractora, apoyados por una industria auxiliar que exporta una parte sustancial de su producción.
De la nostalgia industrial al nicho que paga: menos volumen, más ingeniería
La reconfiguración del sector no ha sido un accidente: es una respuesta al mercado. La competencia asiática y la presión de costes han estrechado el margen de la construcción de gran serie, mientras que Europa mantiene espacio en proyectos complejos, con ingeniería avanzada, integración de sistemas y soluciones energéticas más limpias. Esa es la tesis que repite el propio clúster: el éxito del naval vasco reside en “lo que lleva dentro” el barco, no en su tamaño.
El ejemplo más inmediato es el carguero “Busturia NM”, en fase final en las instalaciones de Murueta en Urdaibai y con entrega prevista en el primer trimestre de 2026, un hito que resume la vuelta del naval a Bizkaia con otra escala y otra lógica industrial. Murueta ha reforzado además su posicionamiento en cargueros “de última generación”, con especificaciones técnicas que apuntalan esa estrategia de especialización.
Zamakona, por su parte, ha hecho del mercado nórdico y de los buques especializados uno de sus ejes, con contratos para barcos de servicio y logística vinculados a la acuicultura y a operaciones exigentes, incorporando propulsión diésel-eléctrica y flexibilidad para combustibles alternativos. En paralelo, la construcción de unidades de salvamento y embarcaciones técnicas —en un momento en que los Estados refuerzan capacidades marítimas— alimenta carga de trabajo y conocimiento industrial.
Un ecosistema que va más allá del astillero
La palabra clave en Euskadi no es solo “astilleros”, sino ecosistema marítimo. El Foro Marítimo Vasco (FMV) agrupa en torno a 160 socios y una cadena de valor dominada por empresas de equipos, ingeniería y tecnología, además de construcción y reparación. En 2024, la industria marítima vasca superó los 3.300 millones de euros de facturación y, según distintas estimaciones sectoriales, sostiene miles de empleos directos en la comunidad autónoma, con un impacto que crece al incorporar la actividad inducida e indirecta.
Esa amplitud explica por qué el sector aguanta mejor que otros: cuando cae la demanda de un segmento, el tejido puede compensar con reparación, modernizaciones, equipos, digitalización, proyectos offshore o soluciones para eficiencia energética. Además, la internacionalización pesa: el clúster subraya que una parte muy relevante de la producción se orienta a exportación, un amortiguador clave en ciclos internos débiles.
Los dos motores que empujan el futuro: descarbonización y seguridad marítima
La descarbonización ya no es un discurso: es una hoja de ruta regulatoria y de inversión. Nuevas propulsiones, hibridación, combustibles alternativos, reducción de consumo y electrificación en puerto están reordenando la demanda tecnológica en Europa, y abren oportunidades a quien domina integración de sistemas y diseño a medida. Para un tejido como el vasco, acostumbrado a construir “prototipos” y a fabricar equipos críticos, el cambio puede ser una palanca más que una amenaza.
Al mismo tiempo, la seguridad marítima y la necesidad de reforzar capacidades industriales europeas introducen un segundo viento de cola: mantenimiento, renovación de flotas auxiliares, servicios marítimos y construcción especializada. No necesariamente significa “más barcos grandes”, pero sí más proyectos de alto contenido técnico, justo el terreno donde el naval vasco está intentando consolidarse.
El cuello de botella: falta de manos… y de perfiles nuevos
Si hay un punto donde el sector reconoce fragilidad es el talento. El propio Foro Marítimo Vasco admite que la escasez de trabajadores y la dificultad para atraerlos se ha convertido en un reto creciente, en especial para oficios industriales y también para perfiles tecnológicos. En los astilleros se buscan soldadores, caldereros, tuberos, electricistas navales o montadores, pero también especialistas en automatización, software industrial, visión artificial, ciberseguridad o gestión de datos.
Para responder, el clúster ha impulsado iniciativas de formación específica y un portal de talento para conectar ofertas y candidatos, además de cursos centrados en tecnología marina y energía offshore, en colaboración con agentes del ecosistema formativo. La estrategia es clara: si el mercado exige barcos y sistemas cada vez más complejos, el empleo también sube de nivel y necesita una cantera estable.
Pujanza con deberes pendientes
La construcción naval vasca no ha recuperado el volumen de la era de los grandes astilleros de ría, pero sí parece haber encontrado un camino más realista: buques medianos, soluciones “a medida” y tecnología puntera, apoyados por una industria auxiliar exportadora y por un clúster que actúa como paraguas de innovación.
El gran desafío es que esa pujanza no se quede sin relevo generacional. La próxima década se jugará tanto en contratos y regulación —descarbonización, cadenas de suministro, defensa marítima— como en algo más básico: quién entra a trabajar en el sector y con qué cualificación. Ahí, Euskadi se juega que su identidad industrial marítima siga siendo futuro y no solo memoria.
