El Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) ha movido ficha con antelación para dar oxígeno a una de las pesquerías más sensibles del inicio de año en el norte. Este 9 de febrero de 2026, y mediante resoluciones publicadas en el Boletín Oficial del Estado, la Secretaría General de Pesca ha formalizado el reparto de las cuotas definitivas de caballa sur para la flota de cerco y arrastre de fondo del caladero Cantábrico y Noroeste, acompañándolo de la asignación inicial de otras especies asociadas a sus planes de gestión —como jurel, merluza o cigala—.
La decisión llega con un matiz operativo clave: la publicación se adelanta casi un mes respecto a la campaña anterior para que la flota pueda planificar mejor su actividad desde el arranque del año, con mayor certidumbre económica y logística, justo cuando se aproxima el inicio efectivo de la costera de caballa sur. En la práctica, el MAPA busca evitar el escenario recurrente de enero y febrero: barcos con estrategia comercial y mareas por definir mientras se ajustan números, porcentajes y ventanas de apertura.
El dato central del anuncio es la cifra: una cuota definitiva de caballa sur de 9.475 toneladas para 2026, una cantidad que no se limita a lo que “venía de serie” en la asignación española, sino que incorpora volumen adicional obtenido por tres vías: intercambios con otros Estados miembros, uso de condiciones especiales y aplicación del mecanismo de flexibilidad interanual. De hecho, en la reunión previa con el sector, la propia Secretaría General de Pesca explicó que la asignación disponible para el caladero Cantábrico-Noroeste se había logrado incrementar de forma notable, pasando de 6.563,35 a 9.475,24 toneladas.
Detrás de ese “salto” hay un contexto europeo enrarecido. En 2025, las rondas de consultas entre Estados costeros no cerraron un gran acuerdo sobre reparto y TAC, y la caballa quedó expuesta a decisiones unilaterales y tensiones de gestión que terminaron por contagiar a los Estados miembros. Esa incertidumbre explica por qué el BOE tuvo que ir ajustando el marco: primero se publicaron cuotas iniciales para múltiples especies a finales de enero, y después se incorporó el reparto específico de caballa para las modalidades autorizadas al aproximarse la campaña.
En el detalle normativo, las resoluciones del 7 de febrero aterrizan el reparto por modalidades. Para arrastre de fondo del Cantábrico y Noroeste, el BOE fija una cuota adaptada de caballa de 2.924 toneladas, incorporando —además de la cuota inicial— parte de la flexibilidad, un “banking” procedente de Polonia y la aplicación de una condición especial del stock, con ajustes posteriores cuando se cierre definitivamente el consumo de 2025. Para el cerco del mismo caladero, la cuota definitiva publicada asciende a 3.249 toneladas, siguiendo el mismo principio: añadir a la cuota inicial los elementos correctores para elevar el volumen disponible. El cuadro completo se termina de entender cuando se observa que, junto a cerco y arrastre, la caballa sur se gestiona también para otras artes, de modo que el total de campaña se consolida en esas 9.475 toneladas anunciadas por el Ministerio.
El MAPA subraya el alcance social y empresarial del reparto: el paquete de cuotas de caballa y otras especies vinculadas a estos planes de gestión impacta sobre un universo amplio de embarcaciones, con especial relevancia en el norte pero también con efectos en el Golfo de Cádiz y en arrastreros que faenan en aguas de Portugal bajo el paraguas regulatorio español. En su comunicación oficial, el Ministerio cifra en cerca de 4.300 buques los beneficiarios del esquema (cerco, arrastre y otras artes), y concreta que la mejora de cuota contribuye a sostener la sostenibilidad socioeconómica de 230 cerqueros, 57 arrastreros y más de 4.000 unidades de otras artes en el Cantábrico-Noroeste.
La administración admite, además, que la campaña no se “abre” de golpe para todos por una razón biológica y operativa: la caballa es una especie de fuerte carácter migratorio, y la Secretaría General trabaja en resoluciones de apertura de pesca dirigida para otras artes por provincias, con una apertura escalonada que busca ajustar mejor el aprovechamiento del recurso y evitar picos de esfuerzo desordenados. En ese enfoque se juega parte del equilibrio anual: la caballa es un producto muy valorado por hostelería y comercio, pero también una especie con un pulso biológico que obliga a hilar fino para no comprometer el stock.
Con el BOE ya publicado y las cifras cerradas, el tablero para la flota cambia de color: hay números definitivos, hay margen para programar mareas, compromisos de venta y logística, y hay también un mensaje político dirigido a Bruselas y a los Estados costeros: España pretende amortiguar el impacto de una reducción de cuota inicialmente planteada y mantener un “suelo” que permita que el inicio de año no se convierta en una carrera contra el calendario.
En términos de crónica, el 9 de febrero deja una fotografía nítida: administración y sector llegan al arranque de campaña con más cuota de la que marcaba la salida, gracias a intercambios y mecanismos comunitarios, pero con la vista puesta en una gestión que seguirá bajo presión. Porque la caballa, en el Cantábrico y el Noroeste, no es solo una pesquería: es una pieza de estabilidad para decenas de puertos, miles de tripulaciones y una cadena de suministro que necesita certezas para que el mercado —y el muelle— funcionen.





