lunes, marzo 8, 2021
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La burocracia frena el cultivo del pepino de mar en Canarias

Un proyecto presentado por Antonio Pérez, de la empresa Guatizamar S.L. para el cultivo del pepino de mar en la localidad del municipio de Teguise (Lanzarote) no se ha podido llevar a cabo por problemas de tramitación burocrática. Su proyecto trataba de implantarse en unas salinas para el cultivo de de pepino de mar o holothuria arguinensis en Europa.

La idea era producir en las condiciones excepcionales de la isla conejera esta especie, similar a la que se consume en el mercado chino, a donde se planteaba exportar al ser muy apreciada. Pero promesas incumplidas y la burocracia frenaron el proyecto.

Tras ofrecerse posteriormente en Gran Canaria, acabó viendo la luz en Chiclana (Cádiz), donde cuenta con 20 hectáreas de acuicultura. “Me hacía ilusión tener un proyecto en Canarias y Lanzarote reunía todas las condiciones, quizá yo no he sabido transmitir a las autoridades todas las bondades del proyecto o no lo han sabido leer, o tal vez en las islas solo tengan ojos para el turismo”, pero lo cierto es que “al final quedó en nada”, lamenta Pérez.

Canario y gallego a partes iguales, Pérez continuó con el negocio familiar dedicado al sector de la pesca y los congelados de exportación. Residió junto a su padre durante años en la capital de Gran Canaria hasta que la pesca en el Puerto de Las Palmas fue mermando y se trasladaron a Vigo, desde donde se dedica a la comercialización de pescado congelado que se descarga en el muelle gallego con destino, entre otros mercados, a China. Hacía tiempo que buscaba una actividad alternativa porque “los caladeros están cada vez más fastidiados y la pesca mengua”, relata Pérez, algo que fuese sostenible a la par que lucrativo. Y eligió la producción en acuicultura de pepino de mar, que habita en los fondos marinos y que son mayoritariamente sedimentívoros y detritívoros, es decir, se alimenta de sedimentos o de materia orgánica en descomposición, algo que contribuye al reciclado de nutrientes. 

Contiene altos niveles de proteínas y en el mercado asiático se le atribuye a la especie capacidades medicinales y afrodisiacas, propiedades que han incrementado su valor, lo que a su vez ha propiciado intervenciones de agentes del Seprona o de la Policía Local en la costa de Cádiz o en Canarias por la pesca furtiva de holoturia, que puede alcanzar un precio en torno a 500 euros el kilo. Dado que existen más de mil variedades de holoturias, Pérez cerró un acuerdo con una universidad del sur de Portugal que tenía el ciclo cerrado de una especie similar a la que se consume en China, “tanto visualmente como de textura y de sabor”, explica. Además, contaba con un equipo especializado que se haría cargo de la cría del pepino de mar en acuicultura, ya que la pesca de este animal presenta numerosas dificultades debido a sus características biológicas. 

Con este proyecto bajo el brazo, Pérez se presentó en el Cabildo de Lanzarote durante la presidencia de Pedro San Ginés (Coalición Canaria). “Nos reunimos y nos transmitió que le parecía una buena idea. Patrimonio estaba encantado porque decía que permitiría rehabilitar las salinas de Lanzarote”, recuerda. La isla contaba con una veintena de salinas antes del crecimiento turístico, que propició su abandono. En la actualidad, perduran ”unas ocho salinas” explica Pérez, sin contar la principal, la del Janubio, que principalmente está enfocada al turismo. En Guatiza, había planteado la opción de acceder a 12 hectáreas abandonadas: “La idea era respetar la forma de las salinas y llenarlo con una lámina de agua es decir, darle otro uso sin cambiar el paisaje”. De ahí nació el nombre de la primera empresa europea dedicada al criadero en acuicultura de pepino de mar. Pero “se quedó en un cajón”. Al ver que no avanzaba, el empresario sentía que “perdía el tren” y buscó otras opciones. 

Le comentaron que en Gran Canaria, el Cabildo apostaba por proyectos ecológicos “y fueron mucho más receptivos”, reconoce Pérez. Pero aunque “lo intentaron por bastantes vías, era muy difícil porque no había mucho espacio, las salinas eran muy pequeñas”. Tras las elecciones, en junio de 2019 el PSOE accedió a la Presidencia de la Corporación lanzaroteña Dolores Corujo y el empresario volvió a intentarlo, “pero nada”, dice Pérez. Y desistió. El principal problema al que se tuvo que enfrentar fue la redacción del Plan Regional de Ordenación de la Acuicultura (PROAC), aprobado en julio de 2018, un documento que define la política de Canarias en materia de cría en cautividad de fauna marina con destino a la alimentación, ya sea en el mercado interior o la destinada a la exportación. Comenzó su tramitación en 2008 y cuando Pérez quiso llevar a cabo su proyecto, se topó con que no podría desarrollarlo hasta que el plan se aprobase. “Pusieron todas las áreas en las que se puede hacer acuicultura en Canarias, pero no tenían en cuenta el interior de las salinas; también elaboraron un listado de especies para acuicultura en el que no se incluía el pepino de mar. Yo pedí que lo incluyeran y en el verano de 2020 el Gobierno de Canarias publicó la ampliación de especies y entre ellas estaba la que yo pedí”. 

Pero ya era demasiado tarde. “Necesitaba encontrar donde llevar a cabo el proyecto lo antes posible, por si se me adelantaban, y yo solo necesitaba un sitio en el que trabajar. Insistí en Canarias, argumenté que era algo tecnológico, puntero en el mundo y que aportaría un valor al ser un producto que está en la tierra, que es de vanguardia, pero no lo apoyaron”, relata Pérez. Y en este proceso, encontró 20 hectáreas en la Finca San Ramón de Chiclana de la Frontera (Cádiz), incluida en el Parque Natural de la Bahía de Cádiz. “Hablé con la Junta de Andalucía y, aunque no fue fácil, tuve un interlocutor mucho más directo y fue rápido”. Pérez no esconde que siente “mucha pena” porque Lanzarote reunía las condiciones idóneas, “con una temperatura constante todo el año”, en suma: “Un paraíso para la acuicultura de pepino de mar atlántico”. A pesar de todo, dice que no cierra la puerta a volverlo a intentar, pero “ya tendría que ser con alguna ayuda”, porque ya ha invertido en Chiclana, donde aún “está empezando” y habrá que esperar hasta obtener beneficios.

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