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viernes, enero 23, 2026
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Deficiencias en la inspección de los equipos de izado de los pesqueros

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En un pesquero, la seguridad no se juega solo en la cubierta mojada o en la maniobra de largado. Se juega, a menudo, en un detalle metálico: un grillete, un cable, una pasteca, un gancho o la estructura de una pluma que trabaja cada día al límite de carga, desgaste e impactos. Y precisamente ahí pone el foco una advertencia creciente en el Reino Unido: las inspecciones del equipo de izado en buques pesqueros pueden fallar si se reducen a controles superficiales o si no se realizan con información técnica suficiente y en condiciones adecuadas.

La base legal es clara. El Merchant Shipping and Fishing Vessels (Lifting Equipment and Lifting Operations Regulations) 2006 (SI 2006/2184) obliga a los propietarios o empleadores a garantizar que el equipo de izado sea sometido a una “thorough examination” (examen exhaustivo) al menos cada 12 meses, además de inspecciones adicionales determinadas por la evaluación de riesgos de la empresa, especialmente cuando el material trabaja en entornos de alta carga, alto desgaste o golpes repetidos, frecuentes en artes como el arrastre de varas o la pesca de vieira.

La norma, sin embargo, no se cumple solo con un calendario. El punto crítico está en cómo se inspecciona y con qué herramientas. La guía técnica del Reino Unido recuerda que, además del examen periódico, puede ser necesaria una revisión adicional cuando el equipo haya estado expuesto a “circunstancias excepcionales” —modificaciones, accidentes, fenómenos naturales o largos periodos sin uso— que puedan comprometer su seguridad.

Información, limpieza y límites operativos: la trinidad que define una inspección útil

Una inspección competente exige que el armador o la empresa entregue al inspector información técnica suficiente: especificaciones, límites de carga, historial de uso, modificaciones, condiciones de operación y criterios de aceptación. Sin esa documentación, el “competent person” trabaja a ciegas y la evaluación se vuelve incompleta.

El otro factor, aparentemente menor, es decisivo: la limpieza. Un equipo cubierto de sal, grasa o restos puede ocultar fisuras, corrosión localizada y deformaciones. Las autoridades subrayan que el material debe presentarse en condiciones que permitan una evaluación real, no una “revisión de compromiso”.

Y el tercero: respetar las instrucciones del fabricante, sobre todo cuando se incorporan equipos nuevos, modificados o “novedosos”. La regla es simple: si el equipo tiene un uso previsto y un margen de operación definido, cualquier desviación exige consulta con fabricante o proveedor y, en su caso, redefinir parámetros de aceptación e intervalos de inspección.

Cuando hay duda, se para: retirar el equipo deficiente

El mensaje operativo que se repite en boletines y guías es contundente: si un elemento de izado presenta deterioro que pueda hacerlo peligroso, debe inspeccionarse con mayor frecuencia y, si se detecta una deficiencia, retirarse de servicio de inmediato. El objetivo es detectar fallos antes de que se conviertan en accidente: roturas de cable, desplomes de carga, atrapamientos en zonas de aplastamiento o golpes por oscilación de aparejos.

En el Reino Unido, estos avisos han ido acompañados de recordatorios específicos sobre riesgos en operaciones de izado, insistiendo en que el armador debe identificar áreas críticas —zonas de aplastamiento y sectores ciegos, por ejemplo— dentro del marco de seguridad laboral de los pesqueros.

Registro y trazabilidad: la parte que casi nadie presume… pero salva auditorías y vidas

Otra debilidad habitual es la documentación. Las autoridades reclaman un enfoque sistemático: registrar inspecciones, reparaciones y cambios en el equipo de izado, de manera que exista trazabilidad y responsabilidad clara. No es burocracia por gusto: es la forma de demostrar que el barco mantiene un control real de su material crítico y que ajusta frecuencias de inspección si el riesgo de fallo prematuro aumenta.

ILO 188: seguridad como obligación de entorno, no como “buena práctica”

La exigencia conecta, además, con el estándar internacional del trabajo en pesca. La Convención 188 de la OIT (Work in Fishing Convention) establece obligaciones para garantizar un entorno de trabajo seguro a bordo, reforzando la idea de que la seguridad del equipo —incluido el de izado— no es opcional ni negociable.

En resumen, el debate no es si hay que inspeccionar, sino si se está inspeccionando bien. En un sector donde cada maniobra se hace con prisa, fatiga y mar cambiante, el equipo de izado es una línea roja. Y la advertencia es clara: si el régimen de inspecciones se queda en lo visual y no incorpora información técnica, limpieza, criterios del fabricante, frecuencia ajustada al riesgo y registros completos, la cubierta seguirá acumulando “casi accidentes” hasta que llegue uno de verdad. Para evitarlo, la receta es menos épica, pero más efectiva: método, competencia técnica y una decisión valiente cuando toca… parar y retirar.

Canadá presenta planes para reconstruir pesquerías agotadas y corregir décadas de sobreexplotación

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El Gobierno de Canadá ha publicado una batería de planes para reconstruir poblaciones de peces seriamente mermadas en distintas costas del país, un movimiento con el que pretende corregir el legado de la sobrepesca histórica y reforzar la sostenibilidad de recursos considerados estratégicos para el sector. Los documentos, elaborados con participación de funcionarios, pescadores y científicos, incorporan —según organizaciones ambientales— un enfoque más concreto que el de anteriores políticas: objetivos medibles, plazos y medidas de rehabilitación.

La iniciativa llega después de más de 15 años de marcos y compromisos que, de acuerdo con Rebecca Schijns, científica pesquera de Oceana Canada, no lograron frenar de forma suficiente el deterioro de las poblaciones. En su evaluación, los planes previos fueron “poco sólidos” porque no fijaban metas claras para devolver las especies a niveles saludables ni calendarios para lograrlo. “Muchas poblaciones quedaron debilitadas por la sobrepesca desde los años cincuenta hasta los noventa; era necesario revertir esa caída”, ha señalado.

Según Schijns, el Gobierno ha identificado 30 poblaciones que requieren rehabilitación y, de ellas, 12 están en condición crítica. Entre los ejemplos citados figuran la caballa atlántica, varias unidades de bacalao (incluidas zonas de Terranova y del golfo), arenques de distintas áreas —como el arenque de primavera y el arenque del Pacífico de Haida Gwaii—, además de diversas poblaciones de peces de fondo. Para la científica, el deterioro prolongado no solo es un problema ecológico: también ha hecho que muchas empresas pesqueras se vuelvan más vulnerables al depender de un conjunto reducido de especies y oportunidades.

Desde el Ejecutivo, un portavoz del Department of Fisheries and Oceans (DFO) remarcó que la gestión sostenible mediante planes de reconstrucción es un requisito legal bajo la Fisheries Act. En ese marco, el Gobierno confirmó que ya se han publicado 15 planes de reconstrucción, incluidos los de camarón del norte, caballa atlántica, merluza blanca, bacalao atlántico, platija americana, platija de invierno, arenque atlántico, arenque del Pacífico y salmón chinook de Okanagan, entre otros.

La ministra canadiense de Pesca, Joanne Thompson, presentó el hito como una señal de compromiso con la recuperación de poblaciones y la administración responsable de los recursos: “Este avance refleja directamente nuestro compromiso de restaurar las poblaciones de peces y gestionar los recursos marinos de forma sostenible, al tiempo que fomentamos el crecimiento económico y la protección ambiental”, afirmó en un comunicado.

Oceana Canada valora que el nuevo paquete sea “más alentador” que los objetivos anteriores, pero advierte de que Canadá aún va por detrás de otras jurisdicciones. Schijns recordó que en Estados Unidos este tipo de planes es obligatorio desde 2000 y, según su análisis, contribuyó a reconstruir alrededor de 50 poblaciones y a elevar los ingresos pesqueros cerca de un 50%. En la Unión Europea, añadió, la reforma de la Política Pesquera Común de 2013 se asoció a un aumento de biomasa y una reducción de la sobrepesca, si bien subrayó que Canadá está todavía en una fase temprana de resultados.

El impulso cobra relevancia en un momento de incertidumbre comercial para el marisco canadiense, afectado —según el sector— por la volatilidad de los aranceles y el riesgo de concentración en pocos mercados. En ese contexto, Schijns defiende que reconstruir poblaciones agotadas no solo es una cuestión ambiental: es una palanca para diversificar la economía pesquera, fortalecer la credibilidad del país en gestión sostenible y ampliar oportunidades a largo plazo. “No deberíamos aceptar el statu quo”, resume, en un mensaje que sitúa la reconstrucción de recursos como una apuesta intergeneracional.

Rusia mantiene sin cambios el TAC 2026 de abadejo en el oeste del mar de Bering, tras la revisión ordenada por Putin

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Rusia ha optado por mantener sin cambios el Total Admisible de Capturas (TAC) de 2026 para el pollock (abadejo de Alaska) del oeste del mar de Bering, después de una revisión solicitada en diciembre por el presidente Vladímir Putin. La cuota permanece en 627.000 toneladas, el mismo nivel fijado en los cálculos iniciales para el próximo ejercicio, según fuentes citadas por la prensa especializada.

La decisión llega tras semanas de debate en el sector, en un contexto en el que la cifra de 2026 ya suponía una reducción respecto a 2025. En ese año, el ODU/TAC del pollock en la zona occidental del mar de Bering se situó en torno a 694.000 toneladas, de acuerdo con la información divulgada por el ámbito científico-técnico ruso, según tinro.vniro.ru

Capacidad real de pesca, el argumento clave
El elemento determinante, según el enfoque trasladado es que existen límites prácticos de capacidad de captura: es decir, que no basta con que el papel permita más toneladas si la flota no puede materializarlas por condiciones de campaña, disponibilidad del recurso o restricciones operativas.

De hecho, el precedente reciente apunta en esa dirección. En 2024, con un ODU de 700.000 toneladas en esa misma zona, el volumen capturado se estimaba hacia final de año en el entorno de 475.000–480.000 toneladas, un nivel claramente por debajo de la cuota, en un ejercicio que diversas fuentes del sector vincularon a un empeoramiento de la “promiscuidad” de la pesca y a la caída de rendimientos diarios del gran tonelaje.

De la presión política a un cierre conservador
El caso adquirió dimensión política cuando, en diciembre, Putin pidió revisar el escenario del pollock del oeste del Bering, en un momento en el que se planteaba incluso la posibilidad de elevar el TAC de 2026 frente a la cifra inicialmente proyectada. Sin embargo, el resultado final ha sido un “no” a la subida, consolidando el enfoque de que el límite debe reflejar no solo la biología del stock, sino también la capacidad efectiva de explotación y la realidad económica de la pesquería.

Implicaciones para 2026
Para la industria, el mantenimiento del TAC en 627.000 toneladas ofrece certidumbre de planificación —flota, plantas de transformación y logística—, pero también confirma que el oeste del Bering seguirá siendo una pesquería donde el reto no es únicamente “cuánto se autoriza”, sino cuánto se puede capturar de forma viable. En un escenario de costes elevados y campañas muy condicionadas por el entorno, el debate ruso sobre el pollock apunta a una idea simple: la sostenibilidad también pasa por la practicabilidad.

La pesca de cerco gala repunta en 2025, pero queda cada vez más “dependiente” por la sardina

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La pesca de cercp gala — costera que en Bretaña se asocia históricamente a la sardina— ha vivido en 2025 un giro de guion respecto a la mala campaña anterior. El balance del año deja un aumento superior al 50% de la producción, un alivio para una flota pequeña y muy especializada. Pero el mismo balance esconde una fragilidad creciente: la dependencia casi total de la sardina en un contexto de restricciones y de encaje regulatorio cada vez más estrecho.

Según cifras del propio sector bretón, la actividad se ha recuperado hasta situarse en torno a 16.500 toneladas, frente a las aproximadamente 10.000 toneladas de la campaña previa. En total operan 22 pesqueros en esta pesquería (la mayoría vinculados a la organización Les Pêcheurs de Bretagne y un pequeño número en Aquitania), y la sardina concentra el grueso de los desembarques: en el caso de los bolincheurs inscritos en Pêcheurs de Bretagne, representa el 96%.

La mejora no es solo de volumen. También lo ha sido de producto y de mercado: el año se ha caracterizado por una sardina “bien armada”, con tallas comerciales regulares —del orden de 24 a 28 sardinas por kilo, lo que suele traducirse en mejores rendimientos para la primera venta— y un precio medio que ha avanzado respecto a 2024, acercándose a los 0,81 €/kg (frente a unos 0,77 €/kg el año anterior), de acuerdo con las cifras difundidas en Francia.

Un rebote con letra pequeña: “monoespecie” por obligación

El problema es que el repunte llega acompañado de una señal de alarma: la pesca de cerco francesa se está convirtiendo, de facto, en una pesquería monoespecífica, con menos margen para compensar una mala temporada recurriendo a otras capturas pelágicas. El fenómeno se explica por una combinación de factores regulatorios y ambientales.

Por un lado, la campaña está fuertemente encuadrada. En 2025, por ejemplo, la regulación regional en Bretaña fija un tope diario de desembarque de sardina de 20 toneladas por buque y por día (incluida la venta directa), y en el perímetro del Parque Natural Marino de Iroise introduce referencias de estabilización histórica. Por otro, el acceso a la actividad está ligado a un sistema de licencias y a una organización temporal precisa de la pesquería, según prefectures-regions.gouv.fr

A ello se suma un elemento que ha marcado el calendario en el golfo de Vizcaya: la presión regulatoria vinculada a la protección de pequeños cetáceos, con decisiones que han afectado al perímetro de artes pelágicas y a la planificación de las salidas. Una decisión citada por el propio marco normativo regional recuerda el impacto del pronunciamiento del Conseil d’État sobre la inclusión de las “sennes pélagiques” en la prohibición temporal de pesca para proteger delfines comunes en el golfo de Vizcaya, indica bretagne-peches.org

Más volumen, más riesgo si falla la sardina

La conclusión es clara en los puertos: 2025 ha sido mejor, sí, pero la estructura productiva queda más expuesta. Si la sardina vuelve a fallar —por disponibilidad biológica, por distribución del recurso o por mercado—, a los pesqueros les queda menos “colchón” de alternativas. La recuperación de este año, por tanto, funciona como buena noticia inmediata y como recordatorio estratégico: una flota pequeña, con costes fijos y tripulaciones estables, necesita diversidad o mecanismos de resiliencia para no depender de un único pez.

En el corto plazo, el sector celebra haber salvado la campaña y haber recuperado actividad. En el medio, el debate ya está sobre la mesa en Bretaña: cómo sostener la rentabilidad de una pesquería tradicional cuando el marco de capturas y el contexto ambiental empujan hacia la especialización extrema. Y en esa ecuación, la sardina —este año salvavidas— es también el punto más vulnerable.

Reino Unido, Noruega, Islandia y las Islas Feroe pactaron un TAC de 299.010 toneladas para 2026, un 72% más que lo recomendado por el ICES; la Comisión Europea alerta de “riesgo” para el stock y el sector francés pide sanciones

La llamada “guerra de la caballa” en el Atlántico nordeste vuelve a tensar la gobernanza pesquera europea. El Reino Unido, Noruega, Islandia y las Islas Feroe cerraron el 15 de diciembre de 2025 un acuerdo de reparto y nivel de capturas para la caballa del Atlántico nordeste (maquereau), fijando un total admisible de capturas (TAC) de 299.010 toneladas para 2026. La cifra, sin embargo, se sitúa muy por encima del umbral aconsejado por la ciencia: el Consejo Internacional para la Exploración del Mar (ICES/CIEM) recomendó que las capturas no superen 174.357 toneladas en 2026 bajo el enfoque de rendimiento máximo sostenible.

El choque no es solo numérico, sino político. La Comisión Europea denunció que el acuerdo se firmó sin consulta previa con la UE y advirtió de que el stock ya está en una situación “insostenible” por años de sobrepesca. Bruselas subraya que el TAC pactado por los cuatro países es un 72% superior a la recomendación científica y, por tanto, agrava el problema de fondo: la explotación acumulada por encima de la ciencia.

Además, la Comisión introdujo un elemento especialmente sensible: el efecto combinado de capturas de otros actores. Según su comunicado, en años recientes Rusia habría superado las 100.000 toneladas anuales, y con el nuevo escenario la presión global sobre el stock en 2026 podría rebasar las 400.000 toneladas, muy lejos de lo recomendado. Bruselas anunció que pedirá aclaraciones, evaluará la compatibilidad del acuerdo con el derecho internacional y con el Acuerdo de Comercio y Cooperación UE-Reino Unido, y urgió a reconsiderar la decisión.

En Francia, la reacción fue aún más dura. El Comité National des Pêches Maritimes et des Élevages Marins (CNPMEM) calificó el pacto de “inadmisible” y denunció una “doble pena” para los pescadores europeos: por un lado, se les exige ajustarse a reglas y dictámenes científicos; por otro, compiten con producto procedente —según su denuncia— de prácticas no sostenibles que podrían seguir entrando en el mercado comunitario. El organismo reclama a la Comisión medidas firmes: sanciones a los Estados que incumplen la ciencia, medidas de reparación tras años de sobrepesca y posibles sanciones comerciales, incluida la limitación o prohibición de importaciones ligadas a esa sobreexplotación.

El conflicto tiene, además, una dimensión explícita de “reparto”. Medios especializados señalan que el acuerdo asigna, en términos iniciales, cuotas destacadas a los firmantes —con porcentajes en torno al 28,24% para Noruega, 25,36% para el Reino Unido, 13,35% para Feroe y 12,5% para Islandia—, lo que deja a la UE fuera del marco firmado y abre un nuevo pulso sobre derechos históricos y equilibrios económicos. En la misma línea, la patronal comunitaria Europêche sostiene que el pacto “formaliza” un terreno de juego desigual, reclama que la UE use su peso como principal mercado de destino y no descarta medidas comerciales si no se corrige la dinámica.

Los cuatro firmantes, por su parte, defienden el acuerdo como un paso de cooperación. Desde Escocia —donde la caballa es un recurso clave— el Gobierno escocés presentó el arreglo como una reducción “medible” de la presión pesquera y como un paso hacia un acuerdo más amplio, con límites al “banking and borrowing” y con la idea de pedir al ICES una estrategia de gestión a largo plazo. Y desde Noruega se ha insistido públicamente en que el objetivo final debería ser un acuerdo que también incluya a la UE y Groenlandia, ausentes en el pacto actual, un punto que también subraya el CNPMEM.

En el trasfondo está el diagnóstico científico y de sostenibilidad: organizaciones como el Marine Stewardship Council (MSC) han advertido de que el desajuste entre cuotas unilaterales y recomendación científica se arrastra desde hace años y que no respetar el recorte recomendado reduce las probabilidades de recuperación del stock.

El resultado inmediato es un nuevo episodio de confrontación en una pesquería compartida donde la ciencia marca un techo, pero la política —y el reparto— vuelve a empujar hacia arriba. Con la caballa en el centro del mapa, Bruselas se enfrenta ahora a una disyuntiva incómoda: defender el dictamen científico y la equidad competitiva sin romper los puentes de una negociación costera que, en la práctica, lleva años sin cerrarse del todo.

Madeira se adelanta a la UE y elige a la española Satlink para digitalizar la vigilancia de su flota pesquera

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La Secretaría Regional de Agricultura y Pesca pone en marcha un piloto con sistemas de Observación Electrónica en diez buques, financiado con el PRR, y anticipa los requisitos europeos previstos para 2028.

Madeira ha dado un paso firme hacia la pesca digital y la trazabilidad al lanzar un proyecto piloto de Observación Electrónica (EMS) en su flota regional. La iniciativa, impulsada por la Secretaría Regional de Agricultura y Pesca, contará con tecnología de la empresa española Satlink, seleccionada para desplegar estos sistemas en diez embarcaciones. Con esta decisión, Madeira se convierte en la primera región portuguesa en anticipar la implantación de la monitorización electrónica que la normativa pesquera comunitaria prevé para 2028.

El proyecto está financiado en el marco del PRR (Plano de Recuperação e Resiliência) y se ejecutará en colaboración con las autoridades regionales y el socio local SOMEQ. El análisis y reporte de datos derivados de la observación recaerá en Digital Observer Services, filial de Satlink especializada en esta operativa.

Cámaras, sensores y posicionamiento para documentar la actividad

Los sistemas EMS combinan cámaras, sensores y tecnologías de posicionamiento para registrar la actividad pesquera, identificar especies, estimar capturas y georreferenciar las operaciones. La información se transmite de forma segura mediante conectividad móvil y se gestiona en la plataforma en la nube Horus, desarrollada por Satlink para estructurar el análisis, facilitar la elaboración de informes y reforzar la trazabilidad integral.

Uno de los puntos más sensibles de cualquier sistema de observación —la privacidad a bordo— se aborda con una solución incorporada al propio diseño: el sistema aplica un difuminado automático de rostros mediante edge computing, es decir, procesado directo en el buque. De este modo, los vídeos se almacenan y transmiten anonimizados, manteniendo su utilidad para el control y la gestión.

Pelágicos, pez sable negro y túnidos, bajo seguimiento

El piloto respaldará la recopilación de datos de pesquerías dirigidas a pequeños pelágicos, pez sable negro, túnidos y pez espada, incluyendo también las capturas accesorias asociadas. Según la información del proyecto, su diseño se alinea con el PNRD (Plano Nacional de Recolha de Dados) y con recomendaciones científicas y de gestión del ICES y de ICCAT, en un enfoque orientado a mejorar la base de información para decisiones regulatorias y de sostenibilidad.

La instalación de los equipos comenzó el 24 de noviembre, con un calendario que refuerza la idea central del plan: llegar preparados al nuevo escenario regulatorio antes de que sea obligatorio.

“Transparencia y cooperación con el sector”

Para la administración regional, la iniciativa se presenta como una herramienta para ganar calidad de datos y confianza. La directora regional de Pesca, Sonia Pereira, subraya que el piloto “representa un paso muy importante para fortalecer la recopilación de datos, la transparencia y la cooperación con el sector pesquero”, además de preparar a la flota para futuros marcos normativos mientras se apoya la gestión sostenible de las pesquerías.

Satlink, por su parte, encuadra el contrato dentro de su trayectoria como proveedor de soluciones tecnológicas para la gestión pesquera, con colaboración con más de 40 gobiernos y autoridades reguladoras en distintos países.

Con esta apuesta, Madeira lanza un mensaje claro desde el Atlántico: la modernización no se limita a nuevas reglas, sino a construir desde ya la infraestructura —técnica y operativa— que permita una pesca más transparente, medible y preparada para el futuro

Menos trámites en el mar sin bajar el listón ambiental: el Gobierno flexibiliza la normativa de Marina Mercante

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La Marina Mercante española afronta una actualización de calado con un objetivo doble: ganar agilidad operativa para empresas y administraciones y, a la vez, reforzar la seguridad y el control ambiental en un sector sometido a una presión creciente de tráficos, exigencias europeas y nuevas actividades. El Consejo de Ministros aprobó el 23 de diciembre un Real Decreto que modifica y actualiza ocho reales decretos para “adaptar” el marco legal a la realidad actual del negocio marítimo, simplificando procedimientos administrativos y aportando mayor flexibilidad a varias actividades clave.

La principal novedad, según la información difundida tras la reunión del Ejecutivo, es una flexibilización de actividades marítimas concentrada en tres ámbitos: cabotaje, buceo profesional y operaciones portuarias. El planteamiento busca que la normativa “acompañe” a la operativa real —más dinámica y más intensiva en determinados puertos— sin abrir la puerta a rebajas en materia de seguridad o medio marino.

En cabotaje, la reforma pone el foco en un punto sensible para navieras y operadores: las dispensas de bandera en líneas regulares. La norma prevé agilizar los trámites para estos permisos, que en la práctica permiten una gestión más eficiente del transporte marítimo en rutas nacionales bajo condiciones reguladas, sin alterar —según el Gobierno— las garantías exigidas.

Otra pata relevante es el buceo profesional, un segmento con creciente demanda ligada a obra portuaria, inspecciones, mantenimiento, energía y trabajos subacuáticos. Los cambios anunciados pretenden elevar estándares de seguridad y, al mismo tiempo, ajustar la regulación a la práctica profesional actual, evitando que procedimientos desfasados se traduzcan en ineficiencias o inseguridad operativa.

Pero el “núcleo” de la reforma, por su impacto inmediato en el día a día de los enclaves con más actividad, está en la nueva regulación de las llamadas “operaciones fuera de límites”. Son servicios que se realizan fuera de la zona de servicio portuaria o de las aguas interiores —por ejemplo, determinadas operaciones de suministro, asistencia o gestión de residuos en mar territorial— y que hasta ahora se tramitaban con autorizaciones individualizadas. Con el nuevo esquema, en las Capitanías Marítimas donde se registran entre 1.000 y 3.000 operaciones anuales, se podrá sustituir la autorización caso a caso por resoluciones generales con condiciones previamente fijadas. En la práctica, el cambio se orienta a puertos como Algeciras y Las Palmas, donde el volumen de este tipo de actividad es especialmente alto.

La Administración subraya que la simplificación no implica descontrol: el sistema mantendrá la supervisión de las Capitanías Marítimas y de Salvamento Marítimo, mientras se reduce la carga burocrática para empresas y también para el propio aparato administrativo. Para puertos con tráficos intensivos, el impacto esperado es claro: menos tiempos muertos por tramitación y mayor previsibilidad, sin perder trazabilidad regulatoria.

En paralelo, el Real Decreto incorpora medidas en seguridad marítima. El paquete normativo pretende reforzar la protección en el transporte marítimo y en los recintos portuarios, ajustar la seguridad de buques de pasaje a criterios europeos y actuar sobre un punto que ha ganado protagonismo en los últimos años: la náutica de recreo. En particular, se citan medidas para reducir accidentes asociados al alquiler de embarcaciones de menos de cinco metros de eslora, un mercado en expansión que obliga a afinar obligaciones, controles y prácticas seguras.

La reforma reserva un capítulo explícito a la protección del medio marino. La tesis del Gobierno es que la nueva flexibilidad procedimental no puede traducirse en una rebaja de estándares ambientales; por eso, además de mantener el marco de control, se apunta a la corrección de “disfunciones” detectadas en normas recientes. Entre los ejemplos citados figura la aplicación de limitaciones a la navegación en el Mar Menor, buscando compatibilizar conservación y uso responsable del espacio marítimo.

Con el Real Decreto, el Ejecutivo sostiene que consolida un marco “más claro, moderno y eficaz” para un sector donde cada minuto cuenta: desde el cabotaje y los trabajos técnicos subacuáticos hasta la operativa diaria de grandes puertos. La lectura que deja el texto político es inequívoca: competitividad sí, pero con seguridad y vigilancia ambiental como línea roja, en un momento en que la logística marítima y la actividad portuaria española compiten en tiempo real con otros hubs europeos.

Noruega vetará desde el 1 de enero de 2026 a los buques de Norebo y Murman en su ZEE

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Las licencias anteriores a las sanciones se mantuvieron válidas en 2025, pero Oslo dejará de emitir nuevas autorizaciones y cerrará definitivamente su caladero a las dos pesqueras rusas, señaladas por “actividades híbridas” vinculadas a infraestructuras submarinas

Noruega dará un paso definitivo en su pulso marítimo con Moscú: a partir del 1 de enero de 2026, los buques de las compañías rusas Norebo JSC y Murman Seafood quedarán totalmente excluidos de la Zona Económica Exclusiva (ZEE) noruega, según el marco sancionador activado este año y las confirmaciones trasladadas por el propio sector. La decisión culmina un periodo transitorio en el que las licencias emitidas antes de las sanciones pudieron seguir vigentes durante 2025, pero desde enero no se concederán nuevas y el acceso quedará cerrado.

La medida se enmarca en la alineación de Noruega con el paquete de sanciones aprobado por la Unión Europea en mayo y asumido por Oslo en julio de 2025. En su comunicado oficial, el Gobierno noruego explicó que el fundamento de la designación es de seguridad nacional: la UE y Noruega sostienen que ambas empresas forman parte de una campaña estatal rusa de vigilancia e inteligencia dirigida a infraestructuras submarinas críticas —como cables y otros activos estratégicos— en aguas noruegas y aliadas, con potencial para facilitar futuros sabotajes.

Del “no renovación” al cierre total en 2026

En la práctica, la sanción ha ido estrechando el cerco por fases. Diversos medios especializados del norte de Europa ya habían señalado que la adopción de las medidas implicaba pérdida de acceso a puertos y aguas territoriales noruegas, además de que las licencias de pesca en la ZEE no serían renovadas para buques vinculados a estas compañías. La novedad es el aterrizaje administrativo de esa tesis: desde el 1 de enero de 2026, la exclusión será completa en el caladero noruego, al quedar cancelada cualquier vía de autorización nueva.

El asunto tiene impacto directo en el Atlántico nororiental y, de forma particular, en el eje del mar de Barents, donde confluyen los intereses pesqueros y geopolíticos de ambos países. Aunque el veto afecta específicamente a dos grupos empresariales, el contexto es más amplio: Noruega considera las sanciones una herramienta para reducir el margen de actuación de Rusia en actividades “híbridas”, mientras que el sector ruso lo interpreta como un golpe a un ecosistema de cooperación histórica.

Moscú amenaza con represalias

El choque ha tenido ya traducción política. Según recogieron fuentes del sector y declaraciones de la agencia federal rusa de pesca (Rosrybolovstvo), Rusia llegó a plantear represalias —incluida la posibilidad de restringir la presencia noruega en aguas bajo control ruso— si Oslo mantenía el veto. El argumento ruso es que el conflicto erosiona un sistema de gestión conjunta construido durante décadas para explotar stocks compartidos en el Atlántico Norte.

Cooperación pesquera “a pesar de todo”

Paradójicamente, el endurecimiento sancionador convive con una realidad incómoda: Noruega y Rusia siguen necesitando acuerdos de cuotas para los grandes recursos del Barents. La semana pasada, ambos países anunciaron un pacto para 2026 con un dato que explica el nivel de presión en el caladero: la cuota total de bacalao del Ártico nororiental quedó fijada en 285.000 toneladas, el nivel más bajo desde 1991, con un recorte del 16% interanual.

Ese doble carril —cooperación por necesidad biológica y choque por seguridad— marca el tablero que entra en 2026. Para Oslo, el mensaje es de blindaje: infraestructuras críticas y control de accesos. Para Moscú, el veto a Norebo y Murman es una señal de hostilidad que puede extenderse a otros frentes, desde acuerdos bilaterales hasta el uso de puertos y aguas en el Atlántico Norte.

OPROMAR lleva a Madrid su campaña “Súper Peixiño” para impulsar el consumo de pescado en edad escolar

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La Organización de Productores de Pesca del Puerto y Ría de Marín (OPROMAR) ha reactivado su campaña educativa “Súper Peixiño” en diez colegios de la Comunidad de Madrid con un objetivo claro: fomentar hábitos alimentarios saludables entre los más pequeños y frenar el descenso del consumo de productos del mar en los hogares. La iniciativa, nacida en 2018, vuelve a los comedores escolares de la capital apoyada en un personaje que actúa como hilo conductor: un “superhéroe” cercano que explica, con juegos y actividades, por qué el pescado es importante en la dieta. Ndp_Opromar_SuperPeixiño2025

La edición actual se pone en marcha tras un estudio sobre menús escolares realizado en colaboración con la Fundación Española de Nutrición (FEN), del que han salido los centros seleccionados para esta fase del proyecto. Según la nota informativa, la campaña cuenta con financiación del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación y de la Unión Europea a través del Fondo Europeo Marítimo, de Pesca y de Acuicultura (FEMPA). Ndp_Opromar_SuperPeixiño2025

El programa combina dos caminos que se refuerzan entre sí: por un lado, menús que incorporan pescado capturado por la flota de OPROMAR y procedente de pesquerías sostenibles; por otro, materiales didácticos adaptados por edades, con dinámicas participativas, diplomas y recursos visuales para que el aprendizaje no se quede en una charla puntual, sino que se convierta en experiencia compartida en el aula y el comedor. Ndp_Opromar_SuperPeixiño2025

Entre los colegios citados en el documento figuran, entre otros, El Peralejo (Alpedrete), Cristóbal Colón (Alcalá de Henares), Juan de Goyeneche (Nuevo Baztán), Ángel Castro (Valdeavero), Alarilla (Fuentidueña de Tajo), Belmonte del Tajo y Charles Dickens (Loeches), en una selección que apunta a extender el mensaje más allá de la almendra central de Madrid. Ndp_Opromar_SuperPeixiño2025

OPROMAR subraya que el proyecto no se limita a “mejorar el plato del día”. La campaña busca también activar la conversación en casa, implicando a las familias con propuestas que pueden continuar en el hogar, y ofreciendo orientación a los responsables de comedor para mejorar la variedad y el valor nutricional de lo que se sirve a diario. En la lógica del programa, la educación alimentaria no es un gesto aislado: es una cadena que va del colegio a la mesa familiar. Ndp_Opromar_SuperPeixiño2025

La organización encuadra “Súper Peixiño” dentro de su Plan de Producción y Comercialización 2025, como una acción que conecta el trabajo del sector pesquero con la sociedad desde edades tempranas y refuerza un mensaje doble: comer mejor y cuidar el mar pueden ir de la mano.

PortCastelló licita la asistencia técnica para reformar la lonja y la fábrica de hielo y avanzar en la apertura del puerto a la ciudad

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La Autoridad Portuaria de Castellón (PortCastelló) ha dado un nuevo paso en su plan de mejora de la fachada marítima con la licitación de la asistencia técnica para redactar el proyecto y dirigir la obra de adecuación de la lonja de pesca y la fábrica de hielo de la dársena pesquera. El contrato sale a concurso por cerca de 147.000 euros (IVA incluido), con un plazo de ejecución de 17 meses, y fija el 12 de enero como fecha límite para que las empresas presenten sus ofertas.

La actuación se inserta en la estrategia de “puerto-ciudad” que PortCastelló ha impulsado en los últimos dos años y que, según la presidencia del organismo, busca mejorar la imagen del recinto portuario y, al mismo tiempo, elevar las condiciones de trabajo de la Cofradía de Pescadores de Sant Pere.

La licitación técnica llega además después de que, a finales de octubre, se anunciara una inversión global de 3,4 millones de euros para modernizar el conjunto: 2,8 millones para la remodelación del edificio de la lonja y 600.000 euros para la fábrica de hielo. El proyecto se plantea como una intervención conjunta entre PortCastelló, la Generalitat Valenciana y el Ayuntamiento, con financiación parcial ligada a fondos europeos a través del FEMPA.

En cuanto al contenido, la propuesta contempla crear una terraza exterior, abordar la reforma integral de la cafetería, levantar nuevos vestuarios y aseos e incorporar un balcón en la primera planta para mantener una conexión visual directa con la dársena. Junto a ello, se prevé un nuevo acceso peatonal con escaleras y rampas para garantizar la accesibilidad universal y favorecer la integración de la zona pesquera en el recorrido portuario.

El plan incluye también una redistribución interior de la lonja y la reorganización de la fábrica de hielo para introducir nueva maquinaria que optimice el funcionamiento y mejore la eficiencia operativa.

Con la asistencia técnica ahora en marcha, PortCastelló busca encarrilar el proyecto para que la remodelación avance con garantías de diseño y ejecución. En el horizonte, la intervención aspira a reforzar un doble mensaje: el de un puerto más funcional para quienes trabajan cada día en la pesca y, a la vez, más permeable y cercano para la ciudadanía del Grao y del conjunto de Castelló.

El mejillón pigmeo se apaga en la ría de Avilés tras una década de vigilancia

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La ría de Avilés parece haber ganado una batalla silenciosa contra una de esas especies que llegan sin avisar y, de pronto, lo ocupan todo. El mejillón pigmeo (Xenostrobus securis), detectado por primera vez en el estuario en 2014 por alumnado del Máster de la Universidad de Oviedo, ha ido perdiendo presencia hasta quedar prácticamente arrinconado. La especie, que en su momento sorprendió por aparecer lejos de sus mares de origen, se considera hoy controlada y en claro retroceso.

Su irrupción, hace una década, activó todas las alertas habituales en un espacio como Avilés: ría portuaria, intensa actividad humana y un ecosistema sensible a cualquier cambio. ¿Cómo había llegado hasta allí un molusco de otros océanos? La explicación más repetida entonces apuntaba a una llegada “de polizón”, adherido al casco de algún barco o transportado por el tráfico marítimo, una de las vías más comunes en la expansión de especies invasoras en entornos costeros.

Con el paso del tiempo, la historia ha dado un giro. Donde se temía una colonización estable, hoy se habla de retroceso: el mejillón pigmeo ya no alcanzaría ni una quinta parte de la presencia que llegó a registrar en el estuario, según los seguimientos divulgados en medios regionales. La lectura es prudente, pero positiva: todo indica que la especie no terminó de asentarse como se temió en los primeros compases.

Detrás de esa “desaparición” —más exacto sería decir, de esa caída sostenida— hay varias piezas que encajan. Por un lado, las campañas de retirada manual realizadas en los años posteriores a su detección y, sobre todo, la vigilancia constante, con una combinación de ciencia y trabajo de campo que hoy se usa cada vez más en la gestión de invasoras. En ese ámbito, la ría de Avilés se ha citado como ejemplo de cómo la colaboración y el seguimiento pueden frenar una expansión que parecía inevitable.

A ello se suma el propio “carácter” del estuario. En especies invasoras, la adaptación no está garantizada: influyen las condiciones del agua, la competencia con otras especies, la disponibilidad de alimento y también la presión de depredadores. Los estudios internacionales sobre Xenostrobus securis describen un organismo capaz de colonizar rápido y resistir mucho, pero también condicionado por el entorno y por cambios ambientales que pueden jugar en su contra.

La vigilancia, además, ha incorporado herramientas que permiten detectar señales incluso cuando a simple vista parece que ya no hay nada. Entre ellas, el análisis de ADN ambiental, un método que busca “huellas” en el agua y refuerza la capacidad de respuesta temprana en puertos y rías con tráfico continuo.

La conclusión, por ahora, es clara: Avilés respira, pero no se relaja. En un ecosistema abierto al mar y a las rutas comerciales, la puerta por la que entró una especie puede volver a abrirse. La buena noticia es que la ría ya sabe cómo reaccionar: con seguimiento, intervención rápida y una idea sencilla que hoy suena casi a lema ambiental —lo que se detecta a tiempo, se puede frenar.

El BNG alerta del “golpe” de los TAC: recortes en caballa y lirio y un impacto millonario para la pesca gallega

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El Bloque Nacionalista Galego (BNG) ha elevado el tono ante el nuevo escenario de Totales Admisibles de Captura (TAC) para 2026, advirtiendo de un “grave impacto” para la flota y la industria pesquera gallega por los fuertes recortes en caballa (xarda) y lirio (bacaladilla). El grupo parlamentario sostiene que el ajuste puede traducirse en pérdidas económicas de entre 32 y 38 millones de euros, de acuerdo con estimaciones citadas por el propio sector.

La denuncia llega en pleno debate sobre el equilibrio entre criterios biológicos y sostenibilidad socioeconómica en la Política Pesquera Común. En un comunicado difundido esta semana, la senadora del BNG, Carme da Silva, calificó el acuerdo de “jarra de agua fría” para Galicia y reprochó que Bruselas tome decisiones “de espaldas a la realidad” del litoral, sin integrar —según su versión— el impacto en empleo y viabilidad empresarial.

En el centro de la polémica están los porcentajes: el BNG subraya el recorte del 70% en caballa y del 41% en lirio, dos especies con gran peso en varias modalidades (cerco, arrastre y artes menores) y con efectos directos sobre lonjas y cadena de valor.

La Xunta también ha venido alertando del alcance de estas cifras. El Consello Galego de Pesca, reunido de forma extraordinaria, calificó el resultado de “preocupante” y “decepcionante”, y recordó que la caballa afronta una asignación provisional con un descenso del 70% respecto a 2025; en ese marco, se manejan impactos económicos directos relevantes para la flota, además de efectos indirectos sobre el tejido industrial.

En el caso del lirio, el recorte se traduce en menores posibilidades de captura y en un golpe sensible para puertos con especialización pelágica. Informaciones sectoriales y resúmenes de prensa sitúan a Ribeira como uno de los puntos más expuestos por su peso en descargas de esta especie.

El BNG reclama al Gobierno central que rechace estos recortes en las instancias europeas, que incorpore criterios socioeconómicos en la negociación y que active medidas compensatorias, incluyendo apoyo a posibles paros biológicos y un diálogo urgente con los segmentos afectados.

El choque por caballa y lirio se enmarca, además, en un clima de creciente malestar en el noroeste atlántico. Representantes de cofradías han descrito el resultado para el Cantábrico y el golfo de Cádiz como un “desastre”, y desde Galicia se insiste en que las reducciones comprometen no solo a los barcos, sino a toda la cadena: primera venta, transformación y empleo en comarcas altamente dependientes del mar.

Las cofradías de pescadores ven el acuerdo del Mediterráneo como un "éxito", pero consideran un "desastre" las cuotas del Atlántico

La segunda temporada de anchoveta en Perú supera el 72% de la cuota en la zona centro-norte

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LIMA. La segunda temporada de pesca de anchoveta en Perú (zona norte-centro) avanza a ritmo sostenido y ya ha alcanzado el 72,05% de la cuota autorizada, según el último balance oficial del Ministerio de la Producción (PRODUCE). A las 07.00 horas del 17 de diciembre, las descargas acumuladas sumaban 1.174.469 toneladas, en un periodo clave para el abastecimiento de la industria de harina y aceite de pescado.

El porcentaje se calcula sobre un Límite Máximo Total de Captura Permisible de 1.630.000 toneladas para la Segunda Temporada 2025, fijado por PRODUCE tras la evaluación científica de IMARPE. La cuota definitiva se formalizó en noviembre mediante resolución ministerial y sustituyó el escenario inicial, más restrictivo, que se había planteado de forma provisional mientras se completaban los cruceros de evaluación.

En la práctica, el avance de campaña refleja una operativa intensa de la flota industrial, con jornadas en las que participan centenares de embarcaciones, de acuerdo con informaciones sectoriales basadas en reportes oficiales. La administración mantiene el seguimiento del consumo de cuota y recuerda que la continuidad de la temporada está vinculada al cumplimiento de condiciones de pesca, zonas habilitadas y medidas de control para preservar la sostenibilidad del recurso.

La anchoveta del norte-centro es el gran termómetro del complejo pesquero peruano por su peso en el consumo humano indirecto y por su sensibilidad a condiciones oceanográficas. En esa línea, PRODUCE ha vinculado la cuota definitiva a los resultados de la Operación EUREKA LXXVII y a los informes técnicos que analizan biomasa, estructura por tallas y presencia de juveniles, variables determinantes para ajustar el esfuerzo pesquero y reducir impactos sobre el reclutamiento futuro.

Con el 72% ya consumido, el sector entra en una fase decisiva: la que marca la recta final de capturas hasta completar el volumen permitido o hasta que las autoridades activen cierres o ajustes si los indicadores biológicos lo aconsejan. El objetivo, insiste PRODUCE, es compatibilizar la actividad económica de la campaña con una explotación “ordenada” del recurso, sosteniendo el rendimiento a corto plazo sin comprometer la recuperación y estabilidad del stock.