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domingo, marzo 8, 2026
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Conxemar pide elevar el pescado en hospitales: “al menos cinco platos por semana” en menús de pensión completa

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La patronal del congelado y transformado reclama que la futura norma estatal sobre alimentación en centros asistenciales fije un listón más alto: cinco raciones semanales en hospitales y geriátricos con pensión completa y, como mínimo, tres si solo se ofrece una comida al día.


La batalla por la calidad del menú en hospitales y residencias ha entrado en una nueva fase, y el sector pesquero quiere mover el listón. Conxemar —la asociación que agrupa a mayoristas, importadores, exportadores y transformadores de productos del mar— ha pedido que la pauta mínima de pescado en centros sanitarios y geriátricos sea más ambiciosa de lo que prevé el borrador normativo que maneja el Gobierno. Su propuesta es concreta: cinco platos de pescado a la semana en los centros con régimen de “pensión completa” y al menos tres raciones cuando la cocina del centro solo cubre una comida diaria.
La reivindicación llega en pleno despliegue del futuro Real Decreto con el que el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 —en coordinación con Sanidad— pretende fijar criterios mínimos de calidad nutricional y sostenibilidad en hospitales y residencias. El texto que salió a consulta pública en diciembre de 2025 ya contempla, como referencia, “al menos, tres raciones a la semana” de pescado y marisco dentro de la planificación alimentaria, además de límites a frituras. 
Para Conxemar, ese umbral se queda corto si se quiere convertir el menú asistencial en una herramienta real de salud pública, especialmente en entornos donde conviven perfiles vulnerables: pacientes convalecientes, personas mayores con riesgo de desnutrición o usuarios con dietas pautadas por patologías cardiovasculares y metabólicas. El sector defiende que aumentar la presencia de pescado no debería interpretarse como un “lujo”, sino como una inversión clínica: proteína de alta calidad, mejor perfil graso y micronutrientes que encajan con recomendaciones dietéticas ampliamente aceptadas.


El debate, además, no se reduce a la cantidad, sino a la forma. En el contexto de un sistema público donde la contratación suele primar el precio y la logística es determinante, Conxemar subraya el papel de los productos del mar congelados y transformados como vía para garantizar regularidad, seguridad alimentaria y disponibilidad estable sin disparar mermas. En otras palabras: más pescado, sí, pero también menús que puedan servirse de manera constante, con trazabilidad y sin depender de picos de mercado.
La propuesta de “cinco raciones” se interpreta también como respuesta política a una realidad que el propio Gobierno ha puesto sobre la mesa en los últimos meses: la necesidad de reducir ultraprocesados y frituras en los centros públicos y homogeneizar estándares de calidad más allá de los comedores escolares.  En ese marco, el pescado aparece como alternativa “natural” frente a proteínas más procesadas, siempre que la planificación culinaria se adapte a las preferencias y tolerancias de pacientes y mayores.


En el sector, la petición se plantea como un mínimo y no como un menú monótono: alternar pescado azul y blanco, integrar marisco cuando proceda, y diversificar preparaciones para que la pauta sea realista. Esa idea de variedad, de hecho, ya figura en el borrador de Consumo al hablar de alternancia y de inclusión de crustáceos y moluscos dentro del grupo “pescado y marisco”. 


La discusión queda ahora en manos del trámite normativo y de la negociación técnica con comunidades autónomas, gestores sanitarios y empresas de restauración colectiva. Pero el mensaje de Conxemar es claro: si el Estado va a regular lo que comen los pacientes y los mayores, el pescado —sostiene la patronal— debería ocupar un lugar central en la dieta asistencial, no como recomendación de mínimos, sino como pauta semanal reconocible en la bandeja.

Pesca de bajura y Reglamento de Control: la necesidad de una norma proporcional

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M. Máximo Díaz 

Secretario Cofradía de Pescadores de Celeiro

En fechas recientes se escribió mucho, a nivel nacional,  en los medios de comunicación (prensa, radio, tv, redes sociales…), sobre la problemática de la pesca costera y de bajura; y sinceramente no es para menos porque España con 7.500 km de costa y 12.000 barcos artesanales tiene argumentos suficientes como para alzar la voz, y  manifestar sus inquietudes y su potencial pesquero de carácter primario. 

La reciente flexibilización anunciada por el Gobierno español (SGP_MAPA), en la aplicación del Reglamento de Control de la Unión Europea ha supuesto un alivio provisional para la pesca costera de bajura, tras un periodo de  incertidumbre y la movilización estatal del sector; pero que nadie se engañe “se ganó una batalla, pero no la guerra”. Sin embargo, esta medida debe entenderse como lo que realmente es: una victoria parcial y transitoria, no la resolución definitiva de un problema de fondo que sigue abierto y cuyo desenlace se decidirá en Bruselas. Así pues el riesgo existe, tal y como está la normativa del Reglamento constituye un peligro latente y silencioso, es real y total, no podemos volver a caer en la inacción, tenemos la urgencia de  luchar por modificar el Reglamento de Control, por adaptarlo y flexibilizarlo, sin renunciar al control, por ahí pasa la clave para la supervivencia del sector. 

El Reglamento persigue objetivos legítimos —trazabilidad, lucha contra la pesca ilegal y sostenibilidad de los recursos…— que la pesca costera de bajura comparte plenamente siempre que sea proporcional.  El conflicto surge en su aplicación rígida y homogénea, diseñada para flotas industriales y grandes buques, pero impuesta sin adaptación a una flota artesanal caracterizada por su pequeño tamaño, limitaciones técnicas, tripulaciones reducidas y una fuerte dependencia de un entorno marino imprevisible.

La pesca costera de bajura es una actividad esencial desde el punto de vista social, económico y territorial. Genera empleo, fija población en las zonas costeras y se apoya en artes selectivas y de bajo impacto ambiental. Someterla a una carga burocrática desproporcionada no refuerza el control, sino que incrementa la inseguridad jurídica, el riesgo laboral y el abandono de la actividad.

Por ello, la flexibilización lograda debe ser el punto de partida para una acción política decidida. España debe liderar la defensa en Bruselas contra un reglamento que ignora nuestra realidad, como quedó de manifiesto recientemente con la movilización de protesta a nivel nacional. Solo con normas adaptadas a la realidad del mar y de quienes lo trabajan será posible garantizar el control sin poner en riesgo la viabilidad, la seguridad y el futuro de un sector clave para nuestras costas. Es el momento de pedir voz en Bruselas porque el futuro de la pesca costera de bajura y artesanal se debate ahora entre redes y reglamentos, y es evidente que quien no conoce el mar y sus flotas legisla desde tierra firme sin saber que el mar no es una oficina.  Legislar desde tierra pone en riesgo el presente y futuro de este segmento de flota, es una especie de asedio burocrático que pone en entredicho la subsistencia de este segmento de flota.  La medida de flexibilización propuesta por SGP (MAPA), a los representantes sectoriales debe ser el punto de partida para una revisión profunda y honesta del Reglamento de Control en lo que afecta a la flota de bajura. Ahora es cuando hay que exigir al Gobierno de España, y al conjunto de las fuerzas políticas, -que nos representan en Europa-, voluntad real para  una normativa más justa, proporcionada y adaptada a la realidad del sector. El sector necesita respaldo político total, seguridad jurídica y tiempo para adaptarse. Necesita que se le escuche no solo cuando protesta, sino cuando propone. Y necesita que se entienda que sin pesca de bajura no hay relevo generacional, no hay economía azul equilibrada ni hay vida en muchos de nuestros puertos.

El mensaje debe ser claro y firme: reforzar el Reglamento de Control no significa endurecerlo indiscriminadamente, sino hacerlo más inteligente y eficaz. Y eso pasa, necesariamente, por contemplar excepcionalidades, exenciones específicas, y soluciones técnicas adaptadas a la pesca de bajura. No se trata de debilitar el control, sino de evitar que una mala aplicación de la norma sea lesiva y dañina para los intereses de un colectivo que ya afronta suficientes desafíos.

Queda mucho trabajo por delante. La contienda continúa y exige constancia, unidad y determinación. Pero si algo ha demostrado esta primera batalla es que los intereses de la flota de bajura se pueden y se deben defender con firmeza. En Bruselas se decide el futuro, y allí no puede faltar la voz de quienes faenan cada día a pocas millas de la costa, sosteniendo una actividad esencial que merece normas justas y adaptadas a su realidad; Bruselas debe dejar de ser un muro inaccesible y escuchar al sector para no asediarlo de forma abrupta e innecesaria. España tiene ahora la responsabilidad y la oportunidad de liderar en la Unión Europea, -donde está el frente decisivo-, una reforma del Reglamento de Control que introduzca proporcionalidad, flexibilidad y un régimen diferenciado para la pesca costera de bajura y artesanal. El Gobierno español, como Estado miembro de la UE, tiene un rol clave en el Consejo de la UE y en las negociaciones trilaterales (Comisión, Parlamento y Consejo). Puede impulsar modificaciones al Reglamento (UE) 2023/2842 mediante posiciones conjuntas, enmiendas o derogaciones parciales, especialmente para la pesca de bajura artesanal.

Argumentario para modificar el Reglamento de Control 

A la hora de defender la pesca costera y de bajura disponemos de un argumentario sólido, integrando de forma clara y contundente las embarcaciones de pequeño porte y las dificultades propias del medio marino, para que pueda usarse tanto en documentos técnicos como en discurso político o reivindicativo en Bruselas. 

La normativa fue pensada en tierra firme, y no bien pensada y aplicada para el mar; el Reglamento introduce una lógica administrativa propia de entornos terrestres, estables y predecibles, trasladándola sin adaptación a un medio que es, por definición, incierto. Esto genera: incumplimientos involuntarios, sanciones desproporcionadas, e inseguridad jurídica permanente.  No se puede legislar el mar como si fuera un despacho, y menos aún cuando se trata de pesca artesanal.  

1. La normativa no se adapta a la realidad de la pesca de bajura

El nuevo Reglamento de Control (Reglamento UE 2023/2842) impone obligaciones de notificación y registro electrónico de capturas que no se ajustan al trabajo en embarcaciones pequeñas con un radio operativo y mareas cortas y sin tripulación técnica especializada. Esto representa una desconexión total entre la legislación y cómo se opera en la práctica en faenas costeras de menos de 24 h. Las organizaciones del sector denuncian que la normativa fue elaborada “desde despachos alejados del mar”, sin experiencia directa de las particularidades del trabajo artesanal, lo que resulta en reglas practicables sólo desde un punto de vista burocrático, no realista. Exceso de burocratización. 

Desde las instituciones pesqueras demandamos una mayor flexibilidad para estas pesquerías. Aunque el Reglamento pretende modernizar y armonizar el control pesquero en toda la UE, no respeta las características específicas de la pesca costera y artesanal, lo que podría traducirse en un trato desigual frente a flotas mayores o industriales. La pesca costera de bajura necesita un control proporcional y seguro, porque de lo contrario las normas pueden llevar a la paralización y/o desaparición de esta flota tradicional, alterando gravemente el tejido social y económico de numerosas comunidades costeras que dependen de esta actividad a lo largo del litoral gallego y estatal . 

 2. Amenaza a la viabilidad económica del sector que labora en un entorno inhóspito

El medio marino donde labora esta flota es un entorno inhóspito, cambiante y totalmente imprevisible. Un hábitat hostil por naturaleza donde influyen mareas, oleaje, balanceo, viento, corrientes, humedad, salinidad, corrosión…, y los cambios meteorológicos bruscos. Las obligaciones de declarar capturas desde el “kilogramo cero”, de preavisar llegada al puerto con varias horas de antelación y de pesar en condiciones peligrosas generan inseguridad jurídica y riesgo de sanciones injustas, lo que puede poner en jaque la economía de miles de pescadores artesanales. 

Entra en conflicto directo el exigir y obligar a los marineros el manipular dispositivos electrónicos para registrar pesajes y comunicaciones en cubierta, mientras el barco está faenando y en marcha ; no solo es poco realista sino que implica un incremento injustificado del riesgo de siniestrabilidad y accidentes laborales (riesgo de accidentes, caídas al mar, errores de maniobra…), en un sector que ya es de por sí de alta peligrosidad. 

Es evidente que la carga administrativa es desproporcionada por las limitaciones físicas y técnicas a las que aludimos al no estar los barcos diseñados para operar con sistemas digitales o de pesaje. La complejidad de la norma lleva aparejado riesgo real operativo y de navegación, pérdidas de tiempo, dinero y productividad 

Tomen nota los señores legisladores y los políticos porque “la prioridad en el mar debe ser siempre la seguridad de las tripulaciones, y no el cumplimiento burocrático”

 3. Castigo injusto a quienes ya pescan de forma sostenible

Por último y para rematar, en mi humilde opinión, quisiera resaltar así mismo que la pesca costera de bajura artesanal siempre destacó por aportar especies de gran variedad, calidad y frescura; pero además es un segmento que tiene bajo impacto ambiental, usa artes selectivas, y está ligada al conocimiento tradicional del medio marino. Aplicar un control excesivo y rígido a estas flotas no mejora la sostenibilidad, pero sí acelera su desaparición, beneficiando indirectamente a modelos más industrializados.

“España y Europa deben salvar la pesca costera de bajura: por seguridad alimentaria, sostenibilidad, empleo, conocimiento tradicional y para evitar que la burocracia mate un sector vital.” ¡SALVEMOS LA PESCA COSTERA DE BAJURA!

La Junta respalda la inscripción de la Indicación Geográfica Protegida ‘Pescado de Esteros deAndalucía’ en el registro europeo

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El Estado debe trasladar a Bruselas la petición de reconocimiento de esta IGP que ampararía doradas y lubinas frescas de acuicultura
La Consejería de Agricultura, Pesca, Agua y Desarrollo Rural respalda la solicitud de inscripción de la Indicación Geográfica Protegida (IGP) ‘Pescado de Esteros de Andalucía’ en el registro europeo de denominaciones de calidad agroalimentarias con la publicación de su decisión favorable en el Boletín Oficial de la Junta de Andalucía (BOJA) (https://lajunta.es/693hk). Tras confirmar que la petición tramitada por la
Organización de Productores de Pescado de Esteros de Andalucía cumple con los requisitos establecidos por la Unión Europea y no recibir ninguna declaración de oposición, el Gobierno andaluz traslada ahora el expediente al Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación para su estudio por parte de Bruselas. Como refleja su pliego de condiciones, esta IGP busca amparar lubinas (Dicentrarchus labrax) y doradas (Sparus aurata) frescas obtenidas mediante producción acuícola en esteros andaluces a través de un sistema semiintensivo de balsas excavadas en tierra firme en las provincias de Cádiz, Huelva y Sevilla. Esta zona de producción responde a las especiales características del área atlántica de Andalucía, donde las influencia mareal es mayor y, por tanto, facilita la entrada de agua marina cargada de nutrientes
y alimento natural (fitoplancton, zooplancton y alevines de otras especies) que son esenciales para la vida en el estero y que benefician a la acuicultura de forma natural.
En cuanto a la calidad de los productos, estas lubinas y doradas se caracterizan por carecer de bandas de estrés en su cuerpo. Esta señal de excelencia deriva de la baja densidad de cultivo en los esteros andaluces, que garantiza el buen desarrollo fisiológico de unos peces con musculatura tonificada y una distribución homogénea de la grasa infiltrada. También influye en gran medida en la calidad de estos alimentos
que el despesque se limita a los ejemplares solicitados por los clientes. De esta forma se garantiza que el pescado se envasa en un período máximo de cuatro horas tras su salida del estero, preservando así su frescura y características organolépticas.
Aval europeo
Con el reconocimiento de esta mención, en Andalucía se elaborarían alimentos amparados por un total de 71 denominaciones de calidad agroalimentarias. De ellas, 67 se encuentran ya inscritas en el registro europeo (29 Denominaciones de Origen –
DO-, 34 IGP y 4 Especialidades Tradicionales Garantizadas -ETG-) y otras tres cuentan con protección nacional transitoria a la espera de su registro comunitario (una DO y dos IGP).
En el caso de los productos pesqueros, en Andalucía se elaboran ya alimentos amparados por cuatro Indicaciones Geográficas Protegidas y una Especialidad Tradicional Garantizada. Se trata, concretamente, de las producciones de las IGP ‘Caballa de Andalucía’, ‘Melva de Andalucía’, ‘Mojama de Barbate’ y ‘Mojama de Isla Cristina’; y de la ETG ‘Pulpo seco de Adra’.

Las sanciones de Trump afectan a la “flota en la sombra” y crea tensiones en rutas petroleras

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Washington castiga a nueve buques y ocho empresas vinculadas al transporte de crudo iraní y eleva la presión en un tablero que ya afecta a seguros, puertos y traders

La ofensiva de sanciones de la administración de Donald Trump vuelve a situar al mundo marítimo en el centro de la geopolítica del petróleo. El Departamento del Tesoro de Estados Unidos anunció el viernes la imposición de sanciones a nueve buques de la llamada shadow fleet (flota en la sombra) y a ocho empresas relacionadas, en una medida que, según la nota oficial, busca cortar vías de financiación de Irán en un momento de fuerte tensión interna por la muerte de manifestantes y el endurecimiento del pulso con Teherán.

De acuerdo con el comunicado del Tesoro, esos buques —y sus propietarios o compañías de gestión, con entidades radicadas en India, Omán y Emiratos Árabes Unidos— habrían transportado cientos de millones de dólares en petróleo y productos petrolíferos iraníes hacia mercados exteriores. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, defendió que las sanciones apuntan a “un componente crítico” del sistema con el que Irán genera recursos, y aseguró que Washington seguirá el rastro del dinero que, según su versión, el régimen intenta canalizar hacia bancos fuera del país.

El mensaje político se acompaña de un argumento moral: el Tesoro sostiene que esos ingresos “pertenecen al pueblo iraní”, pero son desviados para financiar milicias regionales, programas de armas y servicios de seguridad, en detrimento de necesidades económicas básicas. Irán, por su parte, no respondió de inmediato a la petición de comentarios trasladada a su misión ante la ONU en Nueva York, según la información difundida.

Para el sector marítimo, el foco vuelve a la flota en la sombra, un concepto que se ha convertido en sinónimo de riesgo: buques generalmente antiguos, con propiedad opaca, estructuras societarias complejas y, a menudo, sin el seguro “top-tier” que exigen estándares habituales de petroleras y muchos puertos. La consecuencia práctica de cada ronda de sanciones suele sentirse en cadena: más escrutinio sobre fletadores, operadores, navieras, aseguradoras, brokers, agentes y puertos, y un aumento del coste del cumplimiento (compliance) y de la vigilancia documental.

El endurecimiento llega, además, con un telón de fondo militar que añade incertidumbre a las rutas energéticas. El propio Trump afirmó que Estados Unidos tiene una “armada” rumbo a Irán, aunque expresó su deseo de no tener que usarla, mientras funcionarios estadounidenses indicaron —bajo anonimato— que el portaaviones USS Abraham Lincoln y varios destructores con misiles guiados llegarán a Oriente Medio en los próximos días. En el mercado marítimo, la simple expectativa de escalada tiende a traducirse en primas de riesgo, mayor atención a los corredores de navegación y nerviosismo en seguros y fletes.

En paralelo, el pulso sancionador se proyecta también sobre el Caribe y América Latina, con efectos directos sobre la logística marítima de hidrocarburos. Según la información citada, un petrolero fletado por la comercializadora Vitol transportó hacia Venezuela el primer cargamento de nafta pesada estadounidense —unos 460.000 barriles— con destino al puerto de José, dentro de un acuerdo de suministro que incluye ventas de crudo venezolano en almacenamiento y la provisión de diluyentes necesarios para procesar el extra pesado del país. El texto señala que Washington mantiene un bloqueo estricto sobre buques sancionados que entran y salen de aguas venezolanas, lo que habría frenado envíos de otros proveedores y complicado la operativa.

Ese mismo enfoque de “máxima presión” asoma también en los planes —atribuidos a fuentes citadas por Politico— de valorar un bloqueo total de importaciones de petróleo hacia Cuba, como palanca para forzar cambios políticos, en una estrategia que pretende “alinear” a potencias regionales con Estados Unidos. Si esa vía se materializara, el impacto en el transporte marítimo sería inmediato: más restricciones, más listas de control, más riesgo reputacional y operativo para compañías que tocan esos tráficos, incluso indirectamente.

En conjunto, el patrón es claro: la política exterior estadounidense vuelve a apoyarse en el mar como frontera económica. Sancionar buques y empresas no solo castiga a un país objetivo; también reordena rutas, encarece seguros, obliga a revisar cadenas de propiedad y presiona a puertos y operadores a elevar filtros. En esa fricción constante —entre sanciones, energía y seguridad— el sector marítimo navega otra vez como protagonista involuntario de una estrategia que se decide en despachos, pero se ejecuta en alta mar.

ThinkInAzul culmina con un sistema de tallaje automático para especies del Mediterráneo

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El Grupo de Visión por Computador del instituto ai2 de la UPV adapta a nuevas especies una tecnología ya probada en atunes para conteo y estimación de biomasa

El proyecto GVA-ThinkInAzul ha llegado a su fase de cierre con un resultado tecnológico de alto impacto para la economía azul: un sistema automático de tallaje capaz de contar especímenes y medir biomasa mediante visión por computador, ahora extendido a especies marinas del Mediterráneo. La iniciativa ha contado con la participación de 39 grupos de investigación procedentes de siete comunidades autónomas, consolidando una red científica amplia en torno a la observación y gestión sostenible del medio marino.

El avance lo lidera el Grupo de Visión por Computador del instituto ai2 de la Universitat Politècnica de València (UPV), que ha logrado exportar a especies mediterráneas un sistema desarrollado originalmente para el conteo automático y la estimación de biomasa en atunes. La adaptación supone, en la práctica, trasladar a nuevos contextos una herramienta que busca objetivar mediciones, reducir tiempos de trabajo y aportar datos más homogéneos para el análisis.

Aunque el tallaje ha sido históricamente un proceso manual —con mediciones pieza a pieza, muestreos y estimaciones—, el salto a soluciones automáticas abre la puerta a procesos más ágiles y con menor margen de variabilidad, especialmente en escenarios donde la rapidez y la seguridad operativa son determinantes. En entornos reales (lonjas, muelles, instalaciones de manipulación o campañas científicas), disponer de un sistema que registre tallas y biomasa de forma consistente puede mejorar tanto la trazabilidad como la calidad del dato para evaluación de recursos.

El proyecto se enmarca en el esfuerzo por alinear innovación y cumplimiento normativo, con una presión creciente sobre la necesidad de mejorar la información de capturas y desembarques, y de reforzar la base científica para decisiones de gestión. En el Mediterráneo, donde conviven múltiples pesquerías, artes y tamaños de flota, herramientas de medición automatizada pueden contribuir a homogeneizar procedimientos y facilitar el trabajo de operadores, investigadores y administraciones.

Además del componente tecnológico, ThinkInAzul subraya una idea de fondo: la transferencia. Que una solución concebida para una especie y un tipo de operativa (atún) se pueda adaptar a otras especies y contextos indica madurez del enfoque y capacidad de escalado, un punto clave cuando se busca que la innovación no se quede en prototipo, sino que encuentre utilidad práctica.

La iniciativa ha contado con el impulso y visibilidad de actores institucionales y del ecosistema de innovación —UPV Innovación, el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades y la Generalitat Valenciana—, situando a la UPV y a su instituto ai2 como uno de los polos que empujan aplicaciones de inteligencia artificial orientadas a la economía azul.

Más información: https://lnkd.in/eS-EKaNU

Claves del proyecto

  • 39 grupos de investigación implicados y 7 comunidades autónomas participantes.
  • Visión por computador aplicada a conteo de especímenes y estimación de biomasa.
  • Tecnología trasladada desde atunes a especies mediterráneas, con potencial para usos en ciencia, control y operativa portuaria/sectorial.

El mar se sienta a la mesa en Madrid Fusión

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La feria gastronómica reúne a instituciones y firmas del sector para ganar visibilidad, abrir mercados y conectar con prescriptores. ANFACO y la Xunta exhiben el potencial de las conservas y transformados

Madrid Fusión Alimentos de España, una de las grandes citas del calendario gastronómico, vuelve a convertirse estos días en escaparate para el universo del pescado, el marisco y los productos del mar. En la edición que se celebra hasta el 28 de enero, el sector “mar-alimentario” se presenta como respuesta a un consumidor “más informado y exigente”, con propuestas que combinan tradición, innovación y formatos listos para el día a día.

La presencia más destacada, por el componente institucional y empresarial que arrastra, es la de ANFACO-CYTMA, organización histórica del complejo mar-industria que agrupa a más de 250 empresas del sector transformador. La Asociación participa en la feria con stand dentro del espacio institucional de la Consellería do Mar de la Xunta de Galicia, desde donde impulsa degustaciones y acciones de promoción para reforzar la internacionalización de las conservas y elaborados de pescado y marisco.

El formato elegido para “contar” el producto es eminentemente gastronómico. En el marco del convenio con la Consellería do Mar, ANFACO-CYTMA programa showcookings con propuestas que buscan demostrar versatilidad y potencial culinario: desde mejillón con escabeche emulsionado a sardinilla con ensalada Som Tam o chipirón con arroz de coco y ralladura de limón, elaboraciones firmadas por Miguel Vidal y Manu Barberena (Mom Culinary y Bancal, Madrid).

La agenda se completa con la colaboración en el taller Galicia Sabe Amar “Cata la Lata”, dirigido por el chef Ángel Parada (Remollo, Ames – A Coruña), y con la distribución de material divulgativo para integrar estos productos en una alimentación “equilibrada y accesible”. La propia Asociación subraya, además, que en Madrid Fusión acuden empresas industriales asociadas como expositoras y visitantes para mostrar diversidad e innovación y generar negocio, aunque en el texto facilitado no se detalla el listado de marcas. (Fuente: nota de prensa ANFACO-CYTMA, 26/01/2026).

Junto a esta presencia vinculada al tejido conservero y transformador, el ecosistema del mar en Madrid Fusión suele completarse con compañías especializadas en proteína marina de alto valor.

  • ANFACO-CYTMA, asociación y centro tecnológico del complejo mar-industria. (Nota ANFACO-CYTMA, 26/01/2026).
  • Consellería do Mar – Xunta de Galicia, como espacio institucional que acoge el stand. (Nota ANFACO-CYTMA, 26/01/2026).
  • Acciones gastronómicas vinculadas: Mom Culinary, Bancal y el taller Galicia Sabe Amar “Cata la Lata” (chef Ángel Parada).

Brittany Ferries refuerza los controles antidroga a bordo con pruebas salivales a sus marinos

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La naviera justifica la medida por seguridad operativa y por el aumento del consumo de estupefacientes en Francia, según un informe citado por la compañía

La compañía Brittany Ferries ha intensificado en los últimos meses los controles de detección de drogas entre su personal embarcado como parte de una política orientada, según explica, a garantizar la seguridad en la operación diaria de sus buques. La naviera ha comenzado a aplicar tests salivales a sus marinos navegantes en los trece ferris de su flota desde marzo de 2025, en un contexto que la empresa relaciona con el incremento del consumo de drogas en Francia y con la facilidad de acceso a sustancias durante determinadas escalas en el extranjero.

La decisión, enmarcada en la gestión de riesgos a bordo, afecta a una actividad donde la seguridad depende de forma crítica de la aptitud del personal: guardias de navegación, maniobras de atraque, operaciones con maquinaria, evacuaciones y respuesta ante emergencias. “El objetivo es garantizar la seguridad a bordo de los buques de la flota”, señala la empresa a través de su dirección de recursos humanos. En declaraciones recogidas en la información difundida, Johanna Pont, directora de RR. HH., apunta a la necesidad de reforzar estos controles ante una realidad social que, según una reciente investigación del iRAP (Institute for Rational Addiction Policies), refleja una tendencia al alza en el consumo en el país.

El movimiento de Brittany Ferries se produce, además, en un momento de mayor foco público sobre el factor humano en la seguridad marítima. En el transporte de pasajeros —donde se combinan responsabilidad operacional y atención al público— cualquier incidencia ligada a la falta de aptitud puede tener consecuencias graves. De ahí que, en distintos segmentos del sector, los programas internos de prevención y control hayan ido ganando peso, especialmente tras episodios en los que la investigación de accidentes ha subrayado la importancia de la vigilancia, la fatiga y el cumplimiento estricto de protocolos.

La compañía vincula explícitamente el refuerzo de los tests a un doble elemento: el contexto interno francés y el componente internacional del trabajo marítimo. El acceso a estupefacientes “durante escalas en el extranjero” aparece como uno de los factores que justifican la intensificación de controles, en un entorno donde la tripulación alterna periodos de navegación con estancias operativas en puertos y terminales.

El despliegue de pruebas salivales abre también el debate habitual entre seguridad y garantías: cómo se integran estos controles en la organización del trabajo, qué procedimientos se activan ante un resultado positivo, y qué medidas preventivas o de acompañamiento se ofrecen. En este punto, la naviera enmarca la decisión como un instrumento de prevención y de protección colectiva en un ámbito —el marítimo— donde la seguridad se concibe como una cadena: si falla un eslabón, el riesgo se multiplica para toda la tripulación y para los pasajeros.

Con esta política, Brittany Ferries se suma a una tendencia de mayor exigencia en los entornos críticos, donde la tolerancia al riesgo asociado al consumo de sustancias es cada vez menor. La medida, aplicada ya desde marzo de 2025, busca actuar como barrera preventiva y como mensaje interno: en un buque en servicio, la seguridad empieza por la aptitud de quienes lo operan.

El Ministerio adapta el nuevo control pesquero a la operativa española y cumple el acuerdo con el sector

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Una resolución publicada el 23 de enero en el BOE ajusta la notificación previa y aclara el diario de pesca para mareas cortas y capturas pequeñas

El Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación ha dado este viernes un paso para rebajar la tensión generada por la entrada en vigor de nuevas obligaciones del Reglamento europeo de control pesquero. Una resolución publicada hoy, 23 de enero de 2026, en el Boletín Oficial del Estado establece medidas para aplicar el sistema de forma “eficaz” en la flota española, adaptándolo a su operativa habitual sin “menoscabo” —según defiende el departamento— de las labores de control e inspección.

El texto afecta a obligaciones que son exigibles desde el pasado 10 de enero y responde, según el Ministerio, a las dificultades trasladadas por el sector. La Secretaría General de Pesca se había comprometido a concretar soluciones tras una reunión celebrada el lunes anterior con representantes de la flota, en un contexto de quejas por plazos y cargas administrativas que, en el caso de barcos de bajura, chocan con mareas cortas y retornos frecuentes al puerto base.

Uno de los principales ajustes se centra en la notificación previa del regreso a puerto. El reglamento comunitario fija un plazo de cuatro horas que, en la práctica, no encaja con buena parte de la flota española, que faena en caladeros próximos y vuelve en tiempos inferiores a ese margen. La resolución reduce el plazo dentro de lo permitido por la normativa europea, de modo que la comunicación pueda realizarse cuando el buque pone rumbo a puerto, sin que —según el Ministerio— se pierda eficacia en el sistema de control.

La norma distingue, sin embargo, entre tipologías de flota. Para los barcos que operan a mayor distancia o en pesquerías que requieren un control específico, se mantienen los plazos y medidas ya exigidos, con el argumento de preservar intacta la supervisión de la actividad.

El segundo gran bloque de medidas aborda una cuestión especialmente sensible en cubierta: las capturas de pequeño volumen. En cantidades inferiores a 50 kilos, el Ministerio reconoce la dificultad de estimar con exactitud en condiciones reales de trabajo y seguridad, y aclara que las inexactitudes en ese tramo no se considerarán infracción siempre que la declaración de desembarque refleje con precisión las cantidades por especie. El objetivo declarado es compatibilizar la obligación de anotar todas las capturas “desde el kilo cero” con la realidad técnica de la flota, evitando sanciones por márgenes de error inevitables.

El ministro Luis Planas enmarcó la decisión en una línea de equilibrio entre exigencia y viabilidad operativa. “España tiene el firme compromiso de garantizar un control riguroso y, al mismo tiempo, asegurar que nuestras flotas puedan operar con certidumbre y eficacia”, ha señalado el titular de Agricultura, Pesca y Alimentación.

La hoja de ruta no termina en el BOE. El Ministerio anticipa que el próximo lunes 26 de enero España solicitará en el Consejo de Ministros de Agricultura y Pesca de la Unión Europea, en Bruselas, una propuesta de modificación del Reglamento (UE) 2023/2842 para dotar al régimen de control de “mayor claridad y flexibilidad” y alinearlo con la operativa de la flota. “Seguiremos defendiendo los intereses de nuestro sector pesquero con determinación para lograr normas eficaces, sostenibles y operativamente viables”, añadió Planas.

Con la resolución, el Gobierno busca desatascar los puntos más conflictivos de la nueva etapa del control pesquero, especialmente en la bajura, sin renunciar al objetivo de trazabilidad y fiscalización que marca Bruselas. La reacción del sector y el debate en el Consejo de la UE del 26 de enero marcarán ahora si estas medidas son un cierre temporal de urgencia o el primer paso de una reforma más profunda del marco europeo.

Irlanda encara 2026 con la pesca bajo presión

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La caída del valor en 2024, pese a aumentar los desembarques, anticipa un nuevo golpe por recortes de cuotas

Irlanda entra en 2026 con su pesca extractiva en una encrucijada: se captura más, pero se ingresa menos. Es la principal lectura que deja el informe Ireland’s Ocean Economy al radiografiar el pulso del sector en 2024, un año en el que el volumen desembarcado por la flota sube, mientras que la facturación, el valor añadido y el empleo retroceden con fuerza.

El documento sitúa el valor de las ventas de la pesca (turnover) en unos 253,3 millones de euros en 2024, un 12% menos que el año anterior, y calcula un VAB (GVA) de 123,0 millones, con una caída del 15%. El ajuste también se nota en el empleo, con 2.371 personas vinculadas directamente a la actividad, un 12% menos. Esta evolución confirma un desgaste prolongado: entre 2019 y 2024, la pesca irlandesa reduce su facturación en torno al 12%, el VAB un 20% y el empleo un 19%, según la misma serie.

El contraste más llamativo aparece en el muelle. Los datos de la Sea Fisheries Protection Authority (SFPA) que recoge el informe apuntan a que la flota desembarcó 207.601 toneladas en 2024, un 11% más que en 2023. Es decir: hay más toneladas, pero menos valor, una combinación que el reporte vincula a dos factores que se retroalimentan: precios bajos en determinadas especies y un cambio en la mezcla de capturas, marcado por recortes en la cuota de caballa y un mayor peso de pelágicos de menor valor, como la bacaladilla (blue whiting) y el boarfish.

La estructura de la flota refleja esa diversidad. En 2024 se contabilizan 1.933 buques registrados (excluida la acuicultura), de los que 1.220 habrían estado activos, combinando embarcaciones de pequeña escala costera y unidades de mayor porte que operan en el mar de Irlanda, el mar Céltico y en la fachada oeste y noroeste. INFORME IRLANDA BUENO En ese mapa, la caballa sigue siendo la especie de mayor valor para la flota irlandesa, por delante de nephrops, cangrejo, bacaladilla, rape, vieira, langosta, eglefino y bígaro/caramujo (whelk), entre otras.

El informe también pone el foco en un rasgo silencioso del sector: el peso del trabajo no remunerado, especialmente en segmentos de flota donde la participación familiar y la implicación del armador sostienen la actividad en un contexto de escasez de mano de obra. Para 2023, BIM valora ese trabajo no pagado en 4,1 millones de euros, con un aumento interanual del 8%. INFORME IRLANDA BUENO Y anota otro detalle operativo: en 2024 crece la parte de capturas desembarcadas fuera del país, con un 15,8% del tonelaje descargado en puertos extranjeros.

La foto, en suma, es la de un sector que mantiene músculo extractivo, pero se enfrenta a una pérdida de rentabilidad y empleo, en parte por decisiones de gestión y en parte por la propia dinámica del mercado. Y el horizonte inmediato no aligera la presión. El reporte advierte de que el Consejo Agri-Fish de diciembre fijó cuotas más bajas para 2026 siguiendo el dictamen científico, con recortes para caballa, bacaladilla y boarfish. En el caso de la caballa, clave para la flota pelágica irlandesa, el texto anticipa consecuencias económicas relevantes para la industria y para las comunidades costeras que dependen de esa cadena de valor.

En el conjunto de la economía azul del país, la pesca comparte protagonismo con la acuicultura y la industria transformadora: el “sector marisco/pescado” (pesca, acuicultura y procesado) suma alrededor de 1.100 millones de euros de facturación y representa un 13,5% del empleo directo de la economía oceánica irlandesa. INFORME IRLANDA BUENO Pero, dentro de ese triángulo, la pesca extractiva llega a 2026 con un mensaje claro: la batalla ya no es solo capturar, sino capturar con valor.

El CESE pide blindar 6.100 millones para la PPC

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El dictamen, con Javier Garat como ponente, reclama un capítulo propio de pesca en el presupuesto 2028-2034

El Comité Económico y Social Europeo (CESE) ha aprobado un dictamen que eleva la presión política sobre Bruselas para que la Política Pesquera Común (PPC) cuente con una financiación obligatoria y garantizada de 6.100 millones de euros en el próximo marco 2028-2034. La cifra replica el volumen del actual periodo 2021-2027 y busca evitar que la pesca —una de las pocas competencias verdaderamente exclusivas de la UE— quede diluida en instrumentos presupuestarios más amplios, compitiendo con otras prioridades y sin una “línea” propia que aporte certidumbre a la flota y a las comunidades costeras.

El texto, cuyo ponente es el español Javier Garat, pone el foco en un debate que lleva meses creciendo: cómo se ordenará la financiación europea del sector cuando desaparezca un fondo “dedicado” como el FEMPA/EMFAF y el apoyo pase a integrarse en planes nacionales y regionales. En su propuesta presupuestaria, la Comisión defiende una arquitectura más flexible y transversal, con capacidad para movilizar recursos de distintos capítulos; de hecho, subraya que en los Planes Nacionales y Regionales existe una asignación mínima reservada de 2.000 millones de euros para “núcleos” de la PPC, además de otras posibles vías de apoyo a través de instrumentos adicionales.

Ahí está precisamente el choque. Para el CESE, esa flexibilidad puede traducirse en incertidumbre práctica: si la pesca no tiene un “capítulo” propio, la disponibilidad real de fondos dependerá más de prioridades nacionales, calendarios y negociaciones internas que de una estrategia común. Por eso, el dictamen reclama un blindaje que preserve la lógica comunitaria de la PPC y evite una carrera desigual entre Estados miembros a la hora de modernizar, innovar o sostener su tejido productivo.

El CESE también introduce un mensaje político relevante: advierte de la aparente prioridad que podría ganar el Pacto Europeo por el Océano —una estrategia sin carácter vinculante— frente a los objetivos legales de la PPC definidos en los Tratados y en su reglamento. La lectura es clara: el sector acepta coherencias y sinergias, pero no que una agenda “marco” termine desplazando el núcleo normativo de la política pesquera.

En paralelo, el dictamen conecta el debate presupuestario con la realidad de la flota. Reclama que los Estados miembros impulsen planes de modernización y renovación orientados a eficiencia energética, seguridad a bordo y condiciones laborales, subrayando que estas mejoras deben hacerse sin aumentar la capacidad pesquera. También pide una definición más flexible de la pesca costera artesanal, alineada con criterios de la FAO y de las organizaciones regionales de ordenación pesquera, para reflejar mejor la diversidad socioeconómica europea.

El trasfondo es estructural: Europa afronta una transición energética que exige inversión, pero lo hace con una flota envejecida —el propio CESE ha señalado en trabajos previos una edad media en torno a 31,5 años— y con crecientes dificultades para atraer relevo generacional. En ese contexto, el presupuesto deja de ser un asunto técnico: se convierte en la palanca que determinará si la UE puede descarbonizar y modernizar su pesca manteniendo actividad, empleo y suministro, o si el ajuste acaba traduciéndose en más dependencia exterior y menor tejido industrial costero

Los nuevos dueños árabes de Balenciaga prevén crear más de 50 empleos

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El CEO del consorcio emiratí asegura que la adquisición de la histórica compañía guipuzcoana es una «prueba de su estrategia de expansión internacional» y que la ubicación de Zumaia es estratégica para atender el crecimiento del mercado de la energía eólica marina

El grupo emiratí AD Ports Group, el nuevo propietario de Astilleros Balenciaga tras salvar a la emblemática naval de Zumaia de su disolución, prevé crear más de 50 empleos gracias a la actividad estimada. El CEO del consorcio emiratí, en sus primeras declaraciones públicas tras haber adquirido Balenciaga por 11,2 millones de euros, asegura que una cartera sólida de proyectos ya en marcha y futuros encargos vinculados tanto a su filial Safeen Drydocks como a los socios internacionales del grupo y a las necesidades de su propia flota le hacen prever que se vaya a generar empleo.

El consejero delegado del área marítima y de transporte del grupo, Ammar Al Shaiba, ha subrayado que la operación responde a una estrategia clara de crecimiento internacional. «Esta adquisición es una prueba de nuestra estrategia de expansión internacional selectiva y diversificación del portafolio», afirmó, destacando que la experiencia de Balenciaga en la construcción de buques avanzados, especialmente para la eólica marina, permitirá reforzar las capacidades del grupo y facilitar la transferencia de conocimiento entre sus distintas filiales.

Balenciaga está reconocido como un referente en la prefabricación estructural de grandes módulos para proyectos offshore y en la construcción de buques complejos. Es además uno de los pocos astilleros de España especializados en la fabricación de Service Operation Vessels (SOV), buques que funcionan como bases flotantes para parques eólicos marinos, así como en barcos de investigación, buques de apoyo offshore y remolcadores especializados.

Además, en otra idea relevante, la inversión cobra especial relevancia en un contexto de fuerte crecimiento del mercado de la energía eólica marina. AD Ports Group acaba de anunciar una alianza con Masdar para desarrollar proyectos offshore y prevé un aumento significativo de la demanda de buques SOV en los próximos años. En este escenario, la proximidad del astillero guipuzcoano al mar del Norte y a los principales mercados europeos lo sitúa en una posición estratégica para atender esa demanda, según subrayan los árabes

El astillero, que pasará a denominarse Balenciaga Shipyard, aporta casi cien años de experiencia en construcción naval y unas instalaciones consideradas entre las más avanzadas del sector. Cuenta con dos diques secos, una grada de 105 metros, una fábrica de 22.385 metros cuadrados equipada con tecnologías de automatización y fabricación avanzada, además de un centro de corte y producción de 3.530 metros cuadrados.

Las amenazas sobre Groenlandia replantean la inversión pesquera noruega en EEUU

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El Consejo Noruego de Productos del Mar alerta de que un giro geopolítico —aranceles o escalada— obligaría a replantear inversiones

La escalada política en torno a Groenlandia empieza a tener consecuencias más allá de la diplomacia y la seguridad. La Norwegian Seafood Council (NSC) —organismo público encargado de promocionar el origen “Seafood from Norway”— admite que podría verse obligada a reconsiderar e incluso retirar su campaña de promoción en Estados Unidos, valorada en 4,4 millones de dólares, si el escenario se deteriora. La advertencia la lanzó su consejero delegado, Christian Chramer, durante el Global Seafood Market Conference 2026 celebrado en Florida, al reconocer que un “cambio de escenario” forzaría a “reconsiderar y reequilibrar” la estrategia.

El telón de fondo es la amenaza de nuevos aranceles vinculada al pulso sobre Groenlandia. Según información sectorial, Donald Trump planteó tarifas del 10% a partir del 1 de febrero para un grupo de países europeos —entre ellos Noruega— y elevación hasta el 25% desde el 1 de junio de 2026 si no se alcanza un acuerdo en torno a la “compra” de Groenlandia. En paralelo, varios gobiernos europeos han denunciado públicamente la lógica de la presión comercial en un asunto de soberanía y defensa, abriendo la puerta a una respuesta coordinada.

Para Noruega, el riesgo es doble: reputacional y económico. Entre los países señalados, Noruega es con diferencia el mayor proveedor de productos del mar para el mercado estadounidense, con 1.300 millones de dólares exportados en 2024, según datos citados por medios especializados basados en NOAA Fisheries. La mayor parte de ese flujo corresponde a salmón de cultivo, y solo en filetes frescos de salmón atlántico se enviaron 29.600 toneladas por un valor de 472 millones de dólares ese mismo año.

La campaña ahora en cuestión se apoya en una apuesta estratégica: Estados Unidos es un “mercado de crecimiento” para el marisco noruego, donde el consumo per cápita sigue siendo relativamente bajo frente a otras proteínas. El propio NSC subraya que los estadounidenses consumen mucho más carne que pescado y que su trabajo en el país se centra en aumentar conocimiento y preferencia por especies noruegas, con acciones tanto en retail como en restauración. En ese enfoque, el sello de origen y la narrativa de calidad, regulación y sostenibilidad son pilares clave para diferenciarse en un mercado dominado por grandes volúmenes y una competencia internacional intensa.

La amenaza de aranceles llega, además, sobre un terreno ya sensible. Desde agosto de 2025 Estados Unidos aplica un arancel “recíproco” del 15% que, aunque no llevó al NSC a cambiar de rumbo en su marketing, sí generó “ruido y turbulencias” en el comercio, según reconoció el propio organismo en declaraciones previas. En 2025, el Consejo defendía que “el marketing es una carrera de fondo” y que su presencia en EEUU debía mantenerse pese a las tensiones comerciales. El nuevo choque, ligado a Groenlandia, pone en duda esa estabilidad de planificación: una cosa es ajustar mensajes ante un arancel ya vigente; otra, operar con la incertidumbre de un conflicto diplomático que pueda derivar en nuevas barreras o en un deterioro abrupto del clima de negocio.

De ahí la prudencia que ahora verbaliza la dirección del NSC. La promoción no se decide en el vacío: depende de previsibilidad logística, de la disposición del canal a acompañar campañas y, sobre todo, de un marco donde el “origen Noruega” sume valor en lugar de convertirse en factor de riesgo. En la práctica, cualquier endurecimiento comercial impactaría no solo en el precio final, sino también en el equilibrio entre mercados: un reordenamiento de destinos y presupuestos promocionales hacia otras regiones —Europa o Asia— sería una salida lógica si EEUU dejara de ofrecer condiciones mínimamente estables.

En el corto plazo, el sector mira con inquietud el calendario. Si las amenazas arancelarias se concretan, la campaña de 4,4 millones se convertirá en algo más que un plan de marketing: será un termómetro de hasta qué punto la geopolítica puede interrumpir —de un día para otro— la maquinaria comercial de un producto tan global como el salmón.