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jueves, febrero 12, 2026
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Itsasoratu: becas para “embarcar” el futuro de la pesca vasca

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El Gobierno Vasco relanza en Pasaia el programa que facilita prácticas reales a bordo de buques pesqueros. La iniciativa busca romper el cuello de botella del relevo generacional: un oficio exigente, cada vez con menos jóvenes y con más barreras para aprender en la mar.

La pesca vasca lleva años mirando de frente a un problema que ya no es invisible: la falta de relevo. En Pasaia, el Departamento de Alimentación, Desarrollo Rural, Agricultura y Pesca presentó una nueva edición de Itsasoratu, un programa de becas que permite a alumnado de formación náutico-pesquera realizar prácticas a bordo de buques con puerto base en Euskadi y vivir el trabajo en condiciones reales.

El diagnóstico que acompaña al anuncio es contundente. El Ejecutivo vasco recuerda que el envejecimiento del sector es una tendencia global y que la captación de jóvenes se complica tanto por la dureza del oficio como por la necesidad de formación previa, que muchas veces implica costes y obstáculos de entrada.

A ese escenario se suma un cambio silencioso: el aprendizaje “de toda la vida” —entrar de la mano de alguien y aprender en cubierta— ya no encaja fácilmente con la normativa. La propia administración admite que hoy no se puede embarcar sin estar inscrito como tripulante, lo que reduce las oportunidades de adquirir experiencia práctica, decisiva para entender caladeros, fondos y comportamiento de las especies.

Itsasoratu intenta abrir esa puerta con una fórmula sencilla: estancias equivalentes a una marea, de alrededor de 20 a 30 días, para estudiantes de ciclos formativos marítimo-pesqueros. El viceconsejero Leandro Azkue resumió la filosofía con una idea que atraviesa todo el programa: “Si queremos garantizar el futuro de nuestra pesca” hay que facilitar que las nuevas generaciones se formen “en condiciones reales” con apoyo público.

La ayuda no se limita a “poner un billete” para embarcar: cubre gastos asociados a la estancia (desplazamiento, manutención, material y equipos de trabajo) y también costes ligados a la relación formativa, como la gratificación al alumnado y cotizaciones. Además, las empresas pesqueras participantes asumen la tutela a bordo y elaboran un informe final de evaluación.

Los últimos datos difundidos por el Gobierno Vasco apuntan a una evolución al alza. En 2025 participaron 14 jóvenes, frente a 11 en 2024; y se implicaron 12 embarcaciones, frente a 9 el año anterior. Por centros, el grueso del alumnado procedió del CIFP náutico-pesquero de Pasaia (11 estudiantes), con aportaciones desde Ondarroa (1) y Bermeo (2).

La geografía del programa también retrata el mapa real de la flota: en 2025, los buques que acogieron alumnado tuvieron su base principalmente en Getaria (seis embarcaciones), además de Hondarribia, Ondarroa, Bermeo y Pasaia, evidenciando que el relevo generacional no es un reto de un solo puerto, sino del conjunto del litoral vasco.

Más allá de la foto de un curso, Itsasoratu se presenta como una política sostenida. En 2025, el Gobierno Vasco señalaba que, desde su puesta en marcha, el programa había movilizado a 128 armadores y permitido embarcar a 153 estudiantes, con experiencias en distintas tipologías (artes menores, bajura, arrastre y atuneros). Y, en el marco estatal, el Ministerio también ha citado Itsasoratu como ejemplo dentro de las iniciativas de formación y relevo, vinculándolo al Plan Estratégico vasco de pesca y acuicultura.

El mensaje de fondo es claro: sin jóvenes a bordo no hay modernización, ni seguridad, ni transición ordenada. Itsasoratu busca precisamente eso: que el primer contacto con la mar no sea un salto al vacío, sino un paso acompañado —con barcos, centros y administración remando a la vez— para que la pesca vasca siga teniendo tripulación en el futuro

EAPO pide que la futura Ley Europea del Océano ponga a la pesca “en el centro” del Pacto Azul

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La Asociación Europea de Organizaciones de Productores (EAPO) responde a la llamada de la Comisión para recabar evidencias sobre el European Ocean Act y reclama coherencia normativa, prioridad alimentaria y un reparto “justo” del espacio marítimo frente al avance de eólica marina y áreas protegidas.

La Comisión Europea ha activado la consulta de evidencias (“call for evidence”) que servirá de base para el European Ocean Act, una iniciativa legislativa prevista para 2026 y concebida como pieza clave del European Ocean Pact. El proceso, abierto desde el 12 de enero de 2026 y con plazo hasta el 9 de febrero de 2026, busca aportaciones de sectores, expertos y ciudadanía antes de una consulta pública más amplia en primavera.

En ese marco, la EAPO —que agrupa a organizaciones de productores pesqueros europeas— ha remitido su contribución formal con un mensaje nítido: la pesca y los pescadores deben figurar “en el corazón” de las políticas de economía azul si la UE quiere océanos sanos y, a la vez, una industria alimentaria marítima competitiva, resiliente y sostenible.

“Océano sano” y “pesca viable”, objetivos del mismo nivel

La organización aplaude el enfoque de “marco único” que persigue el Ocean Act, pero advierte de un riesgo: que la nueva arquitectura europea acabe sumando capas, contradicciones y cargas administrativas. Por eso pide armonizar y adaptar marcos existentes —con mención explícita a la Política Pesquera Común (PPC), cuya reforma EAPO dice respaldar— para evitar choques entre objetivos ambientales, económicos y sociales.

Seguridad alimentaria y “Blue Foods”: no sacrificar al productor primario

Uno de los ejes más políticos del documento es el de la soberanía alimentaria. EAPO sostiene que, en un contexto geopolítico tenso, la pesca europea debe ser tratada como un activo estratégico: aporta proteína y micronutrientes con baja huella de carbono y sostiene el entramado industrial costero (captura–lonja–transformación–comercialización). Además, reclama un “level playing field” con terceros países para evitar que una infrautilización en la UE desplace presión extractiva hacia regiones con menos capacidad de control.

La lectura encaja con el propio enfoque del Ocean Pact, adoptado por la Comisión en 2025, que vincula protección del océano, economía azul y bienestar de comunidades costeras, con anuncios de inversión para conservación y ciencia.

La batalla del espacio: planificación marítima, eólica y áreas protegidas

La futura ley, según la Comisión, pretende reforzar y modernizar la planificación espacial marítima como herramienta estratégica y mejorar la coordinación por cuencas marinas.
EAPO comparte el diagnóstico, pero eleva una alerta: la expansión de usos no pesqueros —energía eólica offshore, infraestructuras, zonas de conservación— está provocando pérdida y fragmentación de caladeros, desplazamiento de flotas y presión adicional sobre áreas restantes. Pide que el Ocean Act incorpore la gestión de impactos acumulativos y estrategias específicas para mitigar el “efecto dominó” del desplazamiento del esfuerzo pesquero.

En materia de MPAs, la asociación reclama equilibrio entre conservación y viabilidad socioeconómica, con enfoque participativo y vigilancia efectiva. Incluso plantea reconsiderar prohibiciones generales: no todas las artes tienen el mismo impacto, y las medidas deberían alinearse con los objetivos de cada área.

Regionalización y consejos consultivos: más poder real, menos “caja negra”

Otro punto sensible es la gobernanza. EAPO respalda la regionalización (medidas adaptadas a cada cuenca) y pide reforzar el papel de los Consejos Consultivos: más recursos, mejor coordinación con Estados miembros y, sobre todo, claridad sobre cómo la Comisión incorpora —o descarta— sus recomendaciones. Denuncia que, en la práctica, el consejo puede quedar en “consulta sin consecuencias” si no existe obligación de justificar decisiones.

Observación oceánica y datos: integrar el conocimiento del pescador

La contribución también entra en el terreno del dato. El Ocean Act se plantea como base para mejorar la gobernanza de la observación oceánica y herramientas de conocimiento.
EAPO apoya reforzar ciencia, monitoreo e integración de datos, pero reclama que la UE aproveche mejor el conocimiento operativo de las flotas. En esa línea, da la bienvenida a herramientas como el Digital Twin of the Ocean, orientado a transformar datos y modelos en conocimiento accionable para decisiones públicas.

La presión que viene de tierra: contaminación y eutrofización

El documento cierra con un recordatorio incómodo: el océano no solo recibe impactos desde el mar. EAPO exige que el Ocean Act aborde con más fuerza contaminación terrestre, calidad del agua en estuarios y costas y procesos de eutrofización que afectan a stocks y hábitats. “No se puede pedir al pescador que pague dos veces: sufrir el impacto y cargar con la culpa”, viene a resumir su planteamiento.

Qué ocurre ahora

Tras el cierre de la llamada de evidencias (9 de febrero), la Comisión prevé una consulta pública completa en primavera de 2026 y sitúa la propuesta legislativa del Ocean Act hacia finales de 2026, de acuerdo con comunicaciones vinculadas al proceso.

Para EAPO, la oportunidad es “única”: si el Ocean Act nace con coherencia, evaluación socioeconómica y reglas claras de convivencia en el mar, puede consolidar un modelo en el que restauración ecológica y producción alimentaria no compitan a suma cero. Si no, advierte implícitamente, el riesgo es otro: un océano más regulado, pero no necesariamente mejor gobernado—y una pesca europea más pequeña sin que el consumo deje de existir.

Asturias dibuja un “mapa seguro” para rayas y tiburones: tres enclaves costeros entran en el radar estatal y dos áreas ganan reconocimiento internacional

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El Espartal, La Isla y La Ñora han sido incorporados al Catálogo Español de Hábitats en Peligro de Desaparición como espacios de protección para elasmobranquios, mientras la UICN reconoce dos ISRAs entre Cabo Peñas–Valdés/Cudillero y frente a Colunga. La ciencia ciudadana y la Universidad de Oviedo han sido clave.

La costa asturiana suma nuevas coordenadas en el tablero de la conservación marina. Tres puntos del litoral —El Espartal, La Isla y La Ñora— han sido incorporados al Catálogo Español de Hábitats en Peligro de Desaparición como espacios de protección para rayas y tiburones, según informó COPE Avilés. En paralelo, el Principado refuerza su posición en el mapa científico internacional con el reconocimiento de dos Áreas de Importancia para Tiburones y Rayas (ISRA) por la UICN, una figura que identifica zonas críticas para reproducción, alimentación o refugio de especies vulnerables.

En un mar donde los elasmobranquios (tiburones y rayas) suelen aparecer en titulares por el miedo o el mito, la noticia va por otra vía: dónde viven, dónde se reproducen y qué necesita la gestión para no llegar tarde. La investigadora Laura Miralles (Universidad de Oviedo) explica que la “ISRA” asturiana no es un contorno dibujado al azar, sino el reflejo de evidencias acumuladas durante años: grabaciones submarinas y un programa de ciencia ciudadana que ha registrado, entre otros indicios, la presencia de huevos de rayas y tiburones en playas del entorno.

Tres enclaves en el radar estatal

El salto al catálogo estatal sitúa el foco sobre tres zonas concretas del Cantábrico asturiano: El Espartal (área de dunas y playa vinculada a Castrillón), La Ñora (en el entorno Gijón–Villaviciosa) y La Isla (en Colunga). La catalogación, tal como se ha difundido, implica activar medidas específicas de conservación orientadas a hábitats sensibles, con el objetivo de proteger especies que, pese a ser más frecuentes de lo que el imaginario colectivo asume, comparten una biología que las hace vulnerables: crecimiento lento, maduración tardía y baja fecundidad.

El instrumento no es menor. La Ley 42/2007 prevé la “catalogación de hábitats en peligro de desaparición” para aquellos cuya conservación o restauración exija medidas específicas. Y, aunque el propio Ministerio para la Transición Ecológica (MITECO) recuerda que el Catálogo Español de Hábitat en peligro de desaparición aún arrastra un desarrollo reglamentario incompleto, su lógica es clara: identificar tipos de hábitat amenazados y orientar actuaciones de protección y restauración.

Dos ISRAs en Asturias: un puente entre ciencia y gestión

Más allá del marco estatal, el reconocimiento internacional llega de la mano de la UICN. Asturias cuenta con dos ISRAs: un tramo que va desde Cabo Peñas hasta las proximidades del límite entre Valdés y Cudillero, y una segunda franja frente a Colunga. La división en dos “fragmentos” responde, según Miralles, a la distribución real de las evidencias: allí es donde los datos apuntan con mayor solidez a presencia y reproducción.

Conviene subrayar un matiz: una ISRA no es, por sí sola, un espacio marino protegido con prohibiciones automáticas. La Universidad de Oviedo lo explica así: se trata de un “puente” entre la investigación científica y la gestión, una cartografía útil para que administraciones y organismos de pesca puedan diseñar medidas prácticas basadas en ciencia.

Asturias en el mapa atlántico: 124 áreas y 34 en aguas españolas

La dimensión del inventario ayuda a entender el alcance. La UICN ha identificado por primera vez 124 áreas importantes en el Atlántico europeo; y, según la Universidad de Oviedo, España alberga 34, lo que representa el 27% del total. En el Cantábrico, el “triángulo” de referencia para la conservación de elasmobranquios se completa con Bermeo (Euskadi) y los Cañones de Cap Bretón (frente a Euskadi y Francia).

En estas áreas aparecen especies citadas por los equipos de trabajo como la raya mosaico, el alitán o el cazón, además de otras incluidas en listados de interés para conservación en aguas españolas. Y hay un elemento comunicativo relevante: los investigadores insisten en que hablamos de especies inofensivas para las personas, y que el objetivo es visibilizar su valor ecológico. En palabras de Miralles, “las rayas son unas grandes desconocidas”.

El reto real: la captura accidental

Que el mapa se pinte de “zonas clave” no elimina el problema principal: la captura accidental. La ciencia viene advirtiendo que determinados tiburones —especialmente los de menor tamaño y los asociados a mayores profundidades— pueden ser particularmente vulnerables en escenarios de pesca no dirigida. Un estudio liderado por la Universitat de València apunta precisamente a esa fragilidad y a la necesidad de medidas prácticas para reducir mortalidad asociada al bycatch.

Ahí es donde estos reconocimientos pueden traducirse en gestión útil: más seguimiento científico, mejores datos de presencia y reproducción, y decisiones quirúrgicas (temporales o espaciales) que compatibilicen actividad pesquera con la protección de enclaves sensibles. La propia experiencia de las ISRAs en Asturias sugiere una vía: sumar ciencia ciudadana, información pesquera y administración para pasar del mapa a la medida.

Del anuncio al plan: qué debería venir ahora

La pregunta que queda abierta es la más importante: ¿qué cambia mañana en el agua? En el caso de las ISRAs, el reconocimiento es informativo y de priorización; en el caso del catálogo estatal, el marco legal apunta a medidas específicas, pero su efectividad dependerá de cómo se concrete el instrumento y cómo se integre en políticas de costa, biodiversidad y ordenación de usos.

Asturias, al menos, ya ha colocado tres nombres —El Espartal, La Isla y La Ñora— en la agenda pública y dos grandes corredores —Cabo Peñas–Valdés/Cudillero y Colunga— en la cartografía internacional. Lo que ocurra a partir de ahí marcará si estamos ante un gesto simbólico o ante el inicio de una conservación de precisión: la que protege el lugar exacto donde la vida se juega su continuidad.

Más de 50 organizaciones piden frenar la “pesca sin reglas” del calamar gigante en alta mar

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Una declaración conjunta reclama a la OROP del Pacífico Sur (SPRFMO) límites precautorios de captura, control efectivo y transparencia para la jibia/pota (Dosidicus gigas) en aguas internacionales, donde el esfuerzo calamarero se ha disparado. El pulso se resolverá en marzo, en Panamá, con varias propuestas ya sobre la mesa.

La gobernanza del calamar gigante ha entrado en fase de cuenta atrás. Más de cincuenta organizaciones de América Latina, Europa y Norteamérica han presentado una declaración conjunta ante la Organización Regional de Ordenación Pesquera del Pacífico Sur (OROP-PS/SPRFMO) para exigir medidas inmediatas que regulen la pesca de Dosidicus gigas en alta mar del Pacífico Sur, un frente donde —según los firmantes— persiste un “vacío” de reglas efectivas y de límites de captura con base científica.

La especie no es menor: la pota/jibia es uno de los grandes commodities del mar. La declaración recuerda que el recurso supera con frecuencia el millón de toneladas anuales y que, entre 2019 y 2023, Perú habría concentrado el 51% de los desembarques, China el 41% y Chile el 7%. La lectura que plantean las entidades es doble: por un lado, el peso socioeconómico para la pesca artesanal y la industria; por otro, la fragilidad de un sistema que en la alta mar se comporta todavía como “acceso abierto”.

El nudo del conflicto está en la asimetría regulatoria. En las zonas económicas exclusivas de los países ribereños —subrayan— la actividad opera con vedas, controles y, en algunos casos, límites vinculados a recomendaciones científicas; en cambio, en aguas internacionales el marco sigue sin traducirse en un techo de capturas. En esa brecha, añaden, se ha instalado una flota calamarera de gran escala, con especial protagonismo de China.

El presidente de CALAMASUR, Alfonso Miranda Eyzaguirre, ha vuelto a señalar públicamente que la SPRFMO nació precisamente para evitar la pesca sin reglas en alta mar, pero que ese mandato aún no se ha materializado en un esquema de gestión “completo” para el calamar gigante. En el argumentario de la coalición, China habría acumulado en torno a cinco millones de toneladas en trece años y, entre 2020 y 2024, sus desembarques anuales habrían superado las 400.000 toneladas, con una flota estimada de 671 buques. Son cifras aportadas por los firmantes para ilustrar el salto de capacidad.

La presión, aseguran, ya se percibe en el termómetro científico. El texto cita alertas del Instituto de Fomento Pesquero de Chile (IFOP) sobre señales de deterioro en la condición de la población de calamar en aguas internacionales, un elemento que alimenta la demanda de un enfoque precautorio antes de que el deterioro sea irreversible.

La discusión llegará con nombres y apellidos a la 14ª reunión de la Comisión de la SPRFMO, prevista del 2 al 6 de marzo de 2026 en Ciudad de Panamá. En la agenda ya figuran propuestas para modificar la medida de conservación del calamar (la conocida CMM 18) y, sobre todo, para pasar de la fase “de datos” a la fase “de límites”.

Porque el antecedente existe, pero se quedó corto. La SPRFMO adoptó en 2020 su primera medida específica para la pesquería de calamar gigante —aprobada en la reunión de Vanuatu— y el texto de la CMM estableció su entrada en vigor el 1 de enero de 2021. Aquella arquitectura puso el foco en recopilación de información, seguimiento y control, pero sin implantar un verdadero sistema de topes precautorios de captura.

En Panamá se discutirán enmiendas concretas: por ejemplo, una propuesta de Estados Unidos y Nueva Zelanda plantea reducir un 15% los límites de número de buques y tonelaje autorizados como respuesta precautoria ante señales de caída de capturas y de CPUE, mientras otra propuesta peruana propone crear una “zona tampón” (buffer zone) para el calamar en el área de la convención.

El capítulo social también ha entrado en el paquete. La coalición pide que la gestión incorpore estándares verificables de transparencia, reportes obligatorios y vigilancia, y que no se ignore el componente laboral en una actividad asociada históricamente a riesgos de abuso en ciertas flotas de aguas distantes. En años recientes la propia discusión en SPRFMO ha incluido medidas relacionadas con monitoreo y derechos laborales en esta pesquería.

Con Europa como mercado de destino y la Unión Europea sentada como miembro en la mesa de la SPRFMO, el desenlace de Panamá interesa más allá del Pacífico: el calamar gigante es proteína y es industria, pero también un test de credibilidad para la gobernanza de alta mar. Y, como advierten los firmantes, el debate del Pacífico Sur funciona de espejo para otros bordes “olímpicos” del planeta —del Atlántico Sur al Índico— donde la ausencia de reglas robustas termina convirtiendo la sostenibilidad en una carrera a toda máquina

El Gobierno abre a audiencia pública la nueva orden de topes de captura por buque para la gamba roja del Mediterráneo

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El proyecto de Orden APA/XX/2026 estará en información pública hasta el 17 de febrero y fija un reparto anual por barco en el stock ARA/GF1-7, con una reserva del 4% y un nuevo criterio basado en los tres mejores años de captura entre 2019 y 2024.

El Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) ha abierto el trámite de audiencia e información públicas del proyecto de Orden APA/XX/2026 que regulará los límites individuales de capturas por buque de gamba roja (Aristeus antennatus) en el Mediterráneo para el stock ARA/GF1-7 (subzonas geográficas 1, 2, 5, 6 y 7 de la CGPM).

El periodo para presentar observaciones se extiende del 9 al 17 de febrero de 2026 (ambos inclusive). Las alegaciones deben remitirse al correo [email protected] indicando la referencia “Alegaciones Orden Gamba Roja”, según la convocatoria publicada por el Ministerio.

La norma se apoya en el marco europeo de posibilidades de pesca para 2026. El Reglamento (UE) 2026/266 fija para España un límite máximo de capturas de 708,3 toneladas (peso vivo) para la gamba roja en estas subzonas del Mediterráneo occidental, cifra que actúa como techo nacional a repartir.

En la exposición de motivos, el borrador recuerda que el CCTEP advirtió en 2025 que la mortalidad por pesca de la gamba roja en estas áreas seguía lejos del Rendimiento Máximo Sostenible (RMS) y que, en 2026, recomienda mantener las medidas adoptadas desde 2022: reducción del esfuerzo y límites máximos de captura en aguas profundas para gamba roja y langostino moruno.

Qué cambia el borrador: históricos más amplios y reserva “operativa”

El artículo 2 introduce el mecanismo central: cada arrastrero del caladero Mediterráneo tendrá un límite individual anual, que se calculará en función de la cuota asignada a España en el reglamento anual de la UE. El reparto se hará con la media de capturas históricas de cada buque, pero con una novedad relevante: se toma la media de los tres años más favorables para cada barco dentro del periodo 2019–2024, excluyendo el resto.

Además, el borrador establece que antes del reparto se deducirá un 4% de la cuota para formar una reserva, destinada a computar capturas accesorias de otros buques y, también, a cubrir la entrada en actividad de barcos que se reactiven desde baja provisional o se incorporen por nueva construcción durante el ejercicio (con comunicación a la Dirección General antes del 31 de mayo).

Las limitaciones individuales no se fijarán directamente en la orden: se publicarán posteriormente mediante resolución de la Secretaría General de Pesca en el BOE, donde quedará el listado de topes por buque. El incumplimiento se sancionará conforme al régimen de infracciones de la Ley 3/2001.

Deroga la orden de 2025

El texto sometido a audiencia pública incorpora una derogación expresa de la Orden APA/467/2025, vigente hasta ahora para el mismo stock. Aquella norma ya contemplaba la reserva del 4%, pero calculaba los históricos “a partir del año 2022”, mientras que el nuevo borrador amplía la ventana y selecciona los tres mejores años entre 2019 y 2024, además de detallar el uso de la reserva para altas/reactivaciones.

Para la flota de arrastre de fondo del Mediterráneo, la gamba roja sigue siendo un recurso “de alto valor” y de fuerte impacto socioeconómico en distintas comunidades del litoral. El MAPA busca con este paso ajustar el reparto nacional al marco europeo de 2026 y reforzar la trazabilidad del esfuerzo de gestión en un stock que la ciencia sigue observando con lupa.

El Gobierno publica el reparto definitivo de la cuota de caballa y adelanta un mes la planificación de la campaña en el Cantábrico

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El Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) ha movido ficha con antelación para dar oxígeno a una de las pesquerías más sensibles del inicio de año en el norte. Este 9 de febrero de 2026, y mediante resoluciones publicadas en el Boletín Oficial del Estado, la Secretaría General de Pesca ha formalizado el reparto de las cuotas definitivas de caballa sur para la flota de cerco y arrastre de fondo del caladero Cantábrico y Noroeste, acompañándolo de la asignación inicial de otras especies asociadas a sus planes de gestión —como jurel, merluza o cigala—.

La decisión llega con un matiz operativo clave: la publicación se adelanta casi un mes respecto a la campaña anterior para que la flota pueda planificar mejor su actividad desde el arranque del año, con mayor certidumbre económica y logística, justo cuando se aproxima el inicio efectivo de la costera de caballa sur. En la práctica, el MAPA busca evitar el escenario recurrente de enero y febrero: barcos con estrategia comercial y mareas por definir mientras se ajustan números, porcentajes y ventanas de apertura.

El dato central del anuncio es la cifra: una cuota definitiva de caballa sur de 9.475 toneladas para 2026, una cantidad que no se limita a lo que “venía de serie” en la asignación española, sino que incorpora volumen adicional obtenido por tres vías: intercambios con otros Estados miembros, uso de condiciones especiales y aplicación del mecanismo de flexibilidad interanual. De hecho, en la reunión previa con el sector, la propia Secretaría General de Pesca explicó que la asignación disponible para el caladero Cantábrico-Noroeste se había logrado incrementar de forma notable, pasando de 6.563,35 a 9.475,24 toneladas.

Detrás de ese “salto” hay un contexto europeo enrarecido. En 2025, las rondas de consultas entre Estados costeros no cerraron un gran acuerdo sobre reparto y TAC, y la caballa quedó expuesta a decisiones unilaterales y tensiones de gestión que terminaron por contagiar a los Estados miembros. Esa incertidumbre explica por qué el BOE tuvo que ir ajustando el marco: primero se publicaron cuotas iniciales para múltiples especies a finales de enero, y después se incorporó el reparto específico de caballa para las modalidades autorizadas al aproximarse la campaña.

En el detalle normativo, las resoluciones del 7 de febrero aterrizan el reparto por modalidades. Para arrastre de fondo del Cantábrico y Noroeste, el BOE fija una cuota adaptada de caballa de 2.924 toneladas, incorporando —además de la cuota inicial— parte de la flexibilidad, un “banking” procedente de Polonia y la aplicación de una condición especial del stock, con ajustes posteriores cuando se cierre definitivamente el consumo de 2025. Para el cerco del mismo caladero, la cuota definitiva publicada asciende a 3.249 toneladas, siguiendo el mismo principio: añadir a la cuota inicial los elementos correctores para elevar el volumen disponible. El cuadro completo se termina de entender cuando se observa que, junto a cerco y arrastre, la caballa sur se gestiona también para otras artes, de modo que el total de campaña se consolida en esas 9.475 toneladas anunciadas por el Ministerio.

El MAPA subraya el alcance social y empresarial del reparto: el paquete de cuotas de caballa y otras especies vinculadas a estos planes de gestión impacta sobre un universo amplio de embarcaciones, con especial relevancia en el norte pero también con efectos en el Golfo de Cádiz y en arrastreros que faenan en aguas de Portugal bajo el paraguas regulatorio español. En su comunicación oficial, el Ministerio cifra en cerca de 4.300 buques los beneficiarios del esquema (cerco, arrastre y otras artes), y concreta que la mejora de cuota contribuye a sostener la sostenibilidad socioeconómica de 230 cerqueros, 57 arrastreros y más de 4.000 unidades de otras artes en el Cantábrico-Noroeste.

La administración admite, además, que la campaña no se “abre” de golpe para todos por una razón biológica y operativa: la caballa es una especie de fuerte carácter migratorio, y la Secretaría General trabaja en resoluciones de apertura de pesca dirigida para otras artes por provincias, con una apertura escalonada que busca ajustar mejor el aprovechamiento del recurso y evitar picos de esfuerzo desordenados. En ese enfoque se juega parte del equilibrio anual: la caballa es un producto muy valorado por hostelería y comercio, pero también una especie con un pulso biológico que obliga a hilar fino para no comprometer el stock.

Con el BOE ya publicado y las cifras cerradas, el tablero para la flota cambia de color: hay números definitivos, hay margen para programar mareas, compromisos de venta y logística, y hay también un mensaje político dirigido a Bruselas y a los Estados costeros: España pretende amortiguar el impacto de una reducción de cuota inicialmente planteada y mantener un “suelo” que permita que el inicio de año no se convierta en una carrera contra el calendario.

En términos de crónica, el 9 de febrero deja una fotografía nítida: administración y sector llegan al arranque de campaña con más cuota de la que marcaba la salida, gracias a intercambios y mecanismos comunitarios, pero con la vista puesta en una gestión que seguirá bajo presión. Porque la caballa, en el Cantábrico y el Noroeste, no es solo una pesquería: es una pieza de estabilidad para decenas de puertos, miles de tripulaciones y una cadena de suministro que necesita certezas para que el mercado —y el muelle— funcionen.

Bruselas “toma nota” del sector ante el nuevo Control Pesquero con la letra pequeña tensando la implantación

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La Dirección General de Pesca responde a los Consejos Consultivos del Noroeste, Pelágico y Mar del Norte y asegura que incorporó sus aportaciones en los actos delegados y de ejecución aprobados antes de la entrada en vigor de enero de 2026

La Comisión Europea ha contestado, con retraso pero con tono conciliador, a la carta remitida el 23 de mayo de 2025 por tres de los principales Consejos Consultivos (ACs) —NWWAC, PelAC y NSAC— sobre la aplicación del Reglamento de Control de la Pesca revisado. En la misiva, firmada por Charlina Vitcheca, Bruselas agradece el “compromiso sostenido” del sector, pide disculpas por la demora y subraya que las recomendaciones trasladadas por los ACs “fueron debidamente tenidas en cuenta” en la preparación de los actos de ejecución y delegados ya adoptados y publicados, con la vista puesta en la entrada en vigor de determinadas obligaciones en enero de 2026.

El intercambio no es menor: los ACs habían trasladado a la Comisión un diagnóstico muy amplio tras un taller conjunto celebrado el 5 de febrero de 2025, que reunió a varios consejos consultivos (del Báltico, Mediterráneo, Larga Distancia, Regiones Ultraperiféricas y Aguas Sudoccidentales, además de los tres firmantes). El objetivo era despejar dudas de interpretación y, sobre todo, anticipar problemas prácticos en la implantación de medidas clave previstas para 2026 y 2028.

En su respuesta, la Comisión reivindica precisamente ese taller como prueba de que el enfoque colaborativo “funciona” y se muestra dispuesta a participar en una segunda sesión si los ACs vuelven a convocarla. Pero, al mismo tiempo, deja claro que algunos de los grandes anhelos del sector no dependen directamente de la DG MARE. Un ejemplo simbólico: la petición de publicar una versión consolidada del reglamento revisado —con todas las modificaciones integradas— para facilitar la seguridad jurídica a pescadores, operadores y administraciones.

Sobre ese punto, Bruselas comparte el interés por la “claridad y accesibilidad” del texto, pero recuerda que la elaboración de consolidados corresponde a la Secretaría del Consejo y a la Oficina de Publicaciones, y que la “próxima actualización” se espera en 2026, una vez entren en vigor las disposiciones pendientes. Es decir: la herramienta que el sector reclama para navegar el nuevo marco normativo seguirá sin estar plenamente disponible, al menos, hasta que el calendario comunitario lo permita.

Once frentes técnicos que marcan el pulso de la reforma

La carta conjunta de NWWAC, PelAC y NSAC no se limitaba a una queja genérica: ordenaba las dudas por capítulos y ponía el foco en un riesgo central para la competitividad: que el reglamento, en lugar de armonizar, acabe creando un mosaico de interpretaciones nacionales. Entre los asuntos destacados figura el REM (Remote Electronic Monitoring), el control con cámaras y sensores para vigilar el cumplimiento de la obligación de desembarque. Los ACs piden que la definición de “alto riesgo de incumplimiento” se realice con criterios homogéneos —idealmente con un papel claro de la Comisión y de la EFCA— para evitar que cada Estado miembro aplique el listón a su manera.

En el mismo paquete aparece la carga operativa de los diarios electrónicos. Los consejos consultivos alertan de que la obligación de completar el cuaderno por cada operación de pesca puede disparar el número de registros diarios en artes con alta rotación, elevando tiempos, errores y riesgos de seguridad a bordo (especialmente con mala mar). La receta que proponen es simple: ajustes estandarizados, simplificación y protocolos armonizados en toda la UE.

El reglamento también baja al detalle del segmento más sensible: la pesca artesanal. Los ACs expresan preocupación por el coste y el tamaño de los dispositivos de seguimiento para embarcaciones pequeñas y piden que la trazabilidad y el control se adapten a tipo de arte, pesquería y zona, evitando imponer un modelo único. Aquí, reconocen que la Comisión trabaja en un sistema de seguimiento simplificado, pero insisten en que debe diseñarse con el sector para que sea usable, accesible y no se convierta en otro “peaje” tecnológico.

Otro foco de fricción es el régimen de infracciones graves y el equilibrio entre disuasión y proporcionalidad. El sector reclama que no se sancione con dureza por errores administrativos menores o situaciones de fuerza mayor, defendiendo un enfoque basado en riesgo que preserve la cooperación y la cultura de cumplimiento. En paralelo, la carta entra en un terreno especialmente delicado: los protocolos de desembarque y pesaje. Se pide estandarización real entre Estados miembros y, a la vez, flexibilidad “debidamente justificada” para especies y circunstancias donde el pesaje puede comprometer la cadena de frío o encarecer de forma desproporcionada la operativa.

La Margen de Tolerancia (MoT) aparece como uno de los puntos más calientes. Los ACs describen la dificultad de aplicar muestreos representativos en grandes capturas de pequeños pelágicos sin clasificar, donde detectar pequeñas proporciones de especies acompañantes puede ser literalmente “buscar una aguja en un pajar”. El temor es doble: errores inherentes al muestreo que deriven en incumplimientos y que esos incumplimientos se clasifiquen como infracción grave, con consecuencias administrativas o incluso penales en algunos países.

También se cuestiona la implantación del control de potencia de motor mediante dispositivos tipo “caja negra”: quién paga, cómo se almacenan los datos, cómo se distingue navegación de pesca, qué significa “potencia real” frente a “capacidad máxima” y, sobre todo, cómo se gestiona el mantenimiento cuando cualquier ajuste puede requerir recertificación, con semanas de parada técnica. Los ACs piden un marco técnico claro para proveedores y operadores antes de que la medida eche a andar.

Y, por debajo de todo, late una pregunta que no es técnica sino financiera: ¿quién financia la transición? En su carta, los consejos consultivos piden un uso más homogéneo y accesible del Fondo Europeo Marítimo, de Pesca y de Acuicultura (FEMPA/EMFAF) para sufragar equipos y obligaciones de control, reducir burocracia y evitar desigualdades entre Estados. Aportan incluso una estimación orientativa: instalar REM en un buque de 56 metros podría rondar 19.000 euros (sin sensores) más unos 1.500 euros anuales de costes de datos, cifras que se disparan en buques antiguos sin preinstalación.

La lista se completa con dos capítulos que afectan de lleno al día a día: la estiba separada de capturas demersales por stock (artículo 44), considerada poco práctica cuando la lista de stocks bajo planes plurianuales es amplia, y la trazabilidad digital a lo largo de la cadena, donde el sector denuncia incertidumbre sobre requisitos concretos y teme que cada país defina “lo suficiente” a su manera, generando distorsiones y problemas en mercados de exportación.

Qué responde la Comisión y qué queda por despejar

En su contestación, Bruselas evita entrar al detalle de cada punto —no resuelve uno por uno los interrogantes—, pero sí envía dos mensajes políticos: primero, que las aportaciones del sector se han incorporado en los actos adoptados antes de enero de 2026; y segundo, que la Comisión quiere mantener el canal abierto y está dispuesta a volver a sentarse en un nuevo taller. Para la flota y la industria, esa apertura es relevante, pero no sustituye a lo que se reclama desde hace meses: certeza operativa, armonización real y un calendario de implantación compatible con la capacidad técnica del mercado y con la economía de las empresas.

En el fondo, la reforma del control no se discute por su objetivo —más trazabilidad, más coherencia, más garantías frente a la competencia desleal—, sino por su ejecución. Y la ejecución, como muestran las cartas cruzadas, se juega en una frontera delicada: imponer lo necesario para que el sistema sea creíble sin convertirlo en una jungla de obligaciones que acabe golpeando a los operadores europeos… y dejando intactas las asimetrías con terceros países.

Para la pesca española, con una flota heterogénea y una cadena comercial extensa, el resultado de este pulso europeo tendrá traducción inmediata: costes, procedimientos, sanciones, digitalización y acceso a ayudas. La Comisión asegura que “toma nota”; el sector pide que esa nota se convierta en reglas claras, homogéneas y aplicables en cubierta, en lonja y en mercado.

Los pescadores de angula piden “medidas eficaces” pero rechazan el relato de una extinción inminente

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La Asociación Ibérica de Pescadores de Angula responde a la propuesta del MITECO de incluir la angula en el LESPRE: admite el declive histórico de la anguila europea, pero reclama rigor, proporcionalidad y un plan que combine conservación y viabilidad social

La Asociación Ibérica de Pescadores de Angula ha salido al paso del debate abierto en torno a la situación de la anguila europea con un mensaje doble: reconoce el “grave declive histórico” de la especie, pero considera que ese diagnóstico no justifica hablar de una extinción inminente. El colectivo, que integra a pescadores de Galicia, Asturias, Cantabria, Cataluña y Portugal, fija así posición ante la propuesta del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) de incluir a la angula —la cría de la anguila— en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial (LESPRE).

La discusión no es menor. En la práctica, el LESPRE supone elevar el nivel de protección administrativa y, con ello, abrir la puerta a restricciones adicionales que afectarían a una pesquería de alto valor comercial y fuerte arraigo local. La asociación advierte de que la conservación debe abordarse con medidas eficaces, pero evitando diagnósticos “alarmistas” que, a su juicio, pueden llevar a decisiones rápidas con consecuencias profundas para comunidades costeras y fluviales.

El sector sostiene que el problema de la anguila no puede reducirse a una sola variable —la extracción— y reclama que el enfoque sea integral. La especie atraviesa un ciclo vital complejo, dependiente de ríos, estuarios y conectividad ecológica. Por eso, los pescadores piden que cualquier endurecimiento normativo vaya acompañado de actuaciones verificables sobre las presiones que inciden en el reclutamiento y la supervivencia: calidad del hábitat, barreras en los cursos de agua, alteraciones hidrológicas, contaminación y mortalidad incidental.

En ese marco, la asociación reclama rigurosidad en el lenguaje y en los indicadores. Admitir un declive severo —insisten— no equivale automáticamente a certificar una desaparición a corto plazo. Traducido a política pública, el mensaje es una llamada a no confundir la urgencia con la simplificación: la especie necesita protección, sí, pero también un diagnóstico actualizado, transparente y compartido que permita calibrar el impacto real de cada medida.

La propuesta del MITECO de incorporar la angula al LESPRE introduce un elemento de tensión entre administraciones y sector productivo: el equilibrio entre precaución y proporcionalidad. Para Europa Azul, el punto de fricción será si el nuevo encaje legal se convierte en un instrumento de ordenación y recuperación con calendario, financiación y objetivos medibles, o si deriva en un marco restrictivo sin alternativas económicas y sin medidas estructurales sobre los factores no pesqueros.

Los anguleros, por su parte, tratan de colocar la discusión en el terreno de la gestión adaptativa: reglas claras, controles efectivos y ajustes en función de resultados. En otras palabras, aceptan el principio de reforzar la conservación, pero piden que las decisiones se apoyen en evidencias y que el esfuerzo exigido al sector sea coherente con la contribución real de cada presión al estado de la población.

A la espera de cómo evolucione la tramitación del LESPRE, el debate llega con una conclusión evidente: la anguila se ha convertido en un símbolo de la transición ecológica en el agua dulce y en los estuarios, donde conservación y actividad económica chocan con facilidad si no se construyen puentes. El sector pide diálogo y medidas “que funcionen”. La Administración busca elevar la protección. En medio, una especie cuya recuperación exige tiempo, coordinación y políticas que vayan más allá de la prohibición.

La Seafood de Barcelona acelerará la acuicultura tecnológica

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La Aquaculture Innovation Zone crece y se consolida como termómetro del nuevo modelo productivo: datos, automatización y sostenibilidad “medible” para ganar eficiencia, controlar riesgos y asegurar suministro

Del 21 al 23 de abril de 2026, el Seafood Expo Global / Seafood Processing Global regresa a Barcelona con un mensaje difícil de ignorar: la acuicultura deja de ser un capítulo periférico para ocupar un lugar estratégico en la gran feria mundial de los productos del mar. El cambio no es solo estético —un espacio más o un programa más—, sino de enfoque: el evento pone el acento en la acuicultura como infraestructura industrial clave para sostener volúmenes, calidad y continuidad en un mercado cada vez más exigente.

La principal novedad de esta edición es la evolución de la Aquaculture Innovation Zone, ubicada en el Pabellón 1, que pasa de “área temática” a plataforma ampliada alrededor de soluciones tecnológicas que ya están rediseñando los modelos de producción. La lectura para la cadena de valor es clara: si hace unos años la innovación era un valor diferencial, hoy empieza a convertirse en condición de entrada para competir.

La acuicultura soporta una parte creciente del abastecimiento global y, precisamente por ese peso, vive bajo una presión múltiple: regulatoria, climática, biológica y financiera. En ese contexto, la tecnología deja de ser un “mejoramiento” incremental para convertirse en herramienta de control: control del coste, del riesgo sanitario, de la variabilidad ambiental y del rendimiento productivo. Cuando la presión sube, la innovación deja de ser opcional.

La Aquaculture Innovation Zone nace para concentrar, en un mismo perímetro, empresas que aportan respuestas operativas a nudos concretos del negocio: gestión de instalaciones y procesos, sensórica y monitorización ambiental, alimentación inteligente, salud y bienestar animal, genética, tratamiento de aguas, plataformas software y sistemas de decisión basados en datos. El conjunto dibuja una tendencia que gana velocidad: la acuicultura entra en una fase donde digitalización y automatización ya no se venden como futuro, sino como el presente.

En el centro de esa transición hay un hilo conductor: la producción se desplaza hacia modelos dirigidos por datos, donde la ambición no es solo producir más, sino producir de forma más estable y con una variabilidad más gobernable. En términos prácticos: reducir desperdicio de pienso y ajustar raciones con parámetros reales; detectar antes señales de estrés o enfermedad; afinar la gestión del agua y de las condiciones ambientales; y adoptar herramientas predictivas —incluido aprendizaje automático— para anticipar eventos críticos y tomar decisiones más rápidas.

Es, en esencia, un proceso de madurez industrial que acerca la acuicultura a lógicas de manufactura avanzada: medición continua, trazabilidad de procesos, indicadores de rendimiento y protocolos reproducibles. El resultado impacta directamente en coste unitario, tasa de conversión, mortalidad, calidad final y, por extensión, en la competitividad de los operadores.

El propio programa de conferencias refuerza esa idea: no se trata solo de exhibir tecnología, sino de conectar la innovación con decisiones estratégicas. Conceptos como automatización, machine learning, blue foods, sostenibilidad aplicada y gestión responsable aparecen no como eslóganes, sino como palancas operativas para escalar sin perder control, calidad, transparencia y cumplimiento.

Para el Mediterráneo, el foco tiene doble filo. Por un lado, porque la competencia se traslada cada vez más a la eficiencia y a la capacidad de integrar tecnología, lo que exige alianzas y talento. Por otro, porque la reputación del producto ya no se sostiene únicamente en el resultado organoléptico: también en la capacidad de demostrar cómo se ha obtenido ese resultado. Datos, trazabilidad, parámetros ambientales, gestión sanitaria y gobernanza del proceso entran en la ecuación de valor.

Barcelona 2026 se perfila así como un observatorio útil para distinguir entre lo que todavía es “piloto” y lo que empieza a convertirse en estándar de mercado. Que la acuicultura gane centralidad en un evento que concentra a decenas de miles de profesionales indica que compradores, inversores y decisores miran al cultivo no como complemento, sino como componente estructural de la oferta global. Y cuando el mercado exige continuidad, la tecnología deja de ser un plus: pasa a ser el mecanismo con el que la cadena intenta garantizar suministro sin trasladar costes ambientales ni aumentar la fragilidad del sistema.

Qué buscar en la Aquaculture Innovation Zone (Pabellón 1)

  • Monitorización ambiental y sensórica (agua, oxígeno, temperatura, calidad)
  • Alimentación de precisión y optimización de raciones
  • Salud animal, bioseguridad y detección temprana de patologías
  • Tratamiento y recirculación de agua, eficiencia energética
  • Software de gestión y plataformas de decisión basadas en datos
  • Automatización de procesos y herramientas predictivas

Redes4Value: de residuo marino a materia prima “premium” para la industria

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La solución colaborativa para las ‘redes de pesca fantasma’ ya trabaja con reciclado mecánico, químico y extrusión reactiva para transformar poliamidas abandonadas en nylon reciclado, films, piezas de automoción y demostradores impresos en 3D

Cada año, miles de redes de pesca quedan fuera de uso y parte de ellas acaba abandonada o perdida en el mar. Son las llamadas redes fantasma: un residuo persistente que puede seguir capturando fauna durante años, degradarse en microplásticos y convertirse en un problema silencioso para ecosistemas, pesca artesanal y navegación.

Con esa urgencia como punto de partida nace REDES4VALUE, un proyecto que busca convertir el problema en oportunidad: recuperar redes de pesca de poliamida y llevarlas a una cadena de valorización capaz de devolverlas al mercado como materiales de alto valor añadido, evitando que terminen en vertedero —o, peor aún, en el océano—. 

La iniciativa no juega en solitario. REDES4VALUE reúne a AIMPLAS (Instituto Tecnológico del Plástico), la Universitat de València, y las empresas UBE y ZIKNES, un consorcio que mezcla ciencia, tecnología de procesos e interés industrial para cerrar el círculo con garantías de calidad. 

El foco está puesto en la poliamida (PA6), un material muy presente en redes y aparejos y con una ventaja clave: su estructura permite reciclado químico para recuperar monómeros (como la caprolactama) y obtener nuevos materiales con prestaciones equivalentes a materia prima virgen, si se controla bien la purificación. 

En la “cocina” tecnológica del proyecto conviven varias rutas: reciclado mecánico, extrusión reactiva y reciclado químico. Entre las técnicas que se están evaluando figuran procesos como la despolimerización hidrotérmica o la solvólisis con líquidos iónicos, precisamente para atacar el gran reto del residuo real: redes muy degradadas, mezcladas y con impurezas. 

¿Y qué sale al final del proceso? El objetivo es obtener PA6 y copoliamidas de alta calidad y traducirlas en aplicaciones concretas: films para envase (por ejemplo, mediante extrusión de film soplado), cubiertas agrícolas, piezas inyectadas para automoción y bienes de consumo, e incluso piezas de gran formato mediante impresión 3D como demostradores industriales. 

La financiación y el calendario también marcan ambición. El proyecto figura con un presupuesto de 1.001.476,5 euros y un horizonte de trabajo que llega hasta finales de 2026 (con arranque en 2024 según la ficha del proyecto), en el marco de apoyo de IVACE+i Innovación y fondos europeos FEDER. 

Otro elemento decisivo es el suministro: para que la economía circular funcione, la materia prima debe llegar de forma estable y trazable. En esa línea, diversas publicaciones del sector señalan la colaboración con Sea2See para el aprovisionamiento de redes recuperadas —incluida la mención a Ghana—, reforzando la idea de una cadena de valor que empieza en la recogida y termina en una nueva familia de materiales industriales. 

Más allá del laboratorio, el mensaje de REDES4VALUE es estratégico: demostrar que los residuos marinos —especialmente los más complejos— pueden reintroducirse en la industria sin “downcycling” (sin perder valor), ofreciendo una alternativa real a materias primas vírgenes en sectores intensivos como el packaging, la automoción o la agricultura. Si la escalabilidad acompaña, el modelo podría ser replicable en territorios con actividad pesquera y logística portuaria, donde el reto de las redes fuera de uso es cotidiano.

Claves del proyecto

  • Residuo objetivo: redes de pesca de poliamida (PA6). 
  • Consorcio: AIMPLAS, Universitat de València, UBE y ZIKNES. 
  • Tecnologías: reciclado mecánico, químico y extrusión reactiva. 
  • Aplicaciones: films, cubiertas agrícolas, inyección para automoción y 3D de gran formato. 

ARVI denuncia el “colapso” de CATCH y reclama un plan de contingencia

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La cooperativa de armadores de Vigo alerta de fallos “estructurales” en el nuevo sistema europeo de certificados de captura, obligatorio desde el 10 de enero

La implantación del sistema digital CATCH —la herramienta única de la UE para gestionar los certificados de captura de los productos pesqueros en importación, reexportación y exportación— ha abierto un frente de máxima tensión entre el sector y la Administración. La Cooperativa de Armadores de Pesca del Puerto de Vigo (ARVI) remitió el 29 de enero un escrito urgente a la Secretaría General de Pesca en el que denuncia una puesta en marcha “muy defectuosa” que está convirtiendo los trámites aduaneros y sanitarios en un cuello de botella con impacto directo sobre la logística, los costes y el suministro de materia prima.

CATCH entró en vigor el 10 de enero de 2026 como sustituto del procedimiento en papel y como pieza central del refuerzo comunitario contra la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada (INDNR). La Comisión defiende que el sistema debe armonizar controles y mejorar la trazabilidad en un mercado que depende fuertemente del exterior: la propia UE recuerda que las importaciones de productos del mar representan una parte mayoritaria del consumo comunitario.

Sin embargo, ARVI sostiene que el despliegue se ha hecho “sin garantías de operatividad” y que está asfixiando tanto a buques de pabellón español que exportan como a sociedades mixtas con procesado en España que necesitan importar producto para abastecer líneas industriales. En el escrito, la organización describe un “desaguisado” administrativo con al menos once puntos críticos. Entre los más graves, cita la inestabilidad técnica —con caídas recurrentes—, límites de adjuntos “obsoletos” (con un tope que ha sido motivo de polémica en varios puertos europeos) y una burocracia que obliga a duplicar o triplicar la introducción de datos operativos (buque, conocimiento de embarque y contenedor), anulando, en la práctica, la promesa de simplificación.

El núcleo del problema, según la cooperativa, es el tiempo: ARVI habla de demoras de hasta diez días en la revisión de solicitudes, un retraso que en mercancías perecederas o cadenas “just in time” se traduce en sobrecostes de almacenaje, demoras portuarias y reprogramación. La entidad advierte además de un efecto dominó: operadores logísticos habrían empezado a trasladar al mercado un incremento generalizado de tarifas por el sobreesfuerzo administrativo requerido.

El choque no es solo local. Medios internacionales han documentado acumulaciones de contenedores y retrasos en puertos del norte de Europa desde la entrada en vigor del sistema, en un contexto de incidencias informáticas y carga manual de datos. Y Bruselas, sin negar los problemas, ha defendido públicamente que CATCH “funciona” y que se han validado miles de declaraciones desde su arranque, subrayando que corresponde a los Estados miembros asegurar que sus operadores estén preparados y resolver la operativa diaria.

En España, la propia Administración ha reconocido limitaciones. Una nota del Consejo General de Agentes de Aduanas y Representantes Aduaneros, tras reuniones con responsables del MAPA, recoge un diagnóstico coincidente: excesiva carga administrativa, duplicidades en altas de operadores y buques, carencias en bases de datos y, sobre todo, falta de interoperabilidad con terceros países, que obliga a introducir manualmente información compleja y multiplica el riesgo de error. El documento recuerda además que CATCH es un sistema “desarrollado e impuesto” por la Comisión Europea, con escaso margen de modificación nacional, y que España ha ido trasladando incidencias a los servicios comunitarios competentes.

ARVI sostiene que la respuesta recibida hasta ahora —un ajuste técnico puntual para aliviar alguno de los procesos— es insuficiente, más aún si se presenta como “temporal” mientras se estudia una solución de fondo. En esa línea, la cooperativa pide activar de inmediato un protocolo de contingencia, coordinar las medidas urgentes con la DG MARE de la Comisión Europea y aplicar una simplificación real que permita recuperar datos de sistemas precedentes de forma automática, evitando que la digitalización se convierta en un “peaje” adicional.

El aviso final de ARVI apunta al terreno más sensible: el abastecimiento. “Estamos ante un riesgo real de desabastecimiento y encarecimiento de los productos de la pesca”, advierte la organización, que reclama decisiones rápidas para evitar que el bloqueo documental termine trasladándose al consumidor y, antes, a la industria transformadora y a la flota exportadora. Con CATCH ya en marcha y la presión política creciendo en varios Estados miembros, el pulso deja de ser técnico: se convierte en un test europeo de capacidad operativa, igualdad de condiciones y credibilidad de una trazabilidad digital que, de momento, está generando más fricción que fluidez

Bruselas refuerza el mensaje para que los “blue foods” blinden la seguridad alimentaria europea

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La conferencia Stocktake+1, organizada por EBCD junto al CESE y con apoyo de la Xunta de Galicia, pidió pasar del reconocimiento político a una acción coherente para pesca y acuicultura sostenibles

Bruselas volvió a situar a la pesca y la acuicultura en el centro del debate sobre la seguridad alimentaria de la Unión. La conferencia Stocktake+1, celebrada el 29 de enero, reunió en la sede del Comité Económico y Social Europeo (CESE) a responsables políticos, comunidad científica, industria y sociedad civil para subrayar que los llamados “blue foods” —productos de la pesca y la acuicultura— son una palanca estratégica para un sistema alimentario europeo más resiliente, nutritivo y sostenible. 

El encuentro fue organizado por el European Bureau for Conservation and Development (EBCD) en colaboración con el CESE y con el respaldo de la Xunta de Galicia, y dio continuidad a una primera edición celebrada en noviembre de 2024. El objetivo, según los organizadores, fue hacer balance de los avances del último año en la agenda europea e internacional y señalar prioridades para el siguiente tramo político. 

En un contexto marcado por tensiones geopolíticas, impacto climático y costes energéticos, la conferencia insistió en que garantizar el acceso a alimentos asequibles y sostenibles se ha convertido en una prioridad de primer nivel para la UE. En ese marco, los “blue foods” aportan —se remarcó— alto valor nutricional, una huella ambiental menor que muchas proteínas terrestres y un papel socioeconómico clave para las regiones costeras y rurales. 

La directora de EBCD, Despina Symons, defendió que Stocktake+1 aspira a consolidarse como una cita anual para “mantener los blue foods en lo alto de la agenda”, medir progresos y asegurar que pesca y acuicultura sean plenamente reconocidas por su contribución a la seguridad alimentaria y a sistemas resilientes. 

Uno de los mensajes con mayor carga política llegó desde el CESE. Su miembro Javier Garat vinculó la seguridad alimentaria con la autonomía estratégica: Europa —señaló— debe reforzar su capacidad de producción interna y reducir dependencia exterior. En esa línea, apuntó a la necesidad de un Plan de Acción de Blue Foods para integrarlos de manera completa en la política alimentaria comunitaria. 

Galicia, como potencia pesquera y gran región productora, quiso proyectar su papel en ese debate. La conselleira do Mar, Marta Villaverde Acuña, afirmó que la conferencia permite visibilizar el rol estratégico de los blue foods en un sistema alimentario europeo más sostenible y saludable, y ofreció la experiencia gallega en innovación y gestión responsable del océano como contribución a la agenda común. 

El debate conectó además con hitos internacionales recientes —incluida la conversación global sobre océanos y sistemas alimentarios— y con las grandes piezas que se están moviendo en Bruselas: la evaluación de la PPC, la implantación del Ocean Pact, el futuro Ocean Act y la Visión para la Pesca y la Acuicultura 2040. El diagnóstico final fue directo: hace falta traducir el reconocimiento político en acción concreta, coherente e inclusiva para desplegar todo el potencial de la pesca y la acuicultura sostenibles en seguridad alimentaria y acción climática.