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viernes, enero 23, 2026
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Zamakona Yards bota al agua el “EIDSVAAG AURORA”, primer buque híbrido de 71 metros

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El astillero vasco culmina un nuevo hito con el lanzamiento del primero de dos “feed vessels” para Eidsvaag AS, con diseño de Kongsberg Maritime y foco en eficiencia, maniobrabilidad y bajas emisiones, para la logística de alimento de la acuicultura noruega.

El astillero Zamakona Yards ha alcanzado un nuevo hito industrial con el lanzamiento del “EIDSVAAG AURORA”, el primero de los dos buques de alimentación para peces de 71 metros contratados por la naviera noruega Eidsvaag AS. La botadura se celebró el 16 de enero y contó con la presencia de representantes del armador, en un acto que refuerza la carga de trabajo de alto valor añadido en la construcción naval vasca y su especialización en embarcaciones técnicas para sectores en expansión como la acuicultura.

El proyecto responde a una necesidad muy concreta en el norte de Europa: asegurar la logística de alimento para cientos de granjas marinas, en una industria que se ha desplazado progresivamente hacia operaciones más expuestas y exigentes en términos de seguridad, precisión de entrega y continuidad operativa. En este caso, el diseño conceptual del buque se realiza desde Kongsberg Maritime AS, que además aporta un paquete tecnológico pensado para operar cerca de plataformas de granjas con alta fiabilidad y control.

Un “workboat” para la acuicultura: precisión, estabilidad y posicionamiento dinámico

Según la información difundida por Kongsberg, estos buques —de diseño NVC 4022— se incorporarán a la flota de Eidsvaag para abastecer piscifactorías en las costas de Noruega e Islandia, y su tamaño responde a la eficiencia logística de atender entre 400 y 500 granjas a lo largo del litoral noruego.

El diseño incorpora una forma de casco optimizada para operar con seguridad en condiciones de mar relevantes (oleaje significativo), e integra Posicionamiento Dinámico (DP), un sistema clave para mantener el buque estable y “clavado” junto a las instalaciones mientras realiza la transferencia del alimento.

Kongsberg detalla también parte del equipamiento: thrusters azimutales, hélices transversales y sistemas de control y DP, orientados a maniobrabilidad fina y a la exigente operativa de “estación” en el entorno de granja.

Propulsión híbrida diésel-eléctrica y transición energética en el mar

Uno de los elementos más relevantes del “EIDSVAAG AURORA” es su sistema de propulsión híbrido diésel-eléctrico, una solución que combina generación convencional con apoyo eléctrico para reducir consumo y emisiones, y que encaja con las demandas regulatorias y ambientales de la cadena de valor del salmón.

Medios sectoriales apuntan a que los buques incorporan paquetes de baterías (se cita una capacidad de 860 kW) y motores con flexibilidad de combustible para poder operar con biodiésel si se requiere, además de dejar abierta la puerta a configuraciones futuras con combustibles alternativos cuando estén más disponibles. Kongsberg, por su parte, subraya que la energía de batería puede emplearse para funciones como “spinning reserve” o “peak shaving”, y para habilitar operación sin emisiones en puerto.

Capacidad de carga: cerca de 2.000 toneladas y doble sistema saco/silo

El “EIDSVAAG AURORA” está concebido como un auténtico “camión del mar” para pellets de pienso: la información del proyecto sitúa su capacidad en torno a las 2.000 toneladas, combinando alimento ensacado y en silos, con sistemas internos de transporte para asegurar una entrega rápida y precisa.

En el comunicado técnico, Kongsberg precisa una capacidad total de 1.900 toneladas y destaca la importancia de la exactitud en la entrega, con instrumentación sensible para garantizar cantidades exactas, un aspecto crítico cuando el suministro se convierte en el “pulso” diario de una explotación acuícola.

Principales características del “EIDSVAAG AURORA”

El buque lanzado por Zamakona presenta los siguientes parámetros principales difundidos por la propia comunicación del proyecto:

  • Eslora: 71,10 m
  • Manga: 17,60 m
  • Puntal: 5,8 m
  • Velocidad: 13,5 nudos
  • Carga: ~2.000 t de alimento (saco y silo)
  • Propulsión: híbrida diésel-eléctrica

Un contrato que consolida la especialización vasca en buques medianos de alto valor

La botadura llega, además, con un horizonte de entregas ya marcado: Kongsberg y la prensa especializada sitúan la entrega de las dos unidades en 2026, reforzando la cartera de actividad de Zamakona en un nicho donde Europa compite por contenido tecnológico, integración de sistemas y soluciones de eficiencia energética, más que por grandes series.

En un mercado marítimo que está reconfigurando prioridades —descarbonización, automatización, seguridad operativa—, el “EIDSVAAG AURORA” funciona como una señal clara: el naval vasco se está ganando el sitio en proyectos donde la ingeniería, la maniobrabilidad y el rendimiento ambiental son la mercancía principal. Y con el segundo buque gemelo aún por completar, Zamakona consolida un relato industrial que mira al norte de Europa… pero se construye desde la ría.

ITOPF cifra en 4.000 toneladas el petróleo vertido al mar en 2025 por buques tanque

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Seis derrames “notables” —tres grandes y tres medianos— confirman la caída histórica, pero también un estancamiento reciente

El balance 2025 de ITOPF registra seis derrames de buques tanque y 4.000 toneladas mundiales.

El petróleo que llega al mar por accidentes de buques tanque sigue muy por debajo de los niveles del siglo XX, pero 2025 deja un recordatorio incómodo: el riesgo no ha desaparecido, solo se ha vuelto menos frecuente… y más concentrado.

La Federación internacional de armadores de petroleros contra la contaminación (ITOPF, por sus siglas en inglés) estima que en 2025 se vertieron aproximadamente 4.000 toneladas de hidrocarburos al medio marino en incidentes registrados de buques tanque.

El dato forma parte de su estadística anual basada en una base de datos propia de derrames desde 1970, que incluye “tank vessels” (buques tanque) y también combined carriers, FPSO y barcazas, con información sobre localización, causa, tipo de buque, producto y volumen derramado.

Seis derrames y una geografía concentrada

En 2025, ITOPF contabiliza seis derrames por encima del umbral de 7 toneladas: tres grandes (más de 700 toneladas) y tres medianos (entre 7 y 700). Los grandes se asociaron a crudo y fuel y ocurrieron en Asia y Europa; los medianos, también con crudo y fuel, se concentraron en Asia.

La organización advierte además de una cuestión metodológica clave: el volumen de “petróleo perdido” contabiliza el que llega al entorno, incluido el que se quema o permanece en un buque hundido, y trabaja con la mejor información disponible, susceptible de ajustes posteriores.

Otro matiz relevante en el contexto geopolítico actual: la estadística citada excluye incidentes derivados de actos de guerra.

Un éxito regulatorio… con la aguja estabilizada

El balance de 2025 se entiende mejor mirando la película larga. ITOPF subraya que los derrames de más de 7 toneladas han caído más de un 90% desde los años setenta, aunque admite que en la última década apenas hay cambios en esa tendencia descendente.

En términos de volumen, la reducción también es drástica: en la década de 2010 se perdieron unas 164.000 toneladas en derrames de 7 toneladas o más (un 95% menos que en los setenta) y en la década de 2020, con seis años contabilizados, el total ronda 42.000 toneladas.

Pero la estadística tiene una trampa conocida: un solo accidente grande puede deformar por completo un año. ITOPF lo ilustra con derrames históricos que marcaron época —y cifras— como Atlantic Empress (1979, 287.000 t) o Sanchi (2018, 113.000 t).

¿Por qué siguen ocurriendo?

La casuística de los derrames mayores mantiene patrones clásicos. Entre 1970 y 2025 predominan las colisiones/allisions y las varadas (groundings) como causas principales en los derrames de más de 7 toneladas. Y en la década de 2020, aproximadamente un tercio de los derrames registrados se atribuye sobre todo a meteorología extrema y error humano, agrupados por ITOPF en la categoría “Other”.

La lectura que deja 2025 es doble: por un lado, la industria y los marcos regulatorios han conseguido que el número de grandes mareas negras sea hoy excepcional; por otro, el sistema parece haber entrado en una fase de “meseta” donde el reto ya

AGAC cierra el “círculo MSC” del listado y certifica el último stock pendiente en el Atlántico occidental

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La flota de grandes atuneros congeladores roza el 100% de capturas certificadas mientras ICCAT fija un TAC constante de 30.844 toneladas para 2026–2028

La Asociación de Grandes Atuneros Congeladores (AGAC) ha anunciado la obtención de la certificación del Marine Stewardship Council (MSC) para el stock occidental de atún listado del Atlántico (Katsuwonus pelamis), el último que quedaba pendiente en su cartera de certificaciones para esta especie. La organización presenta el hito como una primicia: sería la primera vez que una pesquería logra el sello MSC para esta población concreta y, con ello, AGAC se sitúa —según su comunicado— como la primera entidad en certificar todas las poblaciones globales de listado.

La noticia llega en un momento en que el atún en conserva y los lomos congelados viven bajo una doble presión: la del mercado, que premia cada vez más la trazabilidad y el “sello azul”, y la de la gestión internacional, obligada a blindar stocks tropicales frente a la volatilidad ambiental y el aumento del esfuerzo pesquero. En ese tablero, la certificación no es solo una etiqueta: es una herramienta comercial —por acceso a cadenas de distribución y compradores institucionales— y también un termómetro reputacional.

Once stocks certificados y el 94% de la pesca bajo el sello azul

Con la incorporación del listado del Atlántico occidental, AGAC eleva a once los stocks certificados de los trece que captura, lo que, siempre según la información difundida, equivale a unas 330.000 toneladas anuales obtenidas por 45 buques. La asociación cifra ya en un 94% la parte de su captura con certificación MSC. Los dos stocks restantespatudo en Atlántico e Índico— están actualmente dentro del Programa MSC de Mejora (Improvement Program), un itinerario con horizonte máximo de cinco años para alcanzar la certificación completa.

En el propio portal de pesquerías de MSC, la pesquería “AGAC four oceans” aparece con LRQA como certificadora y con publicación de un Public Certification Report fechado el 16 de enero de 2026, reflejando el avance del expediente y la trazabilidad documental del proceso.

El “seguro científico”: ICCAT fija un TAC constante para 2026–2028

Uno de los puntos clave que refuerzan la certificación es el marco de gestión internacional. En su reunión anual celebrada en Sevilla, ICCAT acordó aplicar un procedimiento de gestión para establecer un TAC anual constante de 30.844 toneladas para el listado del Atlántico occidental durante 2026, 2027 y 2028, subrayando que es la primera vez que se adopta una medida de este tipo para un túnido tropical en su ámbito.

El texto de la recomendación detalla, además, objetivos que van más allá de “pescar menos o más”: busca mantener el stock con alta probabilidad en zona segura (matriz de Kobe), limitar el riesgo de caer por debajo de umbrales biológicos y aportar estabilidad (topes a variaciones bruscas entre periodos). En otras palabras: un sistema pensado para hacer la gestión más predecible y menos vulnerable a pulsos políticos de última hora.

Qué implica (y qué no implica) la certificación MSC en el atún tropical

MSC sostiene que su estándar evalúa tres grandes pilares: estado del stock, impacto ambiental (incluida la captura accidental) y sistema de gestión. En el caso de AGAC, MSC ya venía destacando certificaciones previas en varios océanos y especies (listado, rabil y patudo), con operaciones de cerco tanto a banco libre como asociadas a DCP/FAD.

Ahora bien, el atún tropical certificado convive con un debate abierto, especialmente por el uso de dispositivos de concentración de peces (FAD/DCP). Investigaciones y organizaciones han cuestionado que parte del atún con sello MSC proceda de pesquerías donde los FAD elevan riesgos de interacción con especies sensibles y aumentan capturas no deseadas, reabriendo la discusión sobre si el sello es suficientemente exigente en todos los escenarios. Desde la óptica de MSC, la sostenibilidad en pesquerías con FAD pasa por condiciones y mejoras operativas —por ejemplo, el uso de FAD no enmallantes y medidas específicas para reducir interacciones con especies protegidas— como parte del paquete de exigencias y de la mejora continua.

No es un debate nuevo. Incluso WWF llegó a oponerse en el pasado a determinadas certificaciones de cerco atunero al considerar que no se cumplían aún requisitos de control y sostenibilidad en algunos contextos. En ese marco, la certificación de un stock concreto no cierra la conversación: la desplaza hacia el terreno de la evidencia, las auditorías públicas y la comparación entre resultados y compromisos.

“Quince años de mejoras” y la batalla del mercado

AGAC reivindica que el camino hacia el sello comenzó hace más de 15 años y que su interés es “mantener las poblaciones en niveles óptimos” y demostrar la eficacia de la gestión de ICCAT, en palabras de su director gerente, Julio Morón. Desde MSC España y Portugal, Alberto Martín enmarca la certificación como un ejemplo de perseverancia y colaboración y confía en que el liderazgo sea reconocido por los mercados.

Ese guiño al mercado no es menor: MSC estima que hoy se desembarcan millones de toneladas de atún procedentes de pesquerías certificadas y que el sello se ha convertido en una referencia recurrente para grandes compradores. Para la flota, el “último stock pendiente” del listado en el Atlántico occidental no es solo un titular: es una pieza que completa el puzle comercial en una de las especies más consumidas del planeta.

La prueba real llegará, como casi siempre, después del anuncio: en la evolución del stock bajo el TAC constante de ICCAT, en la transparencia de los informes públicos, y en si las medidas de reducción de impactos —especialmente en torno a FAD, fauna acompañante y especies ETP— se traducen en resultados verificables. De momento, AGAC suma un argumento fuerte en su estrategia: convertir la sostenibilidad certificada en ventaja competitiva, justo cuando la gobernanza del atún tropical se vuelve más exigente y más observada

Pesca y Ministerio pactan flexibilidades para aplicar el nuevo control europeo sin ahogar a la bajura

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Una resolución urgente suavizará el “kilo cero”, permitirá registros diarios y acortará el preaviso de llegada

El pulso que durante semanas tensó muelles y despachos encontró un primer punto de aterrizaje. El Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación y el sector pesquero cerraron un paquete de flexibilidades para facilitar la aplicación del Reglamento europeo de Control de la Pesca, en vigor desde el 10 de enero, tras constatar las dificultades operativas que estaba generando en la flota, especialmente en la bajura.

El acuerdo se fraguó en una reunión celebrada en la Secretaría General de Pesca con representantes de la Federación Nacional de Cofradías de Pescadores (FNCP) y de la Confederación Española de Pesca, con un objetivo explícito: asegurar un cumplimiento eficaz “compatible con la operatividad” de los barcos, sin debilitar las tareas de control.

La respuesta no se quedó en una declaración genérica. El Ministerio se comprometió a activar medidas urgentes, con una resolución y con instrucciones específicas a los servicios de inspección para que el cambio se aplicara de manera homogénea en la práctica, evitando interpretaciones rígidas que, según venía denunciando el sector, convertían el trabajo diario en un laberinto administrativo.

El “kilo cero” bajo revisión: menos sanción, más coherencia

La principal concesión se centró en uno de los puntos más polémicos: la obligación de anotar todas las capturas por especie desde el “kilo cero” cuando las cantidades fueran pequeñas.

El Ministerio acordó que, para capturas inferiores a 50 kilos por especie, los errores u omisiones de estimación en el diario de a bordo no se considerarían infracción, siempre que la declaración de desembarque reflejara la cifra correcta por especie. En otras palabras: el control se anclaría en el dato final verificado, rebajando la presión del “apunte perfecto” en condiciones de mar y faena.

La Secretaría General de Pesca también se comprometió a emitir instrucciones concretas a inspección y control para que esta interpretación se aplicara de forma clara, con un criterio común.

Bruselas, siguiente pantalla: propuesta de cambio y acto delegado

El acuerdo incluyó, además, un componente político europeo. España decidió solicitar a la Comisión Europea una propuesta de modificación del reglamento para que los errores en anotaciones de cantidades inferiores a 50 kilos por especie no constituyan incumplimiento.

Mientras se tramitara esa reforma, el Gobierno anunció que pediría a la Comisión la modificación del anexo IV del Reglamento mediante un acto delegado, con un objetivo preciso: que esos errores no pudieran ser considerados infracción grave. El paso era relevante porque atacaba el origen del miedo que se había instalado en la flota: sanciones por desajustes inevitables entre estimación en cubierta y pesaje final en tierra.

España adelantó, además, que llevaría el asunto como “punto varios” al Consejo de Ministros de Agricultura y Pesca de la UE previsto para el 26 de enero en Bruselas, elevando el debate desde la gestión nacional a la mesa comunitaria.

Capturas por operación: bastará con un registro diario

Otra de las fricciones que el sector venía señalando era la obligación de anotar capturas por “operación de pesca”, una exigencia difícil de compatibilizar con la dinámica real de mareas cortas y múltiples lances.

La resolución anunciada fijó que esa obligación se entendería cumplida si la información se facilitaba al menos una vez al día, antes de la entrada a puerto o en el lugar de desembarque. Una formulación que, en la práctica, sustituía la hiperfragmentación del registro por una lógica diaria más manejable.

El Ministerio acordó con el sector aliviar el “kilo cero” y acortar preavisos.

Preaviso: del reloj fijo al momento real de poner rumbo a puerto

El tercer bloque de medidas tocó otro de los detonantes del conflicto: la notificación previa de llegada.

La Secretaría General de Pesca estableció que la notificación se realizaría en el momento en que el buque pusiera rumbo a puerto, de modo que el plazo podría ser más breve que las cuatro horas previstas como referencia en el reglamento. El Ministerio, eso sí, dejó fuera de esa flexibilización los supuestos con plazos específicos y los buques sujetos a obligación de preaviso en condiciones particulares.

En el sector, este punto se leía como un reconocimiento de la realidad: en la bajura, la decisión de regresar no siempre se puede anticipar con un margen rígido porque depende de meteorología, marea, captura y seguridad.

Compromiso del sector y seguimiento

La reunión concluyó con un mensaje de cooperación: los representantes del sector expresaron su compromiso de colaboración para aplicar estas medidas y ambas partes acordaron convocar un nuevo encuentro para evaluar su ejecución.

El pacto no cerró todas las heridas, pero sí marcó un cambio de fase: de la protesta contra una norma percibida como inabordable a la negociación de cómo aplicarla sin convertir el control en un segundo oficio a bordo. En los puertos, el acuerdo se interpretó como un primer “aterrizaje” administrativo: menos sanción por el error inevitable, más enfoque en el dato final y un reconocimiento implícito de que el mar no siempre cabe en una casilla.

MINISTERIO
DE AGRICULTURA, PESCA
Y ALIMENTACIÓN
Resolución de XX de XXXX de 2026, de la Secretaría General de Pesca, por la que se establecen disposiciones relativas a la notificación previa y a la cumplimentación del diario de pesca
El Reglamento (UE) 2023/2842 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 22 de noviembre de 2023, por el que se modifica el Reglamento (CE) nº 1224/2009 del Consejo, y se modifican los Reglamentos (CE) nº 1967/2006 y (CE) nº 1005/2008 del Consejo y los Reglamentos (UE) 2016/1139, (UE) 2017/2403 y (UE) 2019/473 del Parlamento Europeo y del Consejo en lo que respecta al control de la pesca,
establece en su artículo 1 un conjunto de modificaciones del Reglamento (CE) n.º 1224/2009.
En concreto, en relación con la notificación previa regulada en el artículo 17 del citado Reglamento (CE) nº 1224/2009, se establece en su apartado 1 que, sin perjuicio de las disposiciones específicas contenidas en los planes plurianuales, los capitanes de buques pesqueros de la Unión de eslora total igual o superior a 12 metros presentarán por medios electrónicos a las autoridades competentes de su
Estado miembro de pabellón, al menos cuatro horas antes de la hora estimada de llegada a un puerto o lugar de desembarque de un Estado miembro, la información contenida en dicho precepto.
Además, se introduce un nuevo apartado 1 bis, conforme al que “El Estado miembro ribereño en el que tenga lugar el desembarque podrá establecer un período más breve para la notificación previa a que se refiere el apartado 1 en lo relativo a determinadas categorías de buques pesqueros de la Unión, teniendo en cuenta el tipo de productos de la pesca y la distancia entre los caladeros y el puerto
o lugar de desembarque, siempre que dicho período de notificación previa más breve no perjudique la capacidad de dicho Estado miembro para llevar a cabo inspecciones. Dicho Estado miembro ribereño hará público ese plazo de notificación previa más breve y lo comunicará sin demora a la Comisión. La Comisión lo publicará en su sitio web”.
La flota pesquera española que faena en los caladeros nacionales se caracteriza por operar en zonas cuya distancia a puerto es inferior a estas cuatro horas previstas, con carácter general, en la normativa de la Unión Europea. Del mismo modo, ciertas actividades pesqueras se desarrollan en un periodo de tiempo inferior a estas cuatro horas.
SECRETARÍA GENERAL DE PESCA
Por ello, con el fin de adecuar el plazo para realizar esta notificación previa a la naturaleza de las actividades pesqueras de la flota española, se dispone por la presente resolución la reducción del plazo fijado de 4 horas, de acuerdo con la habilitación prevista en el apartado 1 bis del artículo 17 del Reglamento (CE) nº 1224/2009, conforme a la redacción dada por el Reglamento (UE) 2023/2842.
El ejercicio del control de la flota, así como la laborinspectora en puertos, no se ven afectados por la adaptación de estos plazos de notificación.
Asimismo, en la nueva redacción del artículo 14 del Reglamento (CE) nº 1224/2009 se suprime la excepción de la obligación de indicar expresamente todas las cantidades de cada especie capturadas y transportadas a bordo cuando estas fueran iguales o inferiores a 50 kilogramos en equivalente de peso vivo. Mediante la presente resolución, se establecen disposiciones para la implementación de esta
obligación.
Por todo lo expuesto, esta Secretaría General de Pesca, oído el sector, resuelve:
Primero. Notificación previa

  1. De acuerdo con lo previsto en el artículo 17, apartado 1 bis, del Reglamento (CE) n. o 1224/2009 del Consejo, de 20 de noviembre de 2009, por el que se establece un régimen comunitario de control para garantizar el cumplimiento de las normas de la política pesquera común, los capitanes de los buques pesqueros españoles cuya eslora sea igual o superior a 12 metros deberán realizar la notificación previa en el
    momento en el que pongan rumbo a puerto. Las capturas que se notifiquen en ese momento podrán ser modificadas en cualquier momento antes de la llegada a puerto.
  2. Lo dispuesto en el apartado anterior será de aplicación con carácter general, salvo en aquellos supuestos en los que existan plazos específicos para la notificación previa o para aquellos buques que estén sujetos a la obligación de preaviso.
    Segundo. Cumplimentación del diario de pesca
  3. Sin perjuicio de lo dispuesto en el artículo 14 del Reglamento (CE) n. o 1224/2009 del Consejo, de 20 de noviembre de 2009, cuando las cantidades de la especie mantenida a bordo sean iguales o inferiores a 50 kilogramos en equivalente de peso vivo, la inexactitud en las estimaciones de estas cantidades en el margen de tolerancia autorizado no será constitutivo de una infracción tipificada en la Ley
    3/2001, de 26 de marzo, de Pesca Marítima del Estado, siempre y cuando en la declaración de desembarque se recoja la cifra correcta de cantidades capturadas por especie.
  4. Se entenderá cumplida la obligación de facilitar la información a que se refiere el artículo 14.2.g) cuando se facilite al menos una vez al día, antes de la entrada a puerto o un lugar de desembarque.
    Tercero. Eficacia
    Esta resolución surtirá efectos a partir del día siguiente al de su publicación en el «Boletín Oficial del Estado».
    Esta resolución no pone fin a la vía administrativa, por lo que, en el plazo de un mes, se podrá interponer recurso de alzada ante el Ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación, de conformidad con lo establecido en los artículos 121 y 122 en
    relación con el 112.1 de la Ley 39/2015, de 1 de octubre, del Procedimiento Administrativo Común de las Administraciones Públicas.
    Madrid, XX de XXXX de 2026. – La Secretaria General de Pesca, María Isabel Artime García.

Masiva respuesta del sector de bajura y artesanal contra el reglamento de control

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Hubo concentraciones en todos los puertos com mar, lonjas sin subasta que abren un pulso con Bruselas y el Gobierno

El mar se quedó en silencio después de que cientos de armadores, patrones y tripulantes secundaran el paro estatal, en protesta por la aplicación del nuevo marco de control de capturas derivado del Reglamento (UE) 2023/2842 y su despliegue operativo en España. La Federación Nacional de Cofradías (FNCP) habló de obligaciones “peligrosas e inaplicables”, especialmente para la flota artesanal, de bajura y costera, que trabaja a pocas millas del puerto y en mareas cortas.

La fotografía del conflicto fue doble: por un lado, movilización en Madrid —con concentración ante la Secretaría General de Pesca coincidiendo con una reunión técnica— y, por otro, protestas descentralizadas ante delegaciones y subdelegaciones del Gobierno.

Costa da Morte: paro total y 700 convocados

Las concentraciones en apoyo de la pesca de bajura artesanal reunieron este lunes en Celeiro, en Viveiro, y Burela a los pescadores, pero también a ciudadanos y políticos que secundaron su demanda «fronte aos despropósitos e disparates normativos que a Unión Europea quere impoñer a través do seu regulamento de control, unhas normas totalmente afastadas da realidade do sector», resumió Máximo Díaz, secretario de la cofradía celeirense, que leyó el manifiesto de los afectados del puerto.

Desde Celeiro y desde todo el municipio de Viveiro, los asistentes reivindicaron mucho más que una actividad económica. “Defendemos una forma de vida, una cultura marinera centenaria y el futuro de cientos de familias que dependen directamente de la pesca de bajura”, señalaron durante el acto. La de Celeiro fue una de las movilizaciones más madrugadoras de todo el litoral español.

Un reglamento que pone en jaque al sector

La alarma saltó días atrás en toda la flota costera de bajura del litoral español, que llegó a convocar paros ante la inminente aplicación de varias medidas incluidas en el Reglamento (UE) 2023/2842. Según el sector, su redacción supone una amenaza real y directa para la continuidad de esta modalidad pesquera.

Entre las obligaciones más controvertidas figuran la exigencia de comunicar con cuatro horas de antelación la llegada a puerto y el registro obligatorio de todas las capturas desde el primer kilogramo, eliminando la actual exención de hasta 50 kilos. Para los profesionales del mar, estas medidas son “absurdas, inviables y ajenas por completo al trabajo diario de la flota artesanal”.

Normas alejadas de la realidad del mar

Los pescadores denuncian que el reglamento ignora las particularidades de la pesca de bajura: embarcaciones de pequeño porte, mareas cortas, capturas variables, descargas múltiples con gran diversidad de especies y volúmenes reducidos, así como la dependencia absoluta de unas condiciones meteorológicas cambiantes que hacen imposible prever con exactitud la hora de llegada a puerto.

“Pretender aplicar a la pesca artesanal los mismos criterios que a la gran flota industrial no solo es injusto, sino profundamente erróneo”, advirtieron. A su juicio, la normativa no mejora el control ni la sostenibilidad, sino que incrementa la carga burocrática, eleva los costes, genera inseguridad jurídica y empuja a muchos profesionales a abandonar la actividad.

El riesgo de desaparición de la pesca artesanal

El sector alertó de que, si el reglamento se mantiene sin modificaciones, las consecuencias serán devastadoras: desaparición progresiva de la flota de bajura y artesanal, pérdida de empleo directo e indirecto, empobrecimiento económico y social de las zonas costeras, ruptura del relevo generacional y pérdida de un conocimiento tradicional transmitido durante generaciones.

Lejos de ser el problema, los manifestantes defendieron que la pesca de bajura es parte esencial de la solución hacia un modelo pesquero sostenible, selectivo y respetuoso con el medio marino.

Un sector estratégico para el litoral

La pesca costera de bajura es clave en todo el litoral español. Garantiza producto fresco, de proximidad y de alta calidad; fija población en el territorio; mantiene viva la identidad marinera de los pueblos costeros y actúa como motor económico en comarcas con escasas alternativas laborales. “Defender la pesca artesanal es defender la soberanía alimentaria, la cohesión territorial y una economía azul verdaderamente sostenible”, subrayaron.

Unidad del sector y papel de las cofradías

Durante la movilización se insistió en la necesidad de unidad del sector, articulada a través de las cofradías de pescadores y sus federaciones, como representantes legítimos de los profesionales del mar. “No se puede legislar de espaldas al sector y desde el desconocimiento. Las decisiones deben tomarse con los pescadores, no contra ellos”, reclamaron.

Petición al Gobierno de España

Los participantes exigieron al Gobierno de España, como Estado miembro de la Unión Europea, un apoyo firme y claro para defender en Bruselas una adaptación realista del Reglamento de Control, excluir a la pesca costera de bajura y artesanal de obligaciones desproporcionadas y garantizar la continuidad de este sector estratégico.

Asimismo, expresaron su confianza en que la reunión prevista esa misma tarde entre la Secretaría General de Pesca Marítima y las cofradías permitiera alcanzar una solución satisfactoria. De no ser así, advirtieron de que los paros podrían convertirse en indefinidos.

El acto concluyó con un agradecimiento a los profesionales del mar, a las cofradías, a las instituciones de apoyo y, especialmente, a la vecindad de Viveiro y Celeiro, cuyo respaldo consideran “imprescindible”. Entre consignas y aplausos, el mensaje fue rotundo: la pesca de bajura no se rinde, no se criminaliza y se defiende. Porque —recordaron— sin pesca artesanal no hay costa viva, sin marineros no hay futuro y el mar no puede gobernarse desde un despacho.

Cantábrico, Asturias y Cantabria: cierre de lonjas y “kilo cero”

En el Cantábrico, el paro apuntó a impacto directo en la cadena diaria del pescado fresco. Asturias llevó a cabo la paralización de actividad y cierre de lonjas autonómicas un gesto que busca visibilizar que la presión ya no es solo económica, sino también operativa: menos manos a bordo y más exigencias administrativas.

En Cantabria, las cofradías subrayaron dos puntos de fricción: el registro desde el llamado “kilogramo cero” y la rigidez de los plazos de aviso de llegada, que —según el sector— comprometen logística y seguridad en embarcaciones pequeñas. La FNCP reclama al Gobierno margen para ajustar la aplicación: excepciones para jornadas cortas y una reducción transitoria del preaviso.

Mediterráneo: autobuses a Madrid y lonjas que paran

En el Mediterráneo, la movilización se tradujo en un movimiento coordinado: “con autobuses” desde diversos puertos hacia Madrid, al tiempo que se planteó el cierre de lonjas si no hay rectificación.

En la Comunitat Valenciana, las cofradías de la Marina Alta (Dénia, Xàbia, Calp) y otros puertos como Villajoyosa se sumaron al amarre: denunciando que pesar a bordo, clasificar por especies y notificar con antelación la llegada era una carga difícil de asumir en bajura. En Cataluña, la federación de cofradías alertó de que las nuevas exigencias son “inasumibles” y ponen en riesgo la continuidad de la actividad. En la Región de Murcia, las lonjas pararon y elevaron el tono: si no hay cambios, algunas modalidades contemplan ir más allá de una jornada.

Baleares y Canarias: paro simbólico en islas y concentraciones en puertos

En Baleares, el sector se sumó al paro con el argumento de la desproporción para la pesca artesanal, aunque en áreas como Ibiza y Formentera se reconocía que el impacto puede ser menor por el menor número de barcos de determinadas modalidades; aun así, las cofradías llevaron a cabo una movilización conjunta.

En Canarias, la protesta incluía concentraciones y cierres anunciados en islas como Lanzarote, en solidaridad con el paro estatal y con el objetivo de presionar a la reunión de Madrid.

Qué se discute: tolerancias, avisos previos y control electrónico

El sector no cuestiona la necesidad de control, sino cómo se ejecuta. La normativa europea establece, por ejemplo, un margen de tolerancia del 10% en las estimaciones del diario de pesca para cada especie (y del 20% cuando la cantidad no supera 100 kg), un punto que las cofradías citan para advertir del riesgo de sanciones cuando el mar no permite precisión milimétrica.

En cuanto a la notificación previa, el propio marco europeo contempla que el Estado ribereño pueda fijar un plazo más breve para determinadas categorías de buques, atendiendo a distancia a caladeros y tipo de producto, siempre que no se perjudique la capacidad inspectora. Esa puerta es, precisamente, la que el sector pide abrir para la bajura.

El impacto se notará rápido: menos pescado fresco, tensión en precios —ya elevados en muchas plazas tras semanas de temporales— y un trasvase hacia producto congelado o importado para sostener hostelería y comercio minorista. En lonjas, mayoristas y transporte, un día sin descarga significa un engranaje que se para: cajas, hielo, camiones, clasificadoras, subastas y ventas en tiempo real.

La huelga también tiene una derivada menos visible: la de la seguridad marítima. El argumento que más se repite en los puertos es sencillo: cuando el patrón debe “mirar la pantalla” para cumplir con registros y avisos en momentos críticos de navegación y maniobra, el riesgo aumenta.

Con los barcos amarrados y las lonjas en silencio, la pesca española no solo protestó por una norma, sino que protestó por el choque entre burocracia y oficio. Y lo hace desde todos los mapas del litoral, con la certeza de que, sin ajustes, el control puede acabar teniendo un coste que no se mide en formularios, sino en viabilidad.

FENAPA pide derogar el nuevo control pesquero de la UE y alerta de “burocracia inasumible” en la bajura

La federación de pesca artesanal denuncia riesgos de seguridad por el pesaje y los avisos previos y respalda el amarre

La tensión ha subido del muelle a la cubierta. La Federación Nacional de Pesca Artesanal (FENAPA) ha hecho público su “malestar” por la entrada en fase operativa de nuevas obligaciones vinculadas al Reglamento (UE) 2023/2842, que modifica el sistema europeo de control pesquero y despliega su aplicación por etapas. Según la organización, el paquete de exigencias “lleva a la flota a una situación límite”, especialmente a la bajura y a los barcos a partir de 12 metros de eslora, y abre un escenario de “burocracia” que, sostienen, no debería recaer en patrones y tripulaciones.

El reglamento —aprobado en 2023— entró en vigor en enero de 2024, pero su calendario de aplicación es gradual, con hitos que se activan en distintos años y fechas. Entre esos hitos figura la intensificación de requisitos que, en la práctica, han reavivado el conflicto en los puertos españoles en enero de 2026, con jornadas de cierre de lonjas y paros convocados por el sector en distintos puntos del litoral.

“Desde los despachos no se puede legislar el trabajo en la mar”

En su nota, FENAPA argumenta que el trabajo pesquero se desarrolla “bajo presión” por las condiciones propias del mar y por mareas de pocas horas, un contexto —señala— incompatible con el nivel de detalle administrativo que se pretende exigir a bordo. El núcleo de la queja se centra en dos obligaciones que se han convertido en símbolo del choque entre norma y operativa diaria: la necesidad de pesar y registrar capturas durante la faena y los preavisos de llegada a puerto con horas de antelación.

Para la federación, imponer estas tareas en barcos pequeños y con habitáculos reducidos introduce un factor de riesgo: “falta de personal cualificado” para labores administrativas e informáticas y, sobre todo, una distracción del patrón en momentos críticos de navegación y maniobra. En puertos donde la bajura trabaja “a minutos” de costa, añaden, exigir avisos rígidos puede suponer pérdida de tiempo efectivo de pesca y complicaciones añadidas en jornadas ya ajustadas.

La denuncia conecta con lo que vienen señalando cofradías y armadores en distintas comunidades desde que comenzaron a aplicarse escalones del reglamento: que la norma exige un grado de precisión y reporte “difícil de cumplir” en condiciones reales de mar, y que el riesgo de sanciones agrava la inseguridad jurídica.

Por qué el reglamento ha reabierto el conflicto ahora

El Reglamento (UE) 2023/2842 actualiza y endurece el marco de control comunitario para modernizar el seguimiento de capturas, notificaciones y trazabilidad, con un despliegue por fases que se extiende varios años. Ese diseño escalonado es, precisamente, lo que explica el “choque” de enero: durante 2024 y 2025 el debate se instaló en el plano político y técnico; en 2026 aterriza en el día a día de parte de la flota, con obligaciones que pasan del BOE y el DOUE al cuaderno de bitácora.

Desde el Ministerio, la defensa del nuevo marco se ha apoyado en la idea de digitalización y modernización: la Secretaría General de Pesca ha señalado que el reglamento busca incorporar tecnologías y armonizar el control entre Estados miembros, con un objetivo explícito de reforzar la lucha contra la pesca ilegal y actualizar procedimientos. En paralelo, el propio Ministerio impulsó ya en años anteriores proyectos piloto de herramientas digitales para segmentos artesanales, como el desarrollo de aplicaciones móviles testadas en embarcaciones para facilitar el envío de información.

La disputa, sin embargo, no se libra sobre el “qué” —control y trazabilidad— sino sobre el “cómo” y el “quién”. FENAPA insiste en que muchas de esas tareas son propias de la administración y que trasladarlas a bordo, en barcos pequeños, erosiona la seguridad, la productividad y la viabilidad de la actividad.

La federación pide “modificación y derogación” y respalda el amarre

El posicionamiento de FENAPA va un paso más allá de la petición de ajustes: solicita a las “formaciones políticas” que han respaldado la norma que impulsen su modificación y, en su planteamiento, su derogación mientras persistan los perjuicios que, a su juicio, provoca. La federación interpreta el conjunto como una presión que acelera el declive de una flota ya reducida y advierte de responsabilidades añadidas para los patrones.

En ese contexto, FENAPA apoya la parada de la flota “en tanto que no se solucione la grave situación”, sumándose al clima de movilización en el litoral español, donde las protestas han tomado forma de amarre, cierres de lonjas y desplazamientos a Madrid para presionar al Ministerio en busca de flexibilizaciones y soluciones operativas.

El conflicto deja, en suma, una imagen clara: Bruselas quiere más control digital y más uniformidad; la bajura reclama que el control no se convierta en un segundo oficio a bordo. Entre ambos, el margen de solución parece pasar por adaptar requisitos, plazos y herramientas a la realidad de mareas cortas, tripulaciones reducidas y navegación con meteorología cambiante. Y ahí, advierte FENAPA, se juega algo más que un trámite: se juega la continuidad del pescado fresco de proximidad y de un modelo de pesca que sostiene puertos y comunidades costeras.

Mediterráneo: autobuses a Madrid y lonjas que paran

En el Mediterráneo, la movilización se traduce en un movimiento coordinado: “saldrán autobuses” desde diversos puertos hacia Madrid, anuncian representantes de cofradías, al tiempo que se plantea el cierre de lonjas si no hay rectificación.

En la Comunitat Valenciana, las cofradías de la Marina Alta (Dénia, Xàbia, Calp) y otros puertos como Villajoyosa se suman al amarre: denuncian que pesar a bordo, clasificar por especies y notificar con antelación la llegada es una carga difícil de asumir en bajura. En Cataluña, la federación de cofradías alerta de que las nuevas exigencias son “inasumibles” y ponen en riesgo la continuidad de la actividad. En la Región de Murcia, las lonjas también anuncian paro y elevan el tono: si no hay cambios, algunas modalidades contemplan ir más allá de una jornada.

Baleares y Canarias: paro simbólico en islas y concentraciones en puertos

En Baleares, el sector se suma al paro con el argumento de la desproporción para la pesca artesanal, aunque en áreas como Ibiza y Formentera se reconoce que el impacto puede ser menor por el menor número de barcos de determinadas modalidades; aun así, las cofradías planean movilización conjunta.

En Canarias, la protesta incluye concentraciones y cierres anunciados en islas como Lanzarote, en solidaridad con el paro estatal y con el objetivo de presionar a la reunión de Madrid.

Del papel al muelle: cómo nació el reglamento de control pesquero que puso a la bajura en pie de guerra

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Cinco años de negociación en la UE y una aplicación por fases desembocan en el paro del lunes


La huelga prevista para este lunes 19 de enero de 2026 no surgió de un calentón. Llega al final de un camino largo, técnico y políticamente áspero: la reforma del sistema europeo de control de la pesca, aprobada en 2023 y desplegada de forma escalonada hasta final de década.

En los muelles, sin embargo, la sensación es otra: “lo sabíamos, sí, pero aplicarlo así es imposible”. El paro —con barcos amarrados y lonjas cerradas en numerosos puertos— pretende forzar al Ministerio a adoptar medidas urgentes y criterios de aplicación que, según las cofradías, eviten que el nuevo control se traduzca en una cascada de sanciones y una pesca “a la defensiva”.

La semilla: 2018, la Comisión quiere modernizar el control

La génesis se sitúa en mayo de 2018, cuando la Comisión Europea presentó una propuesta para revisar el régimen de control, con un objetivo declarado: modernizar, simplificar y adaptar las reglas a la Política Pesquera Común reformada en 2013 y a la obligación de desembarque introducida gradualmente entre 2015 y 2019.

La reforma no era menor: tocaba el núcleo del control europeo (Reglamento 1224/2009) y empujaba a la pesca hacia un modelo donde la trazabilidad y la inspección descansan cada vez más en la digitalización: localización, notificación electrónica y armonización de sanciones.

2021: primeras alarmas en la flota antes de aprobarse la norma

El sector empezó a encender las luces rojas mucho antes de que hubiera texto definitivo. En 2021, con el debate aún abierto, el Parlamento y el Consejo fijaron sus posiciones y arrancó la fase de negociación intensa.

En paralelo, España comenzó a preparar el terreno tecnológico. En septiembre de 2021, el Ministerio explicó un proyecto piloto para desarrollar una aplicación móvil pensada para flota artesanal, a testear en 150 embarcaciones, con foco en geolocalización y envío de capturas, dentro del PRTR.

Aquel movimiento, concebido como anticipación, fue leído por parte del sector como señal de lo que venía: más controles, más pantallas, menos margen para el “oficio” tradicional, sobre todo en mareas cortas y barcos pequeños.

2023: el acuerdo político se cierra y llega el Reglamento (UE) 2023/2842

Tras años de negociación, el acuerdo interinstitucional se alcanzó en el trílogo político del 30 de mayo de 2023. La reforma se presentó como una revisión “completa” del sistema, con cambios clave: localización de buques, notificación electrónica de capturas, control de pesca recreativa, trazabilidad digital y sanciones más armonizadas.

El texto final se aprobó como Reglamento (UE) 2023/2842, firmado el 22 de noviembre de 2023. Entre sus elementos más sensibles está el seguimiento electrónico remoto (con CCTV) para buques de la UE de 18 metros o más considerados de alto riesgo de incumplimiento de la obligación de desembarque.

También se reforzó el principio de “todo queda registrado”: localización de todos los buques con una exención hasta 2030 para determinados segmentos de pequeña escala, y un cuaderno simplificado para los menores de 12 metros cuando llegue su turno de aplicación.

Un reglamento con calendario: entra en vigor en 2024, pero “muerde” por fases

Aquí está la clave que explica el choque de enero: el reglamento entra en vigor el 9 de enero de 2024, pero su aplicación se reparte.

El propio articulado fija un despliegue escalonado, con hitos en julio de 2024, enero de 2026 y enero de 2028, además de transitorias y desarrollos técnicos. Esa “gradualidad” fue vendida como tiempo para adaptarse. En el mar se entendió como un reloj que corría, inevitable, hacia un día en el que lo teórico se convertiría en obligación sancionable.

10 de enero de 2026: el día en que el control aterriza en la bajura

Ese día llegó. Diversas informaciones sectoriales y medios locales sitúan desde el 10 de enero la entrada en vigor operativa de exigencias que afectan especialmente a embarcaciones de bajura (por ejemplo, las de más de 12 metros en varias obligaciones), con nuevas cargas de notificación y registro.

El paquete, explicado en puertos tan distintos como Vigo, Cantabria o la Marina Alta, se concreta en medidas que el sector considera desconectadas de su rutina:
la obligación de notificar con antelación la entrada a puerto (se citan cuatro horas), y el registro de capturas desde el llamado “kilo cero” (declarar incluso cantidades mínimas por especie), todo ello con el patrón gestionando navegación y burocracia a la vez.

La tensión no es solo por el trámite: es por lo que implica si se incumple. Las cofradías hablan de inseguridad jurídica y de un control “a ciegas” cuando no hay sistemas de pesaje precisos a bordo ni condiciones para clasificar con el barco cabeceando.

El punto español: umbrales, criterios y el margen de maniobra

En este tramo, el debate ya no es únicamente europeo, sino también español: cómo se aterriza la norma. Cepesca y otras organizaciones han pedido al Ministerio que no elimine el umbral mínimo de 50 kg para determinadas declaraciones en el diario electrónico y que no se imponga un límite horario fijo para la notificación previa, alegando proporcionalidad y control basado en riesgo.

Las cofradías, por su parte, reclaman una exención para mareas inferiores a 24 horas y un preaviso mucho más ajustado (se ha citado un máximo transitorio de 30 minutos), defendiendo que el propio marco permite modular para este tipo de operativa.

El paro del lunes como palanca: reunión en Madrid y pulso en los puertos

Con ese fondo, el lunes se convertió en un ultimátum con agenda: la protesta coincide con una reunión en Madrid entre la Federación Nacional de Cofradías y la Secretaría General de Pesca.

Si la reunión ofrece un camino de flexibilización operativa, el paro podría quedar en aviso. Si no, las cofradías ya han dejado caer que decidirán los siguientes pasos en función del resultado del encuentro, con la posibilidad de prolongar la presión.

Una reforma pensada “lejos de la costa” que ahora se juega en el día a día

En Bruselas, la reforma se justificó con palabras grandes: modernización, trazabilidad, lucha contra incumplimientos, datos más finos. En los puertos, la discusión se ha vuelto terrenal: si el control obliga a adivinar capturas antes de tiempo, si distrae al patrón en la maniobra, si convierte una jornada de pesca en una carrera de notificaciones.

Esa es la paradoja de esta semana: el Reglamento (UE) 2023/2842 nació para reforzar el cumplimiento… y está provocando un amarre masivo para pedir que, antes de exigirlo todo, se pueda pescar sin “salir a buscar multas”.

Cuatro nuevas “salvamares” para reforzar el rescate

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El mapa del salvamento marítimo en España se actualiza con sello asturiano. El Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible, a través de la Sociedad de Salvamento y Seguridad Marítima (Sasemar), ha adjudicado a Auxiliar Naval del Principado (Auxnaval), integrada en el grupo Armón, la construcción de cuatro embarcaciones de intervención rápida tipo salvamar destinadas al rescate de vidas y bienes en la mar.

La operación forma parte de un paquete de modernización más amplio que supera los 91 millones de euros (IVA no incluido) e incluye, además, dos nuevos buques de salvamento y asistencia marítima. En ese reparto, Auxnaval se queda con el “brazo rápido” de la flota: las unidades que suelen salir primero cuando hay una emergencia cerca de costa, por su velocidad, maniobrabilidad y capacidad de operar con poco calado.

El contrato de las cuatro salvamares se estructura en dos lotes, según la documentación y las informaciones publicadas: el primero, presupuestado en 6,48 millones de euros, corresponde a dos embarcaciones de 21 metros de eslora; el segundo, con 4,88 millones, a dos unidades de 15 metros. En conjunto, la cifra suma 11,36 millones —“en torno a 11,4 millones”, según algunas referencias—, siempre sin IVA.

Las especificaciones técnicas dibujan el tipo de herramienta que necesita Salvamento Marítimo para ganar minutos cuando la mar no perdona. Las salvamares de 21 metros irán equipadas con dos motores de 1.400 CV cada uno, propulsión mediante water jet y cuatro placas solares por unidad. Las de 15 metros incorporarán dos motores de 730 CV y también propulsión water jet. En ambos casos, el objetivo es una respuesta inmediata: la velocidad máxima prevista se sitúa en 35 nudos.

La hoja de ruta es clara y, a la vez, escalonada. La previsión oficial difundida en medios especializados fija la incorporación de una unidad de cada lote en 2027 y la otra mitad en 2028, una forma de ir sustituyendo embarcaciones veteranas sin vaciar de golpe el despliegue territorial.

En paralelo, la Plataforma de Contratación del Sector Público concreta un dato clave para astillero y armador: el plazo global del suministro es de 26 meses. Ese calendario marca el ritmo industrial en Puerto de Vega y la planificación operativa de Sasemar, que debe encajar nuevas botaduras, pruebas, recepción y asignación a bases.

No es un encargo menor en términos de sistema: Salvamento Marítimo mantiene en servicio 58 embarcaciones tipo salvamar en el litoral español, y son precisamente estas lanchas las que intervienen en un alto porcentaje de las emergencias por su rapidez y versatilidad. Renovar cuatro unidades significa, en la práctica, reforzar el “primer escalón” del salvamento, el que llega cuando cada minuto cuenta.

Auxnaval, pieza especializada del grupo Armón

La adjudicación también tiene lectura industrial. Auxnaval nació en 1991 como pieza especializada del grupo Armón en la construcción naval y, desde entonces, se ha consolidado en Puerto de Vega (Navia) con perfil de embarcación rápida. Ese ADN encaja con la demanda recurrente de Sasemar: plataformas pequeñas, rápidas, robustas y pensadas para operar con mar formada y en escenarios de riesgo.

El contrato de las salvamares se conoce al mismo tiempo que el de los dos remolcadores de salvamento —adjudicados a Zamakona—, lo que dibuja una foto de país: cadena de astilleros repartida, carga de trabajo en la cornisa cantábrica y renovación de medios públicos en un momento en que el tráfico marítimo, los temporales y los incidentes costeros exigen músculo.

Con la obra sobre el papel y el cronómetro ya en marcha, Puerto de Vega entra en la fase en la que un contrato se traduce en planos, aluminio, motores, pruebas de mar y entrega final. Y, para el usuario último —quien llama al 112 desde una embarcación con problemas o quien avista una patera a la deriva—, esa renovación se resume en una promesa sencilla: llegar antes, maniobrar mejor y rescatar con más garantías.

Agirregoitia sitúa al Puerto de Bilbao en el mapa de la nueva energía europea

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La eurodiputada del PNV visita la Autoridad Portuaria y subraya electrificación de muelles, hidrógeno y ferrocarril

El Puerto de Bilbao quiere que la transición energética deje de ser un eslogan y se convierta en infraestructura. Ese fue el hilo conductor de la visita de la eurodiputada Oihane Agirregoitia (EAJ-PNV) a las instalaciones portuarias, acompañada por el presidente de la Autoridad Portuaria, Iván Jiménez, en un encuentro centrado en los planes de futuro del enclave y en su papel estratégico para Euskadi.

La tesis compartida durante el recorrido fue nítida: si el puerto es la puerta de entrada y salida de materias primas, energía y mercancías, su descarbonización marcará el ritmo de la economía vasca. No solo por el impacto directo en la huella ambiental del tráfico marítimo y la actividad logística, sino porque el puerto aspira a convertirse en pieza útil para que la industria vasca gane competitividad en un contexto europeo de transición energética acelerada.

Jiménez expuso una hoja de ruta que mezcla inversiones tangibles con decisiones de modelo. En el centro del plan aparece la electrificación de los muelles para reducir emisiones cuando los buques están atracados; el impulso a proyectos vinculados al hidrógeno verde y a renovables como la fotovoltaica o la eólica; el refuerzo de la capacidad de almacenamiento; y un paquete de modernización donde la digitalización y la conectividad ferroviaria se convierten en palancas de eficiencia.

Agirregoitia situó esa agenda en clave europea y lo resumió en una frase pensada para Bruselas y para los muelles: la energía será un elemento “crucial” para garantizar la competitividad de “uno de los puertos más industriales que existen en Europa”. En su lectura, la transición no es un coste inevitable, sino una carrera en la que quien se adelante retendrá tráficos y atraerá inversión.

La clave inmediata: enchufar el puerto

El primer gran salto visible es la electrificación de muelles, conocida en el sector como OPS (Onshore Power Supply). La idea es simple y ambiciosa: que los barcos, mientras permanecen atracados, puedan conectarse a la red eléctrica y apagar los motores auxiliares. En el plano operativo, se traduce en menos ruido, menos consumo de combustible y una bajada relevante de emisiones en el entorno portuario.

En Bilbao, esa estrategia toma forma bajo el proyecto BilbOPS, concebido como una inversión para electrificar muelles y avanzar en la descarbonización del enclave. Y, como ocurre cada vez más con las infraestructuras portuarias europeas, el despliegue se apoya en financiación comunitaria, con referencias a programas como Next Generation EU y el Mecanismo Conectar Europa (CEF).

La transición, además, no se limita a enchufes: el puerto quiere producir parte de la energía que va a demandar. En esa línea, se han planteado actuaciones vinculadas a renovables —como instalaciones fotovoltaicas— para reforzar el suministro y la autonomía energética del recinto portuario.

Hidrógeno, renovables y horizonte 2030

El segundo vector del discurso —y del plan— es el hidrógeno renovable. En la visita se subrayó el papel del Puerto de Bilbao como plataforma para atraer proyectos de hidrógeno y como punto de apoyo para la descarbonización de la industria vasca, en un horizonte que mira a 2030. La lógica es doble: facilitar nueva energía para la actividad portuaria y ofrecer condiciones para que empresas del entorno puedan avanzar en su propia transición.

El debate enlaza con movimientos industriales que ya se vienen apuntando en el eje Bilbao–Muskiz, donde el hidrógeno aparece como una de las apuestas para reducir emisiones en procesos difíciles de electrificar. Para el puerto, posicionarse en esa cadena de valor significa ser nodo logístico y energético a la vez.

Ferrocarril y digitalización: competir en el arco atlántico

La energía no es el único tablero. La Autoridad Portuaria defiende que la competitividad se decide también en la conectividad ferroviaria, la capacidad logística y la digitalización. En el arco atlántico, donde varios puertos compiten por tráficos industriales, la eficiencia en los accesos y en la intermodalidad pesa tanto como los precios o las tasas.

Aquí la transición tiene dos caras: reducir emisiones (también en la cadena terrestre) y, al mismo tiempo, ganar tiempos y fiabilidad operativa. Un puerto electrificado, con más ferrocarril y procesos digitalizados, es un puerto que aspira a ser más rápido y, por tanto, más atractivo para la industria.

Bruselas prepara el nuevo marco

La visita llega con el calendario europeo acelerando. Agirregoitia será ponente en el Parlamento Europeo del nuevo mecanismo de financiación de infraestructuras para el periodo 2028-2034, un debate que se cruzará con la negociación del próximo presupuesto comunitario. En paralelo, a mediados de febrero se prevé que la Comisión presente una Estrategia Europea de Puertos y una Estrategia Industrial Marítima, dos marcos que pueden marcar prioridades, requisitos y líneas de apoyo.

Para Bilbao, esa agenda importa porque define qué proyectos serán “elegibles” y con qué intensidad se financiarán. En otras palabras: determina si la transición avanza como plan real o se queda en promesa.

Un puerto que quiere ser nodo energético

En el muelle, la descarbonización aterriza en preguntas muy concretas: ¿habrá potencia eléctrica suficiente para enchufar barcos y terminales sin cuellos de botella? ¿Habrá renovables, almacenamiento y redes para que el cambio no encarezca operar? ¿Podrá el ferrocarril absorber más cuota y reducir tráfico pesado por carretera?

Agirregoitia plantea que de esas respuestas depende una parte de la economía real: más competitividad o pérdida de tráficos frente a puertos que se adelanten en la carrera energética. Por eso, la visita tiene doble lectura. Es institucional, porque refuerza el relato de puerto estratégico para Euskadi. Y es operativa, porque pone el foco en inversiones muy concretas: electrificación, renovables, hidrógeno, ferrocarril y digitalización.

En un momento en el que la transición ya no se mide por discursos sino por kilovatios instalados y trenes que entran, el Puerto de Bilbao juega su partida con una premisa clara: ser puerto industrial y ser puerto verde no puede ser una contradicción, sino la misma estrategia

La vía ártica se estabiliza: cae el destino, crece el tránsito y aumenta el riesgo

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Récord de tránsito China–Reino Unido y más buques “sin clase hielo” en un corredor dominado por hidrocarburos

Tras dos años de crecimiento, 2025 puso el freno a la progresión del tráfico en la Ruta Marítima del Norte (RMN), el corredor que bordea el Ártico ruso. Los volúmenes vinculados a los puertos del propio itinerario —la llamada navegación “de destino”, asociada sobre todo a proyectos energéticos y mineros— retrocedieron y dejaron una cifra simbólica: 36,2 millones de toneladas, por debajo del récord de 2024.

El dato encaja con la foto estructural del corredor: la RMN no es todavía una “autopista” global equivalente a Suez, sino un eje principalmente ruso donde el tráfico internacional de tránsito sigue siendo minoritario y muy estacional. Los análisis de 2025, de hecho, hablan de una temporada de navegación de tránsito estable en volumen (en torno a 3,2 millones de toneladas) pero con más travesías que el año anterior.

Un récord que sí cruza titulares: contenedores de China al Reino Unido por el Ártico

El año dejó, eso sí, un hito mediático: la travesía récord de un portacontenedores entre China y el Reino Unido utilizando la RMN, presentada por operadores chinos como una forma de recortar tiempos frente a las rutas tradicionales. Reuters situó el movimiento en la apertura de un servicio directo vía Ártico, con promesas de acortar el viaje a menos de tres semanas en condiciones favorables.

La propia Rosatom —pieza clave en la gestión de la RMN y de la flota de rompehielos— comunicó en 2025 la finalización del primer tránsito China–Europa por esta vía y lo vinculó a la narrativa de “atajo” estacional.

Hidrocarburos rusos y “flota en la sombra”: el trasfondo de la estabilización

Detrás de la cifra global, el corredor sigue dominado por energía. La RMN funciona como una infraestructura logística para GNL, crudo y graneles ligados a la explotación del Ártico, un tablero atravesado por sanciones, restricciones tecnológicas y nuevas formas de transporte. En 2025, investigaciones periodísticas en el norte de Europa describieron cómo buques sancionados y la llamada “shadow fleet” ganan presencia en el corredor, con implicaciones directas sobre el control, los seguros y el riesgo ambiental.

El debate se endurece porque no se trata solo de cuántas toneladas se mueven, sino de cómo se mueven.

El punto más delicado: petroleros sin clase hielo y el riesgo de accidente

Una de las alertas de 2025 fue el tránsito de petroleros con nula o baja certificación “ice class” en aguas donde el hielo sigue siendo un factor operativo real. Informes y artículos especializados citan casos de buques que avanzan “a ventana” —apostando por condiciones benignas— y episodios de embarcaciones atrapadas que requirieron asistencia, con el temor latente a un accidente en un entorno de respuesta compleja.

El marco regulatorio internacional existe: el Código Polar de la OMI exige certificación y condiciones de diseño/operación específicas para navegar en aguas polares. Pero la presión geopolítica y comercial —y el recurso a flotas envejecidas o con cob_stripos de seguro discutibles— ha colocado el foco en el cumplimiento real y en la capacidad de control.

Un corredor que se mantiene, pero no se “normaliza”

El balance final de 2025 deja una paradoja: la RMN no se dispara, pero tampoco se desinfla. Se estabiliza en volumen total, mejora ciertos registros de tránsito y, al mismo tiempo, abre una discusión incómoda sobre seguridad, trazabilidad y riesgo ambiental en un espacio particularmente sensible.

Y quizá esa sea la conclusión más periodística: el Ártico no está convirtiéndose (todavía) en la ruta estándar del comercio mundial, pero sí en un laboratorio geopolítico donde energía, sanciones, hielo y logística compiten por imponer sus reglas.

Marruecos abre el Atlántico a la flota rusa y cierra la puerta a la sardina congelada para exportación

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Rabat ha firmado y activado un acuerdo pesquero de cuatro años con Moscú —centrado en pequeños pelágicos como la sardina— mientras el Gobierno marroquí anuncia la suspensión de las exportaciones de sardina congelada desde el 1 de febrero de 2026 para asegurar el suministro interno y contener precios. La prensa marroquí dibuja así un doble movimiento: atraer socios en el mar y, a la vez, “reservar” materia prima en tierra.

La secuencia arranca en octubre de 2025, cuando Marruecos y Rusia sellan en Moscú un nuevo instrumento de cooperación pesquera por cuatro años, llamado a sustituir el acuerdo anterior vencido el 31 de diciembre de 2024. Según Yabiladi y L’Opinion, el texto fija un tope anual de capturas, delimita zonas autorizadas a lo largo de la costa atlántica marroquí y mantiene periodos de reposo biológico, con referencias explícitas a la prevención de la sobrepesca y a la lucha contra la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada.

A finales de diciembre, el acuerdo entra en su fase operativa: medios como Yabiladi y L’Opinion informan de que la agencia federal rusa abre el proceso de solicitudes para repartir los cupos de pesca en aguas atlánticas bajo jurisdicción marroquí. La ventana de presentación de candidaturas queda fijada del 12 al 30 de enero de 2026, tanto para pesca industrial como para pesca costera, con advertencias sobre la exclusión de expedientes con datos inexactos.

En cuanto a especies, el “menú” es el mismo en los distintos relatos periodísticos marroquíes: sardina, sardinela, caballa, jurel y anchoa (pequeños pelágicos). Lo recogen Yabiladi, L’Opinion y también la prensa árabe como Achkayen, que subraya la revisión de solicitudes y el control documental en la asignación de derechos.

Varios de esos textos añaden un elemento político: el hecho de que el marco de pesca abarque aguas atlánticas “sobre las que Marruecos ejerce derechos soberanos y/o jurisdicción”, una formulación que algunos medios vinculan con el debate sobre el Sáhara Occidental.

El otro movimiento: “stop” a exportar sardina congelada desde febrero

Mientras se activan cuotas para flota rusa, Rabat lanza un mensaje distinto hacia los exportadores de materia prima: la sardina congelada no saldrá.

El anuncio llegaba en sede parlamentaria y la secretaria de Estado de Pesca Marítima, Zakia Driouich, comunicó la suspensión/prohibición de exportar sardina congelada a partir del 1 de febrero de 2026, sin detallar la duración de la medida. El objetivo declarado: preservar el abastecimiento del mercado interior y contener tensiones de precios en un producto de consumo cotidiano.

La explicación que acompaña al anuncio es, en esencia, una palabra. En base a datos del Office National des Pêches (ONP): los desembarques de sardina habrían caído alrededor de un 46% en dos años, pasando de cerca de 966.000 toneladas (2022) a unas 525.000 toneladas (2024).

En paralelo, Le Desk y Médias24 aportan otra cifra estructural que ayuda a entender el nerviosismo: los pelágicos —con la sardina como emblema— representan en torno al 80% de los recursos halieúticos costeros del país, lo que convierte cualquier bajada de capturas en un asunto económico y social de primera magnitud.

No es solo una discusión de consumo doméstico. La medida se produce, además, tras avisos del tejido industrial: Médias24 y Le Desk mencionan que la UNICOP (industria conservera) venía reclamando actuación ante la caída de capturas y alertando de prácticas irregulares, en un contexto donde el Gobierno también habla de combatir la especulación y mejorar el funcionamiento de la cadena (frío, intermediación, márgenes).

La “paradoja” que señalan en privado los operadores: dejar pescar, pero no dejar exportar

Leídas juntas, ambas decisiones parecen contradictorias, pero la prensa marroquí sugiere que responden a lógicas distintas:

  • En el mar, Marruecos mantiene un marco bilateral con Rusia que fija límites, zonas y descansos biológicos, y obliga a las empresas rusas a operar bajo reglas marroquíes.
  • En tierra, el Gobierno pretende redirigir la sardina disponible hacia el mercado interior (y, por extensión, hacia la transformación local), frenando la salida de sardina congelada como materia prima cuando la oferta se estrecha.

En otras palabras: el mensaje no es “no hay sardina”, sino “la sardina que haya, primero aquí”. Y el calendario lo refuerza: el reparto de cuotas rusas se tramita en enero, mientras el cierre exportador entra en vigor el 1 de febrero.

Impacto exterior: un problema de suministro que cruza fronteras

Aunque los medios marroquíes enfocan el asunto en clave nacional, el efecto rebota fuera: Marruecos es un gran actor en sardina (captura y transformación), y la suspensión de exportación de congelado abre incertidumbre para industrias que dependen de esa materia prima. El propio H24info apunta que el Gobierno prepara medidas para periodos de alta demanda (como Ramadán) con el fin de asegurar disponibilidad, lo que anticipa que la prioridad política será el consumo interno en las próximas semanas.

Conclusión: Marruecos intenta cuadrar un círculo complejo: sostener la cooperación internacional en el Atlántico —incluida la rusa— y, al mismo tiempo, amortiguar en casa el golpe de la caída de desembarques y la tensión de precios. En el centro de ambas historias está el mismo pez: la sardina.

Si quiere, le preparo una cronología “día a día” (firma en octubre, activación de cupos en diciembre, anuncio parlamentario en enero, entrada en vigor en febrero) y un recuadro con “qué especies incluye el acuerdo con Rusia” y “qué productos afecta exactamente la suspensión” para maquetación.

Alta mar, nuevas reglas: lo que el tratado BBNJ cambia —y lo que no— para la pesca mundial

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El acuerdo de la ONU sobre biodiversidad en aguas internacionales abre un marco global de conservación, pero deja la gestión pesquera en manos de las OROP, advierte Francisco Blaha

El nuevo Acuerdo en el marco de la Convención de Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar para la Conservación y el Uso Sostenible de la Diversidad Biológica Marina en Áreas más allá de la Jurisdicción Nacional —conocido por sus siglas en inglés como BBNJ— ha sido presentado en redes y medios no especializados como el gran remedio para los problemas de la alta mar. Fotos de barcos, peces y ballenas han reforzado esa idea: por fin habría un “tratado de la alta mar” capaz de ordenar la pesca en aguas internacionales. Sin embargo, el consultor y experto en gobernanza pesquera Francisco Blaha pide precisión: “lo primero que hay que dejar claro” es que el BBNJ no fija medidas de ordenación pesquera, aunque sí introduce procesos, obligaciones e instituciones que se cruzan con el trabajo de las Organizaciones Regionales de Ordenación Pesquera (OROP/RFMOs). Y ese cruce, sostiene, traerá oportunidades y tensiones: “las OROP son las entidades responsables de gestionar las pesquerías en alta mar… y están especialmente preparadas para apoyar los objetivos del BBNJ, no al revés”.


Un hito diplomático… y un desafío de siempre: hacerlo cumplir

La alta mar —o aguas internacionales— es el gran espacio común del planeta: un océano sin bandera nacional donde conviven intereses alimentarios, económicos, científicos y estratégicos. El BBNJ se concibe como un hito de gobernanza global para cerrar lagunas históricas en la conservación y el uso sostenible de la biodiversidad en las llamadas ABNJ (áreas más allá de la jurisdicción nacional). Aun así, Blaha insiste en separar el símbolo del efecto real.

La razón es sencilla: el derecho del mar ya tiene un precedente inmenso, la Convención de Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (UNCLOS), y su recorrido demuestra que un texto internacional, por sólido que sea, solo cambia el océano si los Estados lo aplican. Blaha lo resume con un recordatorio incómodo: UNCLOS tiene más de cuatro décadas y todavía se discute cómo lograr que algunos Estados de pabellón implementen y cumplan plenamente lo que firmaron. Dicho de otro modo: el BBNJ es una puerta nueva, pero el pasillo —la implementación— sigue siendo el tramo más largo.


El malentendido: por qué el BBNJ “parece” un tratado sobre pesca sin serlo

Blaha observa que el debate público ha tendido a simplificar el acuerdo: se habla de “proteger la alta mar” y se asume que eso equivale a “arreglar la pesca”. Pero la pesca en alta mar no estaba huérfana de instituciones: desde hace décadas existen reglas, compromisos y organismos con mandato específico para ordenar pesquerías, establecer cuotas, limitar esfuerzo, definir artes permitidas, cerrar zonas sensibles y controlar el cumplimiento.

Ahí aparece el núcleo de su argumento: el BBNJ no sustituye ese entramado; lo que hace es crear un marco transversal de biodiversidad que obligará a coordinar decisiones entre sectores (conservación, pesca, transporte marítimo, investigación, actividades emergentes). Y esa coordinación, bien gestionada, puede reforzar la sostenibilidad; mal gestionada, puede duplicar procesos y abrir conflictos de competencias.


OROP: el “centro de gravedad” de la pesca en alta mar

Las OROP/RFMOs son organizaciones intergubernamentales nacidas de tratados regionales para gestionar poblaciones de peces y prácticas pesqueras en áreas concretas del océano, especialmente en alta mar y, en muchos casos, en interacción con las zonas económicas exclusivas de los Estados miembros. Acumulan décadas de experiencia en:

  • Decisiones basadas en ciencia y asesoramiento técnico.
  • Evaluación de stocks, modelos de población y sistemas de datos.
  • Medidas espaciales (cierres, vedas, zonas de protección).
  • Cumplimiento (normas de inspección, seguimiento, sanciones, listas de buques IUU, etc.).

Por eso Blaha recalca una idea que considera crucial: las OROP son “las” entidades responsables de gestionar la pesca en alta mar y están particularmente bien equipadas para sostener —y, en cierto modo, aterrizar— parte de las ambiciones del BBNJ. En su lectura, el tratado crea un paraguas de biodiversidad que necesitará apoyarse en estructuras que ya saben negociar y aplicar medidas en el agua.


Qué hace realmente el BBNJ: cuatro pilares y una arquitectura institucional

Según el texto que analiza Blaha, el BBNJ organiza su ambición en cuatro áreas de trabajo. Ninguna es, estrictamente, “ordenación pesquera”, pero todas rozan la pesca porque el ecosistema es uno y los usos se superponen.

1) Herramientas de gestión por áreas (ABMT), incluidas áreas marinas protegidas (AMP)

El BBNJ impulsa procesos para identificar, designar y gestionar herramientas de gestión basadas en zonas: las conocidas ABMT. En este paquete se incluyen áreas marinas protegidas (AMP) y otras medidas de conservación espacial.

Blaha subraya que, aunque estas medidas no están diseñadas específicamente como instrumentos pesqueros, pueden impactar sobre pesquerías: cierres parciales, restricciones de artes, limitaciones temporales o reglas de tránsito. Su punto clave es que las OROP no llegan a este debate como actor novato: han aplicado durante años medidas espaciales tales como:

  • cierres para proteger zonas de desove o cría,
  • protecciones de ecosistemas marinos vulnerables (VME) frente a artes destructivas,
  • restricciones estacionales o por tipo de arte para reducir impactos.

La oportunidad está en la convergencia: si las ABMT del BBNJ se diseñan con evidencia, datos pesqueros y capacidad real de vigilancia, pueden reforzar objetivos de biodiversidad sin ser una pieza decorativa. El riesgo es la fricción: ABMT impulsadas sin coordinación con las OROP pueden generar duplicidades o disputas sobre quién decide qué.

2) Evaluaciones de impacto ambiental (EIA) en alta mar

El tratado exige evaluaciones de impacto ambiental para actividades que puedan causar daños significativos en áreas fuera de jurisdicción nacional, guiadas por el enfoque precautorio y compromisos generales del derecho del mar.

Aquí Blaha marca un matiz importante: aunque las responsabilidades de EIA no se orienten directamente a lo que ya está bajo procedimientos equivalentes de otros marcos (incluidas dinámicas pesqueras gestionadas por OROP), las evaluaciones pueden convertirse en una herramienta clave para revisar impactos acumulativos y transfronterizos de actividades no pesqueras que afectan a ecosistemas de interés para la pesca.

Además, recuerda que muchas OROP ya han desarrollado evaluaciones de riesgo para pesquerías nuevas o en expansión, en línea con principios de EIA: análisis de impactos, seguimiento y revisión con base científica. Esa experiencia puede resultar decisiva cuando se definan estándares y procedimientos del BBNJ, para evitar que la “evaluación” quede en mero trámite documental.

3) Creación de capacidades y transferencia de tecnología marina (CBTMT)

Este pilar apunta a la desigualdad estructural: no todos los Estados tienen los mismos recursos para producir ciencia, participar en negociaciones, monitorizar actividades ni aplicar controles. El BBNJ busca fortalecer capacidades y facilitar transferencia tecnológica, especialmente para países en desarrollo, pequeños Estados insulares y Estados menos adelantados.

Blaha sugiere que las OROP desempeñan aquí un doble papel:

  • Proveedoras: formación en gestión pesquera, monitoreo ecosistémico, evaluación de riesgos, sistemas de datos y cumplimiento.
  • Beneficiarias: más recursos para modernizar sistemas, reforzar secretarías, mejorar interoperabilidad de datos y sostener participación técnica.

El trasfondo es político: la gobernanza de la biodiversidad en alta mar será tan equilibrada como lo sea el acceso a información, tecnología y músculo institucional. Y la pesca —que vive de reglas aplicables en el agua— es especialmente sensible a esa asimetría.

4) Recursos genéticos marinos (MGR) y reparto de beneficios

El BBNJ incluye un régimen para recursos genéticos marinos en áreas fuera de jurisdicción, con mecanismos de reparto de beneficios derivados de su uso. Blaha apunta que la pesca y actividades pesqueras quedan fuera del núcleo de estas disposiciones, pero aun así las OROP pueden contribuir en ámbitos colindantes: protocolos de acceso cuando la investigación pesquera recoja material biológico, trazabilidad y transparencia, o coherencia de políticas entre pesca y biodiversidad.


La “maquinaria” del tratado: COP, órgano científico, comité de cumplimiento y plataforma de información

Además de los cuatro pilares, el acuerdo crea una arquitectura institucional que será el terreno real de la política oceánica:

  • Conferencia de las Partes (COP): el órgano político donde se aprueban decisiones, procesos y prioridades.
  • Órgano Científico y Técnico: asesoramiento especializado en ciencia, tecnología, EIAs, ABMT, MGR.
  • Comité de Implementación y Cumplimiento: un espacio para promover adhesión a obligaciones mediante diálogo, transparencia y apoyo.
  • Mecanismo de intercambio de información (Clearing-House Mechanism): plataforma de datos e información para coordinar y dar transparencia.

Blaha enfatiza la consecuencia práctica: para que la biodiversidad se gobierne con rigor, las OROP deberán estar en la conversación, aportando datos, conocimiento de campo, experiencia en cumplimiento y “realismo operativo”. Pero eso implicará recursos adicionales, personal con competencias nuevas y, sobre todo, capacidad para sostener coordinación constante.


MCS: vigilancia, control y seguimiento —la frontera entre el papel y el océano real

En el texto, Blaha menciona que le encargaron un trabajo sobre el potencial de mecanismos de MCS (Monitoring, Control and Surveillance) para AMP en alta mar, una de las herramientas que el BBNJ habilita. Es un detalle revelador: el punto más débil de la alta mar, históricamente, no ha sido la falta de palabras, sino la dificultad de vigilar y hacer cumplir.

Las AMP en alta mar, sin vigilancia efectiva, se convierten en líneas imaginarias. Por eso el debate sobre MCS no es técnico; es el corazón de la implementación: satélites, seguimiento electrónico, intercambio de información, inspecciones, cooperación entre Estados, y compatibilidad con sistemas ya existentes en OROP y Estados de pabellón.

En la visión de Blaha, las OROP pueden ser un socio natural para aterrizar MCS, precisamente porque han tenido que construir instrumentos de cumplimiento en un entorno donde el “territorio” es líquido y el incentivo a incumplir existe.


El hueco del Atlántico Suroccidental: cuando no hay OROP, el problema se multiplica

Una de las afirmaciones más contundentes de Blaha es geográfica y política: señala que existen OROP en casi todas las cuencas oceánicas… excepto en el Atlántico Suroccidental. En su opinión, esa ausencia explica en parte el “desorden” pesquero de la zona.

Esto conecta con su advertencia sobre ABMT/AMP: en regiones sin OROP se produce una paradoja. Si el BBNJ impulsa la designación de AMP en alta mar, pero no existe un foro regional pesquero con legitimidad y práctica para negociar medidas y aplicarlas, ¿dónde se acuerdan las reglas específicas y cómo se ejecutan? El BBNJ aporta el procedimiento global, pero la gobernanza cotidiana requiere estructuras regionales, datos, cooperación y capacidad de control.


¿Quién influye a quién? La disputa silenciosa sobre el poder normativo

Blaha sugiere que algunos grupos no especializados ven el BBNJ como una vía para “influir” sobre la pesca y sobre las OROP. Su impresión, sin embargo, es casi la contraria: a medida que el tratado entre en fase operativa, las OROP —por su experiencia y por su centralidad en la gestión real— pueden terminar influyendo más en la manera en que el BBNJ se concreta. No por imposición, sino por necesidad: si la COP y los órganos técnicos diseñan medidas que afectan a usos en el océano sin el conocimiento de quienes ya gestionan pesquerías, la implementación será débil o conflictiva.

Dicho de otro modo: el BBNJ abre la puerta a una gobernanza más integrada; las OROP aportan el oficio de convertir acuerdos en reglas aplicables. La cuestión es si se integrarán a tiempo y con recursos.


Claves para entender la próxima fase: lo que habrá que mirar en 2026 y después

Si el debate público ha estado dominado por el anuncio, la fase decisiva será el detalle:

  1. Cómo se proponen y aprueban ABMT/AMP: criterios científicos, compatibilidad con medidas existentes, y mecanismos de revisión.
  2. Qué estándares de EIA se adoptan: umbrales, metodología, impactos acumulativos, transparencia y participación.
  3. Qué se entiende por “coherencia” entre marcos: si se traduce en coordinación real o en burocracia paralela.
  4. Cómo se diseña el Clearing-House: qué datos se comparten, bajo qué reglas, con qué garantías.
  5. Qué músculo tendrá el cumplimiento: si el comité y los sistemas MCS quedan en la diplomacia o llegan a resultados verificables.

Cierre: el BBNJ no regula la pesca, pero cambia el tablero

El tratado BBNJ marca un antes y un después en la ambición global de proteger la biodiversidad en alta mar. Pero, como insiste Francisco Blaha, conviene no confundir su alcance: no es un reglamento pesquero mundial ni un sustituto de las OROP. Es, más bien, un marco que obliga a coser piezas que durante años han funcionado en compartimentos: conservación, ciencia, evaluación de impactos, capacidades, transparencia y cumplimiento.

En ese nuevo tablero, las OROP seguirán siendo el eje de la gestión pesquera, y el éxito del BBNJ dependerá de la alianza —y la fricción— entre ambos mundos. Si el tratado logra que la biodiversidad se gestione con rigor sin romper la gobernanza pesquera existente, la alta mar tendrá por fin algo más que buenas intenciones: tendrá reglas integradas con posibilidad real de cumplirse. Si no, el océano seguirá recordando la lección de siempre: entre firmar y transformar hay una distancia tan grande como el horizonte.

El “pescado blanco” cambia de guion: sostenibilidad en Europa y fiebre proteica en Estados Unidos

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La demanda de pescado blanco en 2026 se reordena en los dos grandes mercados mundiales. En la UE mandan la trazabilidad y las certificaciones; en EE. UU. tira el consumo de proteína “limpia”. El encarecimiento del bacalao acelera la sustitución por especies más disponibles, mientras ganan terreno los formatos listos para cocinar.

El pescado blanco —del bacalao al abadejo, de la tilapia al siluro— entra en 2026 con un mapa de consumo distinto al de hace solo unos años. Ya no basta con ofrecer un producto “saludable” y de sabor suave: los compradores, tanto en Europa como en Estados Unidos, exigen pruebas. Pruebas de sostenibilidad, de origen, de seguridad alimentaria y, sobre todo, de conveniencia. Esa combinación de factores está rediseñando la demanda en los dos polos que marcan el pulso del comercio internacional de productos del mar.

El análisis, basado en un informe sobre ventas alimentarias citado por el autor italiano Davide Ciravolo (a partir de un reporte atribuido a “LLC Attorney”) y en tendencias observadas en el mercado, dibuja un cambio de prioridades: Europa compra con lupa; Estados Unidos, con la calculadora de proteínas por porción.

Europa: sin trazabilidad y sello, no hay estantería

En el mercado europeo, el pescado blanco se está convirtiendo en un producto donde la confianza pesa casi tanto como el precio. La decisión de compra, especialmente en la gran distribución, se apoya cada vez más en cuatro preguntas: cómo se capturó o crió, de dónde viene, qué impacto ambiental deja y qué certificaciones lo respaldan.

En ese contexto, ganan protagonismo estándares y esquemas reconocidos —como ASC, GlobalG.A.P. y otros sistemas de gestión ambiental— que actúan como pasaporte comercial. El mensaje es claro: sin una cadena verificable y responsable, muchos productos sencillamente pierden sitio en el lineal.

Todo ello ocurre en un entorno económico todavía tenso. La prudencia del consumidor europeo continúa, y el precio sigue importando. Pero aparece un matiz decisivo: crece la disposición a pagar “algo más” si el producto ofrece sostenibilidad demostrable, calidad, seguridad y trazabilidad. La sostenibilidad deja de ser un lema y se convierte en un requisito de acceso.

Estados Unidos: el pescado blanco como proteína “limpia”

Al otro lado del Atlántico, el motor de crecimiento no es tanto el sello como la nutrición. El mercado estadounidense está fuertemente influido por dietas ricas en proteínas y por una cultura de consumo donde la etiqueta “high protein” funciona como reclamo. Según el informe citado, los productos del mar podrían convertirse entre 2026 y 2029 en la categoría alimentaria de crecimiento más rápido, con un incremento anual medio del 13,8%.

En ese escenario, el pescado blanco encaja como pieza perfecta: es percibido como una proteína “limpia”, digerible y fácil de integrar en menús domésticos y en restauración orientada al bienestar. La clave es su versatilidad: admite horno, plancha, rebozado, bowls, tacos o ensaladas sin exigir al consumidor un conocimiento culinario avanzado. Y eso, en un mercado de tiempos rápidos, vale oro.

Precios al alza y sustituciones: menos bacalao, más alternativas

El precio vuelve a escena por una vía muy concreta: el bacalao. La previsión de una oferta más ajustada en 2026, vinculada a cuotas más restrictivas, abre la puerta a una escalada de precios sostenida. Y cuando el bacalao sube, el consumidor y la industria reaccionan: sustituyen.

Ahí aparecen tres especies que están ganando espacio por estabilidad de suministro y coste contenido:

  • Pollock (abadejo de Alaska u otros gadiformes comerciales)
  • Siluro / “catfish” (acuicultura y circuitos consolidados en EE. UU.)
  • Tilapia (producción estable y precio competitivo)

No compiten solo por precio: ofrecen buen aporte proteico, disponibilidad constante y formatos industriales muy adaptados al retail. El resultado es una cesta de pescado blanco menos dependiente del bacalao y más diversificada por eficiencia.

La gran tendencia común: “ready to cook” y formatos prácticos

Si hay un punto donde Europa y Estados Unidos convergen, es la explosión del consumo de pescado blanco práctico y listo para usar. Filetes congelados, productos empanados, elaboraciones precocinadas y semielaborados siguen ganando cuota tanto en supermercados como en hostelería.

Las razones son conocidas, pero ahora se acumulan:

  • estilos de vida urbanos más acelerados,
  • deseo de reducir tiempos de preparación,
  • mayor atención a la seguridad alimentaria,
  • preferencia por formatos que aseguren conveniencia y continuidad de suministro.

El pescado blanco es protagonista natural de esta transformación por su perfil: neutro, adaptable, fácil de porcionar y con alta aceptación transversal.

2026: quién gane será quien combine cuatro variables

El mercado que se perfila para 2026 premia a las empresas capaces de resolver una ecuación exigente: sostenibilidad certificada y trazabilidad rigurosa (especialmente en Europa), valor nutricional y narrativa de salud (clave en EE. UU.), precio competitivo vía sustitución de especies y, finalmente, practicidad con formatos “ready to cook”.

En síntesis, el pescado blanco deja de ser un commodity silencioso para convertirse en un producto con relato: o demuestra origen y sostenibilidad, o compite por proteína y conveniencia. Y en ambos casos, quien no se adapte quedará fuera del carro en los dos mercados que siguen marcando el corazón de las importaciones mundiales de productos pesqueros