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viernes, febrero 13, 2026
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El “atún rojo” del año arranca 2026 con récord en Tokio: 1 millón de euros por un ejemplar de 243 kilos

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La cadena Sushi Zanmai vuelve a acaparar titulares en la primera subasta del año del mercado de Toyosu, donde los precios se disparan por tradición, prestigio y efecto publicitario.

En el lenguaje de las subastas, el verbo inglés fetches suele traducirse como “alcanza” o “se paga a”. Y este lunes, en el mercado mayorista de Toyosu, el término se quedó corto: un atún rojo (bluefin) de 243 kilogramos se adjudicó por 510,3 millones de yenes (unos 3,2 millones de dólares) en la primera subasta del año, un récord histórico para este ritual gastronómico japonés.

El comprador fue Kiyomura Corp., matriz de la popular cadena Sushi Zanmai, encabezada por Kiyoshi Kimura, un rostro habitual en estas pujas de Año Nuevo y conocido en Japón como el “Tuna King” por su tendencia a ofertar fuerte cuando el foco mediático está en su punto más alto.

Un pez de Oma y un precio “de estreno”

El ejemplar premiado —procedente de Oma (prefectura de Aomori, norte de Japón), una zona célebre por su atún— se pagó a razón de alrededor de 2,1 millones de yenes por kilo, una cifra muy por encima de las transacciones habituales del día a día. La ceremonia, que se celebra de madrugada y congrega cámaras y curiosos, forma parte del calendario simbólico del país: el “primer atún” se considera un augurio de buena fortuna y, para las empresas ganadoras, un escaparate publicitario de primer nivel.

Según relatan agencias internacionales, el propio Kimura reconoció sorpresa por el importe final tras una puja que se aceleró en cuestión de segundos, un patrón típico en una subasta que se vive más como evento que como mero trámite comercial.

No es la primera vez: 2019 y el precedente del “Tuna King”

El nuevo récord supera el tope anterior, también protagonizado por Kimura en 2019, cuando en Toyosu se pagaron 333,6 millones de yenes por el primer gran atún del año. Aquella cifra ya era un símbolo de hasta dónde puede llegar el componente mediático de la cita; la de 2026 lo eleva a otra dimensión.

¿Cuánto es “normal” en Toyosu?

La comparación con el año pasado ayuda a entender el salto. En 2025, el primer atún se adjudicó por 207 millones de yenes y fue adquirido por el Onodera Group, otro gran actor del negocio del sushi en Japón. Incluso aquel precio —ya considerado extraordinario— queda ahora muy por debajo del nuevo listón.

Del martillo a la barra

Tras la puja, el atún récord fue trasladado para su preparación y distribución en la red de restaurantes del grupo, donde este tipo de compras suelen convertirse en una campaña en sí misma: el producto se sirve a clientes con el reclamo de haber sido “el atún del año”, reforzando marca y notoriedad.

En paralelo, la escena vuelve a poner sobre la mesa el debate recurrente: la tensión entre tradición y negocio, y el trasfondo de sostenibilidad de una especie que ha estado bajo presión pesquera durante décadas (aunque con señales de recuperación asociadas a medidas de gestión)

Francia suspende las ostras, mejillones y almejas de Thau por un brote de norovirus en plena campaña de Fin de Año

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Golpe seco a uno de los grandes símbolos marineros del Mediterráneo francés a las puertas de Nochevieja. La prefectura del departamento de Hérault decretó la suspensión provisional de la recolección y la comercialización de ostras, mejillones y almejas procedentes del estanque de Thau, tras detectarse varios casos de toxiinfección alimentaria asociados al consumo de ostras del propio enclave y un vínculo epidemiológico con norovirus

La decisión, formalizada mediante orden administrativa, llega en el peor momento para la conchilicultura local: los días previos a la Saint-Sylvestre suelen concentrar una parte crucial de las ventas, tanto en mercados como en restauración. La autoridad sanitaria relaciona el episodio con la presencia de virus en el agua, y apunta como causa probable el episodio de lluvias intensas y crecidas de mediados de diciembre, que pudo degradar la calidad sanitaria del medio lagunar. 

Qué producto queda afectado y desde cuándo

La medida se aplica a los moluscos extraídos a partir del 19 de diciembre de 2025, fecha que se fijó como referencia tras nuevos resultados analíticos. Los mariscos recolectados antes de esa fecha o procedentes de otras zonas no estarían incluidos en la suspensión. 

En paralelo, el aviso llegó también al consumidor a través de los canales oficiales de retirada: RappelConso publicó fichas de alerta por riesgo de norovirus para productos del área de Thau/Bouzigues, con indicaciones para comprobar el origen y gestionar devoluciones. 

Un enclave clave para la conchilicultura mediterránea

El estanque de Thau es uno de los grandes polos de cultivo de moluscos en Occitania. Informes públicos del ámbito marítimo francés sitúan su producción en el entorno de miles de toneladas anuales, con un peso relevante en la oferta regional y nacional. 

Efecto inmediato: búsqueda de alternativas y tensión comercial

Con la campaña navideña en su punto álgido, productores y vendedores han tenido que reorganizar pedidos, buscar orígenes alternativos y gestionar devoluciones, mientras el sector reclama agilidad en los controles para acotar el alcance real del problema. Medios franceses subrayan que la suspensión llega tras un periodo de gran fragilidad por los impactos meteorológicos y sanitarios sobre la actividad. 

Norovirus: qué significa para el consumidor

El norovirus es una causa habitual de gastroenteritis. Las autoridades recomiendan extremar la precaución con el consumo de moluscos crudos cuando existen alertas sanitarias y seguir las instrucciones de retirada/retorno del producto indicadas en los avisos oficiales. 

La duración de la suspensión dependerá de la evolución de los análisis y de los criterios sanitarios aplicados: en el decreto se contempla un marco de referencia de 28 días tras una contaminación del medio como plazo considerado suficiente para levantar restricciones, siempre condicionado a los resultados de control.

Ocean Ark, el “buque-granja” que quiere llevar la acuicultura mar adentro

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Un trimarán de 170 metros concebido para criar peces en alta mar, con jaulas de cobre e inteligencia artificial, avanza como una de las propuestas más ambiciosas para replantear la acuicultura lejos de la costa.

La acuicultura lleva años chocando con un límite evidente: la costa ya no da para todo. Entre el aumento de episodios de calor marino, las floraciones de algas, los temporales y la presión social y ambiental en zonas litorales, el sector busca fórmulas para crecer sin seguir apretando el mismo espacio. En esa carrera por “salir mar afuera” aparece el Ocean Ark, un proyecto futurista que propone convertir un buque en una granja móvil, capaz de operar en mar abierto y de escoger mejores condiciones de agua para el cultivo.

El Ocean Ark se presenta como un trimarán autopropulsado, de bajas emisiones y asistido por IA, desarrollado por la chilena Ocean Arks Tech (OATECH). Su carta de presentación no es menor: 170 metros de eslora y alrededor de 64 metros de manga, un “puente” estructural que permite integrar grandes jaulas y sistemas auxiliares en una plataforma estable. En 2021, la sociedad de clasificación RINA anunció para este concepto una Approval in Principle (AiP), una validación preliminar del diseño dentro de su marco normativo y de referencia internacional (MARPOL, SOLAS e IMO), paso habitual para ideas que aspiran a convertirse en construcción real.

Jaulas de cobre, sensores y un objetivo: más salud y menos sobresaltos

La promesa tecnológica del Ocean Ark se apoya en dos pilares: cajas/jaulas de cobre “autolimpiantes” (en algunas descripciones, mallas de aleación cobre-zinc con propiedades antifouling) y monitorización inteligente para seguir variables del agua y del cultivo, con la idea de mantener parámetros estables y anticiparse a situaciones adversas.

El concepto insiste en una ventaja clave: la movilidad. Frente a instalaciones fijas, este sistema pretende alejarse de “los tres talones de Aquiles” que más golpean a la acuicultura costera —olas de calor, algas nocivas y temporales— desplazándose hacia áreas con mejores condiciones. La capacidad de maniobra se ha descrito en torno a 4 nudos, y el diseño se ha divulgado como apto para operar con mar exigente (en algunas referencias, hasta olas de varios metros).

¿Cuánta producción? Un “salto de escala” en mar abierto

En la documentación pública del proyecto aparece una cifra recurrente: en torno a 4.000 toneladas de biomasa como capacidad del buque, con variantes según escenario y ciclo productivo (algunas fuentes hablan de hasta 3.900 toneladas por ciclo en determinadas especies). La idea, además, es producir a baja densidad, reivindicando mejores condiciones de bienestar y calidad del pescado.

Del render al “camino regulatorio”

Aunque el Ocean Ark se ha popularizado por sus imágenes de “superyate acuícola”, su recorrido intenta bajar al terreno práctico. En 2024, por ejemplo, se divulgó el impulso de socios industriales y de aseguramiento técnico para avanzar en marcos de cumplimiento y posibles registros, con Francia citada como opción por su espacio marítimo y por su peso como mercado de salmón.

Ahí está también la letra pequeña que decide el futuro de cualquier gran idea offshore: permisos, control ambiental, prevención de escapes, logística de alimentación y cosecha, seguridad marítima y costes energéticos. La AiP no es una certificación final ni una garantía de construcción inmediata: es, más bien, una señal de que el concepto puede encajar en un marco técnico y regulatorio si el proyecto sigue madurando.

Un símbolo de hacia dónde mira la acuicultura

Más allá de si el Ocean Ark termina navegando tal y como se imagina hoy, el proyecto funciona como termómetro: la acuicultura global está empujada a reducir conflictos costeros, mejorar la resiliencia climática y elevar la trazabilidad y el control. En esa foto, las granjas móviles en alta mar —con sensores, datos y estructuras robustas— ya no suenan a ciencia ficción, sino a una de las rutas posibles para producir proteína marina en un escenario de más incertidumbre y menos margen en el litoral.

Cataluña liquida 5,9 millones pendientes y eleva a 21 millones las ayudas abonadas al sector pesquero en 2025

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El Departament d’Agricultura, Ramaderia, Pesca i Alimentació de la Generalitat de Catalunya ha completado el pago de 5,9 millones de euros que estaban pendientes en líneas de apoyo dirigidas al sector pesquero, un cierre de ejercicio que el Govern enmarca en un balance “positivo” por el volumen de expedientes tramitados y por el grado de ejecución de fondos comunitarios. 

Según la nota oficial, durante 2025 el Departament ha gestionado cerca de 1.000 expedientes de ayudas en el ámbito de la pesca y ha abonado un total de 21 millones de euros, de los cuales 14,5 millones proceden del Fondo Europeo Marítimo, de Pesca y de Acuicultura (FEMPA).

Inversiones para modernización y selectividad

El mayor bloque de pagos se ha destinado a inversiones en el sector pesquero, acuícola y la cadena de valor del pescado, con 7,9 millones de euros. Entre los ejemplos citados figuran medidas de modernización orientadas a la sostenibilidad, como la implantación de artes más selectivas y la incorporación de “puertas voladoras” en la flota de arrastre. 

Compensaciones por paradas temporales

Otro capítulo relevante corresponde a las compensaciones por paralizaciones temporales de la actividad pesquera: 4,7 millones de euros destinados a la flota, armadores y marinería para cubrir el impacto de estas interrupciones. 

Impulso a la economía azul y apoyo al tejido local

El Govern también sitúa dentro del paquete de ayudas los 2,5 millones de euros asignados al desarrollo de la economía azul sostenible, a través de las estrategias de desarrollo local participativo de los Grupos de Acción Local Pesquera (GALP). 

En paralelo, se han abonado 1,7 millones de euros para reforzar el conocimiento en pesca y oceanografía operacional mediante ICATMAR, y 3,6 millones de euros para cofradías y federaciones de cofradías de pescadores, piezas clave en la vertebración del sector en los puertos catalanes. 

Ejecución FEMPA: “n+3” superado en un 50%

La Generalitat subraya que esta ejecución de fondos europeos permite a Cataluña superar en un 50% el compromiso financiero “n+3” del FEMPA, la regla que obliga a ejecutar un mínimo de fondos en un plazo de tres años desde su aprobación para evitar la devolución de la parte no utilizada a la Unión Europea. 

Con el pago de los 5,9 millones que quedaban por abonar, el Govern cierra el año reivindicando una gestión “eficiente” de recursos comunitarios y una política de apoyos orientada a compatibilizar competitividad y sostenibilidad en el sector pesquero catalán. 

Vigo recupera el trono del naval privado con 22 buques en cartera y una ría volcada en barcos “difíciles”

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La ría de Vigo sigue manteniendo su pulso al ritmo de construcciones. Tras años de altibajos, 2025 está cerrando con un mensaje rotundo: Vigo se ha consolidado como la mayor factoría naval privada de España, con 22 buques en cartera y el 45% de la carga de trabajo del sector privado concentrada en sus gradas. La foto no es solo de volumen, sino de perfil industrial: el músculo está en la especialización y en la complejidad de los encargos.

En la avenida de Beiramar, donde el acero forma parte del paisaje, el termómetro de la actividad se mide también en CGT —el indicador que pondera horas de trabajo, materiales y dificultad técnica—. La carga conjunta se sitúa en 138.000 CGT, un nivel que refleja la buena salud de los astilleros y, sobre todo, de la red de empresas auxiliares que convierte cada contrato en empleo, ingeniería, metal y conocimiento.

La clave: competir fuera con nichos de alto valor

El salto de Vigo no se explica por fabricar “más”, sino por fabricar “mejor” y “más complejo”. El sector insiste en la misma idea: hay una masa crítica capaz de competir en mercados internacionales con buques donde la ingeniería pesa tanto como el casco. Oceanográficos, pesqueros de última generación, patrulleras, megayates o barcos de apoyo a la eólica marina: contratos que exigen precisión, certificaciones, integración de sistemas y una cadena de suministro afinada.

La cartera, además, es abiertamente global. Los pedidos abarcan una lista larga de banderas y destinos, y el mapa de clientes consolida una tendencia que el naval gallego viene cultivando: exportación y especialización como fórmula para blindarse frente a los ciclos.

Freire, Armón–Ría de Vigo y Cardama: tres perfiles, una misma ría

En este empuje destaca Freire Shipyard, con una cartera donde conviven la ciencia, el sector primario y el segmento de alto lujo. El astillero trabaja en buques oceanográficos como el Anita Conti (Francia), el Thuwal II (Arabia Saudí) y el Dana V (Dinamarca), y mantiene también el foco mediático en un proyecto confidencial de gran eslora —un megayate conocido como “Incognita”, de 107 metros— que apunta a convertirse en uno de los hitos más comentados del ciclo próximo.

En paralelo, la ría se ha colocado en el radar de la transición energética. Astilleros Ría de Vigo (Grupo Armón) impulsa un contrato especialmente simbólico: el buque de servicio para parques eólicos offshore de Bibby Marine, concebido para operar con baterías y sistemas de bajas emisiones, con un diseño que incluso contempla la recarga en alta mar. Es el tipo de proyecto que no solo suma carga de trabajo: también posiciona al astillero —y al ecosistema local— en un mercado que Europa quiere acelerar.

Y en el otro extremo de la cartera, Cardama mantiene actividad con encargos de defensa y multipropósito, aunque uno de sus contratos más sonados, el de las patrulleras oceánicas para Uruguay, ha estado rodeado de controversia política y administrativa en el país comprador, lo que ha añadido ruido e incertidumbre a un segmento en el que la reputación es casi tan valiosa como el plazo de entrega.

2026: más carga… y el gran cuello de botella

La perspectiva inmediata es de continuidad. El clúster Aclunaga proyecta un incremento del 10% en las referencias en construcción para 2026 y habla de una dinámica cercana al récord. Pero el propio sector señala el principal límite: la mano de obra. La advertencia es clara: una parte muy relevante de la plantilla se jubilará en menos de una década, y si no se acelera el relevo —formación, captación y especialización— la ría corre el riesgo de tener pedidos… sin suficientes manos cualificadas para convertirlos en barcos en plazo.

Vigo, en definitiva, no lidera solo por número. Lidera por el tipo de contratos que está cerrando y por su capacidad de convertir complejidad en ventaja competitiva. El reto ahora es sostener el ritmo: asegurar personal, mantener la calidad y seguir ganando mercado en un mundo que pide barcos más limpios, más inteligentes y más difíciles de construir.

Bruselas volverá a cerrar el golfo de Vizcaya un mes para reducir la muerte accidental de delfines

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La Comisión Europea mantiene la veda invernal del 22 de enero al 20 de febrero de 2026 para buques de más de ocho metros y refuerza el uso anual de dispositivos acústicos y el seguimiento con observadores y cámaras

La Comisión Europea repetirá en 2026 el cierre temporal de la pesca en el golfo de Vizcaya con el objetivo de proteger a los delfines comunes y otros pequeños cetáceos de las capturas incidentales asociadas a la actividad extractiva. El paro obligatorio se aplicará entre el 22 de enero y el 20 de febrero de 2026 y afectará a buques de más de ocho metros de eslora, que no podrán faenar en ese caladero durante ese periodo.

Bruselas justifica la medida en que los cetáceos objeto de protección están amparados por la Directiva Hábitats y, sobre todo, en la “efectividad” que la prohibición habría demostrado en campañas anteriores. En un comunicado, la Comisión enmarca el cierre como el tercer año consecutivo en el que se adopta una restricción de este tipo a petición de Bélgica, Francia, Países Bajos, Portugal y España, aunque recuerda el origen del debate: el primer cierre fue impulsado de forma unilateral por Francia, que vetó la actividad en el área más allá de su propia flota y cuya decisión terminó avalada por el Ejecutivo comunitario.

Menos varamientos, según el observatorio Pelagis

El argumento principal para reeditar la veda se apoya en los datos del observatorio francés Pelagis, que atribuye al cierre invernal un descenso de la mortalidad por captura accidental. El informe citado por la Comisión indica que en 2025 la mortalidad de delfines asociada a capturas incidentales “parece significativamente menor” que la estimada antes de la veda, en el periodo 2017-2023.

Como indicador de esa evolución, el trabajo señala que el número de varamientos en la costa francesa durante el invierno de 2025 fue casi la mitad del registrado el invierno anterior, cuando se contabilizaron 938 cetáceos entre diciembre de 2023 y marzo de 2024. La Comisión entiende que esa tendencia avala la continuidad del cierre, al menos como medida de choque en el tramo de mayor riesgo.

Unos 300 buques afectados en la UE; algo más de 40 españoles

Bruselas calcula que la medida impactará en torno a 300 buques comunitarios. En el caso español, las estimaciones sitúan el número en algo más de 40, aunque el sector ha venido reaccionando de forma desigual. Tradicionalmente, solo una parte de la flota afectada solicita las ayudas disponibles —ya sea a través del Fondo Europeo Marítimo, de Pesca y de Acuicultura (FEMPA) o mediante apoyos nacionales—, mientras que otra parte opta por cambiar de caladero y mantener la actividad fuera del área cerrada.

Durante el periodo de veda, la Comisión insiste en que los buques implicados deberán permanecer en puerto si quieren evitar cualquier interacción con delfines y pequeños cetáceos en el área restringida. El cierre alcanza a distintas modalidades y artes, incluyendo arrastre pelágico y demersal, cerco y enmalle, que operan en una zona especialmente sensible en invierno para la presencia de estos animales.

Dispositivos acústicos todo el año y más control a bordo

Junto a la veda, Bruselas refuerza el paquete de medidas de mitigación con una exigencia técnica: las redes de arrastre pelágicas de media agua y las redes de arrastre gemelas demersales deberán emplear dispositivos acústicos disuasorios durante todo el año. Estos aparatos —conocidos como “pingers”— emiten señales sonoras diseñadas para mantener a los cetáceos alejados de los aparejos, reduciendo así la probabilidad de captura accidental.

Además, la Comisión prevé mantener un programa anual de seguimiento de pequeños cetáceos mediante observadores y cámaras a bordo, especialmente concentrado en el periodo de mayor riesgo. La intención es doble: disponer de datos más robustos sobre interacciones y mortalidad, y verificar el cumplimiento de medidas técnicas, en un debate que cada invierno vuelve a tensar la balanza entre conservación y actividad pesquera.

Con el calendario ya marcado —del 22 de enero al 20 de febrero de 2026—, el cierre del golfo de Vizcaya se consolida como uno de los principales instrumentos comunitarios para reducir el impacto accidental sobre delfines. Y, al mismo tiempo, como un recordatorio de que la sostenibilidad, en el mar, también se juega en decisiones duras: parar un mes en el momento más sensible para intentar que el invierno deje menos cuerpos en la costa.

Marine Instruments refuerza su vínculo con Defensa con el suministro de dos drones por 1,24 millones

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La firma de Nigrán fabricará dos UAV M5D Airfox para misiones de vigilancia marítima. El contrato, tramitado por procedimiento negociado sin publicidad al considerarse proveedor único, llega tras el acuerdo marco que la homologó como suministradora oficial de la Armada.

Marine Instruments, compañía tecnológica con sede en Porto do Molle (Nigrán), consolida su presencia en el ámbito de la defensa con un nuevo encargo del Ministerio de Defensa: la fabricación y suministro de dos vehículos aéreos no tripulados (UAV) por un importe de 1,24 millones de euros. La adjudicación, gestionada por la Jefatura de Asuntos Económicos del Estado Mayor de la Defensa, refuerza el papel de la empresa gallega como proveedor especializado en soluciones de vigilancia y control vinculadas a la industria naval.

El procedimiento empleado ha sido negociado sin publicidad, una fórmula reservada a supuestos concretos y que, en este caso, se justifica por la condición de proveedor único por razones técnicas. El contrato se formalizó el 22 de diciembre, apenas dos meses después de que Marine Instruments cerrase un acuerdo marco con el departamento que dirige Margarita Robles para agilizar y ordenar futuros suministros, facilitando la operativa administrativa y comercial con las Fuerzas Armadas.

El modelo elegido: M5D Airfox, pensado para operar desde mar y costa

Los dos drones comprometidos en este último pedido corresponden al modelo M5D Airfox, diseñado para misiones de vigilancia marítima y concebido para ser operado tanto desde plataformas navales como desde la línea de costa. No es la primera vez que Defensa recurre a este sistema, ya incorporado previamente en adquisiciones anteriores.

Según las especificaciones difundidas por la propia compañía, el equipo cuenta con un alcance de 18 millas náuticas y una autonomía de hasta diez horas, un perfil que encaja con operaciones prolongadas de observación y patrulla. Marine Instruments subraya, además, que el dron está orientado a misiones “de sigilo” y sin emisiones durante la operación, una característica cada vez más valorada en entornos donde se busca discreción y eficiencia energética.

De la vigilancia y seguridad al rescate marítimo

El M5D Airfox se presenta como un sistema versátil, llamado a desempeñar funciones que van más allá del uso estrictamente militar. La empresa lo sitúa como apoyo para vigilancia y seguridad, protección y control de fronteras, gestión de desastres naturales, observación de especies marinas y localización de objetivos en operaciones de rescate marítimo. En un escenario donde la seguridad marítima gana peso —por el aumento de tráficos, la presión migratoria o los riesgos híbridos—, este tipo de plataformas multipropósito se han convertido en una herramienta de interés creciente.

Homologación y crecimiento: de proveedor tecnológico a socio recurrente

La relación con Defensa ha dado un salto relevante desde octubre, cuando la firma que dirige Gabriel Gómez Celaya fue homologada como proveedora oficial de la Armada mediante un acuerdo marco. Ese instrumento, habitual en contrataciones recurrentes, permite agilizar procesos y ampliar el abanico de colaboraciones, algo especialmente relevante en un sector donde los plazos y la compatibilidad técnica son determinantes.

Proyección internacional y resultados económicos

El empuje de Marine Instruments en el sector de seguridad y defensa también ha encontrado eco fuera de España. La compañía ha cerrado acuerdos en Oriente Medio, entre ellos un contrato con International Golden Group (IGG), proveedor de defensa y seguridad de Emiratos Árabes Unidos e integrado en el grupo Edge, que actúa como representante exclusivo de la firma gallega en el mercado asiático.

La expansión de líneas de negocio —defensa, vigilancia, soluciones marítimas— se ha reflejado en las cuentas: en 2024 la empresa rozó los 30 millones de euros de facturación, con un resultado positivo de 3,5 millones, y elevó su plantilla por encima de los 150 empleados. La compañía mantiene, además, margen de crecimiento ligado a la ampliación de contratos y a la consolidación de su catálogo.

Innovación con raíces en el mar

Marine Instruments ha construido su identidad tecnológica en torno a la economía azul. Fue distinguida con el Premio Nacional de Innovación 2022 y es conocida por desarrollos aplicados a la pesca y la acuicultura, como soluciones de monitorización avanzada y herramientas inteligentes de alimentación. Esa base en tecnología marítima es, precisamente, la que ahora le permite reforzar su posicionamiento como proveedor de sistemas capaces de operar donde mar y vigilancia se cruzan: en la frontera cada vez más estratégica entre industria naval, seguridad y datos.

Deficiencias en la inspección de los equipos de izado de los pesqueros

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En un pesquero, la seguridad no se juega solo en la cubierta mojada o en la maniobra de largado. Se juega, a menudo, en un detalle metálico: un grillete, un cable, una pasteca, un gancho o la estructura de una pluma que trabaja cada día al límite de carga, desgaste e impactos. Y precisamente ahí pone el foco una advertencia creciente en el Reino Unido: las inspecciones del equipo de izado en buques pesqueros pueden fallar si se reducen a controles superficiales o si no se realizan con información técnica suficiente y en condiciones adecuadas.

La base legal es clara. El Merchant Shipping and Fishing Vessels (Lifting Equipment and Lifting Operations Regulations) 2006 (SI 2006/2184) obliga a los propietarios o empleadores a garantizar que el equipo de izado sea sometido a una “thorough examination” (examen exhaustivo) al menos cada 12 meses, además de inspecciones adicionales determinadas por la evaluación de riesgos de la empresa, especialmente cuando el material trabaja en entornos de alta carga, alto desgaste o golpes repetidos, frecuentes en artes como el arrastre de varas o la pesca de vieira.

La norma, sin embargo, no se cumple solo con un calendario. El punto crítico está en cómo se inspecciona y con qué herramientas. La guía técnica del Reino Unido recuerda que, además del examen periódico, puede ser necesaria una revisión adicional cuando el equipo haya estado expuesto a “circunstancias excepcionales” —modificaciones, accidentes, fenómenos naturales o largos periodos sin uso— que puedan comprometer su seguridad.

Información, limpieza y límites operativos: la trinidad que define una inspección útil

Una inspección competente exige que el armador o la empresa entregue al inspector información técnica suficiente: especificaciones, límites de carga, historial de uso, modificaciones, condiciones de operación y criterios de aceptación. Sin esa documentación, el “competent person” trabaja a ciegas y la evaluación se vuelve incompleta.

El otro factor, aparentemente menor, es decisivo: la limpieza. Un equipo cubierto de sal, grasa o restos puede ocultar fisuras, corrosión localizada y deformaciones. Las autoridades subrayan que el material debe presentarse en condiciones que permitan una evaluación real, no una “revisión de compromiso”.

Y el tercero: respetar las instrucciones del fabricante, sobre todo cuando se incorporan equipos nuevos, modificados o “novedosos”. La regla es simple: si el equipo tiene un uso previsto y un margen de operación definido, cualquier desviación exige consulta con fabricante o proveedor y, en su caso, redefinir parámetros de aceptación e intervalos de inspección.

Cuando hay duda, se para: retirar el equipo deficiente

El mensaje operativo que se repite en boletines y guías es contundente: si un elemento de izado presenta deterioro que pueda hacerlo peligroso, debe inspeccionarse con mayor frecuencia y, si se detecta una deficiencia, retirarse de servicio de inmediato. El objetivo es detectar fallos antes de que se conviertan en accidente: roturas de cable, desplomes de carga, atrapamientos en zonas de aplastamiento o golpes por oscilación de aparejos.

En el Reino Unido, estos avisos han ido acompañados de recordatorios específicos sobre riesgos en operaciones de izado, insistiendo en que el armador debe identificar áreas críticas —zonas de aplastamiento y sectores ciegos, por ejemplo— dentro del marco de seguridad laboral de los pesqueros.

Registro y trazabilidad: la parte que casi nadie presume… pero salva auditorías y vidas

Otra debilidad habitual es la documentación. Las autoridades reclaman un enfoque sistemático: registrar inspecciones, reparaciones y cambios en el equipo de izado, de manera que exista trazabilidad y responsabilidad clara. No es burocracia por gusto: es la forma de demostrar que el barco mantiene un control real de su material crítico y que ajusta frecuencias de inspección si el riesgo de fallo prematuro aumenta.

ILO 188: seguridad como obligación de entorno, no como “buena práctica”

La exigencia conecta, además, con el estándar internacional del trabajo en pesca. La Convención 188 de la OIT (Work in Fishing Convention) establece obligaciones para garantizar un entorno de trabajo seguro a bordo, reforzando la idea de que la seguridad del equipo —incluido el de izado— no es opcional ni negociable.

En resumen, el debate no es si hay que inspeccionar, sino si se está inspeccionando bien. En un sector donde cada maniobra se hace con prisa, fatiga y mar cambiante, el equipo de izado es una línea roja. Y la advertencia es clara: si el régimen de inspecciones se queda en lo visual y no incorpora información técnica, limpieza, criterios del fabricante, frecuencia ajustada al riesgo y registros completos, la cubierta seguirá acumulando “casi accidentes” hasta que llegue uno de verdad. Para evitarlo, la receta es menos épica, pero más efectiva: método, competencia técnica y una decisión valiente cuando toca… parar y retirar.

Canadá presenta planes para reconstruir pesquerías agotadas y corregir décadas de sobreexplotación

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El Gobierno de Canadá ha publicado una batería de planes para reconstruir poblaciones de peces seriamente mermadas en distintas costas del país, un movimiento con el que pretende corregir el legado de la sobrepesca histórica y reforzar la sostenibilidad de recursos considerados estratégicos para el sector. Los documentos, elaborados con participación de funcionarios, pescadores y científicos, incorporan —según organizaciones ambientales— un enfoque más concreto que el de anteriores políticas: objetivos medibles, plazos y medidas de rehabilitación.

La iniciativa llega después de más de 15 años de marcos y compromisos que, de acuerdo con Rebecca Schijns, científica pesquera de Oceana Canada, no lograron frenar de forma suficiente el deterioro de las poblaciones. En su evaluación, los planes previos fueron “poco sólidos” porque no fijaban metas claras para devolver las especies a niveles saludables ni calendarios para lograrlo. “Muchas poblaciones quedaron debilitadas por la sobrepesca desde los años cincuenta hasta los noventa; era necesario revertir esa caída”, ha señalado.

Según Schijns, el Gobierno ha identificado 30 poblaciones que requieren rehabilitación y, de ellas, 12 están en condición crítica. Entre los ejemplos citados figuran la caballa atlántica, varias unidades de bacalao (incluidas zonas de Terranova y del golfo), arenques de distintas áreas —como el arenque de primavera y el arenque del Pacífico de Haida Gwaii—, además de diversas poblaciones de peces de fondo. Para la científica, el deterioro prolongado no solo es un problema ecológico: también ha hecho que muchas empresas pesqueras se vuelvan más vulnerables al depender de un conjunto reducido de especies y oportunidades.

Desde el Ejecutivo, un portavoz del Department of Fisheries and Oceans (DFO) remarcó que la gestión sostenible mediante planes de reconstrucción es un requisito legal bajo la Fisheries Act. En ese marco, el Gobierno confirmó que ya se han publicado 15 planes de reconstrucción, incluidos los de camarón del norte, caballa atlántica, merluza blanca, bacalao atlántico, platija americana, platija de invierno, arenque atlántico, arenque del Pacífico y salmón chinook de Okanagan, entre otros.

La ministra canadiense de Pesca, Joanne Thompson, presentó el hito como una señal de compromiso con la recuperación de poblaciones y la administración responsable de los recursos: “Este avance refleja directamente nuestro compromiso de restaurar las poblaciones de peces y gestionar los recursos marinos de forma sostenible, al tiempo que fomentamos el crecimiento económico y la protección ambiental”, afirmó en un comunicado.

Oceana Canada valora que el nuevo paquete sea “más alentador” que los objetivos anteriores, pero advierte de que Canadá aún va por detrás de otras jurisdicciones. Schijns recordó que en Estados Unidos este tipo de planes es obligatorio desde 2000 y, según su análisis, contribuyó a reconstruir alrededor de 50 poblaciones y a elevar los ingresos pesqueros cerca de un 50%. En la Unión Europea, añadió, la reforma de la Política Pesquera Común de 2013 se asoció a un aumento de biomasa y una reducción de la sobrepesca, si bien subrayó que Canadá está todavía en una fase temprana de resultados.

El impulso cobra relevancia en un momento de incertidumbre comercial para el marisco canadiense, afectado —según el sector— por la volatilidad de los aranceles y el riesgo de concentración en pocos mercados. En ese contexto, Schijns defiende que reconstruir poblaciones agotadas no solo es una cuestión ambiental: es una palanca para diversificar la economía pesquera, fortalecer la credibilidad del país en gestión sostenible y ampliar oportunidades a largo plazo. “No deberíamos aceptar el statu quo”, resume, en un mensaje que sitúa la reconstrucción de recursos como una apuesta intergeneracional.

Rusia mantiene sin cambios el TAC 2026 de abadejo en el oeste del mar de Bering, tras la revisión ordenada por Putin

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Rusia ha optado por mantener sin cambios el Total Admisible de Capturas (TAC) de 2026 para el pollock (abadejo de Alaska) del oeste del mar de Bering, después de una revisión solicitada en diciembre por el presidente Vladímir Putin. La cuota permanece en 627.000 toneladas, el mismo nivel fijado en los cálculos iniciales para el próximo ejercicio, según fuentes citadas por la prensa especializada.

La decisión llega tras semanas de debate en el sector, en un contexto en el que la cifra de 2026 ya suponía una reducción respecto a 2025. En ese año, el ODU/TAC del pollock en la zona occidental del mar de Bering se situó en torno a 694.000 toneladas, de acuerdo con la información divulgada por el ámbito científico-técnico ruso, según tinro.vniro.ru

Capacidad real de pesca, el argumento clave
El elemento determinante, según el enfoque trasladado es que existen límites prácticos de capacidad de captura: es decir, que no basta con que el papel permita más toneladas si la flota no puede materializarlas por condiciones de campaña, disponibilidad del recurso o restricciones operativas.

De hecho, el precedente reciente apunta en esa dirección. En 2024, con un ODU de 700.000 toneladas en esa misma zona, el volumen capturado se estimaba hacia final de año en el entorno de 475.000–480.000 toneladas, un nivel claramente por debajo de la cuota, en un ejercicio que diversas fuentes del sector vincularon a un empeoramiento de la “promiscuidad” de la pesca y a la caída de rendimientos diarios del gran tonelaje.

De la presión política a un cierre conservador
El caso adquirió dimensión política cuando, en diciembre, Putin pidió revisar el escenario del pollock del oeste del Bering, en un momento en el que se planteaba incluso la posibilidad de elevar el TAC de 2026 frente a la cifra inicialmente proyectada. Sin embargo, el resultado final ha sido un “no” a la subida, consolidando el enfoque de que el límite debe reflejar no solo la biología del stock, sino también la capacidad efectiva de explotación y la realidad económica de la pesquería.

Implicaciones para 2026
Para la industria, el mantenimiento del TAC en 627.000 toneladas ofrece certidumbre de planificación —flota, plantas de transformación y logística—, pero también confirma que el oeste del Bering seguirá siendo una pesquería donde el reto no es únicamente “cuánto se autoriza”, sino cuánto se puede capturar de forma viable. En un escenario de costes elevados y campañas muy condicionadas por el entorno, el debate ruso sobre el pollock apunta a una idea simple: la sostenibilidad también pasa por la practicabilidad.

La pesca de cerco gala repunta en 2025, pero queda cada vez más “dependiente” por la sardina

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La pesca de cercp gala — costera que en Bretaña se asocia históricamente a la sardina— ha vivido en 2025 un giro de guion respecto a la mala campaña anterior. El balance del año deja un aumento superior al 50% de la producción, un alivio para una flota pequeña y muy especializada. Pero el mismo balance esconde una fragilidad creciente: la dependencia casi total de la sardina en un contexto de restricciones y de encaje regulatorio cada vez más estrecho.

Según cifras del propio sector bretón, la actividad se ha recuperado hasta situarse en torno a 16.500 toneladas, frente a las aproximadamente 10.000 toneladas de la campaña previa. En total operan 22 pesqueros en esta pesquería (la mayoría vinculados a la organización Les Pêcheurs de Bretagne y un pequeño número en Aquitania), y la sardina concentra el grueso de los desembarques: en el caso de los bolincheurs inscritos en Pêcheurs de Bretagne, representa el 96%.

La mejora no es solo de volumen. También lo ha sido de producto y de mercado: el año se ha caracterizado por una sardina “bien armada”, con tallas comerciales regulares —del orden de 24 a 28 sardinas por kilo, lo que suele traducirse en mejores rendimientos para la primera venta— y un precio medio que ha avanzado respecto a 2024, acercándose a los 0,81 €/kg (frente a unos 0,77 €/kg el año anterior), de acuerdo con las cifras difundidas en Francia.

Un rebote con letra pequeña: “monoespecie” por obligación

El problema es que el repunte llega acompañado de una señal de alarma: la pesca de cerco francesa se está convirtiendo, de facto, en una pesquería monoespecífica, con menos margen para compensar una mala temporada recurriendo a otras capturas pelágicas. El fenómeno se explica por una combinación de factores regulatorios y ambientales.

Por un lado, la campaña está fuertemente encuadrada. En 2025, por ejemplo, la regulación regional en Bretaña fija un tope diario de desembarque de sardina de 20 toneladas por buque y por día (incluida la venta directa), y en el perímetro del Parque Natural Marino de Iroise introduce referencias de estabilización histórica. Por otro, el acceso a la actividad está ligado a un sistema de licencias y a una organización temporal precisa de la pesquería, según prefectures-regions.gouv.fr

A ello se suma un elemento que ha marcado el calendario en el golfo de Vizcaya: la presión regulatoria vinculada a la protección de pequeños cetáceos, con decisiones que han afectado al perímetro de artes pelágicas y a la planificación de las salidas. Una decisión citada por el propio marco normativo regional recuerda el impacto del pronunciamiento del Conseil d’État sobre la inclusión de las “sennes pélagiques” en la prohibición temporal de pesca para proteger delfines comunes en el golfo de Vizcaya, indica bretagne-peches.org

Más volumen, más riesgo si falla la sardina

La conclusión es clara en los puertos: 2025 ha sido mejor, sí, pero la estructura productiva queda más expuesta. Si la sardina vuelve a fallar —por disponibilidad biológica, por distribución del recurso o por mercado—, a los pesqueros les queda menos “colchón” de alternativas. La recuperación de este año, por tanto, funciona como buena noticia inmediata y como recordatorio estratégico: una flota pequeña, con costes fijos y tripulaciones estables, necesita diversidad o mecanismos de resiliencia para no depender de un único pez.

En el corto plazo, el sector celebra haber salvado la campaña y haber recuperado actividad. En el medio, el debate ya está sobre la mesa en Bretaña: cómo sostener la rentabilidad de una pesquería tradicional cuando el marco de capturas y el contexto ambiental empujan hacia la especialización extrema. Y en esa ecuación, la sardina —este año salvavidas— es también el punto más vulnerable.

Reino Unido, Noruega, Islandia y las Islas Feroe pactaron un TAC de 299.010 toneladas para 2026, un 72% más que lo recomendado por el ICES; la Comisión Europea alerta de “riesgo” para el stock y el sector francés pide sanciones

La llamada “guerra de la caballa” en el Atlántico nordeste vuelve a tensar la gobernanza pesquera europea. El Reino Unido, Noruega, Islandia y las Islas Feroe cerraron el 15 de diciembre de 2025 un acuerdo de reparto y nivel de capturas para la caballa del Atlántico nordeste (maquereau), fijando un total admisible de capturas (TAC) de 299.010 toneladas para 2026. La cifra, sin embargo, se sitúa muy por encima del umbral aconsejado por la ciencia: el Consejo Internacional para la Exploración del Mar (ICES/CIEM) recomendó que las capturas no superen 174.357 toneladas en 2026 bajo el enfoque de rendimiento máximo sostenible.

El choque no es solo numérico, sino político. La Comisión Europea denunció que el acuerdo se firmó sin consulta previa con la UE y advirtió de que el stock ya está en una situación “insostenible” por años de sobrepesca. Bruselas subraya que el TAC pactado por los cuatro países es un 72% superior a la recomendación científica y, por tanto, agrava el problema de fondo: la explotación acumulada por encima de la ciencia.

Además, la Comisión introdujo un elemento especialmente sensible: el efecto combinado de capturas de otros actores. Según su comunicado, en años recientes Rusia habría superado las 100.000 toneladas anuales, y con el nuevo escenario la presión global sobre el stock en 2026 podría rebasar las 400.000 toneladas, muy lejos de lo recomendado. Bruselas anunció que pedirá aclaraciones, evaluará la compatibilidad del acuerdo con el derecho internacional y con el Acuerdo de Comercio y Cooperación UE-Reino Unido, y urgió a reconsiderar la decisión.

En Francia, la reacción fue aún más dura. El Comité National des Pêches Maritimes et des Élevages Marins (CNPMEM) calificó el pacto de “inadmisible” y denunció una “doble pena” para los pescadores europeos: por un lado, se les exige ajustarse a reglas y dictámenes científicos; por otro, compiten con producto procedente —según su denuncia— de prácticas no sostenibles que podrían seguir entrando en el mercado comunitario. El organismo reclama a la Comisión medidas firmes: sanciones a los Estados que incumplen la ciencia, medidas de reparación tras años de sobrepesca y posibles sanciones comerciales, incluida la limitación o prohibición de importaciones ligadas a esa sobreexplotación.

El conflicto tiene, además, una dimensión explícita de “reparto”. Medios especializados señalan que el acuerdo asigna, en términos iniciales, cuotas destacadas a los firmantes —con porcentajes en torno al 28,24% para Noruega, 25,36% para el Reino Unido, 13,35% para Feroe y 12,5% para Islandia—, lo que deja a la UE fuera del marco firmado y abre un nuevo pulso sobre derechos históricos y equilibrios económicos. En la misma línea, la patronal comunitaria Europêche sostiene que el pacto “formaliza” un terreno de juego desigual, reclama que la UE use su peso como principal mercado de destino y no descarta medidas comerciales si no se corrige la dinámica.

Los cuatro firmantes, por su parte, defienden el acuerdo como un paso de cooperación. Desde Escocia —donde la caballa es un recurso clave— el Gobierno escocés presentó el arreglo como una reducción “medible” de la presión pesquera y como un paso hacia un acuerdo más amplio, con límites al “banking and borrowing” y con la idea de pedir al ICES una estrategia de gestión a largo plazo. Y desde Noruega se ha insistido públicamente en que el objetivo final debería ser un acuerdo que también incluya a la UE y Groenlandia, ausentes en el pacto actual, un punto que también subraya el CNPMEM.

En el trasfondo está el diagnóstico científico y de sostenibilidad: organizaciones como el Marine Stewardship Council (MSC) han advertido de que el desajuste entre cuotas unilaterales y recomendación científica se arrastra desde hace años y que no respetar el recorte recomendado reduce las probabilidades de recuperación del stock.

El resultado inmediato es un nuevo episodio de confrontación en una pesquería compartida donde la ciencia marca un techo, pero la política —y el reparto— vuelve a empujar hacia arriba. Con la caballa en el centro del mapa, Bruselas se enfrenta ahora a una disyuntiva incómoda: defender el dictamen científico y la equidad competitiva sin romper los puentes de una negociación costera que, en la práctica, lleva años sin cerrarse del todo.

Madeira se adelanta a la UE y elige a la española Satlink para digitalizar la vigilancia de su flota pesquera

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La Secretaría Regional de Agricultura y Pesca pone en marcha un piloto con sistemas de Observación Electrónica en diez buques, financiado con el PRR, y anticipa los requisitos europeos previstos para 2028.

Madeira ha dado un paso firme hacia la pesca digital y la trazabilidad al lanzar un proyecto piloto de Observación Electrónica (EMS) en su flota regional. La iniciativa, impulsada por la Secretaría Regional de Agricultura y Pesca, contará con tecnología de la empresa española Satlink, seleccionada para desplegar estos sistemas en diez embarcaciones. Con esta decisión, Madeira se convierte en la primera región portuguesa en anticipar la implantación de la monitorización electrónica que la normativa pesquera comunitaria prevé para 2028.

El proyecto está financiado en el marco del PRR (Plano de Recuperação e Resiliência) y se ejecutará en colaboración con las autoridades regionales y el socio local SOMEQ. El análisis y reporte de datos derivados de la observación recaerá en Digital Observer Services, filial de Satlink especializada en esta operativa.

Cámaras, sensores y posicionamiento para documentar la actividad

Los sistemas EMS combinan cámaras, sensores y tecnologías de posicionamiento para registrar la actividad pesquera, identificar especies, estimar capturas y georreferenciar las operaciones. La información se transmite de forma segura mediante conectividad móvil y se gestiona en la plataforma en la nube Horus, desarrollada por Satlink para estructurar el análisis, facilitar la elaboración de informes y reforzar la trazabilidad integral.

Uno de los puntos más sensibles de cualquier sistema de observación —la privacidad a bordo— se aborda con una solución incorporada al propio diseño: el sistema aplica un difuminado automático de rostros mediante edge computing, es decir, procesado directo en el buque. De este modo, los vídeos se almacenan y transmiten anonimizados, manteniendo su utilidad para el control y la gestión.

Pelágicos, pez sable negro y túnidos, bajo seguimiento

El piloto respaldará la recopilación de datos de pesquerías dirigidas a pequeños pelágicos, pez sable negro, túnidos y pez espada, incluyendo también las capturas accesorias asociadas. Según la información del proyecto, su diseño se alinea con el PNRD (Plano Nacional de Recolha de Dados) y con recomendaciones científicas y de gestión del ICES y de ICCAT, en un enfoque orientado a mejorar la base de información para decisiones regulatorias y de sostenibilidad.

La instalación de los equipos comenzó el 24 de noviembre, con un calendario que refuerza la idea central del plan: llegar preparados al nuevo escenario regulatorio antes de que sea obligatorio.

“Transparencia y cooperación con el sector”

Para la administración regional, la iniciativa se presenta como una herramienta para ganar calidad de datos y confianza. La directora regional de Pesca, Sonia Pereira, subraya que el piloto “representa un paso muy importante para fortalecer la recopilación de datos, la transparencia y la cooperación con el sector pesquero”, además de preparar a la flota para futuros marcos normativos mientras se apoya la gestión sostenible de las pesquerías.

Satlink, por su parte, encuadra el contrato dentro de su trayectoria como proveedor de soluciones tecnológicas para la gestión pesquera, con colaboración con más de 40 gobiernos y autoridades reguladoras en distintos países.

Con esta apuesta, Madeira lanza un mensaje claro desde el Atlántico: la modernización no se limita a nuevas reglas, sino a construir desde ya la infraestructura —técnica y operativa— que permita una pesca más transparente, medible y preparada para el futuro