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viernes, febrero 13, 2026
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Cepesca pide al Gobierno aplicar con “realismo y proporcionalidad” el nuevo control pesquero europeo

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La patronal reclama mantener el umbral de 50 kilos en el Diario de Pesca Electrónico y evitar un plazo fijo para avisar la entrada a puerto. Advierte de obligaciones “difíciles o imposibles” para parte de la flota y ofrece colaboración técnica, incluso con visitas a bordo.

La cuenta atrás para la entrada en vigor del nuevo Reglamento Europeo de Control de la Pesca, prevista para el 10 de enero de 2026, ha elevado la tensión entre el sector y la Administración. La Confederación Española de Pesca (Cepesca) trasladó este martes a la secretaria general de Pesca del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA), Isabel Artime, su “profunda preocupación” por determinadas obligaciones que, según sostiene, en su formulación actual pueden resultar de difícil o imposible cumplimiento para una parte relevante de la flota española que opera tanto en caladeros nacionales como europeos e internacionales.

El núcleo de la petición se concentra en dos puntos muy concretos, pero con efectos prácticos y sancionadores potencialmente amplios: no eliminar el umbral mínimo de 50 kilos para declarar capturas en el Diario de Pesca Electrónico (DPE) y no imponer un límite horario fijo en la notificación previa de entrada a puerto.

El umbral de 50 kilos: “inviable” sin pesaje a bordo

Según Cepesca, suprimir el umbral actual obligaría a declarar capturas “desde el primer kilogramo”, lo que, en muchas embarcaciones, sería técnicamente inviable. La razón es operativa: buena parte de la flota no dispone de sistemas de pesaje a bordo ni de medios para identificar y cuantificar con precisión capturas pequeñas por especie durante la faena.

El sector recuerda que, en la práctica, esos volúmenes reducidos no se individualizan ni se pueden estimar con fiabilidad en el mar, y que la cifra definitiva se conoce tras el pesaje oficial en puerto. Por ello, sostiene que convertir esa obligación en norma general transformaría el DPE en un ejercicio de aproximaciones, multiplicando los registros por marea y elevando el riesgo de discrepancias entre lo estimado a bordo y lo que finalmente marca el control en tierra.

La preocupación no es solo técnica, sino también jurídica y económica. Cepesca entiende que la medida chocaría con los principios de proporcionalidad, seguridad jurídica y control basado en el riesgo, y teme un efecto colateral: que la vigilancia se desplace hacia incumplimientos formales, con un impacto sancionador desproporcionado, especialmente en especies accesorias de escaso valor comercial y sin relevancia real para la gestión de poblaciones.

El aviso de entrada a puerto: el choque con la bajura y la seguridad marítima

La segunda gran crítica del sector apunta al establecimiento de un plazo horario fijo para comunicar la entrada a puerto. Aunque el Reglamento fija con carácter general una antelación mínima de cuatro horas, la propia norma contempla que los Estados puedan adaptar ese margen a la realidad de determinadas flotas, atendiendo a distancia al puerto y tipo de actividad.

Aquí Cepesca sitúa el caso de la flota de bajura, que en muchos puertos opera a corta distancia y con mareas breves, incluso con el arte “calado” hasta muy cerca de la llegada. En ese contexto, un límite rígido sería materialmente difícil de cumplir: la faena todavía no ha terminado y las capturas definitivas aún no están cerradas.

La patronal añade un argumento especialmente sensible: la seguridad marítima. Obligar al patrón a remitir notificaciones electrónicas durante las maniobras finales —a menudo con tripulación mínima— puede incrementar riesgos en entradas congestionadas, bocanas estrechas o con mala mar. Cepesca advierte de que cumplir el trámite en ese momento puede forzar a desatender funciones esenciales de gobierno y vigilancia, sin que ello mejore de forma sustancial el control.

Una propuesta: régimen simplificado y avisos “coherentes” con la operativa

Como alternativa, el sector plantea mantener un umbral mínimo operativo —al menos para determinadas flotas, modalidades o especies accesorias— o establecer un régimen simplificado para capturas de pequeño volumen. Y en el caso de la entrada a puerto, pide no fijar un horario rígido, sino permitir una comunicación previa ajustada a la llegada, en coherencia con el artículo correspondiente del Reglamento.

El mensaje de fondo es claro: Cepesca no cuestiona la necesidad de control, pero reclama que sea eficaz, realista y jurídicamente seguro, evitando obligaciones imposibles que acaben convirtiendo el sistema en una fábrica de sanciones por errores inevitables o por trámites realizados en momentos de riesgo.

Disposición a colaborar: “contrastar sobre el terreno”

En el cierre del comunicado, Cepesca intenta abrir una vía de entendimiento. Reitera su disposición a colaborar técnicamente con la Administración y propone incluso visitas a bordo para contrastar sobre el terreno cómo es la operativa real de los buques. El objetivo, subraya, es evitar que una reforma pensada para reforzar la trazabilidad y combatir la pesca ilegal termine chocando con la realidad diaria de la flota, especialmente la más pequeña y próxima a puerto.

Con la entrada en vigor a la vuelta de la esquina, el margen para ajustar el aterrizaje nacional del reglamento se estrecha. Y el sector lanza un aviso: si el control se aplica sin calibrar la operativa real, el problema no será solo burocrático, sino también económico, legal… y, en determinados casos, de seguridad.

Europa paga más por el pescado, pero come menos

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Los hogares europeos destinaron más dinero a productos pesqueros y de acuicultura en 2024, pero el volumen real comprado y consumido siguió cayendo. Es la fotografía que traza la última edición del “EU Fish Market Report” de la Comisión Europea, elaborado por el Observatorio Europeo del Mercado de los Productos de la Pesca y la Acuicultura (EUMOFA): más gasto, menos kilos, impulsado sobre todo por el encarecimiento acumulado de los últimos años.

Según el informe, el gasto de los consumidores de la UE en pescado y marisco aumentó un 4% en 2024, unos 2.700 millones de euros más que el año anterior, hasta alcanzar 62.800 millones de euros. Sin embargo, esa mejora en valor no se explica por un repunte de la demanda, sino por la subida de precios, que en el período 2020-2024 habría crecido más de un 25%. El resultado: la factura sube, pero las bolsas pesan menos.

España adelanta a Italia en gasto total

Una de las lecturas más llamativas del informe es el cambio de liderazgo en el ranking por mercados. Italia, tradicionalmente el mayor gastador del bloque en productos pesqueros y de acuicultura, fue superada por España en 2024. Es un vuelco simbólico en el mapa del consumo comunitario, especialmente en un contexto en el que el pescado compite cada vez con más fuerza con otras proteínas y con presupuestos domésticos tensionados.

En gasto per cápita, Portugal se mantuvo como el país que más invierte por persona en productos del mar: 464 euros en 2024, más del triple de la media europea (139 euros). Por detrás se situó Luxemburgo (282 euros) y, en tercer lugar, España (260 euros por persona).

La carne sigue dominando la proteína animal

El informe constata, además, que la preferencia por la carne continúa marcando la pauta en la dieta y el gasto de los europeos. De media, la UE destinó 246.000 millones de euros a productos cárnicos en 2024, aproximadamente cuatro veces lo invertido en pescado y acuicultura. En términos de presupuesto familiar, los productos del mar representaron menos del 1% del gasto total en bienes y servicios, frente al 3,5% asignado a la carne.

La tendencia se refuerza con otro dato: el consumo doméstico de pescado fresco (en casa) cayó un 5% en 2024 respecto al año anterior. En otras palabras: incluso antes de entrar en el debate nutricional o cultural, el pescado se enfrenta a un problema básico de accesibilidad económica y de hábitos.

Consumo en mínimos de una década

El informe de EUMOFA también incorpora un análisis más detallado de la demanda con datos de 2023, año en el que el consumo total de productos pesqueros y de acuicultura en la UE se situó en torno a 10,25 millones de toneladas, el nivel más bajo en diez años y casi 240.000 toneladas menos que en 2022.

El desglose muestra dos mundos que retroceden a ritmos distintos:

  • 7,32 millones de toneladas procedentes de capturas salvajes
  • 2,92 millones de toneladas de acuicultura

En términos individuales, el consumo cayó hasta 22,89 kilos per cápita en 2023 (un 3% menos que en 2022). Y el dato más preocupante para las pesquerías: el consumo de productos de captura se redujo a 16,35 kilos por persona, el más bajo de la década, mientras que los productos de cultivo se situaron en 6,53 kilos per cápita.

Portugal, pese a mantener el liderazgo en consumo, también aparece atrapado en la tendencia descendente. En 2023, su consumo fue de 53,61 kilos por persona, aunque EUMOFA subraya que el país encadena una bajada desde el pico de 61 kilos registrado en 2018.

Atún, salmón y gambas: los reyes del plato europeo

En cuanto a especies, el patrón de preferencias se mantiene: atún, salmón, abadejo de Alaska, gambas y bacalao figuran entre los productos más consumidos por los ciudadanos comunitarios. Son referencias que combinan disponibilidad, versatilidad culinaria y una oferta creciente en formatos procesados o listos para cocinar.

¿Qué explica la caída?

El informe apunta de forma clara a un factor dominante: la subida de precios. Pero detrás de ese indicador se abre un abanico de posibles explicaciones: ajuste del gasto familiar por la inflación general, sustitución hacia proteínas más baratas, menor compra de fresco frente a preparados, y una reconfiguración de hábitos alimentarios —especialmente entre consumidores jóvenes— donde el tiempo de cocina y la facilidad de preparación pesan tanto como el precio.

Para el sector, la paradoja es delicada. El aumento en valor puede aliviar parte de la cadena (venta minorista, distribución), pero la caída en volumen plantea desafíos de fondo: rotación, logística, márgenes reales y, sobre todo, la necesidad de reconectar el consumo con el producto, ya sea mediante innovación, formatos, campañas de promoción o políticas que hagan más asequible el acceso a pescado y marisco.

En síntesis, Europa parece estar entrando en una etapa en la que el pescado conserva su prestigio… pero pierde presencia cotidiana. La pregunta que deja el informe de EUMOFA es directa: si el consumidor paga más y compra menos, ¿cuánto tiempo puede sostenerse el equilibrio sin que cambien los hábitos —o el mercado— de forma irreversible?

Con una autosuficiencia del 38% en volumen y una dependencia que escala al 70% si se mide en valor, el mercado comunitario del pescado y el marisco se sostiene sobre grandes corredores comerciales dominados por el salmón en el norte y por una cesta más variada de especies en el sur.

La Unión Europea se sienta a la mesa, pero no se sirve sola. Si el indicador es el volumen, la producción comunitaria apenas cubriría el 38% del autoabastecimiento. Y si el análisis se hace en valor económico, la fotografía es todavía más contundente: la dependencia alcanza el 70%, una proporción que sería incluso mayor si se descuenta lo que Europa exporta de su propia producción. Traducido: la UE necesita importaciones para sostener su consumo de productos del mar, tanto por cantidad como, sobre todo, por el valor comercial de lo que entra.

La mitad de esas importaciones llega desde fuera de la Unión: un 50% procede de países terceros, lo que convierte a la política comercial, los acuerdos sanitarios y la logística internacional en piezas estructurales del suministro alimentario europeo. Y dentro de ese tablero, algunos flujos mandan más que otros, hasta el punto de condicionar el mercado completo.

Noruega, el gran proveedor: cerca del 30%

El primer gran protagonista es Noruega, que ya representa cerca del 30% del total en el mapa de importaciones. Su peso no es solo cuantitativo; es estratégico: el producto que vertebra el negocio —y los principales corredores— es el salmón, una especie que se ha convertido en mercancía-faro del consumo europeo.

Detrás aparece Ecuador, que registra una subida del 14% respecto al año anterior y adelanta a actores tradicionales como Marruecos y China, que junto al Reino Unido se mantienen entre los puestos principales del ranking. En el lado contrario, Marruecos recorta (-3,8%) y China cae con fuerza (-15%), señal de que las corrientes comerciales se están reordenando.

España, primera en compras: 5.600 millones de euros

En términos de valor, España lidera las importaciones con 5.600 millones de euros, por delante de Suecia, Países Bajos y Dinamarca. Es un dato que confirma el papel de España como gran país consumidor y transformador, pero también como nodo logístico e industrial: importa para abastecer mercado interno, para procesar y, en muchos casos, para reexportar.

Y aquí aparece el detalle que mejor explica por qué el norte y el sur de Europa se comportan como dos mercados diferentes.

El salmón manda en el norte; el sur diversifica

En el norte comunitario, el comercio gira alrededor de un solo animal. Los mayores corredores de importación están fuertemente marcados por el salmón:

  • Noruega → Suecia y, a continuación, Suecia → Dinamarca conforman uno de los ejes más potentes, y el 75% de ese flujo es salmón.
  • En otro corredor clave, Reino Unido → Francia, el 50% del volumen está igualmente dominado por el salmón.

El resultado es una dependencia doble: geográfica (Noruega como gran suministrador) y biológica (una especie que “ordena” precios, logística y planificación industrial). En el norte, la “variedad” existe, pero el salmón es el metrónomo.

En el sur, en cambio, el patrón cambia: hay más diversidad de especies, y los flujos responden a canastas distintas de consumo y transformación.

Marruecos y el pulpo: el gran flujo hacia España

En el cuarto puesto de los grandes flujos aparece con fuerza una relación que lleva años marcando el mercado español: las importaciones desde Marruecos hacia España, lideradas por el pulpo. En el reparto de las compras españolas fuera de la UE, Marruecos pesa el 18%, seguido por Ecuador (12%), China (9%), Argentina (8%) y Mauritania (6%), porcentaje este último que iguala Chile (6%).

Esa lista ilustra una realidad: mientras el norte se organiza alrededor del salmón, el sur —y especialmente España— combina cefalópodos, pescados de acuicultura y capturas de caladeros lejanos, con un mix más amplio y expuesto a variaciones de precios, disponibilidad y regulación en varios continentes.

Una conclusión clara: la mitad de los grandes flujos es salmón

Si se mira el conjunto de los principales corredores comerciales, la síntesis es rotunda: aproximadamente la mitad de los flujos relevantes está dominada por el salmón, y en el norte ese porcentaje roza “casi la totalidad”. En el sur, el mapa es más variado, pero igualmente dependiente: no de una sola especie, sino de varios proveedores y de rutas que atraviesan Atlántico, Mediterráneo y mercados globales.

La otra mitad del mercado: el “intra-UE”

Queda además una lectura decisiva: cuando se habla del 50% de importaciones desde fuera, falta el otro 50%, que es mercado intra-UE (intercambios dentro de la Unión). Y ahí se esconde un dato llamativo: de los 15 flujos principales dentro de la UE, 13 están dominados por una sola especie, una señal de que, incluso dentro del mercado común, el comercio se ha vuelto altamente especializado y concentrado.

En resumen, Europa compra fuera porque no le basta con lo que produce; y compra dentro moviendo grandes volúmenes muy “monoespecie”. Un sistema eficiente en logística, pero frágil por dependencia: de países clave, de especies clave y de corredores que, si se alteran, pueden mover precios y disponibilidad en cuestión de semanas.

Si quieres, puedo convertir estas ideas en una pieza lista para publicar con entradilla + destacados + recuadro de datos y un cierre enlazado a la “tercera parte” que anuncias (la del mercado intra-UE).

Delmoges apunta al clima como posible motor del repunte de capturas accidentales de delfines en el golfo de Vizcaya

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Tras tres años y medio de investigación interdisciplinar, Ifremer, el CNRS y el observatorio Pelagis publican las primeras conclusiones de un proyecto que busca explicar por qué aumentan los varamientos y las capturas accesorias desde 2016 y cómo reducirlas sin cronificar cierres anuales.

El aumento de capturas accidentales de delfines comunes (Delphinus delphis) en el golfo de Vizcaya podría estar relacionado, al menos en parte, con efectos del cambio climático. Esa es una de las líneas que asoman en los primeros resultados del proyecto Delmoges (acrónimo de Delphinus mouvements gestion), una investigación científica puesta en marcha en marzo de 2022 para comprender por qué, desde 2016, se observa un repunte de interacciones entre cetáceos y pesquerías en esta amplia franja atlántica.

Los hallazgos iniciales —divulgados tras tres años y medio de trabajo— llegan de la mano de un consorcio interdisciplinar impulsado, entre otros, por Ifremer, equipos de La Rochelle Université–CNRS y el observatorio de mamíferos marinos Pelagis. El objetivo declarado del proyecto es doble: explicar las causas del fenómeno y, sobre todo, aportar herramientas para reducir las capturas accesorias.

La pregunta de fondo: por qué crecen las interacciones desde 2016

La investigación parte de un problema que se ha vuelto recurrente en el golfo de Vizcaya: la presencia de delfines en zonas y momentos de intensa actividad pesquera, con el consiguiente riesgo de enganches accidentales. Delmoges intenta poner orden en un escenario complejo en el que intervienen movimientos de los animales, disponibilidad de presas, condiciones oceanográficas y patrones de pesca.

En ese puzzle, la hipótesis climática entra como un factor que podría estar modificando el tablero: cambios en la distribución de especies, desplazamientos de cardúmenes o variaciones en temperatura y productividad del agua que alteran rutas y áreas de alimentación. La idea no es sencilla ni concluyente, pero sí lo bastante relevante como para aparecer en unas conclusiones esperadas por científicos, administración y sector.

Evitar que el cierre anual se convierta en norma

La publicación de estos resultados se produce en un momento especialmente sensible: a pocas semanas de una tercera clausura anual del golfo de Vizcaya para determinados artes de pesca, una medida que se ha adoptado para reducir la mortalidad accidental de cetáceos.

Según plantean los promotores del estudio, la urgencia es clara: con avances científicos y técnicos suficientes —y con decisiones de gestión más afinadas— se aspira a disminuir las capturas y, con ello, evitar que el cierre tenga que repetirse en 2027. En otras palabras: pasar de medidas generalistas y de alto impacto a intervenciones más inteligentes, capaces de proteger a los delfines sin asfixiar la actividad.

Propuestas sobre la mesa: gestión “quirúrgica”

El texto apunta a la aparición de propuestas de gestión específicas, del tipo “medidas dirigidas”, que suelen traducirse en instrumentos más focalizados: ajustar zonas, fechas, condiciones o protocolos donde el riesgo es mayor, apoyándose en mejor conocimiento científico.

La clave —y el gran desafío— será convertir esos primeros resultados en políticas operativas: medidas que puedan aplicarse con precisión, con control y con aceptación social, en un conflicto donde se cruzan conservación, economía y gobernanza marítima.

Delmoges no cierra el debate, pero sí marca un cambio de fase: del diagnóstico general —“hay demasiadas capturas accidentales”— a la búsqueda de explicaciones verificables y soluciones concretas. Y en esa transición, el clima empieza a aparecer como un sospechoso serio, quizá no el único, pero sí uno que obliga a pensar el problema como algo más que un choque puntual entre delfines y redes.

El “efecto proteína” impulsa al pescado el marisco apunta a liderar el crecimiento en EE. UU. hasta 2029

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Informes de consultoras y del sector anticipan que las ventas de productos del mar podrían acelerar por la ola de dietas ricas en proteína, la búsqueda de hábitos saludables y el auge de fármacos GLP-1. Aun así, persisten vientos en contra: consumo prudente y mayor sensibilidad al precio.

El mercado alimentario estadounidense se prepara para varios años de crecimiento y, dentro de esa expansión, el pescado y marisco se perfila como uno de los grandes ganadores. Esa es la tesis que recogen distintas previsiones y lecturas de tendencia: la combinación de salud, proteína y cambios en los hábitos de compra —incluido el impacto de medicamentos para la pérdida de peso— estaría empujando al consumidor hacia opciones “magras” y ricas en nutrientes, un terreno donde el seafood puede jugar con ventaja.

Según un reciente informe citado de la firma LLC Attorney, las ventas minoristas de alimentación en EE. UU. pasarían de 245.800 millones de dólares en 2026 a 389.000 millones en 2029, con un crecimiento anual superior al 12%. Dentro de ese escenario, la consultora plantea que el seafood podría crecer por encima del resto de segmentos hasta el final de la década, con una proyección de 13,8% anual y 11.400 millones de dólares en ventas para 2029.

Vuelta a la “era proteína”: de lo vegetal a lo cárnico

Una de las claves que explicaría el impulso está en el giro cultural que detectan analistas y la restauración: tras años de protagonismo de alternativas vegetales, vuelve con fuerza el mensaje “protein”. Candace MacDonald, cofundadora y directora general del grupo de marketing gastronómico Carbonate, lo resume en el informe de tendencias de hostelería para 2026: se observa “un regreso a la carne” y la proteína vuelve a ser la palabra del momento.

En la misma dirección, la National Restaurant Association (NRA) apunta en su previsión culinaria de 2026 que la proteína —incluido el pescado— será uno de los “claros ganadores” del año. La asociación relaciona el fenómeno con consumidores que exploran beneficios de dietas altas en proteína, como el mantenimiento muscular o el control del peso.

GLP-1 y hábitos de compra: una oportunidad para el pescado

Otra pieza del puzle la aportan los medicamentos GLP-1, cuyo uso —según el texto— ya alcanzaría al 12% de la población estadounidense y podría crecer en 2026. Este tipo de tratamientos suele venir acompañado de recomendaciones dietéticas centradas en fibra, cereales integrales y proteínas magras, una combinación que encaja con muchas categorías de seafood.

Desde Rabobank, el analista JP Frossard explicaba a Reuters que se observa una reducción del gasto en snacks salados, alcohol, refrescos y bollería, junto a un mayor foco en proteína y fibra, lo que empuja a que marcas y restaurantes ajusten su oferta hacia esa demanda emergente.

El “pico de enero”: resoluciones saludables y compras de frescos

Más allá del efecto GLP-1, el arranque del año suele traer un empujón coyuntural para productos asociados a dieta saludable. El artículo cita datos de la firma Numerator: un 44% de consumidores planea fijarse propósitos y, entre quienes los hacen, un 72% se marca objetivos de salud física. Entre las metas más repetidas: hacer más ejercicio, mejorar la dieta, perder peso e incrementar la actividad diaria. En ese contexto, el pescado aparece como un candidato natural para menús “limpios”, ligeros y proteicos.

Pero el consumidor aprieta el cinturón: el precio vuelve al centro

El optimismo, sin embargo, convive con señales de cautela. La consultora Circana revisó su perspectiva para 2026: prevé que las ventas del conjunto de alimentación y bebidas crezcan en valor entre el 2% y el 4%, mientras que el volumen podría mantenerse plano o incluso caer ligeramente. El diagnóstico es conocido: confianza del consumidor débil, recorte del gasto discrecional (sobre todo en rentas bajas y medias) y una intensificación de comportamientos de búsqueda de valor, lo que podría frenar la “premiumización”.

Aun así, Circana introduce un matiz favorable para el seafood: las categorías frescas podrían registrar mayor demanda. En palabras de su directiva Sally Lyons Wyatt, el mercado se “endurece”, pero mantiene vectores de crecimiento, y sobrevivirán mejor quienes apuesten por asequibilidad, flexibilidad de canal (incluido e-commerce) y experiencias personalizadas.

Un escenario de oportunidad… si el sector acierta el encaje

El retrato que dibuja el conjunto de previsiones es claro: el pescado puede beneficiarse de la ola de proteína y salud, pero no lo hará automáticamente. La batalla se librará en el terreno del precio, la conveniencia (formatos listos, recetas, packs), la disponibilidad y la capacidad de marcas y distribución de comunicar valor nutricional sin perder de vista el bolsillo.

En resumen, 2026 arranca con viento a favor para el seafood, empujado por tendencias de salud y proteína. La gran pregunta es si el sector logrará convertir esa oportunidad en crecimiento sostenido en un mercado donde el consumidor sigue mirando, antes que nada, la etiqueta del precio.

Un “agujero” en la despensa marina: la flota europea se encoge y España intenta “recuperar” capacidad

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La fotografía que dejan los últimos datos públicos es nítida: la flota pesquera de la Unión Europea continúa reduciéndose en número de barcos, capacidad y potencia, mientras en España se abre un debate técnico y político sobre cómo modernizar buques (y mejorar seguridad o eficiencia) sin chocar con los límites de capacidad fijados por Bruselas.

Eurostat, que elabora la estadística oficial de flota a partir de los registros nacionales de buques, constata que en 2024 había 68.863 barcos activos en la UE, con una capacidad conjunta de 1,24 millones de GT (arqueo bruto) y una potencia total de 5,04 millones de kW. En la última década estadística que destaca el organismo (2015–2024), el ajuste es sostenido: −13,2% en número de buques, −13,1% en GT y −11,4% en potencia. 

En ese contexto, España mantiene un peso determinante en la “capacidad” europea: medida por arqueo bruto, Eurostat sitúa a la flota española como la mayor de la UE, con el 24,8% del total comunitario (por delante de Francia e Italia). 

El foco mediático: de la “pérdida acelerada” al intento de reinyectar capacidad

Así, se ha puesto el acento en la lectura más contundente del fenómeno: un ajuste que no solo es gradual, sino que deja, en sus propias palabras, un “agujero” de miles de barcos en la capacidad pesquera comunitaria. En avances difundidos en redes por la cabecera, se subraya que la flota de la UE habría perdido un 25% de su capacidad desde la reforma de la PPC de 2014, y se cuantifica el “vacío” en torno a 17.000 embarcaciones

La aproximación, en cambio, se centra en la “letra pequeña” de ese adelgazamiento: qué ocurre con la capacidad que desaparece del registro cuando un barco se desguaza y cómo puede (o no) reutilizarse. En un texto difundido y comentado en redes profesionales, se resume que han salido del registro 77.754 GT, y que el Ministerio prepara el proceso para poner esa capacidad “sobrante” a disposición de la flota en expedientes vinculados a nueva construcción, reformas o cambios de motor, con finalidades como habitabilidad, estabilidad, seguridad o eficiencia energética

Esa misma pieza sitúa además una cifra clave para dimensionar el tamaño actual del censo español: 8.548 buques (dato atribuido a Eurostat). 

Entre sostenibilidad, soberanía alimentaria y relevo generacional

El choque de enfoques —la alarma por la pérdida de flota que plantea Faro de Vigo y el análisis administrativo de La Voz de Galicia— retrata bien el debate de fondo. Por un lado, Bruselas y los Estados miembros han utilizado históricamente la reducción de capacidad como herramienta para alinear flota y recursos, un principio que Eurostat refleja en su serie descendente de barcos, GT y kW. 
Por otro, en los puertos crece la sensación de que el ajuste ya no es solo “ordenación”, sino un factor que condiciona la competitividad, el relevo generacional y la capacidad de la UE para sostener su suministro propio de productos del mar; de ahí la presión para que la modernización (seguridad, habitabilidad, eficiencia) no quede bloqueada por límites de capacidad diseñados para otro tiempo. 

Lo que se libra ahora, en definitiva, no es solo una discusión estadística, sino una partida de equilibrio: cómo mantener una flota más segura y moderna sin reabrir la puerta a un aumento efectivo del esfuerzo pesquero, y cómo evitar que la reducción continuada acabe convirtiéndose —como advierte el titular que circula desde Vigo— en un “agujero” estructural en la despensa marina europea. 

Una cumbre en Madrid el 8 de enero dilucidará si habrá campaña de verdel

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La campaña del verdel (caballa) llega a enero con más incertidumbre que calendario. El próximo 8 de enero de 2026, una cumbre en Madrid con todas las comunidades autónomas con competencias pesqueras deberá clarificar si la costera puede arrancar en condiciones mínimamente viables o si, por el contrario, se abre la puerta a una paralización con ayudas, tal y como reclama parte del sector de artes menores, según manifestó el viceconsejero de Pesca del Gobierno Vasco, Leandro Azkue.

El trasfondo es un golpe duro en los números. La Unión Europea ha acordado una reducción muy significativa de la cuota de verdel para 2026 —en el entorno del 70%-73% en distintos planteamientos y periodos—, un recorte que varios gobiernos autonómicos han calificado de “brutal” para la economía de la flota y de toda la cadena de valor, de las lonjas a la transformación.

En ese nuevo escenario, la flota más pequeña, especialmente la que captura verdel a anzuelo, sostiene que la campaña se ha quedado sin margen: con cuotas tan bajas, argumentan, los costes de salida, tripulación y logística convierten la costera en una operación de alto riesgo económico. A esa presión se suma el endurecimiento de los límites operativos en el arranque de 2026 —con topes diarios muy restrictivos en determinadas aguas—, que el sector interpreta como una señal de que el año será de gestión “a la mínima”.

La petición de una parada temporal con compensaciones no es nueva en el debate. En Euskadi, por ejemplo, se ha planteado abiertamente la posibilidad de cerrar o frenar la pesquería para proteger el stock y evitar que la costera se convierta en una sucesión de días de mar sin rentabilidad. Pero la clave, subrayan las organizaciones del sector, es administrativa: para activar ayudas de paralización hace falta una decisión y un encaje normativo que, en última instancia, corresponde al Gobierno central, que es quien debe habilitar el marco y articularlo con los instrumentos disponibles.

Esa es la razón por la que la reunión del 8 de enero se considera decisiva. Las autonomías pueden aportar diagnósticos de puerto a puerto, modalidad por modalidad, pero la salida —si pasa por ayudas, calendario alternativo o medidas extraordinarias— requiere que Madrid mueva ficha. El encuentro buscará, además, una posición común que evite una costera fragmentada por territorios y con reglas cambiantes, uno de los temores recurrentes cada vez que la cuota llega al límite.

El debate del verdel se cuela, además, en un arranque de año cargado de novedades regulatorias para parte de la flota, con ajustes en los controles y en la operativa que el Ministerio ha ido adaptando a la realidad de los barcos más pequeños. En el sector lo traducen en una conclusión simple: 2026 será un año de pesca más “estrecha”, con menos margen para el error y con la viabilidad económica como condición previa.

A la espera del 8 de enero, lo que se dirime no es solo si habrá campaña, sino en qué condiciones: si el verdel seguirá siendo una costera que sostiene ingresos, empleo y actividad en los puertos del Cantábrico, o si se convertirá en una pesquería de mínimos que obligue a replantear el año desde el primer mes.

Modificación de la Secretaría de Pesca Marítima

En principio, la Secretaría General de Pesca ha modificado la norma de ordenación de la caballa para la flota que opera en el ámbito NEAFC y fija un tope diario mínimo ante una disponibilidad provisional de cuota “muy limitada” en el primer semestre.

De esta manera, España entra en 2026 con el freno de mano echado para la caballa (xarda/verdel) en el frente comunitario. El Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, a través de la Secretaría General de Pesca, ha modificado la regulación que ordena esta pesquería para los buques de altura y gran altura —así como palangreros mayores y menores de 100 GT— que operan en el área de la Comisión de Pesca del Atlántico Nordeste (NEAFC), estableciendo que a partir del 1 de enero de 2026 se aplique un tope de 100 kilogramos por día y por buque hasta la entrada en vigor de la resolución de la siguiente campaña. 

La medida llega en un contexto especialmente tensionado para el stock y para el reparto internacional. La Comisión Europea se declara “preocupada” porque, una vez más, Noruega, Reino Unido, Islandia e Islas Feroe han pactado asignaciones por su cuenta por encima de lo recomendado por la ciencia, mientras la UE aplica una reducción del 70%. En ese escenario, España ya había rebajado el límite diario por barco en aguas comunitarias a 100 kilos, en contraste con el tope de 3.000 kilos que se había manejado al inicio de 2025. 

El argumento del BOE: “garantizar una explotación ordenada” con cuota provisional mínima

El BOE detalla que el ajuste se adopta “a fin de garantizar una explotación ordenada del recurso” en 2026, y lo vincula a las cantidades iniciales y provisionales de cuota que España podrá consumir entre el 1 de enero y el 30 de junio de 2026, que para el stock MAC/2CX14- se cuantifican en 3 toneladas. Con ese margen, el nuevo límite busca evitar un consumo acelerado que obligue a cierres tempranos o genere desequilibrios de gestión. 

La resolución publicada el 29 de diciembre surte efectos al día siguiente de su publicación, pero fija expresamente que el tope de 100 kg/día/ buque rige “a partir del 1 de enero de 2026”, es decir, como norma de arranque de campaña, mientras no se apruebe la ordenación completa del nuevo año. 

De los topes de 2025 al “modo supervivencia” de 2026

El recorte es, además, una vuelta de tuerca sobre una arquitectura normativa ya existente. La resolución base de 29 de enero de 2025 establecía topes diarios para evitar rebasar consumos y preveía ajustes posteriores en función de la evolución de la pesquería. 

Durante 2025, de hecho, hubo modificaciones al alza (por ejemplo, en primavera, con topes superiores), pero el cierre del año y la perspectiva del primer semestre de 2026 devuelven la pesquería a un esquema restrictivo: captura mínima diaria, vigilancia del consumo y contención para estirar un volumen de cuota especialmente ajustado. 

Impacto en la operativa: más presión sobre planificación y mareas

En la práctica, un tope de 100 kg por barco y día complica la rentabilidad de la salida a caladero cuando la caballa no es meramente accesoria, y traslada parte de la presión a la planificación empresarial: elección de zonas, composición de capturas, logística de descarga y estrategia comercial. De hecho, el ajuste “pasará más factura” a la flota de litoral, precisamente por la dependencia estacional de la especie y por el efecto arrastre sobre lonjas y comercialización en puertos donde la xarda marca parte del pulso de la campaña. 

Con el BOE ya publicado, el sector encara ahora un inicio de 2026 condicionado por la negociación internacional del stock y por la necesidad de afinar al máximo el consumo de cuota disponible. La caballa, una especie clave en el Cantábrico y en el Atlántico nordeste, vuelve a situarse en el centro de la disputa entre la recomendación científica, la disciplina comunitaria y los acuerdos “unilaterales” de terceros países. 

Fuente: La reducción a 100 kilogramos por día y por buque (aplicable desde el 1 de enero de 2026) está fijada en la: Resolución de 23 de diciembre de 2025 (Secretaría General de Pesca), BOE-A-2025-26965 (publicada en el BOE del 29/12/2025). Y modifica la resolución “marco” anterior de caballa para la flota NEAFC (campaña 2025), que es: Resolución de 29 de enero de 2025, BOE-A-2025-1785

El consumo de atún en Europa: estabilidad a la vista, cambios por debajo

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Los datos de EUMOFA dibujan una demanda resistente, pero con ajustes silenciosos marcados por la estacionalidad, las diferencias entre especies y una mayor sensibilidad al precio.

En el mapa del pescado que se consume en Europa, el atún ocupa desde hace años un lugar singular. Es un producto transversal: se adapta a distintos bolsillos, se vende en formatos muy variados —del fresco a la conserva— y aparece con regularidad en la lista de la compra de millones de hogares. Precisamente por esa presencia constante, analizar cómo se compra y se consume el atún (y las especies afines) ofrece pistas valiosas no solo sobre este producto, sino también sobre el pulso general del mercado alimentario y del sector pesquero.

Los datos de consumo doméstico recopilados por EUMOFA apuntan, en primer lugar, a un hecho de continuidad: el atún sigue siendo una de las proteínas marinas más estables en los hábitos de compra europeos. En un escenario marcado por la inflación, la subida de precios y la reorganización del gasto familiar, no aparecen señales de desplomes bruscos ni de una retirada masiva del producto. El atún resiste, se mantiene en el carrito y conserva su papel habitual en la dieta cotidiana.

Italia y España, dos motores del consumo

España e Italia continúan ocupando un lugar central dentro del seguimiento de EUMOFA. Son dos mercados con tradición, pero con perfiles distintos. En Italia, el atún está muy vinculado a los productos transformados y a la cocina diaria de soluciones rápidas. En España, el consumo se reparte en un abanico más amplio de especies y preparaciones, con una cultura gastronómica que integra el atún en múltiples recetas y momentos de consumo. En ambos casos, la fotografía general es de solidez: la demanda aguanta incluso con presión sobre los precios.

La estacionalidad gana peso

Bajo esa estabilidad, sin embargo, se detectan cambios más sutiles. Uno de los más relevantes es el refuerzo de la estacionalidad. Los volúmenes tienden a concentrarse más en determinados meses, especialmente en verano, cuando el atún se percibe como un alimento práctico, ligero y versátil. Ese patrón, ya conocido, parece acentuarse y obliga a la cadena —producción, industria y distribución— a afinar la programación de suministros y campañas comerciales.

No todas las especies se comportan igual

Otro matiz importante es la diferenciación creciente dentro de la categoría “atún y afines”. No todas las especies siguen la misma trayectoria: algunas mantienen volúmenes más estables, mientras otras se muestran más sensibles a variaciones de precio y disponibilidad. El mensaje es claro: el consumo global puede mantenerse, pero por dentro se está “afinando”, con decisiones más selectivas por parte del consumidor.

El atún como “producto refugio”, pero con tensión precio-cantidad

El contexto económico también pesa. La subida generalizada del coste de la cesta de la compra ha empujado a muchas familias a revisar prioridades. En ese entorno, el atún conserva una función de “producto refugio”: accesible, reconocible y fácil de usar. Pero hay un detalle que merece atención: el aumento en valor no siempre se traduce en más volumen. En otras palabras, puede gastarse más sin comprar más cantidad, lo que revela una tensión creciente entre precio y kilos, y apunta a un consumo más racionalizado.

Menos impulso, más cálculo

EUMOFA no describe una fuga del atún, sino un reequilibrio silencioso de cómo se consume: menos compras por impulso, más atención al precio medio, preferencia por formatos consolidados y menor inclinación a experimentar. Es una dinámica típica de mercados maduros, donde los cambios no llegan de golpe, sino mediante pequeños desplazamientos.

En conjunto, el atún sigue siendo un pilar del consumo europeo, pero no un pilar inmóvil. Su estabilidad permite ver con nitidez los ajustes que se están produciendo: una estacionalidad más marcada, diferencias internas entre especies y una sensibilidad creciente al contexto económico. Y leer estos movimientos ayuda también a comprender lo que ocurre aguas arriba: por qué las importaciones se mantienen elevadas, por qué determinadas especies siguen siendo estratégicas en los flujos comerciales y por qué el atún continúa ocupando un lugar clave para la industria europea. No es una historia de ruptura, sino de adaptación progresiva. Y, a menudo, son esos cambios discretos los que anticipan hacia dónde se mueve realmente el mercado.

El Congreso de EE.UU frena los recortes de Trump en NOAA Fisheries y blinda la financiación científica en el presupuesto de compromiso

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El acuerdo presupuestario, clave para evitar otro cierre del Gobierno el 30 de enero, fija 1.120 millones de dólares para la agencia pesquera y mantiene programas que la Casa Blanca quería eliminar, como el fondo de recuperación del salmón del Pacífico.

Washington vuelve a mirar al calendario con el cierre del Gobierno como amenaza inmediata. Con la fecha límite del 30 de enero en rojo, los líderes de asignaciones de la Cámara de Representantes y el Senado publicaron el 5 de enero una propuesta de presupuesto de compromiso que busca financiar al Departamento de Comercio —donde se integra NOAA Fisheries— hasta el final del año fiscal 2026 (septiembre). Y el mensaje político es claro: el Congreso ha optado por rechazar en gran medida los recortes que el presidente Donald Trump planteó para la agencia, preservando su estructura y varios programas estratégicos.

El acuerdo asigna 1.120 millones de dólares a NOAA Fisheries, una cifra que mantiene el presupuesto cerca de los niveles aprobados en 2024 y se alinea con la versión inicial trabajada por el Senado. La cifra contrasta con la propuesta de la Administración, que pedía 789,3 millones de dólares para 2026, un tijeretazo del 31% frente al nivel ejecutado en 2024. En paralelo, los republicanos de la Cámara habían presionado para ir aún más lejos, reclamando una reducción del 40%.

De la amenaza de recortes a la urgencia de evitar otro “shutdown”

La negociación llega tras meses de bloqueo. El 1 de octubre el Gobierno federal entró en cierre al expirar la financiación sin acuerdo, y fue necesaria una resolución temporal para reabrir la administración y prorrogar los niveles de gasto hasta el 30 de enero de 2026. Con pocas semanas por delante, la propuesta presentada ahora pretende cerrar la hemorragia presupuestaria y, a la vez, reordenar prioridades.

Desde el bando demócrata, la lectura es que el acuerdo no solo evita un parón, sino que protege el músculo científico del país. La senadora demócrata por Washington Patty Smith defendió que el paquete frena el intento de recortar “por encima del 50%” la financiación federal para investigación científica y evita la destrucción de miles de empleos, además de preservar partidas vinculadas a seguridad y mitigación de inundaciones. En la Cámara, la representante demócrata Rosa DeLauro lo presentó como un rechazo “contundente” a los recortes “draconianos” en servicios públicos.

La presión del sector: “destruiría el sistema de gestión pesquera”

La polémica por el recorte no solo ha sido política. Organizaciones ambientales y del sector habían advertido del impacto sobre la sostenibilidad y la economía costera. La ONG Ocean Conservancy llegó a calificar las reducciones propuestas de “draconianas”, alertando de que un recorte de ese calibre dañaría el “sistema de gestión pesquera” estadounidense, comprometería la ciencia que sostiene cuotas y decisiones, afectaría a la seguridad alimentaria del marisco y debilitaría la protección de fauna y hábitats marinos.

Programas salvados: el salmón del Pacífico y el control de importaciones

Entre las partidas más simbólicas destaca el Pacific Coastal Salmon Recovery Fund, al que el acuerdo asigna 65 millones de dólares. Este programa es uno de los principales instrumentos federales de recuperación del salmón en la Costa Oeste y, desde su creación en 2000, ha distribuido más de 1.900 millones en apoyo a iniciativas en California, Oregón, Washington, Idaho y Alaska. Trump pretendía eliminarlo a partir del ejercicio 2026, dejando el programa a cero, pero el texto de compromiso lo descarta expresamente.

El acuerdo también mantiene y refuerza herramientas de trazabilidad y control comercial. Incluye 6,2 millones de dólares para mejorar el Seafood Import Monitoring Program, orientado a reforzar el seguimiento de importaciones y combatir fraudes y entradas de producto asociado a pesca ilegal.

Más campañas científicas y vigilancia contra la pesca IUU

La propuesta incorpora además incrementos dirigidos a la “columna vertebral” del sistema: los cruceros de evaluación y el monitoreo. Contempla un aumento de 7 millones de dólares para campañas de prospección pesquera y 2 millones para el fondo de contingencia de esos muestreos.

Junto a ello, se detallan partidas específicas para iniciativas concretas, entre ellas:

  • 1 millón de dólares para usar datos satelitales y rastrear buques extranjeros vinculados a pesca ilegal, no declarada y no reglamentada (IUU).
  • 1,5 millones para investigación sobre arrecifes de ostras en el Golfo de México (denominado “Golfo de América” por la Administración Trump).
  • 5 millones para acuicultura de ostras.
  • 2,5 millones para mejorar la recopilación de datos sobre peces de arrecife del Atlántico Sur.
  • 4 millones adicionales para criaderos asociados a la Mitchell Act.
  • 1,5 millones para la restauración de ostras en la bahía de Chesapeake.

Ballena franca, artes alternativos y empuje a la acuicultura

El texto también orienta a NOAA Fisheries a aplicar provisiones recogidas en los borradores previos de Senado y Cámara: apoyo a la conservación de la ballena franca del Atlántico Norte, financiación de artes alternativos para langosta y cangrejo, inversiones en tecnología de seguimiento de cetáceos y 5 millones de dólares para el desarrollo de la acuicultura.

Un pulso institucional: quién decide el gasto

Más allá de las cifras, el debate incluye un componente de poder. La senadora Smith subrayó que aprobar estas leyes serviría para reafirmar que es el Congreso, y no la Casa Blanca, quien fija el destino del dinero público mediante directrices detalladas de gasto. En un momento de máxima polarización y con el fantasma del “shutdown” como arma recurrente, el acuerdo presupuestario se convierte así en algo más que una tabla de salvación administrativa: es también un mensaje político para blindar ciencia, gestión pesquera y programas costeros frente a recortes de gran calado.

Si el Congreso logra aprobarlo antes del 30 de enero, NOAA Fisheries afrontará 2026 con un presupuesto prácticamente estabilizado y con programas clave intactos. Si no, la cuenta atrás del cierre volverá a poner en riesgo, una vez más, la maquinaria que sostiene la investigación marina, la gestión de caladeros y parte del entramado económico de las costas estadounidenses.

Las repercusiones que causarán el reparto de cuotas pesqueras en el último número de EUROPA AZUL

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Las repercusiones que causarán el reparto de cuotas pesqueras en 2026 componen el tema principal del último número de Europa Azul.

Entrevista. pag 6 a 8. Norberto Emazabel, presidente de la Federación de Cofradías de Gipuzkoa, valora negativamente el reparto de TACs y cuotas de especies pelágicas con especial crítica a los resultado negativos para la caballa o verdel.

Consejo de la UE. 9 a 15. La Confederación Española de Pesca (Cepesca) considera que el acuerdo sobre Totales Admisibles de Capturas (TAC) y cuotas para 2026 alcanzados representa “el mejor resultado posible” para la flota española en un contexto negociador “muy adverso”, marcado por propuestas iniciales de la Comisión Europea especialmente restrictivas y alejadas, a juicio del sector, de la realidad socioeconómica de la pesca. El aspecto más conflictivo ha sido la propuesta de reducción de la cuota de caballa del 70 % del TAC propuesta para el primer semestre del año, “muy alejada del espíritu” del asesoramiento científico del ICES. Bruselas y Londres recortan las cuotas y dejan a la flota de Gran Sol con 10.800 toneladas menos.

Situación del Mediterráneo. pag 16 y 17 Los barcos de pesca del Mediterráneo podrán salir a faenar 143 días en 2026, la misma cifra que finalmente se alcanzó este año tras varios ajustes al alza. El acuerdo, cerrado por los ministros de Pesca de la UE en Bruselas, evita el “escenario de ciencia ficción” que suponía la propuesta inicial de la Comisión Europea: un mínimo de apenas 9,7 días de actividad.

Reunión ICCAT. pag 19 a 23. La 29ª reunión ordinaria de la Comisión Internacional para la Conservación del Atún Atlántico (ICCAT), celebrada en Sevilla, se cerró con un gran titular: la actualización al alza de los límites de captura y el reparto de posibilidades de pesca de atún rojo. Sin embargo, para Europêche, la foto final fue mucho más ambivalente: mientras una parte del trabajo avanzó, otros debates esenciales quedaron“en la sombra”. La reunión de Sevilla aprueba una subida de casi el 20 % del TAC de atún rojo y nuevos planes de gestión, pero deja sin resolver cuestiones clave sobre túnidos tropicales, capacidad de la flota y tiburones.

Tecnología pag 24 a 27. Ferri presenta su Salabardo Inteligente, un sistema de pesaje integrado en la pasteca que permite conocer con exactitud el peso de las capturas durante la maniobra de izado. Barcos franceses instalan cámaras a bardo para el control de la pescva de cetáceos.

Astilleros pag 28 a 32. Freire coloca la quilla del “Dana’’. Astilleros Balenciaga firma su venta a Abu Dhabi Ports”. El Busturia NM de Astilleros Murueta cuenta con propulsión diesel eléctrica.

Maritime Blue Growth y Jornadas de Celeiro. pag 34 a 52. La Armada, Comisión Europea, navieras, hidrógeno verde y puertos coinciden: las soluciones existen, pero el reto es escalarlas a tiempo y con reglas claras. La pregunta que daba título a la mesa de la MBG, en Cádiz, no podía ser más directa: ‘Sostenibilidad en la Economía Azul ‘. Existe tecnología para acometer la transición?. La respuesta, tras una hora de debate intenso, fue matizada pero clara: la tecnología está, pero falta velocidad, escala, regulación estable y financiación para que llegue a todos los buques y puertos. Sobre este tema y otros más se habló también en las Jornadas de Celeiro con el tema de la descarbonización y digitalización. Monitorización de buques pesqueros. Amplitud de temas que preocupan al sector pesquero se abordaron en Celeiro con homenaje a Fernando González Laxe.

Jornada de Ondarroa. pag 53 a 57. La instalación de Puertas Voladoras en el sector de arrastre se abordaron en una jornada en Ondarroa

Jornada de la Marina Mercante en Bilbao. pag 58 a 63. Una Jornada de Estrategia Marítima y Descarbonización ha dado a conocer las inquietudes sobre los nuevos sistemas en Bilbao.

Opinión. pag 64 y 65 . Novedades de la Economía Azul

Reportaje. pag 67 a 71 Hace 120 años tuvo lugar el hundimiento del SS London.

La “flota fantasma” del crudo venezolano se reinventa: banderas, rutas y trasvases lejos del Caribe para esquivar el cerco de EE UU

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Del transpondedor apagado a la “mutación” de identidad en alta mar, los petroleros vinculados al comercio sancionado cambian de tácticas mientras Washington endurece interceptaciones y castigos a navieras y traders.
La presión de Estados Unidos sobre el petróleo venezolano ha abierto una nueva fase en el pulso marítimo del Caribe: ya no basta con sancionar nombres en un boletín. Washington ha pasado a perseguir buques, amenazar con incautaciones y castigar a empresas intermediarias, empujando a los cargamentos a una logística cada vez más opaca y lejana. El resultado es un juego del gato y el ratón en el que los petroleros —viejos, con propiedad difusa y coberturas de seguro discutidas— exploran vías para seguir moviendo crudo hacia Asia y otros destinos.

En relación con esto, Estados Unidos ha capturado en aguas internacionales dos petroleros sancionados, el Bella 1 y el M/T Sophia, que identifica dentro de la «flota fantasma» rusa, la red opaca de barcos que mueven petróleo de países sancionados, como la propia Venezuela o Irán. En relación al primer buque abordado, Rusia ha exigido un «trato humano y digno» para sus tripulantes y que Estados Unidos no obstaculice «su pronto retorno a la patria».


De las sanciones al mar: un bloqueo de facto
El 31 de diciembre de 2025, el Departamento del Tesoro de EE UU anunció nuevas sanciones contra cuatro compañías y cuatro buques vinculados —según Washington— a operaciones de evasión en el sector petrolero venezolano. Reuters sitúa esta ofensiva dentro de una campaña más amplia que incluyó el anuncio de un bloqueo a buques sancionados que entren o salgan de aguas venezolanas, lo que habría reducido exportaciones a aproximadamente la mitad respecto a noviembre.
Ese endurecimiento ha alterado comportamientos: petroleros que antes esperaban o completaban cargas han empezado a modificar rutas, posponer escalas o moverse con más sigilo, conscientes de que el riesgo ya no es solo reputacional o financiero, sino operativo.
“Cambiar de piel”: la identidad como escudo
Uno de los episodios más llamativos de estas semanas ilustra hasta qué punto la “identidad” del barco se convierte en herramienta de supervivencia. El País relató el caso del petrolero Bella 1, perseguido por la Guardia Costera estadounidense: la tripulación habría pintado una bandera rusa en el casco para intentar reclamar protección de Moscú y dificultar una posible incautación, en una persecución iniciada el 21 de diciembre.

En paralelo, se repiten prácticas que dificultan el rastreo público: transpondedores apagados, cambios de bandera o registros bajo jurisdicciones laxas, y una cadena de propietarios y gestores que se desdobla en sociedades instrumentales.


El salto a Asia: trasvases “barco a barco” lejos del foco caribeño
El comercio sancionado no se detiene: se desplaza. Medios y organizaciones que siguen el fenómeno describen el papel de las transferencias ship-to-ship (STS) en aguas internacionales: un buque carga y transfiere a otro, que aparece con “papeles” y bandera distintos antes de completar el viaje hacia refinerías o puertos de destino.
Con el Caribe más vigilado, el negocio tiende a buscar zonas de menor escrutinio. La lógica es clara: cuanto más se militariza y judicializa un corredor, más incentivos hay para mover parte de la operativa hacia rutas asiáticas y escalas donde el control sea más desigual.


Por qué la “flota fantasma” es tan difícil de parar
Los expertos suelen señalar cuatro razones principales:
-Opacidad corporativa: el buque cambia de manos en estructuras difíciles de seguir, diluyendo responsabilidades.
-Buques envejecidos y fuera de estándares: el “shadow fleet” suele operar con barcos antiguos y sin el seguro “top-tier” que exigen muchas terminales y puertos.
-Ingeniería logística: STS, rutas largas y escalas “neutras” que complican probar origen y destino reales. �

El incentivo económico: Venezuela depende de forma crítica de las ventas de crudo; el mercado encuentra intermediarios dispuestos a asumir riesgo a cambio de margen.


El otro coste: riesgo ambiental y de seguridad marítima
Más allá de la geopolítica, el auge de petroleros opacos —con seguros dudosos, mantenimiento incierto y propiedad difusa— eleva el riesgo de accidente y contaminación en rutas densas. Para los Estados ribereños, el problema no es solo quién vende el crudo, sino quién paga si ocurre un siniestro.


¿Qué puede pasar ahora?
A corto plazo, el pulso se decidirá en tres frentes:
-Ejecución real de las sanciones (perseguir a navieras, traders, aseguradoras y facilitadores). �

-Capacidad operativa de interceptación en el Caribe y rutas de salida. �
-Respuesta del mercado asiático: puertos, refinerías y operadores que acepten o rechacen cargamentos con trazabilidad cuestionada.
Lo que parece claro es que la “flota fantasma” no es una flota única, sino un método: cuando se cierra una puerta, abre otra. Y en ese laberinto, cada nuevo control empuja la operativa un poco más lejos, un poco más oscura y, con frecuencia, un poco más peligrosa.

España reduce a dos horas y media el aviso de entrada a puerto para pesqueros de 12 a 15 metros

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El Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación ha decidido recortar de cuatro horas a dos horas y media el preaviso electrónico de entrada a puerto que deberán enviar los pesqueros de entre 12 y 15 metros a partir del 10 de enero de 2026, fecha en la que entran en vigor nuevas exigencias comunitarias de control. La medida, formalizada por la Secretaría General de Pesca, pretende ajustar la norma a la operativa real de una flota que, en muchos casos, trabaja a escasa distancia de su muelle.

La reducción del plazo llega en paralelo a otra novedad clave: desde ese mismo 10 de enero, estos barcos —hasta ahora exentos en determinados supuestos— deberán llevar geolocalización obligatoria mediante los equipos conocidos como “caja azul”. El propio ministerio ha estimado que el cambio afectará a alrededor de 600 embarcaciones, para las que se han articulado también líneas de ayuda orientadas a anticipar la adaptación tecnológica.

“Adecuar el plazo a la naturaleza de la actividad”

Según la argumentación del departamento que dirige Luis Planas, exigir cuatro horas de aviso previo no encajaba con el día a día de buena parte de la flota de 12 a 15 metros: muchos barcos faenan en caladeros cercanos, y en ocasiones el tiempo total entre el final de la maniobra de pesca, la recogida de aparejos y la derrota hasta puerto no alcanza esas cuatro horas. En ese contexto, el ministerio defiende que el nuevo umbral —2,5 horas— permite mantener el control y la labor inspectora “con normalidad” sin introducir distorsiones operativas difíciles de cumplir.

El texto oficial subraya además que esta reducción no altera otros regímenes que ya contemplan plazos inferiores para notificaciones previas en casos concretos, como capturas de determinadas especies o barcos con características técnicas específicas.

Un cambio ligado al nuevo paquete de control

La obligación de preavisar la llegada a puerto forma parte del refuerzo de las reglas de control pesquero en la UE, con el objetivo de mejorar la trazabilidad y facilitar inspecciones en desembarques. La normativa europea prevé que los Estados costeros puedan establecer un plazo más corto para determinadas categorías, siempre que no se perjudique la capacidad de inspección de sus autoridades. En esa ventana es donde España encaja la rebaja a dos horas y media para esta franja de eslora.

Impacto práctico: más realismo, misma vigilancia

En términos prácticos, el cambio busca evitar que la regla se convierta en un trámite “imposible” para parte de la flota de bajura y litoral: si el preaviso supera el propio tiempo de retorno, la obligación deja de ser un mecanismo de control y pasa a ser un obstáculo. Con el nuevo plazo, el ministerio confía en compatibilizar el control (ahora reforzado también por la geolocalización) con una operativa donde cada marea y cada ventana de mercado cuentan.

A pocos días de la entrada en vigor del paquete —10 de enero de 2026— el sector afronta, así, un ajuste que combina más digitalización y un calendario más adaptado a la realidad de los barcos más pequeños dentro del tramo de eslora obligada.

El sector pesquero despide 2025: caracterizado por la inestabilidad y la bajada en el consumo

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El sector pesquero y de productos del mar cierra 2025 con una sensación compartida: ha seguido avanzando, pero en un espacio cada vez más estrecho. Entre normas, costes, mercados y expectativas, el año no ha dejado recetas fáciles, aunque sí ha servido para poner nombre a varias cuestiones de fondo que ya no pueden esconderse bajo el ruido de lo urgente. El acuerdo de cuotas pesqueras ha sido el mejor de los posibles, pero la situación del verdel o xarda merecía el cierre definitivo. La alegría viene de los astilleros, algunos de ellos en Galicia, que cuentan con una esperanzadora cartera de pedidos.

El primer gran rasgo del año ha sido la inestabilidad como “nueva normalidad”. Precios, disponibilidad de producto, logística y consumo han continuado moviéndose a golpes, obligando a las empresas a adaptarse de manera permanente. No es solo una cuestión de cuentas: cuando el entorno cambia rápido, la planificación se vuelve más frágil y las decisiones se encogen hacia el corto plazo. Es comprensible, pero tiene un coste: se resiente la visión industrial, la inversión se retrasa y se trabaja más “a supervivencia” que a estrategia.

El consumo cambia: importa tanto el “cómo” como el “cuánto”

En 2025 se ha consolidado otra tendencia clave: la transformación del consumo. El debate ya no es únicamente cuánto pescado se compra, sino cómo se compra y cómo se quiere consumir. Los niveles de consumo están bajos. La practicidad, la continuidad de calidad, los formatos y los servicios han ganado peso tanto en el comercio minorista como en la restauración. No ha sido un giro brusco, sino un proceso que se afianza y que obliga a toda la cadena —producción, lonjas, transformación, distribución y puntos de venta— a ajustar su propuesta. Leer el mercado con categorías antiguas empieza a ser una desventaja competitiva.

Normas y gestión de recursos: el punto más sensible

El capítulo de las reglas sigue siendo, como siempre, el más delicado. Especialmente en el Mediterráneo, donde la tensión entre sostenibilidad biológica y sostenibilidad económica se ha hecho más visible. Las decisiones normativas afectan directamente a la operativa diaria de la flota, al empleo y a la vida de las comunidades costeras. 2025 no ha resuelto esa fricción: más bien ha dejado claro que la transición es necesaria, pero que sin tiempos realistas y herramientas adecuadas puede generar más incertidumbre que mejora.

Un factor silencioso: la reputación del sector

Hay además una dimensión que no siempre se ve, pero que decide mucho: la reputación. En un entorno informativo rápido y a menudo polarizado, el sector pesquero queda expuesto a relatos simplificados —cuando no deformados— que chocan con lo que ocurre realmente en los puertos, en las plantas, en el mar o en la distribución. La distancia entre la realidad de la cadena y la percepción pública sigue siendo grande. Reducirla no es solo “comunicar mejor”: es construir credibilidad con datos, transparencia y coherencia, a largo plazo.

2026: menos eslóganes, más precisión

Mirando al año que entra, quizá la palabra adecuada no sea “crecimiento” ni “relanzamiento”, sino precisión. Precisión en las decisiones empresariales, en las políticas públicas, en los mensajes al mercado y al consumidor. Un sector maduro no necesita consignas; necesita condiciones estables para trabajar, invertir y programar con claridad.

El balance final de 2025 no pretende ser definitivo, pero sí deja una idea clara: el año no simplificó el tablero, pero ayudó a identificar dónde están los retos reales. Afrontarlos exigirá menos respuestas emocionales y más análisis, menos consignas y más responsabilidad compartida a lo largo de toda la cadena del pescado. Con ese espíritu, el sector encara 2026 buscando lo que más se ha echado en falta: estabilidad, decisiones más conscientes y un debate más serio entre todos los actores.