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sábado, marzo 7, 2026
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A debate si existen incentivos suficientes para descarbonizar la flota de arrastre de la UE

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Un nuevo estudio publicado en Marine Policy pone cifras a una pregunta incómoda para la transición energética de la pesca: con los márgenes actuales, la flota de arrastre de la Unión Europea no tiene capacidad económica para asumir (internalizar) impuestos especiales al gasóleo y buena parte de sus costes ambientales sin perder viabilidad. La conclusión central es clara: antes de hablar de nuevos gravámenes o de combustibles cero emisiones, hay que mejorar de forma sustancial la eficiencia energética de los buques; de lo contrario, el sector quedaría “bloqueado” en el diésel fósil.

El trabajo, firmado por Miguel J. Núñez-Sánchez y Juan A. Pérez Pérez (Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible) y Luis Pérez Rojas (ETSIN–UPM), analiza la descarbonización de los arrastreros a partir de 12 metros, incorporando el marco regulatorio de la Política Pesquera Común (PPC), el papel de las exenciones fiscales al combustible, la rentabilidad por segmentos, y el coste de transición hacia combustibles de “cero o casi cero emisiones” (ZNZ). El artículo está disponible online desde el 4 de febrero de 2026 (DOI: 10.1016/j.marpol.2026.107062).

El nudo del problema: poca rentabilidad y alta dependencia del combustible

La pesca de arrastre es, por definición, una de las artes más intensivas en energía: requiere potencia para navegar y, sobre todo, para remolcar el aparejo durante horas. Según el estudio, esa dependencia del combustible, unida a márgenes netos limitados, hace que el sector no pueda absorber—al nivel de actividad actual—ni los impuestos especiales al carburante ni el conjunto de costes externos (emisiones, contaminantes atmosféricos y costes sociales por siniestralidad) que el trabajo integra en su modelo.

Los autores construyen una base de datos armonizada con información del Registro de Flota de la UE y datos de 2023 del STECF, agrupando arrastreros por segmentos para asignar capturas, días de mar, consumo y rendimiento económico. Con ese enfoque “top-down”, simulan escenarios de internalización de costes y de mejoras de eficiencia.

Qué sí y qué no podría internalizar la flota

Entre los hallazgos más relevantes:

  • Impuestos especiales al combustible (excise duties): no son asumibles por la flota a los niveles actuales de operación y rentabilidad.
  • Costes de gases de efecto invernadero: podrían internalizarse dependiendo del nivel de eficiencia energética alcanzado.
  • Costes sociales por siniestralidad (fatalidades): la flota podría internalizarlos “con facilidad” y, además, el análisis sugiere margen para reducirlos por debajo de umbrales considerados aceptables.
  • Contaminación atmosférica (más allá de CO₂): el estudio concluye que no se puede internalizar el coste completo sin decisiones de política pública, porque los números no cuadran solo con mercado.

En otras palabras: sin un salto previo en eficiencia, cargar de golpe con fiscalidad y externalidades puede traducirse en pérdida de viabilidad, reducción de actividad o desplazamiento del esfuerzo a flotas/producciones de terceros países con otros estándares.

La factura de la transición: 969 millones para 2.960 arrastreros

Uno de los datos que más impacto tiene en el debate es el volumen de inversión estimado para que la flota mejore eficiencia: el estudio cifra que una flota de 2.960 arrastreros requeriría del orden de 969 millones de euros para mejoras vía subsidios que incrementan capacidad (capacity enhancing subsidies). La razón: los márgenes netos son demasiado bajos para financiar por sí solos el salto tecnológico.

A esto se suma un cuello de botella regulatorio y técnico: los combustibles ZNZ (amoniaco, metanol, e-LNG, entre otros) y sus sistemas asociados requieren más espacio a bordo, lo que implica más tonelaje bruto (GT). Los autores evalúan ese “extra” de GT y concluyen que, sin flexibilidad de tonelaje y apoyo público, hay muy poco margen para cambiar de combustible, especialmente si antes no se mejora la eficiencia.

Subsidios, exenciones y la paradoja climática

El artículo entra de lleno en una contradicción que sobrevuela la política pesquera europea: se quiere descarbonizar, pero persisten exenciones fiscales al combustible y apoyos que, en la práctica, pueden incentivar el consumo de gasóleo si no van acompañados de condiciones de eficiencia y reducción de emisiones. El estudio sitúa el debate en un cruce de caminos: reforma de exenciones, diseño de ayudas de Estado, renovación de flota, y posible encaje futuro en esquemas de precio al carbono.

Lo que viene: decisiones políticas, no solo tecnológicas

La conclusión de fondo es que la transición del arrastre no se resolverá solo con “tecnología disponible”. Requerirá una secuencia:

  1. mejoras de eficiencia (diseño, operación, equipos),
  2. flexibilidad regulatoria (capacidad/GT para nuevos sistemas),
  3. ayudas públicas bien orientadas, y
  4. definición de qué externalidades se internalizan y cómo, sin provocar un efecto de “bloqueo” en diésel por falta de alternativas viables.

Fuente: Núñez-Sánchez, M.J.; Pérez Pérez, J.A.; Pérez Rojas, L. (2026). Are there sufficient incentives to decarbonize the trawl fleet in the EU? Marine Policy. DOI: 10.1016/j.marpol.2026.107062.

EFSA toma el pulso al binomio pescado–mercurio en Europa

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El pescado y el marisco siguen ocupando un lugar central en la dieta europea, pero el equilibrio entre beneficios nutricionales y exposición al mercurio continúa siendo un terreno delicado para la política alimentaria. En ese cruce se sitúa el nuevo estudio de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), elaborado a petición de la Comisión Europea para medir dos cuestiones clave: qué comen realmente los ciudadanos y cuánto influyen las recomendaciones oficiales sobre especies con mayor contenido potencial de mercurio.

La iniciativa no es menor. Bruselas busca reforzar su base de evidencia en un debate abierto con los Estados miembros sobre los límites máximos regulatorios (Maximum Levels, MLs) de mercurio en productos pesqueros y sobre una posible actualización de la evaluación de riesgo. EFSA ha respondido con una investigación paneuropea que, por primera vez, integra herramientas de ciencias sociales para explorar la distancia —a veces abismal— entre lo que la gente dice saber y lo que finalmente pone en el plato.

Dos encuestas, 29 países y foco especial en embarazadas

El trabajo se apoya en dos rondas de encuestas. La primera se realizó en abril–mayo de 2023 en los 27 países de la UE, además de Islandia y Noruega. La segunda, ya en 2024, se concentró en 10 países que habían actualizado sus recomendaciones y en otros cinco que no las habían modificado, para poder comparar. EFSA aumentó el peso de mujeres embarazadas y lactantes en la muestra por tratarse del grupo más sensible: el feto es el más vulnerable al metilmercurio, pero también se beneficia de nutrientes clave del pescado en la dieta materna.

La metodología fue clara: entrevistas telefónicas asistidas por ordenador y un cuestionario combinado de “propensión de consumo” y “conocimiento/conciencia”. Se analizaron 38 especies, agrupadas según los MLs de mercurio asociados (1,0; 0,5; 0,3 mg/kg), y se preguntó tanto por frecuencia de consumo como por conocimiento de contaminantes y de recomendaciones nacionales.

Un dato que inquieta: un tercio consume especies “de mayor mercurio” tres veces por semana o más

El primer gran titular del estudio es aparentemente positivo: el 60% de los encuestados en esos 29 países declara consumir pescado y marisco. Pero el segundo dato eleva el listón del debate: entre quienes consumen productos pesqueros, alrededor de un tercio afirma comer especies con los MLs más altos de mercurio tres o más veces por semana (34% en adolescentes y adultos; 33% en embarazadas). EFSA, no obstante, llama a interpretar estos resultados con cautela por las incertidumbres sobre la representatividad de las muestras.

El informe también detecta una tendencia transversal: el consumo de pescado y marisco aumentó entre las dos rondas de encuesta “en todos los países y categorías de especies”, independientemente de si se publicaron o no nuevas recomendaciones nacionales.

Recomendaciones: menos grandes depredadores, más especies pequeñas

EFSA recuerda que la base de la comunicación pública en Europa suele apoyarse en un principio sencillo: no renunciar al pescado, pero moderar las especies con mayor mercurio. De hecho, la propia encuesta recoge que la mayoría de autoridades nacionales recomiendan, de forma general, 1–2 raciones semanales de especies con límites más altos (1,0 mg/kg) y 3–4 raciones de especies con límites inferiores (0,5 o 0,3 mg/kg). Para el embarazo, la pauta recurrente es sustituir grandes peces por especies más pequeñas, que tienden a bioacumular menos mercurio.

La lógica está anclada en el marco normativo comunitario. El Reglamento (UE) 2023/915 fija MLs por grupos y especies: 1,0 mg/kg para una lista que incluye, entre otros, tiburón, pez espada y túnidos; 0,3 mg/kg para especies como bacalao, arenque, caballa, salmón, sardina o anchoa, entre otras; y 0,5 mg/kg para muchas especies no incluidas en las listas específicas.

La paradoja comunicativa: se conocen más los beneficios que los riesgos

El tercer hallazgo es quizás el más incómodo para las administraciones: el consejo existe, pero no gobierna el comportamiento. EFSA constata que la conciencia sobre contaminantes es “generalmente baja”, aunque el mercurio es el contaminante más reconocido. Y, cuando se pregunta por el “porqué” de las elecciones alimentarias, entran en escena los factores que mandan: sabor, precio y deseo de comer sano, por encima de la recomendación oficial.

En términos de percepción, la asimetría es rotunda: aproximadamente 5 de cada 10 consumidores identifican beneficios de salud asociados al consumo de pescado y marisco, frente a alrededor de 1 de cada 10 que identifica riesgos.

Esta brecha importa porque el riesgo que preocupa a los reguladores —el metilmercurio, forma más tóxica— está vinculado a efectos sobre el desarrollo neurológico del feto y de niños pequeños. EFSA ya estableció en 2012 una ingesta semanal tolerable (TWI) para metilmercurio de 1,3 µg/kg de peso corporal, y subrayó la necesidad de limitar especies con mayor contenido para mantener beneficios sin elevar riesgos.

Implicaciones para el sector: confianza, segmentación y mensajes más útiles

Para la cadena pesquera y comercial —en especial para el atún, el pez espada y otras especies emblemáticas— el estudio de EFSA deja un mensaje doble.

  1. El mercado no está “huyendo” del pescado: el consumo se mantiene e incluso aumenta.
  2. La gestión del riesgo se juega en la comunicación: si el consumidor decide más por gusto y precio que por guías oficiales, la eficacia de las recomendaciones depende de cómo se traduzcan en mensajes claros, prácticos y segmentados.

EFSA apunta que hay diferencias relevantes por país y por grupo poblacional, y que las autoridades sanitarias pueden usar estos datos para afinar estrategias. En otras palabras: no basta con decir “coma pescado”; tampoco con decir “ojo al mercurio”. La clave es ayudar a elegir qué especies, con qué frecuencia y en qué grupos vulnerables sin disparar alarmas que acaben reduciendo el consumo global y, con él, los beneficios nutricionales que la propia EFSA reconoce.

En un momento en el que Europa revisa límites y herramientas de evaluación, EFSA ha puesto sobre la mesa un “mapa” del comportamiento real. Y ese mapa sugiere que la próxima batalla no será solo normativa: será, sobre todo, de confianza y comprensión.

APROANG y la FNCP piden una gestión integral para salvar a la anguila europea: “No vale decidir a ciegas”

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El sector de la angula llama a construir una hoja de ruta basada en ciencia y en una evaluación completa de impactos, en vísperas de una votación clave en el Comité de Flora y Fauna del MITECO.

A pocas horas de una cita que puede marcar un punto de inflexión para una de las especies más enigmáticas y castigadas de nuestras aguas, el sector de la angula se mueve para fijar posición y, sobre todo, para ampliar el foco. La Asociación Profesional de la Pesca y Comercialización de la Angula (APROANG), en colaboración con la Federación Nacional de Cofradías de Pescadores (FNCP), ha impulsado un manifiesto que reclama una gestión integral de la anguila europea (Anguilla anguilla), “basada en datos científicos” y en una evaluación completa de los impactos sociales, económicos y medioambientales.

La iniciativa llega en vísperas de la reunión del Comité de Flora y Fauna convocada por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO), prevista para el martes 17 de febrero de 2026, en la que el Gobierno pretende someter a las comunidades autónomas la propuesta de declarar a la anguila “En peligro de extinción” e incorporarla al Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial (LESRPE).

Un manifiesto con apoyos territoriales… y con mensaje político

APROANG subraya que el manifiesto cuenta con respaldo de cofradías y entidades representativas de Galicia, Asturias, País Vasco, Cataluña, Comunidad Valenciana y Murcia, además de apoyos vinculados al ámbito transfronterizo del río Miño y al sector portugués, un guiño explícito a una realidad: la anguila no entiende de límites administrativos, pero su gestión sí.

En el texto, el sector insiste en que el debate no puede cerrarse con una sola palanca (la prohibición) ni con un único culpable (la pesca profesional). La anguila europea atraviesa desde hace décadas un declive profundo, respaldado por dictámenes científicos y por evaluaciones internacionales que apuntan a una situación crítica. Pero, precisamente por eso —argumenta el sector—, la respuesta debe ser global, con medidas sobre todo el ciclo de vida y sobre todas las presiones que impactan a la especie.

Qué se juega España el 17 de febrero

El MITECO sostiene que la propuesta de protección reforzada se apoya en criterios científicos y que la tramitación viene de lejos: se inició en 2020, con un dictamen favorable, y fue actualizada en marzo de 2024, cuando el comité científico mantuvo su recomendación de incluir a la anguila en la categoría “En peligro de extinción”. Según el Ministerio, esa actualización ya se trasladó a las comunidades en 2024, pero no obtuvo la mayoría necesaria.

Aun así, el consenso institucional está lejos de ser automático. En las últimas semanas, varias autonomías han anticipado objeciones o votos en contra, alegando desde el impacto socioeconómico a la necesidad de más coordinación y de análisis territorializados.

El sector recuerda: “La pesca ya está bajo planes de gestión”

Uno de los pilares del argumentario de APROANG y la FNCP es que la pesca profesional de la angula ya opera bajo marcos de control y planificación. En el ámbito europeo, el Reglamento (CE) 1100/2007 obligó a los Estados miembros con hábitat de anguila a desarrollar planes de gestión para reducir la mortalidad antropogénica y aspirar a la “fuga” (escapement) hacia el mar de al menos el 40% de la biomasa respecto a niveles prístinos.

En España, el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) compila esos planes y recuerda también otra pieza del puzle: en comercio internacional, la especie está incluida en el Anexo II de CITES con efectos desde marzo de 2009, lo que refuerza el carácter sensible del recurso y el foco sobre el tráfico ilegal.

De la prohibición al “enfoque integral”: el núcleo de la petición

El manifiesto impulsado por APROANG no niega el problema: admite la preocupación por el estado de la especie, pero pide que cualquier decisión se tome con una fotografía completa. En esa lectura, la recuperación de la anguila exige actuar más allá de la pesquería regulada, atacando los factores estructurales que lastran su ciclo migratorio y su supervivencia.

Entre esos factores, el sector coloca en primera línea:

  • Fragmentación de ríos y barreras que cortan rutas migratorias.
  • Calidad de las aguas y presión sobre estuarios y tramos bajos.
  • Mortalidad asociada a infraestructuras y otras causas no pesqueras.
  • Refuerzo del control frente al furtivismo y el comercio ilegal.

La idea, en suma, es evitar un debate de “todo o nada” y abrir un terreno de trabajo donde la prohibición —si llega— no sea el final de la historia, sino, como mínimo, una medida dentro de un paquete más amplio, con calendario, evaluación y responsabilidades distribuidas.

La dimensión socioeconómica: impacto y territorio

El sector también pone cifras sobre la mesa para que la discusión incorpore la variable social. La Xunta de Galicia, en una de las reacciones institucionales a la propuesta del MITECO, recoge que un informe de la Universidad de Vigo aportado por APROANG atribuye a la cadena de valor de la anguila un impacto total de 46,8 millones de euros en España y alrededor de 20,3 millones de valor añadido bruto.

Esa dimensión territorial —desde estuarios gallegos hasta el ámbito del Miño, pasando por enclaves donde la actividad es parte del tejido productivo local— explica por qué la decisión del 17 de febrero no es solo una discusión ambiental: también es un pulso sobre cómo se construyen las transiciones cuando la conservación toca actividades históricas.

Claves del manifiesto

APROANG y FNCP resumen su posición en tres ideas fuerza:

  1. Ciencia, sí; pero ciencia completa: datos, diagnóstico integral y evaluación de impactos.
  2. Corresponsabilidad: la recuperación no depende solo de vedas; exige actuar sobre ríos, hábitats y presiones no pesqueras.
  3. Gobernanza y diálogo: coordinación real entre administraciones y reconocimiento del conocimiento territorial del sector, en una especie con dimensión transfronteriza.

En paralelo, el movimiento social y gastronómico que pide frenar el consumo de angula ha ganado presencia en el debate público, algo que el propio MITECO ha incorporado a su narrativa para reforzar el mensaje de urgencia.

Lo que ocurra este 17 de febrero de 2026 en el Comité de Flora y Fauna marcará el rumbo inmediato. Pero el debate de fondo —y ahí se sitúa el manifiesto— seguirá abierto: si la anguila necesita una respuesta excepcional, también necesita una política completa que no traslade el peso de la recuperación a una sola pieza del sistema.

Bayona refuerza los controles en puerto con dos retenciones en una semana en el muelle vasco-francés

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El puerto de Bayona (Baiona) ha vivido en apenas una semana dos episodios que devuelven al primer plano un mecanismo tan técnico como decisivo para la seguridad marítima y la protección del medio marino: el control del Estado del puerto (Port State Control, PSC). Primero fue retenido el carguero multipropósito Amadeus Pearl y, pocos días después, las autoridades inmovilizaron al granelero Aurora One, que permanece detenido tras una inspección.

La retención más reciente aparece ya en el registro oficial del Paris MoU (Memorando de Entendimiento de París), el marco internacional que coordina y armoniza las inspecciones en Europa y el Atlántico Norte para detectar buques subestándar. Según el Paris MoU, el Aurora One figura detenido en Bayonne con fecha 10/02/2026. El buque navega con bandera de Islas Marshall y pertenece a la naviera Aurora Shipping, de origen búlgaro, de acuerdo con la información sectorial manejada en la cobertura del caso.

Qué implica una “retención” y por qué se ordena

En una inspección PSC, la autoridad revisa el cumplimiento de convenios internacionales clave —entre otros, SOLAS (seguridad de la vida humana en la mar), MARPOL (prevención de la contaminación), MLC (condiciones laborales) e ISM (gestión de la seguridad). Cuando se detectan deficiencias graves, el buque puede ser retenido: no puede zarpar hasta que corrija los incumplimientos y el Estado del puerto lo valide.

En Francia, este trabajo lo realizan los centros de seguridad de buques dependientes de las Direcciones Marítimas Interregionales. La propia administración lo explica en su documentación pública: se inspeccionan buques de todas las nacionalidades que escalan en puertos franceses bajo el paraguas del Paris MoU, verificando normas de construcción, armamento y seguridad (fuente: Dirección Marítima Interregional – fachada Sud-Atlántica, dirm.sud-atlantique.developpement-durable.gouv.fr).

Dos casos seguidos: Amadeus Pearl y Aurora One

El primero de los episodios afectó al Amadeus Pearl. Bases de seguimiento marítimo especializadas sitúan su retención en Bayona tras su llegada a puerto. En concreto, se ha señalado que habría quedado detenido tras arribar el 3 de febrero de 2026 (fuente: VesselTracker, vesseltracker.com). Este buque se asocia además a una generación reciente de cargueros multipropósito, vinculada al diseño “Combi Freighter 3850” del grupo Damen (fuente: The Maritime Executive, maritime-executive.com), un detalle que subraya que las retenciones PSC no se limitan a barcos “viejos”: el denominador común suele ser la existencia de deficiencias que deben corregirse antes de continuar viaje.

Tras la salida del Amadeus Pearl, el foco se trasladó al Aurora One, un granelero que, según bases de datos de tráfico marítimo, fue construido en 2007 (fuente: VesselFinder, vesselfinder.com). Su bandera de Islas Marshall lo sitúa dentro de un patrón ampliamente conocido por el sector: registros muy utilizados en el comercio marítimo internacional. La cuestión, como recuerdan los especialistas, no es el pabellón en sí, sino el riesgo de que parte del mercado compita “a la baja” si se relajan estándares de mantenimiento, gestión o cumplimiento. Precisamente, el PSC nació para evitar que el ahorro en seguridad se convierta en ventaja competitiva.

Un puerto mediano, una función crítica

A menudo el debate sobre inspecciones PSC se asocia a grandes hubs europeos. Lo ocurrido en Bayona recuerda lo contrario: los puertos medianos también son primera línea. El muelle no es solo logística; es el punto donde pueden aflorar fallos en equipos de emergencia, mantenimiento, procedimientos ISM, documentación técnica, prevención de contaminación o condiciones laborales a bordo, capítulos recurrentes en el universo PSC.

Ese papel cobra aún más sentido en un Golfo de Bizkaia donde conviven pesca, mercancía, industria, turismo y espacios sensibles. Aunque los barcos retenidos no sean pesqueros, los riesgos no distinguen tráfico: un incidente grave puede acabar en contaminación, presión reputacional sobre el litoral y disrupciones operativas que afectan a múltiples sectores de la economía azul.

Impacto: costes, retrasos y reputación

Una retención PSC tiene efectos inmediatos:

  • Operativos: retrasos en la cadena logística, reprogramación de atraques, penalizaciones contractuales y mayores costes por estancia.
  • Técnicos: reparaciones urgentes, auditorías adicionales o inspecciones de seguimiento.
  • Reputacionales: el historial de inspecciones y detenciones alimenta el perfil de riesgo del buque y suele incrementar la probabilidad de controles futuros en el área Paris MoU.

Para el puerto y para el sistema, cada detención funciona como un mensaje de fondo: si hay deficiencias graves, el barco no navega. Y esa es, en esencia, la razón de ser del PSC.

Por ahora, el sector espera conocer el detalle de las deficiencias concretas que motivaron ambas retenciones y el alcance de las correcciones exigidas. Lo que ya queda claro —por la secuencia y por los registros— es que en Bayona el control ha sido especialmente activo. En tiempos de flotas globales, presiones de costes y cadenas logísticas al límite, el PSC vuelve a demostrar que la seguridad marítima no es un complemento: es la condición mínima para operar.

Aumentan los petroleros abandonados en el mar y crece el riesgo humano y ambiental

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La Federación Internacional de Trabajadores del Transporte (ITF) alerta de un salto de 20 casos en 2016 a 410 en 2025, un fenómeno ligado a flotas opacas, banderas de conveniencia y rutas bajo sanciones

Los océanos se están llenando de buques “a la deriva” en sentido literal y jurídico. Lo que hace una década era una rareza se está convirtiendo en tendencia: en 2025 se han registrado 410 casos de abandono de buques, frente a 20 en 2016, según el recuento de la International Transport Workers’ Federation (ITF), organización sindical global que rastrea estos incidentes. El repunte, que afecta especialmente a petroleros envejecidos, abre un problema con varias capas: un drama laboral, un vacío legal y un potencial riesgo de contaminación.

La primera consecuencia no está en el casco, sino en la gente. La ITF cifra en más de 6.000 los marineros abandonados a escala global en este tipo de casos. Entre los más afectados figuran los tripulantes de la India, con más de mil personas impactadas, de acuerdo con las cifras difundidas por la federación sindical. El “abandono” no significa solo que el armador deje de atender el buque: implica también salarios impagados, falta de víveres, deterioro de condiciones sanitarias y una incertidumbre que se prolonga durante semanas o meses.

“Veíamos la costa y no sabíamos si podríamos pisarla”

Uno de los ejemplos recientes que ilustra la dimensión humana fue relatado por la BBC. Un oficial jefe de cubierta, identificado como Iván (nombre ficticio), describió cómo la tripulación de un petrolero quedó varada durante semanas fuera de aguas territoriales de China con carencias básicas. “Teníamos escasez de carne, cereales, pescado, cosas básicas para sobrevivir”, declaró al medio británico, en un testimonio que resume el deterioro físico y psicológico que sufren las tripulaciones cuando el responsable del buque desaparece de facto.

En ese mismo caso, la carga era un agravante: el buque transportaba cerca de 750.000 barriles de petróleo ruso, con un valor nominal de decenas de millones de dólares, lo que disparó las alarmas por el riesgo ambiental y por la complejidad política y comercial del destino. Según se ha señalado desde la ITF, el sindicato intervino proporcionando víveres, ayudando a cubrir salarios atrasados y planificando la repatriación.

Flotas fantasma y buques envejecidos: el caldo de cultivo

El fenómeno se produce en paralelo a lo que distintos analistas y medios han denominado “flotas fantasma” o “barcos zombi”: buques con estructuras societarias opacas, propietarios ocultos tras empresas pantalla y operativas que buscan eludir controles financieros o regulatorios. Parte de ese mercado se ha alimentado, según se viene documentando en el sector, del contexto de sanciones internacionales y del auge de rutas “sensibles” vinculadas a crudo de Rusia, Irán o Venezuela.

Los petroleros de unos 20 años —edad en la que un buque se acerca a decisiones de desguace o venta— son candidatos idóneos para entrar en esa dinámica. Quien compra para operar en el límite suele priorizar la amortización rápida y recorta inversión en mantenimiento. El problema llega cuando ocurre una avería, una detención o un conflicto contractual: sin un marco de responsabilidad claro, el armador puede desaparecer, dejando buque y tripulación sin cobertura real.

A ello se suma el factor asegurador. En el sector marítimo, la cobertura de P&I Clubs (Protección e Indemnización) es clave ante reclamaciones por contaminación, daños a terceros o repatriaciones. Cuando un buque opera con seguros incompletos o esquemas débiles, el incentivo a “abandonar” ante un problema crece: asumir reparaciones, multas o salarios atrasados puede ser más costoso que desentenderse.

Banderas de conveniencia: el agujero jurídico

La ITF sitúa otro elemento estructural en el centro del debate: las banderas de conveniencia. Según los datos citados por la federación, el 82% de los abandonos se produce en buques que operan bajo este tipo de registros, donde un armador matricula el barco en un país distinto al propio para beneficiarse de requisitos más laxos. Esa desconexión entre propietario real y Estado de bandera complica la vigilancia efectiva y la exigencia de responsabilidades.

Entre los registros más utilizados en el comercio marítimo figuran Panamá, Liberia y las Islas Marshall, que, según la información manejada por la industria, concentran una parte sustancial de la flota mercante mundial. En ese mapa, el caso de Gambia ha llamado la atención por un crecimiento repentino: en 2023 pasó de no contar con buques a tener decenas navegando bajo su bandera, un salto que ha alimentado el debate sobre capacidad real de inspección y control.

La Organización Marítima Internacional (IMO) ha advertido en diferentes documentos técnicos sobre las limitaciones de algunos Estados de bandera para supervisar flotas crecientes, especialmente cuando se subcontratan inspecciones o falta personal especializado. El resultado es un sistema en el que, cuando el buque queda “huérfano”, las responsabilidades se diluyen y la respuesta llega tarde.

Riesgo ambiental y seguridad: bombas de relojería flotantes

El abandono de petroleros no solo vulnera derechos laborales: también eleva el riesgo de accidente. Con tripulaciones agotadas, desabastecidas o sin salarios, la seguridad operativa se resiente. Y cuando el buque transporta hidrocarburos, cualquier incidente puede convertirse en un vertido grave sin un responsable solvente al que reclamar.

El riesgo se multiplica porque estos buques suelen ser envejecidos, con mantenimiento incierto y, en ocasiones, documentación difícil de rastrear. En un escenario así, las autoridades costeras se enfrentan a un dilema: intervenir cuesta dinero y recursos, pero no hacerlo puede resultar mucho más caro si se produce un siniestro.

La respuesta: presión internacional y listas negras

Algunos Estados están reaccionando. Un ejemplo citado en el sector es la base de datos de la India que incorporó decenas de buques extranjeros por abandono de marineros y violaciones de derechos, una medida que busca aumentar la presión reputacional y operativa sobre armadores y banderas de conveniencia.

Sin embargo, los expertos consultados habitualmente por organismos laborales y marítimos coinciden en que el problema es global y requiere medidas coordinadas: obligaciones más estrictas para Estados de bandera, verificación de seguros reales, mecanismos rápidos de protección a tripulaciones y un sistema que impida que un petrolero cargado quede, en la práctica, sin dueño.

El “oro rojo” del Pacífico, el interés de la flota china por el calamar gigante dispara la contestación en Perú y Ecuador

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La expansión de la pesca de pota (Dosidicus gigas) en alta mar, dominada por flotas de aguas distantes, reabre la batalla por reglas, control y trazabilidad. Lima y Quito empujan reformas en la OROP del Pacífico Sur mientras crecen las alarmas por operaciones opacas, transbordos y presión sobre pesquerías artesanales.

La escena se repite cada temporada en el Pacífico suroriental: cuando el calamar gigante (pota o jumbo flying squid) se concentra cerca del límite de las 200 millas, una constelación de poteros industriales se despliega en alta mar. En el centro del fenómeno está la flota china de aguas distantes —la mayor del mundo—, atraída por un recurso de ciclo corto, alta demanda global y gran rentabilidad. Y, con ella, crece también la resistencia política y social en la orilla: Perú y Ecuador encabezan la presión para imponer reglas, mientras otros países de la región vigilan el impacto sobre biodiversidad, empleo y soberanía económica.

El calamar gigante combina tres factores que lo hacen especialmente codiciado: abundancia variable pero elevada en años favorables, procesamiento industrial eficiente (anillas, tubos, congelado) y una cadena global capaz de absorber grandes volúmenes. Además, gran parte de la captura de alta mar se produce en zonas con regulación limitada o insuficiente, lo que, según varias investigaciones periodísticas y ONG, alimenta riesgos de sobreesfuerzo pesquero, opacidad operativa y vulnerabilidades laborales en determinadas flotas. 

Perú: cerrar puertas en puerto para frenar la pesca INDNR… y el efecto “desvío”

En el caso peruano, la respuesta ha sido cada vez más “portuaria”: endurecer condiciones de acceso a servicios, mantenimiento y desembarques a buques de aguas distantes, obligando a mayores exigencias de monitoreo y control. Análisis técnicos y cobertura internacional describen cómo, tras nuevas obligaciones en Perú, parte de la flota china redujo o evitó escalas y buscó alternativas en otros países, con el riesgo añadido —según los autores— de operar más tiempo lejos de controles y aumentar la dependencia del transbordo. 

El resultado práctico es conocido en el sector: cuando un Estado costero aprieta, la presión puede desplazarse a puertos con menor capacidad de inspección o a operaciones más opacas en alta mar. Ese “efecto globo” es uno de los argumentos que están empujando a Perú a insistir en que el verdadero campo de juego es la gobernanza

La discusión ón ha subido un peldaño en la Organización Regional de Ordenación Pesquera del Pacífico Sur (SPRFMO, por sus siglas en inglés), donde Perú y Ecuador han promovido propuestas para introducir un enfoque precautorio, límites de captura y medidas que reduzcan el conflicto entre flotas artesanales costeras y flotas industriales de alta mar.

Entre las iniciativas en debate aparecen propuestas de “zona buffer” (una franja de amortiguación próxima al borde de las 200 millas) y reformas para pasar de una simple contención del esfuerzo a un esquema más estructurado de gestión y control. 

Además, en 2026 se ha visibilizado una coalición amplia —sector artesanal, empresas y ONG— reclamando a la SPRFMO medidas de conservación y vigilancia más exigentes ante lo que describen como un vacío regulatorio en alta mar para esta pesquería. 

“Invasión” y rechazo social: cuando el conflicto llega a la costa

En Perú y Ecuador, la palabra “invasión” aparece de forma recurrente en el debate público. No siempre implica entrada ilegal en ZEE: a menudo describe la concentración masiva de buques justo fuera de jurisdicción, con efectos económicos (precio, disponibilidad), ambientales (presión sobre el stock y ecosistemas asociados) y sociales (competencia asimétrica frente a flotas artesanales).

La tensión se alimenta también de dos prácticas especialmente sensibles:

• Transbordos en el mar, que pueden reducir trazabilidad si no hay observación y controles robustos.

• Apagado o manipulación de señales de seguimiento, un punto citado en investigaciones sobre flotas de calamar en regiones de alta mar, donde el control efectivo es más difícil. 

¿Y Colombia? Vigilancia, áreas protegidas y presión regional

Colombia no es el epicentro del conflicto de la pota como Perú o Ecuador, pero sí forma parte del mapa de preocupación regional por la pesca ilegal y la presión sobre áreas marinas sensibles. El país ha judicializado casos de pesca ilegal en el Santuario de Fauna y Flora Malpelo y refuerza vigilancia en zonas protegidas, en un contexto donde la región entera observa con inquietud la actividad de flotas de larga distancia en el Pacífico. 

En términos políticos, la lectura es clara: cuando el Pacífico sur se convierte en un “corredor” de pesca de alta mar con capacidad industrial enorme, la respuesta de los Estados costeros tiende a moverse en dos carriles: control en puerto y presión multilateral para crear reglas en el agua internacional.

La variable europea: trazabilidad y “licencia social” del calamar que consumimos

Para Europa (y para España, gran mercado de cefalópodos), el debate no es lejano. Investigaciones recientes han vinculado la pesca de calamar en alta mar con riesgos de abusos laborales y falta de regulación, pidiendo más transparencia y controles de importación. En la práctica, el “pasaporte” del calamar —documentación, cadena de custodia, verificación de transbordos— será cada vez más determinante para evitar que el producto llegue al consumidor con sombras reputacionales. 

¿Qué viene ahora?

Los próximos meses serán decisivos por tres razones:

1. Si la SPRFMO adopta límites precautorios y medidas operativas (buffer, control, esfuerzo/captura) con capacidad real de cumplimiento. 

2. Si los controles portuarios se armonizan para evitar el “turismo regulatorio” de flotas que se desplazan a puertos más laxos. 

3. Si el mercado (incluida la UE) endurece exigencias de trazabilidad en cefalópodos de alta mar, donde el origen y el transbordo son puntos críticos. 

En el fondo, el calamar gigante se ha convertido en algo más que una pesquería: es un termómetro geopolítico de la gobernanza del océano. Y la pregunta que se hacen en Lima y Quito —“¿quién pone las reglas cuando el recurso está fuera de la ZEE?”— empieza a resonar en toda la cuenca del Pacífico.

“Green Ports”, en Madrid, reúne a puertos, navieras y energía para aterrizar la descarbonización marítima en el muelle

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El Instituto de la Ingeniería de España celebra el 19 de febrero una mesa redonda que pone el foco en combustibles alternativos, corredores verdes, hidrógeno portuario y captura de CO₂ a bordo. A Coruña, Valenciaport, Baleària, Peninsula y Worley, entre los ponentes.

Los puertos han pasado de ser “infraestructura de paso” a convertirse en pieza central de la transición energética. Y lo están haciendo con un reto doble: reducir su propia huella de carbono —maquinaria, electricidad, operaciones y movilidad interna— y, al mismo tiempo, actuar como facilitadores de una transformación que depende del mar: nuevos combustibles, logística, seguridad industrial y servicios para buques que ya operan bajo un marco regulatorio cada vez más exigente.

Con esa premisa, el Instituto de la Ingeniería de España (IIE) celebrará este jueves 19 de febrero (18:00–19:30), en su sede de la calle General Arrando (Madrid), la jornada “Green Ports”, un encuentro que busca ordenar el debate desde el punto de vista operativo: qué deben hacer los puertos, qué necesitan las navieras y qué tecnologías empiezan a pasar de la teoría a las pruebas reales. El evento se podrá seguir también por streaming y requiere inscripción previa.

La mesa redonda plantea una idea que gana terreno en el sector: no basta con anunciar planes, hay que medir el nivel de preparación de cada enclave ante la llegada de combustibles alternativos y sus implicaciones (almacenamiento, suministro, compatibilidad, seguridad y permisos).

Ese será uno de los ejes de la intervención de Raúl Cascajo, que presentará el concepto Port Readiness Level (PRL) como criterio para evaluar la “preparación real” de los puertos para operar con nuevos vectores energéticos.

En el mismo bloque se encuadra la ponencia de Mª Ángeles López Castejón (Peninsula), centrada en la logística de combustibles renovables para buques, un terreno donde el cuello de botella no es solo tecnológico, sino también de cadena de suministro: disponibilidad, trazabilidad, certificación y despliegue escalable.

A Coruña: el puerto como “hub” de descarbonización

Abrirá la jornada Juan Diego Pérez Freire, director general de la Autoridad Portuaria de A Coruña, con la ponencia “A Coruña Green Port, un hub de descarbonización”. La elección no es casual: la transición portuaria ya no se mide únicamente por electrificación o eficiencia, sino por la capacidad de integrarse en un ecosistema industrial donde confluyen energía, logística y cadena marítima.

Otra pieza del programa aterriza en un debate muy concreto: la maquinaria portuaria. El Proyecto H2Ports, presentado por Jorge Miguel Lara (Fundación Valenciaport), pone sobre la mesa una de las pruebas europeas más observadas: aplicar hidrógeno en equipos de terminal y operaciones internas. El proyecto ha trabajado, entre otros frentes, la viabilidad de una cadena de suministro de hidrógeno adaptada al entorno portuario, donde la seguridad y la regulación condicionan cada paso.

Corredores verdes: cuando el puerto deja de actuar solo

El concepto de corredores verdes marítimos —rutas donde se alinean puertos, navieras, proveedores de energía y carga para operar con menores emisiones— tendrá voz propia con Pablo García (Baleària). En Europa, estos corredores empiezan a entenderse como “proyectos de sistema”: sin coordinación entre infraestructuras, combustible y demanda, la descarbonización se convierte en un puzle imposible de encajar.

La sesión se cerrará con un tema que, aunque todavía incipiente, ya se sienta a la mesa: captura de carbono a bordo (OCCS) y captura/inertización y almacenamiento o uso (CCUS). Worley Consulting abordará la preparación de los puertos ante ese escenario: desde la logística de recepción y manipulación hasta los condicionantes regulatorios y de seguridad.

Un contexto que aprieta: Europa y la regulación como acelerador

El interés del encuentro se explica también por el momento regulatorio. La UE ya ha extendido el EU ETS al transporte marítimo desde el 1 de enero de 2024, incorporando costes y obligaciones de cumplimiento para los grandes buques que escalan puertos europeos.
Y desde 1 de enero de 2025 está en marcha FuelEU Maritime, que empuja a reducir progresivamente la intensidad de GEI de la energía usada a bordo y, por extensión, obliga a que los puertos estén listos para nuevos combustibles y nuevas operativas.
En paralelo, la estrategia climática de la OMI (IMO) de 2023 fija objetivos de reducción de intensidad de carbono y un aumento de combustibles de cero o casi cero emisiones de cara a 2030, reforzando la presión global sobre tecnología, inversiones y logística portuaria.

Para la Economía Azul, “Green Ports” resume una evidencia: la descarbonización no se decide solo en los astilleros o en la sala de máquinas, sino en el muelle. La transición energética entra en los puertos por tres puertas a la vez:

  • Infraestructura (energía, almacenamiento, suministro y seguridad).
  • Operación (equipos, terminales, logística, digitalización).
  • Gobernanza (permisos, estándares, coordinación público-privada).

Y cada una de ellas tiene costes, riesgos y oportunidades industriales. Lo que antes era un “servicio portuario” hoy se parece más a un nuevo negocio energético con implicaciones directas para navieras, cargadores, operadores y territorios.

Datos prácticos

  • Jornada: “Green Ports”
  • Fecha y hora: jueves 19 de febrero, 18:00–19:30
  • Lugar: Instituto de la Ingeniería de España, General Arrando 38, Madrid
  • Formato: presencial y streaming (con inscripción)

El TSJ de Cantabria tumba una multa de 30.003 euros a un patrón pesquero por contratar a tres extranjeros con identidades usurpadas

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La sentencia lanza un mensaje relevante para la mar: en extranjería también rige el principio de culpabilidad y no basta el “hecho” si no hay dolo o negligencia acreditada.

La presión por completar tripulaciones, la estacionalidad y la contratación fija-discontinua forman parte del día a día de buena parte de la flota. Pero, cuando la Inspección sube a bordo, la frontera entre un trámite aparentemente correcto y una sanción de cinco cifras puede depender de un detalle tan invisible como una huella dactilar.

Eso es lo que refleja la resolución del Tribunal Superior de Justicia de Cantabria (TSJC), que ha confirmado la anulación de una sanción de 30.003 euros impuesta a un patrón de pesca por la contratación de tres trabajadores extranjeros cuya documentación, según se comprobó después, no correspondía a sus identidades reales. La Sala concluye que el empresario actuó “por error”, sin que quedara acreditado dolo (complicidad) ni culpa/negligencia en su conducta.

Los hechos se remontan al 9 de febrero de 2023, cuando la Inspección de Trabajo y Seguridad Social realizó una visita al centro de trabajo: la propia embarcación. A bordo se encontraba el patrón y tres trabajadores contratados. Ante el requerimiento de documentación, el armador remitió por correo electrónico fotocopias de NIE y los contratos fijos-discontinuos.

El procedimiento dio un vuelco cuando la Guardia Civil, tras comprobaciones posteriores a través de las huellas digitales, concluyó que los datos no se correspondían con las identidades aportadas en la documentación del barco. Es decir: los trabajadores habrían utilizado identidades usurpadas para ser contratados.

La sanción: tres infracciones “muy graves”, 10.001 euros por trabajador

Con ese material, la Delegación del Gobierno en Cantabria impuso al patrón una sanción de 30.003 euros, desglosada en tres infracciones muy graves por ocupación de extranjeros sin la preceptiva autorización, al amparo del artículo 54.1.d) de la Ley Orgánica 4/2000 (LOEX). En la práctica, se tradujo en 10.001 euros por cada trabajador.

La Administración sostuvo que concurrían los dos planos necesarios: el elemento objetivo (personas trabajando sin autorización) y el elemento subjetivo, entendiendo suficiente “cualquier grado” de negligencia o una “ignorancia inexcusable”. Y defendió que presentar contratos o documentación “no restaba” responsabilidad.

Primera victoria en Santander: “el informe no desvirtúa el principio de culpabilidad”

El patrón acudió a los tribunales. El Juzgado de lo Social nº 4 de Santander estimó su demanda y anuló la sanción (sentencia de 10 de junio de 2025, según las crónicas del caso), al considerar que el expediente no acreditaba intencionalidad ni una negligencia imputable y que el informe inspector no bastaba para vencer el principio de culpabilidad propio del derecho sancionador.

La Delegación del Gobierno recurrió en suplicación. Y ahí llega el punto clave para el sector: la Sala de lo Social del TSJC mantiene la anulación.

El TSJC: sin dolo ni negligencia probada, no hay sanción

La sentencia del TSJC (identificada como nº 765/2025, de 7 de noviembre de 2025, ECLI ES:TSJCANT:2025:1108) desestima el recurso y confirma que el patrón actuó por error, sin prueba de complicidad con la suplantación ni de conciencia sobre la falsedad de las identidades aportadas.

El propio resumen del CENDOJ subraya dos ideas con impacto transversal:

  1. La presunción de certeza de las actas de Inspección alcanza a los hechos, pero no necesariamente a las calificaciones jurídicas.
  2. En este caso, no constaban elementos probatorios que permitieran sostener una actuación negligente del empleador (por ejemplo, comparativas fotográficas en autos), y el tribunal no acepta que se imponga una especie de obligación de verificación “forense” más allá de una diligencia razonable basada en documentación aportada.

Iberley añade un dato especialmente sensible en el mundo marítimo: la resolución menciona que Capitanía Marítima había autorizado el enrolamiento de los trabajadores, un elemento que refuerza la tesis de que el patrón actuó apoyándose en trámites ordinarios y no en una maniobra fraudulenta.

Qué significa para la pesca: cumplimiento sí, “responsabilidad automática” no

Esta sentencia no es una invitación a bajar la guardia. Lo que fija —y por eso interesa a Europa Azul— es una frontera: la contratación irregular no se traduce siempre en sanción automática si el empresario demuestra que actuó con diligencia y fue víctima de un engaño.

En un sector con picos de actividad, necesidad de reemplazos y urgencias operativas (mareas, campañas, climatología), el caso recuerda dos realidades que conviven en el muelle:

  • Que la Administración persigue —con razón— el empleo irregular y la explotación.
  • Y que el derecho sancionador exige culpabilidad, no solo el “resultado”, especialmente cuando hay suplantación de identidad y el empleador ha seguido los pasos habituales (contrato, alta, documentación).

Buenas prácticas que se refuerzan tras el fallo

Sin convertir una noticia en un manual, el caso sí deja una lección operativa para armadores y patrones: documentar la diligencia puede ser tan importante como cumplir el trámite. Entre las prácticas que más pesan cuando todo acaba en expediente o juzgado:

  • Conservar evidencias de la documentación aportada y de la comunicación (correos, copias, fechas, firmas).
  • Dejar rastro de que se realizaron las altas y verificaciones disponibles en los canales ordinarios (sin pretender pruebas biométricas, que no son exigibles al empleador en condiciones normales).

Porque, como demuestra el caso cántabro, cuando la irregularidad nace de un fraude del propio trabajador, el punto de discusión ya no es solo qué ocurrió, sino si el empresario pudo razonablemente saberlo.

Un precedente a seguir (y a entender bien)

En un contexto de mayor control del empleo y de endurecimiento del cumplimiento, la sentencia del TSJC introduce un matiz que el sector pesquero hará bien en seguir: la Administración puede sancionar —y sanciona—, pero también tiene que probar la culpa o la negligencia del sancionado, especialmente cuando hay indicios sólidos de engaño al empleador.

Dicho de otro modo: en el mar, como en tierra, no todo error es infracción culpable. Y esa diferencia —en este caso— ha valido 30.003 euros.

Killybegs de Irlanda alerta de una “crisis ” en el Atlántico Norte por las cuotas mínimas

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La organización de armadores irlandeses denuncia un “doble rasero” en el control y pide a Bruselas y a la EFCA más inspecciones, transparencia y equilibrio en el reparto del bacaladilla (blue whiting).

La campaña del bacaladilla/kolmule (blue whiting) —uno de los grandes motores del pelágico en el Atlántico nororiental— ha vuelto a colocar a Irlanda en el epicentro de una disputa que mezcla ciencia, reparto político de oportunidades y percepción de “competencia desleal” en el mar. La Killybegs Fishermen’s Organisation (KFO), con base en el principal puerto pesquero del noroeste irlandés, ha lanzado una advertencia pública: mientras la flota pelágica irlandesa se asoma a un amarre forzoso “por falta de cuota”, decenas de arrastreros noruegos faenan a pocas millas de su costa con volúmenes que, según la organización, superan incluso el cupo anual asignado a Irlanda.

La chispa de la polémica es una cifra: “más de 40.000 toneladas” desembarcadas “la semana pasada” por 36 arrastreros pelágicos noruegos frente a la costa oeste de Irlanda, según el mensaje difundido por KFO (replicado por medios sectoriales). En el mismo texto, la organización añade un elemento aún más sensible: la presencia de nueve arrastreros congeladores rusos operando “sin monitorización ni control” y con “cero visibilidad” sobre lo que capturan. El remate es una pregunta retórica que resume el estado de ánimo del sector: “¿Un terreno de juego equilibrado?”

El dato clave: la cuota irlandesa de bacaladilla en 2026 baja a 30.188 toneladas

Más allá del debate sobre capturas semanales, la fotografía estructural de 2026 es clara: Irlanda dispondría de 30.188 toneladas de bacaladilla, frente a 51.263 t en 2025, en un recorte del 41%. La cifra aparece en el cuadro de cuotas irlandesas para 2026 difundido por The Skipper (tabla final 2026).

Ese recorte no es un hecho aislado. El propio marco europeo reconoce que, para 2026, la cuota de la UE de bacaladilla se fija conforme al TAC respaldado en las consultas entre Estados costeros, en un contexto de negociación compleja para varios pelágicos del Atlántico norte.

Un stock “compartido” y muy migratorio: el caladero empieza (otra vez) al oeste de Irlanda

La bacaladilla es un pelágico de enorme distribución en el Atlántico nororiental, con altas concentraciones durante el desove a lo largo del borde de la plataforma continental al oeste de las Islas Británicas, precisamente en el entorno del Porcupine Bank y Rockall, y con un pico reproductor habitual entre marzo y abril.

Esa geografía explica por qué, cada invierno, la mirada del sector se dirige a la fachada atlántica irlandesa. Y también por qué la economía de Killybegs vive una paradoja recurrente: parte del pescado que entra en sus muelles puede llegar a hacerlo en barcos extranjeros, con un impacto evidente en las plantas —harina/aceite, congelado o consumo— pero con un debate abierto sobre el retorno real para la flota local.

De hecho, la propia Sildelaget (organización noruega de ventas y seguimiento de pesquerías) describía la primera semana de febrero como un arranque “lento” pero significativo: 9.800 toneladas capturadas por su flota “la semana pasada”, con 6.900 t en el borde norte de Porcupine Bank “en zona UE” y vendidas para consumo a compradores en Killybegs, además de 2.900 t “justo fuera del límite de 200 millas al oeste de Irlanda” en aguas internacionales.

El tablero político: un TAC para 2026… y el viejo conflicto del reparto

En octubre de 2025, Noruega, UE, Islas Feroe, Islandia y Reino Unido (con Groenlandia como observador) acordaron que las capturas totales de bacaladilla en 2026 no superen las 851.344 toneladas, en línea con el asesoramiento científico.

Pero el consenso sobre “cuánto se puede pescar” no elimina la disputa sobre “quién pesca cuánto”. En ese mismo acuerdo se refleja, como referencia, el reparto “provisional” manejado en años recientes, con una cuota noruega de 354.320 t y una cuota UE de 485.210 t (2025 provisional), entre otros participantes.

Para el sector irlandés, el resultado práctico es doble: menos cuota propia y más presión competitiva en un caladero próximo, con la sensación de que el músculo de inspección y control no crece al mismo ritmo que la intensidad de la pesquería.

¿“Sin control”? Qué dice el marco de vigilancia en el Atlántico nordeste

La afirmación de KFO sobre “cero monitorización” de los arrastreros rusos es, en sí misma, una acusación muy seria. En términos de arquitectura normativa, el Atlántico nordeste cuenta con un andamiaje de monitorización, control y vigilancia (MCS) en torno a la NEAFC (North-East Atlantic Fisheries Commission), cuya Scheme of Control and Enforcement prevé obligaciones y mecanismos de seguimiento, inspección en el mar y medidas de Estado rector del puerto.

En aguas de la UE, además, la EFCA coordina programas específicos de control e inspección (Western Waters), con despliegues conjuntos y cooperación con autoridades nacionales.

Dicho eso, la queja de KFO apunta menos a la existencia “formal” de reglas y más a la efectividad real, la capacidad de inspección y la transparencia operativa: quién comparte qué datos, con qué rapidez, y cuántos medios hay para verificar capturas y artes en una pesquería que se mueve rápido, lejos de costa y con múltiples banderas.

El factor acceso: acuerdos UE–Noruega y puertos irlandeses como puntos críticos

Otro matiz clave es que parte de la actividad noruega puede darse bajo acuerdos de acceso y control con la UE. El Agreed Record UE–Noruega incorpora disposiciones de control para la actividad pesquera y prevé coordinación en materia de seguimiento y cumplimiento, incluyendo notificaciones y mecanismos de verificación vinculados a operaciones en zonas de la UE.

En la práctica, los puertos irlandeses (y en particular Killybegs) se convierten en nodos donde confluyen tres intereses: el negocio industrial del pelágico, el abastecimiento a plantas y logística, y la demanda del sector local de que el sistema garantice igualdad de obligaciones y de inspección.

Lo que pide KFO (y lo que está en juego)

El mensaje de KFO no es solo una denuncia; es una llamada política a Comisión Europea y EFCA para reforzar control y “level playing field” en un momento en que la flota irlandesa se siente contra las cuerdas por los recortes.

Detrás de la consigna hay un riesgo de fondo: que la bacaladilla —pilar de la rentabilidad pelágica y de cadenas industriales asociadas— se convierta en otro ejemplo de tensión crónica por cuotas en el Atlántico norte, con un coste directo en empleo, actividad portuaria y cohesión social de comunidades pesqueras.

La paradoja final la resume el propio parte noruego de campaña: Killybegs compra bacaladilla noruega en plena temporada. Para Irlanda, el desafío es que ese flujo económico no se traduzca en una “prosperidad sin flota”, donde el puerto trabaja, pero los barcos locales se quedan sin margen para trabajar también.

Açores gana 20 toneladas más de atún rojo para 2026: la pesca dirigida sube a 115 toneladas

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El Gobierno regional celebra un aumento del 21% tras negociar con Madeira y la DGRM, y pide “gestión responsable” y valorizar precios en lonja.

La campaña 2026 del atún rojo, T(hunnus thynnus) arranca en las Azores con una cifra que el sector llevaba tiempo reclamando: 115 toneladas para pesca dirigida, un 21% más que el año anterior. El anuncio lo ha hecho la Secretaria Regional do Mar e das Pescas desde Horta, subrayando que el incremento —20 toneladas adicionales— es fruto de un proceso de negociación con Madeira y con la administración central portuguesa a través de la Direção-Geral dos Recursos Naturais, Segurança e Serviços Marítimos (DGRM), según portal.azores.gov.pt

Más allá del titular, la medida aterriza en un marco de reparto nacional fijado en el Despacho n.º 9/DG/2026, que determina cómo se distribuye la cuota portuguesa de atún rojo para el Atlántico (al este de 45ºW) y el Mediterráneo en el marco del plan transmitido a la Comisión Europea.

Un reparto con letra pequeña: quién pesca y cuánto en Portugal

El despacho de la DGRM concreta que Portugal dispone en 2026 de 746,51 toneladas de cuota de atún rojo, y reparte ese volumen entre distintos segmentos de flota y modalidades.

En cifras (2026):

  • 115 t para embarcaciones artesanales con puerto de referencia en Azores y Madeira, autorizadas a pesca dirigida.
  • 106,01 t para pesca accesoria (by-catch) en embarcaciones con puerto de referencia en continente, Azores y Madeira, como colchón de flexibilidad operativa.
  • 525 t para armações registradas en el continente, repartidas al 50% entre Tunipex y Real Atunara.
  • 0,5 t para pesca turística.

Además, el texto abre la puerta a que cantidades adicionales que pudieran aflorar a nivel UE (por ejemplo, carry-over de capacidad no utilizada) se redistribuyan entre segmentos en función del grado de utilización, un mecanismo que el sector sigue de cerca porque puede reequilibrar la campaña a mitad de año.

“Más oportunidad”, pero con un aviso: gestionar y valorizar

El Gobierno de las Azores sitúa el aumento en un contexto de valorización internacional del atún rojo, con demanda vinculada a la industria alimentaria y exportadora, y anticipa que el refuerzo de capturas puede mejorar ingresos de armadores y tripulaciones y dinamizar cadenas logísticas (transformación, transporte y comercio).

Pero el mismo comunicado introduce un matiz que no es menor: el Ejecutivo regional pide que el peso económico del rabilho vaya acompañado de una “gestión responsable” por parte de los armadores y de una estrategia para maximizar el precio en la primera venta en lonja. La idea de fondo es conocida en las pesquerías de alto valor: no basta con capturar más si el mercado se satura en picos, si se pierde calidad por falta de planificación o si la cadena no está preparada para absorber el volumen.

Un acuerdo político-técnico con Madeira para “mover” cuota

El Ejecutivo azoriano recalca que el salto de 95 a 115 toneladas se logra gracias a una negociación entre Gobiernos regionales (Azores y Madeira) y la DGRM, es decir, una combinación de interlocución política y ajuste técnico en el reparto nacional.

En la práctica, este tipo de acuerdos tiene un valor añadido para las regiones ultraperiféricas: aporta previsibilidad a una pesquería donde el calendario, la meteo y la capacidad logística pueden convertir cada tonelada en un diferencial de rentabilidad o en un problema de gestión si llega en el momento equivocado.

Lo que viene ahora: reglas claras y mercado preparado

Con el reparto definido y el incremento ya sobre la mesa, el foco se desplaza a la ejecución: cómo se calendariza el esfuerzo de pesca, cómo se mantiene la trazabilidad y cómo se sostiene la calidad para que la subida de cuota se traduzca, de verdad, en valor y no solo en volumen. Ese es, precisamente, el mensaje que deja el Gobierno regional: más rabilho, sí; pero con el listón puesto en gestión y precio desde la primera venta

Francia pone fecha a sus grandes subastas marinas: AO9 y AO10 para eólica offshore y un primer concurso de energía maremotriz

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La publicación en el Journal officiel del decreto 2026-76, que aprueba la tercera Programación Plurianual de la Energía (PPE3) 2026-2035, no es solo un hito administrativo: es, sobre todo, una señal de mercado. En apenas cinco artículos, el texto adopta formalmente la hoja de ruta energética francesa y remite a un anexo que fija objetivos y calendarios, incluida la batería de licitaciones para energías renovables en la década.

Para el ecosistema marítimo-industrial —puertos, astilleros, metalmecánica, ingeniería, logística de componentes, operación y mantenimiento— el mensaje es claro: Francia quiere que el mar vuelva a ser palanca del mix eléctrico y, a diferencia de etapas anteriores, la PPE3 incorpora un guion de subastas con dos hitos inmediatos para la eólica en el mar y una novedad largamente esperada por la cadena de valor: el salto del hidrolien (corrientes de marea) hacia una primera convocatoria comercial.

El decreto, firmado el 12 de febrero de 2026 y publicado en el JO del 13 de febrero, establece además una “cláusula de revisión”: las capacidades de apoyo público a renovables después de 2028 podrán ajustarse en función de demanda eléctrica, generación descarbonizada y flexibilidades, y se prevé una revisión simplificada en 2027.

En paralelo, el Gobierno encuadra la PPE3 en una estrategia de soberanía energética y electrificación de usos, con un mix que combina nuclear y renovables y en el que el eólico marino vuelve a ocupar un lugar destacado.

2026: dos adjudicaciones eólicas en el mar (AO9 y AO10)

La PPE3 sitúa 2026 como un año decisivo por una razón operativa: se prevé adjudicar dos convocatorias offshore.

AO9: 1,5 GW con piezas en Bretaña Sur y el Mediterráneo

Según el calendario incluido en el documento de PPE3, el AO9 tiene como ventana de atribución el verano de 2026 y suma 1,5 GW, con un reparto que apunta a Bretaña-Sur (0,5 GW) y dos bloques mediterráneos (2×0,5 GW).

El AO9 no nace de cero: se apoya en zonas y procesos ya trabajados en años recientes, con extensiones y continuidad sobre proyectos y debates previos, algo que busca reducir fricciones y acortar plazos en comparación con etapas anteriores.

AO10: el “salto de escala” multifaçade (8–10 GW) antes de fin de año

El gran titular es el AO10, que la PPE3 mantiene en su versión “macro”: en el entorno de 8 a 10 GW, multifaçade y con objetivo de adjudicación a final de 2026. La propia PPE3 lo vincula a la necesidad de asegurar la trayectoria hacia 15 GW en servicio en 2035 y 18 GW en 2037, y al objetivo de largo plazo de 45 GW en 2050.

Este enfoque multifaçade bebe directamente del trabajo de planificación marina: la PPE3 remite al debate público “La mer en débat” (2023-2024) y a la decisión posterior de octubre de 2024 que identificó zonas prioritarias, un paso clave para ordenar el despliegue por fachadas, anticipar estudios y preparar el raccordement.

¿Por qué importa el tamaño? Porque 8–10 GW en una sola tanda no es solo potencia: es volumen industrial, capacidad portuaria, contratos para cimentaciones o flotadores, cableado, subestaciones, buques de instalación y O&M, además de una presión adicional sobre el calendario de conexión a red.

Concurso de energía de las olas en el Raz Blanchard

La otra gran novedad es el hidrolien. La PPE3 establece que se lanzará un concurso de 250 MW en el Raz Blanchard, con un objetivo de adjudicación de aquí a 2030. Añade que, según resultados y costes, podrían convocarse concursos complementarios, y que la temporalidad se precisará en función de estudios de red para el raccordement.

El Raz Blanchard (Normandía) no es una ubicación casual: es un área conocida por sus fuertes corrientes, donde ya han madurado iniciativas piloto y cadenas industriales asociadas (ensamblaje, fabricación, logística desde Cherbourg y entorno).

Para la industria, el valor del anuncio es doble:

  • Visibilidad: por primera vez, el hidrolien entra en una hoja de ruta con volumen y horizonte (250 MW) y no solo como “potencial a estudiar”.
  • Efecto demostración: si el coste baja y el rendimiento se confirma, la PPE3 deja explícitamente abierta la puerta a más rondas.

Y el resto de EMR: la puerta entreabierta (olas, osmótica, mareomotriz)

La PPE3 no “cierra” tecnologías menos maduras: plantea seguir su potencial, coste y factibilidad (energía osmótica, houlomotriz/olas y mareomotriz, entre otras), pero sin comprometer aún calendarios de despliegue comparables al eólico offshore o al hidrolien.

Coexistencia con pesca y exigencia ambiental: el punto que puede acelerar o frenar

Más allá de megavatios, la clave —y aquí Europa Azul lo ha contado muchas veces— es la convivencia en el mar. La PPE3 señala expresamente que estos proyectos deberán avanzar con alto nivel de consideración ambiental y atención a la pesca, un recordatorio de que el despliegue no se decide solo en subastas: se decide en permisos, estudios, aceptación social y diseño de medidas de evitación, reducción y compensación.

Lo que conviene vigilar desde ya

  1. Pliegos y diseño de apoyo: qué señales de precio, indexaciones y reparto de riesgos incluyen AO9/AO10.
  2. Raccordement y red: capacidad real de conexión para sostener un AO10 de 8–10 GW y, en paralelo, el encaje del hidrolien en los estudios de red.
  3. Cadencia industrial y puertos: si la planificación multifaçade se traduce en contratos que consoliden polos industriales por fachada.
  4. Relación con el sector pesquero: mecanismos de coexistencia, seguridad marítima, zonas de tránsito, y gobernanza local en cada fachada.

En suma: con la PPE3 ya en BOE francés, Francia intenta pasar de la política de intención a la política de calendario. En 2026 se juega la credibilidad del “salto de escala” offshore (AO9 y, sobre todo, AO10), y abre un carril que puede reactivar una vieja promesa de las energías marinas: que el hidrolien deje de ser solo demostración y entre, por fin, en el terreno comercial.

Solo el 26% de comedores escolares cumple el mínimo de pescado azul

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En España, el pescado aparece con frecuencia en los menús escolares. El problema es cuál: la balanza se inclina de forma abrumadora hacia el pescado blanco y deja al pescado azul —el que más aporta en omega-3— como una presencia episódica. Esa es la principal conclusión del “Estudio de menús escolares en España: equilibrio energético y consumo de pescado”, impulsado por OPROMAR y avalado por la Fundación Española de la Nutrición (FEN), que analiza 2.738 comedores públicos de Primaria en las 17 comunidades autónomas.

El dato que resume el diagnóstico es contundente: el 96,6% de los centros cumple la frecuencia semanal de pescado, pero solo el 26% alcanza el mínimo recomendado de pescado azul (tres o más raciones al mes). Traducido: tres de cada cuatro comedores no garantizan el aporte de omega-3 (EPA y DHA) que el informe asocia al desarrollo neurológico y visual en la infancia.

El informe describe un sistema que funciona bien en lo operativo —hay recursos, cocina y capacidad de trabajo— pero que cae en una rutina alimentaria: “el pescado está presente, pero no el que realmente aporta los nutrientes clave”, resume el estudio. La merluza aparece en el 91,7% de los comedores y se convierte en la especie casi omnipresente. A partir de ahí, el abanico se estrecha: el estudio contabiliza 16 especies de pescado blanco y 8 de pescado azul consumidas de forma regular, con moluscos en el 15,6% de los casos y crustáceos apenas en el 0,5%.

La fotografía es relevante para el sector pesquero por un motivo evidente: el comedor escolar es un canal de consumo masivo, pero el repertorio de especies que llega al plato infantil se concentra en muy pocas opciones, lo que limita tanto la educación alimentaria como la diversificación de la demanda.

El otro agujero: transparencia nutricional incompleta

La segunda gran alerta del documento no está en la compra, sino en la información. Según OPROMAR, el 43% de los comedores no aporta datos completos sobre valor energético y macronutrientes, lo que impide verificar si el menú cumple estándares y dificulta la supervisión por parte de familias y administraciones. “El problema no es la calidad cuando se mide, sino que casi la mitad del sistema no se puede evaluar”, concluye el informe.

La consecuencia práctica es clara: sin fichas nutricionales completas, sin desglose suficiente de ingredientes y sin un método homogéneo de control, la mejora se vuelve un ejercicio de buenas intenciones difícil de auditar.

El estudio llega, además, con una fecha marcada en rojo: el Real Decreto 315/2025 sobre alimentación saludable y sostenible en centros educativos entra en vigor el 16 de abril de 2026.

El RD fija, entre otros puntos, que los segundos platos incluyan pescado de una a tres raciones por semana, e introduce un criterio especialmente conectado con el debate actual: “se priorizará el pescado azul y blanco de forma alterna”, pudiendo incluirse moluscos y crustáceos. Además, obliga a informar a las familias de forma clara y detallada sobre los menús (platos, técnicas culinarias, guarniciones y alérgenos) y prevé controles oficiales sobre el cumplimiento.

En ese marco, OPROMAR lanza una advertencia con lectura sectorial: la norma es “una oportunidad histórica”, pero sin información nutricional obligatoria y seguimiento continuo existe el riesgo de que todo quede en “un mero trámite administrativo”.

El mapa desmonta el tópico: no es un problema de costa, es de gestión

Uno de los hallazgos que más incomodan a los lugares comunes es el territorial: el informe detecta desigualdades muy acusadas en la presencia de pescado azul y subraya una paradoja: regiones de interior superan a zonas costeras, lo que sugiere que el cuello de botella no es el acceso al producto, sino la planificación, la formación y la gestión del menú.

Para la cadena mar-industria, el mensaje es tan simple como exigente: hay pescado, hay oferta, hay logística… pero faltan decisión técnica, herramientas y estándares.

El estudio reclama que las políticas de alimentación escolar garanticen resultados nutricionales en todas las regiones y propone aprovechar recursos pesqueros locales y de proximidad: reduce costes logísticos y huella de carbono y, además, mejora la aceptación infantil cuando se trabaja con especies familiares del entorno.

Esa idea conecta con un reto clásico del pescado azul en comedores: aceptación, espinas, olor y formato. Donde la logística no puede resolverlo todo, la solución suele venir por el lado culinario (presentaciones más amigables, elaborados, hamburguesas de pescado, albóndigas, tacos sin espinas, recetas templadas) y por la pedagogía: enseñar qué se come, de dónde viene y por qué importa.

No es casual que, en la presentación del informe (celebrada en la Casa Encendida de Madrid), OPROMAR enmarcase el diagnóstico dentro de una estrategia más amplia de educación alimentaria, con el lanzamiento de la campaña Super Peixiño – Edición 2026 para promover consumo de pescado en población infantil.

La oportunidad: del “cumplo con pescado” al “cumplo con nutrientes”

El informe deja una conclusión que interpela directamente a administraciones, empresas de cátering, AMPAs y al propio sector: España parece haber logrado que el pescado esté en el menú, pero no ha logrado todavía que esté el pescado que aporta el perfil nutricional buscado.

Con el RD 315/2025 a las puertas, el comedor escolar puede convertirse en un motor de salud pública… y, al mismo tiempo, en un mercado estructural para el mar, siempre que el cambio no se quede en el papel: más alternancia real azul/blanco, más variedad, más transparencia, más control y una compra pública que premie calidad, trazabilidad y proximidad.