Europêche (con Cepesca), SEA Europe, Copa-Cogeca, ETF y EAPO reclaman a Costas Kadis menos trabas de “capacidad” y más financiación para modernizar la flota
Bruselas vuelve a ser el escenario donde se cruzan, sin margen para el maquillaje, los grandes objetivos climáticos de la UE y la realidad operativa de la pesca. Las principales organizaciones de la cadena de valor de la economía azul —desde la pesca extractiva a los astilleros, pasando por productores, cooperativas y trabajadores— han pedido a la Comisión Europea medidas “urgentes” para desbloquear la transición energética de la flota, hoy atrapada, según denuncian, entre restricciones regulatorias, financiación insuficiente e incertidumbre para la inversión.
El mensaje, trasladado al comisario europeo de Pesca y Océanos, Costas Kadis, es claro: el sector reafirma su compromiso con la descarbonización, pero advierte de que con las reglas actuales la modernización se ralentiza justo cuando debería acelerarse. Para evitar que la transición quede en promesa, los firmantes reclaman un reglamento “ómnibus” que elimine obstáculos sin esperar a una reforma completa de la Política Pesquera Común (PPC).
El cuello de botella: “más espacio” no es “más capacidad”
Uno de los puntos más sensibles está en la interpretación de la normativa comunitaria sobre capacidad pesquera. El sector sostiene que las reglas actuales impiden, en la práctica, rediseñar buques para alojar propulsiones híbridas, eléctricas o basadas en combustibles alternativos, tecnologías que suelen exigir más espacio a bordo (baterías, sistemas de almacenamiento, seguridad, redundancias). En el debate técnico subyacente, un documento de análisis económico-tecnológico sobre transición energética en pesca y acuicultura recoge precisamente esta fricción: “más espacio” acaba leyéndose como aumento de capacidad, y la industria pide métricas separadas para descarbonización.
No es un asunto menor: si la modernización se encorseta por definiciones pensadas para otra era, la inversión se desplaza o se aplaza. Y, además, subrayan las organizaciones, el bloqueo no solo afecta a emisiones: también limita mejoras de seguridad y habitabilidad a bordo, claves para atraer relevo generacional en un sector que compite con otras actividades por mano de obra cualificada.
Financiación: “sin señales políticas claras, no hay inversión”
El segundo gran eje es el dinero. Las organizaciones trasladaron a Kadis que la transición energética “no será posible” sin apoyo público robusto y señales políticas estables. Denuncian que los marcos actuales son “insuficientes y excesivamente restrictivos”, dejando fuera inversiones necesarias o volviéndolas inviables financieramente. Por eso piden revisar normas de financiación, impulsar un plan de renovación de flota, financiar la retirada de buques obsoletos y crear canales específicos que combinen fondos europeos y nacionales con garantías públicas para reducir el riesgo de la inversión privada.
La petición conecta con un debate que ya ha aterrizado con fuerza en el Parlamento Europeo: una resolución sobre descarbonización y modernización de la pesca salió adelante con una amplia mayoría (450 votos a favor, 93 en contra y 37 abstenciones) y pone el foco en modernizar flota y artes, mejorar condiciones de trabajo y facilitar inversiones.
Una flota vieja, un objetivo cercano
La urgencia tiene contexto: la transición energética en pesca no parte de cero, pero la escala del reto es enorme. El EU Blue Economy Report estima que la flota pesquera de la UE consumió 1,60 mil millones de litros de combustible para desembarcar 3,5 millones de toneladas en 2022, con unas 4,2 millones de toneladas de CO₂ asociadas. La misma evidencia alimenta el argumento sectorial: sin un marco que permita cambiar motores, rediseñar cascos, integrar tecnologías y adaptar puertos, el objetivo de neutralidad climática se queda en el papel.
Y no se trata solo de instalar “lo nuevo” en barcos “viejos”: la modernización tiene límites físicos. Informes y pronunciamientos institucionales han señalado repetidamente el envejecimiento del parque pesquero, un factor que complica tanto la reconversión como la financiación y el aseguramiento de proyectos.
Formación, empleo y astilleros: transición con cadena completa
El documento trasladado a Kadis insiste también en que la transición no es solo tecnología: requiere inversión en formación, seguridad y condiciones laborales, además de una cooperación más estrecha entre pesca, astilleros, inversores e investigación. En otras palabras: sin cadena de valor alineada, no hay “economía azul” competitiva.
En clave española, el planteamiento es especialmente relevante: Cepesca —integrada en Europêche— lleva años defendiendo que la descarbonización exige certezas regulatorias y herramientas financieras realistas para no dejar fuera a segmentos enteros de flota, desde el arrastre a la bajura, y para mantener capacidad industrial en los astilleros que deberán ejecutar la renovación.
Kadis promete hoja de ruta: el sector pide calendario y decisiones
Las organizaciones participantes valoraron el compromiso del comisario de trabajar con el sector y presentar una hoja de ruta para una economía azul “competitiva, sostenible y socialmente responsable”. La expectativa ahora se centra en el “cómo” y el “cuándo”: si habrá medidas rápidas tipo ómnibus, si se ajustará la interpretación de capacidad para proyectos de descarbonización y si se abrirán instrumentos financieros que permitan pasar de pilotos a flota real.
La sensación que deja el encuentro es doble: por un lado, el sector quiere estar “dentro” de la transición; por otro, teme ser el que pague el coste de una transición diseñada sin suficiente encaje operativo. Entre ambos extremos se juega, también, la competitividad europea: una flota más limpia, sí, pero igualmente viable, segura y con futuro industrial.
