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lunes, febrero 2, 2026
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Perú abre la mano en la pota a la pesca artesanal sin topes diarios a cambio de control satelital

Produce mantiene la cuota global de 76.324 toneladas para enero-febrero de 2026, pero elimina los límites por faena a las embarcaciones con SISESAT operativo para acelerar desembarques bajo monitoreo

El calamar gigante —la pota— vuelve a marcar el pulso del mar peruano al inicio de 2026. El Gobierno ha decidido “pisar el acelerador” en la primera ventana del año: mantener la cuota nacional, pero flexibilizar las reglas de operación para quien acepte ser seguido en tiempo real. El resultado es un mensaje directo al muelle: más libertad para faenar, pero con un requisito tecnológico que se convierte en llave de acceso.

La medida se formaliza con la Resolución Ministerial N.° 00018-2026, que modifica un literal de la norma que fijaba el esquema de capturas de inicio. En la práctica, las embarcaciones artesanales que cuentan con SISESAT instalado y operativo quedan exceptuadas de los topes diarios o límites por faena que antes ordenaban el reparto de la pota; quienes no tengan el sistema siguen sujetos a los límites y tolerancias previos.

El candado, en todo caso, no se mueve: el Límite Máximo de Captura Total Permisible (LMCTP) para el periodo del 1 de enero al 28 de febrero se mantiene en 76.324 toneladas, aplicable a la flota artesanal con permiso vigente. Pero el termómetro de la temporada explica el giro: a 23 de enero, el propio sector admitía que solo se había aprovechado el 36,66% del máximo permitido; una semana después, un comunicado oficial reportó 43.463,8 toneladas descargadas (56,95%), señal de que la dinámica se estaba acelerando.

El trasfondo es tanto productivo como de control. El SISESAT —según define Ministerio de la Producción (PRODUCE)— permite rastrear ubicación, rumbo y velocidad de las naves, y se presenta como pieza clave para fiscalización, trazabilidad y respuesta ante emergencias. La apuesta oficial es clásica: incentivar adopción tecnológica ofreciendo flexibilidad operativa, a cambio de supervisión permanente.

También hay un argumento biológico detrás del “sí, pero”. La decisión se enmarca en el Reglamento de Ordenamiento Pesquero del recurso, aprobado en 2025, que habilita un manejo adaptativo en función de evidencia y condiciones ambientales. Y aunque los informes técnicos citados por medios apuntan a una primavera de 2025 favorable —con presencia relevante de paralarvas y juveniles—, el Gobierno amarra el discurso a un escenario ambiental “neutral” y propicio para sostener la cuota y ajustar reglas.

En el muelle, la letra pequeña tiene consecuencias grandes. Sin topes por faena, la flota con SISESAT puede planificar viajes más largos, buscar zonas más alejadas o concentrar esfuerzo cuando el recurso “está”, sin tener que cortar actividad por un límite diario. Eso, sobre el papel, mejora competitividad y reduce ineficiencias logísticas. El riesgo, en cambio, es el de siempre en cuotas globales: una carrera por capturar más rápido que el vecino hasta que se cierre la ventana nacional, con tensiones sobre equidad y capacidad de las caletas si el esfuerzo se concentra.

Para que el esquema no se convierta en un “sálvese quien pueda”, el control es el otro pilar. En la arquitectura de fiscalización peruana, la señal satelital no es un adorno: la propia plataforma de seguimiento contempla impedimentos y alertas cuando una embarcación deja de emitir o presenta cortes prolongados, y el ministerio ha reforzado en los últimos años el marco técnico para ampliar y abaratar equipos, buscando cerrar la brecha de implementación en la flota artesanal.

La transparencia, además, empieza a jugar en público. En un comunicado reciente, Produce difundió el avance oficial de descargas y enlazó un listado de desembarques para su consulta, intentando blindar el proceso con datos abiertos en plena campaña. En un recurso tan sensible —por empleo, divisas y presión internacional—, el mensaje es claro: flexibilidad sí, pero con trazabilidad, vigilancia y números sobre la mesa.

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