El astillero Nodosa, de Marín, culmina una actuación financiada en el marco del PERTE Naval para reducir emisiones acústicas y partículas en suspensión con barreras replegables y atomización de agua.
La sostenibilidad industrial suele contarse en grandes conceptos —descarbonización, economía circular, transición verde—, pero en los barrios que conviven con una fábrica se mide a pie de calle: menos ruido, menos polvo, mejor aire. Con ese enfoque, el astillero Nodosa ha dado por finalizado su Proyecto Pantallas Ambientales, una intervención destinada a rebajar el impacto acústico y la dispersión de partículas en el entorno próximo y en las propias áreas de trabajo.
La actuación se enmarca —según la comunicación corporativa de la empresa— en el PERTE Naval, dentro del “Proyecto primario: actuaciones de integración y transformación de la cadena de valor industrial del sector naval” (proyecto NodosaSOSTMA–PP42; expediente EXP–PNA-020200-2023-11). El PERTE Naval, impulsado por el Ministerio de Industria y Turismo, nació precisamente para modernizar el ecosistema naval español con palancas de innovación, digitalización y sostenibilidad en el marco del Plan de Recuperación.
Barreras replegables: del “muro fijo” a la protección que se adapta
El corazón técnico del proyecto es una solución integral basada en pantallas acústicas replegables de diseño innovador, concebidas para cubrir “la totalidad de las vías de trabajo” del astillero. La novedad no está solo en actuar como barrera, sino en hacerlo sin bloquear la producción: su carácter móvil permite desplegar protección donde se genera el impacto —por ejemplo, en determinados trabajos de superficie— y retirarla cuando la operación cambia.
El dispositivo incorpora además un elemento clave para la calidad del aire: sistemas de atomización de agua capaces de capturar partículas micrométricas en suspensión, una de las preocupaciones clásicas en entornos industriales próximos a áreas urbanas. La lógica es simple: si el polvo y los aerosoles se atrapan en el foco, se reduce su dispersión hacia el exterior y mejora el ambiente también en el interior, para el personal que opera a diario en el astillero.
Beneficios “tangibles”: ruido, aire y condiciones de trabajo
Nodosa presenta el balance del proyecto en cuatro beneficios directos:
- un medio más silencioso y equilibrado,
- un aire más limpio (menor dispersión de partículas),
- mejores condiciones ambientales para trabajadores y comunidad,
- y un paso hacia un modelo “más humano, respetuoso y responsable”.
Es una fotografía que encaja con la dirección que marca la política industrial europea y española: proyectos que no se queden en el cumplimiento mínimo, sino que acrediten mejoras ambientales verificables. En la normativa de ayudas del PERTE Naval, las actuaciones de sostenibilidad deben elevar de forma sustancial la protección ambiental asociada a la actividad, incluso superando estándares aplicables o aumentando el nivel de protección en ausencia de normas específicas.
PERTE Naval: ayudas con reglas, control y “no causar daño significativo”
El proyecto se apoya en una convocatoria pública vinculada al PERTE Naval, cuyo marco regulatorio y procedimiento de concesión se publican y gestionan desde el Portal de Ayudas del Ministerio, con referencia a órdenes ministeriales y a los principios del Plan de Recuperación.
Como ocurre con las líneas financiadas por el Mecanismo de Recuperación y Resiliencia, el listón no es solo técnico: existe la exigencia del principio DNSH (“no causar un perjuicio significativo”), además de requisitos de justificación y trazabilidad del gasto. La resolución de concesión del PERTE Naval (convocatoria 2023) documenta el procedimiento y los criterios aplicables a las actuaciones financiadas en este instrumento.
Más allá del astillero: el nuevo “contrato social” de la industria con su entorno
En comarcas con tradición naval, el debate ha cambiado: ya no basta con producir y dar empleo; hay una demanda creciente de integración urbana, convivencia con el vecindario y minimización de impactos. En ese marco, el proyecto de pantallas ambientales funciona como un símbolo de época: una inversión que no forma parte del núcleo productivo directo —no es una grada ni una maquinaria de construcción—, pero que se convierte en infraestructura de convivencia.
La industria naval, además, se enfrenta a una paradoja: es clave para la transición energética (buques más eficientes, electrificación, nuevas cadenas logísticas), pero al mismo tiempo debe reducir impactos en su propia huella local. Ahí encajan actuaciones como esta, que apuntan a dos “victorias” simultáneas: mejor entorno y mejor lugar de trabajo.
Una línea de continuidad: innovación ambiental como seña del naval gallego
Aunque el proyecto actual es específico, no nace de la nada. En los últimos años, el naval gallego ha ensayado distintas vías de reducción de impacto ambiental —desde nuevos procesos de tratamiento de superficies hasta I+D aplicada a la reparación—, con iniciativas difundidas por el propio ecosistema sectorial.
En el caso de Nodosa, incluso existe referencia bibliográfica reciente en publicaciones técnicas del sector sobre proyectos orientados a reducir contaminación acústica y atmosférica (sin acceso abierto al texto completo), lo que sugiere una línea de trabajo sostenida más que una acción aislada.
El cierre: anticiparse, no solo cumplir
En su mensaje de cierre de año, Nodosa presenta estas pantallas como “una declaración de intenciones”: anticiparse a futuras exigencias y consolidar la protección ambiental como valor estructural de su forma de operar. En una industria sometida a presión competitiva y a calendarios de entrega, ese tipo de inversiones no son menores: indican que el astillero no quiere elegir entre producción y sostenibilidad, sino hacerlas compatibles con soluciones técnicas que se adapten al trabajo real.
Porque, al final, la sostenibilidad industrial no se defiende solo con discursos. Se construye —a veces, literalmente— con pantallas que se despliegan donde el impacto nace y se repliegan cuando el trabajo continúa.
