Rabat ha firmado y activado un acuerdo pesquero de cuatro años con Moscú —centrado en pequeños pelágicos como la sardina— mientras el Gobierno marroquí anuncia la suspensión de las exportaciones de sardina congelada desde el 1 de febrero de 2026 para asegurar el suministro interno y contener precios. La prensa marroquí dibuja así un doble movimiento: atraer socios en el mar y, a la vez, “reservar” materia prima en tierra.
La secuencia arranca en octubre de 2025, cuando Marruecos y Rusia sellan en Moscú un nuevo instrumento de cooperación pesquera por cuatro años, llamado a sustituir el acuerdo anterior vencido el 31 de diciembre de 2024. Según Yabiladi y L’Opinion, el texto fija un tope anual de capturas, delimita zonas autorizadas a lo largo de la costa atlántica marroquí y mantiene periodos de reposo biológico, con referencias explícitas a la prevención de la sobrepesca y a la lucha contra la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada.
A finales de diciembre, el acuerdo entra en su fase operativa: medios como Yabiladi y L’Opinion informan de que la agencia federal rusa abre el proceso de solicitudes para repartir los cupos de pesca en aguas atlánticas bajo jurisdicción marroquí. La ventana de presentación de candidaturas queda fijada del 12 al 30 de enero de 2026, tanto para pesca industrial como para pesca costera, con advertencias sobre la exclusión de expedientes con datos inexactos.
En cuanto a especies, el “menú” es el mismo en los distintos relatos periodísticos marroquíes: sardina, sardinela, caballa, jurel y anchoa (pequeños pelágicos). Lo recogen Yabiladi, L’Opinion y también la prensa árabe como Achkayen, que subraya la revisión de solicitudes y el control documental en la asignación de derechos.
Varios de esos textos añaden un elemento político: el hecho de que el marco de pesca abarque aguas atlánticas “sobre las que Marruecos ejerce derechos soberanos y/o jurisdicción”, una formulación que algunos medios vinculan con el debate sobre el Sáhara Occidental.
El otro movimiento: “stop” a exportar sardina congelada desde febrero
Mientras se activan cuotas para flota rusa, Rabat lanza un mensaje distinto hacia los exportadores de materia prima: la sardina congelada no saldrá.
El anuncio llegaba en sede parlamentaria y la secretaria de Estado de Pesca Marítima, Zakia Driouich, comunicó la suspensión/prohibición de exportar sardina congelada a partir del 1 de febrero de 2026, sin detallar la duración de la medida. El objetivo declarado: preservar el abastecimiento del mercado interior y contener tensiones de precios en un producto de consumo cotidiano.
La explicación que acompaña al anuncio es, en esencia, una palabra. En base a datos del Office National des Pêches (ONP): los desembarques de sardina habrían caído alrededor de un 46% en dos años, pasando de cerca de 966.000 toneladas (2022) a unas 525.000 toneladas (2024).
En paralelo, Le Desk y Médias24 aportan otra cifra estructural que ayuda a entender el nerviosismo: los pelágicos —con la sardina como emblema— representan en torno al 80% de los recursos halieúticos costeros del país, lo que convierte cualquier bajada de capturas en un asunto económico y social de primera magnitud.
No es solo una discusión de consumo doméstico. La medida se produce, además, tras avisos del tejido industrial: Médias24 y Le Desk mencionan que la UNICOP (industria conservera) venía reclamando actuación ante la caída de capturas y alertando de prácticas irregulares, en un contexto donde el Gobierno también habla de combatir la especulación y mejorar el funcionamiento de la cadena (frío, intermediación, márgenes).
La “paradoja” que señalan en privado los operadores: dejar pescar, pero no dejar exportar
Leídas juntas, ambas decisiones parecen contradictorias, pero la prensa marroquí sugiere que responden a lógicas distintas:
- En el mar, Marruecos mantiene un marco bilateral con Rusia que fija límites, zonas y descansos biológicos, y obliga a las empresas rusas a operar bajo reglas marroquíes.
- En tierra, el Gobierno pretende redirigir la sardina disponible hacia el mercado interior (y, por extensión, hacia la transformación local), frenando la salida de sardina congelada como materia prima cuando la oferta se estrecha.
En otras palabras: el mensaje no es “no hay sardina”, sino “la sardina que haya, primero aquí”. Y el calendario lo refuerza: el reparto de cuotas rusas se tramita en enero, mientras el cierre exportador entra en vigor el 1 de febrero.
Impacto exterior: un problema de suministro que cruza fronteras
Aunque los medios marroquíes enfocan el asunto en clave nacional, el efecto rebota fuera: Marruecos es un gran actor en sardina (captura y transformación), y la suspensión de exportación de congelado abre incertidumbre para industrias que dependen de esa materia prima. El propio H24info apunta que el Gobierno prepara medidas para periodos de alta demanda (como Ramadán) con el fin de asegurar disponibilidad, lo que anticipa que la prioridad política será el consumo interno en las próximas semanas.
Conclusión: Marruecos intenta cuadrar un círculo complejo: sostener la cooperación internacional en el Atlántico —incluida la rusa— y, al mismo tiempo, amortiguar en casa el golpe de la caída de desembarques y la tensión de precios. En el centro de ambas historias está el mismo pez: la sardina.
Si quiere, le preparo una cronología “día a día” (firma en octubre, activación de cupos en diciembre, anuncio parlamentario en enero, entrada en vigor en febrero) y un recuadro con “qué especies incluye el acuerdo con Rusia” y “qué productos afecta exactamente la suspensión” para maquetación.
