El CC SUR, con Sergio López (OPP Burela), reclama diferenciar artes y medir el impacto socioeconómico en las flotas
Los Consejos Consultivos de la pesca europea refuerzan su interlocución científica con el ICES (International Council for the Exploration of the Sea) en un encuentro centrado en uno de los debates más sensibles del momento: cómo proteger los Ecosistemas Marinos Vulnerables (EMV/VME) sin convertir las medidas en un castigo indiscriminado para la actividad pesquera. La reunión se enmarca en la dinámica habitual de diálogo entre ICES y los órganos de participación del sector —creados para aportar conocimiento y aterrizar la gestión en la realidad del mar—, una relación que el propio ICES integra en su proceso de asesoramiento con los Consejos Consultivos como observadores y partes interesadas.
Durante los debates, Sergio López, vinculado a la OPP de Burela, interviene en nombre del CC SUR para plantear un objetivo doble: mejorar la base científica que sustenta las decisiones sobre EMV y garantizar medidas proporcionadas, ajustadas al riesgo real y al tipo de flota. En su intervención subraya que “no todos los artes impactan igual” y pide que, a la hora de diseñar cierres o restricciones, se diferencie entre modalidades, con especial atención a los artes fijos, y se incorporen de manera sistemática los impactos socioeconómicos sobre las comunidades pesqueras.
La discusión se produce en un contexto jurídico y político especialmente tenso. España —y parte del sector— mantiene su oposición al marco de cierres asociado a la protección de EMV en el Atlántico nororiental, un debate que se recrudece tras decisiones judiciales europeas que respaldan las restricciones a determinadas artes de fondo en zonas identificadas como vulnerables. En particular, el conflicto se ha focalizado en el veto a la pesca con artes de fondo en 87 áreas, una medida adoptada por la Comisión Europea en 2022 y que España llevó a los tribunales. En junio de 2025, el Tribunal General de la UE desestimó los recursos contra la designación de esas zonas y mantuvo la prohibición de pescar con artes de fondo en las áreas listadas.
En ese escenario, el CC SUR sitúa el foco en el “cómo” además del “qué”: proteger los EMV —corales de aguas frías, esponjas y comunidades bentónicas sensibles— exige medidas, pero también exige que el proceso sea robusto, trazable y transparente, y que no se base en una lógica única para realidades técnicas muy distintas. La propia Comisión y distintos grupos científicos han venido señalando, además, la necesidad de mejorar las herramientas para estimar impactos y desplazamientos de esfuerzo, así como los efectos económicos de los cierres, un trabajo que también se ha abordado en evaluaciones técnicas europeas recientes.
La respuesta del ICES durante la reunión apunta precisamente a ese camino de mejora metodológica. El organismo recuerda que ya está en marcha un amplio trabajo preparatorio de cara al benchmark de EMV previsto para 2027, una revisión clave llamada a afinar los criterios y herramientas con los que se emite el asesoramiento científico sobre la localización y protección de estos ecosistemas. Ese trabajo, según expone ICES, incluye la revisión de datos históricos, la celebración de talleres abiertos —incluidos los dedicados a artes fijos—, la mejora de los índices de EMV, el análisis de la escala espacial y un refuerzo de la transparencia metodológica, en línea con la evolución general hacia marcos más reproducibles y documentados en el asesoramiento científico.
El CC SUR recoge el guante y anuncia que participará activamente en esos trabajos, con la intención de contribuir a un dictamen científico “sólido”, capaz de conciliar dos objetivos que a menudo chocan en el debate público: la protección efectiva de los EMV y la viabilidad de las flotas. La idea, trasladada al terreno práctico, es que el conocimiento científico no sea una caja negra ni un argumento de autoridad, sino un proceso compartido en el que datos, artes, zonas y consecuencias se discutan con rigor.
El cierre del encuentro deja una foto clara: el sector, a través de los Consejos Consultivos, quiere estar dentro del engranaje técnico que decide cierres y restricciones, no solo reaccionar cuando llegan. Y el ICES, por su parte, reconoce que el gran reto no es únicamente emitir recomendaciones, sino sostenerlas con herramientas que resistan el escrutinio científico, jurídico y social. En un mar cada vez más disputado —por conservación, energía, espacio y alimento—, el diálogo entre ciencia y pesca vuelve a ser el punto donde se juega el equilibrio.
