Costes competitivos, una industria transformadora muy consolidada y la demanda europea de productos listos para cocinar explican por qué los filetes rusos (especialmente de abadejo de Alaska y bacalao) mantienen su sitio en la cadena de suministro. El debate se reabre: ¿basta con subir aranceles o hará falta un veto más amplio?
En el debate europeo sobre importaciones de productos del mar desde Rusia, los filetes son el termómetro más incómodo. No es un nicho, sino un formato clave para la distribución y la industria: porcionado, estandarizado, fácil de congelar y perfecto para una Europa que consume cada vez más productos transformados (rebozados, listos para horno, cuarta y quinta gama).
Según análisis sectoriales basados en Eurostat, el valor de las importaciones comunitarias de filetes rusos habría alcanzado 466,6 millones de euros entre enero y noviembre de 2025, y su cuota dentro del total importado de filetes en la UE habría crecido desde 2021.
Esa “resistencia” no significa ausencia de fricción: significa que, cuando el mercado necesita volumen estable, el suministro busca caminos.
La expectativa era clara: al imponer un arancel del 13,7% a determinados productos (como los filetes de abadejo) desde 2024, el flujo debía caer de forma visible. En la práctica, el impacto ha sido más moderado por tres razones:
- Ventaja de coste de origen: Rusia opera una cadena industrial de gran escala orientada al export, capaz de absorber parte del sobrecoste sin perder toda la competitividad.
- Inflación general en la cadena: energía, logística y costes laborales han presionado los precios de múltiples orígenes; el diferencial ruso, aunque reducido, no desaparece.
- Demanda rígida del procesado: el filete de pescado blanco (pollock/cod) es una materia prima estratégica para elaborados populares; sustituirlo no siempre es inmediato ni barato.
La propia narrativa de mercado sobre los ATQ y el salto a tarifa estándar (13,7% en filetes de pollock) se ha repetido en medios y análisis del sector desde finales de 2023 y principios de 2024.
En mayo de 2025, la UE sancionó a Norebo JSC y Murman Sea Food dentro de un paquete sobre amenazas híbridas, citando actividades de vigilancia/espionaje y sabotaje vinculadas a infraestructuras críticas (incluidos cables submarinos).
Pero el mercado del filete no funciona como un interruptor: cuando un actor cae, otros ocupan el hueco si existe capacidad productiva suficiente. Parte del “aguante” del suministro ruso se explica, precisamente, por un tejido exportador amplio y por la posibilidad de redirigir ventas.
La zona gris: el “efecto lavadora” del procesado en terceros países
El punto más delicado es el origen. Varias investigaciones periodísticas y del sector han advertido de rutas donde pescado ruso puede llegar a Europa procesado en terceros países (por ejemplo, transformado fuera y reexportado), dificultando al consumidor identificarlo y complicando el objetivo político de “reducir dependencia”.
EUMOFA, en un estudio de caso sobre comercio UE-Rusia, subraya además que una parte significativa del abadejo se procesa en países terceros y puede no aparecer como importación “directa” desde Rusia, lo que añade complejidad estadística y regulatoria.
¿Qué significa esto para la cadena europea… y para España?
Para la industria europea (incluida la española), el asunto es doble:
- Competitividad del transformado: si el pescado blanco se encarece demasiado, suben los costes del elaborado (barritas, rebozados, porciones) y se tensiona el consumo.
- Riesgo reputacional y de trazabilidad: el origen ruso puede convertirse en un factor de rechazo para parte del mercado, lo que obliga a reforzar etiquetado, documentación y auditoría de proveedores.
- Estrategia de suministro: cuanto más incierto el marco —aranceles, nuevas sanciones, posible veto— más valor tienen los contratos diversificados (EE. UU., Noruega, Islandia, etc.) y la planificación de compras.
En paralelo, el debate político sigue abierto. Euractiv señalaba, a finales de 2025, que la UE seguía comprando pescado ruso por cientos de millones y que existían “canales de trastienda” que complican el control efectivo del origen.
El escenario 2026-2027: ¿más arancel, más sanción o veto?
La conclusión, por ahora, es incómoda pero clara: las barreras comerciales por sí solas no redibujan de inmediato las cadenas de suministro cuando hay demanda estructural de volumen, formatos estandarizados y precio.
A medio plazo, la presencia de filetes rusos en la UE dependerá de tres palancas:
- Si se endurecen las medidas (nuevos listados de empresas, ampliación de categorías).
- Si se controla mejor la trazabilidad cuando hay transformaciones en terceros países.
- Si Europa encuentra sustitutos estables para un producto que alimenta parte del “menú cotidiano” del consumidor.
Para la economía azul europea, la pregunta ya no es solo geopolítica: es industrial. Y se traduce en una tensión que el sector conoce bien: soberanía de suministro frente a competitividad del procesado.
Claves
- Las compras no se han evaporado: medios especializados que citan datos de Eurostat apuntan a 466,6 millones de euros en importaciones UE de filetes rusos entre enero y noviembre de 2025, con un incremento relevante frente a 2021.
- Arancel desde 2024: al quedar fuera del esquema de contingentes arancelarios (ATQ), varios productos —como los filetes de abadejo— pasan a pagar un 13,7%.
- Sanciones “quirúrgicas” a operadores: en mayo de 2025, la UE incluyó en su lista de medidas restrictivas a Norebo JSC y Murman Sea Food (entre otras entidades) por actividades vinculadas a amenazas híbridas.
- No hubo veto total al pescado: la UE prohibió algunos productos rusos (p. ej., caviar y ciertos crustáceos) en paquetes de sanciones de 2022, pero el pescado blanco siguió entrando, alimentando el negocio de filetes y elaborados.
