OPPAO denuncia una veda “desproporcionada” y alerta de su impacto social y alimentario en plena dependencia de importaciones
Los dos arrastreros en pareja Kaxu y Kaxarra, de la Organización de Productores de Pesca de Altura de Ondarroa (OPPAO), han tenido que amarrar en puerto para cumplir con el cierre temporal de la pesca en el golfo de Bizkaia que se prolongará hasta el 20 de febrero. La medida, impulsada por la Comisión Europea, afecta a los buques de más de ocho metros y pretende reducir las capturas accidentales de delfines comunes y otros pequeños cetáceos, especies estrictamente protegidas por la normativa comunitaria.
El director gerente de OPPAO, Mikel Ortiz, enmarca el parón en una preocupación compartida —la protección del ecosistema—, pero cuestiona el equilibrio de la decisión. “Somos pescadores y, por tanto, los primeros interesados en cuidar del mar y todo su ecosistema, porque queremos seguir pescando en el futuro”, subraya. Desde la organización recuerdan que el objetivo ambiental es legítimo, aunque creen que el enfoque aplicado vuelve a cargar el coste sobre una flota que, aseguran, ya opera bajo un endurecimiento constante de controles y restricciones.
La Comisión defiende que el cierre invernal se aplica por tercer año consecutivo, a petición conjunta de varios Estados miembros —entre ellos España— y que responde a un periodo identificado por la ciencia como de alto riesgo de capturas accidentales. Bruselas sostiene además que, según un informe reciente del observatorio francés PELAGIS, la mortalidad por capturas incidentales en 2025 habría sido sensiblemente menor que la estimada antes de los cierres (2017-2023). En paralelo, la medida se acompaña de obligaciones técnicas y de seguimiento, como el uso de dispositivos acústicos disuasorios en determinadas artes y un refuerzo de la monitorización con observadores y cámaras.
Ortiz, sin embargo, pone el foco en la dimensión social y económica: “El delfín no es una especie en riesgo de extinción en el Atlántico Norte… pero el oficio de nuestros pescadores sí está en claro riesgo de desaparecer”, afirma. A su juicio, el cierre evidencia una “descompensación” en la Política Pesquera Común: “Proteger al delfín, sí; pero ¿quién protege al pescador?”. La OPPAO enlaza el debate con la dependencia alimentaria: recuerda que la Unión Europea importa una parte mayoritaria del pescado que consume, una tendencia que distintas fuentes sitúan en torno a dos tercios —o más— del abastecimiento.
En ese contexto, el responsable de OPPAO denuncia lo que considera una competencia en desigualdad de condiciones: el pescado de terceros países, sostiene, no siempre está sometido a los mismos estándares pesqueros, sanitarios y laborales que la flota comunitaria, lo que presiona los precios en el mercado. Y añade una idea que se repite en el sector: que la flota europea vive bajo una presunción de culpabilidad, con “inspecciones y controles diarios”, recortes de cuotas, cierres de zonas y nuevas exigencias tecnológicas.
La organización cifra el impacto del amarre en términos concretos para su operativa: asegura que el parón de cuatro semanas supondrá dejar de aportar 125.000 kilos de merluza, con un efecto económico de 500.000 euros, y advierte de la repercusión en 30 trabajadores durante el mes sin actividad, frente a una compensación que considera insuficiente. Estos cálculos forman parte de la argumentación de OPPAO y alimentan su conclusión: que el cierre es “desproporcionado” y que, tal y como se aplica, tensiona los tres ejes que la propia política europea dice perseguir —sostenibilidad ambiental, social y económica—.
Bruselas, por su parte, reconoce el impacto y estima que alrededor de 300 buques de la UE pueden verse afectados, señalando que existen vías de compensación a través del FEMPA/EMFAF y ayudas estatales, precisamente para “proteger los medios de vida” mientras se avanza en soluciones duraderas. Entre la urgencia ecológica y la supervivencia del oficio, el golfo de Bizkaia vuelve a entrar en un mes decisivo en el que el mar se queda sin parte de su flota… y el debate, sin cerrar.
