Más de 120 participantes —productores, administraciones, científicos y grupos técnicos— se reunieron en la capital griega en una consulta FEAP–CGPM/FAO, con apoyo financiero de la UE, para aterrizar en medidas operativas cuestiones clave: licencias, ordenación del espacio marítimo, bioseguridad, resiliencia climática y digitalización.
Acuicultura sostenible, sí, pero con los pies en la granja. Ese fue el mensaje que sobrevoló Atenas los días 11 y 12 de febrero, durante la Technical Consultation on Sustainable Aquaculture Practices, un encuentro híbrido coorganizado por la Federation of European Aquaculture Producers (FEAP) y la Comisión General de Pesca del Mediterráneo (CGPM/GFCM) de la FAO, con el respaldo de la Unión Europea.
En un momento en el que la acuicultura mediterránea y del mar Negro afronta a la vez presión ambiental, exigencias regulatorias y volatilidad de mercados, la reunión dejó una idea nítida: la gobernanza regional solo funciona si integra de forma estructurada a quienes producen. La CGPM aporta el marco intergubernamental, pero la ejecución —donde se decide si una medida es viable o no— se juega “abajo”, en las explotaciones, con sus condiciones reales de inversión, permisos, logística y mano de obra.
FEAP es, en la práctica, la voz federada de las asociaciones nacionales de acuicultura en Europa, creada para coordinar posiciones técnicas y de mercado y trasladarlas a los centros de decisión comunitarios e internacionales.
Para España, el encaje es directo: APROMAR participa en FEAP, lo que convierte este tipo de foros en una antena relevante para el sector nacional, especialmente en asuntos donde Bruselas y los marcos regionales acaban influyendo en licencias, estándares y financiación.
Atenas como “laboratorio” de prioridades: de las licencias a la IA
Según la información difundida por la propia federación, el encuentro reunió más de 120 participantes (con un núcleo presencial de en torno a 70 y un seguimiento online cercano a 50) y congregó a productores, grupos asesores técnicos de la CGPM, centros demostrativos, administraciones y personal investigador del arco mediterráneo y del mar Negro.
El programa fue deliberadamente práctico, centrado en los “cuellos de botella” que más se repiten país a país:
- Claridad regulatoria y de licencias: qué simplificar, qué armonizar y cómo evitar que el calendario administrativo sea el primer freno al crecimiento sostenible.
- Planificación espacial marina y Zonas Asignadas para Acuicultura (AZA): el debate sobre dónde se puede producir, con qué condiciones y con qué grado de aceptación social vuelve a situarse en primera línea.
- Modelos “restaurativos” e innovación productiva: desde enfoques multitróficos (IMTA) a sistemas de recirculación (RAS) o el papel de los bivalvos en estrategias de menor huella.
- Sanidad animal y bioseguridad: un bloque que gana peso con el calentamiento del agua, la movilidad de patógenos y la necesidad de protocolos comparables entre países.
- Eficiencia de cadena de valor y reducción de pérdidas alimentarias, con foco en logística, transformación y mercado.
- Digitalización y adopción responsable de herramientas basadas en datos e inteligencia artificial, donde, según FEAP, la práctica totalidad de asistentes mostró interés en aplicar soluciones digitales en sus operaciones.
De la conversación a la política: el “puente” CGPM 2030 y la Blue Transformation
Uno de los elementos más significativos del encuentro es su trazabilidad institucional: las conclusiones consolidadas alimentarán los trabajos del Comité de Acuicultura de la CGPM y sus debates posteriores a nivel de Comisión.
El movimiento no es aislado. Encaja con la Estrategia 2030 de la CGPM, que fija una visión común para sostenibilidad social, económica y ambiental en Mediterráneo y mar Negro, y con la hoja de ruta de la Blue Transformation de la FAO, que busca escalar sistemas alimentarios acuáticos sostenibles sin perder legitimidad ambiental.
En paralelo, la CGPM ha ido dotándose de guías específicas para orientar decisiones (por ejemplo, sobre procesos de licenciamiento y arrendamiento, o sobre aspectos sociales y ambientales), un marco que da contexto a por qué el debate de Atenas se concentró tanto en “condiciones habilitantes” y no solo en objetivos genéricos.
Lectura para el sector: “predictibilidad” y métricas, no solo discurso
Más allá de los titulares, el mensaje que interesa a las empresas es doble. Primero, que el crecimiento sostenible exige predictibilidad regulatoria y condiciones responsables de inversión, porque sin ellas la innovación (sanidad, eficiencia energética, digitalización) se convierte en un coste difícil de amortizar. Segundo, que la conversación regional se mueve hacia indicadores y desempeño medible, un terreno donde la coordinación entre productores y administraciones será determinante para evitar normas impracticables o asimetrías competitivas.
Atenas, en suma, funcionó como un recordatorio de que la acuicultura no se ordena solo desde los despachos: se gobierna con diálogo técnico y con el sector dentro de la sala, porque el último filtro —la viabilidad— siempre lo pasa la granja
