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jueves, enero 8, 2026
Inicionoticias de pescaEuropa paga más por el pescado, pero come menos

Europa paga más por el pescado, pero come menos

Los hogares europeos destinaron más dinero a productos pesqueros y de acuicultura en 2024, pero el volumen real comprado y consumido siguió cayendo. Es la fotografía que traza la última edición del “EU Fish Market Report” de la Comisión Europea, elaborado por el Observatorio Europeo del Mercado de los Productos de la Pesca y la Acuicultura (EUMOFA): más gasto, menos kilos, impulsado sobre todo por el encarecimiento acumulado de los últimos años.

Según el informe, el gasto de los consumidores de la UE en pescado y marisco aumentó un 4% en 2024, unos 2.700 millones de euros más que el año anterior, hasta alcanzar 62.800 millones de euros. Sin embargo, esa mejora en valor no se explica por un repunte de la demanda, sino por la subida de precios, que en el período 2020-2024 habría crecido más de un 25%. El resultado: la factura sube, pero las bolsas pesan menos.

España adelanta a Italia en gasto total

Una de las lecturas más llamativas del informe es el cambio de liderazgo en el ranking por mercados. Italia, tradicionalmente el mayor gastador del bloque en productos pesqueros y de acuicultura, fue superada por España en 2024. Es un vuelco simbólico en el mapa del consumo comunitario, especialmente en un contexto en el que el pescado compite cada vez con más fuerza con otras proteínas y con presupuestos domésticos tensionados.

En gasto per cápita, Portugal se mantuvo como el país que más invierte por persona en productos del mar: 464 euros en 2024, más del triple de la media europea (139 euros). Por detrás se situó Luxemburgo (282 euros) y, en tercer lugar, España (260 euros por persona).

La carne sigue dominando la proteína animal

El informe constata, además, que la preferencia por la carne continúa marcando la pauta en la dieta y el gasto de los europeos. De media, la UE destinó 246.000 millones de euros a productos cárnicos en 2024, aproximadamente cuatro veces lo invertido en pescado y acuicultura. En términos de presupuesto familiar, los productos del mar representaron menos del 1% del gasto total en bienes y servicios, frente al 3,5% asignado a la carne.

La tendencia se refuerza con otro dato: el consumo doméstico de pescado fresco (en casa) cayó un 5% en 2024 respecto al año anterior. En otras palabras: incluso antes de entrar en el debate nutricional o cultural, el pescado se enfrenta a un problema básico de accesibilidad económica y de hábitos.

Consumo en mínimos de una década

El informe de EUMOFA también incorpora un análisis más detallado de la demanda con datos de 2023, año en el que el consumo total de productos pesqueros y de acuicultura en la UE se situó en torno a 10,25 millones de toneladas, el nivel más bajo en diez años y casi 240.000 toneladas menos que en 2022.

El desglose muestra dos mundos que retroceden a ritmos distintos:

  • 7,32 millones de toneladas procedentes de capturas salvajes
  • 2,92 millones de toneladas de acuicultura

En términos individuales, el consumo cayó hasta 22,89 kilos per cápita en 2023 (un 3% menos que en 2022). Y el dato más preocupante para las pesquerías: el consumo de productos de captura se redujo a 16,35 kilos por persona, el más bajo de la década, mientras que los productos de cultivo se situaron en 6,53 kilos per cápita.

Portugal, pese a mantener el liderazgo en consumo, también aparece atrapado en la tendencia descendente. En 2023, su consumo fue de 53,61 kilos por persona, aunque EUMOFA subraya que el país encadena una bajada desde el pico de 61 kilos registrado en 2018.

Atún, salmón y gambas: los reyes del plato europeo

En cuanto a especies, el patrón de preferencias se mantiene: atún, salmón, abadejo de Alaska, gambas y bacalao figuran entre los productos más consumidos por los ciudadanos comunitarios. Son referencias que combinan disponibilidad, versatilidad culinaria y una oferta creciente en formatos procesados o listos para cocinar.

¿Qué explica la caída?

El informe apunta de forma clara a un factor dominante: la subida de precios. Pero detrás de ese indicador se abre un abanico de posibles explicaciones: ajuste del gasto familiar por la inflación general, sustitución hacia proteínas más baratas, menor compra de fresco frente a preparados, y una reconfiguración de hábitos alimentarios —especialmente entre consumidores jóvenes— donde el tiempo de cocina y la facilidad de preparación pesan tanto como el precio.

Para el sector, la paradoja es delicada. El aumento en valor puede aliviar parte de la cadena (venta minorista, distribución), pero la caída en volumen plantea desafíos de fondo: rotación, logística, márgenes reales y, sobre todo, la necesidad de reconectar el consumo con el producto, ya sea mediante innovación, formatos, campañas de promoción o políticas que hagan más asequible el acceso a pescado y marisco.

En síntesis, Europa parece estar entrando en una etapa en la que el pescado conserva su prestigio… pero pierde presencia cotidiana. La pregunta que deja el informe de EUMOFA es directa: si el consumidor paga más y compra menos, ¿cuánto tiempo puede sostenerse el equilibrio sin que cambien los hábitos —o el mercado— de forma irreversible?

Con una autosuficiencia del 38% en volumen y una dependencia que escala al 70% si se mide en valor, el mercado comunitario del pescado y el marisco se sostiene sobre grandes corredores comerciales dominados por el salmón en el norte y por una cesta más variada de especies en el sur.

La Unión Europea se sienta a la mesa, pero no se sirve sola. Si el indicador es el volumen, la producción comunitaria apenas cubriría el 38% del autoabastecimiento. Y si el análisis se hace en valor económico, la fotografía es todavía más contundente: la dependencia alcanza el 70%, una proporción que sería incluso mayor si se descuenta lo que Europa exporta de su propia producción. Traducido: la UE necesita importaciones para sostener su consumo de productos del mar, tanto por cantidad como, sobre todo, por el valor comercial de lo que entra.

La mitad de esas importaciones llega desde fuera de la Unión: un 50% procede de países terceros, lo que convierte a la política comercial, los acuerdos sanitarios y la logística internacional en piezas estructurales del suministro alimentario europeo. Y dentro de ese tablero, algunos flujos mandan más que otros, hasta el punto de condicionar el mercado completo.

Noruega, el gran proveedor: cerca del 30%

El primer gran protagonista es Noruega, que ya representa cerca del 30% del total en el mapa de importaciones. Su peso no es solo cuantitativo; es estratégico: el producto que vertebra el negocio —y los principales corredores— es el salmón, una especie que se ha convertido en mercancía-faro del consumo europeo.

Detrás aparece Ecuador, que registra una subida del 14% respecto al año anterior y adelanta a actores tradicionales como Marruecos y China, que junto al Reino Unido se mantienen entre los puestos principales del ranking. En el lado contrario, Marruecos recorta (-3,8%) y China cae con fuerza (-15%), señal de que las corrientes comerciales se están reordenando.

España, primera en compras: 5.600 millones de euros

En términos de valor, España lidera las importaciones con 5.600 millones de euros, por delante de Suecia, Países Bajos y Dinamarca. Es un dato que confirma el papel de España como gran país consumidor y transformador, pero también como nodo logístico e industrial: importa para abastecer mercado interno, para procesar y, en muchos casos, para reexportar.

Y aquí aparece el detalle que mejor explica por qué el norte y el sur de Europa se comportan como dos mercados diferentes.

El salmón manda en el norte; el sur diversifica

En el norte comunitario, el comercio gira alrededor de un solo animal. Los mayores corredores de importación están fuertemente marcados por el salmón:

  • Noruega → Suecia y, a continuación, Suecia → Dinamarca conforman uno de los ejes más potentes, y el 75% de ese flujo es salmón.
  • En otro corredor clave, Reino Unido → Francia, el 50% del volumen está igualmente dominado por el salmón.

El resultado es una dependencia doble: geográfica (Noruega como gran suministrador) y biológica (una especie que “ordena” precios, logística y planificación industrial). En el norte, la “variedad” existe, pero el salmón es el metrónomo.

En el sur, en cambio, el patrón cambia: hay más diversidad de especies, y los flujos responden a canastas distintas de consumo y transformación.

Marruecos y el pulpo: el gran flujo hacia España

En el cuarto puesto de los grandes flujos aparece con fuerza una relación que lleva años marcando el mercado español: las importaciones desde Marruecos hacia España, lideradas por el pulpo. En el reparto de las compras españolas fuera de la UE, Marruecos pesa el 18%, seguido por Ecuador (12%), China (9%), Argentina (8%) y Mauritania (6%), porcentaje este último que iguala Chile (6%).

Esa lista ilustra una realidad: mientras el norte se organiza alrededor del salmón, el sur —y especialmente España— combina cefalópodos, pescados de acuicultura y capturas de caladeros lejanos, con un mix más amplio y expuesto a variaciones de precios, disponibilidad y regulación en varios continentes.

Una conclusión clara: la mitad de los grandes flujos es salmón

Si se mira el conjunto de los principales corredores comerciales, la síntesis es rotunda: aproximadamente la mitad de los flujos relevantes está dominada por el salmón, y en el norte ese porcentaje roza “casi la totalidad”. En el sur, el mapa es más variado, pero igualmente dependiente: no de una sola especie, sino de varios proveedores y de rutas que atraviesan Atlántico, Mediterráneo y mercados globales.

La otra mitad del mercado: el “intra-UE”

Queda además una lectura decisiva: cuando se habla del 50% de importaciones desde fuera, falta el otro 50%, que es mercado intra-UE (intercambios dentro de la Unión). Y ahí se esconde un dato llamativo: de los 15 flujos principales dentro de la UE, 13 están dominados por una sola especie, una señal de que, incluso dentro del mercado común, el comercio se ha vuelto altamente especializado y concentrado.

En resumen, Europa compra fuera porque no le basta con lo que produce; y compra dentro moviendo grandes volúmenes muy “monoespecie”. Un sistema eficiente en logística, pero frágil por dependencia: de países clave, de especies clave y de corredores que, si se alteran, pueden mover precios y disponibilidad en cuestión de semanas.

Si quieres, puedo convertir estas ideas en una pieza lista para publicar con entradilla + destacados + recuadro de datos y un cierre enlazado a la “tercera parte” que anuncias (la del mercado intra-UE).

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