Cofradías y Plataforma en Defensa de la Pesca señalan que “el mapa de caladeros es un avance, pero deja fuera a la flota artesanal y puede condicionar la eólica marina”
La FNCP y la Plataforma en Defensa de la Pesca aplauden el primer mapa oficial de caladeros basado en datos VMS, pero reclaman completar la cartografía con la bajura y dotar de blindaje legal a las zonas pesqueras antes de nuevas subastas y trámites de eólica marina.
La publicación del primer mapa oficial de caladeros elaborado a partir de datos VMS (sistemas de seguimiento por satélite) ha abierto un nuevo frente —tan técnico como político— en el debate sobre el uso del espacio marítimo en España. La Federación Nacional de Cofradías de Pescadores (FNCP) y la Plataforma en Defensa de la Pesca consideran que el paso es “positivo” porque, por primera vez, existe un reconocimiento cartográfico institucional de dónde se desarrolla la actividad pesquera profesional. Pero advierten de inmediato de una “carencia estructural crítica”: la ausencia de la flota artesanal.
Según trasladan ambas organizaciones en su posicionamiento, el mapa —al construirse sobre VMS— solo “ve” a una parte de la flota. En la práctica, recuerdan, el seguimiento VMS se asocia a buques de mayor eslora, mientras que la pesca artesanal y buena parte de la bajura quedan fuera de esa fotografía. El riesgo, sostienen, es que esa invisibilidad estadística acabe convirtiéndose en invisibilidad jurídica en la tramitación de proyectos industriales en el mar, con especial atención a la eólica marina.
El “punto ciego” de la cartografía: quién aparece… y quién no
El nudo del conflicto está en el dato de partida: qué flota está obligada hoy a llevar VMS. La propia información del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) sobre el sistema de localización señala que deben llevarlo, con carácter general, los buques pesqueros de eslora igual o superior a 12 metros, con regímenes de exención en casos concretos para determinadas embarcaciones menores.
Eso deja fuera —por pura arquitectura del sistema— a una parte muy amplia del censo. Las cifras varían según la fuente y el año, pero el patrón es constante: la mayoría de los barcos españoles son de pequeña escala. Informes sectoriales y resúmenes estadísticos recientes sitúan en torno a tres de cada cuatro embarcaciones por debajo de 12 metros.
Con ese marco, la advertencia del sector se entiende: un mapa construido solo con VMS puede dibujar un mar “más vacío” de lo que realmente está en determinadas zonas, especialmente en áreas de artes menores, líneas, enmalle, marisqueo y actividades estacionales muy pegadas a costa.
Por qué importa ahora: eólica marina, POEM y el valor “probatorio” de los datos
La preocupación no se limita a un debate académico. La FNCP y la Plataforma conectan directamente la cartografía con el pulso regulatorio que viene: procedimientos competitivos, autorizaciones y planificación del espacio marítimo. El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) mantiene abierta la preparación normativa de las bases del primer procedimiento de concurrencia competitiva para instalaciones eólicas marinas, una pieza clave del despliegue futuro.
En paralelo, los Planes de Ordenación del Espacio Marítimo (POEM) —aprobados por real decreto y concebidos para ordenar usos y compatibilidades en cada demarcación marina— se han convertido en el tablero donde pesca, energía, biodiversidad y navegación compiten por encaje.
En ese contexto, el sector teme un escenario muy concreto: que, ante un proyecto eólico en una zona explotada históricamente por artes menores, la administración pueda responder que “no consta actividad pesquera significativa” porque no aparece reflejada en el mapa VMS. Su mensaje es tajante: una cartografía incompleta no debería servir como base para decisiones con efectos permanentes.
“Primero conocer toda la realidad. Después decidir”
El comunicado del sector no pide tirar el mapa a la papelera; al contrario, lo define como “un primer paso”. Pero exige que el paso siguiente sea corregir el sesgo de origen incorporando datos de la flota artesanal antes de que el mapa se use como soporte “definitivo” para nuevas decisiones de ordenación, autorizaciones o subastas.
Las reclamaciones se resumen en cuatro exigencias:
- Completar la cartografía con la flota artesanal, incorporando datos que representen la actividad real del conjunto del sector (no solo del segmento VMS).
- Blindaje jurídico efectivo de las zonas pesqueras: que las áreas identificadas como esenciales para la pesca (y citadas por el sector como ZAP/ZUP en el marco de la planificación) tengan protección vinculante frente a la eólica marina, evitando que queden expuestas a interpretaciones “no obligatorias”.
- Moratoria inmediata: paralización de nuevas subastas y freno a trámites en curso hasta contar con el mapa completo y un marco normativo “con garantías”.
- Convocatoria urgente de la Mesa de Trabajo de Eólica Marina y Pesca, para acordar hoja de ruta, metodología, transparencia y calendario.
Un factor que puede cambiar el tablero: la nueva normativa de control de la UE
Hay, además, un elemento que podría acelerar —si se gestiona bien— la solución técnica: la reforma europea del control pesquero. La Comisión Europea ha explicado que las nuevas reglas avanzan hacia el seguimiento de toda la flota, incluidos segmentos de menor eslora, con un despliegue progresivo en los próximos años.
Para las cofradías y la Plataforma, esa transición abre una oportunidad: si Europa camina hacia “más datos” y “más cobertura”, España debería usar ese horizonte para corregir cuanto antes el vacío de información que hoy penaliza a la bajura. El sector, sin embargo, insiste en que no basta con prometer que “ya se completará”: el problema, dicen, es qué decisiones se toman mientras tanto.
El debate de fondo: gobernanza, pruebas y equilibrio entre usos
El choque por el mapa de caladeros ilustra una tensión que irá a más: en la ordenación marítima moderna, los datos no solo describen la realidad, también la construyen. Lo que queda fuera de los sistemas de medición corre el riesgo de quedar fuera de las prioridades administrativas.
Por eso la FNCP y la Plataforma elevan el tono: si el 70–80% de la flota por número opera sin VMS en el esquema actual, la cartografía resultante —por útil que sea para un primer diagnóstico— no puede convertirse en el único “documento de verdad” para justificar compatibilidades, exclusiones o compensaciones.
El mensaje final del sector busca fijar una línea roja: no aceptar que la falta de datos equivalga a falta de derechos. Y trasladan una idea que, en el debate sobre eólica marina, se está convirtiendo en consigna: la transición energética no puede construirse sobre mapas incompletos.
