Tras tres años y medio de investigación interdisciplinar, Ifremer, el CNRS y el observatorio Pelagis publican las primeras conclusiones de un proyecto que busca explicar por qué aumentan los varamientos y las capturas accesorias desde 2016 y cómo reducirlas sin cronificar cierres anuales.
El aumento de capturas accidentales de delfines comunes (Delphinus delphis) en el golfo de Vizcaya podría estar relacionado, al menos en parte, con efectos del cambio climático. Esa es una de las líneas que asoman en los primeros resultados del proyecto Delmoges (acrónimo de Delphinus mouvements gestion), una investigación científica puesta en marcha en marzo de 2022 para comprender por qué, desde 2016, se observa un repunte de interacciones entre cetáceos y pesquerías en esta amplia franja atlántica.
Los hallazgos iniciales —divulgados tras tres años y medio de trabajo— llegan de la mano de un consorcio interdisciplinar impulsado, entre otros, por Ifremer, equipos de La Rochelle Université–CNRS y el observatorio de mamíferos marinos Pelagis. El objetivo declarado del proyecto es doble: explicar las causas del fenómeno y, sobre todo, aportar herramientas para reducir las capturas accesorias.
La pregunta de fondo: por qué crecen las interacciones desde 2016
La investigación parte de un problema que se ha vuelto recurrente en el golfo de Vizcaya: la presencia de delfines en zonas y momentos de intensa actividad pesquera, con el consiguiente riesgo de enganches accidentales. Delmoges intenta poner orden en un escenario complejo en el que intervienen movimientos de los animales, disponibilidad de presas, condiciones oceanográficas y patrones de pesca.
En ese puzzle, la hipótesis climática entra como un factor que podría estar modificando el tablero: cambios en la distribución de especies, desplazamientos de cardúmenes o variaciones en temperatura y productividad del agua que alteran rutas y áreas de alimentación. La idea no es sencilla ni concluyente, pero sí lo bastante relevante como para aparecer en unas conclusiones esperadas por científicos, administración y sector.
Evitar que el cierre anual se convierta en norma
La publicación de estos resultados se produce en un momento especialmente sensible: a pocas semanas de una tercera clausura anual del golfo de Vizcaya para determinados artes de pesca, una medida que se ha adoptado para reducir la mortalidad accidental de cetáceos.
Según plantean los promotores del estudio, la urgencia es clara: con avances científicos y técnicos suficientes —y con decisiones de gestión más afinadas— se aspira a disminuir las capturas y, con ello, evitar que el cierre tenga que repetirse en 2027. En otras palabras: pasar de medidas generalistas y de alto impacto a intervenciones más inteligentes, capaces de proteger a los delfines sin asfixiar la actividad.
Propuestas sobre la mesa: gestión “quirúrgica”
El texto apunta a la aparición de propuestas de gestión específicas, del tipo “medidas dirigidas”, que suelen traducirse en instrumentos más focalizados: ajustar zonas, fechas, condiciones o protocolos donde el riesgo es mayor, apoyándose en mejor conocimiento científico.
La clave —y el gran desafío— será convertir esos primeros resultados en políticas operativas: medidas que puedan aplicarse con precisión, con control y con aceptación social, en un conflicto donde se cruzan conservación, economía y gobernanza marítima.
Delmoges no cierra el debate, pero sí marca un cambio de fase: del diagnóstico general —“hay demasiadas capturas accidentales”— a la búsqueda de explicaciones verificables y soluciones concretas. Y en esa transición, el clima empieza a aparecer como un sospechoso serio, quizá no el único, pero sí uno que obliga a pensar el problema como algo más que un choque puntual entre delfines y redes.
