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sábado, marzo 7, 2026
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Baleares refuerza la alianza científica para su Plan de Conservación Marina: reunión con ICATMAR e IMEDEA en el marco de REMAR

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El director general de Pesca, Antoni M. Grau, coordina con equipos de Cataluña y Baleares nuevas líneas de trabajo para mejorar el seguimiento del medio marino y la gestión basada en datos

La cooperación científica vuelve a situarse en el centro de la gestión marina en el Mediterráneo occidental. Hoy, el director general de Pesca del Govern de les Illes Balears, Antoni M. Grau, ha participado en una reunión con personal de ICATMAR e IMEDEA (CSIC-UIB) para coordinar proyectos y reforzar la colaboración científica en el medio marino, en el marco del programa REMAR, vinculado al Plan de Conservación Marina del Govern.

La reunión llega en un momento en el que las Illes Balears están desplegando un marco estratégico que busca compatibilizar conservación y actividad pesquera, con una gobernanza apoyada en la cogestión y en la evidencia científica como base para la toma de decisiones.

REMAR: más datos para una pesca sostenible y verificable

El programa REMAR/REMAR2 se ha planteado como una pieza técnica para dar solidez a esa ambición política: mejorar el conocimiento de los recursos y del impacto de la actividad, con un sistema de monitorización integral que analiza esfuerzo pesquero, composición y tamaño de las capturas y, en pesca profesional, también rendimientos económicos, con el fin de obtener una imagen más precisa del estado de los recursos y de las tendencias que condicionan su viabilidad.

En un escenario donde la normativa europea y el mercado exigen información “cada vez más detallada y verificable”, la apuesta balear por herramientas de seguimiento se entiende como una inversión en gestión: medir mejor para gestionar mejor, y hacerlo con capacidad de respuesta ante cambios ambientales, presión pesquera o nuevos requisitos de trazabilidad.

ICATMAR: la experiencia catalana en seguimiento pesquero y oceanografía operacional

La presencia de ICATMAR en esta coordinación abre una vía de intercambio particularmente relevante para el Mediterráneo. El Institut Català de Recerca per a la Governança del Mar es un órgano de cooperación entre la Generalitat de Catalunya y el CSIC que desarrolla un programa de seguimiento de la pesca comercial y recreativa a lo largo del litoral catalán y, desde 2023, un componente de observación, análisis y predicción de las condiciones físicas del mar (oceanografía operacional).

En la práctica, esto permite compartir metodologías, estructuras de datos y enfoques que faciliten la comparabilidad regional: un paso clave cuando las pesquerías y los ecosistemas no entienden de límites administrativos y la gobernanza necesita indicadores consistentes.

IMEDEA: ciencia aplicada al archipiélago

La pata balear de esta cooperación se apoya en el IMEDEA, centro mixto CSIC-UIB especializado en investigación sobre sistemas marinos, costeros e insulares y su respuesta a las presiones humanas y al cambio global.

Su participación refuerza el objetivo de conectar la gestión cotidiana —planes, reservas, medidas de conservación— con la ciencia aplicada y la monitorización de largo plazo.

Una transición de la gestión: del “plan” al “dato”

Más allá de la foto institucional, la lectura de fondo es clara: la conservación marina ya no se sostiene solo con declaraciones de intenciones, sino con infraestructura científica, cooperación interregional y herramientas operativas. En el caso balear, el Plan de Conservación Marina se ha presentado como una hoja de ruta para revertir pérdida de biodiversidad y asegurar sostenibilidad ecológica, social y económica del mar, y la agenda científica aparece como condición necesaria para hacerlo viable.

Claves del encuentro

  • Coordinación de proyectos en el marco de REMAR, orientados a seguimiento y gestión basada en evidencia.
  • Puente técnico con ICATMAR para compartir experiencia en monitorización pesquera y oceanografía operacional.
  • Refuerzo del papel del IMEDEA (CSIC-UIB) como soporte científico del archipiélago.
  • Impulso a una gobernanza marina que combine conservación y actividad pesquera con herramientas verificables

El Mediterráneo se calienta y la pesca ya lo nota con el ICM-CSIC, premiado en Barcelona por un estudio clave para el sector

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El trabajo, realizado con AZTI y publicado en Global Change Biology, analiza dos décadas de datos en la costa catalana y concluye que la “tropicalización” está cambiando capturas e ingresos. El reconocimiento llega con el Premi Ciutat de Barcelona 2025 en Ciències Ambientals i de la Terra. 

La crisis climática ya no es un horizonte abstracto para la pesca mediterránea: está reordenando especies, precios y rentabilidades puerto a puerto. Esa es la fotografía que dibuja el estudio liderado por el Institut de Ciències del Mar (ICM-CSIC), en colaboración con AZTI, distinguido con el Premi Ciutat de Barcelona 2025 en la categoría de Ciències Ambientals i de la Terra. 

El jurado premió, según destaca el ICM, la capacidad del trabajo para conectar la emergencia climática con consecuencias directas en el sector pesquero, una relación que empieza a medirse en toneladas desembarcadas… y en euros en la lonja. 

De la ciencia al muelle: qué demuestra el estudio

Publicada en la revista Global Change Biology, la investigación analiza cómo el calentamiento progresivo del Mediterráneo está alterando la composición de capturas y de ingresos a lo largo de la costa catalana. El trabajo vincula estos cambios al aumento de temperatura del mar, estimado en un rango de 0,3 a 0,8 ºC por década, con picos de hasta 2,5 ºC sobre la media histórica en algunos años. 

La conclusión principal es clara: crece el peso relativo de especies de aguas cálidas (tropicalización) y retrocede el de especies asociadas a aguas más frías (deborealización), tanto en capturas como en valor económico. 

Y, sobre todo, no afecta igual a todos.

Ganadores y perdedores: flotas, especies y puertos

Uno de los aportes más útiles del estudio —y uno de los motivos por los que su lectura interesa al sector— es que baja al detalle: diferencia por flotas y por lonjas, evitando el “promedio” que a menudo oculta realidades contrapuestas. 

Entre los hallazgos, AZTI subraya que:

  • Las flotas pelágicas (por ejemplo, artes de superficie) figuran entre las más afectadas por el descenso de especies de aguas frías, lo que puede traducirse en mayor vulnerabilidad económica cuando dependen de pocos objetivos. 
  • El arrastre de fondo, en cambio, registra un aumento relativo de especies cálidas en capturas e ingresos, lo que podría abrir márgenes de adaptación distintos. 

En especies comerciales de alto valor, el estudio detecta caídas tanto en captura como en ingresos en casos como merluza, bacaladilla o cigala, lo que apunta a una presión doble: clima y explotación. 

Y aparecen “paradojas” relevantes para el mercado: sardina y pulpo muestran descenso de capturas, pero aumento de ingresos, recordando que el precio, la demanda y la disponibilidad pueden desacoplar volumen y facturación. 

Un premio que apunta a la gestión: adaptarse ya, con datos

Más allá del reconocimiento, el mensaje institucional del ICM es que este tipo de evidencia debe convertirse en guía para decisiones: desde la gestión pesquera a la planificación portuaria y la adaptación socioeconómica de las comunidades costeras. 

La autora principal, Lucía Espasandín, resume la idea central: el cambio climático “no es una amenaza futura”, sino un fenómeno con efectos ya medibles en biodiversidad y economía pesquera. 

Claves Europa Azul

  • El ICM-CSIC y AZTI reciben el Premi Ciutat de Barcelona 2025 por un estudio sobre calentamiento del Mediterráneo e impacto en la pesca. 
  • Dos décadas de datos en la costa catalana muestran tropicalización: suben especies cálidas y bajan especies de aguas más frías, también en términos de ingresos. 
  • El impacto es desigual según flota, especie y puerto, lo que refuerza la necesidad de gestión adaptativa “a medida”. 

OPAGAC lleva el debate sobre pesca responsable con “Hands for the Oceans” y una nueva certificación del Atún de Pesca Responsable

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El Círculo de Bellas Artes de Madrid acogerá el 25 de febrero la presentación del movimiento internacional, el estudio “Qué sabemos de lo que comemos del mar” y una mesa sobre transparencia y derechos laborales

La Organización de Productores Asociados de Grandes Atuneros Congeladores (OPAGAC) pondrá el foco la próxima semana en una pregunta incómoda, pero cada vez más habitual en la cadena de valor: ¿qué sabemos realmente de lo que comemos del mar? El miércoles 25 de febrero (9.30 horas), en el Círculo de Bellas Artes de Madrid (Sala Valle-Inclán), la organización celebrará un acto que enlaza consumo, certificación y responsabilidad social: la presentación del movimiento internacional Hands for the Oceans, la puesta de largo de la nueva certificación de Atún de Pesca Responsable y la divulgación del estudio “Qué sabemos de lo que comemos del mar”.

Un atunero atraca en pleno Bilbao con experiencia de realidad virtual y escape room familiar

El 1 de marzo, tecnología, sostenibilidad y pesca responsable se dan cita en una experiencia inmersiva que hará navegar a grandes y pequeños

Un atunero virtual llega a Bilbao / De OPAGAC & Hands for the Oceans

Bilbao se prepara para recibir un invitado muy especial: un autobús transformado en barco atunero llegará a la Explanada del Palacio Euskalduna el próximo 1 de marzo a las 11:00h, ofreciendo una experiencia única de realidad virtual para toda la familia. La iniciativa, impulsada por OPAGAC dentro del movimiento internacional Hands for the Oceans, combina diversión y formación, acercando al público al mundo de la pesca responsable de atún.

Navegar sin mojarse… y aprender

Los visitantes podrán sumergirse en alta mar a través de la realidad virtual, vivir la pesca responsable como si fueran parte de la flota, participar en un escape room interactivo y poner a prueba sus conocimientos sobre sostenibilidad y buenas prácticas en el sector atunero. Además, se proyectará un extracto del documental “1’17’’”, con testimonios reales de pescadores, para mostrar el valor humano que hay detrás de cada jornada en el mar.

Un guiño a la tradición marítima de Bilbao

La experiencia no solo es educativa, sino que también conecta con la cultura pesquera de la ciudad y su relación histórica con el mar, mostrando cómo la flota española avanza hacia modelos más sostenibles y transparentes. Ideal para familias, amantes de la tecnología y curiosos de todas las edades, este “barco urbano” promete momentos muy visuales y participativos… y sí, puedes decir que es la manera de navegar sin mojar los pies.

Una cita que combina aprendizaje, entretenimiento y realidad virtual para todos, acercando la pesca responsable al gran público de forma lúdica, educativa… y sobre todo, muy divertida.

El Gobierno Vasco reclama una estrategia común europea frente a la situación de vulnerabilidad de la anguila

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Las viceconsejerías de Medio Ambiente y de Pesca del Ejecutivo vasco defienden que medidas restrictivas circunscritas exclusivamente al ámbito del Estado tendrán una efectividad prácticamente nula en la recuperación de la especie

El Gobierno de España ha solicitado incluir a la anguila europea (Anguilla anguilla) en el Catálogo Español de Especies Amenazadas y prohibir la pesquería, y, ante esta medida, el Gobierno Vasco reclama al Ministerio que la eleve a la Comisión y Parlamento europeos, de forma que se pueda extender una posible moratoria a todos los países de la UE.

Si bien las viceconsejerías de Medio Ambiente y Pesca del Gobierno Vasco reconocen que la anguila europea atraviesa una situación crítica en toda su área de distribución, sostienen que la efectividad de esta medida aplicada sólo en el Estado será muy limitada, ya que la anguila es una especie altamente migradora, compartida y gestionada en un espacio europeo único. Por esta razón, una prohibición de estas características tendrá poca incidencia real si otros países europeos o Marruecos mantienen la explotación.

A esto hay que añadir que la sobrepesca de anguilas y angulas continúa siendo un factor clave, pero no es el único que explica el estado de vulnerabilidad de la especie: una conectividad fluvial deficiente, así como la mortalidad en turbinas, factores ambos asociados al gran número de presas y embalses que fragmentan las cuencas fluviales, han contribuido significativamente al declive de la especie.

Actualmente, en Euskadi, la pesca de la angula está muy limitada, y aunque en otras comunidades autónomas como Galicia, Asturias o Cantabria la pesca está más extendida, existen controles sobre la gestión y la pesca. El mayor escollo es que otros países europeos, que son los grandes concentradores de capturas, como Francia o Portugal, mantienen una pesquería de la especie con menos limitaciones.

Desde el punto de vista biológico, la evidencia científica indica que es necesaria una intensificación de las medidas, especialmente las referidas a restauración de hábitats, conectividad de cuencas fluviales y reducción de las presiones humanas. Estudios recientes indican que la especie no muestra señales de recuperación, ni a escala europea ni en el ámbito estatal o regional. En Euskadi, los seguimientos científicos realizados por la Agencia Vasca del Agua-Ura, las diputaciones forales y AZTI confirman que la especie se mantiene en declive.

Por tanto, el Gobierno Vasco subraya que es necesario tomar medidas para la protección de la anguila europea, pero éstas deben ser más ambiciosas y proponer soluciones de ámbito europeo que tengan un resultado positivo sobre la situación de la especie.

Paro de marítimos y fluviales en Argentina con 48 horas que tensan puertos, pesca y exportaciones ante la reforma laboral de Milei

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Una huelga de 48 horas iniciada el 18 de febrero por trabajadores del sector marítimo y fluvial ha complicado la operativa de puertos argentinos y amenaza con trasladar el pulso político a la logística del comercio exterior. La medida, convocada por la Federación Sindical Marítima y Fluvial (Fesimaf), se dirige contra la reforma laboral impulsada por el Gobierno de Javier Milei, que llega esta semana a una fase decisiva en el Congreso.

El paro impacta en tareas críticas para el movimiento de buques, como el amarre y desamarre, lo que se traduce en demoras y atrasos en carga y despacho. Según EFE, la afectación alcanza a 17 terminales portuarias del país.

“No es contra el país”: el argumento de la seguridad y el trabajo nacional

Fesimaf sostiene que la protesta busca defender “derechos laborales”, “estabilidad” y la “dignidad de la familia marítima” ante iniciativas que —según denuncia— empujan a la precarización.
En el mismo comunicado, el sindicato subraya una idea que conecta empleo con navegación: “La Marina Mercante no puede quedar excluida del marco legal que protege a los trabajadores argentinos… este paro… es en defensa del trabajo nacional, de nuestras condiciones laborales y de la seguridad en la navegación”.

La federación integra, entre otros, al SOMU, el Centro de Patrones y Oficiales Fluviales y Siconara, organizaciones con peso en el trabajo embarcado y en los servicios que sostienen el tráfico marítimo y fluvial.

Un golpe directo a la logística exportadora… y una señal para la pesca

El impacto más inmediato se ha sentido en el circuito agroexportador, especialmente en el área de Rosario, uno de los mayores nodos mundiales de salida de granos y subproductos. Reuters recoge que la cámara exportadora CIARA-CEC describió la situación como un freno “casi total” de la actividad, con buques afectados por la imposibilidad de completar servicios y operaciones portuarias.

Pero el paro no se limita al grano. EFE lo enmarca como una medida con efectos sobre “infraestructuras, pesca y comercio exterior”.
En clave marítima, la lectura es clara: si se ralentizan amarras, desamarras, transferencias de prácticos u otros servicios auxiliares, también se tensiona la cadena fría y la salida de productos perecederos. Para el sector pesquero, cualquier parón en la operativa portuaria se traduce en incertidumbre: descargas, avituallamientos, rotaciones de tripulación y expediciones pueden verse condicionadas por ventanas de atraque y por el efecto cascada en terminales.

La reforma laboral como telón de fondo

La huelga llega en vísperas de una semana parlamentaria crucial. Reuters resume algunos ejes del proyecto gubernamental: limitar el derecho a huelga, poner topes a indemnizaciones, ajustar pagos por enfermedad y restringir ciertas reclamaciones tras despidos.
Otros medios han añadido que la discusión se da en un clima de fuerte contestación sindical y con la CGT preparando movilizaciones y paros a escala nacional.

En este contexto, el paro marítimo funciona como una palanca de presión con capacidad de impacto inmediato: allí donde se detiene la operativa portuaria, la economía lo nota en horas.

Servicios esenciales y advertencia de la Prefectura

La Prefectura Naval Argentina ha recordado a las empresas armadoras su obligación de garantizar servicios esenciales vinculados a la seguridad, como el uso de remolcadores, y ha advertido de posibles sanciones en caso de incumplimiento.
El mensaje ilustra el delicado equilibrio entre el derecho a la protesta y la continuidad de funciones críticas en un país donde la navegación fluvial —especialmente en el corredor Paraná–Paraguay— y la salida marítima sostienen buena parte del comercio exterior.

Para la cadena de suministro internacional, estas tensiones no son un asunto local. Argentina es un actor relevante en exportaciones agroalimentarias y también en productos del mar, por lo que cualquier interrupción prolongada puede generar reprogramaciones logísticas, cambios de rutas y sobrecostes. Además, el episodio reabre un debate que resuena también en Europa: la transición hacia modelos más “competitivos” no puede avanzar —señalan los sindicatos— a costa de la protección laboral y la seguridad operativa en el mar.

Lo que ocurra en las próximas horas —y, sobre todo, lo que decida el Congreso argentino sobre la reforma— marcará si este conflicto se queda en un aviso de 48 horas o si escala hacia un ciclo de paros con efectos más profundos sobre puertos, flotas y cadenas de abastecimiento

El Reino Unido lanza una ‘calculadora’ de carbono para medir emisiones y acelerar la descarbonización

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Seafish pone a disposición del sector una herramienta online que calcula la huella climática por producto, identifica “puntos calientes” en la cadena y permite comparar resultados entre empresas.

La medición de la huella de carbono está dejando de ser un ejercicio voluntario para convertirse en un idioma común entre industria, distribución y consumidores. En esa dirección, el organismo británico Seafish ha reforzado su apuesta por la transparencia climática con el Seafood Carbon Emissions Profiling Tool (SCEPT), una plataforma digital diseñada para que empresas de pesca extractiva y acuicultura comprendan y cuantifiquen las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) asociadas a sus productos del mar.

La iniciativa destaca por su impacto en la industria y por su reciente reconocimiento en el ámbito de la sostenibilidad, se apoya en una idea sencilla: no se puede reducir lo que no se mide.

Qué mide el SCEPT y para qué sirve

El SCEPT pretende ofrecer una visión “de producto” (no solo corporativa) de la huella climática del marisco, ayudando a detectar hotspots o riesgos a lo largo de la cadena: desde el combustible y las operaciones de captura, hasta el procesado, el envasado y el transporte. Con esa fotografía, las empresas pueden priorizar inversiones, fijar objetivos y orientar mejoras operativas.

Entre las funciones que Seafish atribuye a la herramienta figuran:

  • generar huellas de carbono de productos finales;
  • localizar puntos críticos para impulsar mejoras y colaboración “precompetitiva”;
  • comparar huellas con las de empresas del mismo sector;
  • respaldar mensajes reputacionales sobre el marisco como alimento “climate-smart”;
  • y facilitar reportes alineados con el GHG Protocol, uno de los marcos más utilizados para contabilidad de emisiones.

La plataforma cuenta con una parte abierta con información general e indicadores orientativos para productos típicos en el mercado británico, mientras que el acceso completo —la parte “segura”— está disponible para empresas británicas validadas, mediante un formulario de solicitud.

Quién la financia y quién la ha desarrollado

Seafish explica que el desarrollo está cofinanciado por el Fisheries and Seafood Scheme (FaSS) en Inglaterra y por el propio organismo, y que la herramienta ha sido desarrollada por Mérieux NutriSciences | Blonk, firma especializada en sostenibilidad de sistemas alimentarios.

Una metodología con recorrido: de 2008 a un estándar común para productos del mar

El trabajo de “perfilado” de carbono en Seafish no nace de cero: la organización sitúa su trayectoria en este campo desde 2008, con herramientas previas de distinto nivel de detalle. Ese recorrido se apoyó también en el esfuerzo internacional por fijar un enfoque común para calcular emisiones en productos del mar, plasmado en la especificación BSI PAS 2050-2:2012, centrada en requisitos complementarios para evaluar emisiones de ciclo de vida en seafood y otros alimentos acuáticos.

La utilidad del SCEPT se mide, en buena parte, por su adopción. Medios del sector han recogido el uso de la herramienta por parte de empresas relevantes y, en el canal retail, la incorporación del SCEPT en estrategias de descarbonización de la cadena de suministro.

En paralelo, The Fishing Daily subraya el impulso reputacional del proyecto: la herramienta ha sido preseleccionada para un premio de sostenibilidad vinculado al sector en 2026, como ejemplo de innovación práctica para reducir impactos.

Aunque el acceso completo esté acotado a empresas británicas, el mensaje es extrapolable: la presión por datos comparables, metodologías transparentes y mediciones repetibles está creciendo en los mercados internacionales. Para países importadores y transformadores —como España—, iniciativas de este tipo anticipan un escenario en el que la huella de carbono del producto pesquero será un elemento más de competitividad, junto a la trazabilidad, la legalidad y las garantías sociales.

En suma, el SCEPT no es solo una herramienta técnica: es una señal. La descarbonización del sector del mar ya no se juega únicamente en los motores o en los puertos, sino también en la capacidad de medir, demostrar y mejorar.

El calamar del Pacífico Sudeste entra en la agenda de transparencia

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La Environmental Justice Foundation (EJF) ha vuelto a encender las alarmas sobre las grandes pesquerías de calamar en alta mar. Tras su investigación en el Atlántico Sudoccidental —la conocida “Milla 201”—, la organización publica ahora “Unseen and unaccountable: The growing threat of China’s squid fleet in the South Pacific”, centrado en el calamar volador gigante (Dosidicus gigas, potón del Pacífico o calamar de Humboldt) en el Pacífico Sudeste, FAO Área 87.

El informe sostiene que una de las pesquerías de calamar más importantes del planeta está al borde de una crisis ecológica y social, en un contexto de gobernanza débil, baja transparencia y vacíos regulatorios que —según EJF— estarían siendo aprovechados por una flota de altura mayoritariamente china.

EJF describe al potón del Pacífico como especie clave de la red trófica y soporte de pesquerías regionales. Y afirma que, pese a señales de sobreextracción, el esfuerzo pesquero continúa aumentando sin que la regulación se haya adaptado al ritmo del fenómeno.

En su reporte, la ONG subraya un punto que resulta especialmente sensible: la falta de límites efectivos. Según el documento, no se han adoptado cuotas o límites de captura ni medidas robustas de control que permitan hablar de una gestión a la altura del riesgo.

El contexto institucional es la SPRFMO (Organización Regional de Ordenación Pesquera del Pacífico Sur). EJF sostiene que la organización regional aún no ha aprobado medidas “significativas” para el calamar, pese a indicios científicos de descenso de capturas/CPUE y aumento de presión.

Señales científicas y debate regulatorio en la SPRFMO

La SPRFMO ha venido incorporando documentos técnicos sobre Dosidicus gigas —incluyendo trabajos de evaluación y modelos presentados al Comité Científico—, un indicador de que el recurso está en el radar científico regional.

Y, en paralelo, han llegado propuestas formales para endurecer el marco de gestión. Un ejemplo es una propuesta (presentada a la Comisión) para reducir en un 15% límites de número de buques y tonelaje en la medida de gestión del calamar, citando como razón el descenso de capturas y baja CPUE y apelando a un enfoque precautorio.

También desde el exterior, una coalición de organizaciones y sector ha intensificado la presión para cerrar el “vacío” regulatorio de un recurso que, en alta mar, sigue operando con márgenes amplios.

Derechos laborales y prácticas destructivas: los testimonios

La parte más dura del trabajo de EJF se apoya en entrevistas a tripulantes y evidencia recopilada en sus investigaciones. En el comunicado de lanzamiento, la ONG afirma que más del 50% de los tripulantes entrevistados denunciaron abusos físicos y que casi el 60% declaró que se practicaba aleteo de tiburones a bordo.

En el informe, EJF amplía: entrevistas a 77 pescadores indonesios y 4 filipinos que habrían trabajado en 60 buques entre 2020 y 2025 en el Pacífico Sudeste, con alegaciones de abuso físico, retención de salarios, deuda, y condiciones de trabajo y vida degradantes.

El documento añade además preocupaciones por captura intencional de mamíferos marinos y otros impactos ecosistémicos, así como un dato especialmente grave: al menos 41 tripulantes fallecidos desembarcados en puertos latinoamericanos desde buques chinos entre 2013 y 2023, lo que EJF interpreta como señal de negligencia y falta de rendición de cuentas.

Cadena de suministro: cuando el calamar “invisible” llega a Europa

El informe conecta el mar con el mercado: el calamar del Pacífico Sudeste entra en circuitos globales a través de rutas opacas, con transbordos en alta mar y una cadena que con frecuencia termina en Zhoushan, gran polo mundial de procesado. EJF sostiene que esta arquitectura dificulta la trazabilidad y puede facilitar el “blanqueo” de capturas.

En ese mapa, España aparece en primer plano por varias vías:

  • En comercio regional, el propio informe indica que, según datos de UN Comtrade, España fue destino del 15% del valor de exportaciones peruanas de “squid & cuttlefish” en 2023 (categoría agregada).
  • En Chile, España representó el 36% del valor de exportaciones chilenas de “squid & cuttlefish” en 2023.
  • Y, en el foco del reporte, EJF afirma que CNFC (China National Fisheries Corporation), empresa estatal señalada por la ONG, exportó 23.384 toneladas en 2020–2025; en términos de peso, el 15% habría ido a España, y 24,6% al conjunto de la UE.

El mensaje es claro: si el eslabón de extracción está bajo sospecha y el tránsito es opaco, el riesgo reputacional y de cumplimiento se desplaza también a puertos, importadores y distribución.

La receta de EJF: transparencia como “infraestructura” del control

EJF plantea que la solución pasa por una combinación de medidas: límites de captura basados en ciencia, más vigilancia y control, cierre de lagunas legales y mayor implicación de Estados ribereños, portuarios y de mercado para evitar que la cadena de suministro “absorba” producto asociado a abusos.

En el centro, la ONG sitúa la Global Charter for Fisheries Transparency, con medidas de bajo coste como la divulgación de la propiedad real, el seguimiento obligatorio y el acceso público a datos pesqueros.

El informe incluso apunta un ejemplo regional: Perú habría reducido pesca ilegal exigiendo más datos de rastreo, demostrando —según EJF— que “las herramientas existen” y que lo que falta es voluntad política a escala regional.

Europa, ante el espejo

Para la UE (y para España, como gran puerta de entrada de cefalópodos), el caso del Pacífico Sudeste suma argumentos a un debate que ya está en marcha: diligencia debida, trazabilidad efectiva, controles en frontera y coherencia entre políticas de sostenibilidad y compras. La pregunta que deja EJF es incómoda pero inevitable: ¿puede Europa seguir importando “calamar barato” sin exigir pruebas sólidas de legalidad, control y derechos?

La “Zona 87” se parece cada vez más a la “Milla 201”: luces en el horizonte, presión creciente y una gobernanza que corre detrás. La diferencia es que, esta vez, la discusión está aterrizando —con nombres, rutas y mercados— en el corazón de la cadena de valor.

El CSIC impulsa un modelo integral para criar atún rojo atlántico en cautividad

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El proyecto ACIAR, seleccionado en COMTE Innovación 2025, busca producir huevos y juveniles para una acuicultura más sostenible, con impacto ambiental y económico.

La acuicultura del atún rojo ( Thunnus thynnus ) lleva años instalada en una paradoja: es una actividad de alto valor, tecnificada y global, pero todavía depende en gran medida del mar para su “materia prima”. En la práctica, buena parte de lo que se conoce como “cultivo” es, en realidad, engorde de ejemplares capturados en el medio natural y trasladados a jaulas para su cebo y comercialización. La propia FAO recuerda que, hasta hoy, el suministro de “semilla” en la acuicultura comercial de túnidos se basa en la captura de juveniles silvestres, aunque se investiga en semillas producidas artificialmente.

Cerrar ese círculo —pasar del engorde a un ciclo biológico completo en cautividad— es, precisamente, el corazón del proyecto ACIAR (Acuicultura integral del atún rojo atlántico), uno de los seleccionados en el programa COMTE Innovación 2025 de la Fundación General CSIC. El objetivo: desarrollar un modelo integral que permita completar el ciclo (reproducción, larvicultura, alevinaje y crecimiento), y avanzar hacia una acuicultura con mayor autonomía tecnológica y menor presión sobre el recurso.

COMTE Innovación 2025: “madurar” tecnología para que llegue al sector

ACIAR se enmarca en una edición de COMTE Innovación concebida para acompañar proyectos del CSIC en su salto hacia el mercado: mentorización, aceleración, apoyo legal y búsqueda de financiación, con un horizonte de 24 meses y una dotación económica asociada a cada iniciativa (en el marco del programa).

En la edición 2025, los proyectos seleccionados arrancan trabajo en 2026 con el reto de elevar su madurez tecnológica y convertir conocimiento científico en soluciones transferibles. En el caso de ACIAR, la ambición es directa: transformar la forma en que Europa (y España) se relaciona con una de sus especies más emblemáticas.

“Cultivar atún rojo”: el reto que empieza por la reproducción

Aurelio Ortega García, investigador del Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC) y voz de referencia en esta línea de trabajo, sitúa el punto de partida con claridad: hoy, la acuicultura de atún rojo está dominada por el engorde de peces capturados, y el gran salto pendiente es producir en cautividad desde el origen.

“Lo que se hace ahora es engorde de atunes capturados en el mar… Nosotros lo que queremos es cultivar atún rojo: disponer de reproductores, hacer selección genética, reproducirlo en cautividad y lograr que los juveniles lleguen a tamaño comercial”, explica Ortega. El nudo crítico, admite, es elevar la supervivencia en las fases tempranas: “aumentar la supervivencia es el reto”.

La frase resume décadas de biología aplicada: en especies altamente migratorias y de gran tamaño, el cuello de botella no es solo “hacer que desoven”, sino sostener con éxito la cadena desde el huevo hasta el juvenil robusto.

Un modelo integral: de huevos y juveniles a una cadena de valor nueva

El planteamiento de ACIAR apunta a un cambio de escala en la lógica industrial: si el proyecto consolida protocolos y demuestra viabilidad, España podría avanzar hacia un esquema en el que los centros científico-tecnológicos sean capaces de proveer huevos fertilizados o juveniles a empresas del sector, abriendo la puerta a nuevas inversiones y a una acuicultura menos dependiente del mar como proveedor de “semilla”.

Esa potencial “oferta” no es menor. En un mercado global donde la disponibilidad de producto, la estabilidad de suministro y la trazabilidad pesan cada vez más, disponer de juveniles de origen controlado supone:

  • Planificación (menos incertidumbre estacional).
  • Mejora genética progresiva (crecimiento, robustez, eficiencia).
  • Mayor control sanitario y de bioseguridad.
  • Un marco más sólido para certificaciones, estándares y exigencias comerciales.

Los retos científico-tecnológicos: por qué es tan difícil “cerrar el ciclo”

En el discurso de Ortega García y en la experiencia acumulada por equipos del IEO-CSIC, el desafío se descompone en varias piezas, todas exigentes:

  1. Reproducción en cautividad y manejo de reproductores
    No basta con mantener adultos: hace falta controlar condiciones ambientales y fisiológicas que permitan puestas viables, repetibles y con calidad.
  2. Larvicultura: el tramo más frágil
    Las fases larvarias en especies como el atún rojo son extremadamente sensibles. La alimentación viva, la transición a dietas, el desarrollo de órganos y la vulnerabilidad al estrés convierten cada día en una prueba.
  3. Nutrición y alimentación
    La disponibilidad de presas adecuadas y dietas funcionales es una condición básica para aumentar supervivencia y crecimiento.
  4. Escalado y transferencia
    Un protocolo que funciona en condiciones experimentales debe demostrar que puede escalar con costes, logística y resultados consistentes.

No es casual que proyectos previos del IEO-CSIC hayan trabajado precisamente en mejorar la cría larvaria y la alimentación viva en especies marinas, afinando técnicas y reduciendo mortalidad inicial: es el terreno donde se juega el “sí o no” del ciclo completo.

Impacto ambiental: menos presión sobre el recurso… y nuevos deberes

Si la acuicultura de atún rojo logra avanzar hacia semilla producida en cautividad, el beneficio ambiental más intuitivo es reducir la dependencia de la captura de juveniles silvestres, una práctica asociada a la llamada “acuicultura de captura” (capture-based aquaculture).

Pero el proyecto también abre una conversación inevitable: el ciclo completo trae consigo nuevas responsabilidades. El atún rojo es un depredador de crecimiento rápido, y su cultivo plantea retos de sostenibilidad vinculados a:

  • huella de alimentación (origen y eficiencia de piensos),
  • consumo energético y logística,
  • gestión sanitaria y bienestar,
  • y exigencias de monitoreo ambiental en el entorno de cultivo.

En otras palabras: el salto tecnológico puede reducir un tipo de impacto, pero exige diseñar bien el modelo para no trasladar el problema a otros puntos de la cadena.

Impacto económico: soberanía tecnológica y oportunidad industrial

En términos económicos, el potencial es notable. El atún rojo es una especie de altísimo valor comercial y con una cadena internacional sofisticada. Completar el ciclo en cautividad permitiría:

  • reforzar una soberanía tecnológica europea en un segmento estratégico,
  • generar propiedad intelectual y know-how exportable,
  • y crear un nuevo ecosistema de servicios (genética, nutrición, sistemas de cultivo, sensórica, salud animal, certificación).

El propio planteamiento de COMTE Innovación busca precisamente eso: que la ciencia madure soluciones y las acerque al tejido productivo con herramientas de aceleración y transferencia.

Un proyecto con un “termómetro” claro: supervivencia y escalabilidad

ACIAR arranca con un horizonte de trabajo que combina ciencia, tecnología y mercado. Y, como suele ocurrir en acuicultura avanzada, habrá un indicador que lo dirá casi todo: mejorar supervivencia en fases tempranas y demostrar escalabilidad. Si esa curva se mueve, el proyecto abre una nueva pantalla para el sector; si no se mueve, confirmará que el ciclo completo del atún rojo sigue siendo una frontera.

Ortega García lo resume sin rodeos: “aumentar la supervivencia” es la llave. Porque detrás de esa frase está la diferencia entre un logro científico y una transformación real de la industria.

El primer mapa de caladeros elaborado a partir de datos VMS levanta debate ante la eólica marina

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Cofradías y Plataforma en Defensa de la Pesca señalan que “el mapa de caladeros es un avance, pero deja fuera a la flota artesanal y puede condicionar la eólica marina”

La FNCP y la Plataforma en Defensa de la Pesca aplauden el primer mapa oficial de caladeros basado en datos VMS, pero reclaman completar la cartografía con la bajura y dotar de blindaje legal a las zonas pesqueras antes de nuevas subastas y trámites de eólica marina.

La publicación del primer mapa oficial de caladeros elaborado a partir de datos VMS (sistemas de seguimiento por satélite) ha abierto un nuevo frente —tan técnico como político— en el debate sobre el uso del espacio marítimo en España. La Federación Nacional de Cofradías de Pescadores (FNCP) y la Plataforma en Defensa de la Pesca consideran que el paso es “positivo” porque, por primera vez, existe un reconocimiento cartográfico institucional de dónde se desarrolla la actividad pesquera profesional. Pero advierten de inmediato de una “carencia estructural crítica”: la ausencia de la flota artesanal.

Según trasladan ambas organizaciones en su posicionamiento, el mapa —al construirse sobre VMS— solo “ve” a una parte de la flota. En la práctica, recuerdan, el seguimiento VMS se asocia a buques de mayor eslora, mientras que la pesca artesanal y buena parte de la bajura quedan fuera de esa fotografía. El riesgo, sostienen, es que esa invisibilidad estadística acabe convirtiéndose en invisibilidad jurídica en la tramitación de proyectos industriales en el mar, con especial atención a la eólica marina.

El “punto ciego” de la cartografía: quién aparece… y quién no

El nudo del conflicto está en el dato de partida: qué flota está obligada hoy a llevar VMS. La propia información del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) sobre el sistema de localización señala que deben llevarlo, con carácter general, los buques pesqueros de eslora igual o superior a 12 metros, con regímenes de exención en casos concretos para determinadas embarcaciones menores.

Eso deja fuera —por pura arquitectura del sistema— a una parte muy amplia del censo. Las cifras varían según la fuente y el año, pero el patrón es constante: la mayoría de los barcos españoles son de pequeña escala. Informes sectoriales y resúmenes estadísticos recientes sitúan en torno a tres de cada cuatro embarcaciones por debajo de 12 metros.

Con ese marco, la advertencia del sector se entiende: un mapa construido solo con VMS puede dibujar un mar “más vacío” de lo que realmente está en determinadas zonas, especialmente en áreas de artes menores, líneas, enmalle, marisqueo y actividades estacionales muy pegadas a costa.

Por qué importa ahora: eólica marina, POEM y el valor “probatorio” de los datos

La preocupación no se limita a un debate académico. La FNCP y la Plataforma conectan directamente la cartografía con el pulso regulatorio que viene: procedimientos competitivos, autorizaciones y planificación del espacio marítimo. El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) mantiene abierta la preparación normativa de las bases del primer procedimiento de concurrencia competitiva para instalaciones eólicas marinas, una pieza clave del despliegue futuro.

En paralelo, los Planes de Ordenación del Espacio Marítimo (POEM) —aprobados por real decreto y concebidos para ordenar usos y compatibilidades en cada demarcación marina— se han convertido en el tablero donde pesca, energía, biodiversidad y navegación compiten por encaje.

En ese contexto, el sector teme un escenario muy concreto: que, ante un proyecto eólico en una zona explotada históricamente por artes menores, la administración pueda responder que “no consta actividad pesquera significativa” porque no aparece reflejada en el mapa VMS. Su mensaje es tajante: una cartografía incompleta no debería servir como base para decisiones con efectos permanentes.

“Primero conocer toda la realidad. Después decidir”

El comunicado del sector no pide tirar el mapa a la papelera; al contrario, lo define como “un primer paso”. Pero exige que el paso siguiente sea corregir el sesgo de origen incorporando datos de la flota artesanal antes de que el mapa se use como soporte “definitivo” para nuevas decisiones de ordenación, autorizaciones o subastas.

Las reclamaciones se resumen en cuatro exigencias:

  1. Completar la cartografía con la flota artesanal, incorporando datos que representen la actividad real del conjunto del sector (no solo del segmento VMS).
  2. Blindaje jurídico efectivo de las zonas pesqueras: que las áreas identificadas como esenciales para la pesca (y citadas por el sector como ZAP/ZUP en el marco de la planificación) tengan protección vinculante frente a la eólica marina, evitando que queden expuestas a interpretaciones “no obligatorias”.
  3. Moratoria inmediata: paralización de nuevas subastas y freno a trámites en curso hasta contar con el mapa completo y un marco normativo “con garantías”.
  4. Convocatoria urgente de la Mesa de Trabajo de Eólica Marina y Pesca, para acordar hoja de ruta, metodología, transparencia y calendario.

Un factor que puede cambiar el tablero: la nueva normativa de control de la UE

Hay, además, un elemento que podría acelerar —si se gestiona bien— la solución técnica: la reforma europea del control pesquero. La Comisión Europea ha explicado que las nuevas reglas avanzan hacia el seguimiento de toda la flota, incluidos segmentos de menor eslora, con un despliegue progresivo en los próximos años.

Para las cofradías y la Plataforma, esa transición abre una oportunidad: si Europa camina hacia “más datos” y “más cobertura”, España debería usar ese horizonte para corregir cuanto antes el vacío de información que hoy penaliza a la bajura. El sector, sin embargo, insiste en que no basta con prometer que “ya se completará”: el problema, dicen, es qué decisiones se toman mientras tanto.

El debate de fondo: gobernanza, pruebas y equilibrio entre usos

El choque por el mapa de caladeros ilustra una tensión que irá a más: en la ordenación marítima moderna, los datos no solo describen la realidad, también la construyen. Lo que queda fuera de los sistemas de medición corre el riesgo de quedar fuera de las prioridades administrativas.

Por eso la FNCP y la Plataforma elevan el tono: si el 70–80% de la flota por número opera sin VMS en el esquema actual, la cartografía resultante —por útil que sea para un primer diagnóstico— no puede convertirse en el único “documento de verdad” para justificar compatibilidades, exclusiones o compensaciones.

El mensaje final del sector busca fijar una línea roja: no aceptar que la falta de datos equivalga a falta de derechos. Y trasladan una idea que, en el debate sobre eólica marina, se está convirtiendo en consigna: la transición energética no puede construirse sobre mapas incompletos.

La Comisión Europea lleva las algas al aula con Algae4Schools: un “toolkit” educativo que se probará en 2026

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La alfabetización oceánica suma una nueva pieza en la estrategia comunitaria de economía azul. La Comisión Europea, a través de su iniciativa EU4Algae (DG MARE), ha lanzado Algae4Schools, un programa que invita a centros educativos de toda la UE a co-crear el primer kit didáctico europeo sobre algas y a pilotarlo en el aula a lo largo de 2026.

El objetivo es ambicioso: introducir el mundo de las algas —desde su ecología y cultivo hasta sus usos alimentarios y como biomaterial emergente— en edades tempranas, con actividades que combinan ciencias, educación ambiental, arte y alimentación sostenible. El programa está dirigido a alumnado de 3 a 15 años, y la convocatoria se abre a infantil, primaria y primer ciclo de secundaria (equivalente a “middle school”).

Según la información publicada por la Comisión, el EU4Algae Schools Toolkit incluirá un manual para profesorado con contenidos científicos y propuestas prácticas, además de materiales imprimibles y recursos educativos online. El enfoque pretende ser transversal: junto a actividades de aula aparecen también componentes creativos y de consumo responsable, como recetas con algas y propuestas artísticas (incluidas instrucciones para tintas o pinturas basadas en algas, en algunos materiales divulgados).

Las escuelas seleccionadas no solo revisarán y testarán materiales: participarán en un proceso de co-creación, validación y mejora junto al equipo EU4Algae, de manera que el resultado final sea aplicable en contextos educativos diversos en toda la Unión.

Uno de los elementos más prácticos del programa serán las jornadas piloto de sensibilización, en las que los centros participantes recibirán productos de algas, materiales y herramientas para facilitar la experimentación y las dinámicas en el aula.
Además, cuando exista disponibilidad en el entorno, el programa contempla la posibilidad de visitas a granjas o instalaciones de producción para acercar al alumnado a la realidad de una cadena de valor que la UE quiere impulsar por su potencial en alimentación, sostenibilidad y bioindustria.

Calendario y criterios de selección: la convocatoria cierra el 9 de marzo

La convocatoria está abierta desde el 10 de febrero y el plazo de solicitud finaliza el 9 de marzo de 2026. La Comisión prevé seleccionar centros entre el 9 y el 20 de marzo, con una fase de co-creación entre marzo y junio. La experimentación en forma de jornadas de sensibilización se programará en otoño de 2026, antes de la distribución amplia del toolkit.

En la selección pesarán criterios como la motivación del centro, el equilibrio geográfico y el compromiso de participar en las sesiones y actividades piloto. La solicitud se tramita a través de la plataforma EUSurvey indicada por la Comisión.

Un proyecto sin financiación directa, pero alineado con la economía azul

Algae4Schools no prevé financiación directa para los centros, pero se integra en una agenda comunitaria más amplia: reforzar la cultura del mar, despertar vocaciones en bioeconomía y acuicultura y normalizar, desde edades tempranas, el conocimiento de recursos marinos con aplicaciones en alimentación, materiales y transición ecológica.

La apuesta tiene también lectura estratégica: el sector de las algas —todavía incipiente en buena parte de Europa— se perfila como un campo con oportunidades para la innovación, desde nuevos alimentos e ingredientes hasta bioproductos con menor huella ambiental. En esa línea, EU4Algae viene impulsando herramientas y espacios de intercambio para productores, industria y administraciones.

Cómo seguir la iniciativa

La Comisión anima a seguir la conversación en torno a #EU4Algae y a consultar el foro oficial donde se publican convocatorias y actualizaciones del programa

Europa fija la resiliencia al cambio climático en 70.000 millones al año y la costa como primera línea

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Las borrascas, inundaciones y temporales que en estos días castigan España y también puntos de Portugal y Francia no son una anomalía: son la postal de una Europa que se calienta más rápido y que, pese a los avances en mitigación, llega tarde a la adaptación. La Comisión Europea acaba de poner cifra al reto: alrededor de 70.000 millones de euros al año hasta 2050 —sumando sector público y privado— para reducir exposición y reforzar la resiliencia frente a riesgos climáticos cada vez más frecuentes e intensos. 

La dimensión nacional también impresiona: Francia necesitaría invertir cerca de 11.000 millones de euros anuales en adaptación, según el mismo marco de estimación divulgado en medios franceses.  Y si ampliamos el foco sectorial, la Agencia Europea de Medio Ambiente (EEA) sitúa los costes de adaptación para agricultura, energía y transporte en un rango de decenas a más de cien mil millones anuales hasta 2050, dependiendo de escenarios y medidas. 

El estudio encargado por la Dirección General de Acción por el Clima (DG CLIMA) —financiado con Horizon Europe— no habla de deseos, sino de necesidades de inversión con metodología común para UE y Estados miembros. Su principal conclusión es doble: hace falta multiplicar la financiación disponible y, a la vez, reconocer que la adaptación genera “co-beneficios” (desde reducción de riesgos a mejoras ecosistémicas que también ayudan a mitigar). 

La propia desagregación de los 70.000 millones es reveladora: unos 30.000 millones al año para infraestructuras, 21.000 millones para ecosistemas y 12.000 millones para seguridad alimentaria.  En clave “Europa Azul”, esas tres patas se traducen en algo muy concreto:

  • Infraestructuras: puertos, diques, escolleras, accesos, carreteras costeras, polígonos industriales litorales, redes eléctricas y de agua que sostienen la actividad marítima.
  • Ecosistemas: dunas, marismas, praderas marinas, humedales y soluciones basadas en la naturaleza que amortiguan temporales, capturan carbono y sostienen pesquerías.
  • Seguridad alimentaria: pesca y acuicultura como suministro estratégico, con stocks y granjas expuestos a olas de calor marinas, cambios de distribución de especies, enfermedades, episodios de hipoxia o daños por temporales.

Europa “no está preparada”: el aviso de los científicos y la economía del riesgo

La urgencia no es retórica. El Consejo Consultivo Científico Europeo sobre el Cambio Climático ha alertado de que la UE no está preparada para el agravamiento de impactos (inundaciones, calor extremo, incendios, tormentas), y que debe aumentar inversiones y planificar políticas pensando incluso en escenarios de calentamiento más elevados. 

El argumento económico es contundente: los eventos extremos ya están generando daños anuales de decenas de miles de millones, y además existe un problema estructural de cobertura: solo una parte minoritaria de las pérdidas está asegurada, lo que traslada el coste a familias, empresas y presupuestos públicos. 

En el litoral, donde conviven vivienda, turismo, puertos, industria, acuicultura y espacios protegidos, esa “economía del riesgo” se ve con claridad: un temporal fuerte no solo rompe paseos marítimos; puede paralizar descargas, dañar infraestructuras portuarias, cortar suministros, afectar a viveros y bateas, y disparar costes logísticos y de seguros.

La costa como prioridad: dónde se juega la competitividad de la Europa Azul

Para el sector marítimo, la adaptación no es un apéndice ambiental: es una póliza de continuidad operativa. Hay cuatro frentes inmediatos en los que la inversión europea puede marcar diferencia:

  1. Puertos resilientes (y asegurables)Elevación de cotas críticas, refuerzo de diques, rediseño de drenajes, redundancia energética, digitalización de alertas y protocolos de cierre/apertura. La adaptación también es “puerto inteligente”: sensores, predicción y mantenimiento preventivo para reducir paradas.
  2. Infraestructura natural como defensa costeraDunas restauradas, marismas recuperadas, praderas marinas protegidas: soluciones que amortiguan oleaje y reducen erosión, con beneficios para biodiversidad y pesquerías. En el balance coste-beneficio, cada vez pesan más frente a obra dura exclusivamente.
  3. Pesquerías y acuicultura frente a un mar cambiantePlanes de adaptación para flotas y comunidades pesqueras: cambios de distribución de especies, nuevos patrones de reclutamiento, más episodios extremos. En acuicultura, inversiones en selección genética, bioseguridad, sombreado, oxigenación, relocalización o rediseño de instalaciones.
  4. Gobernanza del riesgo y financiación privadaEl mensaje de Bruselas es claro: sin capital privado la cifra no sale. Y el capital privado, para entrar, pide métricas, proyectos bancables y marcos estables (permisos, planificación territorial, seguros, datos de riesgo).

¿De dónde puede salir el dinero?

La Comisión subraya que la financiación de adaptación actual es insuficiente y que la planificación presupuestaria debe integrar mejor riesgos y necesidades.  En la práctica, el “mix” europeo se jugará en varias palancas:

  • Presupuestos nacionales y regionales, con adaptación integrada en obra pública y servicios esenciales (agua, protección civil, transporte).
  • Fondos europeos (cohesión, programas climáticos, innovación) para cofinanciar infraestructuras y soluciones basadas en la naturaleza.
  • Banca pública y garantías (a escala UE/Estado) para reducir el coste del capital en proyectos de resiliencia.
  • Seguro y reaseguro, donde el reto es ampliar cobertura sin expulsar a territorios de alto riesgo del mercado.

Una oportunidad para España… si convierte la urgencia en cartera de proyectos

El informe de DG CLIMA destaca que Francia, Italia, Alemania y España figuran entre los países con mayores necesidades de inversión, en parte por tamaño geográfico y económico.  Para España, eso es un aviso y una oportunidad: el litoral es activo económico, pero también exposición. Convertir “daño recurrente” en programas de resiliencia (puertos, paseos, deltas, rías, marismas, infraestructuras de frío y logística pesquera) es la manera más directa de proteger empleo, turismo y cadena alimentaria marina.

El Mediterráneo y el Atlántico ibérico ya están ofreciendo señales: más temporales de gran impacto, erosión en tramos sensibles, estrés térmico marino, y presión sobre servicios públicos en episodios extremos. En ese tablero, la adaptación se parece menos a una política ambiental y más a una política industrial: la que decide qué puertos operan sin interrupciones, qué lonjas mantienen suministro y qué territorios sostienen su economía azul sin entrar en espiral de daños-ruina-reconstrucción.

Conclusión: la adaptación deja de ser “gasto” y se convierte en requisito de futuro

Setenta mil millones al año hasta 2050 pueden parecer una cifra inabordable. Pero el verdadero vértigo llega al comparar: cuánto cuesta no hacerlo, cuánto riesgo queda sin asegurar y cuánto se degrada la competitividad cuando el clima convierte cada invierno en una lotería logística y presupuestaria. Los científicos europeos ya hablan de falta de coordinación y de presupuesto; y Bruselas prepara una estrategia de resiliencia climática para ordenar el esfuerzo.

La industria comercializadora debe pasar del ‘pagar por estar’ al ‘pagar por vender’

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El retail media —la publicidad activada dentro del ecosistema del distribuidor (web, app, búsquedas internas, CRM, pantallas en tienda y, cada vez más, experiencias en punto de venta)— está dejando de ser una tendencia importada para convertirse en una variable estructural del gran consumo. Y en el sector pesquero y acuícola (conservas, congelado, ahumados, IV y V gama, listo para comer) el fenómeno toca el nervio: el instante real de la decisión, ese pasillo donde marca, marca propia, promoción y precio se disputan segundos.

El retail media es una estrategia publicitaria digital donde los minoristas (retailers) venden espacios publicitarios en sus propios sitios web, aplicaciones o tiendas físicas a marcas que desean promocionar sus productos. Permite a los anunciantes impactar a los consumidores directamente en el momento y lugar de compra, utilizando datos propios del minorista (first-party data) para lograr alta segmentación y medir el ROI con precisión. 

España ofrece un terreno especialmente sensible. La distribución alimentaria vive una competencia feroz, con un peso alto de la marca propia y un consumidor entrenado en comparar y optimizar la cesta. En 2025, la marca blanca alcanzó el 45,6% del consumo total y cadenas como Mercadona, Lidl y Aldi empujaron cuotas récord con surtidos muy dominados por enseñas propias. En ese tablero, el retail media emerge como una “segunda negociación”: además de conseguir hueco, hay que sostener rotación, visibilidad y conversión con herramientas (y presupuestos) cada vez más medibles… y también más exigentes.


El mapa español: quién tiene datos, quién tiene pantallas y quién tiene palancas

El retail media se alimenta de dos motores: audiencia identificable (datos de socio, app, e-commerce) y capacidad de activación (formatos digitales y físicos). En España, la foto es desigual:

  • Carrefour ha reforzado su ecosistema de fidelización (Club Carrefour) y su lógica de promociones personalizadas; parte del atractivo para marcas es precisamente esa relación “exposición → ticket”.
  • Eroski combina un club con vales y ofertas personalizadas y, además, ha apostado por tecnología de personalización para impulsar su programa de fidelización (NIQ Activate), una señal clara de madurez “data-driven”.
  • DIA empuja el ahorro a través de cupones personalizados en su Club Dia, un terreno natural para activaciones de categorías muy promocionales como congelado y conserva.
  • Alcampo ha sellado una alianza con Valiuz para potenciar su actividad publicitaria y acelerar el retail media con soluciones omnicanal.
  • En la capa in-store, España cuenta con operadores especializados: el crecimiento de in-Store Media (con fuerte presencia en formatos de tienda) ilustra hasta qué punto el punto de venta físico se ha convertido en inventario publicitario.
  • Y luego está el caso singular: Mercadona, líder en cuota, declara oficialmente que no tiene tarjeta de puntos. Eso limita las activaciones basadas en identidad del comprador tal y como se entienden en otros mercados, aunque no impide estrategias de visibilidad en tienda y presión comercial por surtido.

En paralelo, el sector se está profesionalizando: el Libro Blanco de Retail Media 2025 de IAB Spain constata la consolidación del ecosistema, la diversificación de formatos y el salto hacia un consumidor “phygital” (mitad app, mitad tienda).


Por qué el retail media importa tanto al “mar” (y no solo al marketing)

En productos del mar, el lineal es un filtro aún más duro que en otras categorías: el comprador quiere conveniencia, pero también confianza (origen, frescura percibida, seguridad alimentaria, sostenibilidad, recetas, ausencia de espinas, formatos familiares). La publicidad fuera de tienda puede crear marca, pero muchas veces llega tarde: la elección se hace frente al arcón, la nevera de ahumados o la estantería de conservas.

Ahí el retail media promete tres ventajas muy concretas para la industria pesquera:

  1. Llegar cuando el cliente decide: búsqueda interna (“atún”, “salmón”, “sin gluten”, “alto en proteína”), banners de categoría, cupones a compradores de pescado blanco para empujar pescado azul, etc.
  2. Medir con lógica comercial: el distribuidor ve el ticket, la repetición y la canibalización entre referencias.
  3. Defender el valor frente a la marca propia: si el 45,6% del consumo ya es marca blanca, la diferenciación no puede depender solo de “ser visto”; debe traducirse en rotación y preferencia.

Formatos que están ganando peso en España (y cómo usarlos en pesca)

Onsite (web/app del retailer):

  • Patrocinios de búsqueda y cabeceras de categoría (“conservas premium”, “congelado saludable”, “airfryer”).
  • Fichas de producto enriquecidas: vídeo corto de receta, sellos (MSC/ASC si aplica), origen y arte de pesca.

CRM y loyalty:

  • Cupones personalizados (muy eficaces para mover trial en nuevos formatos: lomos listos, poke, ensaladas con proteína marina).
  • Segmentación por “misión de compra”: familias, deportistas, seniors, compras grandes fin de semana.

In-store (tienda física):

  • Pantallas y señalética digital en accesos y pasillos fríos.
  • Activaciones en zonas de alto impacto: entrada, cabeceras de congelado, cruzadas con salsas, arroz, pasta, ensaladas preparadas.

Clave para el sector: no vender solo descuento. El producto del mar se defiende mejor cuando el mensaje resuelve una fricción (“rápido”, “sin olor”, “rico en omega-3”, “listo en 8 minutos”) y cuando la promoción está ligada a ocasión de uso (cena entre semana, táper, niños, deporte).


La trampa: puede ser acelerador… o peaje

El retail media funciona si es incremental. Si no separa con rigor lo que realmente añade ventas de lo que habría ocurrido igual (por promo en folleto, estacionalidad, disponibilidad, roturas, precio del competidor), se convierte en un coste nuevo difícil de sostener.

En España este riesgo es mayor por tres razones:

  • Alta sensibilidad al precio y presión promocional.
  • Dominio de marca propia y surtidos cortos en líderes del mercado.
  • Fragmentación territorial: lo que funciona en costa puede no funcionar igual en interior, y viceversa.

Condiciones para que “convenga” a una empresa pesquera

Un enfoque realista —especialmente para transformadores y marcas medianas— sería tratarlo como herramienta comercial y no como moda:

  • Objetivo único por campaña (trial, rotación, trade-up, defensa de cuota, reactivación).
  • Ventana temporal corta y comparable (4–6 semanas) y lectura pre/post con control.
  • KPIs de negocio, no solo de marketing: sell-out incremental, margen, repetición, cuota en categoría, caída/efecto en referencias vecinas.
  • Regla de oro: sin disponibilidad en lineal (y sin ejecución en tienda), el retail media “mide” frustración.

Qué debería pedir el sector a la distribución (y viceversa)

Si la industria del mar no quiere “sufrir” el retail media, tiene que entrar con exigencias claras:

  • Transparencia de métricas y metodología de incrementalidad.
  • Acceso a aprendizaje (qué segmento respondió, qué ocasión de compra se activó).
  • Paquetes omnicanal razonables: digital + tienda física, porque la compra de alimentación sigue siendo mayoritariamente presencial.

Y el retailer, si quiere que esto escale, necesita que las marcas aporten algo más que presupuesto: innovación de producto, consistencia de suministro, y mensajes que eleven la categoría (salud, conveniencia, recetas, reducción de desperdicio)