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jueves, febrero 12, 2026
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AENEAS diseña y valida baterías adaptadas a perfiles de buques reales

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El consorcio que ha desarrollado el proyecto europeo, en el que participa la Fundación SOERMAR, presentó en Bruselas sus principales resultados    

El proyecto europeo AENEAS, enmarcado en el programa Horizon Europe y en el que participa la Fundación SOERMAR, ha conseguido diseñar y validar soluciones de almacenamiento energético adaptadas a perfiles operativos reales de los buques. Los avances logrados fueron presentados durante el evento final y 3º Workshop de Stakeholders, celebrado el jueves en Bruselas, que marcó la recta final de esta iniciativa clave para el desarrollo de sistemas avanzados de almacenamiento energético aplicados al transporte marítimo y fluvial.

El encuentro reunió a socios industriales, centros tecnológicos, universidades y expertos del sector marítimo, que pudieron conocer de primera mano los principales resultados del proyecto, centrado en el desarrollo e integración de soluciones innovadoras para la electrificación parcial o total de buques.

El consorcio que participa en el proyecto explicó los avances técnicos alcanzados en el marco de AENEAS, principalmente el diseño y validación de baterías de estado sólido, supercondensadores y arquitecturas híbridas optimizadas para aplicaciones marítimas y fluviales.

AENEAS aborda uno de los grandes retos de la transición energética del transporte marítimo: mejorar la eficiencia energética, reducir las emisiones y reforzar la competitividad tecnológica europea, mediante soluciones de almacenamiento energético adaptadas a perfiles operativos reales de los buques.

SOERMAR, que es uno de los 14 integrantes del consorcio, ha desempeñado un papel destacado. Concretamente, ha liderado la Tarea 6.3 del Paquete de Trabajo 6, centrada en el impacto tecnológico y la explotación de resultados. Entre sus principales contribuciones se encuentran: el análisis del impacto tecnológico de las soluciones desarrolladas, la estructuración de modelos de negocio, la definición de la estrategia de explotación, y la gestión de la propiedad intelectual del proyecto.

Además, ha coordinado la elaboración de los planes de explotación a partir de los Key Exploitable Results (KERs), estableciendo marcos y guías para su futura aplicación industrial, transferencia tecnológica y desarrollo comercial.

Por otra parte, la entidad ha realizado un análisis internacional de patentes en vigor, evaluando el posicionamiento de las tecnologías desarrolladas frente al estado del arte global. Este trabajo ha permitido identificar oportunidades de diferenciación tecnológica, especialmente en la integración a nivel de sistema de soluciones de almacenamiento energético adaptadas a perfiles operativos reales, un ámbito aún poco cubierto por las patentes existentes.

Durante la sesión, los socios de AENEAS trabajaron, asimismo, en la coordinación de la documentación final, la consolidación de resultados y los aspectos de justificación técnica y económica, asegurando una finalización sólida del proyecto y sentando las bases para la continuidad futura de sus resultados.

UE–Marruecos reabre la vía pesquera para devolver la flota al mar en 2026

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Primer round técnico tras el mandato del Consejo: Sahara Occidental, tarifas y trazabilidad marcan un protocolo clave para 120 barcos

Las dársenas de varios puertos europeos vuelven a mirar hacia el sur con expectación. Este martes 27 de enero de 2026 se ha puesto en marcha en Rabat el primer round técnico de negociación entre la Unión Europea y Marruecos para renovar el protocolo de pesca que permita recuperar el acceso a las aguas atlánticas marroquíes. No se trata solo de un gesto diplomático: el proceso busca devolver certidumbre operativa a más de 120 buques comunitarios que siguen parados desde la expiración del acuerdo anterior.

El desbloqueo político llegó hace apenas una semana. El 20 de enero, el Consejo de la UE otorgó a la Comisión el mandato formal para negociar un nuevo Acuerdo de Partenariado de Pesca Sostenible (SFPA), un paso jurídico imprescindible para salir del impasse que se prolongaba desde hacía casi tres años. En el trasfondo pesa el giro legal provocado por las sentencias del Tribunal de Justicia de la UE, que en 2024 cuestionaron la validez de los pactos anteriores por las implicaciones vinculadas al Sahara Occidental.

Con el encuentro de Rabat comienza, por tanto, una carrera contra el reloj. La estrategia que se pone sobre la mesa se mueve en un “doble carril”: por un lado, blindar un acuerdo marco con vocación de continuidad; por otro, concretar un protocolo operativo que permita volver a emitir licencias con seguridad jurídica y con reglas alineadas con las nuevas exigencias del derecho internacional.

El nudo de la negociación: dinero, control y sostenibilidad

El diálogo no se prevé sencillo. Marruecos llega con una petición clara: revisar al alza las tarifas de acceso. Rabat argumenta la inflación global y el aumento de los costes de vigilancia marítima para justificar un mayor retorno financiero, en un contexto en el que el protocolo anterior superaba los 100 millones de euros.

La delegación europea, en cambio, pone el acento en la llamada “condicionalidad verde”. Bruselas estaría dispuesta a mantener el esfuerzo económico, pero vinculándolo a criterios estrictos de gestión del recurso y a una trazabilidad total de las capturas. Ese enfoque no solo busca responder a la presión social y normativa sobre la sostenibilidad: también apunta a reforzar el posicionamiento europeo en un tablero geopolítico donde, según se señala, Rusia ha consolidado intereses marítimos en la zona, elevando la competencia y estrechando el margen para las flotas comunitarias.

Qué cambiaría para la flota y la cadena de valor

El protocolo 2026, de cerrarse en los términos planteados, llegaría con novedades estructurales para armadores y operadores:

  • Digitalización: seguimiento satelital en tiempo real y diarios electrónicos de nueva generación.
  • Etiquetado de origen: mecanismos más robustos para identificar la procedencia del pescado, con modelos ya aplicados en otros sectores.
  • Blue Economy: cooperación que iría más allá del acceso al recurso, incluyendo investigación científica y protección de ecosistemas.

El calendario: firma en primavera, licencias en verano

El objetivo de las partes, si el proceso técnico avanza sin sobresaltos, es llegar a la firma del protocolo en primavera. Eso permitiría emitir las primeras licencias para la temporada de verano de 2026, reabriendo el flujo de producto atlántico marroquí hacia los mercados europeos bajo un marco que aspira a ser “indiscutible” en sostenibilidad y legalidad.

En definitiva, Rabat se convierte estos días en el epicentro de una negociación que mezcla pesca, derecho internacional y geopolítica. Para la UE, el reto será recuperar acceso y estabilidad para su flota sin repetir las fragilidades legales del pasado. Para Marruecos, equilibrar mayores compensaciones con un sistema de control y trazabilidad más exigente. Y para el sector, volver a faenar con reglas claras tras años de incertidumbre.

Países del Báltico y del Mar del Norte alertan de un “nuevo riesgo” para la navegación por interferencias satelitales

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Catorce Estados costeros, con Islandia, piden a banderas, puertos y navieras medidas ante el aumento de interferencias GNSS y la manipulación del AIS

Los Estados costeros del mar Báltico y del mar del Norte, junto con Islandia, han lanzado una advertencia formal a la comunidad marítima internacional ante el aumento de interferencias en los sistemas de navegación por satélite (GNSS) y la manipulación del Sistema de Identificación Automática (AIS), dos pilares tecnológicos de la navegación moderna. En una carta abierta dirigida especialmente a Estados de pabellón y de puerto, autoridades nacionales, registros de bandera, sociedades de clasificación, navieras, gestores, operadores y marinos, los firmantes reclaman reconocer estas prácticas como una amenaza directa a la seguridad marítima y actuar en consecuencia informe mar del norte.

El documento subraya que, tras más de tres décadas de evolución tecnológica, el transporte marítimo global se ha vuelto crecientemente dependiente de los datos de posición, tiempo y navegación proporcionados por satélite. Esa dependencia, señalan, ha aportado eficiencia, pero también una vulnerabilidad: el funcionamiento “preciso e ininterrumpido” de los GNSS ya no es un lujo técnico, sino un requisito crítico de seguridad, por su impacto tanto en la navegación como en la sincronización temporal de sistemas como el GMDSS (Global Maritime Distress and Safety System) informe mar del norte.

La carta sitúa el foco en un fenómeno que, según los Estados firmantes, se está intensificando en aguas europeas, “especialmente” en el Báltico: la interferencia GNSS, que atribuyen a la Federación Rusa, degradaría la seguridad de la navegación internacional y elevaría el riesgo para “todos los buques” informe mar del norte. A esa preocupación se suma la integridad del AIS, considerado esencial para la coordinación del tráfico, la conciencia situacional y la respuesta ante emergencias. La falsificación o el “spoofing” del AIS, advierten, socava seguridad y protección, aumenta el riesgo de accidentes y dificulta gravemente las operaciones de rescate informe mar del norte.

Ante este escenario, los firmantes plantean tres líneas de acción: reconocer oficialmente la interferencia GNSS y la manipulación AIS como amenazas; asegurar que los buques cuentan con capacidades y tripulaciones adecuadamente formadas para operar con seguridad durante cortes o fallos de navegación; y cooperar en el desarrollo de sistemas alternativos terrestres de radionavegación que puedan sustituir al GNSS cuando haya pérdida de señal o interferencias informe mar del norte.

El texto amplía el marco de riesgo y lo vincula a otro fenómeno que tensiona la gobernanza marítima: el incremento del uso de buques de la llamada “flota en la sombra” para eludir sanciones internacionales. Por ello, además del aviso tecnológico, la carta insiste en la necesidad de una aplicación “plena y coherente” de la normativa de la Organización Marítima Internacional (OMI) como base para mantener la seguridad, el funcionamiento del tráfico y la protección de la gente de mar y del medio marino informe mar del norte.

En esa línea, el documento exige que los buques que ejercen la libertad de navegación cumplan estrictamente con el derecho internacional aplicable y con convenios clave: COLREG (1972), SOLAS (1974), MARPOL, además de otros instrumentos OMI y el marco general de UNCLOS (1982) informe mar del norte. Entre los puntos destacados, recuerdan que un buque debe navegar bajo la bandera de un solo Estado y que usar banderas “según conveniencia” puede llevar a ser tratado como buque “sin nacionalidad” conforme al artículo 92 de UNCLOS informe mar del norte.

La carta desciende a exigencias operativas: documentación y certificación válidas (incluida la cobertura de seguro o garantía financiera conforme a los convenios de responsabilidad civil), sistemas de gestión de seguridad según el Código ISM (SOLAS IX), control del Estado de pabellón para impedir que buques no conformes salgan a la mar, y cumplimiento de obligaciones de guardia y vigía (STCW, SOLAS V/14 y Regla 5 de COLREG) informe mar del norte. También recalca que el AIS y el LRIT deben mantenerse en operación continua según SOLAS, y que los buques deben cooperar con los sistemas de notificación, VTS y rutas obligatorias adoptadas por la OMI, registrando en el cuaderno de bitácora cualquier desviación justificada informe mar del norte.

En materia ambiental, el documento recuerda obligaciones de reporte ante incidentes de descargas, la necesidad de llevar a bordo planes de emergencia por contaminación marina, planes de operaciones ship-to-ship y la prohibición de transferencias sin notificación suficiente y a tiempo al Estado ribereño cuando se realicen en su ZEE informe mar del norte.

Firman la carta Bélgica, Dinamarca, Estonia, Finlandia, Francia, Alemania, Islandia, Letonia, Lituania, Países Bajos, Noruega, Polonia, Suecia y Reino Unido. Con este frente común, los Estados costeros trasladan un mensaje claro: mantener la confianza en la navegación marítima exige algo más que tecnología; requiere responsabilidad, transparencia y decisiones rápidas para que el mar siga siendo seguro incluso cuando los sistemas fallan o son perturbados informe mar del norte.

Fuentes

El Basque Maritime Cluster acelera la descarbonización naval con una jornada sobre buque eléctrico y combustibles alternativos

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Navantia, Wärtsilä, H2SITE, Ingeteam y Cegasa comparten avances y retos en una reunión conjunta celebrada con visita a Tecnalia

La transición energética en el sector naval sumó este jueves un nuevo capítulo con la celebración de una reunión conjunta del Grupo de Trabajo de Buque Eléctrico y del Grupo de Descarbonización y Combustibles Alternativos, un encuentro impulsado en el marco del Basque Maritime Cluster para alinear a empresas, centros tecnológicos y entidades del ecosistema marítimo en torno a un objetivo común: avanzar hacia una flota más sostenible, eficiente y segura.

La jornada reunió a especialistas de referencia que abordaron, desde distintos ángulos, el mapa de soluciones que empieza a perfilar la próxima generación de buques. La electrificación, la hibridación, el uso de amoniaco o la arquitectura eléctrica a bordo dejaron de ser conceptos de futuro para presentarse como líneas de trabajo ya en marcha, con implicaciones directas en diseño, operación y mantenimiento.

Por parte de Navantia, Gema Blanco Montes expuso los retos y perspectivas que plantea la electrificación y el despliegue de combustibles alternativos en el ámbito de la defensa naval, un segmento donde las exigencias de fiabilidad, autonomía y seguridad condicionan cada decisión tecnológica. En esa misma línea aplicada a buques de defensa, Jesús M. Puelles ( Wärtsilä ) profundizó en alternativas de combustible y soluciones híbridas, uno de los caminos más realistas para recortar emisiones sin comprometer prestaciones en misiones complejas.

La dimensión “cero emisiones” tuvo protagonismo con la intervención de Eduardo Briales Palacios, PhD ( H2SITE ), centrada en tecnologías de craqueo y pilas de combustible basadas en amoniaco, un vector que gana interés por su potencial para almacenar y transportar energía sin carbono, aunque exige resolver desafíos de seguridad, eficiencia y disponibilidad a escala. A nivel de sistemas eléctricos de a bordo, Oier Urrutia Madariaga ( Ingeteam ) analizó soluciones de distribución centralizada en corriente continua, un enfoque que cobra peso en buques eléctricos por su capacidad para optimizar la integración de fuentes, cargas y almacenamiento.

El bloque tecnológico se completó con Miguel Encabo ( Cegasa Energía ), que presentó avances en baterías orientadas a buques híbridos y eléctricos, una pieza clave tanto para reducir consumo como para gestionar picos de demanda y mejorar la eficiencia global de la planta propulsora y de los servicios a bordo.

Además de las ponencias, la jornada incluyó una visita a las instalaciones de Tecnalia Research & Innovation, donde los participantes pudieron conocer desarrollos que, según los organizadores, marcarán el futuro del sector. La visita reforzó el enfoque del encuentro: conectar la agenda industrial con la capacidad científica y tecnológica del territorio, acortando el camino entre investigación, prototipo y aplicación real en buques.

Desde el Basque Maritime Cluster, el mensaje de fondo fue el valor de la colaboración para afrontar un reto que no se resuelve con una única tecnología. La descarbonización del transporte marítimo —y especialmente de segmentos como el naval de defensa, con requisitos muy específicos— exige combinar baterías, sistemas híbridos, nuevos combustibles, digitalización, rediseño de arquitecturas eléctricas y un marco regulatorio que acompañe.

En ese cruce de caminos, encuentros como el celebrado hoy funcionan como un “laboratorio colectivo”: ponen en común avances, detectan cuellos de botella y ayudan a que empresas y centros tecnológicos compartan una hoja de ruta que acelere la transición energética sin perder competitividad. En un sector donde cada solución debe probarse, certificarse y operar con garantías, la cooperación se consolida como la herramienta más eficaz para convertir el objetivo de “cero emisiones” en ingeniería, y la ingeniería en realidad.

Damanaki y los pescadores chipriotas piden aplicar la norma vigente y no reabrir una reforma “que ya funciona”

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La Política Pesquera Común (PPC) vuelve a colocarse en el centro del debate europeo, pero no por falta de herramientas, sino por una brecha persistente entre lo que se aprueba en Bruselas y lo que ocurre “en el agua”. Esa es la tesis que defienden Maria Damanaki, excomisaria europea de Asuntos Marítimos y Pesca, y Christodoulos Charalambous, presidente de la Asociación de Pescadores Profesionales de Chipre, en un texto que lanza un aviso directo a la UE: reabrir ahora la PPC puede ser un error, porque el problema no está en la ley, sino en su aplicación desigual.

Los autores parten de una frase que resume su diagnóstico: “Las leyes que existen solo sobre el papel no logran nada”. Más de una década después de la última gran reforma (2013), sostienen que el marco actual es “adecuado” y capaz de ofrecer pesquerías sostenibles cuando se aplica con rigor. El fracaso, subrayan, se ve en el compromiso legal de poner fin a la sobrepesca en 2020, un plazo que, según recuerdan, no se ha cumplido.

El argumento se vuelve especialmente visible en el Mediterráneo, que describen como el mar “más sobreexplotado del mundo”, y en países como Chipre y Grecia, donde la presión se agrava por los efectos acelerados de la crisis climática y la expansión de especies invasoras. En ese escenario, la pesca artesanal vive el impacto en primera línea: menos capturas, mayores costes y una incertidumbre que dificulta sostener el oficio. Pero, según el texto, los pescadores no piden “reglas más débiles” ni una nueva política: piden inspección efectiva, cumplimiento real y apoyo de las autoridades nacionales.

Frente a las voces que promueven reabrir la PPC para “modernizar flota” y “reducir burocracia”, Damanaki y Charalambous advierten del riesgo de repetir errores del pasado. Recuerdan que la combinación de exceso de capacidad y controles débiles llevó a stocks al borde del colapso y obligó a correcciones costosas en dinero público y empleos. Y alertan de que una nueva reforma abriría un periodo largo de incertidumbre legislativa justo cuando el sector necesita estabilidad para atraer a una nueva generación: si Europa retrasa la acción, sostienen, corre el riesgo de vaciar economías costeras y perder relevo profesional.

Para sostener que la PPC “funciona cuando se aplica”, citan mejoras reflejadas en evaluaciones comunitarias: en el Atlántico Nororiental, la proporción de poblaciones sometidas a sobrepesca habría caído de alrededor del 40% en 2013 a algo más del 22% en 2025; en el Mediterráneo, del 70% al 51% en ese mismo periodo. Según los autores, esos avances se asocian a la aplicación de límites de captura basados en ciencia, restricciones de esfuerzo y controles de capacidad previstos por la PPC.

También aportan una lectura socioeconómica: las flotas comunitarias se habrían vuelto más eficientes y rentables, con salarios por pescador a tiempo completo creciendo “más de una cuarta parte” desde 2013. Y recuerdan que la propia Comisión, en una comunicación de 2023, concluyó que la PPC sigue siendo un marco legal adecuado, situando la carencia principal en la ejecución y el cumplimiento.

En ese contexto, el texto pone el foco en un momento político concreto: la Presidencia chipriota del Consejo de la UE. Para los autores, es una oportunidad —y una responsabilidad— para orientar el debate hacia “hacer que las reglas existentes funcionen en la práctica” en lugar de abrir un nuevo ciclo legislativo. Ahí, dicen, se medirá la credibilidad de la política pesquera: si los plazos incumplidos no tienen consecuencias y las normas pactadas se tratan como opcionales, se erosiona la confianza del sector y se prolonga la fragilidad.

La conclusión es un llamamiento a la coherencia: la UE “no fue concebida para generar procesos interminables”, sino para ofrecer soluciones comunes y cumplir compromisos. La PPC ya contiene el principio central —“stocks sanos como base de pesquerías viables”— y, rematan, sostenibilidad y medios de vida avanzan juntos o no avanzan. La prueba, sostienen, no está en redactar otra vez la norma, sino en ejecutar la que ya existe con voluntad política y controles consistentes.

España cosecha apoyos para “flexibilizar” el control pesquero, pero la UE avisa contra atajos unilaterales

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El estreno de las nuevas obligaciones del Reglamento de Control —y del sistema CATCH para importaciones— abre una batalla política entre simplificación y rigor, mientras la UE busca respuesta frente a la caballa del Atlántico Norte y el “efecto estrangulamiento” en el Mediterráneo.

Bruselas vivió el lunes 26 de enero un Consejo de Ministros de Agricultura y Pesca (Agrifish) atravesado por un mismo nervio: cómo endurecer y modernizar la vigilancia —en el mar, en puerto y en frontera— sin convertirla en una carga imposible para una flota diversa, con especial impacto en segmentos artesanales y mixtos.

En el apartado pesquero, España llevó al debate una preocupación que ya se ha extendido por los muelles desde la entrada en vigor, el 10 de enero, de nuevas exigencias vinculadas al diario de pesca y al margen de tolerancia. El ministerio español explicó que el objetivo no es cuestionar el “pilar” que representa el Reglamento de Control, sino ajustar su aplicación a la realidad operativa y evitar que errores menores acaben castigados como infracciones graves. 

El umbral de los 50 kilos: la propuesta española

El ministro Luis Planas intervino en nombre de una alianza de Estados miembros (entre ellos Bélgica, Chequia, Francia, Letonia, Polonia y Portugal) para pedir cambios que aporten “claridad y flexibilidad”. La idea central: mantener la obligación de registrar capturas desde el “kilo cero”, pero despenalizar desviaciones o errores de estimación en cantidades pequeñas —por debajo de 50 kilos por especie—, de modo que no se consideren incumplimiento y, sobre todo, no se califiquen como infracción grave. 

En la documentación elevada al Consejo se subraya un argumento que conecta con lo que trasladan patrones y tripulaciones: el incremento del detalle administrativo “no es proporcional” al riesgo real, puede disparar incumplimientos no intencionados y, en condiciones reales de pesca, distraer al capitán de su responsabilidad principal, la seguridad de la navegación. 

Bruselas aprieta: soluciones “dentro del marco vigente”

El choque no es solo técnico, sino político. La Comisión insiste en que la reforma del control fue fruto de años de negociación y que existen periodos de transición para adaptarse. En ese marco, el mensaje comunitario a los Estados miembros —y especialmente a quienes buscan alivios inmediatos— es claro: las excepciones “por la cuenta propia” pueden chocar con el reglamento y los tratados, abriendo la puerta a incumplimientos.

A la vez, el Consejo deja constancia de que el debate de “controles de importación” también está en plena ebullición: durante un almuerzo informal, los ministros abordaron el lanzamiento de una nueva task force para mejorar la aplicación y coordinación de esos controles, y la Comisión defendió reforzarlos incluso en origen, en terceros países, para sostener seguridad alimentaria y “level playing field”. 

CATCH: el nuevo “cierre” digital a la pesca ilegal… y una prueba de estrés

La discusión sobre control llega, además, con un gran cambio ya activado en frontera: CATCH, el certificado digital de captura para productos pesqueros que entren en la UE, obligatorio desde el 10 de enero. Bruselas lo presenta como el relevo del sistema en papel para armonizar y hacer más eficaz el control, mejorar la trazabilidad y frenar la pesca ilegal (INDNR), en un mercado donde el peso de las importaciones es decisivo en el consumo europeo. 

Precisamente por eso, el arranque operativo del sistema se ha convertido en un termómetro: si la digitalización funciona, reduce trámites; si falla, bloquea mercancías perecederas y tensiona puertos, operadores y cadenas de suministro. La Comisión defiende que, a medida que se pueble de datos, CATCH acelerará procedimientos y reducirá cargas para los operadores. 

Caballa del Atlántico Norte: “acción urgente” frente a cuotas unilaterales

El Agrifish también miró al Atlántico Nororiental, donde la caballa vuelve a convertirse en símbolo de la “doble velocidad” entre la UE y algunos socios ribereños. Irlanda llevó al Consejo —con apoyo de Polonia y Letonia— una petición formal de respuesta urgente ante terceros países que, según denuncian, fijan cuotas unilaterales y ponen en riesgo la sostenibilidad del stock y el futuro del pelágico europeo. 

En su nota, esos Estados recuerdan que el 15 de diciembre de 2025 cuatro “coastal states” pactaron un TAC de caballa que, a su juicio, ignora el consejo científico “headline” del ICES y deja a la UE fuera pese a su condición de actor clave. También reclaman explorar herramientas jurídicas disponibles, incluida la Unsustainable Fishing Regulation (UE) 1026/2012, y apoyos de emergencia vía EMFAF para amortiguar el golpe sobre comunidades dependientes. 

En paralelo, Planas situó el debate en términos de “igualdad de condiciones”: sanciones o ajuste de umbrales para que quien cumple no quede penalizado frente a decisiones unilaterales. 

Mediterráneo: revisar el plan occidental y evitar el “choke effect”

El tercer gran frente pesquero fue el Mediterráneo. España y Francia reclamaron mejorar el WestMed MAP (plan plurianual para demersales del Mediterráneo occidental) al advertir de problemas en pesquerías mixtas cuando la gestión se “ancla” en la especie más vulnerable, generando el llamado efecto estrangulamiento. El documento pide a la Comisión una propuesta legislativa en el primer trimestre de 2026, para llegar a tiempo antes del Consejo de diciembre de 2026 que fijará oportunidades de pesca para 2027. 

La tesis: una revisión que refleje mejor las realidades del Mediterráneo y equilibre sostenibilidad y socioeconomía, reforzando además la base científica para reducir incertidumbres en el asesoramiento. 

Un Consejo que anticipa más pulso en 2026

El Agrifish dejó, en definitiva, una fotografía de alto voltaje para el primer semestre de 2026: digitalización acelerada, debate sobre proporcionalidad y seguridad a bordo, presión por coherencia entre flota comunitaria e importaciones, y una geopolítica de cuotas (caballa) que obliga a la UE a decidir si pasa de la diplomacia a la palanca comercial.

Para España, el reto inmediato será convertir el apoyo político cosechado en Bruselas en cambios concretos —actos delegados, guías de aplicación o modificaciones normativas— sin cruzar la línea roja que marca la Comisión: la de la unilateralidad.

Tratar de ganar margen

Pesca publica en el BOE la resolución que flexibiliza el diario electrónico tras los amarres y el pulso en los puertos. Entra en vigor el 24 de enero y España llevará el debate a Bruselas el día 26.

La tensión que desde hace semanas recorre los muelles del litoral español —con amarres, cierres de lonjas y concentraciones como la de Ribeira del 19 de enero— encontró este viernes, 23 de enero de 2026, su primera respuesta oficial. La Secretaría General de Pesca formalizó en el Boletín Oficial del Estado una batería de medidas que aterrizan el reglamento europeo de control a la operativa real de la flota de bajura, especialmente la que trabaja cerca de puerto, con jornadas cortas y capturas muy variadas.

La clave del cambio, que entra en vigor el 24 de enero, se resume en una idea que el sector llevaba días repitiendo en voz alta: menos burocracia en el mar y más precisión cuando el barco ya está amarrado. A partir de ahora, los pesqueros de entre 12 y 15 metros ya no tendrán que pesar ni contar con exactitud en el diario electrónico las especies que no superen los 50 kilos en total. Bastará con estimar y registrar esas cantidades. Eso sí, el ajuste fino se traslada al muelle: la declaración de desembarque deberá recoger “la cifra correcta” por especie una vez la pesca esté efectivamente pesada.

El segundo giro responde a una queja tan práctica como delicada: la seguridad. Hasta ahora, el reglamento empujaba a anotar capturas tras cada lance, una exigencia que, en barcos con dos, tres o cuatro tripulantes, obliga a dividir la atención entre maniobras, navegación y papeleo. La resolución permite cumplir la obligación registrando “al menos una vez al día”, antes de la entrada a puerto o el lugar de desembarque. En la práctica, el patrón podrá cerrar la jornada administrativa cuando la faena lo permita, sin convertir cada virada en una carrera contra la pantalla.

También cambia el reloj de la notificación previa. La norma comunitaria fija, con carácter general, un aviso de llegada al muelle con cuatro horas de antelación. España argumenta que esa regla encaja mal con una flota que opera a poca distancia del puerto y cuyas mareas, a menudo, duran menos que ese margen. Por eso, autoriza que los buques afectados comuniquen cuánto pescado llevan y su hora prevista de atraque en el momento en que pongan rumbo a puerto, dejando abierta la posibilidad de modificar las capturas notificadas hasta antes de llegar. La exención, sin embargo, no se aplica a buques españoles de eslora igual o superior a 12 metros que realicen arrastre en el Golfo de Cádiz o en aguas de Portugal.

En el trasfondo de esta resolución late otra de las líneas rojas que encendieron el conflicto cuando, el 10 de enero, entró en vigor una nueva fase de los controles aprobados a finales de 2023: declarar por separado todos los peces, con un margen de error del 20 %. En la bajura, donde una misma marea mezcla especies y tamaños en cantidades pequeñas, la frontera entre un cálculo razonable y una sanción era demasiado fina. El ministerio incorpora aquí una válvula de alivio: si los ejemplares de una especie, en conjunto, no pasan de 50 kilos (en equivalente de peso vivo), la inexactitud dentro del margen de tolerancia no será constitutiva de infracción. Aun así, el muelle vuelve a ser el lugar donde no hay escapatoria: la declaración de desembarque deberá reflejar el peso real por especie.

El Gobierno presenta la resolución como cumplimiento del acuerdo alcanzado el 19 de enero con Cepesca y la Federación Nacional de Cofradías de Pescadores (FNCP), pacto que ese mismo día llevó a suspender las movilizaciones convocadas. Pero el movimiento en los puertos no se ha apagado del todo. De forma paralela a esta flexibilización, se extiende un discurso que la considera insuficiente y reclama una exención más amplia del diario electrónico para la bajura, al entender que la carga administrativa sigue siendo desproporcionada para flotas pequeñas.

Con el conflicto aún caliente, el ministerio añade un capítulo político inmediato: el lunes 26 de enero, en el Consejo de Ministros de Agricultura y Pesca de la Unión Europea en Bruselas, España presentará una propuesta para modificar el reglamento y dotar al régimen de control de “mayor claridad y flexibilidad”, alineada con la operativa de la flota. En su comunicado, el ministro Luis Planas reivindica un equilibrio entre control riguroso y certidumbre para faenar con eficacia.

En los muelles, mientras tanto, la lectura es más terrenal: el pescado podrá pesarse donde siempre se pesó —en tierra—, el cuaderno digital se escribirá sin jugarse una maniobra por teclear, y el aviso al puerto se ajustará al tiempo real de navegación. La bajura no da por cerrado el debate, pero al menos, desde este 24 de enero, deja de sentirse obligada a contar peces como quien cuenta minutos.

Un estudio de Oceana detecta que el 77% de los platos de pescado y calamar estaban mal etiquetados o sin información clave

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Un estudio de Oceana con análisis de ADN detecta que el 77% de los platos de pescado y calamar muestreados en restaurantes estaban mal etiquetados o sin información clave, incluso en comedores de la Comisión y el Parlamento Europeo.

Diez años después de su primera gran investigación sobre el etiquetado engañoso de marisco y pescado en la capital comunitaria, Oceana vuelve a poner a Bruselas frente al espejo. La organización ha analizado con métodos de ADN platos de pescado y calamar servidos en restaurantes —incluidos los comedores de la Comisión Europea y del Parlamento Europeo— y concluye que la información que recibe el consumidor sigue siendo, con demasiada frecuencia, insuficiente, imprecisa o directamente falsa.

En 2015, en colaboración con la Universidad de Lovaina, Oceana muestreó 280 platos en restaurantes de Bruselas y halló un 30% de muestras mal etiquetadas. El caso más llamativo fue el del atún rojo: el 95% de las veces en que se ofrecía bluefin tuna (Thunnus thynnus), el ADN revelaba especies más comunes y baratas como el atún aleta amarilla (Thunnus albacares) o el patudo (Thunnus obesus).

Una década más tarde, dentro de un estudio de mayor alcance junto a la Universidad de Pisa, Oceana recogió 30 platos de pescado en 26 restaurantes de Bruselas, incluyendo de nuevo los comedores de las instituciones europeas. El resultado, según el informe, es “impactante”: la tasa total de mal etiquetado alcanza el 77%, un porcentaje que la organización atribuye, sobre todo, a la persistencia del problema con el atún.

El atún, epicentro del engaño: “atún rojo” como respuesta automática

El patrón se repite con una precisión casi mecánica: el 88% de las muestras de atún estaban mal etiquetadas. El informe describe un fenómeno revelador en sala: cuando el menú no especifica la especie de atún y el personal es preguntado, suele recurrir al nombre más conocido y “prestigioso” para el cliente: atún rojo.

Pero el ADN cuenta otra historia. De lo que el consumidor cree pedir como bluefin tuna, solo una fracción mínima coincide:

  • 9% resultó ser realmente atún rojo (Thunnus thynnus).
  • 68% fue atún aleta amarilla (Thunnus albacares).
  • 14% fue patudo (Thunnus obesus).
  • Y también aparecieron sustituciones por salmón atlántico (Salmo salar) y pez espada (Xiphias gladius), ambos con un 5%.

El informe añade un detalle económico que ayuda a entender el incentivo: los platos “vendidos” como atún rojo pero que no lo eran costaron de media unos 15 euros, mientras que los pocos platos que sí eran auténtico atún rojo rondaron los 28 euros. Precio de lujo, etiqueta de lujo… pero producto distinto.

También en las instituciones: merluza europea presentada como otras especies

Aunque el foco principal fue el atún, Oceana muestreó otras especies en los comedores del Parlamento y la Comisión. Allí, los menús mostraban etiquetas relativamente detalladas (nombre común y/o científico), pero aun así se detectaron fallos: dos de seis muestras estaban mal identificadas. En ambos casos, el ADN halló merluza europea (Merluccius merluccius), pero el plato se anunciaba como abadejo de Alaska (Theragra chalcogramma) y como blue grenadier (Macruronus novaezelandiae).

“Calamar” sin apellidos: opacidad total en 34 restaurantes

La segunda parte del estudio se centra en un clásico de la hostelería: el “calamar”. El informe recuerda algo básico que rara vez se traslada al consumidor: “calamar” no es una especie, sino un grupo con más de 300 especies, con biología, procedencias y estados de conservación muy diferentes. Y ahí, la falta de trazabilidad se vuelve especialmente sensible porque algunas cadenas de suministro globales se han asociado a pesca ilegal y a abusos de derechos humanos en determinados segmentos de flota.

Oceana muestreó platos de calamar en 34 restaurantes de Bruselas, incluidos los comedores de las instituciones. El dato más contundente es casi periodístico por sí solo: ni un solo establecimiento fue capaz de decir qué especie de calamar estaba cocinando y sirviendo.

El ADN, en cambio, sí tuvo respuesta. En la mayoría de casos en forma de anillas rebozadas, el 55% correspondía a calamar gigante de Humboldt (Dosidicus gigas), una especie cuya presencia mayoritaria y sin etiquetar el informe considera “especialmente preocupante” por los riesgos que se han documentado en algunas pesquerías relacionadas.

El resto se repartió entre especies como:

  • Calamar argentino (Illex argentinus) (10%)
  • Calamar europeo (Loligo vulgaris) (10%)
  • Purpleback flying squid (Sthenoteuthis oualaniensis) (6%)
  • Indian squid (Uroteuthis duvaucelii) (6%)
  • Swordtip squid (Uroteuthis edulis) (6%)
  • Otras especies con porcentajes menores (3%).

La grieta legal: los restaurantes “se caen” del etiquetado

La conclusión del informe es dura: la situación no parece haber mejorado. Productos como el “atún rojo” se “maletiquetan” casi de forma sistemática; otros como “calamar” se ofrecen sin información esencial de especie u origen.

Oceana apunta a un problema estructural: la normativa europea de información al consumidor y etiquetado de productos pesqueros no obliga a los restaurantes a proporcionar datos sobre la especie ni su procedencia. Esa laguna, sostiene, se traduce en menús ambiguos, respuestas erróneas del personal y un mercado donde el consumidor compra a ciegas.

El informe recuerda además la dimensión del canal horeca: restaurantes, cafeterías y hoteles concentran alrededor del 30% del marisco y pescado consumido en la UE, pero los mecanismos de transparencia en ese ámbito “son inexistentes” o insuficientes. La consecuencia, en cascada, es doble: el consumidor no puede elegir con criterio (por sostenibilidad, salud, alergias, ética o precio), y productos de origen dudoso pueden colarse en el mercado, chocando con la “tolerancia cero” europea frente a la pesca ilegal y con los esfuerzos por reducir riesgos en derechos humanos en las cadenas de suministro.

La receta que propone Oceana es clara: extender las obligaciones de etiquetado y transparencia —especie y origen, como mínimo— al sector de la restauración y el catering. Sin esa reforma, advierte el informe, Bruselas seguirá sirviendo en sus mesas una paradoja incómoda: más control sobre el papel, pero demasiada oscuridad en el plato.

Millán Mon demanda un paquete legislativo específico de simplificación para la pesca

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AFET - Confirmation hearing of Kaja KALLAS, European Commissioner-designate for Foreign Affairs and Security Policy

El eurodiputado gallego pide corregir la propuesta del Marco Financiero Plurianual, que reduce en un 67% los fondos destinados a la pesca

El eurodiputado del Partido Popular de Galicia Francisco Millán Mon intervino hoy en la Comisión de Pesca del Parlamento Europeo durante el intercambio de puntos de vista con la ministra chipriota de Agricultura, Desarrollo Rural y Medio Ambiente Maria Panayiotou, en el marco del inicio de la Presidencia de Chipre del Consejo de la Unión Europea.

Millán Mon celebró que uno de los objetivos prioritarios de la Presidencia sea garantizar la competitividad de los sectores pesqueros, pero advirtió de que la propuesta de la Comisión Europea para el próximo Marco Financiero Plurianual 2028-2034 (MFP) es «inasumible y totalmente intolerable», al eliminar el FEMPA y recortar en un 67% los fondos europeos destinados a la pesca.

«Espero que esta situación pueda corregirse y que, como colegisladores, podamos remediarla. Desde el Consejo espero la mayor colaboración», señaló.

Millán Mon insistió en que la simplificación normativa «debe aplicarse también a la pesca» y reclamó para ello un paquete legislativo específico («ómnibus»).

En este sentido, afirmó que la implementación del Reglamento de Control plantea problemas como, por ejemplo, la obligación de registrar en el cuaderno electrónico capturas desde el primer kilo, una medida que «se está revelando como inaplicable, especialmente en pesquerías mixtas». En este punto, mencionó las recientes movilizaciones del sector pesquero durante esta última semana en España y, en especial, Galicia, y defendió excluir de los cuadernos diarios las capturas inferiores a 50 kilos.

El eurodiputado popular recordó que en el Consejo de Agricultura y Pesca (AGRIFISH) celebrado ayer en Bruselas, varios ministros, entre ellos el español, expresaron su preocupación y coincidieron en que esta obligación es «simplemente imposible de aplicar».

También preguntó a la ministra Panayiotou si la Presidencia Chipriota está dispuesta a incluir el Reglamento de Control en un «ómnibus» de simplificación.

Por otro lado, Millán Mon hizo referencia al Reglamento de Acceso a Aguas Profundas, cuyo impacto «está haciendo daño a varios países, especialmente España». Reiteró que la exclusión de la pesca de palangre es «totalmente imprescindible».

El eurodiputado popular también mencionó el Reglamento del Plan para el Mediterráneo Occidental. «Es necesario modificarlo. No valen paños calientes. Los recortes de muchos días son inasumibles para el sector». Solicitó que esta reforma se incluya igualmente en el paquete legislativo «ómnibus».

Finalmente, Millán Mon pidió a la Presidencia Chipriota del Consejo de la UE que «impulse a la Comisión Europea a presentar el ómnibus legislativo cuanto antes».

Los aranceles golpean al comercio mundial de productos del mar de India

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Menos capturas, desembarcos irregulares, acuicultura más frágil y escasez de mano de obra obligan a replantear compras y contratos

La industria pesquera india atraviesa una fase de transformación que ya no se queda en sus costas: empieza a notarse en el pulso del comercio internacional de productos del mar. Para quienes operan en el import-export, India deja de ser solo un origen relevante y se convierte en un mercado que exige lectura fina de riesgos, oportunidades y, sobre todo, de capacidad real de suministro.

En los últimos años, la disponibilidad de producto procedente de la pesca extractiva en el mar ha caído de forma progresiva. El diagnóstico que manejan los operadores se repite: sobreexplotación, contaminación marina y cambio climático están alterando el equilibrio de los ecosistemas y, con ello, una pieza clave del negocio: la previsibilidad. Donde antes existían campañas relativamente estables por especies —útiles para programar turnos, compras y embarques— ahora domina la incertidumbre.

Desembarcos imprevisibles y cadenas que se desajustan

La principal consecuencia para transformadores y exportadores es la irregularidad de los desembarcos. En el día a día, puede ocurrir que durante jornadas enteras no entre volumen significativo de una especie, mientras que, de forma repentina, se concentran llegadas puntuales y breves —el texto pone como ejemplo el calamar— que no garantizan continuidad para organizar la producción.

Ese vaivén tiene un efecto directo en la logística: en un comercio que necesita volúmenes constantes y estandarizados, la imposibilidad de llenar un contenedor con producto homogéneo se convierte en un problema operativo serio. Y cuando la materia prima es discontinua, también se resiente la parte comercial: cuesta más cumplir plazos, respetar cantidades pactadas y sostener la regularidad que exigen compradores y distribuidores internacionales.

Dicho de otro modo: si el origen no puede prometer estabilidad, el importador ajusta condiciones, pide más flexibilidad o busca alternativas.

La acuicultura, solución… y ahora también vulnerabilidad

Durante alrededor de quince años, la acuicultura funcionó como respuesta eficaz a muchas de estas tensiones. El despegue del camarón vannamei en India aportó volumen, regularidad productiva y un claro sesgo exportador, con el mercado estadounidense como destino principal.

Pero ese modelo, según el análisis, muestra señales de fragilidad. La razón no es biológica, sino comercial: los nuevos aranceles impuestos por Estados Unidos han golpeado la competitividad del producto indio y empujan a empresas a revisar estrategias y explorar mercados alternativos. El mensaje para el mercado global es evidente: cuando el gran cliente cambia las reglas, toda la cadena reordena rutas, precios y prioridades.

El factor humano: falta de mano de obra en las plantas

A la presión ambiental y arancelaria se suma un frente menos visible, pero decisivo: la disponibilidad de mano de obra. La rápida expansión económica de India abre oportunidades en sectores más atractivos para las nuevas generaciones —comercio, servicios, tecnología— y deja a las plantas de transformación en una posición difícil. El trabajo en entornos fríos y exigentes, con ritmos intensos, atrae cada vez menos personal, lo que amenaza la continuidad productiva.

Para una industria que vive de cumplir programas de procesado y embarque, esa falta de trabajadores se traduce en un riesgo tan serio como la irregularidad de capturas: si no hay manos, no hay producto listo a tiempo.

Una advertencia para el import-export: contratos más flexibles y más orígenes

Desde la perspectiva de quienes llevan décadas en el comercio mundial del pescado, la conclusión es clara: gestionar hoy una industria transformadora en India es una tarea compleja y, probablemente, aún más exigente en los próximos años si no hay medidas estructurales. El texto apunta tres palancas: mejor gestión de recursos marinos, políticas ambientales más eficaces y una diversificación real de mercados de destino para reducir exposición a shocks arancelarios.

Para los operadores internacionales, la evolución india obliga a una reflexión estratégica inmediata. La lista de prioridades se está reescribiendo: fiabilidad de suministro, flexibilidad contractual, diversificación de orígenes y vigilancia constante de cambios normativos y comerciales. En un mercado global cada vez más inestable, India seguirá siendo un actor clave, pero ya no se compra solo por precio: se compra —o se evita— por su capacidad de garantizar continuidad.

Una eurodiputada francesa pide compensaciones urgentes por la reducción del TAC de verdel

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Stéphanie Yon-Courtin reclama indemnizaciones tras la caída “hasta del 70%” del cupo en 2026 y pide a París y a la UE medidas contra la sobrepesca de terceros países

La fuerte reducción del cuota de caballa (verdel) aprobada para 2026 por el Consejo de ministros europeos de Pesca ha encendido las alarmas en Francia. La eurodiputada Stéphanie Yon-Courtin (Renew Europe), vicepresidenta de la comisión de Pesca del Parlamento Europeo, ha pedido al Gobierno francés que active medidas de urgencia y compense de inmediato el impacto económico que, según advierte, sufrirá el sector tras un recorte “drástico” que podría alcanzar el -70%.

En un comunicado difundido el viernes 23 de enero, Yon-Courtin interpeló a la ministra francesa de Pesca, Catherine Chabaud, para que ponga en marcha un dispositivo de acompañamiento que cubra el “lucro cesante” de las flotas afectadas. La eurodiputada cifra en 1.300 los barcos franceses concernidos por esta pesquería, una de las más importantes para determinadas zonas litorales por su peso en actividad, empleo y primera venta.

“La pesca de la caballa está hoy en crisis. Nuestros pescadores, nuestras flotas y nuestros territorios litorales no pueden asumir solos las consecuencias de una decisión europea brutal”, sostiene Yon-Courtin, que enmarca el recorte no solo en el ajuste comunitario, sino también en un contexto “agravado” por la sobrepesca de algunos Estados terceros. En su mensaje, la eurodiputada pide que los mecanismos de ayuda se adapten a la diversidad de flotas y a la estacionalidad de la pesquería, con el objetivo de proteger a los buques más golpeados y a los puestos de trabajo asociados.

El debate se desplaza, además, al terreno de las relaciones exteriores de la UE. Yon-Courtin se alinea con la posición defendida por la delegación francesa durante el último Consejo, que planteó la posibilidad de medidas de represalia comercial contra países terceros que —según denuncian— mantienen prácticas de sobrepesca en la caballa, citando específicamente a Noruega. La eurodiputada pide que Bruselas “actúe con firmeza” y utilice “todos los instrumentos” disponibles frente a una sobrepesca considerada no sostenible.

La llamada a compensaciones revela un temor que se repite en los puertos: que el ajuste del cupo llegue en un momento especialmente delicado para las economías costeras, con costes operativos altos y márgenes estrechos. En ese escenario, el recorte del TAC no se percibe únicamente como una medida biológica de conservación, sino como un shock de ingresos inmediato para armadores y tripulaciones, con efectos colaterales en lonjas, logística y transformación.

En Francia, la presión política se centra ahora en cómo articular una respuesta rápida sin desdibujar el objetivo de sostenibilidad. Las indemnizaciones, subraya Yon-Courtin, deberían ser “inmediatas” y diseñadas para evitar que el impacto se reparta de manera desigual, penalizando a quienes dependen más de esta especie o cuentan con menos alternativas de actividad.

La controversia también anticipa semanas de discusión en Bruselas: por un lado, la UE busca reforzar la credibilidad del control y la conservación; por otro, varios Estados miembros reclaman que la disciplina sea compartida por todos los actores que explotan el stock, incluidos países terceros. En ese equilibrio —entre biología, diplomacia y economía— se jugará la respuesta a una decisión que, en palabras de la propia eurodiputada, no debería traducirse en que “pescadores y territorios litorales paguen solos la factura”.

Escocia asegura 622 millones de euros en oportunidades de pesca para 2026 tras el cierre de las negociaciones del Atlántico Norte

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Escocia asegura 622 millones de euros en oportunidades de pesca para 2026 tras el cierre de las negociaciones del Atlántico Norte

Marine Scotland da por concluido el ciclo anual de acuerdos con la UE, Noruega y otros Estados costeros: el paquete fija TACs con base científica y amortigua “bandazos” para proteger industria y mercados, pero confirma un duro recorte del 44% para el bacalao del Northern Shelf. 

Escocia afrontará 2026 con un marco de capturas valorado en torno a 540 millones de libras (unos 622 millones de euros) tras finalizar las negociaciones anuales con sus socios “Estados costeros” en el Atlántico nororiental. Así lo ha comunicado Marine Scotland, que sitúa el cierre del paquete como un ejercicio de equilibrio: aplicar el consejo científico, incorporar factores socioeconómicos y, cuando procede, introducir “restricciones de TAC” para evitar subidas o bajadas bruscas que perjudiquen al sector y distorsionen los mercados. 

El resultado llega con luces y sombras. Por un lado, el Gobierno escocés subraya que el número de TACs de stocks clave fijados en o por debajo del nivel asociado al Rendimiento Máximo Sostenible (MSY) se mantiene respecto a 2025. Por otro, el paquete incluye ajustes severos en especies sensibles, con especial atención al bacalao del Northern Shelf, uno de los asuntos más delicados del ciclo negociador. 

Bacalao del Northern Shelf: recorte del 44% y refuerzo de cierres en tiempo real

En las negociaciones trilaterales entre Reino Unido, Unión Europea y Noruega, las partes acordaron un conjunto de medidas para el bacalao del Northern Shelf con un objetivo explícito: reducir la presión pesquera, aumentar la biomasa reproductora y mejorar la gestión. El TAC de 2026 queda fijado con una reducción del 44% respecto a 2025, alineada con el escenario de mortalidad pesquera en MSY (Fmsy) para dos subpoblaciones del norte y el consejo principal para la subpoblación meridional. 

Junto al recorte, el acuerdo introduce un paquete técnico de calado: actualización de los cierres “en tiempo real” (real time closures), extensión de cierres de reproducción (spawning closures) y nuevas disposiciones que limitan cuánto cupo puede capturarse en aguas de la UE y del Reino Unido en el sur del Mar del Norte. A más largo plazo, se fija una hoja de ruta para desarrollar una estrategia de gestión a largo plazo y revisar medidas en el grupo de trabajo trilateral específico del bacalao. 

Arenque del Mar del Norte: estrategia a largo plazo y TAC de 328.566 toneladas

Otra pieza central del paquete es el arenque del Mar del Norte, para el que se acordó una estrategia de gestión a largo plazo (LTMS) y un nuevo modelo de gestión “de flota única”. El TAC de 2026 se fija en 328.566 toneladas. Según Marine Scotland, el Reino Unido parte de una cuota del 19,3%, a la que se suma una transferencia del 0,2% desde Noruega a cambio de mayor acceso a aguas británicas, situando la participación neta británica en 19,5%. 

Más de 80 stocks con la UE y un carril de trabajo para 2026

En el carril bilateral Reino Unido–UE, el cierre de consultas fija TACs para más de 80 stocks cogestionados, incluidos caladeros del Mar del Norte y al oeste de Escocia. Entre los recursos relevantes para la flota escocesa, Marine Scotland cita nephrops, rape, eglefino y bacalao de Rockall, además de merluza/eglefino/bacalao al oeste de Escocia (según las especies señaladas en la comunicación). El paquete incorpora también compromisos para desarrollar durante 2026 en el Comité Especializado de Pesca asuntos de gestión sobre especies como spurdog, skates and rays y ling. 

Caballa, bacaladilla y arenque “noruego”: el tablero más amplio del Atlántico

Fuera del eje UK–UE–Noruega, el acuerdo se apoya en otros pactos de “Estados costeros”. Marine Scotland recuerda el nuevo arreglo sobre caballa alcanzado el 16 de diciembre entre Reino Unido, Islas Feroe, Islandia y Noruega, además de acuerdos separados para bacaladilla (blue whiting) y arenque Atlanto-Escandinavo (Norwegian Spring Spawning herring), con TACs en línea con el consejo científico principal. 

Los consejos consultivos piden a ICES “proporcionalidad” en la protección de los ecosistemas marinos vulnerables

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El CC SUR, con Sergio López (OPP Burela), reclama diferenciar artes y medir el impacto socioeconómico en las flotas

Los Consejos Consultivos de la pesca europea refuerzan su interlocución científica con el ICES (International Council for the Exploration of the Sea) en un encuentro centrado en uno de los debates más sensibles del momento: cómo proteger los Ecosistemas Marinos Vulnerables (EMV/VME) sin convertir las medidas en un castigo indiscriminado para la actividad pesquera. La reunión se enmarca en la dinámica habitual de diálogo entre ICES y los órganos de participación del sector —creados para aportar conocimiento y aterrizar la gestión en la realidad del mar—, una relación que el propio ICES integra en su proceso de asesoramiento con los Consejos Consultivos como observadores y partes interesadas.

Durante los debates, Sergio López, vinculado a la OPP de Burela, interviene en nombre del CC SUR para plantear un objetivo doble: mejorar la base científica que sustenta las decisiones sobre EMV y garantizar medidas proporcionadas, ajustadas al riesgo real y al tipo de flota. En su intervención subraya que “no todos los artes impactan igual” y pide que, a la hora de diseñar cierres o restricciones, se diferencie entre modalidades, con especial atención a los artes fijos, y se incorporen de manera sistemática los impactos socioeconómicos sobre las comunidades pesqueras.

La discusión se produce en un contexto jurídico y político especialmente tenso. España —y parte del sector— mantiene su oposición al marco de cierres asociado a la protección de EMV en el Atlántico nororiental, un debate que se recrudece tras decisiones judiciales europeas que respaldan las restricciones a determinadas artes de fondo en zonas identificadas como vulnerables. En particular, el conflicto se ha focalizado en el veto a la pesca con artes de fondo en 87 áreas, una medida adoptada por la Comisión Europea en 2022 y que España llevó a los tribunales. En junio de 2025, el Tribunal General de la UE desestimó los recursos contra la designación de esas zonas y mantuvo la prohibición de pescar con artes de fondo en las áreas listadas.

En ese escenario, el CC SUR sitúa el foco en el “cómo” además del “qué”: proteger los EMV —corales de aguas frías, esponjas y comunidades bentónicas sensibles— exige medidas, pero también exige que el proceso sea robusto, trazable y transparente, y que no se base en una lógica única para realidades técnicas muy distintas. La propia Comisión y distintos grupos científicos han venido señalando, además, la necesidad de mejorar las herramientas para estimar impactos y desplazamientos de esfuerzo, así como los efectos económicos de los cierres, un trabajo que también se ha abordado en evaluaciones técnicas europeas recientes.

La respuesta del ICES durante la reunión apunta precisamente a ese camino de mejora metodológica. El organismo recuerda que ya está en marcha un amplio trabajo preparatorio de cara al benchmark de EMV previsto para 2027, una revisión clave llamada a afinar los criterios y herramientas con los que se emite el asesoramiento científico sobre la localización y protección de estos ecosistemas. Ese trabajo, según expone ICES, incluye la revisión de datos históricos, la celebración de talleres abiertos —incluidos los dedicados a artes fijos—, la mejora de los índices de EMV, el análisis de la escala espacial y un refuerzo de la transparencia metodológica, en línea con la evolución general hacia marcos más reproducibles y documentados en el asesoramiento científico.

El CC SUR recoge el guante y anuncia que participará activamente en esos trabajos, con la intención de contribuir a un dictamen científico “sólido”, capaz de conciliar dos objetivos que a menudo chocan en el debate público: la protección efectiva de los EMV y la viabilidad de las flotas. La idea, trasladada al terreno práctico, es que el conocimiento científico no sea una caja negra ni un argumento de autoridad, sino un proceso compartido en el que datos, artes, zonas y consecuencias se discutan con rigor.

El cierre del encuentro deja una foto clara: el sector, a través de los Consejos Consultivos, quiere estar dentro del engranaje técnico que decide cierres y restricciones, no solo reaccionar cuando llegan. Y el ICES, por su parte, reconoce que el gran reto no es únicamente emitir recomendaciones, sino sostenerlas con herramientas que resistan el escrutinio científico, jurídico y social. En un mar cada vez más disputado —por conservación, energía, espacio y alimento—, el diálogo entre ciencia y pesca vuelve a ser el punto donde se juega el equilibrio.