El estreno de las nuevas obligaciones del Reglamento de Control —y del sistema CATCH para importaciones— abre una batalla política entre simplificación y rigor, mientras la UE busca respuesta frente a la caballa del Atlántico Norte y el “efecto estrangulamiento” en el Mediterráneo.
Bruselas vivió el lunes 26 de enero un Consejo de Ministros de Agricultura y Pesca (Agrifish) atravesado por un mismo nervio: cómo endurecer y modernizar la vigilancia —en el mar, en puerto y en frontera— sin convertirla en una carga imposible para una flota diversa, con especial impacto en segmentos artesanales y mixtos.
En el apartado pesquero, España llevó al debate una preocupación que ya se ha extendido por los muelles desde la entrada en vigor, el 10 de enero, de nuevas exigencias vinculadas al diario de pesca y al margen de tolerancia. El ministerio español explicó que el objetivo no es cuestionar el “pilar” que representa el Reglamento de Control, sino ajustar su aplicación a la realidad operativa y evitar que errores menores acaben castigados como infracciones graves.
El umbral de los 50 kilos: la propuesta española
El ministro Luis Planas intervino en nombre de una alianza de Estados miembros (entre ellos Bélgica, Chequia, Francia, Letonia, Polonia y Portugal) para pedir cambios que aporten “claridad y flexibilidad”. La idea central: mantener la obligación de registrar capturas desde el “kilo cero”, pero despenalizar desviaciones o errores de estimación en cantidades pequeñas —por debajo de 50 kilos por especie—, de modo que no se consideren incumplimiento y, sobre todo, no se califiquen como infracción grave.
En la documentación elevada al Consejo se subraya un argumento que conecta con lo que trasladan patrones y tripulaciones: el incremento del detalle administrativo “no es proporcional” al riesgo real, puede disparar incumplimientos no intencionados y, en condiciones reales de pesca, distraer al capitán de su responsabilidad principal, la seguridad de la navegación.
Bruselas aprieta: soluciones “dentro del marco vigente”
El choque no es solo técnico, sino político. La Comisión insiste en que la reforma del control fue fruto de años de negociación y que existen periodos de transición para adaptarse. En ese marco, el mensaje comunitario a los Estados miembros —y especialmente a quienes buscan alivios inmediatos— es claro: las excepciones “por la cuenta propia” pueden chocar con el reglamento y los tratados, abriendo la puerta a incumplimientos.
A la vez, el Consejo deja constancia de que el debate de “controles de importación” también está en plena ebullición: durante un almuerzo informal, los ministros abordaron el lanzamiento de una nueva task force para mejorar la aplicación y coordinación de esos controles, y la Comisión defendió reforzarlos incluso en origen, en terceros países, para sostener seguridad alimentaria y “level playing field”.
CATCH: el nuevo “cierre” digital a la pesca ilegal… y una prueba de estrés
La discusión sobre control llega, además, con un gran cambio ya activado en frontera: CATCH, el certificado digital de captura para productos pesqueros que entren en la UE, obligatorio desde el 10 de enero. Bruselas lo presenta como el relevo del sistema en papel para armonizar y hacer más eficaz el control, mejorar la trazabilidad y frenar la pesca ilegal (INDNR), en un mercado donde el peso de las importaciones es decisivo en el consumo europeo.
Precisamente por eso, el arranque operativo del sistema se ha convertido en un termómetro: si la digitalización funciona, reduce trámites; si falla, bloquea mercancías perecederas y tensiona puertos, operadores y cadenas de suministro. La Comisión defiende que, a medida que se pueble de datos, CATCH acelerará procedimientos y reducirá cargas para los operadores.
Caballa del Atlántico Norte: “acción urgente” frente a cuotas unilaterales
El Agrifish también miró al Atlántico Nororiental, donde la caballa vuelve a convertirse en símbolo de la “doble velocidad” entre la UE y algunos socios ribereños. Irlanda llevó al Consejo —con apoyo de Polonia y Letonia— una petición formal de respuesta urgente ante terceros países que, según denuncian, fijan cuotas unilaterales y ponen en riesgo la sostenibilidad del stock y el futuro del pelágico europeo.
En su nota, esos Estados recuerdan que el 15 de diciembre de 2025 cuatro “coastal states” pactaron un TAC de caballa que, a su juicio, ignora el consejo científico “headline” del ICES y deja a la UE fuera pese a su condición de actor clave. También reclaman explorar herramientas jurídicas disponibles, incluida la Unsustainable Fishing Regulation (UE) 1026/2012, y apoyos de emergencia vía EMFAF para amortiguar el golpe sobre comunidades dependientes.
En paralelo, Planas situó el debate en términos de “igualdad de condiciones”: sanciones o ajuste de umbrales para que quien cumple no quede penalizado frente a decisiones unilaterales.
Mediterráneo: revisar el plan occidental y evitar el “choke effect”
El tercer gran frente pesquero fue el Mediterráneo. España y Francia reclamaron mejorar el WestMed MAP (plan plurianual para demersales del Mediterráneo occidental) al advertir de problemas en pesquerías mixtas cuando la gestión se “ancla” en la especie más vulnerable, generando el llamado efecto estrangulamiento. El documento pide a la Comisión una propuesta legislativa en el primer trimestre de 2026, para llegar a tiempo antes del Consejo de diciembre de 2026 que fijará oportunidades de pesca para 2027.
La tesis: una revisión que refleje mejor las realidades del Mediterráneo y equilibre sostenibilidad y socioeconomía, reforzando además la base científica para reducir incertidumbres en el asesoramiento.
Un Consejo que anticipa más pulso en 2026
El Agrifish dejó, en definitiva, una fotografía de alto voltaje para el primer semestre de 2026: digitalización acelerada, debate sobre proporcionalidad y seguridad a bordo, presión por coherencia entre flota comunitaria e importaciones, y una geopolítica de cuotas (caballa) que obliga a la UE a decidir si pasa de la diplomacia a la palanca comercial.
Para España, el reto inmediato será convertir el apoyo político cosechado en Bruselas en cambios concretos —actos delegados, guías de aplicación o modificaciones normativas— sin cruzar la línea roja que marca la Comisión: la de la unilateralidad.
Tratar de ganar margen
Pesca publica en el BOE la resolución que flexibiliza el diario electrónico tras los amarres y el pulso en los puertos. Entra en vigor el 24 de enero y España llevará el debate a Bruselas el día 26.
La tensión que desde hace semanas recorre los muelles del litoral español —con amarres, cierres de lonjas y concentraciones como la de Ribeira del 19 de enero— encontró este viernes, 23 de enero de 2026, su primera respuesta oficial. La Secretaría General de Pesca formalizó en el Boletín Oficial del Estado una batería de medidas que aterrizan el reglamento europeo de control a la operativa real de la flota de bajura, especialmente la que trabaja cerca de puerto, con jornadas cortas y capturas muy variadas.
La clave del cambio, que entra en vigor el 24 de enero, se resume en una idea que el sector llevaba días repitiendo en voz alta: menos burocracia en el mar y más precisión cuando el barco ya está amarrado. A partir de ahora, los pesqueros de entre 12 y 15 metros ya no tendrán que pesar ni contar con exactitud en el diario electrónico las especies que no superen los 50 kilos en total. Bastará con estimar y registrar esas cantidades. Eso sí, el ajuste fino se traslada al muelle: la declaración de desembarque deberá recoger “la cifra correcta” por especie una vez la pesca esté efectivamente pesada.
El segundo giro responde a una queja tan práctica como delicada: la seguridad. Hasta ahora, el reglamento empujaba a anotar capturas tras cada lance, una exigencia que, en barcos con dos, tres o cuatro tripulantes, obliga a dividir la atención entre maniobras, navegación y papeleo. La resolución permite cumplir la obligación registrando “al menos una vez al día”, antes de la entrada a puerto o el lugar de desembarque. En la práctica, el patrón podrá cerrar la jornada administrativa cuando la faena lo permita, sin convertir cada virada en una carrera contra la pantalla.
También cambia el reloj de la notificación previa. La norma comunitaria fija, con carácter general, un aviso de llegada al muelle con cuatro horas de antelación. España argumenta que esa regla encaja mal con una flota que opera a poca distancia del puerto y cuyas mareas, a menudo, duran menos que ese margen. Por eso, autoriza que los buques afectados comuniquen cuánto pescado llevan y su hora prevista de atraque en el momento en que pongan rumbo a puerto, dejando abierta la posibilidad de modificar las capturas notificadas hasta antes de llegar. La exención, sin embargo, no se aplica a buques españoles de eslora igual o superior a 12 metros que realicen arrastre en el Golfo de Cádiz o en aguas de Portugal.
En el trasfondo de esta resolución late otra de las líneas rojas que encendieron el conflicto cuando, el 10 de enero, entró en vigor una nueva fase de los controles aprobados a finales de 2023: declarar por separado todos los peces, con un margen de error del 20 %. En la bajura, donde una misma marea mezcla especies y tamaños en cantidades pequeñas, la frontera entre un cálculo razonable y una sanción era demasiado fina. El ministerio incorpora aquí una válvula de alivio: si los ejemplares de una especie, en conjunto, no pasan de 50 kilos (en equivalente de peso vivo), la inexactitud dentro del margen de tolerancia no será constitutiva de infracción. Aun así, el muelle vuelve a ser el lugar donde no hay escapatoria: la declaración de desembarque deberá reflejar el peso real por especie.
El Gobierno presenta la resolución como cumplimiento del acuerdo alcanzado el 19 de enero con Cepesca y la Federación Nacional de Cofradías de Pescadores (FNCP), pacto que ese mismo día llevó a suspender las movilizaciones convocadas. Pero el movimiento en los puertos no se ha apagado del todo. De forma paralela a esta flexibilización, se extiende un discurso que la considera insuficiente y reclama una exención más amplia del diario electrónico para la bajura, al entender que la carga administrativa sigue siendo desproporcionada para flotas pequeñas.
Con el conflicto aún caliente, el ministerio añade un capítulo político inmediato: el lunes 26 de enero, en el Consejo de Ministros de Agricultura y Pesca de la Unión Europea en Bruselas, España presentará una propuesta para modificar el reglamento y dotar al régimen de control de “mayor claridad y flexibilidad”, alineada con la operativa de la flota. En su comunicado, el ministro Luis Planas reivindica un equilibrio entre control riguroso y certidumbre para faenar con eficacia.
En los muelles, mientras tanto, la lectura es más terrenal: el pescado podrá pesarse donde siempre se pesó —en tierra—, el cuaderno digital se escribirá sin jugarse una maniobra por teclear, y el aviso al puerto se ajustará al tiempo real de navegación. La bajura no da por cerrado el debate, pero al menos, desde este 24 de enero, deja de sentirse obligada a contar peces como quien cuenta minutos.