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viernes, enero 23, 2026
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Precios superiores de los túnidos a la esperar del fin de la veda en el Pacífico oriental

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El barrilete ecuatoriano sigue más caro que Bangkok a las puertas de la reanudación de las faenas el 19 de enero

La brecha de precios del barrilete (skipjack, Katsuwonus pelamis) vuelve a convertirse en termómetro de tensión en el mercado mundial del atún. El pescado descargado en Manta (Ecuador) mantiene una prima significativa frente a las entregas con destino Bangkok (Tailandia), una diferencia que, lejos de diluirse, continúa presionando los márgenes de la industria conservera ecuatoriana justo antes de que se reabra la actividad de la flota cerquera en el área de la CIAT (IATTC) tras el cierre estacional.

La fotografía de arranque de año es clara: poca operativa, capturas irregulares y un mercado que se mueve más por expectativas que por grandes volúmenes de compraventa. En ese contexto, la prima de Manta —que se expresa en “varios cientos de dólares por tonelada” según distintas referencias del sector— se mantiene firme y sigue “pesando” sobre la competitividad de los procesadores locales, que compiten en los mismos mercados finales (UE y EE. UU., entre otros) que los grandes centros asiáticos de transformación.

No es la primera vez que ocurre. La FAO ya describía episodios similares en los que el barrilete en Ecuador llegó a situarse unos 400 USD/tonelada por encima de Bangkok, alterando flujos y decisiones de aprovisionamiento hacia el hub del Pacífico oriental.

La “reapertura” de la CIAT: qué se reanuda exactamente

Cuando el sector habla estos días de “reapertura de la CIAT” se refiere, en la práctica, al fin de uno de los periodos de cierre (veda) para cerqueros en el área de la Comisión Interamericana del Atún Tropical. Para 2025-2026, el esquema contempla un paro de 72 días en una de dos ventanas posibles; la segunda va del 9 de noviembre de 2025 al 19 de enero de 2026 (con extensiones en casos concretos).

Ese retorno gradual de barcos al caladero suele traducirse en más oferta física en puertos como Manta… pero no siempre en una caída inmediata de precios: depende del ritmo de capturas, del estado de inventarios industriales y, sobre todo, de cuánto apriete la demanda de las plantas que necesitan mantener líneas y contratos.

¿Por qué Manta suele “desacoplarse” de Bangkok?

Aunque Bangkok funciona como plaza de referencia para gran parte del atún para conserva, Manta ha ganado peso como polo de transformación y como mercado con dinámica propia. En análisis sectoriales se subraya que, cuando entra en juego el cierre del Pacífico oriental, las conserveras de la región tienden a pujar más por materia prima (incluso procedente de otros océanos) para asegurar suministro, lo que puede tensar el diferencial frente a Asia.

A ello se suman factores coyunturales: en 2025, por ejemplo, diversas crónicas de mercado ya reflejaban episodios de firmeza en Manta con precios ex-vessel altos en comparación con Bangkok, alimentados por restricciones de oferta y expectativas de escasez. Tridge

El dilema para los procesadores ecuatorianos

Para la industria de Manta, la prima tiene doble lectura:

  • Señal de escasez y valor del recurso, que sostiene al primer eslabón (flota/descargas) y confirma el tirón de la demanda industrial.
  • Riesgo para la competitividad si el coste de materia prima sube más rápido de lo que el mercado de producto terminado permite repercutir (latas, lomos cocidos, pouch), especialmente en un entorno de compradores sensibles al precio. undercurrentnews.com

Cuando Bangkok compra más barato, los grandes transformadores asiáticos ganan aire para pelear promociones y contratos. Si, en paralelo, Manta paga una prima sostenida, el margen se estrecha… salvo que Ecuador logre compensarlo con eficiencias, mix de producto o una mejor valorización comercial (calidad, certificaciones, conveniencia, origen).

Qué vigilar entre ahora y finales de enero

Con la fecha del 19 de enero de 2026 marcada en rojo por el calendario de la CIAT, el mercado se jugará el siguiente capítulo en cuatro frentes:

  1. Ritmo real de capturas tras el fin del cierre: si la pesca no responde, la prima puede prolongarse.
  2. Inventarios y urgencias de fábrica en Ecuador: la presión de aprovisionamiento suele dispararse cuando hay compromisos de entrega cercanos.
  3. Capacidad de Bangkok para atraer oferta (Pacífico occidental/Índico) y el tono de sus compras: si Asia se muestra pasiva, el diferencial puede seguir abierto.
  4. Tracción de la demanda final (UE/EE. UU.): si el retail afloja, será más difícil trasladar costes y la prima se convertirá en un problema mayor.

En suma, la prima de Manta no es solo una cifra: es un indicador de cómo se reequilibran espacio, vedas y cadenas de suministro en el atún global. Y en este arranque de 2026, el mensaje del mercado es que la brecha sigue ahí, firme, a la espera de comprobar si la reapertura del Pacífico oriental trae alivio… o simplemente reordena la tensión.

Grupo Nueva Pescanova valida los primeros prototipos de una herramienta de IA para optimizar la producción de surimi

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Grupo Nueva Pescanova ha iniciado la fase de validación de los primeros prototipos de una nueva herramienta basada en inteligencia artificial (IA) orientada a optimizar la producción de surimi. Estos prototipos comenzarán a aplicarse en la fábrica de Chapela a lo largo del mes de enero.

Esta solución tecnológica se enmarca en el proyecto PremIA, un proyecto de I+D para desarrollar un nuevo sistema predictivo basado en IA, cuyo objetivo es mejorar la eficiencia y calidad en la producción de pescado, marisco y productos derivados.

La finalidad de PremIA es diseñar e implementar una herramienta capaz de analizar grandes volúmenes de información, detectar patrones ocultos y generar modelos estadísticos que permitan pronosticar el comportamiento futuro de la producción. Su aplicación permitirá anticipar tiempos, rendimientos y necesidades, facilitando la toma de decisiones estratégicas fundamentadas en datos fiables.

El proyecto consta de dos líneas de investigación. Por un lado, la aplicación de inteligencia artificial en la producción de surimi con el fin de maximizar la eficiencia del proceso y optimizar el valor nutricional, la textura y el sabor del producto final. Por otro, el desarrollo de algoritmos avanzados de IA para predecir la vida útil del langostino cocido con el fin de mejorar el control de calidad, reducir el desperdicio alimentario y reforzar la seguridad del producto.

La línea de investigación en la producción de surimi es actualmente la más avanzada. En este caso, la herramienta de IA es capaz de predecir la combinación óptima de materias primas para obtener los mejores rendimientos en fábrica, optimizar los costes y garantizar, al mismo tiempo, el cumplimiento de los estándares del producto terminado.

El proyecto PremIA se enmarca en el programa IG408M – IA 360 de ayudas para el desarrollo tecnológico y la innovación mediante inteligencia artificial impulsado por el IGAPE, y cuenta con la colaboración económica de los fondos Next Generation de la Unión Europea, en el marco del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia del Gobierno de España.

“Fish, Trace, Ship”: el Reino Unido actualiza su sistema de exportación de pescado ante las exigencias de la UE contra la pesca ilegal

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La Marine Management Organisation (MMO) activa desde la tarde del 8 de enero de 2026 nuevos campos obligatorios en el Fish Export Service para reforzar la trazabilidad y evitar retrasos en frontera. El cambio se adelanta a la entrada en vigor comunitaria, prevista para el 10 de enero.

Londres / Madrid — 8 de enero de 2026. La lucha contra la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada (INDNR/IUU) sube un peldaño esta semana en el comercio de productos del mar con destino a la Unión Europea. El Reino Unido ha comenzado a exigir desde la tarde de hoy (8 de enero) que exportadores y operadores introduzcan nueva información en el UK Fish Export System / Fish Export Service (FES) para generar la documentación requerida, en una transición que afecta a toda la cadena: pescadores, procesadores, transportistas y exportadores.

La medida llega con un calendario milimetrado. El FES se actualiza a partir de las 17:00 (hora del Reino Unido) del 8 de enero, con una ventana de indisponibilidad “durante un periodo de tiempo” para incorporar los cambios. La MMO ha explicado que el adelanto respecto a la fecha comunitaria busca evitar un arranque en fin de semana y garantizar soporte reforzado desde el primer minuto. GOV.UK+1

Qué cambia: más datos para certificar origen y recorrido

El núcleo de la reforma es la trazabilidad: más campos y más detalle en los documentos que acompañan a los envíos. La campaña institucional “Fish, Trace, Ship” se ha convertido en el paraguas operativo para que el sector incorpore, sin interrupciones, los nuevos requisitos vinculados a certificados de captura, declaraciones de transformación (processing statements) y documentos de no manipulación, que sustituyen a los antiguos “storage documents”.

Entre los datos adicionales que pasan a ser relevantes figuran, por ejemplo, la fecha de inicio del viaje de pesca, el tipo de arte utilizado, una identificación más precisa de la zona de captura (incluida referencia a ZEE, alta mar y, cuando proceda, organizaciones regionales de ordenación pesquera) y nuevos elementos sobre transporte y punto de entrada.

“Cumplir es esencial”: aviso por riesgo de demoras

En el comunicado oficial, Nicholas Greenwood, responsable de Protección Marina y Servicios Operativos en la MMO, subraya el objetivo doble: mejorar la trazabilidad y combatir la IUU, manteniendo a la vez los flujos comerciales con la UE y otros mercados. El mensaje incluye una advertencia práctica: exportar sin la documentación correcta puede traducirse en retrasos.

Manuales, vídeos y plantillas… y asistencia ampliada

Para facilitar la adaptación, la MMO y las administraciones pesqueras del Reino Unido han desplegado materiales de apoyo “paso a paso” (incluidos vídeos) para completar los distintos documentos y realizar cargas en formato CSV, además de preguntas frecuentes, guías y ejemplos de etiquetado.

El dispositivo de soporte también se refuerza: junto al horario habitual de la línea de ayuda del FES (laborables), se activa un servicio ampliado con asesoramiento 24/7, y se extienden horarios de los enlaces de soporte (SLO). Las “anulaciones manuales”, no obstante, quedan limitadas a la franja estándar.

La fecha clave en la UE: 10 de enero y el sistema CATCH

El movimiento británico se produce en paralelo a la agenda comunitaria: la Comisión Europea recuerda que, desde el 10 de enero de 2026, el uso del sistema CATCH pasa a ser obligatorio para operadores y autoridades de la UE en importaciones, dentro del refuerzo del esquema de certificación contra la pesca INDNR. En las FAQ de la campaña británica se insiste, además, en que no habrá “periodo de gracia”: las reglas aplican desde el primer día.


Claves operativas para la cadena exportadora (según la guía oficial)

  • Preparar datos adicionales para certificados: inicio de marea, arte, zona (ZEE/alta mar/RFMO), y detalles de transporte.
  • Asumir que, desde enero de 2026, algunos envíos requerirán certificado de captura + declaración de transformación cuando haya procesado posterior al desembarque en el Reino Unido.
  • Evitar consignas incompletas: el control reforzado eleva el riesgo de retenciones y verificaciones si falta documentación.

Si quieres, lo adapto a formato “nota para web” (más corta) o a “reportaje de contexto” (con impacto para exportadores españoles que importan desde Reino Unido y con un recuadro explicando CATCH e INDNR).

El “factor territorio” frena a la acuicultura europea: cuando el reto no es el pez, sino el espacio

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La demanda de productos del mar sostenibles y trazables crece, pero la expansión de las granjas marinas choca cada vez más con el consenso local, la competencia por el litoral y los conflictos de uso del espacio costero.

Europa lleva años enviando un mensaje claro: más proteína azul, más trazabilidad y más producción de proximidad. Consumidores, distribución e instituciones coinciden en el diagnóstico. Sin embargo, el sector que debería capitalizar esa oportunidad —la acuicultura— avanza a un ritmo menor del que permitirían la tecnología, la calidad del producto o la capacidad empresarial instalada.

El principal freno, hoy, no es un cuello de botella técnico. Tampoco una crisis de confianza sobre lo que sale de las jaulas o de las bateas. La variable decisiva se ha desplazado a un terreno menos visible, pero determinante: la relación con el territorio. En otras palabras, la “licencia social” para ocupar y transformar una franja litoral cada vez más disputada.

Más allá de la calidad: el debate ha cambiado

Durante años, el debate público se centró en una comparación recurrente: pescado de cultivo frente a pescado salvaje. Ese eje ha perdido centralidad. La mejora de los sistemas de control, el avance de la trazabilidad y la evolución de las prácticas productivas han reforzado la confianza del mercado y han normalizado el consumo de especies de crianza.

El punto de fricción, en cambio, se ha trasladado al “dónde” y al “con quién”. No se discute solo qué produce una instalación, sino cómo ocupa el espacio y cómo convive con otros usos —turismo, pesca artesanal, paisaje, navegación recreativa, conservación— que también reclaman el litoral como propio.

Un litoral con demasiados “propietarios”

La costa europea es un tablero de alta densidad. A la presión urbanística y turística se suman nuevas prioridades: energías renovables marinas, áreas protegidas, rutas marítimas, cableado, infraestructuras portuarias, actividades deportivas y el propio avance del cambio climático sobre la línea de costa.

En ese contexto, una instalación acuícola puede ser percibida como un elemento “extraño” en el paisaje, incluso cuando cumple estándares ambientales y genera producto de calidad. El conflicto no nace necesariamente de lo que produce, sino del modo en que “marca” el territorio: visibilidad, restricciones de uso, cambios en el horizonte, sensación de privatización de un espacio que la comunidad entiende como común.

Consenso implícito: el ingrediente que decide

La clave, cada vez más, es el grado de aceptación local. Cuando la comunidad no percibe un retorno tangible —empleo estable, continuidad económica, fijación de población, actividad complementaria a la pesca, dinamización del puerto, formación, servicios— el rechazo se vuelve estructural y no coyuntural.

Y ahí aparece un círculo vicioso conocido por muchas empresas del sector:

  1. Falta de consenso →
  2. Tramitaciones más lentas y complejas →
  3. Incertidumbre regulatoria y administrativa →
  4. Inversión que se enfría o se desplaza →
  5. Menos beneficios visibles en el territorio →
  6. Más desconfianza y oposición.

El resultado es una expansión fragmentada y desigual, con proyectos que se dilatan durante años, costes crecientes de cumplimiento y planificación, y dificultad para sostener apuestas de medio y largo plazo.

Cuando el límite se vuelve político

El “factor territorio” no afecta solo a las empresas. Afecta, sobre todo, a la capacidad de las administraciones para tomar decisiones. Regiones y municipios se mueven en un equilibrio delicado: apoyar un sector considerado estratégico, pero gestionar a la vez presiones sociales y conflictos de convivencia.

En escenarios de consenso frágil, la política tiende a la cautela extrema: procedimientos más largos, planificación más tímida, y menor respaldo explícito a la innovación. Donde el vínculo entre acuicultura y comunidad es sólido, las políticas encuentran continuidad. Donde es débil, se impone el inmovilismo.

La acuicultura como respuesta… si encaja en el lugar

En un marco de stocks bajo presión, cambios climáticos y demanda creciente de proteína marina, la acuicultura sigue siendo una de las respuestas con más potencial. Pero su futuro no dependerá únicamente de piensos, genética, automatización o mejoras ambientales. Dependerá, cada vez más, de su capacidad de integrarse:

  • Convivir con otros usos del espacio costero y marino sin imponer una lógica única.
  • Mostrar beneficios concretos y medibles para la economía local, no solo para el mercado.
  • Construir confianza con transparencia, participación y anticipación del conflicto.
  • Reducir la incertidumbre con marcos de planificación que den seguridad jurídica y social.

La gran paradoja es que la acuicultura se considera estratégica en declaraciones y documentos, pero se vuelve frágil en la práctica cuando aterriza en un territorio con tensiones latentes. Y es precisamente en esa distancia entre potencial y realidad donde se juega una parte relevante del futuro de la cadena europea de productos del mar.

Una conclusión incómoda para el sector

La acuicultura europea no está frenada por lo que es capaz de producir. Está frenada por cómo es capaz de convivir. Mientras el equilibrio territorial siga sin resolverse, el sector seguirá moviéndose en una zona gris: imprescindible en los discursos, pero vulnerable en el terreno. Y el “factor territorio” —ese consenso local que no figura en las fichas técnicas— seguirá siendo el verdadero cuello de botella del crecimiento.

Redes enredadas: la “visa de tránsito” que sostiene a una parte de la pesca británica

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Un informe alerta de que la ruta “Code 7”, pensada para embarcar y salir del país, se ha convertido en un atajo laboral con zonas grises, escasa protección y riesgo de abusos.

La industria pesquera del Reino Unido navega con una paradoja cada vez más difícil de ocultar: necesita mano de obra extranjera para mantener la actividad, pero el sistema de entrada y permisos que la canaliza es, según un nuevo informe, “complejo y opaco” y termina alimentando la vulnerabilidad de quienes trabajan a bordo. ESTUDIO DE UK

El estudio —centrado en las políticas de visados y autorizaciones para marineros y pescadores migrantes— pone el foco en una pieza clave del engranaje: el Contract Seaman Leave, conocido en el sector como “Code 7” o “transit visa”. Es un permiso de entrada vinculado a embarcar en un buque y salir del Reino Unido en un plazo breve, sin conceder derecho a residir o trabajar en tierra.

Sin embargo, la práctica ha desbordado la teoría. Una encuesta citada por el informe señala que el 30% de la tripulación del sector operaba en 2023 mediante esta vía tipo “tránsito”, un dato que ilustra hasta qué punto se ha normalizado un mecanismo que, en origen, no estaba diseñado para sostener relaciones laborales prolongadas en buques de bandera británica. ESTUDIO DE UK

La investigación se apoya en una revisión documental y en 24 entrevistas semiestructuradas realizadas entre julio y octubre de 2025, la mayoría a pescadores filipinos —una nacionalidad especialmente presente en la flota y considerada vulnerable por su dependencia de agencias de contratación y por las condiciones de entrada—. ESTUDIO DE UK

El informe describe un “laberinto” de rutas. Entre ellas, la exención del Immigration Act 1971 para tripulantes que llegan y salen en el mismo barco; el propio Code 7 para quienes entran como pasajeros para unirse a una embarcación; la exención para quienes portan determinados documentos de identidad marítima (seaman’s book); y, sobre el papel, la ruta de Skilled Worker (trabajador cualificado).

La frontera clave es operativa y jurídica: trabajar dentro o fuera de las aguas territoriales británicas (UKTW), el límite de 12 millas náuticas. El informe recuerda que, desde cambios legislativos recientes, quien “comienza a trabajar” en esas aguas puede ser considerado como que “entra” en el Reino Unido a efectos migratorios, con la consiguiente necesidad de permiso de trabajo. ESTUDIO DE UK

En ese contexto, el Code 7 aparece como una solución rápida… y peligrosa. Se tramita como “Joining Ship” y puede extenderse hasta seis meses en el visado, pero la entrada suele ir acompañada de condiciones estrictas (incluida la obligación de salir) y de limitaciones como “no recourse to public funds”.

El propio diseño del proceso puede agravar la dependencia: la solicitud se realiza con formularios de visitante o tránsito, exige documentación sobre el buque y el contrato, y en la práctica muchas agencias gestionan todo el procedimiento, dejando al pescador con una comprensión parcial de sus condiciones reales.

Esa falta de claridad no es un detalle menor. El informe subraya que, cuando un trabajador entra con un permiso que no fue concebido como visado laboral, se abre una zona gris: dudas sobre qué normas laborales le cubren, qué autoridad puede inspeccionar y qué vías reales tiene para reclamar. ESTUDIO DE UK

Además, en junio de 2024 se produjo un giro relevante en la guía de UKVI: se eliminó una redacción previa que permitía cierta flexibilidad (“wholly or largely”) y se restringió la concesión del permiso a tripulantes que se incorporan a buques “no destinados a operar en aguas del Reino Unido”. Para el informe, este tipo de ajustes, sin alternativa clara, puede empujar aún más al sector hacia usos indebidos. ESTUDIO DE UK

El problema se agrava por lo que el documento denomina un posible “cliff edge”: la probabilidad de que haya pocas o ninguna vía práctica por la ruta de trabajador cualificado para una parte de la flota, lo que incrementaría la presión sobre el Code 7.

La ruta Skilled Worker, tal y como queda tras cambios señalados en el informe, impone condiciones difíciles de encajar en muchos perfiles de cubierta: umbrales salariales elevados, requisitos de inglés (con endurecimiento previsto), necesidad de patrocinio empresarial y un marco de cualificación que deja fuera ocupaciones no consideradas de nivel suficiente salvo excepciones temporales.

A eso se suma el coste. El informe detalla gastos relevantes para el trabajador (tasas, recargos sanitarios, fondos mínimos) y también para el empleador (licencia de patrocinio, certificados, recargos), lo que ayuda a explicar la “baja adopción” de esta vía en ciertos segmentos de la industria. ESTUDIO DE UK

En paralelo, el documento recuerda otras piezas del tablero: una concesión específica para “well boat workers” que finaliza en febrero de 2026, y el plan de UKVI de avanzar hacia eVisas en 2026, eliminando los adhesivos físicos del pasaporte, cambios que alteran procedimientos y márgenes de planificación.

Con este panorama, el informe concluye que el sistema actual “no solo es difícil de navegar”, sino que “crea vulnerabilidad”: el pescador migrante queda atado a la agencia y al patrón para entender su estatus, vive en condiciones de aislamiento a bordo y puede ver limitada su capacidad de pedir ayuda o denunciar abusos.

La respuesta que plantea el documento no es cosmética. Entre sus recomendaciones, destaca la creación de una Fishing Worker Visa que reconozca a los pescadores como trabajadores con derechos, con opciones reales de renovación y movilidad (por ejemplo, posibilidad de cambiar de empleador) para romper desequilibrios de poder.

A esa propuesta suma una figura “puente”, inspirada en modelos como la Workplace Justice visa australiana, para que quienes hayan sufrido explotación puedan reclamar sin perder su permiso o su capacidad de trabajar. ESTUDIO DE UK

El informe también pide una revisión formal del uso del Code 7, con recogida y publicación de estadísticas, y reclama refuerzo de la inspección y la aplicación efectiva de la normativa laboral en la pesca, de forma que los derechos no dependan del mapa —o de si el barco cruza o no una línea invisible de 12 millas—.

El mensaje final es contundente: sin una vía regular y segura, el Reino Unido corre el riesgo de consolidar un modelo donde la necesidad de tripulación se cubre con permisos pensados para el tránsito, y donde la protección del trabajador queda, demasiado a menudo, “fuera de cobertura”. ESTUDIO DE UK

Cepesca pide al Gobierno aplicar con “realismo y proporcionalidad” el nuevo control pesquero europeo

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La patronal reclama mantener el umbral de 50 kilos en el Diario de Pesca Electrónico y evitar un plazo fijo para avisar la entrada a puerto. Advierte de obligaciones “difíciles o imposibles” para parte de la flota y ofrece colaboración técnica, incluso con visitas a bordo.

La cuenta atrás para la entrada en vigor del nuevo Reglamento Europeo de Control de la Pesca, prevista para el 10 de enero de 2026, ha elevado la tensión entre el sector y la Administración. La Confederación Española de Pesca (Cepesca) trasladó este martes a la secretaria general de Pesca del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA), Isabel Artime, su “profunda preocupación” por determinadas obligaciones que, según sostiene, en su formulación actual pueden resultar de difícil o imposible cumplimiento para una parte relevante de la flota española que opera tanto en caladeros nacionales como europeos e internacionales.

El núcleo de la petición se concentra en dos puntos muy concretos, pero con efectos prácticos y sancionadores potencialmente amplios: no eliminar el umbral mínimo de 50 kilos para declarar capturas en el Diario de Pesca Electrónico (DPE) y no imponer un límite horario fijo en la notificación previa de entrada a puerto.

El umbral de 50 kilos: “inviable” sin pesaje a bordo

Según Cepesca, suprimir el umbral actual obligaría a declarar capturas “desde el primer kilogramo”, lo que, en muchas embarcaciones, sería técnicamente inviable. La razón es operativa: buena parte de la flota no dispone de sistemas de pesaje a bordo ni de medios para identificar y cuantificar con precisión capturas pequeñas por especie durante la faena.

El sector recuerda que, en la práctica, esos volúmenes reducidos no se individualizan ni se pueden estimar con fiabilidad en el mar, y que la cifra definitiva se conoce tras el pesaje oficial en puerto. Por ello, sostiene que convertir esa obligación en norma general transformaría el DPE en un ejercicio de aproximaciones, multiplicando los registros por marea y elevando el riesgo de discrepancias entre lo estimado a bordo y lo que finalmente marca el control en tierra.

La preocupación no es solo técnica, sino también jurídica y económica. Cepesca entiende que la medida chocaría con los principios de proporcionalidad, seguridad jurídica y control basado en el riesgo, y teme un efecto colateral: que la vigilancia se desplace hacia incumplimientos formales, con un impacto sancionador desproporcionado, especialmente en especies accesorias de escaso valor comercial y sin relevancia real para la gestión de poblaciones.

El aviso de entrada a puerto: el choque con la bajura y la seguridad marítima

La segunda gran crítica del sector apunta al establecimiento de un plazo horario fijo para comunicar la entrada a puerto. Aunque el Reglamento fija con carácter general una antelación mínima de cuatro horas, la propia norma contempla que los Estados puedan adaptar ese margen a la realidad de determinadas flotas, atendiendo a distancia al puerto y tipo de actividad.

Aquí Cepesca sitúa el caso de la flota de bajura, que en muchos puertos opera a corta distancia y con mareas breves, incluso con el arte “calado” hasta muy cerca de la llegada. En ese contexto, un límite rígido sería materialmente difícil de cumplir: la faena todavía no ha terminado y las capturas definitivas aún no están cerradas.

La patronal añade un argumento especialmente sensible: la seguridad marítima. Obligar al patrón a remitir notificaciones electrónicas durante las maniobras finales —a menudo con tripulación mínima— puede incrementar riesgos en entradas congestionadas, bocanas estrechas o con mala mar. Cepesca advierte de que cumplir el trámite en ese momento puede forzar a desatender funciones esenciales de gobierno y vigilancia, sin que ello mejore de forma sustancial el control.

Una propuesta: régimen simplificado y avisos “coherentes” con la operativa

Como alternativa, el sector plantea mantener un umbral mínimo operativo —al menos para determinadas flotas, modalidades o especies accesorias— o establecer un régimen simplificado para capturas de pequeño volumen. Y en el caso de la entrada a puerto, pide no fijar un horario rígido, sino permitir una comunicación previa ajustada a la llegada, en coherencia con el artículo correspondiente del Reglamento.

El mensaje de fondo es claro: Cepesca no cuestiona la necesidad de control, pero reclama que sea eficaz, realista y jurídicamente seguro, evitando obligaciones imposibles que acaben convirtiendo el sistema en una fábrica de sanciones por errores inevitables o por trámites realizados en momentos de riesgo.

Disposición a colaborar: “contrastar sobre el terreno”

En el cierre del comunicado, Cepesca intenta abrir una vía de entendimiento. Reitera su disposición a colaborar técnicamente con la Administración y propone incluso visitas a bordo para contrastar sobre el terreno cómo es la operativa real de los buques. El objetivo, subraya, es evitar que una reforma pensada para reforzar la trazabilidad y combatir la pesca ilegal termine chocando con la realidad diaria de la flota, especialmente la más pequeña y próxima a puerto.

Con la entrada en vigor a la vuelta de la esquina, el margen para ajustar el aterrizaje nacional del reglamento se estrecha. Y el sector lanza un aviso: si el control se aplica sin calibrar la operativa real, el problema no será solo burocrático, sino también económico, legal… y, en determinados casos, de seguridad.

Europa paga más por el pescado, pero come menos

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Los hogares europeos destinaron más dinero a productos pesqueros y de acuicultura en 2024, pero el volumen real comprado y consumido siguió cayendo. Es la fotografía que traza la última edición del “EU Fish Market Report” de la Comisión Europea, elaborado por el Observatorio Europeo del Mercado de los Productos de la Pesca y la Acuicultura (EUMOFA): más gasto, menos kilos, impulsado sobre todo por el encarecimiento acumulado de los últimos años.

Según el informe, el gasto de los consumidores de la UE en pescado y marisco aumentó un 4% en 2024, unos 2.700 millones de euros más que el año anterior, hasta alcanzar 62.800 millones de euros. Sin embargo, esa mejora en valor no se explica por un repunte de la demanda, sino por la subida de precios, que en el período 2020-2024 habría crecido más de un 25%. El resultado: la factura sube, pero las bolsas pesan menos.

España adelanta a Italia en gasto total

Una de las lecturas más llamativas del informe es el cambio de liderazgo en el ranking por mercados. Italia, tradicionalmente el mayor gastador del bloque en productos pesqueros y de acuicultura, fue superada por España en 2024. Es un vuelco simbólico en el mapa del consumo comunitario, especialmente en un contexto en el que el pescado compite cada vez con más fuerza con otras proteínas y con presupuestos domésticos tensionados.

En gasto per cápita, Portugal se mantuvo como el país que más invierte por persona en productos del mar: 464 euros en 2024, más del triple de la media europea (139 euros). Por detrás se situó Luxemburgo (282 euros) y, en tercer lugar, España (260 euros por persona).

La carne sigue dominando la proteína animal

El informe constata, además, que la preferencia por la carne continúa marcando la pauta en la dieta y el gasto de los europeos. De media, la UE destinó 246.000 millones de euros a productos cárnicos en 2024, aproximadamente cuatro veces lo invertido en pescado y acuicultura. En términos de presupuesto familiar, los productos del mar representaron menos del 1% del gasto total en bienes y servicios, frente al 3,5% asignado a la carne.

La tendencia se refuerza con otro dato: el consumo doméstico de pescado fresco (en casa) cayó un 5% en 2024 respecto al año anterior. En otras palabras: incluso antes de entrar en el debate nutricional o cultural, el pescado se enfrenta a un problema básico de accesibilidad económica y de hábitos.

Consumo en mínimos de una década

El informe de EUMOFA también incorpora un análisis más detallado de la demanda con datos de 2023, año en el que el consumo total de productos pesqueros y de acuicultura en la UE se situó en torno a 10,25 millones de toneladas, el nivel más bajo en diez años y casi 240.000 toneladas menos que en 2022.

El desglose muestra dos mundos que retroceden a ritmos distintos:

  • 7,32 millones de toneladas procedentes de capturas salvajes
  • 2,92 millones de toneladas de acuicultura

En términos individuales, el consumo cayó hasta 22,89 kilos per cápita en 2023 (un 3% menos que en 2022). Y el dato más preocupante para las pesquerías: el consumo de productos de captura se redujo a 16,35 kilos por persona, el más bajo de la década, mientras que los productos de cultivo se situaron en 6,53 kilos per cápita.

Portugal, pese a mantener el liderazgo en consumo, también aparece atrapado en la tendencia descendente. En 2023, su consumo fue de 53,61 kilos por persona, aunque EUMOFA subraya que el país encadena una bajada desde el pico de 61 kilos registrado en 2018.

Atún, salmón y gambas: los reyes del plato europeo

En cuanto a especies, el patrón de preferencias se mantiene: atún, salmón, abadejo de Alaska, gambas y bacalao figuran entre los productos más consumidos por los ciudadanos comunitarios. Son referencias que combinan disponibilidad, versatilidad culinaria y una oferta creciente en formatos procesados o listos para cocinar.

¿Qué explica la caída?

El informe apunta de forma clara a un factor dominante: la subida de precios. Pero detrás de ese indicador se abre un abanico de posibles explicaciones: ajuste del gasto familiar por la inflación general, sustitución hacia proteínas más baratas, menor compra de fresco frente a preparados, y una reconfiguración de hábitos alimentarios —especialmente entre consumidores jóvenes— donde el tiempo de cocina y la facilidad de preparación pesan tanto como el precio.

Para el sector, la paradoja es delicada. El aumento en valor puede aliviar parte de la cadena (venta minorista, distribución), pero la caída en volumen plantea desafíos de fondo: rotación, logística, márgenes reales y, sobre todo, la necesidad de reconectar el consumo con el producto, ya sea mediante innovación, formatos, campañas de promoción o políticas que hagan más asequible el acceso a pescado y marisco.

En síntesis, Europa parece estar entrando en una etapa en la que el pescado conserva su prestigio… pero pierde presencia cotidiana. La pregunta que deja el informe de EUMOFA es directa: si el consumidor paga más y compra menos, ¿cuánto tiempo puede sostenerse el equilibrio sin que cambien los hábitos —o el mercado— de forma irreversible?

Con una autosuficiencia del 38% en volumen y una dependencia que escala al 70% si se mide en valor, el mercado comunitario del pescado y el marisco se sostiene sobre grandes corredores comerciales dominados por el salmón en el norte y por una cesta más variada de especies en el sur.

La Unión Europea se sienta a la mesa, pero no se sirve sola. Si el indicador es el volumen, la producción comunitaria apenas cubriría el 38% del autoabastecimiento. Y si el análisis se hace en valor económico, la fotografía es todavía más contundente: la dependencia alcanza el 70%, una proporción que sería incluso mayor si se descuenta lo que Europa exporta de su propia producción. Traducido: la UE necesita importaciones para sostener su consumo de productos del mar, tanto por cantidad como, sobre todo, por el valor comercial de lo que entra.

La mitad de esas importaciones llega desde fuera de la Unión: un 50% procede de países terceros, lo que convierte a la política comercial, los acuerdos sanitarios y la logística internacional en piezas estructurales del suministro alimentario europeo. Y dentro de ese tablero, algunos flujos mandan más que otros, hasta el punto de condicionar el mercado completo.

Noruega, el gran proveedor: cerca del 30%

El primer gran protagonista es Noruega, que ya representa cerca del 30% del total en el mapa de importaciones. Su peso no es solo cuantitativo; es estratégico: el producto que vertebra el negocio —y los principales corredores— es el salmón, una especie que se ha convertido en mercancía-faro del consumo europeo.

Detrás aparece Ecuador, que registra una subida del 14% respecto al año anterior y adelanta a actores tradicionales como Marruecos y China, que junto al Reino Unido se mantienen entre los puestos principales del ranking. En el lado contrario, Marruecos recorta (-3,8%) y China cae con fuerza (-15%), señal de que las corrientes comerciales se están reordenando.

España, primera en compras: 5.600 millones de euros

En términos de valor, España lidera las importaciones con 5.600 millones de euros, por delante de Suecia, Países Bajos y Dinamarca. Es un dato que confirma el papel de España como gran país consumidor y transformador, pero también como nodo logístico e industrial: importa para abastecer mercado interno, para procesar y, en muchos casos, para reexportar.

Y aquí aparece el detalle que mejor explica por qué el norte y el sur de Europa se comportan como dos mercados diferentes.

El salmón manda en el norte; el sur diversifica

En el norte comunitario, el comercio gira alrededor de un solo animal. Los mayores corredores de importación están fuertemente marcados por el salmón:

  • Noruega → Suecia y, a continuación, Suecia → Dinamarca conforman uno de los ejes más potentes, y el 75% de ese flujo es salmón.
  • En otro corredor clave, Reino Unido → Francia, el 50% del volumen está igualmente dominado por el salmón.

El resultado es una dependencia doble: geográfica (Noruega como gran suministrador) y biológica (una especie que “ordena” precios, logística y planificación industrial). En el norte, la “variedad” existe, pero el salmón es el metrónomo.

En el sur, en cambio, el patrón cambia: hay más diversidad de especies, y los flujos responden a canastas distintas de consumo y transformación.

Marruecos y el pulpo: el gran flujo hacia España

En el cuarto puesto de los grandes flujos aparece con fuerza una relación que lleva años marcando el mercado español: las importaciones desde Marruecos hacia España, lideradas por el pulpo. En el reparto de las compras españolas fuera de la UE, Marruecos pesa el 18%, seguido por Ecuador (12%), China (9%), Argentina (8%) y Mauritania (6%), porcentaje este último que iguala Chile (6%).

Esa lista ilustra una realidad: mientras el norte se organiza alrededor del salmón, el sur —y especialmente España— combina cefalópodos, pescados de acuicultura y capturas de caladeros lejanos, con un mix más amplio y expuesto a variaciones de precios, disponibilidad y regulación en varios continentes.

Una conclusión clara: la mitad de los grandes flujos es salmón

Si se mira el conjunto de los principales corredores comerciales, la síntesis es rotunda: aproximadamente la mitad de los flujos relevantes está dominada por el salmón, y en el norte ese porcentaje roza “casi la totalidad”. En el sur, el mapa es más variado, pero igualmente dependiente: no de una sola especie, sino de varios proveedores y de rutas que atraviesan Atlántico, Mediterráneo y mercados globales.

La otra mitad del mercado: el “intra-UE”

Queda además una lectura decisiva: cuando se habla del 50% de importaciones desde fuera, falta el otro 50%, que es mercado intra-UE (intercambios dentro de la Unión). Y ahí se esconde un dato llamativo: de los 15 flujos principales dentro de la UE, 13 están dominados por una sola especie, una señal de que, incluso dentro del mercado común, el comercio se ha vuelto altamente especializado y concentrado.

En resumen, Europa compra fuera porque no le basta con lo que produce; y compra dentro moviendo grandes volúmenes muy “monoespecie”. Un sistema eficiente en logística, pero frágil por dependencia: de países clave, de especies clave y de corredores que, si se alteran, pueden mover precios y disponibilidad en cuestión de semanas.

Si quieres, puedo convertir estas ideas en una pieza lista para publicar con entradilla + destacados + recuadro de datos y un cierre enlazado a la “tercera parte” que anuncias (la del mercado intra-UE).

Delmoges apunta al clima como posible motor del repunte de capturas accidentales de delfines en el golfo de Vizcaya

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Tras tres años y medio de investigación interdisciplinar, Ifremer, el CNRS y el observatorio Pelagis publican las primeras conclusiones de un proyecto que busca explicar por qué aumentan los varamientos y las capturas accesorias desde 2016 y cómo reducirlas sin cronificar cierres anuales.

El aumento de capturas accidentales de delfines comunes (Delphinus delphis) en el golfo de Vizcaya podría estar relacionado, al menos en parte, con efectos del cambio climático. Esa es una de las líneas que asoman en los primeros resultados del proyecto Delmoges (acrónimo de Delphinus mouvements gestion), una investigación científica puesta en marcha en marzo de 2022 para comprender por qué, desde 2016, se observa un repunte de interacciones entre cetáceos y pesquerías en esta amplia franja atlántica.

Los hallazgos iniciales —divulgados tras tres años y medio de trabajo— llegan de la mano de un consorcio interdisciplinar impulsado, entre otros, por Ifremer, equipos de La Rochelle Université–CNRS y el observatorio de mamíferos marinos Pelagis. El objetivo declarado del proyecto es doble: explicar las causas del fenómeno y, sobre todo, aportar herramientas para reducir las capturas accesorias.

La pregunta de fondo: por qué crecen las interacciones desde 2016

La investigación parte de un problema que se ha vuelto recurrente en el golfo de Vizcaya: la presencia de delfines en zonas y momentos de intensa actividad pesquera, con el consiguiente riesgo de enganches accidentales. Delmoges intenta poner orden en un escenario complejo en el que intervienen movimientos de los animales, disponibilidad de presas, condiciones oceanográficas y patrones de pesca.

En ese puzzle, la hipótesis climática entra como un factor que podría estar modificando el tablero: cambios en la distribución de especies, desplazamientos de cardúmenes o variaciones en temperatura y productividad del agua que alteran rutas y áreas de alimentación. La idea no es sencilla ni concluyente, pero sí lo bastante relevante como para aparecer en unas conclusiones esperadas por científicos, administración y sector.

Evitar que el cierre anual se convierta en norma

La publicación de estos resultados se produce en un momento especialmente sensible: a pocas semanas de una tercera clausura anual del golfo de Vizcaya para determinados artes de pesca, una medida que se ha adoptado para reducir la mortalidad accidental de cetáceos.

Según plantean los promotores del estudio, la urgencia es clara: con avances científicos y técnicos suficientes —y con decisiones de gestión más afinadas— se aspira a disminuir las capturas y, con ello, evitar que el cierre tenga que repetirse en 2027. En otras palabras: pasar de medidas generalistas y de alto impacto a intervenciones más inteligentes, capaces de proteger a los delfines sin asfixiar la actividad.

Propuestas sobre la mesa: gestión “quirúrgica”

El texto apunta a la aparición de propuestas de gestión específicas, del tipo “medidas dirigidas”, que suelen traducirse en instrumentos más focalizados: ajustar zonas, fechas, condiciones o protocolos donde el riesgo es mayor, apoyándose en mejor conocimiento científico.

La clave —y el gran desafío— será convertir esos primeros resultados en políticas operativas: medidas que puedan aplicarse con precisión, con control y con aceptación social, en un conflicto donde se cruzan conservación, economía y gobernanza marítima.

Delmoges no cierra el debate, pero sí marca un cambio de fase: del diagnóstico general —“hay demasiadas capturas accidentales”— a la búsqueda de explicaciones verificables y soluciones concretas. Y en esa transición, el clima empieza a aparecer como un sospechoso serio, quizá no el único, pero sí uno que obliga a pensar el problema como algo más que un choque puntual entre delfines y redes.

El “efecto proteína” impulsa al pescado el marisco apunta a liderar el crecimiento en EE. UU. hasta 2029

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Informes de consultoras y del sector anticipan que las ventas de productos del mar podrían acelerar por la ola de dietas ricas en proteína, la búsqueda de hábitos saludables y el auge de fármacos GLP-1. Aun así, persisten vientos en contra: consumo prudente y mayor sensibilidad al precio.

El mercado alimentario estadounidense se prepara para varios años de crecimiento y, dentro de esa expansión, el pescado y marisco se perfila como uno de los grandes ganadores. Esa es la tesis que recogen distintas previsiones y lecturas de tendencia: la combinación de salud, proteína y cambios en los hábitos de compra —incluido el impacto de medicamentos para la pérdida de peso— estaría empujando al consumidor hacia opciones “magras” y ricas en nutrientes, un terreno donde el seafood puede jugar con ventaja.

Según un reciente informe citado de la firma LLC Attorney, las ventas minoristas de alimentación en EE. UU. pasarían de 245.800 millones de dólares en 2026 a 389.000 millones en 2029, con un crecimiento anual superior al 12%. Dentro de ese escenario, la consultora plantea que el seafood podría crecer por encima del resto de segmentos hasta el final de la década, con una proyección de 13,8% anual y 11.400 millones de dólares en ventas para 2029.

Vuelta a la “era proteína”: de lo vegetal a lo cárnico

Una de las claves que explicaría el impulso está en el giro cultural que detectan analistas y la restauración: tras años de protagonismo de alternativas vegetales, vuelve con fuerza el mensaje “protein”. Candace MacDonald, cofundadora y directora general del grupo de marketing gastronómico Carbonate, lo resume en el informe de tendencias de hostelería para 2026: se observa “un regreso a la carne” y la proteína vuelve a ser la palabra del momento.

En la misma dirección, la National Restaurant Association (NRA) apunta en su previsión culinaria de 2026 que la proteína —incluido el pescado— será uno de los “claros ganadores” del año. La asociación relaciona el fenómeno con consumidores que exploran beneficios de dietas altas en proteína, como el mantenimiento muscular o el control del peso.

GLP-1 y hábitos de compra: una oportunidad para el pescado

Otra pieza del puzle la aportan los medicamentos GLP-1, cuyo uso —según el texto— ya alcanzaría al 12% de la población estadounidense y podría crecer en 2026. Este tipo de tratamientos suele venir acompañado de recomendaciones dietéticas centradas en fibra, cereales integrales y proteínas magras, una combinación que encaja con muchas categorías de seafood.

Desde Rabobank, el analista JP Frossard explicaba a Reuters que se observa una reducción del gasto en snacks salados, alcohol, refrescos y bollería, junto a un mayor foco en proteína y fibra, lo que empuja a que marcas y restaurantes ajusten su oferta hacia esa demanda emergente.

El “pico de enero”: resoluciones saludables y compras de frescos

Más allá del efecto GLP-1, el arranque del año suele traer un empujón coyuntural para productos asociados a dieta saludable. El artículo cita datos de la firma Numerator: un 44% de consumidores planea fijarse propósitos y, entre quienes los hacen, un 72% se marca objetivos de salud física. Entre las metas más repetidas: hacer más ejercicio, mejorar la dieta, perder peso e incrementar la actividad diaria. En ese contexto, el pescado aparece como un candidato natural para menús “limpios”, ligeros y proteicos.

Pero el consumidor aprieta el cinturón: el precio vuelve al centro

El optimismo, sin embargo, convive con señales de cautela. La consultora Circana revisó su perspectiva para 2026: prevé que las ventas del conjunto de alimentación y bebidas crezcan en valor entre el 2% y el 4%, mientras que el volumen podría mantenerse plano o incluso caer ligeramente. El diagnóstico es conocido: confianza del consumidor débil, recorte del gasto discrecional (sobre todo en rentas bajas y medias) y una intensificación de comportamientos de búsqueda de valor, lo que podría frenar la “premiumización”.

Aun así, Circana introduce un matiz favorable para el seafood: las categorías frescas podrían registrar mayor demanda. En palabras de su directiva Sally Lyons Wyatt, el mercado se “endurece”, pero mantiene vectores de crecimiento, y sobrevivirán mejor quienes apuesten por asequibilidad, flexibilidad de canal (incluido e-commerce) y experiencias personalizadas.

Un escenario de oportunidad… si el sector acierta el encaje

El retrato que dibuja el conjunto de previsiones es claro: el pescado puede beneficiarse de la ola de proteína y salud, pero no lo hará automáticamente. La batalla se librará en el terreno del precio, la conveniencia (formatos listos, recetas, packs), la disponibilidad y la capacidad de marcas y distribución de comunicar valor nutricional sin perder de vista el bolsillo.

En resumen, 2026 arranca con viento a favor para el seafood, empujado por tendencias de salud y proteína. La gran pregunta es si el sector logrará convertir esa oportunidad en crecimiento sostenido en un mercado donde el consumidor sigue mirando, antes que nada, la etiqueta del precio.

Un “agujero” en la despensa marina: la flota europea se encoge y España intenta “recuperar” capacidad

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La fotografía que dejan los últimos datos públicos es nítida: la flota pesquera de la Unión Europea continúa reduciéndose en número de barcos, capacidad y potencia, mientras en España se abre un debate técnico y político sobre cómo modernizar buques (y mejorar seguridad o eficiencia) sin chocar con los límites de capacidad fijados por Bruselas.

Eurostat, que elabora la estadística oficial de flota a partir de los registros nacionales de buques, constata que en 2024 había 68.863 barcos activos en la UE, con una capacidad conjunta de 1,24 millones de GT (arqueo bruto) y una potencia total de 5,04 millones de kW. En la última década estadística que destaca el organismo (2015–2024), el ajuste es sostenido: −13,2% en número de buques, −13,1% en GT y −11,4% en potencia. 

En ese contexto, España mantiene un peso determinante en la “capacidad” europea: medida por arqueo bruto, Eurostat sitúa a la flota española como la mayor de la UE, con el 24,8% del total comunitario (por delante de Francia e Italia). 

El foco mediático: de la “pérdida acelerada” al intento de reinyectar capacidad

Así, se ha puesto el acento en la lectura más contundente del fenómeno: un ajuste que no solo es gradual, sino que deja, en sus propias palabras, un “agujero” de miles de barcos en la capacidad pesquera comunitaria. En avances difundidos en redes por la cabecera, se subraya que la flota de la UE habría perdido un 25% de su capacidad desde la reforma de la PPC de 2014, y se cuantifica el “vacío” en torno a 17.000 embarcaciones

La aproximación, en cambio, se centra en la “letra pequeña” de ese adelgazamiento: qué ocurre con la capacidad que desaparece del registro cuando un barco se desguaza y cómo puede (o no) reutilizarse. En un texto difundido y comentado en redes profesionales, se resume que han salido del registro 77.754 GT, y que el Ministerio prepara el proceso para poner esa capacidad “sobrante” a disposición de la flota en expedientes vinculados a nueva construcción, reformas o cambios de motor, con finalidades como habitabilidad, estabilidad, seguridad o eficiencia energética

Esa misma pieza sitúa además una cifra clave para dimensionar el tamaño actual del censo español: 8.548 buques (dato atribuido a Eurostat). 

Entre sostenibilidad, soberanía alimentaria y relevo generacional

El choque de enfoques —la alarma por la pérdida de flota que plantea Faro de Vigo y el análisis administrativo de La Voz de Galicia— retrata bien el debate de fondo. Por un lado, Bruselas y los Estados miembros han utilizado históricamente la reducción de capacidad como herramienta para alinear flota y recursos, un principio que Eurostat refleja en su serie descendente de barcos, GT y kW. 
Por otro, en los puertos crece la sensación de que el ajuste ya no es solo “ordenación”, sino un factor que condiciona la competitividad, el relevo generacional y la capacidad de la UE para sostener su suministro propio de productos del mar; de ahí la presión para que la modernización (seguridad, habitabilidad, eficiencia) no quede bloqueada por límites de capacidad diseñados para otro tiempo. 

Lo que se libra ahora, en definitiva, no es solo una discusión estadística, sino una partida de equilibrio: cómo mantener una flota más segura y moderna sin reabrir la puerta a un aumento efectivo del esfuerzo pesquero, y cómo evitar que la reducción continuada acabe convirtiéndose —como advierte el titular que circula desde Vigo— en un “agujero” estructural en la despensa marina europea. 

Una cumbre en Madrid el 8 de enero dilucidará si habrá campaña de verdel

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La campaña del verdel (caballa) llega a enero con más incertidumbre que calendario. El próximo 8 de enero de 2026, una cumbre en Madrid con todas las comunidades autónomas con competencias pesqueras deberá clarificar si la costera puede arrancar en condiciones mínimamente viables o si, por el contrario, se abre la puerta a una paralización con ayudas, tal y como reclama parte del sector de artes menores, según manifestó el viceconsejero de Pesca del Gobierno Vasco, Leandro Azkue.

El trasfondo es un golpe duro en los números. La Unión Europea ha acordado una reducción muy significativa de la cuota de verdel para 2026 —en el entorno del 70%-73% en distintos planteamientos y periodos—, un recorte que varios gobiernos autonómicos han calificado de “brutal” para la economía de la flota y de toda la cadena de valor, de las lonjas a la transformación.

En ese nuevo escenario, la flota más pequeña, especialmente la que captura verdel a anzuelo, sostiene que la campaña se ha quedado sin margen: con cuotas tan bajas, argumentan, los costes de salida, tripulación y logística convierten la costera en una operación de alto riesgo económico. A esa presión se suma el endurecimiento de los límites operativos en el arranque de 2026 —con topes diarios muy restrictivos en determinadas aguas—, que el sector interpreta como una señal de que el año será de gestión “a la mínima”.

La petición de una parada temporal con compensaciones no es nueva en el debate. En Euskadi, por ejemplo, se ha planteado abiertamente la posibilidad de cerrar o frenar la pesquería para proteger el stock y evitar que la costera se convierta en una sucesión de días de mar sin rentabilidad. Pero la clave, subrayan las organizaciones del sector, es administrativa: para activar ayudas de paralización hace falta una decisión y un encaje normativo que, en última instancia, corresponde al Gobierno central, que es quien debe habilitar el marco y articularlo con los instrumentos disponibles.

Esa es la razón por la que la reunión del 8 de enero se considera decisiva. Las autonomías pueden aportar diagnósticos de puerto a puerto, modalidad por modalidad, pero la salida —si pasa por ayudas, calendario alternativo o medidas extraordinarias— requiere que Madrid mueva ficha. El encuentro buscará, además, una posición común que evite una costera fragmentada por territorios y con reglas cambiantes, uno de los temores recurrentes cada vez que la cuota llega al límite.

El debate del verdel se cuela, además, en un arranque de año cargado de novedades regulatorias para parte de la flota, con ajustes en los controles y en la operativa que el Ministerio ha ido adaptando a la realidad de los barcos más pequeños. En el sector lo traducen en una conclusión simple: 2026 será un año de pesca más “estrecha”, con menos margen para el error y con la viabilidad económica como condición previa.

A la espera del 8 de enero, lo que se dirime no es solo si habrá campaña, sino en qué condiciones: si el verdel seguirá siendo una costera que sostiene ingresos, empleo y actividad en los puertos del Cantábrico, o si se convertirá en una pesquería de mínimos que obligue a replantear el año desde el primer mes.

Modificación de la Secretaría de Pesca Marítima

En principio, la Secretaría General de Pesca ha modificado la norma de ordenación de la caballa para la flota que opera en el ámbito NEAFC y fija un tope diario mínimo ante una disponibilidad provisional de cuota “muy limitada” en el primer semestre.

De esta manera, España entra en 2026 con el freno de mano echado para la caballa (xarda/verdel) en el frente comunitario. El Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, a través de la Secretaría General de Pesca, ha modificado la regulación que ordena esta pesquería para los buques de altura y gran altura —así como palangreros mayores y menores de 100 GT— que operan en el área de la Comisión de Pesca del Atlántico Nordeste (NEAFC), estableciendo que a partir del 1 de enero de 2026 se aplique un tope de 100 kilogramos por día y por buque hasta la entrada en vigor de la resolución de la siguiente campaña. 

La medida llega en un contexto especialmente tensionado para el stock y para el reparto internacional. La Comisión Europea se declara “preocupada” porque, una vez más, Noruega, Reino Unido, Islandia e Islas Feroe han pactado asignaciones por su cuenta por encima de lo recomendado por la ciencia, mientras la UE aplica una reducción del 70%. En ese escenario, España ya había rebajado el límite diario por barco en aguas comunitarias a 100 kilos, en contraste con el tope de 3.000 kilos que se había manejado al inicio de 2025. 

El argumento del BOE: “garantizar una explotación ordenada” con cuota provisional mínima

El BOE detalla que el ajuste se adopta “a fin de garantizar una explotación ordenada del recurso” en 2026, y lo vincula a las cantidades iniciales y provisionales de cuota que España podrá consumir entre el 1 de enero y el 30 de junio de 2026, que para el stock MAC/2CX14- se cuantifican en 3 toneladas. Con ese margen, el nuevo límite busca evitar un consumo acelerado que obligue a cierres tempranos o genere desequilibrios de gestión. 

La resolución publicada el 29 de diciembre surte efectos al día siguiente de su publicación, pero fija expresamente que el tope de 100 kg/día/ buque rige “a partir del 1 de enero de 2026”, es decir, como norma de arranque de campaña, mientras no se apruebe la ordenación completa del nuevo año. 

De los topes de 2025 al “modo supervivencia” de 2026

El recorte es, además, una vuelta de tuerca sobre una arquitectura normativa ya existente. La resolución base de 29 de enero de 2025 establecía topes diarios para evitar rebasar consumos y preveía ajustes posteriores en función de la evolución de la pesquería. 

Durante 2025, de hecho, hubo modificaciones al alza (por ejemplo, en primavera, con topes superiores), pero el cierre del año y la perspectiva del primer semestre de 2026 devuelven la pesquería a un esquema restrictivo: captura mínima diaria, vigilancia del consumo y contención para estirar un volumen de cuota especialmente ajustado. 

Impacto en la operativa: más presión sobre planificación y mareas

En la práctica, un tope de 100 kg por barco y día complica la rentabilidad de la salida a caladero cuando la caballa no es meramente accesoria, y traslada parte de la presión a la planificación empresarial: elección de zonas, composición de capturas, logística de descarga y estrategia comercial. De hecho, el ajuste “pasará más factura” a la flota de litoral, precisamente por la dependencia estacional de la especie y por el efecto arrastre sobre lonjas y comercialización en puertos donde la xarda marca parte del pulso de la campaña. 

Con el BOE ya publicado, el sector encara ahora un inicio de 2026 condicionado por la negociación internacional del stock y por la necesidad de afinar al máximo el consumo de cuota disponible. La caballa, una especie clave en el Cantábrico y en el Atlántico nordeste, vuelve a situarse en el centro de la disputa entre la recomendación científica, la disciplina comunitaria y los acuerdos “unilaterales” de terceros países. 

Fuente: La reducción a 100 kilogramos por día y por buque (aplicable desde el 1 de enero de 2026) está fijada en la: Resolución de 23 de diciembre de 2025 (Secretaría General de Pesca), BOE-A-2025-26965 (publicada en el BOE del 29/12/2025). Y modifica la resolución “marco” anterior de caballa para la flota NEAFC (campaña 2025), que es: Resolución de 29 de enero de 2025, BOE-A-2025-1785

El consumo de atún en Europa: estabilidad a la vista, cambios por debajo

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Los datos de EUMOFA dibujan una demanda resistente, pero con ajustes silenciosos marcados por la estacionalidad, las diferencias entre especies y una mayor sensibilidad al precio.

En el mapa del pescado que se consume en Europa, el atún ocupa desde hace años un lugar singular. Es un producto transversal: se adapta a distintos bolsillos, se vende en formatos muy variados —del fresco a la conserva— y aparece con regularidad en la lista de la compra de millones de hogares. Precisamente por esa presencia constante, analizar cómo se compra y se consume el atún (y las especies afines) ofrece pistas valiosas no solo sobre este producto, sino también sobre el pulso general del mercado alimentario y del sector pesquero.

Los datos de consumo doméstico recopilados por EUMOFA apuntan, en primer lugar, a un hecho de continuidad: el atún sigue siendo una de las proteínas marinas más estables en los hábitos de compra europeos. En un escenario marcado por la inflación, la subida de precios y la reorganización del gasto familiar, no aparecen señales de desplomes bruscos ni de una retirada masiva del producto. El atún resiste, se mantiene en el carrito y conserva su papel habitual en la dieta cotidiana.

Italia y España, dos motores del consumo

España e Italia continúan ocupando un lugar central dentro del seguimiento de EUMOFA. Son dos mercados con tradición, pero con perfiles distintos. En Italia, el atún está muy vinculado a los productos transformados y a la cocina diaria de soluciones rápidas. En España, el consumo se reparte en un abanico más amplio de especies y preparaciones, con una cultura gastronómica que integra el atún en múltiples recetas y momentos de consumo. En ambos casos, la fotografía general es de solidez: la demanda aguanta incluso con presión sobre los precios.

La estacionalidad gana peso

Bajo esa estabilidad, sin embargo, se detectan cambios más sutiles. Uno de los más relevantes es el refuerzo de la estacionalidad. Los volúmenes tienden a concentrarse más en determinados meses, especialmente en verano, cuando el atún se percibe como un alimento práctico, ligero y versátil. Ese patrón, ya conocido, parece acentuarse y obliga a la cadena —producción, industria y distribución— a afinar la programación de suministros y campañas comerciales.

No todas las especies se comportan igual

Otro matiz importante es la diferenciación creciente dentro de la categoría “atún y afines”. No todas las especies siguen la misma trayectoria: algunas mantienen volúmenes más estables, mientras otras se muestran más sensibles a variaciones de precio y disponibilidad. El mensaje es claro: el consumo global puede mantenerse, pero por dentro se está “afinando”, con decisiones más selectivas por parte del consumidor.

El atún como “producto refugio”, pero con tensión precio-cantidad

El contexto económico también pesa. La subida generalizada del coste de la cesta de la compra ha empujado a muchas familias a revisar prioridades. En ese entorno, el atún conserva una función de “producto refugio”: accesible, reconocible y fácil de usar. Pero hay un detalle que merece atención: el aumento en valor no siempre se traduce en más volumen. En otras palabras, puede gastarse más sin comprar más cantidad, lo que revela una tensión creciente entre precio y kilos, y apunta a un consumo más racionalizado.

Menos impulso, más cálculo

EUMOFA no describe una fuga del atún, sino un reequilibrio silencioso de cómo se consume: menos compras por impulso, más atención al precio medio, preferencia por formatos consolidados y menor inclinación a experimentar. Es una dinámica típica de mercados maduros, donde los cambios no llegan de golpe, sino mediante pequeños desplazamientos.

En conjunto, el atún sigue siendo un pilar del consumo europeo, pero no un pilar inmóvil. Su estabilidad permite ver con nitidez los ajustes que se están produciendo: una estacionalidad más marcada, diferencias internas entre especies y una sensibilidad creciente al contexto económico. Y leer estos movimientos ayuda también a comprender lo que ocurre aguas arriba: por qué las importaciones se mantienen elevadas, por qué determinadas especies siguen siendo estratégicas en los flujos comerciales y por qué el atún continúa ocupando un lugar clave para la industria europea. No es una historia de ruptura, sino de adaptación progresiva. Y, a menudo, son esos cambios discretos los que anticipan hacia dónde se mueve realmente el mercado.