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jueves, febrero 12, 2026
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Pacífico: la “crisis” del atún que no cuadra con los datos y las señales que sí preocupan

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Mientras el relato mediático insiste en el colapso, el último balance científico y de gestión del Pacífico occidental y central dibuja un panorama más complejo: capturas récord, poblaciones objetivo en buen estado… y una agenda de riesgos donde el cambio climático, el FAD-bycatch y los huecos de observación siguen mandando.

En el debate público sobre el atún en el Pacífico se repite una escena conocida: titulares sobre “agotamiento”, acusaciones cruzadas —China, Estados Unidos, Japón, Corea, la UE… elija su antagonista geopolítico—, denuncias de “opacidad” en las organizaciones regionales y la idea de que solo un sello eco puede decirnos si el pescado es sostenible. Pero cuando uno baja del ruido a los números —y a los informes que alimentan las decisiones de la WCPFC (Western and Central Pacific Fisheries Commission)— aparece otra película: los principales stocks objetivo siguen saludables, la gestión ha avanzado en herramientas más robustas y, sí, persisten problemas reales que exigen cirugía fina, no eslóganes.

El punto de partida es el informe 2024 elaborado por el proveedor científico clave de la región, la Pacific Community (SPC), un documento pensado para sostener discusiones informadas en torno a la mayor pesquería atunera del planeta. En paralelo, la propia WCPFC ha actualizado (27 de enero de 2026) su resumen público de sostenibilidad, que coincide en lo esencial: 2024 fue un año de récord en capturas y no hay señales de sobrepesca en los cuatro grandes objetivos (listado, rabil, patudo y albacora del Pacífico Sur). 


Un gigante global: 3,059 millones de toneladas y más de la mitad del atún del mundo

La captura total de atún en el Área de la Convención de la WCPFC en 2024 alcanzó 3,059 millones de toneladas, el mayor registro histórico en la zona. Ese volumen equivale a más de la mitad del atún mundial (56%) y a una fracción abrumadora del atún del Pacífico. 

Este dato, por sí solo, no “demuestra sostenibilidad”; lo que hace es obligar a mirar con más cuidado: si el sistema estuviera colapsando, el primer síntoma no suele ser un récord sostenido de producción, sino la pérdida de rendimiento, la caída de biomasa reproductora y el aumento de mortalidad por pesca por encima de los niveles de referencia.

¿Entonces “todo perfecto”? No. El propio enfoque científico insiste en dos “peros” que cambian la conversación:

  1. La incertidumbre estructural (modelos, supuestos de reclutamiento, capturabilidad, etc.) obliga a evitar triunfalismos. 
  2. Para algunas especies, el reto no es “evitar el colapso” sino optimizar rendimientos y proteger la fracción reproductora, especialmente donde hay captura de juveniles.

En el caso del rabil, por ejemplo, distintas evaluaciones y revisiones de medidas tropicales apuntan a que la mortalidad por pesca debe mantenerse contenida y, si es posible, reducirse en componentes que impactan en juveniles para mejorar el rendimiento a largo plazo. 


Flotas y esfuerzo: menos barcos no siempre significa menos presión

Un error frecuente en el debate público es medir la presión solo por “número de buques”. En el Pacífico, la historia reciente lo ilustra bien:

  • Cerco: el número de cerqueros activos alcanzó máximos a mediados de la década pasada, pero lo relevante es cómo se asignan días de pesca, dónde operan y con qué prácticas (FAD vs no asociado). 
  • Palangre: puede haber menos unidades, pero aumentar el número de anzuelos calados (esfuerzo efectivo) y con ello sostener o elevar la presión real. 
  • Pole-and-line: continúa el declive, pese a su valor histórico y social en algunos territorios.

La clave, por tanto, no es solo “quién pesca”, sino cómo y dónde.


Los avances que pasan desapercibidos: estrategias de captura (“harvest strategies”) y reglas preacordadas

Uno de los cambios más importantes —y menos “titularizables”— es el paso desde negociaciones anuales ad hoc hacia estrategias de captura: reglas predefinidas que ajustan el control de la pesquería según indicadores, con objetivos y límites claros.

En la WCPFC, el progreso es desigual: listado va por delante con procedimientos ya adoptados, mientras patudo y albacora siguen en fase de desarrollo de procedimientos y puntos de referencia objetivo (TRP). 

Este enfoque no elimina el conflicto político (distribución de cuotas, acceso, equidad), pero reduce el margen para improvisación y “regate corto” cuando cambian las condiciones.


Bycatch y observadores: donde la mejora existe… pero aún no alcanza

Si hay un capítulo donde el informe pide lectura lenta es el ecosistémico: la sostenibilidad no es solo biomasa de atún. Y aquí la región ha avanzado, aunque con tareas pendientes:

  • En el cerco, la cobertura de observadores, aunque se exige 100%, en la práctica ha fluctuado: casi 65% en 2023 y por debajo de 60% en 2024 según el informe. 
  • En palangre, la cobertura en 2024 fue ~7,1%, segunda más alta registrada, pero sigue siendo un cuello de botella para cuantificar interacciones con tiburones, aves y tortugas con precisión. 
  • El bycatch en cerco cambia drásticamente según el tipo de lance: los lances asociados (incluidos FAD y objetos) tienden a registrar mayores tasas de captura accesoria que los no asociados, lo que mantiene la presión para refinar medidas. 

Aquí se juega buena parte de la “licencia social” del atún del Pacífico: no basta con que el stock objetivo esté bien si el sistema genera impactos colaterales evitables o mal cuantificados.


Etiquetas ecológicas: útiles, pero no sustituyen a la gestión regional

En el debate aparece a menudo la idea de que “sin eco-etiqueta no hay sostenibilidad”. Es un atajo: las etiquetas pueden ayudar al mercado y mejorar prácticas, pero la sostenibilidad biológica y ecosistémica la define la gobernanza pesquera y el cumplimiento, con datos verificables, monitoreo y medidas ajustadas.

De hecho, buena parte del diagnóstico robusto en la región proviene de una arquitectura técnica pesada: observadores, VMS, cuadernos, modelos, evaluaciones y programas de marcaje coordinados con SPC. 


Marcaje de atunes: el “GPS biológico” que sostiene las evaluaciones

Un apartado que rara vez llega al gran público, pero es central para entender por qué los científicos hablan con confianza razonable, es el marcaje.

El informe 2024 recoge que desde 2006 se han marcado y liberado 497.051 atunes, con 69.667 recapturas reportadas, alimentando modelos que estiman abundancia, explotación y movimientos entre ZEE y alta mar. 

En una región donde el pez cruza fronteras como si no existieran, esa información es oro: permite separar “cambio de distribución” de “cambio de abundancia” y entender cómo responde cada especie a clima y pesca.


Cambio climático: el riesgo silencioso que puede reordenar ganadores y perdedores

Si hoy el atún del WCPO “va bien”, el gran interrogante es si seguirá yendo bien con un océano más cálido y más variable.

Dos puntos son especialmente relevantes:

  1. ENSO (El Niño/La Niña) influye en la distribución y disponibilidad del atún; se mide con índices como el ONI, basado en anomalías de temperatura superficial en la región Niño 3.4. 
  2. Las proyecciones con marcos como SEAPODYM y trabajos científicos vinculados a organismos atuneros apuntan, en escenarios de calentamiento, a desplazamientos hacia el centro y el este del Pacífico para algunas especies (con incertidumbre creciente a medio-largo plazo). 

Esto no es un matiz: en el Pacífico, donde los Estados costeros concentran gran parte de la captura y los acuerdos de acceso sostienen economías insulares, un corrimiento espacial de biomasa puede traducirse en cambios de ingresos, renegociaciones y tensiones de equidad. 


Entonces, ¿por qué persiste el relato de “colapso”?

Porque es un relato fácil, exportable y políticamente útil. Pero el caso del WCPO demuestra que el periodismo —y el debate público— necesita distinguir entre:

  • Stocks objetivo (que hoy están en zona segura según evaluaciones recientes),
  • Riesgos ecosistémicos (bycatch, tiburones, aves, tortugas),
  • Riesgos de cumplimiento y datos (observación incompleta, heterogeneidad de flotas),
  • Riesgos climáticos (redistribución y shocks térmicos).

Decir “todo está bien” sería tan engañoso como decir “todo se hunde”. Lo honesto, y útil, es esto: la región ha evitado el guion del desastre en los principales atunes… pero el precio de seguir evitándolo será mejorar la selectividad, cerrar brechas de observación —sobre todo en palangre— y diseñar reglas adaptativas para un océano que ya no es el de ayer.


Claves para entender el Pacífico atunero en 10 segundos

  • Captura récord 2024: 3,059 Mt; 70% cerco. 
  • Stocks objetivo (listado, rabil, patudo, albacora sur): sin sobrepesca según últimas evaluaciones. 
  • Bycatch y FADs: el “cómo” importa tanto como el “cuánto”. 
  • Observadores: mejoras en cerco, pero aún lejos del 100% real; palangre sigue bajo. 
  • Cambio climático: reordena la geografía del recurso y la política del acceso.  

“Pantallas ambientales” un escudo móvil contra el ruido y el polvo del astillero

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El astillero Nodosa, de Marín, culmina una actuación financiada en el marco del PERTE Naval para reducir emisiones acústicas y partículas en suspensión con barreras replegables y atomización de agua.

La sostenibilidad industrial suele contarse en grandes conceptos —descarbonización, economía circular, transición verde—, pero en los barrios que conviven con una fábrica se mide a pie de calle: menos ruido, menos polvo, mejor aire. Con ese enfoque, el astillero Nodosa ha dado por finalizado su Proyecto Pantallas Ambientales, una intervención destinada a rebajar el impacto acústico y la dispersión de partículas en el entorno próximo y en las propias áreas de trabajo.

La actuación se enmarca —según la comunicación corporativa de la empresa— en el PERTE Naval, dentro del “Proyecto primario: actuaciones de integración y transformación de la cadena de valor industrial del sector naval” (proyecto NodosaSOSTMA–PP42; expediente EXP–PNA-020200-2023-11). El PERTE Naval, impulsado por el Ministerio de Industria y Turismo, nació precisamente para modernizar el ecosistema naval español con palancas de innovación, digitalización y sostenibilidad en el marco del Plan de Recuperación. 

Barreras replegables: del “muro fijo” a la protección que se adapta

El corazón técnico del proyecto es una solución integral basada en pantallas acústicas replegables de diseño innovador, concebidas para cubrir “la totalidad de las vías de trabajo” del astillero. La novedad no está solo en actuar como barrera, sino en hacerlo sin bloquear la producción: su carácter móvil permite desplegar protección donde se genera el impacto —por ejemplo, en determinados trabajos de superficie— y retirarla cuando la operación cambia.

El dispositivo incorpora además un elemento clave para la calidad del aire: sistemas de atomización de agua capaces de capturar partículas micrométricas en suspensión, una de las preocupaciones clásicas en entornos industriales próximos a áreas urbanas. La lógica es simple: si el polvo y los aerosoles se atrapan en el foco, se reduce su dispersión hacia el exterior y mejora el ambiente también en el interior, para el personal que opera a diario en el astillero.

Beneficios “tangibles”: ruido, aire y condiciones de trabajo

Nodosa presenta el balance del proyecto en cuatro beneficios directos:

  • un medio más silencioso y equilibrado,
  • un aire más limpio (menor dispersión de partículas),
  • mejores condiciones ambientales para trabajadores y comunidad,
  • y un paso hacia un modelo “más humano, respetuoso y responsable”.

Es una fotografía que encaja con la dirección que marca la política industrial europea y española: proyectos que no se queden en el cumplimiento mínimo, sino que acrediten mejoras ambientales verificables. En la normativa de ayudas del PERTE Naval, las actuaciones de sostenibilidad deben elevar de forma sustancial la protección ambiental asociada a la actividad, incluso superando estándares aplicables o aumentando el nivel de protección en ausencia de normas específicas. 

PERTE Naval: ayudas con reglas, control y “no causar daño significativo”

El proyecto se apoya en una convocatoria pública vinculada al PERTE Naval, cuyo marco regulatorio y procedimiento de concesión se publican y gestionan desde el Portal de Ayudas del Ministerio, con referencia a órdenes ministeriales y a los principios del Plan de Recuperación. 

Como ocurre con las líneas financiadas por el Mecanismo de Recuperación y Resiliencia, el listón no es solo técnico: existe la exigencia del principio DNSH (“no causar un perjuicio significativo”), además de requisitos de justificación y trazabilidad del gasto. La resolución de concesión del PERTE Naval (convocatoria 2023) documenta el procedimiento y los criterios aplicables a las actuaciones financiadas en este instrumento. 

Más allá del astillero: el nuevo “contrato social” de la industria con su entorno

En comarcas con tradición naval, el debate ha cambiado: ya no basta con producir y dar empleo; hay una demanda creciente de integración urbana, convivencia con el vecindario y minimización de impactos. En ese marco, el proyecto de pantallas ambientales funciona como un símbolo de época: una inversión que no forma parte del núcleo productivo directo —no es una grada ni una maquinaria de construcción—, pero que se convierte en infraestructura de convivencia.

La industria naval, además, se enfrenta a una paradoja: es clave para la transición energética (buques más eficientes, electrificación, nuevas cadenas logísticas), pero al mismo tiempo debe reducir impactos en su propia huella local. Ahí encajan actuaciones como esta, que apuntan a dos “victorias” simultáneas: mejor entorno y mejor lugar de trabajo.

Una línea de continuidad: innovación ambiental como seña del naval gallego

Aunque el proyecto actual es específico, no nace de la nada. En los últimos años, el naval gallego ha ensayado distintas vías de reducción de impacto ambiental —desde nuevos procesos de tratamiento de superficies hasta I+D aplicada a la reparación—, con iniciativas difundidas por el propio ecosistema sectorial. 

En el caso de Nodosa, incluso existe referencia bibliográfica reciente en publicaciones técnicas del sector sobre proyectos orientados a reducir contaminación acústica y atmosférica (sin acceso abierto al texto completo), lo que sugiere una línea de trabajo sostenida más que una acción aislada. 

El cierre: anticiparse, no solo cumplir

En su mensaje de cierre de año, Nodosa presenta estas pantallas como “una declaración de intenciones”: anticiparse a futuras exigencias y consolidar la protección ambiental como valor estructural de su forma de operar. En una industria sometida a presión competitiva y a calendarios de entrega, ese tipo de inversiones no son menores: indican que el astillero no quiere elegir entre producción y sostenibilidad, sino hacerlas compatibles con soluciones técnicas que se adapten al trabajo real.

Porque, al final, la sostenibilidad industrial no se defiende solo con discursos. Se construye —a veces, literalmente— con pantallas que se despliegan donde el impacto nace y se repliegan cuando el trabajo continúa.

Conxemar Lab: una “clase de mar” en pleno Vigo para formar a los consumidores del futuro

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La asociación estrena un aula interactiva para escolares de 7 a 11 años con recorrido inmersivo, supermercado simulado y cocina educativa; prevé llegar a 5.400 alumnos por curso.

Vigo ha sumado esta semana un nuevo espacio a su mapa educativo, pero con un enfoque poco habitual: explicar el mar desde dentro. La Asociación Conxemar —referente del sector de productos del mar— ha inaugurado Conxemar Lab, un aula interactiva y experiencial concebida para que niños y niñas de 7 a 11 años comprendan cómo funciona la cadena de valor de la pesca y la acuicultura… y, sobre todo, para que vuelvan a mirar el pescado con curiosidad y confianza. 

La ambición del proyecto se mide en capacidad: en un curso completo, el aula está diseñada para acoger 180 clases, con la participación de 5.400 escolares y 360 docentes, una cifra que sitúa la iniciativa entre las de mayor alcance del sector a nivel nacional en el ámbito educativo. 

Una idea detrás de un espacio

Durante el acto, el presidente de Conxemar, Eloy García, quiso marcar el tono: no se trata solo de abrir una instalación, sino de activar un relato sectorial en clave pedagógica. En sus palabras, el proyecto busca ser “una nueva forma de explicar quiénes somos como sector” y el papel que pretende jugar en la educación de las futuras generaciones. 

La inauguración contó con la presencia de la conselleira do Mar, Marta Villaverde, y con la colaboración de la Xunta a través del GALP Ría de Vigo–A Guarda, un engranaje que, según la propia administración autonómica, refuerza el vínculo entre economía litoral y proyectos con impacto social. 

Cinco áreas para recorrer el mar “con los cinco sentidos”

Conxemar Lab está planteado como un itinerario multisensorial dentro de la sede de la asociación en Vigo. La Xunta detalla que el aula se estructura en cinco zonas temáticas: una zona envolvente con proyección y efectos sonoros sobre ecosistemas marinos; una maqueta interactiva tridimensional con apoyo audiovisual para seguir la cadena de valor; un bloque de consejos de consumo y nutrición con elementos didácticos; una recreación de supermercado que simula una tienda de congelados y productos del mar; y, como pieza diferencial, un taller de cocina. 

Ese último módulo es el que pretende cerrar el círculo: aprender, cocinar y degustar. La propuesta aspira a que el conocimiento no se quede en paneles o pantallas, sino que termine en una experiencia tangible: manipular el producto, entender sus presentaciones y perder el miedo a prepararlo. 

Una primera fase ya calendarizada

El plan de actividad arranca con una fase inicial intensa: entre mayo y junio de 2026, la previsión es albergar 75 clases, con 2.250 alumnos y 150 profesores. A partir de ahí, en curso completo, el proyecto escala hasta los 5.400 escolares. 

En la jornada inaugural, el aula ya se estrenó con alumnado de Primaria: acudieron estudiantes de 3º del CEIP Reibón (Moaña), un guiño a la vocación metropolitana y comarcal del proyecto, más allá del municipio de Vigo. 

Inversión y apoyos

El proyecto ha requerido una inversión cercana a 700.000 euros y ha contado con una ayuda de 100.000 euros procedente del GALP Ría de Vigo–A Guarda, según datos difundidos en la presentación pública. 

Por qué importa: salud, sostenibilidad… y hábitos

Conxemar Lab llega en un momento en el que Europa y España observan un fenómeno contradictorio en la alimentación: se habla más de dieta saludable, pero los hábitos reales compiten con el tiempo, la comodidad y la percepción de precio. La apuesta de Conxemar es atacar el problema por la raíz: formar criterio desde edades tempranas, explicando el origen de los productos del mar, su diversidad, la logística y la transformación, y el papel económico y laboral de un sector estratégico para las costas. 

En el fondo, el aula opera como un puente: entre el mar y el consumidor; entre la industria y la escuela; entre el “pescado” como concepto abstracto y el producto real en sus distintas presentaciones. Si el proyecto logra que miles de escolares vuelvan a casa hablando de especies, formatos, recetas y sostenibilidad, Conxemar habrá conseguido algo más que visitas guiadas: habrá sembrado hábito.

Claves del proyecto

  • Público objetivo: 7–11 años. 
  • Capacidad anual: 5.400 alumnos / 360 docentes / 180 clases. 
  • Itinerario en 5 áreas, con cocina educativa y degustación. 
  • Inversión aproximada: 700.000 €, con apoyo GALP (100.000 €).  

Nodosa vuelve a las rías para construir dos bateeiros de acero para Proinsa y Barlovento

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El astillero Nodosa refuerza su vínculo histórico con la acuicultura gallega y regresa a uno de sus nichos fundacionales: la construcción de bateeiros para el trabajo en las rías. La compañía con base en Marín fabricará dos nuevas unidades —una para la coruñesa Proinsa y otra para la arousana Barlovento— en una operación que, además de alimentar la renovación de flota del sector mejillonero, consolida carga de trabajo para los próximos ejercicios: el astillero mantiene cinco unidades de nueva construcción en cartera y horizonte de actividad hasta 2027. 

La noticia supone un giro con sabor a origen. Nodosa nació fabricando embarcaciones auxiliares ligadas a la acuicultura y, aunque en las últimas décadas se ha adentrado en buques de mayor porte, el “barco de batea” continúa siendo una pieza clave en el ecosistema industrial de las Rías Baixas: operación diaria en zonas de cultivo, logística entre polígonos de bateas y capacidad para trabajar con seguridad en condiciones cambiantes.Dos pedidos, dos rías, un mismo enfoque: robustez y maniobraLos dos encargos responden a una misma lógica empresarial: sustituir unidades y apostar por cascos de acero para ganar en fiabilidad, robustez y seguridad, con la vista puesta incluso en la posibilidad de realizar cambios de ría cuando el negocio lo requiera.

Bateeiro para Proinsa: 22,7 metros de eslora y 7,5 de manga, con entrega prevista en 2026.

Bateeiro para Barlovento: 22,2 metros de eslora y 7,0 de manga, con entrada en servicio planificada en 2027 para encajar con su calendario de renovación.

En ambos casos, los buques incorporarán hélices de maniobra a proa para mejorar la operatividad en espacios reducidos y maniobras de precisión, un factor determinante en entornos de bateas, muelles y fondeos con tráfico constante.

Quién es quién: Proinsa y Barlovento, dos perfiles del “músculo mejillonero”

Detrás de estos pedidos hay dos firmas con peso propio en la cadena del mejillón.

Proinsa (Promotora Industrial Sadense) nació en Sada y forma grupo con la depuradora Demarlosa y Vitalmar. Se presenta como uno de los grandes productores individuales del sector y opera un volumen muy relevante de bateas (en el entorno de un centenar, según información empresarial publicada en Galicia). Barlovento, con sede en Porto Meloxo (O Grove), cuenta con producción propia gracias a 11 bateas repartidas entre las rías de Arousa y Pontevedra, y ha construido su marca sobre la combinación de suministro estable, control de origen y apuesta por calidad e innovación. 

Dos compañías distintas, una misma tendencia: modernizar activos flotantes para sostener productividad, seguridad y capacidad de respuesta.El papel de Europa: ayudas FEMPA para modernización acuícolaLa operación se apoya también en la palanca financiera europea. Las armadoras han accedido a líneas de apoyo vinculadas al Fondo Europeo Marítimo, de Pesca y de Acuicultura (FEMPA), diseñado para reforzar la competitividad y sostenibilidad de los sectores pesquero y acuícola en el periodo 2021-2027.

En el sector bateeiro, estas ayudas han sido históricamente un acelerador de renovación: reducen la barrera de inversión inicial y facilitan incorporar mejoras de seguridad, maniobrabilidad y eficiencia en buques que trabajan muchas horas, muchos días y en un entorno donde el “tiempo de mar” no perdona errores.Un regreso con memoria: el precedente del Jocar Tres y el diseño “de la casa”El último mejillonero entregado por Nodosa antes de esta doble contratación fue el Jocar Tres, en 2020, también con diseño del propio astillero, un detalle que se repite ahora: la ingeniería y el concepto de buque vuelven a salir “de casa”. 

Más allá del dato, el movimiento es significativo por lo que representa: en un mercado naval acostumbrado a titulares de grandes unidades, Nodosa reafirma que el valor añadido no está solo en el tamaño, sino en la especialización y en conocer como nadie un tipo de embarcación que es casi “infraestructura móvil” del principal cultivo marino de Galicia.Lo que deja esta operaciónEl anuncio de estos dos bateeiros es, a la vez, una fotografía industrial y un termómetro del sector:La acuicultura gallega sigue invirtiendo, pese a la incertidumbre de costes y mercados.El acero gana terreno como apuesta por vida útil, seguridad y versatilidad operativa.Los astilleros locales retienen el negocio cuando ofrecen diseño, adaptación al armador y plazos alineados con la realidad productiva.

El FEMPA vuelve a ser palanca para modernizar flota y sostener competitividad. En las rías, donde cada metro de eslora cuenta y cada maniobra importa, estos barcos no son un simple pedido más: son una pieza de continuidad para la industria del mejillón y, también, un recordatorio de que el naval gallego se mantiene fuerte cuando conecta tradición, ingeniería y necesidades reales del mar.

“Merluza D& Burela”, sabor a mar para conquistar Madrid Fusión 2026

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El puerto lucense impulsa su producto con showcookings, una tapa finalista y acciones cofinanciadas por Xunta y FEMPA

El Porto de Burela volvió a mirar esta semana a Madrid como escaparate estratégico para sus productos pesqueros. En el marco del Congreso Internacional de Gastronomía Madrid Fusión, celebrado en Ifema, la marca “Merluza D& Burela” se convirtió en bandera de una promoción que combinó competición, degustaciones y alta cocina, a través de colaboraciones con la Consellería do Mar de la Xunta de Galicia y la Asociación Provincial de Empresarios de Hostalería e Turismo de Lugo (APEHL).

La presencia de la Organización de Produtores Pesqueiros do Porto de Burela (OPP-7) se articuló en distintos eventos que, más allá del impacto mediático, persiguen un objetivo de fondo: reforzar el reconocimiento del producto, su trazabilidad y la información que llega al consumidor, conectando origen, técnica y plato.

Una tapa con merluza que rozó el podio nacional

Uno de los momentos más destacados llegó con el IV Campeonato Oficial de Hostelería de España Tapas y Pinchos, en el que APEHL participó entre el lunes y el martes. La propuesta que representó a la provincia de Lugo fue “Ostras, ¡Qué Merluza D& Burela!”, elaborada por el cocinero José Luis Pardo (restaurante El Boni, Lugo).

La tapa superó la primera ronda —con 34 asociaciones participantes— y se coló en la gran final del martes, entre las seis mejores del país. El premio final fue para la candidatura de Asturias, pero el pase a la final situó a Burela en primera línea del relato gastronómico del congreso.

La creación jugó a sorprender desde el concepto: un trampantojo de falsa ostra, construido con galleta de tinta de lura, relleno de gazpacho de gilda elaborado con aceite de oliva de Quiroga, merluza del pincho de Burela cocinada a baja temperatura y ovas de trucha, coronado con un aire de carabinero. Técnica y producto, unidos para que la merluza no solo se coma: también se cuente.

“Galicia Sabe A-Mar”: la merluza del pincho en clave de alta cocina

La promoción continuó dentro del espacio institucional de la Xunta de Galicia en Madrid Fusión, donde el programa “Galicia Sabe A-Mar” acogió este miércoles un showcooking-degustación dedicado a Merluza D& Burela. La sesión corrió a cargo de la chef Lucía Freitas (restaurante A Tafona, Santiago de Compostela), con propuestas maridadas con vinos DO Rías Baixas.

El menú puso el foco en la versatilidad del producto con dos elaboraciones: “Merluza do pincho de Burela con salsa meniere afumada” y “Merluza do pincho de Burela con fabas de Lourenzá e caldeirada”, un diálogo entre la técnica y el recetario atlántico que reivindica tradición sin renunciar a la precisión.

Más tarde, el chef Alex Iglesias, en colaboración con Armadores de Burela, protagonizó una degustación centrada en el “Bonito do Norte de Burela”, con maridaje de vinos DO Ribeiro. Las propuestas: “Bonito de Burela mariñado con caldo de mazá e albáfega” y “Lombo Bonito de Burela marcado en ferro con escabeche de verduras e abelás”, reforzando la idea de puerto como origen gastronómico de primer nivel.

Trazabilidad y relato: del muelle al plato

Las acciones, según se detalla en la información del propio sector, están cofinanciadas por la Xunta de Galicia y el FEMPA y se incluyen en el plan anual de producción y comercialización de la OPP-7 Porto de Burela, con un objetivo declarado: contribuir a la rastreabilidad de los productos de la pesca y facilitar al consumidor una información clara y completa.

En un congreso donde la cocina compite por el relato, Burela apostó por un mensaje reconocible: producto de calidad, identidad de puerto y demostraciones capaces de traducir el mar a un lenguaje que Madrid entiende bien. La merluza del pincho y el bonito del norte pusieron nombre propio a esa estrategia. Y, sobre todo, dejaron claro que la promoción ya no se mide solo en presencia, sino en la capacidad de conectar origen, oficio y mesa en un mismo gesto

La producción de ingredientes marinos en China disminuyó en 2025 en comparación con 2024

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La producción nacional de ingredientes marinos en China sigue limitada por mayores costes y menor rentabilidad para los productores locales. Con el periodo de pesca pico ya finalizado, las expectativas de mejora durante el resto de la temporada hasta abril de 2026 son limitadas. Se proyecta que la producción de harina de pescado y aceite de pescado en 2025 caiga entre un 20% y un 30% respecto a los niveles de 2024. Hasta 2025, las importaciones globales de harina de pescado de China aumentaron alrededor de un 5% en comparación con el año anterior, con Perú, Vietnam y Chile como los tres principales proveedores.

La producción acuicultural nacional sigue creciendo, con la producción prevista para 2025 que supere los niveles de 2024. La demanda de harina de pescado proveniente de la acuicultura —impulsada principalmente por la cría de camarones de pata blanca en el sur de China (Guangdong, Guangxi, Hainan)— está prevista para aumentar gradualmente de cara a la temporada de marzo a abril de 2026.

La segunda temporada de anchoveta finaliza con 1,63 millones de toneladas

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En Perú, la segunda temporada de pesca en la región Norte-Centro ha finalizado con la flota de anchovetas habiendo desembarcado casi toda la cuota de 1,63 millones de toneladas métricas. «Esto es una buena noticia; aunque aún queda por confirmar los datos para todo el año, esperamos que 2025 haya ofrecido una producción ligeramente menor tanto de harina de pescado como de aceite de pescado en comparación con 2024«, comentó el Dr. Enrico Bachis, director de investigación de mercado de la IFFO.

En noviembre de 2025, la producción acumulada total anual de harina de pescado* aumentó aproximadamente un 2% en comparación con el mismo periodo de 2024. Este aumento se debió a una mayor producción en la mayoría de las regiones, excepto en los países africanos e Islandia y la zona del Atlántico Norte, que reportaron un descenso interanual.

De manera similar, la producción acumulada de aceite de pescado* hasta noviembre de 2025 mostró un aumento interanual de alrededor del 7%. La mayoría de los países registraron tendencias positivas en comparación con enero y noviembre de 2024, con la excepción de Perú, donde los menores rendimientos petroleros en 2025 jugaron un papel significativo en el descenso.

* Estos datos se basan en estadísticas compartidas por miembros de la IFFO en Chile, Dinamarca, Islas Feroe, Islandia, Costa de Marfil, Mauricio, Noruega, Reino Unido, Estados Unidos, Perú, Sudáfrica y España, representando el 40% de la producción mundial de harina de pescado y el 50% de la producción de aceite de pescado.

El Puerto de Bilbao se posiciona en Berlín para captar nuevos tráficos hortofrutícolas

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Acude a Fruit Logistica con su oferta reefer, conexiones con Europa y nuevas rutas directas a Sudamérica y Canadá

El Puerto de Bilbao vuelve a mirar al gran escaparate internacional de las frutas y hortalizas para reforzar su papel como plataforma logística del norte peninsular. La Autoridad Portuaria participa del 4 al 6 de febrero en Fruit Logistica Berlín, la feria de referencia del sector, con el objetivo de buscar nuevas oportunidades de mercado y presentar sus servicios marítimos, logísticos e intermodales en el hall 25, stand A61.

La cita reúne a más de 91.000 participantes de 151 países, un entorno donde la competitividad ya no depende solo del producto, sino también de la capacidad de moverlo con rapidez, trazabilidad y garantías sanitarias, especialmente en el caso de los perecederos. En ese tablero, Bilbao llega con una carta de presentación concreta: el puerto mueve cerca de 107.000 toneladas de frutas y hortalizas y ofrece a exportadores e importadores una alternativa a la carretera para los tráficos con Alemania y el norte de Europa, además de conexiones con las Islas Británicas.

Un “hub” para el norte y una puerta hacia Sudamérica

La estrategia del Puerto de Bilbao se apoya, en paralelo, en su condición de enlace europeo con Sudamérica, una región de la que procede una parte significativa de los productos hortofrutícolas que abastecen el mercado comunitario. Para ese tráfico, la Autoridad Portuaria pone el foco en la capacidad del enclave para operar contenedores refrigerados y conectar con grandes rutas oceánicas, un factor clave cuando se trata de mantener la cadena de frío y ajustar tiempos de tránsito.

Entre las novedades recientes que Bilbao presenta en Berlín destaca la puesta en marcha, por parte de MSC, de dos nuevos servicios transatlánticos semanales y directos para contenedores: uno hacia la costa oeste de Sudamérica y otro hacia Canadá. El servicio sudamericano enlaza Bilbao con escalas europeas en Londres, Rotterdam y Amberes, antes de cruzar el Atlántico hacia Caucedo (República Dominicana) y continuar por Cartagena (Colombia), Cristóbal y Rodman (Panamá), Callao (Perú) y los puertos chilenos de San Antonio, Coronel y Valparaíso. Según la información facilitada, el tiempo de tránsito entre Bilbao y el primer puerto americano es de 16 días, y hasta el último destino se sitúa en 33 días.

La segunda ruta conecta Bilbao con Halifax (Canadá) con un tránsito aproximado de dos semanas, una ventana que refuerza la oferta para operadores que buscan diversificar destinos y ganar flexibilidad logística.

Infraestructura reefer y operativa ágil

La base de este posicionamiento está en la terminal de contenedores, considerada la principal del norte de España, con 540 tomas para contenedores reefer y un acceso automatizado que, en tráficos perecederos, resulta determinante para recortar esperas y simplificar procedimientos. La Autoridad Portuaria subraya que desde Bilbao parten líneas que conectan con los cinco continentes, y que la ampliación de servicios incrementa la capacidad de ofrecer soluciones a medida a exportadores e importadores de productos sensibles al tiempo y a la temperatura.

Junto al contenedor, Bilbao mantiene además su fortaleza en terminales ro-ro y multipropósito, con líneas regulares que lo conectan con Reino Unido, Irlanda y el norte de Europa, una combinación que permite adaptarse a distintos perfiles de carga y a cadenas de suministro que priorizan regularidad y control.

Mercabilbao y el control fronterizo, piezas clave para perecederos

La presencia en Fruit Logistica también sirve para visibilizar la colaboración con Mercabilbao, considerado el mayor centro de distribución de alimentos perecederos del norte de la Península Ibérica y del sur de Francia. Esa proximidad logística refuerza el atractivo del puerto para operadores que buscan minimizar tiempos hasta los centros de consumo y redistribución.

En el apartado de garantías sanitarias y controles, el Puerto de Bilbao dispone de un Punto de Control Fronterizo (PCF) autorizado para inspeccionar productos de origen animal y no animal, piensos, vegetales y productos vegetales, así como madera y derivados. El PCF cuenta con 15 bocas equipadas con medios técnicos para generación de frío industrial, aislamiento térmico y acabados diseñados para facilitar la limpieza y mantener condiciones estables durante la inspección y la operativa.

En este contexto, la Autoridad Portuaria ha iniciado una inversión de 534.052 euros destinada a la sustitución de los equipos de refrigeración de las cámaras y muelles de carga, una actuación orientada a mejorar fiabilidad y rendimiento en una actividad donde cualquier desviación térmica puede traducirse en pérdidas.

Competir en logística para ganar mercado

Con su participación en Berlín, el Puerto de Bilbao busca trasladar un mensaje claro al sector hortofrutícola: la logística ya no es un eslabón auxiliar, sino un elemento decisivo para abrir mercados y sostenerlos. Capacidad reefer, conexiones oceánicas, alternativas al transporte por carretera, control fronterizo avanzado y enlace con un gran nodo de distribución como Mercabilbao conforman la propuesta con la que el enclave quiere seguir creciendo en un segmento donde el tiempo —y la temperatura— valen tanto como el precio.

La “regionalización” de la Política Pesquera Común gana terreno… pero sigue chocando con la falta de transparencia

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Un estudio internacional revela avances en legitimidad y participación, aunque persisten desigualdades de capacidad y dudas sobre qué se hace con los consejos del sector

La Política Pesquera Común (PPC) de la Unión Europea lleva más de dos décadas intentando resolver una paradoja: decisiones cada vez más técnicas y complejas, pero con una demanda social creciente de participación, transparencia y eficacia. La gran apuesta para acercar el gobierno de la pesca a la realidad de cada mar fue la regionalización: un modelo que, desde la reforma de 2002 y especialmente tras la de 2013, busca que las medidas se diseñen de forma más “a medida” por cuencas marinas y con más interlocución directa con el sector. Un nuevo trabajo académico, publicado en Maritime Studies, pone números y voces a esa promesa y concluye que el camino ha servido para mejorar la legitimidad interna del proceso… pero también ha dejado al descubierto fricciones estructurales que condicionan su credibilidad.

El artículo —firmado por Marloes Kraan, Sara Vandamme, Laura Lemey, Else Giesbers, Chris ten Napel, Noémi Van Bogaert, Martin Aranda, Nathalie A. Steins y Stephen C. Mangi— analiza cómo perciben la regionalización los actores que la viven por dentro: Consejos Consultivos (Advisory Councils, ACs)grupos de Estados miembros (Member States Groups, MSGs) y representantes de la Comisión Europea

Un marco que “funciona” sobre el papel, pero depende de su aplicación

La PPC, vigente desde 1983, se reformó varias veces (1992, 2002 y 2013) con un objetivo recurrente: corregir fallos de un sistema criticado por su enfoque demasiado centralizado y por producir medidas “de talla única” para realidades muy distintas. La reforma de 2002 introdujo la regionalización mediante los entonces Consejos Consultivos Regionales (RACs), hoy ACs, como espacios de cooperación donde el sector y otros grupos afectados pudieran influir en la toma de decisiones. 

En 2013, la regionalización dio un paso más: nacieron los MSGs, grupos de Estados con interés directo en una zona o pesquería que elaboran recomendaciones conjuntas y deben consultar a los ACs antes de elevar propuestas a Bruselas. El objetivo, según el estudio, era claro: reducir la “microgestión” desde la capital comunitaria y favorecer decisiones más pragmáticas y ajustadas a cada cuenca. 

Cómo se investigó: entrevistas, encuesta y grupos focales

Para medir el estado real del modelo, los autores aplican una metodología mixta basada en dos investigaciones realizadas en 2021: un estudio encargado por la Comisión (a través de CINEA) y un trabajo adicional ligado a un máster. El equipo combinó revisión documentalanálisis de redesentrevistasencuesta online multilingüe y grupos focales

En cifras, el estudio recogió 36 entrevistas119 respuestas a la encuesta y tres grupos focales con perfiles diferenciados (miembros de ACs con trayectoria, representantes de MSGs/Comisión y equipos directivos de ACs). 

La pregunta clave: ¿ha ganado legitimidad la política pesquera?

El análisis se centra en la legitimidad interna: si quienes participan perciben el proceso como justo y funcional. Para ello, los autores separan dos dimensiones:

  • Legitimidad de entrada (input): quién participa, accesibilidad e inclusividad.
  • Legitimidad de proceso (throughput): calidad del “cómo”: representación, transparencia y rendición de cuentas. 

En conjunto, el veredicto es matizado: la regionalización se considera necesaria y ha cumplido “en parte” lo que prometía, pero con diferencias claras según el rol de cada actor. 

Lo que sí ha mejorado: acceso y espacios de diálogo

Una de las conclusiones más contundentes es que los ACs han abierto un canal estable para que una diversidad de actores tenga acceso directo al proceso de decisión. En palabras del artículo, los ACs han funcionado como “organizaciones frontera”: espacios donde se construye consenso, se media, se comparte información, se desarrolla capacidad y se co-produce conocimiento, algo especialmente relevante en un contexto de problemas “retorcidos” (wicked problems) asociados a la economía azul y al cambio climático. 

Ese es, de hecho, uno de los grandes logros prácticos: sentar en una misma mesa a flotas, transformadores, comercialización y otros grupos de interés (ONG ambientales, consumidores o pesca recreativa) para discutir medidas que, de otra forma, nacerían en circuitos más cerrados. 

El talón de Aquiles: capacidad desigual y plazos “imposibles”

Pero el estudio también subraya que el acceso no garantiza influencia. Muchos participantes describen un problema repetido: falta de tiempo, recursos y apoyo técnico para participar de forma efectiva. Los ACs, señalan los autores, a menudo reciben solicitudes de opinión con poco margen, lo que dificulta leer documentos, coordinar posiciones internas y asistir a grupos de trabajo. 

Además, hay una desigualdad de capacidades que pesa en el debate: algunos representantes de “otros grupos de interés” suelen contar con perfiles científicos, mientras que parte de las delegaciones de pesca no, lo que puede influir en discusiones técnicas. El acceso a expertos externos es posible, pero depende del presupuesto disponible. 

Representación: el 60/40 que no siempre se cumple

La regionalización quiso garantizar equilibrio: desde 2013, la referencia es que los ACs mantengan una proporción aproximada 60% sector / 40% otros grupos de interés. Sin embargo, el estudio constata que esa división a menudo no se alcanza, con presencia de “otros intereses” por debajo del umbral, lo que alimenta tensiones y hace más difícil atraer nuevos participantes: un círculo vicioso de insatisfacción y desenganche. 

Cuando los asuntos son políticamente sensibles, el consenso tampoco es fácil. Algunos actores consideran que buscar unanimidad puede derivar en recomendaciones “débiles”, basadas en el mínimo común denominador. Otros, incluidos representantes institucionales, sugieren que no siempre es imprescindible un consenso total y que visibilizar disensos puede aportar valor. 

Transparencia y rendición de cuentas: el gran agujero de los MSGs

Donde el estudio es más crítico es en la transparencia y la rendición de cuentas en la relación entre ACs, MSGs y Comisión. Mientras los ACs suelen tener procedimientos claros y publican su trabajo, los autores describen a los MSGs como estructuras con poca visibilidad externa: sin un registro formal completo, con presidencias rotatorias, sin secretarías permanentes y con información limitada sobre su funcionamiento y resultados. 

A ello se suma una queja repetida: para los ACs, no siempre queda claro qué se hace con sus recomendaciones. Esa falta de trazabilidad genera frustración, especialmente cuando los participantes no pueden identificar por qué su consejo no fue considerado o en qué fase se descartó. El propio artículo recuerda que la PPC establece que el asesoramiento de los ACs debe “tenerse en cuenta”, lo que eleva la exigencia de explicación.

El embudo se estrecha aún más en el tramo final: cuando se trabaja sobre actos delegados, los Estados participan en grupos de expertos de la Comisión, pero los ACs no están invitados, lo que refuerza la percepción de “caja negra” en el último metro de la decisión. 

¿Quién está más satisfecho? Los números del desacuerdo

La encuesta revela un contraste llamativo: aproximadamente el 75% de los encuestados de MSGs se declara satisfecho con la regionalización, frente a alrededor del 40% de los miembros de ACs; los equipos de gestión y expertos científicos se mueven en torno a la mitad. Dicho de otro modo: quienes están más cerca de la capacidad de decisión tienden a ver mejor el sistema que quienes aportan asesoramiento. 

La limitación jurídica: el “techo” del Tratado de Lisboa

El estudio introduce además un factor estructural que pesa sobre toda la regionalización: el Tratado de Lisboa mantiene la pesca como competencia exclusiva de la UE, lo que limita la cesión real de poder a niveles regionales. Esa restricción legal alimenta la sensación de que, pese a los mecanismos participativos, el margen decisorio sigue estando acotado, generando “incertidumbre y frustración” en parte de los actores. 

La sombra del lobby: cuando el atajo compite con el consenso

Un elemento especialmente delicado es la percepción de que el lobby por canales paralelos puede desdibujar el espíritu del sistema. Los ACs obligan a negociar y buscar compromisos; el lobby, en cambio, permite defender intereses sin transacción y con más opacidad. Según el artículo, esa dinámica puede desincentivar la inversión de tiempo en el trabajo deliberativo del consejo, sobre todo cuando los recursos son limitados y no se percibe retorno en forma de influencia real. 

Qué proponen los autores: más trazabilidad y más peso para el consejo

El trabajo no plantea abandonar la regionalización; al contrario, la reivindica como un avance institucional que debe fortalecerse. La clave, sostienen, pasa por reforzar justamente lo que hoy falla: orientaciones más claras para la participación de los MSGs, estructuras más visibles, y sobre todo transparencia sistemática sobre cómo se integra —o no— el asesoramiento de los ACs en recomendaciones conjuntas y en actos finales. 

La tesis final es que, ante la presión creciente sobre el mar (competencia espacial, energía, biodiversidad, clima), la UE necesitará decisiones cada vez más difíciles y discutibles. Y para que esas decisiones se acepten, no bastará con ciencia y control: hará falta un proceso legítimo, donde el sector perciba que sentarse a la mesa sirve.

La UE activa una nueva exigencia para el atún con la congelación en salmuera a -18ºC en un máximo de 72 horas

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La medida, ya en vigor, abre dudas operativas en los cerqueros: capacidad real, control de temperatura y coste de adaptación

La Unión Europea ha puesto en marcha desde hoy una nueva obligación para el atún destinado a consumo humano directo: deberá congelarse en salmuera a -18ºC en un plazo máximo de 72 horas a bordo de los cerqueros. El cambio normativo, que apunta a reforzar garantías de calidad y seguridad del producto, ha provocado un debate inmediato en el sector.

En la práctica, el punto crítico no es solo la cifra del termómetro, sino el “cómo” y el “cuándo”. En un cerquero, la captura puede concentrarse en pocas maniobras y generar picos de volumen que tensan la cadena de frío. El nuevo umbral de 72 horas obliga a reordenar prioridades: desde la estiba hasta la logística interna (clasificación, manipulación, carga en los tanques de salmuera), pasando por la disponibilidad de energía y el rendimiento real de los sistemas de congelación cuando el barco trabaja a plena capacidad.

Buena parte de los grandes cerqueros modernos ya operan con sistemas de congelación y conservación que incluyen salmuera, pero el grado de preparación no es homogéneo. El requisito comunitario puede convertirse en un filtro técnico para buques con equipos más antiguos o con configuraciones pensadas para otros mercados. Para algunos operadores, el desafío será demostrar el cumplimiento: registrar tiempos, asegurar trazabilidad del lote y disponer de evidencias verificables de temperatura y proceso, especialmente si las inspecciones o auditorías aumentan.

Los expertos consultados por Atuna plantean además una pregunta de fondo: si la exigencia se interpreta de forma estricta, no bastará con “meter el pescado en frío”, sino que habrá que garantizar condiciones de congelación efectivas en un plazo que, en operaciones complejas, puede coincidir con desplazamientos, meteorología adversa o limitaciones mecánicas. En ese escenario, la norma introduce un riesgo económico evidente: si no se llega al estándar, el producto puede quedar fuera del canal previsto o perder valor comercial.

El impacto también puede trasladarse a la relación entre flota, industria y mercados. El atún para consumo directo compite en un segmento donde la calidad, textura y estabilidad determinan el precio final. Congelar antes puede ayudar a mantener parámetros, pero también obliga a ajustar rutinas para no degradar el producto durante las horas posteriores a la captura. La exigencia de salmuera a -18ºC pretende, precisamente, aportar uniformidad, pero su aplicación real dependerá de cada barco, de cada marea y de cada punto de desembarque.

En el plano político, la medida se enmarca en una tendencia más amplia: más requisitos verificables en las cadenas alimentarias que abastecen al mercado europeo. Para las autoridades, el mensaje es claro: el estándar no debe depender de la “buena práctica” voluntaria, sino de una obligación común. Para el sector, en cambio, la discusión se centra en el calendario, la inversión necesaria y la viabilidad operativa en flotas diversas, con realidades técnicas muy distintas.

De aquí en adelante, el termómetro marcará algo más que la temperatura: marcará también la capacidad de adaptación de la flota a un marco regulatorio que pone el foco en procesos medibles. En ese pulso —seguridad alimentaria, trazabilidad y competitividad— se decidirá si la norma se convierte en una mejora asumible o en un nuevo cuello de botella para parte de los cerqueros.

Si me pegas el texto completo del enlace de Atuna (o el extracto donde aparecen los argumentos de los expertos), te preparo una versión más “de periódico” con citas atribuidas, contexto normativo y reacción del sector.

Un estudio internacional propone una guía práctica para que la IA mejore la protección del océano

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El informe plantea cómo usar algoritmos en vigilancia, conservación y ciencia sin agrandar riesgos: datos fiables, transparencia, evaluación de impacto y participación costera

La inteligencia artificial lleva años prometiendo una revolución en la forma de observar el planeta, pero en el océano —donde la falta de datos es crónica y la vigilancia es cara— esa promesa adquiere un valor especial. Un estudio internacional acaba de proponer una guía práctica para convertir la IA en una herramienta útil, verificable y segura en la protección marina: desde la lucha contra la pesca ilegal hasta la detección de vertidos, pasando por el diseño de áreas protegidas o la respuesta ante eventos extremos.

El documento parte de una idea sencilla: la IA no salva océanos por sí sola. Puede amplificar capacidades —ver más, más rápido y con menos coste—, pero también puede amplificar errores. Por eso, la guía no se limita a enumerar “casos de éxito”, sino que se centra en lo que suele fallar: datos incompletos, modelos poco transparentes, resultados difíciles de auditar y decisiones que no incorporan a quienes viven del mar.

Del laboratorio al muelle: qué quiere evitar la guía

La propuesta insiste en un punto crítico: en entornos marinos, las decisiones suelen tomarse con información fragmentada y en condiciones variables. Un algoritmo entrenado con datos de un área concreta puede rendir mal en otra; un sistema que funciona con mar en calma puede fallar con temporales; un modelo que clasifica especies puede confundirse cuando cambia la turbidez o la luz. La guía recomienda, por tanto, protocolos de validación en condiciones reales y no solo en entornos controlados.

A la vez, el informe alerta del riesgo de “soluciones caja negra”: herramientas que generan alertas sin explicar por qué. En protección ambiental, eso puede traducirse en un problema de confianza y de responsabilidad. Si un sistema acusa a un buque de actividad irregular o señala un vertido, ¿con qué evidencia? ¿Se puede replicar el resultado? ¿Quién responde si hay un falso positivo o un falso negativo?

Tres aplicaciones con potencial inmediato

Aunque el estudio aborda un abanico amplio, su enfoque práctico se entiende bien con tres usos que ya están en el radar de administraciones, centros tecnológicos y ONG:

1) Vigilancia marítima y pesca ilegal (INDNR).
La combinación de imágenes satelitales, sensores y patrones de movimiento puede ayudar a detectar comportamientos anómalos, zonas de riesgo y actividades no declaradas. La guía propone integrar IA con procedimientos humanos: el algoritmo prioriza y filtra, pero la decisión final debe pasar por verificación operativa y reglas claras de actuación.

2) Contaminación y respuesta rápida.
Modelos que identifican manchas, plásticos flotantes o episodios de turbidez permiten ganar tiempo en emergencias. El documento recomienda que estas herramientas vayan acompañadas de umbrales de confianza, trazabilidad del dato (qué satélite, qué sensor, qué fecha) y coordinación con planes de contingencia.

3) Conservación y gestión adaptativa.
La IA puede apoyar la cartografía de hábitats, el seguimiento de biodiversidad o la evaluación de presión humana (tráfico marítimo, ruido, anclajes). La guía subraya que el valor no está solo en “mapear”, sino en convertir la información en medidas: zonificación, límites temporales, protección de áreas sensibles y seguimiento de resultados.

Los “mandamientos” prácticos: datos, transparencia y comunidad

El núcleo de la guía se articula alrededor de recomendaciones operativas que buscan evitar el clásico ciclo de proyectos piloto que no escalan:

  • Datos de calidad y gobernanza del dato. Estándares comunes, metadatos completos, control de sesgos y mecanismos para compartir información sin perder seguridad ni derechos.
  • Transparencia y explicabilidad. Modelos auditables, documentación clara y posibilidad de entender por qué una herramienta recomienda una acción.
  • Evaluación de impacto. No solo precisión técnica: impacto ambiental real, costes, riesgos de error, efectos sobre comunidades y posibles usos indebidos.
  • “Humano en el circuito”. La IA como apoyo a decisiones, no como sustituto automático; protocolos de revisión y responsabilidad definida.
  • Participación de actores locales. Pescadores, autoridades portuarias, científicos, ONGs y comunidades costeras: la guía insiste en que la legitimidad y la eficacia aumentan cuando se incorpora conocimiento del terreno.
  • Ciberseguridad y resistencia a manipulación. Si el mar ya sufre interferencias tecnológicas (señales, sistemas de identificación, comunicaciones), un sistema de IA debe diseñarse para operar incluso con información incompleta o potencialmente alterada.

El dilema ético: proteger sin vigilar de más

Un capítulo especialmente sensible es el del equilibrio entre protección y control. La guía advierte que herramientas de seguimiento —sobre todo si combinan ubicación, imágenes y perfiles de actividad— pueden generar problemas de privacidad, persecución indebida o criminalización selectiva. Por eso propone principios de proporcionalidad, transparencia pública y salvaguardas: qué se recoge, para qué, durante cuánto tiempo y con qué control independiente.

También alerta sobre el riesgo de “greenwashing algorítmico”: presentar como innovación climática soluciones que no cambian el resultado sobre el agua. El documento propone que los proyectos incorporen indicadores verificables: reducción de incidentes, mejora de cumplimiento, recuperación de hábitats o reducción de emisiones en operaciones marítimas.

Una hoja de ruta para que la IA sea útil de verdad

El mensaje final del estudio es claro: la IA puede ser una palanca poderosa para el océano, pero su eficacia depende menos del brillo tecnológico que de la arquitectura institucional que la rodea. Con datos sólidos, modelos auditables, protocolos de actuación y participación social, los algoritmos pueden acelerar la detección de riesgos, abaratar la vigilancia y mejorar decisiones de conservación. Sin esos elementos, la IA corre el riesgo de convertirse en otra herramienta “prometedora” que no llega a puerto.

Si quieres, pégame aquí el enlace o el PDF del informe en inglés (o un extracto) y te lo convierto en un artículo aún más “de actualidad”, citando autores, organización, recomendaciones exactas y ejemplos concretos del documento.

Madrid pone el foco en el “retrofit” verde: la industria naval se cita el 25 de febrero para bajar CO₂ en flotas en servicio

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SOERMAR y los astilleros ASTICAN, ASTANDER y ASTIBAL (Grupo Alimia) convocan una jornada técnica para aterrizar soluciones ya aplicables: eficiencia, digitalización, combustibles alternativos y captura de carbono a bordo

La descarbonización del transporte marítimo ha entrado en una fase en la que pesan menos los eslóganes y más las decisiones técnicas con retorno medible. Con ese enfoque, el Auditorio El Beatriz (Madrid) acogerá el 25 de febrero la Jornada de Descarbonización del Transporte Marítimo, impulsada por SOERMAR en colaboración con ASTICAN, ASTANDER y ASTIBAL (Grupo Alimia). El encuentro reunirá a armadores, astilleros, fabricantes, sociedades de clasificación y Administración para poner sobre la mesa qué tecnologías funcionan hoy, cómo se integran en buques existentes y cómo encajan en el marco regulatorio europeo e internacional. 

El planteamiento llega en un momento de presión normativa y competitiva. En la UE, el EU ETS ya incluye el transporte marítimo y su exigencia se incrementa de forma escalonada (40% de emisiones verificadas, 70% y, después, cobertura total), con plazos anuales de entrega de derechos.  Paralelamente, FuelEU Maritime fija límites a la intensidad de gases de efecto invernadero de la energía usada por buques que escalan desde 2025 y apuntan a reducciones profundas hacia 2050.  A nivel global, la OMI mantiene el listón con herramientas como EEXI y CII, en vigor desde 2023, que empujan a mejorar eficiencia y gestión operativa. 

En ese contexto, la jornada se orienta a lo práctico: cómo descarbonizar sin esperar a la “flota nueva”. El programa pivota sobre cinco ejes: tecnologías de eficiencia ya implantadas, digitalización y optimización operativa en buques existentes, combustibles alternativos (metanol, amoniaco y biocombustibles), captura de carbono a bordo (OCCS) con foco en viabilidad y certificación, y una visión cruzada “armador–astillero–class–regulador” para acotar barreras reales y soluciones escalables. 

El trasfondo es claro: el sector necesita recortar emisiones y consumo en el corto plazo, pero también minimizar riesgos tecnológicos. De ahí el énfasis en soluciones certificables y aplicables a flotas en servicio, un terreno donde el retrofit —desde mejoras de eficiencia energética hasta nuevos sistemas de control, cambios de combustible o pilotos de captura— se está convirtiendo en la vía más inmediata para cumplir, ahorrar y ganar tiempo mientras maduran infraestructuras y suministro de combustibles de nueva generación. 

Con Madrid como punto de encuentro, el mensaje de los organizadores se resume en una idea: decidir con criterio técnico, compartir experiencia real y entender qué inversiones ofrecen retorno inmediato en CO₂, consumo y cumplimiento.