Un estudio publicado en ICES Journal of Marine Science alerta del declive a largo plazo del stock y de la pérdida de diversidad genética en varias poblaciones del Atlántico y el Mediterráneo.
La merluza europea (Merluccius merluccius), uno de los pilares de la pesca demersal en Europa, muestra signos de debilitamiento tras décadas de presión pesquera y alteraciones ambientales. Un estudio publicado en la revista científica internacional ICES Journal of Marine Science advierte de que la abundancia de esta especie ha disminuido progresivamente desde finales del siglo XX, lo que podría comprometer su capacidad de adaptación y recuperación en el futuro.
La merluza europea es una de las especies más importantes para las flotas pesqueras del Atlántico nororiental y del Mediterráneo, tanto por su valor económico como por su papel ecológico como depredador en los ecosistemas marinos. Sin embargo, la investigación científica apunta a una tendencia preocupante: la reducción sostenida de su abundancia y diversidad genética en varias regiones de su distribución.
El estudio publicado en ICES Journal of Marine Science analiza poblaciones de merluza europea en diferentes áreas del Atlántico, entre ellas Galicia, las Islas Baleares y el Mar del Norte. Los investigadores observaron que, a lo largo de varias décadas, estas poblaciones han experimentado pérdidas significativas de diversidad genética, un indicador clave de la salud y resiliencia de las especies marinas.
Según los autores, esta reducción genética tiene consecuencias directas para la especie. Las poblaciones con menor diversidad tienen más dificultades para adaptarse a cambios ambientales, como el calentamiento de los océanos o las alteraciones en los ecosistemas marinos. Esto aumenta la vulnerabilidad de la merluza frente a factores como el cambio climático o las fluctuaciones en la productividad de los mares europeos.
El declive de la merluza europea no es un fenómeno reciente. Las estadísticas pesqueras muestran que los desembarques han experimentado fuertes oscilaciones en las últimas décadas. En los años cincuenta, las capturas superaban ampliamente las 160.000 toneladas, mientras que a comienzos del siglo XXI se situaban en torno a 60.000 toneladas, reflejando las consecuencias de décadas de explotación intensiva de los caladeros europeos.
La biología de la especie también influye en su vulnerabilidad. La merluza crece lentamente y alcanza la madurez sexual relativamente tarde, lo que limita su capacidad de recuperación cuando la presión pesquera es elevada. Esta característica ha llevado a que algunas poblaciones, especialmente en el Mediterráneo y en ciertas zonas del Atlántico sur europeo, se consideren históricamente sobreexplotadas.
Los científicos subrayan que la gestión pesquera basada en el conocimiento científico resulta fundamental para revertir esta tendencia. Medidas como el establecimiento de cuotas, la protección de áreas de reproducción y la mejora del seguimiento científico de las poblaciones pueden contribuir a reforzar la sostenibilidad de la especie.
El estudio pone de relieve, en definitiva, que el futuro de la merluza europea dependerá de la capacidad de los sistemas de gestión pesquera para equilibrar explotación y conservación en un contexto marcado por el cambio climático y la creciente presión sobre los recursos marinos. Para el sector pesquero europeo, mantener la salud de este recurso estratégico será clave para garantizar tanto la sostenibilidad de los ecosistemas como la viabilidad económica de las flotas.
