El anuario 2026 del Marine Stewardship Council sitúa en el 13% las capturas mundiales certificadas de este grupo clave para la alimentación, la conserva y los ingredientes marinos
Los pequeños pelágicos —anchoa, sardina, caballa, arenque o bacaladilla, entre otros— representan ya más de 24 millones de toneladas de las capturas marinas mundiales, pero solo el 13% de ese volumen estaba certificado por el Marine Stewardship Council (MSC) a cierre de 2025. En términos absolutos, eso supone más de 3 millones de toneladas certificadas, según el Small Pelagics Yearbook 2026, que confirma el creciente peso comercial de estas especies, pero también el largo camino pendiente para extender estándares de sostenibilidad a una parte mucho mayor de la pesca mundial.
El dato tiene especial relevancia porque los pequeños pelágicos ocupan una posición estratégica en el océano y en el mercado. Son base alimentaria de grandes peces, aves marinas y mamíferos, y al mismo tiempo sostienen cadenas de valor esenciales para el consumo humano, la industria conservera y la producción de harina y aceite de pescado para acuicultura. El propio MSC subraya que, además de su importancia nutricional, estas pesquerías están sometidas a fuertes tensiones por la variabilidad ambiental, el cambio climático y la dificultad de gestionar stocks compartidos entre varios Estados.
La lectura positiva del informe es que el mercado empieza a empujar. El MSC sostiene que marcas y distribuidores están reforzando sus compromisos de compra responsable, lo que está beneficiando a las pesquerías certificadas. Sin embargo, la organización también admite que la cobertura global sigue siendo limitada: el 68% de las capturas mundiales de pequeños pelágicos no está ni certificado, ni en evaluación, ni dentro de un proyecto de mejora pesquera, mientras que el 18% se encuentra en FIP y apenas el 0,59% participa en el programa de mejora del propio MSC.
El anuario introduce además una advertencia política de fondo. En el Atlántico Nordeste, una de las grandes regiones para estas especies, el MSC vuelve a reclamar un acuerdo estable de reparto de cuotas entre Estados costeros y naciones pesqueras. La entidad considera que el bloqueo político en stocks como el arenque atlanto-escandinavo, la bacaladilla o la caballa está debilitando la gestión sostenible, precisamente en un momento en que los cambios de distribución provocados por el calentamiento marino complican todavía más la gobernanza.
Desde el punto de vista comercial, los pequeños pelágicos siguen teniendo una fuerte salida en formatos de gran consumo. El MSC destaca que el 58% de las capturas certificadas de este grupo termina en productos en conserva, lo que confirma el peso de estas especies en lineales accesibles y en mercados donde el precio sigue siendo decisivo. En Francia, el MSC señalaba ya en su análisis de mercado de 2025 que el consumo de productos elaborados a base de pequeños pelágicos rondaba las 50.000 toneladas anuales —excluyendo surimi, y con base en datos de FranceAgriMer/Kantar de 2023— y que el mercado mantenía una oferta consolidada de arenque y anchoa certificados.
El mensaje del informe es doble. Por un lado, la certificación avanza y gana valor en un segmento crucial para la seguridad alimentaria y la economía azul. Por otro, el grueso de la pesca mundial de pequeños pelágicos sigue fuera de los esquemas más robustos de sostenibilidad, justo cuando estas especies se vuelven más vulnerables a la sobrepesca, a los cambios climáticos y a la inestabilidad en la gestión internacional. El mercado empieza a moverse, pero el verdadero salto dependerá de decisiones políticas y científicas que todavía no llegan con la velocidad que exigen estos recursos
