La patronal pesquera traslada a Costas Kadis que algunos buques ya operan a pérdidas y reclama ayudas urgentes similares a las activadas en la crisis energética de 2022
La escalada del combustible ha devuelto a la pesca europea a un escenario de máxima tensión. Europêche, la principal patronal del sector en Bruselas, ha remitido una carta al comisario europeo de Pesca y Océanos, Costas Kadis, para advertirle de que varios segmentos de flota se acercan ya a una situación económica crítica, con barcos cuyos costes de carburante superan en algunos casos los ingresos obtenidos por la venta de sus capturas. La organización reclama una respuesta urgente de la Comisión Europea para evitar que la crisis energética vuelva a traducirse en paradas de actividad en puertos de toda la UE.
El detonante inmediato vuelve a estar fuera del muelle. La inestabilidad en Oriente Medio ha tensionado con fuerza los mercados petroleros y, en especial, el del diésel y los combustibles destilados, precisamente los más sensibles a las disrupciones de suministro en la región. Reuters ha subrayado que el gasóleo es hoy uno de los productos energéticos más expuestos al conflicto y que la crisis en torno al estrecho de Ormuz está alterando flujos, logística y costes de abastecimiento, con navieras como Maersk aplicando ya recargos extraordinarios por el encarecimiento del fuel.
Para la pesca, el golpe es especialmente severo porque el carburante sigue siendo una de las principales partidas operativas de los buques. Europêche sostiene que, si los precios se mantienen en los niveles actuales, muchas embarcaciones se verán forzadas a dejar de faenar, con un impacto que iría mucho más allá de las cuentas de explotación: afectaría al empleo de las comunidades costeras y podría tensionar también el suministro de productos pesqueros en el mercado europeo. Javier Garat, presidente de Europêche, ha resumido el momento con una frase inequívoca: la situación se está volviendo “insostenible” para muchos operadores.
La patronal no se limita al diagnóstico. En su carta a Kadis plantea activar de manera rápida mecanismos de apoyo parecidos a los desplegados durante la crisis de 2022: movilizar instrumentos de crisis del Fondo Europeo Marítimo, de Pesca y de Acuicultura, permitir regímenes temporales y focalizados de ayuda pública, calcular los topes de apoyo por buque y no por empresa, y recurrir a medidas excepcionales de mercado dentro de la Política Pesquera Común. El precedente existe: en marzo de 2022 la Comisión activó el mecanismo de crisis del fondo pesquero por el shock derivado de la invasión rusa de Ucrania, precisamente para compensar pérdidas de ingresos y sobrecostes extraordinarios.
Más allá de la urgencia, Europêche vuelve a enlazar esta sacudida con un problema estructural: la fuerte dependencia del diésel en buena parte de la flota comunitaria. Por eso, junto a las ayudas de emergencia, pide facilitar acceso a reservas estratégicas de carburante en puertos de la UE, apoyar combustibles de menores emisiones como HVO y FAME, y preservar la capacidad inversora del sector en eficiencia energética y modernización de la flota. La clave de fondo es clara: sin liquidez para sobrevivir al shock, la descarbonización corre el riesgo de frenarse en lugar de acelerarse. Esa lectura encaja con la propia Comisión, que en su consulta sobre la Visión 2040 para pesca y acuicultura reconoce que el sector afronta presiones crecientes por shocks externos y dependencia de combustibles fósiles.
El aviso de Europêche llega, además, en un momento políticamente sensible para Bruselas. Kadis tiene en cartera precisamente la construcción de una visión de largo plazo para una pesca europea “resiliente, competitiva y sostenible”, y el nuevo episodio del combustible vuelve a demostrar que esa resiliencia no depende solo de cuotas, conservación o control, sino también de la seguridad energética de la flota. Para Europa Azul, el mensaje que sale de Bruselas es nítido: la transición energética del sector ya no puede plantearse solo como objetivo climático; también se ha convertido en una cuestión de supervivencia económica inmediata para una parte de la pesca europea
