La pesquería del atún rojo (makrellstørje) da un nuevo paso hacia el norte. El Gobierno de Noruega anunció que ICCAT ha aprobado el plan noruego de pesca para 2026, lo que permite a su flota capturar 535 toneladas este año. La cifra supone un incremento de alrededor del 39% respecto a 2025 y, en palabras de la ministra de Pesca y Océanos, Marianne Sivertsen Næss, “debería ser una buena noticia para los pescadores noruegos, que ahora tendrán la oportunidad de pescar más atún rojo”.
La clave está en la combinación de recuperación del stock y reparto internacional. Para el nuevo periodo de gestión 2026–2028, ICCAT ha fijado una cuota total de 48.403 toneladas para el Atlántico nororiental, por encima del nivel de 2025. En ese marco, Noruega eleva su participación al 0,95%, lo que equivale a 461,38 toneladas, y puede además aplicar la flexibilidad interanual de hasta el 20% (traspaso de cuota de un año a otro), lo que lleva el techo de 2026 hasta las 535 toneladas.
Reparto interno: comercial, ciencia y pesca recreativa de marcaje
La regulación noruega reserva parte de la cuota para objetivos de control y conocimiento del recurso. Del total de 535 toneladas, el plan asigna 10 toneladas a capturas accesorias, 10 toneladas a marcaje y suelta y pesca recreativa, y 35 toneladas a investigación, incluida la iniciativa de almacenamiento vivo (levendelagring) para atún rojo. El resto se reparte entre la flota comercial, con un esquema que combina grandes buques y un cupo para pequeñas unidades costeras.
Según el mismo anuncio, podrán inscribirse siete cerqueros (ringnot) y seis palangreros (line), con una cuota de grupo de 440 toneladas; además, el segmento de pequeña escala costera podrá autorizar hasta 40 buques de menos de 15 metros con artes selectivas, dentro de una cuota de 40 toneladas.
La biología empuja: el atún vuelve y se “asienta” en aguas noruegas
La ampliación de oportunidades no llega en el vacío. La propia ministra ha subrayado que el atún rojo está ya “bien establecido” en aguas noruegas, un mensaje coherente con la evidencia científica acumulada en la última década. El Instituto de Investigación Marina de Noruega (HI) viene documentando la reaparición del atún rojo en Noruega y su vínculo con el stock del Atlántico nororiental/Mediterráneo, apoyándose en análisis de origen y marcajes electrónicos.
A ese retorno se suma un fenómeno de mayor alcance: la redistribución espacial de especies pelágicas de alto valor en un Atlántico que se calienta. Un estudio internacional liderado por AZTI ha advertido recientemente de una tendencia de desplazamiento del atún rojo hacia latitudes más septentrionales a medida que avanza el calentamiento oceánico, con implicaciones directas para las zonas de alimentación, captura y gestión futura.
Oportunidad económica y reto de gobernanza
Para Noruega, el aval de ICCAT supone consolidar una pesquería que hace pocos años era marginal y que ahora aspira a profesionalizarse. No obstante, el país también reconoce un desafío operativo: en los últimos años no siempre ha logrado capturar toda su cuota, lo que ha pesado en la negociación internacional y refuerza la presión para desplegar capacidad y participación doméstica.
En clave de gobernanza atlántica, el movimiento noruego reabre un debate que la industria europea conoce bien: cuando el recurso cambia de geografía, el sistema de asignaciones históricas y equilibrios de ICCAT se tensiona. La apuesta noruega por reservar cuota a ciencia y programas de marcaje sugiere que Oslo quiere jugar la partida con dos cartas: capturar más, sí, pero también producir evidencia sobre presencia, rutas y comportamiento del stock en el norte, un argumento que gana peso cuando la distribución del atún ya no coincide con la fotografía tradicional.
Con 535 toneladas en 2026, Noruega no altera por sí sola el mercado global del atún rojo, pero sí consolida una señal: la “frontera” del atún en el Atlántico nororiental se está moviendo y los países que antes eran periféricos empiezan a ocupar un lugar más visible en el tablero
