De los más de 100 millones de barriles que produce el planeta cada día, unos 77,5 millones se mueven por mar y buena parte atraviesan estrechos vulnerables. El peso geoestratégico de rutas como Ormuz y Malaca subraya cómo un “punto de estrangulamiento” puede desencadenar sacudidas económicas globales, alta volatilidad de precios y tensiones diplomáticas.
Mientras el mundo consume diariamente más de 100 millones de barriles de petróleo, alrededor de 77,5 millones se transportan por mar, conscientes de que el 60 % de la energía primaria global sigue dependiendo del petróleo y sus derivados para movilidad, industria y transporte. De esa enorme cantidad, hasta unos 44,6 millones de barriles pasan diariamente por solo dos puntos clave: el Estrecho de Ormuz y el Estrecho de Malaca, lo que convierte a estas puertas marítimas en auténticos “puntos de estrangulamiento” de la energía mundial.
¿Qué son los “puntos de estrangulamiento” y por qué importan?
En geopolítica y logística marítima se conoce como choke points o “cuellos de botella” a esos pasos naturales estrechos —estrechos marinos, canales y vías de conexión oceánica— por los que transita una porción desproporcionada del comercio marítimo global, incluido el petróleo. Cuando grandes volúmenes de hidrocarburos dependen de un corredor limitado, cualquier interrupción —por tensiones bélicas, ataques, errores de navegación o cierres temporales— puede desbaratar rutas comerciales enteras e influir directamente en los precios del crudo y derivados en los mercados internacionales.
La Administración de Información Energética de EE. UU. (EIA) identifica varios pasos críticos —como los estrechos de Ormuz y Malaca, el canal de Suez, el estrecho de Bab el-Mandeb o los pasos turcos del Bósforo— donde el flujo de petróleo y gas licuado (GNL) es estratégico para la seguridad energética global.
Ormuz: la principal arteria del Golfo Pérsico
El Estrecho de Ormuz conecta el Golfo Pérsico con el Golfo de Omán y el océano Índico, siendo una vía obligada para las exportaciones de los principales países petroleros como Arabia Saudita, Irak, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait e Irán. Es, posiblemente, el choke point energético más decisivo del mundo.
Aunque no existe una cifra oficial diaria unificada para 2026, múltiples fuentes coinciden en que por Ormuz transitan entre 17 y 20 millones de barriles al día, lo que representa aproximadamente una quinta parte del petróleo comercializado por mar e incluso cerca del 20 % del consumo global total, incluidos condensados y combustibles.
Esa concentración logística explica por qué las tensiones en Oriente Próximo —como amenazas de cierre por parte de Irán ante escaladas militares— generan alzas de precios de inmediato y presionan a gobiernos y consumidores por igual. En 2025, por ejemplo, advertencias de cierre del estrecho llegaron a poner en alerta a los mercados energéticos, resaltando el efecto inmediato que un bloqueo prolongado tendría sobre la oferta mundial.
Malaca: puerta al Pacífico y eje del comercio asiático
Si Ormuz es crítico para la salida del petróleo del Golfo Pérsico, el Estrecho de Malaca cumple una función complementaria al conectar el océano Índico con el mar de China Meridional y el Pacífico Occidental. Esta vía, situada entre la península de Malasia, Singapur e Indonesia, es la más transitada del mundo para el comercio energético.
Estudios especializados estiman que por Malaca pasan alrededor de 24 millones de barriles diarios de petróleo y gas, enlazando a Arabia Saudita y Oriente Medio con gigantes consumidores como China, India, Japón y Corea del Sur. La dependencia asiática de esta ruta es tan alta que cualquier perturbación —desde conflictos regionales hasta piratería o congestión portuaria— puede interrumpir flujos vitales y encarecer el crudo en los mercados globales.
Impactos globales de una interrupción en los pasos clave
Casos históricos y análisis recientes reiteran que la vulnerabilidad de estos corredores no es teórica. El mundo ha visto cómo tensiones en el Golfo Pérsico elevan primas de riesgo, aumentan los costes de seguros y disparan precios del petróleo en cuestión de horas, como ocurrió durante episodios conflictivos en Oriente Próximo.
Además, cuando rutas principales sufren bloqueos —ya sea por conflictos, desastres naturales o incidentes técnicos— las alternativas tienden a ser mucho más largas y costosas, afectando al transporte global, presionando las cadenas de suministro y, en última instancia, repercutiendo en los precios de la energía y en la inflación de las economías dependientes de importaciones de crudo.
