La expansión de la pesca de pota (Dosidicus gigas) en alta mar, dominada por flotas de aguas distantes, reabre la batalla por reglas, control y trazabilidad. Lima y Quito empujan reformas en la OROP del Pacífico Sur mientras crecen las alarmas por operaciones opacas, transbordos y presión sobre pesquerías artesanales.
La escena se repite cada temporada en el Pacífico suroriental: cuando el calamar gigante (pota o jumbo flying squid) se concentra cerca del límite de las 200 millas, una constelación de poteros industriales se despliega en alta mar. En el centro del fenómeno está la flota china de aguas distantes —la mayor del mundo—, atraída por un recurso de ciclo corto, alta demanda global y gran rentabilidad. Y, con ella, crece también la resistencia política y social en la orilla: Perú y Ecuador encabezan la presión para imponer reglas, mientras otros países de la región vigilan el impacto sobre biodiversidad, empleo y soberanía económica.
El calamar gigante combina tres factores que lo hacen especialmente codiciado: abundancia variable pero elevada en años favorables, procesamiento industrial eficiente (anillas, tubos, congelado) y una cadena global capaz de absorber grandes volúmenes. Además, gran parte de la captura de alta mar se produce en zonas con regulación limitada o insuficiente, lo que, según varias investigaciones periodísticas y ONG, alimenta riesgos de sobreesfuerzo pesquero, opacidad operativa y vulnerabilidades laborales en determinadas flotas. 
Perú: cerrar puertas en puerto para frenar la pesca INDNR… y el efecto “desvío”
En el caso peruano, la respuesta ha sido cada vez más “portuaria”: endurecer condiciones de acceso a servicios, mantenimiento y desembarques a buques de aguas distantes, obligando a mayores exigencias de monitoreo y control. Análisis técnicos y cobertura internacional describen cómo, tras nuevas obligaciones en Perú, parte de la flota china redujo o evitó escalas y buscó alternativas en otros países, con el riesgo añadido —según los autores— de operar más tiempo lejos de controles y aumentar la dependencia del transbordo. 
El resultado práctico es conocido en el sector: cuando un Estado costero aprieta, la presión puede desplazarse a puertos con menor capacidad de inspección o a operaciones más opacas en alta mar. Ese “efecto globo” es uno de los argumentos que están empujando a Perú a insistir en que el verdadero campo de juego es la gobernanza
La discusión ón ha subido un peldaño en la Organización Regional de Ordenación Pesquera del Pacífico Sur (SPRFMO, por sus siglas en inglés), donde Perú y Ecuador han promovido propuestas para introducir un enfoque precautorio, límites de captura y medidas que reduzcan el conflicto entre flotas artesanales costeras y flotas industriales de alta mar.
Entre las iniciativas en debate aparecen propuestas de “zona buffer” (una franja de amortiguación próxima al borde de las 200 millas) y reformas para pasar de una simple contención del esfuerzo a un esquema más estructurado de gestión y control. 
Además, en 2026 se ha visibilizado una coalición amplia —sector artesanal, empresas y ONG— reclamando a la SPRFMO medidas de conservación y vigilancia más exigentes ante lo que describen como un vacío regulatorio en alta mar para esta pesquería. 
“Invasión” y rechazo social: cuando el conflicto llega a la costa
En Perú y Ecuador, la palabra “invasión” aparece de forma recurrente en el debate público. No siempre implica entrada ilegal en ZEE: a menudo describe la concentración masiva de buques justo fuera de jurisdicción, con efectos económicos (precio, disponibilidad), ambientales (presión sobre el stock y ecosistemas asociados) y sociales (competencia asimétrica frente a flotas artesanales).
La tensión se alimenta también de dos prácticas especialmente sensibles:
• Transbordos en el mar, que pueden reducir trazabilidad si no hay observación y controles robustos.
• Apagado o manipulación de señales de seguimiento, un punto citado en investigaciones sobre flotas de calamar en regiones de alta mar, donde el control efectivo es más difícil. 
¿Y Colombia? Vigilancia, áreas protegidas y presión regional
Colombia no es el epicentro del conflicto de la pota como Perú o Ecuador, pero sí forma parte del mapa de preocupación regional por la pesca ilegal y la presión sobre áreas marinas sensibles. El país ha judicializado casos de pesca ilegal en el Santuario de Fauna y Flora Malpelo y refuerza vigilancia en zonas protegidas, en un contexto donde la región entera observa con inquietud la actividad de flotas de larga distancia en el Pacífico. 
En términos políticos, la lectura es clara: cuando el Pacífico sur se convierte en un “corredor” de pesca de alta mar con capacidad industrial enorme, la respuesta de los Estados costeros tiende a moverse en dos carriles: control en puerto y presión multilateral para crear reglas en el agua internacional.
La variable europea: trazabilidad y “licencia social” del calamar que consumimos
Para Europa (y para España, gran mercado de cefalópodos), el debate no es lejano. Investigaciones recientes han vinculado la pesca de calamar en alta mar con riesgos de abusos laborales y falta de regulación, pidiendo más transparencia y controles de importación. En la práctica, el “pasaporte” del calamar —documentación, cadena de custodia, verificación de transbordos— será cada vez más determinante para evitar que el producto llegue al consumidor con sombras reputacionales. 
¿Qué viene ahora?
Los próximos meses serán decisivos por tres razones:
1. Si la SPRFMO adopta límites precautorios y medidas operativas (buffer, control, esfuerzo/captura) con capacidad real de cumplimiento. 
2. Si los controles portuarios se armonizan para evitar el “turismo regulatorio” de flotas que se desplazan a puertos más laxos. 
3. Si el mercado (incluida la UE) endurece exigencias de trazabilidad en cefalópodos de alta mar, donde el origen y el transbordo son puntos críticos. 
En el fondo, el calamar gigante se ha convertido en algo más que una pesquería: es un termómetro geopolítico de la gobernanza del océano. Y la pregunta que se hacen en Lima y Quito —“¿quién pone las reglas cuando el recurso está fuera de la ZEE?”— empieza a resonar en toda la cuenca del Pacífico.
