En España, el pescado aparece con frecuencia en los menús escolares. El problema es cuál: la balanza se inclina de forma abrumadora hacia el pescado blanco y deja al pescado azul —el que más aporta en omega-3— como una presencia episódica. Esa es la principal conclusión del “Estudio de menús escolares en España: equilibrio energético y consumo de pescado”, impulsado por OPROMAR y avalado por la Fundación Española de la Nutrición (FEN), que analiza 2.738 comedores públicos de Primaria en las 17 comunidades autónomas.
El dato que resume el diagnóstico es contundente: el 96,6% de los centros cumple la frecuencia semanal de pescado, pero solo el 26% alcanza el mínimo recomendado de pescado azul (tres o más raciones al mes). Traducido: tres de cada cuatro comedores no garantizan el aporte de omega-3 (EPA y DHA) que el informe asocia al desarrollo neurológico y visual en la infancia.
El informe describe un sistema que funciona bien en lo operativo —hay recursos, cocina y capacidad de trabajo— pero que cae en una rutina alimentaria: “el pescado está presente, pero no el que realmente aporta los nutrientes clave”, resume el estudio. La merluza aparece en el 91,7% de los comedores y se convierte en la especie casi omnipresente. A partir de ahí, el abanico se estrecha: el estudio contabiliza 16 especies de pescado blanco y 8 de pescado azul consumidas de forma regular, con moluscos en el 15,6% de los casos y crustáceos apenas en el 0,5%.
La fotografía es relevante para el sector pesquero por un motivo evidente: el comedor escolar es un canal de consumo masivo, pero el repertorio de especies que llega al plato infantil se concentra en muy pocas opciones, lo que limita tanto la educación alimentaria como la diversificación de la demanda.
El otro agujero: transparencia nutricional incompleta
La segunda gran alerta del documento no está en la compra, sino en la información. Según OPROMAR, el 43% de los comedores no aporta datos completos sobre valor energético y macronutrientes, lo que impide verificar si el menú cumple estándares y dificulta la supervisión por parte de familias y administraciones. “El problema no es la calidad cuando se mide, sino que casi la mitad del sistema no se puede evaluar”, concluye el informe.
La consecuencia práctica es clara: sin fichas nutricionales completas, sin desglose suficiente de ingredientes y sin un método homogéneo de control, la mejora se vuelve un ejercicio de buenas intenciones difícil de auditar.
El estudio llega, además, con una fecha marcada en rojo: el Real Decreto 315/2025 sobre alimentación saludable y sostenible en centros educativos entra en vigor el 16 de abril de 2026.
El RD fija, entre otros puntos, que los segundos platos incluyan pescado de una a tres raciones por semana, e introduce un criterio especialmente conectado con el debate actual: “se priorizará el pescado azul y blanco de forma alterna”, pudiendo incluirse moluscos y crustáceos. Además, obliga a informar a las familias de forma clara y detallada sobre los menús (platos, técnicas culinarias, guarniciones y alérgenos) y prevé controles oficiales sobre el cumplimiento.
En ese marco, OPROMAR lanza una advertencia con lectura sectorial: la norma es “una oportunidad histórica”, pero sin información nutricional obligatoria y seguimiento continuo existe el riesgo de que todo quede en “un mero trámite administrativo”.
El mapa desmonta el tópico: no es un problema de costa, es de gestión
Uno de los hallazgos que más incomodan a los lugares comunes es el territorial: el informe detecta desigualdades muy acusadas en la presencia de pescado azul y subraya una paradoja: regiones de interior superan a zonas costeras, lo que sugiere que el cuello de botella no es el acceso al producto, sino la planificación, la formación y la gestión del menú.
Para la cadena mar-industria, el mensaje es tan simple como exigente: hay pescado, hay oferta, hay logística… pero faltan decisión técnica, herramientas y estándares.
El estudio reclama que las políticas de alimentación escolar garanticen resultados nutricionales en todas las regiones y propone aprovechar recursos pesqueros locales y de proximidad: reduce costes logísticos y huella de carbono y, además, mejora la aceptación infantil cuando se trabaja con especies familiares del entorno.
Esa idea conecta con un reto clásico del pescado azul en comedores: aceptación, espinas, olor y formato. Donde la logística no puede resolverlo todo, la solución suele venir por el lado culinario (presentaciones más amigables, elaborados, hamburguesas de pescado, albóndigas, tacos sin espinas, recetas templadas) y por la pedagogía: enseñar qué se come, de dónde viene y por qué importa.
No es casual que, en la presentación del informe (celebrada en la Casa Encendida de Madrid), OPROMAR enmarcase el diagnóstico dentro de una estrategia más amplia de educación alimentaria, con el lanzamiento de la campaña Super Peixiño – Edición 2026 para promover consumo de pescado en población infantil.
La oportunidad: del “cumplo con pescado” al “cumplo con nutrientes”
El informe deja una conclusión que interpela directamente a administraciones, empresas de cátering, AMPAs y al propio sector: España parece haber logrado que el pescado esté en el menú, pero no ha logrado todavía que esté el pescado que aporta el perfil nutricional buscado.
Con el RD 315/2025 a las puertas, el comedor escolar puede convertirse en un motor de salud pública… y, al mismo tiempo, en un mercado estructural para el mar, siempre que el cambio no se quede en el papel: más alternancia real azul/blanco, más variedad, más transparencia, más control y una compra pública que premie calidad, trazabilidad y proximidad.
