La Organización de Productores Pesqueros Artesanales de la Lonja de Conil, La Atunara y Rota (OPP72) ha reforzado su apuesta por la divulgación y la educación alimentaria con una jornada celebrada en el IES Atalaya de Conil, centrada en el conocimiento del producto fresco, el origen de las capturas y la conexión directa entre el mar y las cocinas del futuro. La actividad se enmarca en el proyecto Custodia Alimentaria, una iniciativa que busca acercar a los centros formativos la realidad del sector pesquero artesanal y los valores que sostienen la cadena de suministro responsable.
El objetivo es claro: que el alumnado que se prepara para trabajar en la restauración y la gastronomía conozca de primera mano qué especies llegan a las lonjas, cómo se capturan, qué artes de pesca se emplean y qué implica —en términos sociales, ambientales y económicos— apostar por producto de proximidad. “Entender el recorrido del pescado, desde que se captura hasta que llega al plato, forma parte de una formación completa y responsable”, destacan desde OPP72.
Del puerto al plato: trazabilidad, legalidad y confianza
El proyecto Custodia Alimentaria pone el foco en un aspecto cada vez más determinante para el consumo: la trazabilidad. En un mercado donde el origen y los procesos importan tanto como la calidad, OPP72 insiste en que el producto que llega a restaurantes y consumidores debe proceder de pesca legal, sostenible y con controles sanitarios garantizados.
Esa visión, trasladada al aula, busca fortalecer la confianza en la pesca artesanal y, al mismo tiempo, dotar a los futuros profesionales de herramientas para tomar decisiones con criterio: desde cómo elegir materia prima hasta cómo comunicar al cliente por qué un pescado local y de temporada tiene un valor añadido que va más allá del precio.
Formación para crear prescriptores del consumo responsable
Para el sector, la cocina es un aliado estratégico. Quien mañana esté al frente de una partida o de un restaurante puede convertirse en prescriptor del consumo responsable si hoy comprende el esfuerzo que hay detrás de cada kilo descargado en lonja: jornadas de mar, selección de capturas, cumplimiento normativo y un trabajo que sostiene economía local y cultura marinera.
En ese sentido, iniciativas como la realizada en el IES Atalaya persiguen que el alumnado aprenda a reconocer especies, a trabajar el pescado fresco con técnicas adecuadas y a valorar la temporalidad y la disponibilidad real del recurso. Un enfoque práctico que conecta formación profesional, territorio y sostenibilidad.
Impulsar el producto local y proteger la cultura marinera
OPP72 subraya que la formación es una palanca para proteger el sector: cuanto más informado está el canal gastronómico, más capacidad tiene para demandar producto local de calidad, mejorar su valorización y sostener un modelo pesquero que fija población y empleo en el litoral.
“Seguimos apostando por la formación como base para proteger el sector pesquero, impulsar el producto local y mantener viva la cultura marinera”, señalan desde la organización. En un contexto de cambios en los hábitos de consumo y de creciente exigencia sobre el origen de los alimentos, llevar el mar a las aulas no es solo una acción educativa: es también una inversión en futuro para la economía azul.
