La primera semana de febrero está dejando una foto repetida en buena parte del litoral: barcos amarrados, mareas que no dan tregua y lonjas con menos género. En Andalucía, la combinación de temporal y paros biológicos ha llevado a que en torno al 90% de la flota esté inactiva, según trasladó el sector, mientras la Junta analiza posibles ayudas para las modalidades más golpeadas. En Euskadi, la flota de altura no puede faenar a consecuencia el paro para la protección de cetáceos y la flota de bajura afronta un paro biológico.
En el Mediterráneo andaluz, el calendario pesa tanto como el parte meteorológico: Almería y Granada están en paro biológico del 1 de febrero al 5 de marzo, y Málaga, aun manteniéndose operativa en estas fechas, queda “a expensas” de que el temporal permita salir. A esa parada programada se le ha sumado el impacto de la borrasca Leonardo, que ha activado avisos y medidas de emergencia en varias provincias, con desalojos preventivos e incidencias generalizadas.
Para la pesca, la consecuencia inmediata es simple: seguridad primero, mar después. En Galicia, el problema es la persistencia: un “pasillo” de borrascas ha encadenado días de viento y mar de fondo, y la actividad extractiva y marisquera vuelve a depender de ventanas muy cortas. Los avisos y la gestión de emergencia por temporal e inundaciones se han reactivado en distintos puntos, con llamadas continuas a extremar la precaución en la costa. Los efectos ya se notan en la primera venta.
La Plataforma Tecnolóxica da Pesca de Galicia muestra que, en lo que va de 2026 (dato consultado el 5 de febrero), las lonjas acumulan 3,78 millones de kilos y 22,73 millones de euros, con un precio medio de 6,02 €/kg: cifras que reflejan un arranque de año fuertemente condicionado por la meteorología y por la irregularidad de las salidas.
En paralelo, el marisqueo mira tanto al cielo como a la salinidad. La Consellería do Mar ha explicado que está vigilando la caída de salinidad en bancos marisqueros por las lluvias del último mes, aunque matiza que “la situación no es la misma” que en el otoño de 2023, cuando el sector sufrió una bajada marcada de producción. El resultado, en ambas comunidades, es una cadena tensionada por la falta de continuidad: menos días de mar significan menos volumen, planificación más difícil para compradores y operadores, y más incertidumbre para tripulaciones y autónomos del mar. Y, cuando el temporal se solapa con paros biológicos, el paréntesis se alarga: no es solo “hoy no se sale”, es “hoy no se puede… y mañana tampoco toca”.
