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viernes, enero 30, 2026
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Un investigador alerta sobre la marea de poteros chinos en el Atlántico Sur

El investigador especializado Schvartzman en pesca ilegal difundió un video que muestra una concentración masiva de buques calamareros cerca del límite de la ZEE argentina

Una imagen vuelve a encender las alarmas en el Atlántico Sur: una extensa alfombra de luces nocturnas, alineadas como una ciudad flotante, delata la presencia de una flota industrial dedicada a la pesca de calamar en alta mar. El investigador y especialista en pesca ilegal Milko Schvartzman divulgó en la red X un video —basado en monitorización satelital— en el que se aprecia una numerosa concentración de embarcaciones poteras operando en el borde de las aguas bajo jurisdicción argentina. En publicaciones que circularon en redes y medios digitales, se citó su estimación de que “al 21 de enero de 2025” había alrededor de 300 poteros chinos faenando en la zona. 

La escena, sin embargo, no es un episodio aislado, sino la postal recurrente de una pesquería tan rentable como polémica. En el Atlántico suroeste, la actividad se intensifica especialmente en el entorno conocido como la “milla 201”, justo más allá de las 200 millas náuticas que delimitan la Zona Económica Exclusiva (ZEE) de Argentina. En ese borde —donde termina la jurisdicción nacional y se abre el espacio internacional— se concentra una de las mayores pesquerías no reguladas del planeta, con centenares de poteros de Asia oriental y banderas diversas. 

La investigación de la Environmental Justice Foundation (EJF), recogida por El País, sitúa el fenómeno en una escala aún mayor: habla de más de 343 buques poteros que faenan anualmente en esa área, “en su mayoría” de China, Corea del Sur y Taiwán, y advierte de una subida notable del esfuerzo pesquero en los últimos años.  En ese contexto, la cifra de “unos 300” poteros —atribuida a Schvartzman en redes— aparece como una referencia verosímil para describir la densidad del operativo en determinados picos de temporada, aunque la composición exacta de la flota puede variar por fechas, banderas y movimientos logísticos. 

El debate de fondo es doble. Por un lado, la gobernanza: muchas de estas operaciones se producen en aguas internacionales, donde la pesca puede ser legal, pero la falta de una organización regional de ordenación pesquera específica para ciertas especies y zonas deja un vacío que dificulta cuotas, vedas y límites efectivos. Por otro, el riesgo de IUU (pesca ilegal, no declarada y no reglamentada): incursiones puntuales en la ZEE, subdeclaración de capturas, prácticas opacas o problemas de trazabilidad en una cadena global que termina en grandes mercados importadores, incluida Europa. 

El video difundido por Schvartzman —y replicado por distintas cuentas— vuelve a poner el foco en el mismo punto caliente: la frontera invisible donde el calamar, recurso clave del ecosistema y del negocio, se convierte también en símbolo de un océano difícil de vigilar. Y deja una pregunta abierta para 2026 y los años siguientes: si el Atlántico Sur seguirá siendo un “mar de luces” sin reglas suficientes o si la presión internacional y los controles comerciales conseguirán, por fin, reducir el tamaño y la opacidad de esta flota.  

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