La rula gijonesa cerró 2025 con 12,26 millones de kilos y 31,88 millones de euros, un 47% más
El dato tiene algo de hito y algo de mensaje para toda la costa cantábrica: por primera vez, la Lonja de Gijón–El Musel ha subastado en un año más kilos de pescado y marisco que la rula de Avilés, el histórico referente asturiano en volumen. El “sorpasso” llega tras un 2025 pletórico, con 12,26 millones de kilos vendidos y una facturación total de 31,88 millones de euros, un salto del 47% respecto a 2024.
En cifras, el volumen subastado en Gijón alcanzó 12.256.639,79 kilos, mientras que Avilés cerró el ejercicio en 11,1 millones (alrededor de 11.126.000 kilos), lo que invierte una tendencia habitual en Asturias.
Pero la fotografía completa tiene matices: Avilés continúa por delante en valor, con 41,5 millones de euros en ventas en 2025, frente a los casi 32 millones gijoneses.
La lectura para el sector es doble.
Por un lado, El Musel gana músculo como punto de descarga y subasta.
Por otro, Avilés mantiene el liderazgo económico, apoyado en especies y precios que elevan la caja final.
El récord gijonés se entiende mejor al ampliarlo al conjunto regional: de las 24.782,4 toneladas subastadas en todas las lonjas asturianas durante 2025, 12.257,4 toneladas pasaron por la de Gijón, prácticamente la mitad del total.
Ese porcentaje no es solo una estadística: es una señal de centralidad logística.
El motor del año: el bocarte, otra vez
La especie que explica la mayor parte del salto tiene nombre de costera y de mercado: bocarte (anchoa). En 2025 se subastaron en Gijón 5.028.856,3 kilos, con un valor económico de 13,33 millones de euros, lo que aportó alrededor de cuatro de cada diez euros de la facturación de la rula gijonesa.
Además, el bocarte no solo fue abundante: se pagó mejor.
En el puerto se apunta una razón clave: la consideración de El Musel como referente para las conserveras del Cantábrico, que acuden a pujar atraídas por la calidad de la anchoa descargada en Gijón.
Cuando el comprador se desplaza, el puerto cambia de escala.
Tras el bocarte, el año tuvo también dos campañas determinantes para sostener el volumen: la xarda (caballa) y el bonito del norte. RTPA y la información sectorial recogen que caballa y bonito completaron el triángulo que dio estabilidad a la lonja en el calendario anual.
Un récord que no repite el modelo de 2021
El dato histórico de 2025 tiene un antecedente que sirve de contraste.
En 2021, Gijón ya alcanzó un año extraordinario en facturación y en kilos, impulsado por una costera excepcional de bocarte.
Entonces, el volumen total llegó a ser superior al actual, pero el liderazgo en toneladas sobre Avilés no se consolidó como en 2025.
La diferencia ahora es que el récord no se apoya solo en un pico puntual, sino en una combinación más equilibrada de campañas, precios y tracción comercial. Y ahí entra un factor estratégico: el puerto como plataforma de compras en un mercado cada vez más competitivo, donde la subasta ya no es un ritual local sino una pieza de cadena industrial.
Por qué Avilés sigue mandando en euros
Que Gijón gane en kilos y Avilés en valor no es contradictorio: es casi el resumen de dos especializaciones.
Avilés ha cerrado 2025 con 125 especies comerciales subastadas y un crecimiento en capturas y ventas, lo que sugiere una cesta con especies de mayor precio medio, más diversidad y más valor añadido en determinadas jornadas.
En términos de mercado, no siempre pesa más la tonelada: a veces manda la especie.
En el tablero regional, este reparto también ayuda a explicar la rivalidad “sana” entre lonjas: una puede concentrar grandes volúmenes en campañas muy marcadas (bocarte, caballa), mientras otra capitaliza mejor el valor por especie y por mezcla de descargas.
Lo que cambia en el mapa cantábrico
Para EUROPA AZUL, el interés del récord de Gijón va más allá del dato anual.
El Musel es un puerto con infraestructura, accesos y capacidad logística que encaja bien con un modelo de subasta que mira a la industria transformadora y a los grandes compradores. Su evolución en 2025 refuerza una idea: la competencia entre lonjas ya no se decide solo en el mar, sino en tierra, en quién concentra oferta, quién atrae demanda y quién garantiza agilidad.
También es un indicador para las flotas: a igualdad de caladeros, los puertos compiten por servicios, tiempos, precios y compradores. Si la rula se convierte en destino preferente de una parte de la demanda conservera, el efecto arrastre es inmediato: más pujas, más rotación y más capacidad de marcar referencia.
El 2025 de Lonja Gijón deja, en definitiva, una escena inédita en Asturias: Gijón por delante en kilos, Avilés por delante en euros, y un sector que vuelve a confirmar lo que saben patrones y compradores desde hace décadas: cuando la costera acompaña y la demanda aprieta, la rula no solo vende pescado; reordena el mapa.
