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Una onda Kelvin empuja calor hacia el Pacífico oriental y reabre el foco sobre un posible Niño Costero frente a Ecuador

El seguimiento del NOAA–CPC confirma el debilitamiento de La Niña y la expansión de anomalías cálidas subsuperficiales que ya afloran en parte del Pacífico oriental. En la franja Niño 1+2 —la más sensible para Perú y Ecuador— el escenario se juega en semanas: si el calentamiento costero se consolida, el impacto se notará en lluvias, mar y actividad productiva.

Por debajo de la superficie, el Pacífico ecuatorial está moviendo ficha. La señal cálida que viaja hacia el este —asociada a una onda Kelvin oceánica— aparece con claridad en los productos de vigilancia del Climate Prediction Center (CPC) de la NOAA, en un momento en el que La Niña sigue oficialmente activa, pero muestra signos de desgaste. El último resumen de evolución ENSO del CPC sitúa la anomalía semanal de la región Niño 1+2 (adyacente a la costa sudamericana) en valores positivos y describe un fenómeno clave: las temperaturas cálidas subsuperficiales se han expandido por el Pacífico ecuatorial y “han alcanzado la superficie en partes del Pacífico oriental”.

Ese detalle —el “afloramiento” parcial del calor acumulado bajo el océano— es el que alimenta las conversaciones sobre un posible Niño Costero en el entorno de Ecuador. No sería, necesariamente, un El Niño “global” (central), sino un calentamiento más localizado en la vecindad del litoral, capaz de amplificar la convección y reordenar el patrón de lluvias en la franja costera. La propia caracterización técnica del Niño Costero como fenómeno distinto (aunque relacionado) está ya normalizada por organismos regionales, que lo definen en función de anomalías cálidas persistentes en el Pacífico oriental cercano a la costa.

La Niña se mantiene… pero el océano cambia el guion

A escala del ENSO, el CPC mantiene el estatus de La Niña Advisory, aunque anticipa una transición a condiciones neutrales entre febrero y abril de 2026. En paralelo, el CIIFEN (Centro Internacional para la Investigación del Fenómeno de El Niño) venía describiendo desde su boletín regional un escenario de La Niña débil con señales de debilitamiento, destacando la propagación de anomalías cálidas subsuperficiales hacia el Pacífico central y centro-oriental, un patrón coherente con la dinámica típica de ondas Kelvin cálidas.

En lenguaje llano: aunque la “foto” superficial del ENSO todavía conserve rasgos fríos en el eje central, el “depósito” de calor bajo la superficie se está redistribuyendo, y eso puede traducirse en cambios rápidos en el Pacífico oriental si el viento acompaña.

Por qué importa el viento: el freno —o el acelerador— del calentamiento costero

El mecanismo es conocido por la oceanografía del ENSO: cuando los alisios se debilitan, el océano puede “deslizar” calor hacia el este en forma de onda Kelvin de hundimiento (downwelling), que desplaza la termoclina y favorece el calentamiento en el Pacífico oriental.

En el caso ecuatoriano, ese pulso no se traduce automáticamente en un Niño Costero: la clave es si el calentamiento superficial se sostiene frente a la costa (región Niño 1+2) y si el acoplamiento océano–atmósfera lo refuerza con lluvias. De ahí que los analistas miren con lupa el pulso de los vientos, el comportamiento del anticiclón del Pacífico Sur y la persistencia de anomalías cálidas cerca del borde continental.

Ecuador en el radar: de la señal oceánica al riesgo en tierra

En el plano institucional, Ecuador ha venido activando vigilancia y mensajes preventivos en torno a la evolución del Pacífico oriental. En declaraciones recogidas por medios del país, el INAMHI ha señalado recientemente que, aunque no se configure un El Niño “clásico” en el corto plazo, el calentamiento del mar y la atmósfera puede sostener episodios de lluvias intensas en la Costa y Galápagos, con atención a la evolución hacia marzo–abril.

Este punto es importante: un Niño Costero puede traducirse menos en un “título” y más en impactos (lluvia, deslizamientos, daños en infraestructura, afectación sanitaria), incluso cuando el ENSO global se mueve hacia neutralidad.

Pesca y acuicultura: el mar cálido no es neutro para el recurso

Para el sector pesquero y acuícola, el calentamiento costero cambia condiciones de operación y disponibilidad biológica:

  • Redistribución de especies: el aumento térmico puede desplazar cardúmenes, alterar agregaciones y modificar el equilibrio entre especies costeras y pelágicas (y, con ello, la planificación de mareas).
  • Productividad: si el calentamiento debilita la surgencia de aguas frías ricas en nutrientes, el “motor” trófico costero pierde rendimiento, con efectos en cadenas alimentarias.
  • Riesgo operativo: más convección y tormentas implican ventanas meteorológicas más inciertas para la flota artesanal y para logística portuaria.
  • Acuicultura: temperaturas altas y cambios en calidad del agua elevan la sensibilidad sanitaria y de manejo (oxígeno, estrés térmico, patógenos), especialmente en cultivos intensivos.

El mensaje que subrayan los centros de vigilancia es que el escenario debe leerse como gestión de riesgo, no como certeza: la misma señal cálida subsuperficial puede quedarse en un episodio moderado si el acoplamiento atmosférico no termina de activarse.

Agricultura: el precedente reciente que pone en guardia a las cadenas de suministro

El debate no es solo marítimo. En el último episodio cálido costero de 2023, medios especializados del ámbito agrario documentaron impactos diferidos en cultivos por exceso de calor (caída de floración y alteración de ciclos), con efectos que se reflejaron meses después en la cosecha. Para un territorio como la Costa ecuatoriana —donde lluvias, humedad y calor reordenan calendarios, sanidad vegetal y logística— el factor tiempo (cuándo llega y cuánto dura el calentamiento) es decisivo.

La clave: información técnica, no alarmismo

En el ecosistema ENSO, las etiquetas (“La Niña”, “neutral”, “Niño Costero”) a veces corren por detrás de lo que importa: la evolución de la temperatura del mar cerca de la costa y su traducción a lluvias. Por eso, el mejor antídoto contra el ruido es sostener el seguimiento de fuentes técnicas: NOAA–CPC para el pulso ecuatorial y el calor subsuperficial, y los organismos regionales (CIIFEN, servicios meteorológicos nacionales) para el aterrizaje local de impactos

europaazul

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