Las tormentas invernales que azotaron amplias zonas de Estados Unidos en enero han dejado un efecto muy reconocible en los lineales: más compra “de despensa”, menos restauración y una subida del valor de ventas en prácticamente todas las categorías de productos del mar. El fenómeno, además, llegó acompañado de un segundo factor decisivo: una aceleración de la inflación específica del seafood, más intensa que la inflación general de alimentos.
Los datos de Circana analizados por 210 Analytics muestran hasta qué punto el mal tiempo puede reordenar el consumo en pocas jornadas. En la semana que terminó el 25 de enero, el volumen de ventas minoristas de alimentación y bebidas subió un 18%, mientras las transacciones en restaurantes cayeron un 6%. El mensaje es claro: cuando el temporal aprieta, el consumidor se refugia en el hogar y prioriza productos de fácil almacenamiento y preparación.
En ese contexto, las conservas y formatos estables (latas y pouches) vivieron un impulso notable. Según los mismos datos, las ventas en valor del seafood “ambient” aumentaron un 13,5% interanual, hasta 389,1 millones de dólares en enero de 2026, y el volumen creció un 5,1%.
La lectura sectorial es doble. Primero, las tormentas funcionan como un acelerador de compras de “stock” y, por tanto, disparan el flujo hacia el canal retail. Segundo, el crecimiento en valor supera con holgura al de volumen, lo que apunta a un entorno de precios más exigente incluso en categorías tradicionalmente “refugio”.
El efecto temporal no se quedó en la despensa. En congelado, las ventas en valor aumentaron un 4,5% (860,7 millones de dólares), aunque el volumen cayó un 3,8%. En fresco, el valor creció un 3,7% (856,6 millones), con un volumen plano. En ambos casos, la fotografía sugiere que la inflación sostuvo el crecimiento en caja más que un aumento real de kilos comprados.
Los indicadores de precios refuerzan esa idea: la inflación de enero fue del 4,1% en fresco, del 8,5% en congelado y del 8% en shelf-stable, de acuerdo con Circana.
El detalle por especies ayuda a entender la elasticidad del consumidor. En fresco, el precio del langostino/camarón se disparó un 17,3% interanual, y ahí sí se vio un frenazo: el valor de ventas bajó un 4,3% y el volumen se desplomó un 18,4%. En cambio, el salmón fresco —con un +3% en precio— logró crecer: +8% en valor y +4,9% en volumen. El bacalao fresco subió un 11% y el cangrejo fresco un 8,6%. La langosta, por su parte, destacó con fuerza: +14,5% en valor y +38,2% en volumen.
En congelado se repite el patrón: el camarón subió un 16% en precio y perdió un 10,7% en volumen, aunque el valor aún creció un 3,8%. El salmón congelado (+5,5% en precio) consiguió elevar volumen (+9%) y valor (+15%). El cangrejo congelado, con un +15% en precio, cedió en volumen (-5%) pero subió en valor (+9,4%). Y el abadejo/pollock fue la excepción: bajó un 2,5% en precio y creció tanto en volumen (+7%) como en valor (+4,3%).
Traducido al negocio: en un entorno de precios tensos, el consumo no desaparece necesariamente, pero se reacomoda. Unas especies “aguantan” mejor (por hábito, percepción saludable o versatilidad culinaria), mientras otras se vuelven más sensibles al ticket final.
El contraste con la inflación alimentaria general también es significativo. El IPC de EE. UU. registró en enero un aumento del 2,1% interanual en “food at home” (alimentos en el hogar) y del 4,0% en “food away from home” (restauración). En ese marco, los incrementos del seafood —especialmente en congelado y shelf-stable— se sitúan por encima del promedio, lo que explica por qué crece el valor mientras el volumen se estanca o cae.
En paralelo, el comercio minorista mantuvo un arranque de año sólido: el indicador CNBC/NRF Retail Monitor reportó un +5,72% interanual en ventas totales (excluyendo automoción y gasolina) en enero. La resiliencia del consumo ayuda a amortiguar el golpe de los precios, pero no elimina el riesgo: cuando la cesta se encarece, la rotación depende cada vez más de promociones, marcas de distribuidor y segmentación por ocasión de consumo.
Para la cadena global del seafood, la foto de enero deja varias pistas útiles:
En definitiva, la combinación de tormentas e inflación no solo eleva el valor del mercado: redefine qué se compra, cómo se compra y con qué frecuencia. Para los operadores —productores, transformadores y distribuidores— la clave será anticipar estos picos, asegurar disponibilidad en categorías refugio y proteger la competitividad de especies sensibles al precio.
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