La alianza implantará por primera vez en el país un modelo de economía circular para recuperar, reutilizar y reciclar boyas de ecosonda al final de su vida útil, con aplicaciones que van desde el seguimiento de embarcaciones locales hasta el monitoreo ambiental en una de las costas más extensas del continente africano.
Madrid / Mogadiscio. Satlink ha formalizado un acuerdo de colaboración con MARCOD (Marine Research and Coastal Development Center), organización somalí centrada en sostenibilidad ambiental y desarrollo socioeconómico, para desplegar en Somalia el proyecto ReCon, un programa que busca dar una segunda vida a la tecnología pesquera una vez agotado su ciclo operativo.
El aterrizaje de ReCon en Somalia se produce tras “varios meses de colaboración” y responde a una doble urgencia en el litoral: mejorar la seguridad de la pesca artesanal en el mar y ofrecer una solución práctica frente a la basura marina y los equipos varados que se acumulan en playas y zonas de costa. MARCOD, con sede en Mogadiscio, trabaja precisamente en la intersección entre investigación, fortalecimiento de capacidades y acompañamiento a comunidades costeras, un encaje que Satlink considera clave para convertir un residuo potencial en infraestructura útil.
La elección del país tiene también una lectura estratégica. Somalia dispone de una larga franja litoral y una extensa zona económica exclusiva, en un entorno marcado por corrientes intensas y áreas vinculadas a la pesca del atún tropical en el Índico. En ese contexto, la pérdida o deriva de dispositivos al final de su vida útil —especialmente cuando ya no es viable su recuperación por las propias flotas— acaba traduciéndose en presión ambiental y riesgo para la navegación de pequeña escala.
ReCon se articula sobre una idea sencilla: recuperar y reacondicionar dispositivos tecnológicos utilizados en la pesca —en particular, boyas de ecosonda— para asignarles nuevos usos científicos, ambientales o comunitarios. Satlink recuerda que estas boyas incorporan sensores y conectividad capaces de aportar valor fuera del ámbito estrictamente extractivo: desde proyectos de investigación a pequeña escala hasta iniciativas de seguimiento de basuras marinas o herramientas de prevención y respuesta ante eventos extremos.
En Somalia, el despliegue tendrá un foco especialmente práctico. Con el apoyo del sector cerquero —incluidas compañías que operan en el Índico— el proyecto priorizará la reutilización de boyas en aplicaciones que refuercen la seguridad marítima local, como su reconversión en dispositivos de seguimiento y sistemas tipo VMS para embarcaciones artesanales que navegan en condiciones exigentes. Además, los equipos reacondicionados podrán apoyar líneas de investigación marina y monitoreo ambiental alineadas con necesidades del territorio.
El acuerdo prevé también “cerrar el círculo” en tierra. MARCOD y Satlink impulsarán un centro logístico para almacenar, clasificar y gestionar los equipos recuperados, de modo que lo reutilizable vuelva a operar en el propio ecosistema local y lo que ya no sea apto encuentre una salida de reciclaje. El modelo incorpora, además, la posibilidad de generar ingresos para sostener el programa mediante la reventa de componentes y el reciclaje de materiales.
Desde MARCOD, su cofundador y director, Abdishakur Farah, ha situado el proyecto en el terreno de lo cotidiano: seguridad de los pescadores y respuesta a un problema “creciente y visible” de residuos marinos y artes varadas. Satlink, por su parte, subraya que la implantación en Somalia se apoya en protocolos desarrollados junto a Tangaroa Blue Foundation, entidad australiana socia fundadora del programa, para garantizar trazabilidad, recuperación y un tratamiento coherente del fin de vida de los equipos.
ReCon llega a Somalia con el aval de una expansión acelerada. Lanzado en Australia en 2022, el programa declara haber alcanzado en 2026 los 24 países y territorios, con una red que integra a flotas y socios locales; Satlink cifra en 150 los buques y 25 las compañías incorporadas al proyecto en su fase de crecimiento, además de hitos como la recuperación de toneladas de basura marina asociada a estas operativas.
La apuesta de fondo es política industrial y ambiental a la vez: convertir una externalidad tecnológica —el residuo electrónico asociado a la operativa pesquera global— en una herramienta para el conocimiento del océano, la conservación y la resiliencia de comunidades costeras. En el caso somalí, el acuerdo abre una vía inédita: poner tecnología ya amortizada al servicio de la pesca artesanal y de la gestión ambiental en un litoral con enormes necesidades y, al mismo tiempo, gran potencial económico azul.
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