La Organización de Productores de Mejillón de Galicia recaba datos entre sus socios para cuantificar el daño real y pedirá una reunión con la Consellería do Mar. El episodio llega después de un 2025 marcado por cierres recurrentes por biotoxinas, agravando la incertidumbre productiva del principal motor acuícola de las Rías Baixas.
El mejillón gallego vive de un equilibrio delicado: temperatura, alimento y, sobre todo, salinidad. Cuando los temporales se encadenan y las precipitaciones disparan el aporte fluvial, ese equilibrio puede romperse en cuestión de días. Eso es lo que Opmega sitúa en el origen del problema detectado en Arousa: una “entrada masiva” de agua dulce que ha modificado las condiciones habituales en varios polígonos de bateas.
La consecuencia observada en el agua (y en el bolsillo) es conocida por el sector: el descenso de salinidad provoca estrés fisiológico en el mejillón, reduce su capacidad de crecimiento y, en episodios más intensos, se traduce en mortalidad.
A diferencia de otros episodios en los que el diagnóstico se lanza “a ojo de muelle”, Opmega ha optado por una estrategia de precisión: recabar información detallada entre sus socios para determinar el alcance real de la afectación por áreas de producción. La organización quiere llegar a la administración con números, no con impresiones: cuánto mejillón se ha perdido, dónde y en qué fase de ciclo productivo.
Con esa evaluación en la mano, Opmega solicitará una reunión con la Consellería do Mar para conocer qué medidas se habilitarán y si pueden activarse líneas de apoyo que amortigüen la pérdida de producción.
El mensaje de fondo es que el sector llega a este invierno con la caja tocada. Opmega recuerda que 2025 fue un año de inestabilidad en muchas rías, con cierres recurrentes por biotoxinas que limitaron la extracción en distintos momentos y dejaron un impacto directo en ingresos y planificación comercial.
Por eso, la mortalidad vinculada a la bajada de salinidad no aparece como un episodio aislado, sino como un factor más en una cadena de riesgos que ya estaba tensando a muchas explotaciones: cierres por toxinas + meteorología extrema = incertidumbre productiva.
Arousa no es una ría más: es un centro neurálgico del mejillón en Europa y su comportamiento marca la temperatura económica de una buena parte del litoral. Si la mortalidad se confirma como significativa en determinadas zonas, el efecto puede proyectarse en:
La petición de Opmega a la administración se resume en una idea: respuesta ágil para que el golpe no comprometa la viabilidad de explotaciones que ya venían de meses complicados.
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