Las negociaciones anuales entre Noruega y Rusia para fijar las cuotas de 2026 en el mar de Barents —piedra angular de medio siglo de cooperación pesquera— atraviesan su momento más delicado desde la Guerra Fría. La ministra noruega de Pesca, Marianne Sivertsen Næss (Laborista), admitió en el foro Agenda Nord-Norge que el proceso “es exigente” y que, pese a dos reuniones extraordinarias celebradas en agosto y el 6 de octubre, aún no hay fecha para convocar a la Comisión Mixta Noruego-Rusa que cada otoño sella el acuerdo de cuotas de bacalao, eglefino, capelán, fletán negro y gallineta.
El bloqueo llega después de que Oslo aligara su legislación para replicar las sanciones de la UE contra las compañías pesqueras rusas Norebo JSC y Murman Seafood, vetando su acceso a puertos, aguas territoriales y licencias en la ZEE noruega. Moscú respondió con amenazas de represalia y advirtió que revisaría su cooperación si Noruega no cambiaba de postura.
“Tenemos criterios distintos sobre si la inclusión en la lista de sanciones afecta o no al marco pesquero”, señaló Næss, que subrayó, no obstante, que la comunicación sigue abierta a nivel técnico-administrativo —“sin contacto político”— para intentar reunir a la Comisión y preservar la cooperación de casi 50 años. Mientras tanto, el resto de la flota rusa con licencia puede continuar faenando en la ZEE noruega y descargando en los tres puertos exentos del veto: Båtsfjord, Kirkenes y Tromsø.
La ausencia de un pacto para 2026 encendería alarmas biológicas y económicas. Noruega teme que, sin marco común, Rusia intensifique su esfuerzo en su propia ZEE, donde el tamaño medio del bacalao es menor, lo que devendría en mayor mortalidad por capturas de peces pequeños y peores rendimientos para toda la pesquería compartida del Ártico oriental.
A la tensión política se suma un escenario de cuotas a la baja y la incertidumbre científica: tras la exclusión de Rusia del ICES en 2022, el asesoramiento biológico para el Barents se elabora de forma bilateral por el grupo científico de la Comisión Mixta, lo que vuelve más frágil el proceso técnico.
Desde los años 70, la cogestión noruego-rusa del Bacalao del Ártico ha sido referente global: asignación de cuotas compartidas, investigación conjunta, control cruzado y accesos mutuos a las ZEE. El cambio de contexto geopolítico —y el reciente veto a Norebo y Murman por su presunto rol en actividades híbridas— ha contaminado una mesa que, hasta ahora, se mantenía al margen de las sanciones. El propio sector noruego respaldó al Gobierno en el endurecimiento de medidas, asumiendo el coste negociador que hoy aflora.
“Vivimos un tiempo exigente. Hemos seguido el régimen sancionador de la UE y eso ha generado desafíos adicionales este año, pero trabajamos para que la Comisión se reúna y poder seguir como antes”, resumió la ministra Næss.
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