Una declaración conjunta reclama a la OROP del Pacífico Sur (SPRFMO) límites precautorios de captura, control efectivo y transparencia para la jibia/pota (Dosidicus gigas) en aguas internacionales, donde el esfuerzo calamarero se ha disparado. El pulso se resolverá en marzo, en Panamá, con varias propuestas ya sobre la mesa.
La gobernanza del calamar gigante ha entrado en fase de cuenta atrás. Más de cincuenta organizaciones de América Latina, Europa y Norteamérica han presentado una declaración conjunta ante la Organización Regional de Ordenación Pesquera del Pacífico Sur (OROP-PS/SPRFMO) para exigir medidas inmediatas que regulen la pesca de Dosidicus gigas en alta mar del Pacífico Sur, un frente donde —según los firmantes— persiste un “vacío” de reglas efectivas y de límites de captura con base científica.
La especie no es menor: la pota/jibia es uno de los grandes commodities del mar. La declaración recuerda que el recurso supera con frecuencia el millón de toneladas anuales y que, entre 2019 y 2023, Perú habría concentrado el 51% de los desembarques, China el 41% y Chile el 7%. La lectura que plantean las entidades es doble: por un lado, el peso socioeconómico para la pesca artesanal y la industria; por otro, la fragilidad de un sistema que en la alta mar se comporta todavía como “acceso abierto”.
El nudo del conflicto está en la asimetría regulatoria. En las zonas económicas exclusivas de los países ribereños —subrayan— la actividad opera con vedas, controles y, en algunos casos, límites vinculados a recomendaciones científicas; en cambio, en aguas internacionales el marco sigue sin traducirse en un techo de capturas. En esa brecha, añaden, se ha instalado una flota calamarera de gran escala, con especial protagonismo de China.
El presidente de CALAMASUR, Alfonso Miranda Eyzaguirre, ha vuelto a señalar públicamente que la SPRFMO nació precisamente para evitar la pesca sin reglas en alta mar, pero que ese mandato aún no se ha materializado en un esquema de gestión “completo” para el calamar gigante. En el argumentario de la coalición, China habría acumulado en torno a cinco millones de toneladas en trece años y, entre 2020 y 2024, sus desembarques anuales habrían superado las 400.000 toneladas, con una flota estimada de 671 buques. Son cifras aportadas por los firmantes para ilustrar el salto de capacidad.
La presión, aseguran, ya se percibe en el termómetro científico. El texto cita alertas del Instituto de Fomento Pesquero de Chile (IFOP) sobre señales de deterioro en la condición de la población de calamar en aguas internacionales, un elemento que alimenta la demanda de un enfoque precautorio antes de que el deterioro sea irreversible.
La discusión llegará con nombres y apellidos a la 14ª reunión de la Comisión de la SPRFMO, prevista del 2 al 6 de marzo de 2026 en Ciudad de Panamá. En la agenda ya figuran propuestas para modificar la medida de conservación del calamar (la conocida CMM 18) y, sobre todo, para pasar de la fase “de datos” a la fase “de límites”.
Porque el antecedente existe, pero se quedó corto. La SPRFMO adoptó en 2020 su primera medida específica para la pesquería de calamar gigante —aprobada en la reunión de Vanuatu— y el texto de la CMM estableció su entrada en vigor el 1 de enero de 2021. Aquella arquitectura puso el foco en recopilación de información, seguimiento y control, pero sin implantar un verdadero sistema de topes precautorios de captura.
En Panamá se discutirán enmiendas concretas: por ejemplo, una propuesta de Estados Unidos y Nueva Zelanda plantea reducir un 15% los límites de número de buques y tonelaje autorizados como respuesta precautoria ante señales de caída de capturas y de CPUE, mientras otra propuesta peruana propone crear una “zona tampón” (buffer zone) para el calamar en el área de la convención.
El capítulo social también ha entrado en el paquete. La coalición pide que la gestión incorpore estándares verificables de transparencia, reportes obligatorios y vigilancia, y que no se ignore el componente laboral en una actividad asociada históricamente a riesgos de abuso en ciertas flotas de aguas distantes. En años recientes la propia discusión en SPRFMO ha incluido medidas relacionadas con monitoreo y derechos laborales en esta pesquería.
Con Europa como mercado de destino y la Unión Europea sentada como miembro en la mesa de la SPRFMO, el desenlace de Panamá interesa más allá del Pacífico: el calamar gigante es proteína y es industria, pero también un test de credibilidad para la gobernanza de alta mar. Y, como advierten los firmantes, el debate del Pacífico Sur funciona de espejo para otros bordes “olímpicos” del planeta —del Atlántico Sur al Índico— donde la ausencia de reglas robustas termina convirtiendo la sostenibilidad en una carrera a toda máquina
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