Astilleros, armadores, auxiliares e ingenierías dibujan una hoja de ruta para retener contratos en casa: cooperación, especialización “boutique”, diversificación y modernizaciones energéticas. Con la flota mundial envejeciendo, el refit pasa de ser una actividad táctica a una palanca industrial para convertir España en un hub global de reparaciones. El mensaje conjunto que deja el Maritime Trends Summit 2026 es que la reparación naval ya no es una actividad “de relleno”: es una palanca industrial para capturar proyectos complejos, sostener empleo cualificado y convertir a España —con Vigo como uno de sus nodos— en un hub de referencia en refit, conversión y modernización energética.
Vigo volvió a ponerse en el centro del mapa naval europeo con la tercera edición del Maritime Trends Summit, un foro promovido por Asime que este año reforzó su perfil más práctico: no solo analizar tendencias, sino conectar negocio, acercar compradores y acelerar colaboraciones dentro de una cadena de valor que, en Galicia, funciona como un ecosistema completo.
El congreso se celebró los días 24 y 25 de febrero de 2026, con una primera jornada de visitas industriales —entre ellas, al astillero Metalships— y un segundo día de ponencias en el Auditorio Mar de Vigo, donde se dieron cita más de 200 asistentes y más de 20 ponentes de toda la cadena naval-marítima y portuaria.
El diagnóstico de fondo fue compartido: el envejecimiento de la flota mundial está elevando la demanda de reparaciones, renovaciones y modernizaciones, y lo hace en un contexto donde la complejidad técnica ya marca la diferencia. DNV viene señalando que los incidentes de seguridad marítima aumentaron con fuerza entre 2018 y 2024, impulsados sobre todo por una flota más vieja y por daños o fallos de maquinaria; en 2024, más de la mitad de los incidentes se asociaron a buques de 20 años o más.
Esa tendencia cambia el foco del debate: no se discute si habrá trabajo, sino cómo capturarlo y con qué capacidades: ingeniería, plazos, disponibilidad de diques, logística de repuestos, digitalización de procesos y, sobre todo, coordinación con la industria auxiliar.
En ese contexto, el Maritime Trends puso énfasis en un mensaje que se repitió en distintas mesas: la reparación es una de las actividades clave del naval global y tiene un rol especialmente relevante en los astilleros españoles. En una sesión centrada en este vector, se abordó qué líneas están generando más negocio sin perder de vista el equilibrio del modelo.
En el intercambio participaron Luis Ramón de Celis (Metalships & Docks), José Ramón Regueira (Nodosa Group) y Guillermo Ramos (Zamakona Yards), que repasaron el empuje de segmentos como defensa o eólica marina, pero insistiendo en una idea que funciona como seguro industrial: diversificación para sostener la competitividad a futuro. (Texto aportado por el usuario)
La reparación, además, ya no se limita a “poner a punto” un buque. El mercado empuja hacia proyectos integrales de eficiencia energética, adaptación a normativa, actualización de propulsión, automatización y soluciones digitales, con paquetes de modernización que exigen más ingeniería y más integración.
En Vigo se defendió un posicionamiento claro: frente a polos de bajo coste, el naval español —y el gallego en particular— debe jugar su baza en calidad, especialización y capacidad de adaptación, lo que varios ponentes resumieron como un modelo de “astillero boutique”: altamente especializado, rápido, flexible y orientado a soluciones a medida.
En paralelo, emergió otro mensaje con vocación de estrategia país: colaboración entre astilleros y auxiliares para retener contratos y evitar que el negocio de reparación y conversión salga fuera. Asime lo enmarcó como una dinámica de clúster: acercar responsables de compras a una base empresarial de más de 270 compañías vinculadas al ámbito naval-marítimo dentro de la asociación, reforzando el papel de Vigo como nodo de decisión y suministro.
El congreso articuló sus debates en cinco sesiones temáticas, desde la realidad de astilleros y armadores hasta la diversificación, la reparación y construcción, y las perspectivas ligadas a seguridad y defensa. La lista de participantes reflejó esa transversalidad: astilleros como Grupo Armón, Metalships, Nodosa, Freire, Zamakona, Damen o West Sea Viana; armadores como Eimskip y Höegh Autoliners; logística como Suardiaz; e ingenierías como Ghenova y Detegasa, entre otros.
El enfoque fue doble: por un lado, oportunidades (defensa, eólica marina, offshore, logística); por otro, riesgos (competencia asiática, coordinación europea y necesidad de escalar capacidades). En ese punto, el mensaje empresarial fue nítido: si el mercado se vuelve más exigente, quien no se adapte tendrá problemas, y la adaptación hoy pasa por tecnología, talento y cooperación industrial.
El cierre institucional subrayó lo que el sector ya venía remarcando: carga de trabajo, entrada en nuevos mercados y un reto recurrente —y estructural— en la industria: la mano de obra cualificada. En paralelo, se volvió a apuntar a defensa y energías marinas como vectores con recorrido, y a la necesidad de mantener el impulso de inversión y planificación industrial para no perder posición en la carrera global.
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