El Comité Regional de Pesca de Bretaña contraataca tras la suspensión judicial del dispositivo que encuadraba el arrastre de fondo “cuatro paneles” en la franja costera del sur de Finistère, un conflicto que enfrenta a arrastreros y artes menores y reabre el debate sobre normas nacionales “obsoletas” frente a definiciones europeas.
El conflicto por el uso del chalut de fond “quatre panneaux” (arrastre de fondo de “cuatro paneles”) en la banda costera del sur de Finistère ha dado un nuevo salto en la escalera judicial francesa. Tras la suspensión en vía de urgencia (référé) del marco regulatorio que afectaba a esta modalidad, el Comité Regional de Pesca Marítima y de Acuicultura de Bretaña (CRPMEM Bretagne) ha decidido recurrir en casación ante el Consejo de Estado, la máxima instancia de la jurisdicción administrativa.
El choque no es menor: en la Cornualles bretona, el “4 panneaux” se ha convertido en símbolo de una cohabitación cada vez más frágil entre parte de la flota de arrastre costero y los pequeños oficios que trabajan con artes pasivas (redes, nasas, palangres), y que denuncian conflictos recurrentes en zonas sensibles y de alta actividad.
El origen inmediato está en una deliberación adoptada a finales de agosto de 2025 por el CRPMEM Bretagne para ordenar la convivencia entre métiers en sectores determinados. La pieza fue contestada judicialmente por asociaciones locales, que acudieron a la vía de urgencia para frenar su ejecución.
Según la versión difundida por el propio comité bretón, el juez de référés del Tribunal Administrativo de Rennes optó por suspender el dispositivo, dejando en pausa sus efectos y, con ello, el encuadre que debía reducir tensiones en el mar. El CRPMEM advierte de un riesgo claro: que reaparezcan fricciones no solo en el sur de Finistère, sino “potencialmente” a lo largo de la costa francesa, en un asunto donde las prácticas, la seguridad y el espacio marítimo se mezclan con intereses económicos directos.
Desde el bando contrario, organizaciones de “ligneurs” (pescadores a línea) y colectivos locales sostienen que la suspensión judicial frena una dinámica que —según ellos— permitía reintroducir en la franja costera técnicas que consideran asimilables al arrastre pelágico, tradicionalmente excluido de esas aguas. En comunicados y piezas divulgativas, enmarcan el pulso como una batalla por proteger recursos costeros y evitar un “efecto aspiradora” sobre pequeños pelágicos y otras especies.
Uno de los elementos más sensibles es que, siempre según el CRPMEM, la orden del juez no se limitó al perímetro de la deliberación regional: en su argumentación, el magistrado habría puesto el foco en un texto estatal antiguo —un arrêté ministerial de 1977 relacionado con la regulación del chalut pelágico— y en su compatibilidad con definiciones actuales del marco europeo. El comité reconoce que la normativa de finales de los setenta es “envejecida” y que la definición de chaluts en la Política Pesquera Común es “muy imprecisa”, pero alerta del riesgo de que esa actualización llegue “por vía judicial” en un asunto técnico y socialmente explosivo.
En paralelo, documentos administrativos de consulta previos al dispositivo muestran hasta qué punto el debate técnico (qué es exactamente “4 panneaux” y qué restricciones le corresponden) se ha vuelto central y jurídicamente delicado.
El paso anunciado —la casación ante el Consejo de Estado— no es un “repetir el juicio”, sino impugnar la decisión por motivos jurídicos (errores de derecho, interpretación normativa, procedimiento). Además, en Francia el pourvoi en cassation ante el Conseil d’État pasa por un filtro de admisión: se rechaza si es inadmisible o si no se apoya en un medio serio.
En la práctica, el recurso abre un tramo de incertidumbre: mientras el litigio de fondo sigue su curso (el propio CRPMEM sugiere que la resolución definitiva podría tardar uno o dos años), la suspensión deja a las flotas y a la administración navegando con brújula política… y con radar judicial.
El “4 panneaux” se ha convertido así en algo más que un aparejo: es un conflicto de modelo. Para los pequeños oficios, el mensaje es claro: proteger la pesca de proximidad y los equilibrios costeros frente a artes que —denuncian— multiplican capacidad y presencia en zonas ya congestionadas.
Para el comité regional, el relato es inverso: el intento de regular la cohabitación ha quedado bloqueado por una decisión cautelar que puede reactivar tensiones y, de rebote, cuestionar piezas normativas nacionales que llevan décadas sosteniendo “equilibrios precarios”.
En un litoral donde cada milla cuenta, la batalla del “chalut 4 panneaux” entra ahora en la fase más alta del tablero institucional francés. Y, como ocurre a menudo en pesca, la pregunta de fondo no es solo quién tiene razón, sino quién puede faenar, dónde y con qué reglas, cuando el mar va por delante… y el derecho intenta alcanzarlo.
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