La industria pesquera británica se enfrenta a un nuevo desafío regulatorio tras la decisión de la Unión Europea de endurecer las normas sobre el contenido de arsénico en productos del mar. La medida, orientada a reforzar la seguridad alimentaria y la protección del consumidor, podría tener consecuencias significativas para las exportaciones del Reino Unido, uno de los principales proveedores de marisco y pescado al mercado comunitario.
El Shellfish Association of Great Britain (SAGB), que agrupa a gran parte de los productores y exportadores de moluscos, ha advertido que la nueva normativa podría generar trabas adicionales para las empresas británicas, especialmente tras el Brexit, cuando el comercio con la UE ya se ha visto afectado por requisitos aduaneros y sanitarios más estrictos.
Con el fin de garantizar el cumplimiento de los estándares europeos, la SAGB ha anunciado su intención de implantar un sistema propio de monitoreo del arsénico en los productos antes de su envío. Esta estrategia busca anticiparse a posibles rechazos en frontera, que no solo suponen pérdidas económicas, sino también daños a la reputación de los exportadores británicos en mercados altamente competitivos.
El plan contempla controles regulares y certificados independientes, que servirán como garantía de calidad y seguridad alimentaria para importadores europeos. De esta manera, la asociación espera minimizar el riesgo de interrupciones en el comercio y mantener la confianza de los compradores comunitarios.
El arsénico está presente de manera natural en el medio marino, pero en ciertas especies y condiciones puede alcanzar niveles considerados dañinos para la salud humana. Por ello, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) ha recomendado límites más bajos para los compuestos inorgánicos de arsénico, los más peligrosos para el consumo.
La medida se enmarca en una estrategia más amplia de la UE para reforzar la seguridad alimentaria y armonizar los estándares en el comercio de productos pesqueros, un sector especialmente sensible en términos de confianza del consumidor.
Las exportaciones británicas de pescado y marisco hacia la UE representan uno de los pilares del sector pesquero del Reino Unido. Sin embargo, el Brexit ha añadido complejidad al proceso, con la necesidad de certificaciones adicionales y controles fronterizos que ralentizan los envíos. La introducción de nuevas normas sobre arsénico supone un nuevo reto en esta relación comercial.
Expertos del sector señalan que la clave estará en la capacidad de adaptación rápida por parte de las empresas británicas. “Si no demostramos un cumplimiento riguroso desde el primer momento, corremos el riesgo de perder cuota de mercado frente a competidores de Noruega, Islandia o la propia UE”, señaló un portavoz de la SAGB.
El caso del arsénico evidencia cómo los estándares de calidad y seguridad alimentaria se han convertido en una herramienta crucial de competencia internacional. Para el Reino Unido, mantener el acceso fluido al mercado europeo dependerá de su capacidad para alinearse con unas reglas cada vez más exigentes.
Mientras tanto, los productores británicos esperan que la implementación del régimen de monitoreo propio les permita cumplir con los requisitos y evitar que las nuevas normas se traduzcan en un freno a sus exportaciones.
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